Esto Pasa Si Tocas La BRUJERÍA Historias De Terror - REDE
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0:04 Siempre he pensado que mi mamá era la última persona en caer en un susto provocado por alguien desconocido. No le gustaban las supersticiones, tampoco las historias que parecÃan invento. Y cada vez que algún vecino mencionaba limpias o brujerÃas, ella respondÃa que esas cosas servÃan solo para sacarle dinero a la gente. Esa forma de ser se mantuvo igual cuando yo crecÃ, y hasta la fecha me cuesta trabajo verla con miedo a algo que no entiende. Por eso, cuando recuerdo lo que pasó ese dÃa, me queda claro que nada de lo que vivimos empezó por un pensamiento exagerado de ella, sino por un hecho que cualquiera habrÃa visto y que no dejaba espacio para interpretaciones extrañas. Todo comenzó una tarde común cuando mi mamá regresó del centro.
0:55 HabÃa ido al mercado a comprar verduras y carne como cada semana y salió temprano para aprovechar que aún habÃa buena luz. Yo estaba en la casa arreglando unas cosas del patio mientras mi papá dormÃa una siesta. Mi mamá siempre ha sido observadora, pero también es práctica cuando va de compras, y ese dÃa venÃa revisando los precios en un papel donde anotaba cuánto le habÃa costado cada cosa. Caminó por la calle principal que, a esa hora, se llenaba de gente saliendo de las tiendas. El sol pegaba fuerte y varios se movÃan buscando sombra mientras otros avanzaban rápido para llegar a sus casas. Hasta ese momento todo parecÃa igual que cualquier tarde. Ella contó que iba distraÃda con la bolsa colgada del brazo cuando una mujer mayor se le acercó de forma repentina. Dijo que no habÃa visto a esa mujer antes y que la forma en que avanzó hacia ella fue tan directa que la obligó a detenerse. La mujer tenÃa el cabello desordenado, ropa vieja y una expresión tensa. Antes de que mi mamá pudiera reaccionar, la mujer tomó su mano sin pedir permiso y colocó en la palma un objeto pequeño, redondo, oscuro y del tamaño de una moneda gruesa. En el momento en que ese objeto tocó su piel, mi mamá sintió un calor fuerte que le subió por la mano como si le hubieran puesto una brasa. Soltó la moneda de inmediato porque
2:25 el ardor fue tan intenso que la hizo mover los dedos de manera brusca. El objeto cayó al piso y rodó un poco hasta detenerse en una grieta del pavimento. Mi mamá se molestó y le reclamó a la mujer qué le habÃa puesto en la mano y por qué la habÃa tocado sin avisar. Contó que la mujer no respondió nada, solo mantuvo la mirada fija con una expresión rÃgida que no cambiaba aunque mi mamá hablara cada vez más fuerte. Varias personas voltearon hacia ellas por la forma en que mi mamá elevó el tono, pero nadie intervino ni se acercó a preguntar. Ella admitió que llegó a insultarla porque el ardor continuaba y no entendÃa por qué alguien harÃa algo asà en plena calle. La mujer dio un paso hacia atrás sin dejar de verla y después se giró. Caminó con torpeza hacia una calle lateral sin voltear a revisar si mi mamá seguÃa ahÃ. Mi mamá regresó a la casa todavÃa con la palma enrojecida. Escuché cuando abrió la puerta con más fuerza de la necesaria y entró hablando desde el corredor, diciendo que una vieja loca le habÃa quemado la mano. Cuando la vi acercarse al comedor, noté que tenÃa el rostro tenso y que respiraba más rápido de lo normal. Tiró las bolsas sobre la mesa y extendió la mano para que yo pudiera ver la marca que le habÃa quedado. La piel estaba roja y en el centro se alcanzaba a notar un cÃrculo tenue que no parecÃa una quemadura profunda, pero sà un área irritada que contrastaba con el resto de la palma.
3:58 Ella intentó explicar el tipo de dolor y dijo que el ardor apareció desde el primer segundo, como si la moneda hubiera estado caliente por dentro y no solo en la superficie. No habló de nada raro ni dijo que la mujer hiciera algún gesto extraño. Solo repetÃa que el calor fue inmediato y que le siguió doliendo durante el camino de regreso. Yo me acerqué para revisarle la mano y aunque no se veÃa una lesión seria, sà tenÃa una textura distinta que se notaba al pasar el dedo por la zona. Mi papá salió de su cuarto al escuchar los reclamos y también revisó la mano. Ãl dijo que tal vez la señora traÃa alguna sustancia y que pudo haber sido eso lo que provocó la reacción. Yo pensé algo parecido. Se me ocurrió que tal vez la mujer usaba alguna crema irritante o algún truco para llamar la atención o pedir dinero. Mi mamá se molestó más cuando mencioné la posibilidad de que hubiera sido algo asÃ, porque para ella no tenÃa sentido que una persona se acercara con tanto apuro solo para hacer una broma o causar daño sin motivo. Insistió en que el ardor habÃa sido demasiado fuerte para ser algo común. El resto de la tarde se mantuvo inquieta. Se cambiaba la bolsa de hielo de un lado a otro mientras caminaba por la casa con mal humor. Cada cierto tiempo revisaba su palma y decÃa que el dolor iba y venÃa como si
5:28 alguien le estuviera presionando el mismo punto. Ninguno de nosotros pensó que esto fuera más que un susto provocado por una desconocida. Conversamos un rato sobre si era posible que la mujer sufriera de algún problema mental o si de verdad cargaba algo peligroso. Después de eso, cada quien siguió con sus actividades sin considerar que ese episodio podÃa tener consecuencias. Al terminar la noche, mientras mi mamá se preparaba para dormir, yo seguÃa preguntándome por qué alguien harÃa algo asà en plena calle. Hoy me doy cuenta de que en ese momento ninguno de nosotros imaginaba que ese encuentro iba a convertirse en el inicio de algo grave. En ese primer dÃa solo hablábamos del ardor, del enojo que cargaba mi mamá y del susto por la manera en que esa mujer se le habÃa acercado. Pero nadie lo tomó como algo que pudiera afectar más que un par de horas.
6:26 No sospechábamos que todo lo que vino después tuvo su origen exacto en esa moneda oscura que cayó en la calle y que nadie volvió a tocar. Dos noches después del encuentro mi mamá empezó a decir que no habÃa dormido bien. Esa mañana se levantó más tarde de lo normal y caminó hacia la cocina con el cabello pegado a la frente por el sudor. Cuando se sentó, comentó que sintió el cuerpo pesado toda la madrugada y que en un momento despertó empapada como si hubiera estado en un cuarto cerrado sin ventilación. Me dijo que no recordaba haber soñado algo raro, solo que abrió los ojos y tenÃa la ropa húmeda y la almohada mojada. Yo pensé en varias causas comunes porque en esos dÃas habÃa hecho más calor de lo normal y muchos ya andaban con malestar.
7:15 Le dije que podÃa ser la temperatura de la temporada, alguna infección ligera o incluso cansancio acumulado. Ella no discutió pero se quedó callada un momento como si no supiera bien cómo describir lo que habÃa sentido. Más tarde volvió a mencionar lo de la madrugada. Dijo que, en un momento, despertó completamente consciente pero sin poder mover los brazos ni las piernas. Aseguró que la respiración se le aceleró y que trató de levantarse sin éxito durante varios segundos. Pensé de inmediato en la parálisis de sueño porque yo la habÃa vivido un par de veces y sabÃa que podÃa sentirse asÃ. Pero antes de que yo dijera algo, añadió que mientras estaba en ese estado vio algo en la esquina del cuarto pegado a la pared donde guardaba una caja con ropa explicó que era un animal pequeño oscuro sentado en el suelo con los ojos abiertos y mirando hacia la cama insistió en que no se movÃa y que no hizo ningún sonido dijo que cuando logró mover los dedos y parpadear un par de veces el animal ya no estaba Le comenté que quizá esa imagen podÃa haber sido producto de la misma parálisis, porque el cerebro a veces mezcla sueños con lo que uno cree estar viendo.
8:32 Pero ella negó eso de inmediato y dijo que lo vio con claridad. Contó que lo miró fijo durante varios segundos y que incluso tuvo tiempo de notar que tenÃa el cuerpo muy quieto, como si estuviera esperando a que ella reaccionara. No lo dijo con miedo, sino con molestia, como si la idea de haber visto algo asà le irritara más de lo que le asustara. Mi papá escuchó parte de la conversación y también trató de darle una explicación común, pero ella no quiso seguir discutiendo y solo dijo que se habÃa sentido observada toda la noche. Las noches siguientes no fueron mejores. Cada mañana se levantaba diciendo que habÃa sentido un calor interno tan fuerte que se veÃa obligada a quitarse las cobijas y abrir las ventanas.
9:20 A veces el ventilador estaba encendido y aún asà decÃa que tenÃa la sensación de que el aire no le refrescaba. La sudoración se volvió más evidente y la almohada amanecÃa húmeda casi todos los dÃas. Nosotros pensábamos que podÃa ser un malestar o alguna infección que la estuviera afectando, porque no habÃa otra explicación lógica para esa reacción tan constante. Pero cada dÃa ella repetÃa lo mismo. El calor no venÃa de afuera, venÃa de su cuerpo. La parálisis también se volvió más frecuente. Varias veces contó que despertaba sin poder mover las manos o las piernas y que tardaba en recuperar el control. Una mañana me dijo que, mientras estaba inmóvil, volvió a ver al mismo animal en la esquina, siempre en el mismo punto del cuarto, completamente quieto. Describió que tenÃa los ojos abiertos y que su forma era tan nÃtida que no podÃa considerarlo una ilusión. Nosotros tratábamos de tranquilizarla y le decÃamos que podÃa ser parte del trastorno del sueño, pero ella mantenÃa su postura de que eso no era producto de la imaginación. Con los dÃas comenzó a mostrar un humor distinto. Estaba cansada y se irritaba con facilidad. No querÃa que la tocáramos ni que le preguntáramos cosas que ella ya habÃa respondido. Cada vez que hablábamos del tema se tensaba porque decÃa que no querÃa pensar en la mujer del centro. La palma donde
10:52 cayó la moneda seguÃa roja y en ciertos momentos ella mencionaba que sentÃa pequeñas pulsaciones, como si algo le latiera ahÃ. Yo revisaba su mano y se veÃa igual, con ese cÃrculo tenue que se formó desde el primer dÃa. Nunca apareció una herida nueva, pero ella insistÃa en que esa zona no se le aliviaba. También empezó a evitar salir sola. Dijo que preferÃa ir acompañada por si se encontraba con la misma mujer, porque según ella, la sensación que le provocó ese contacto fue demasiado fuerte para arriesgarse a otro encuentro. Una noche se acercó a mà y me contó que mientras estaba acostada sintió que alguien le sostenÃa los tobillos.
11:36 Aseguró que no pudo moverlos durante varios segundos y que esa presión le provocó más desesperación que el calor o la sudoración. Yo la escuché sin interrumpirla y traté de mantener la calma, pero no pude evitar pensar que todo eso podÃa tener un origen médico. Consideré que podÃa tratarse de un trastorno del sueño. algún tipo de fiebre que la estuviera afectando internamente, o incluso un cuadro de estrés provocado por el mismo susto que vivió en el centro. Mientras los dÃas avanzaban, ella dormÃa cada vez menos, comÃa poco y pasaba la mayor parte del tiempo inquieta. A veces se levantaba de la cama diciendo que el calor la despertaba de golpe y que sentÃa el cuerpo ardiendo por dentro. Aunque usara ventilador o abriera todas las ventanas, decÃa que eso no servÃa. Su aspecto comenzó a cambiar porque tenÃa ojeras más marcadas y el cansancio se le notaba al caminar. Mi papá seguÃa pensando que todo podÃa resolverse con descanso, pero yo empezaba a ver un deterioro que no encajaba del todo con un simple malestar fÃsico.
12:49 Al cerrar esa semana, la situación ya no parecÃa un episodio pasajero. Aunque todavÃa buscábamos explicaciones racionales, era evidente que algo en su comportamiento se estaba volviendo demasiado extraño para ignorarlo. Yo seguÃa insistiendo en que debÃa revisarse con un médico, pero ella se negaba una y otra vez, diciendo que todo esto habÃa empezado exactamente el dÃa en que esa mujer le puso la moneda en la mano. No lográbamos avanzar más allá de esa afirmación. Y la tensión en la casa aumentaba porque cada noche traÃa un sÃntoma nuevo o una repetición más intensa de lo que ya habÃa vivido. En ese punto nadie lo decÃa en voz alta, pero todos empezábamos a sentir que ese calor interno, esas parálisis y ese animal en la esquina no se iban a detener por sà solos. Con el paso de los dÃas, mi mamá comenzó a pasar más tiempo acostada. Al principio decÃa que solo estaba cansada. y que necesitaba dormir un rato más para recuperar energÃa. Pero después se volvió costumbre verla recostada desde temprano, incluso cuando habÃa descansado varias horas.
13:59 Yo notaba que se levantaba sin fuerzas, caminaba un poco por la casa y buscaba otra vez la cama o el sillón. DecÃa que su cuerpo se sentÃa pesado y que cualquier movimiento la agotaba como si hubiera pasado una noche entera sin dormir. Esa falta de energÃa se volvió tan constante que ya no podÃa ignorarse, y todos empezamos a entender que su malestar estaba avanzando más de lo que pensábamos. Su temperatura corporal también parecÃa distinta. Cada vez que yo le tocaba la frente o los brazos notaba la piel caliente, pero cuando le tomábamos la temperatura no marcaba fiebre. Era un calor extraño que se mantenÃa incluso cuando la casa estaba fresca. Ella decÃa que sentÃa el cuerpo ardiendo desde dentro y que ninguna bebida frÃa ni ventilador le quitaba esa sensación. Yo trataba de explicarlo con alguna alteración en su circulación o algún desequilibrio que no se estuviera manifestando de manera normal, pero en cada revisión el termómetro seguÃa dando valores regulares que no coincidÃan con lo que nosotros percibÃamos fÃsicamente. La sudoración empeoró tanto que ya no ocurrÃa solo en las noches. Si se quedaba dormida un rato en la sala, despertaba empapada. A veces se acostaba después de comer y en pocos minutos la ropa se le pegaba al cuerpo y la sábana quedaba húmeda.
15:28 Mi papá cambió las fundas y abrió las ventanas para que entrara más aire, pero nada parecÃa ayudar. Yo empezaba a preocuparme porque la pérdida constante de lÃquidos podÃa debilitarla más. Cada dÃa se veÃa más pálida y con ojeras más profundas. Su postura era lenta y caminaba con menos estabilidad. También comenzaron episodios extraños mientras dormÃa. En varias ocasiones parecÃa profundamente dormida, pero respondÃa con palabras cortas que no tenÃan sentido. No abrÃa los ojos y movÃa los labios como si estuviera hablando con alguien. Cuando la despertábamos no recordaba haber dicho nada y se molestaba si insistÃamos en preguntarle. Esto pasó varias veces a lo largo de la semana, y cada vez resultaba más inquietante porque no era algo que ella hubiera hecho antes. Una madrugada escuché un golpe dentro de su cuarto. Mi papá y yo nos levantamos al mismo tiempo porque el sonido habÃa sido bastante claro. Entramos de inmediato y la encontramos en el piso, sentada contra la pared con la respiración acelerada y los ojos desorientados. La habitación estaba en silencio y ella intentaba levantarse sin poder hacerlo.
16:42 Cuando la ayudamos, noté que la mano donde habÃa caÃdo la moneda estaba muy inflamada, mucho más que en dÃas anteriores. TenÃa la piel roja y estirada, como si la zona estuviera reteniendo lÃquido o reaccionando de una forma anormal. Ella decÃa que sintió un mareo fuerte y que después todo se le nubló. Ese fue el primer momento en el que consideré seriamente que ya no podÃamos seguir esperando a ver si se mejoraba sola. La llevamos a la clÃnica esa misma mañana. En el trayecto iba recostada en el asiento trasero, respirando con esfuerzo y manteniendo los ojos cerrados. No se quejó, no habló, solo apretaba los dedos de la mano buena mientras mantenÃa la otra estirada para no tocarla demasiado. Cuando llegamos, la revisaron de inmediato. El médico notó la inflamación de la mano, el cansancio extremo y la sudoración constante. Le tomaron la presión y la encontraron baja.
17:42 También presentaba deshidratación y dificultad para mantener la estabilidad al ponerse de pie. La internaron para hacer análisis y descartar cualquier infección grave. En cuanto quedó hospitalizada, su estado se volvió más inestable. Pasó las primeras horas respondiendo de manera lenta y con la mirada perdida. Los médicos comentaron que necesitaba observación porque su presión seguÃa bajando y su pulso estaba débil. Le colocaron suero y la conectaron a varios monitoreos. Yo me quedé en la sala de espera mientras mi papá firmaba documentos. Estuvimos toda la tarde ahà sin entender que estaba provocando su deterioro tan rápido. Nadie mencionó sÃntomas infecciosos claros ni encontraron fiebre. Solo repetÃan que su cuerpo parecÃa agotado y que habÃa señales de un colapso fÃsico que necesitaba atención urgente. Durante la noche, su estado empeoró más.
18:40 Empezó a perder el reconocimiento de quién estaba cerca. AbrÃa los ojos y miraba sin enfocar, como si no entendiera dónde se encontraba. a veces movÃa los labios sin emitir sonido y otras veces respiraba tan lentamente que los enfermeros se acercaban para revisarla en un momento dejó de responder por completo el médico explicó que estaba entrando en un estado de compromiso neurológico que podÃa evolucionar a coma y que harÃan lo posible por mantenerla estable mientras analizaban las causas a la mañana siguiente ya no abrió los ojos su respiración seguÃa pero no reaccionaba a los estÃmulos Estaba en coma. Yo la observaba y veÃa un cuerpo que se consumÃa sin que nadie pudiera explicar por qué. La mano donde cayó la moneda seguÃa inflamada, aunque los médicos decÃan que eso podÃa deberse al estrés del cuerpo y a la reacción de los tejidos por el colapso. Intentaban hallar una causa, pero los análisis no mostraban algo contundente.
19:43 Era como si todo estuviera fallando al mismo tiempo sin una razón clara. Después de dos dÃas en ese estado, su corazón no resistió. Estábamos junto a la cama cuando los monitores empezaron a fallar y los enfermeros entraron corriendo. Nos pidieron salir mientras intentaban reanimarla, pero no lograron estabilizarla. Cuando nos dijeron que habÃa fallecido, mi papá se quedó sentado sin hablar y yo no pude pensar en nada más que en esa moneda oscura que empezó todo. Hasta ese momento nosotros seguÃamos pensando que cualquier médico podrÃa explicar lo ocurrido, pero esa explicación nunca llegó. Y aunque nadie quiso relacionar todo con el encuentro en el centro, yo sabÃa que su deterioro comenzó exactamente después de ese dÃa y que ningún análisis logró decirnos otra cosa.
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