Escapé Vivo Del Pueblo Donde Un Nahual Cazaba De Noche - Historias De Terror - REDE
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0:05 Yo trabajaba como maestro rural cuando me mandaron a un pueblo de la sierra. No lo conocÃa. Me avisaron que necesitaban a alguien para cubrir el grupo y que debÃa presentarme cuanto antes. Llegué con una maleta, unos cuadernos y ropa para unos dÃas y nada más. Pero no imaginaba lo que iba a pasar ahÃ. En cuanto llegué, entendà que yo era el extraño. El pueblo era chico y todos se conocÃan. La gente me miraba con atención, pero con reserva. Pregunté por el comisario y me llevaron con él. Me explicó dónde estaba la escuela y me dijo que no habÃa casa para maestros. Una señora me prestó un cuarto dentro de su casa. Dejé mis cosas, fui a ver el salón y regresé antes de que anocheciera. Desde ese primer dÃa noté un ambiente raro. La gente se metÃa temprano y las calles se vaciaban. Los animales quedaban guardados y los perros ya no andaban sueltos. Nadie lo explicaba, pero todos hacÃan lo mismo. Los niños estaban atentos en clase, pero cuando alguien mencionaba la noche, bajaban la voz o se quedaban callados. Uno de los alumnos mayores me habló al salir y me dijo que en ese pueblo pasaban cosas de noche y que por eso nadie andaba afuera tarde.
1:29 Le pregunté a qué se referÃa. Me respondió que algo bajaba del monte y rondaba las casas. Unos le decÃan animal, otros le decÃan Nahual. Yo lo escuché y pensé que repetÃa lo que oÃa en su casa. Más tarde, cuando regresaba al cuarto, una señora me detuvo en el camino. Me advirtió que no saliera si escuchaba ruidos en el patio y también me dijo que no abriera la puerta si alguien me llamaba por mi nombre. Esa advertencia sà me dejó pensando. Una cosa era que hablaran de un animal rondando corrales. Otra era que me dijeran eso con tanta seguridad. Aún asÃ, seguà diciéndome que eran rumores. Esa primera noche cené y me fui al cuarto. Cerré la puerta, acomodé mis cosas y me acosté sin poder quitarme de la cabeza lo que habÃa escuchado. Me costó trabajo dormir, pero no pasó nada. En la mañana vi unos rayones en la pared de afuera junto a la ventana Eran largos y recientes. La señora de la casa los vio conmigo, pero no se sorprendió. Solo me recordó que por eso me habÃa dicho que cerrara bien. Le pregunté si sabÃa qué hacÃa esas marcas y me respondió que en el pueblo todos tenÃan una idea y que nadie querÃa comprobarla.
2:50 Los dÃas siguientes escuché más casos. Desaparecieron gallinas y una familia encontró un chivo muerto cerca del corral. Un hombre aseguró haber visto una figura grande caminando entre las casas. Nadie contaba eso con gusto y nadie lo decÃa para llamar la atención. Lo decÃan con miedo. Yo seguà yendo a la escuela porque para eso me habÃan mandado, pero ya estaba atento a todo. Al anochecer el pueblo se apagaba, las puertas se cerraban, las ventanas quedaban trabadas y las voces bajaban. En la casa donde yo me quedaba, la señora revisaba varias veces que todo estuviera bien cerrado. Una noche volvió a advertirme que, si escuchaba algo, me quedara adentro y en silencio. Me dijo que lo peor era contestar o asomarse. Quise preguntarle más, pero vi que hablaba con miedo y ya no insistÃ. La noche en que pasó todo, yo estaba acostado, tratando de dormir. Llevaba varios dÃas inquieto y cualquier ruido me despertaba. Escuché algo en el patio, fue un golpe seco, y luego oà pasos.
4:03 Eran lentos y pesados, no eran pasos de una persona, tampoco eran pasos de perro. Recorrieron un lado del cuarto y se detuvieron cerca de la ventana. Me levanté despacio y me acerqué sin hacer ruido. Solo traté de ver hacia afuera, pero no distinguà nada, y en eso escuché una respiración fuerte pegada a la pared. Me aparté de inmediato y enseguida sonó el primer rasguño. Bajó por la pared de un tirón. Luego vino otro. Ahà entendà que lo que estaba afuera podÃa romper lo que tuviera enfrente. Sentà miedo de verdad. No fue un susto breve. Fue la certeza de que algo estaba junto a mi ventana y de que podÃa entrar al cuarto. RetrocedÃ. Agarré lo primero que encontré para defenderme y apagué la luz. Quise quedarme quieto y ganar unos segundos. Entonces escuché que rodeó el cuarto. Los pasos pasaron por un lado, luego por el otro, y al final se detuvieron frente a la puerta.
5:06 La madera crujió bajo el peso de sus garras y después oà la voz. Dijo mi nombre, lo dijo claro y despacio. Era una voz baja y áspera y estaba del otro lado de la puerta. Dijo mi nombre completo y luego me ordenó que abriera. No contesté y no hice un solo ruido. La voz repitió mi nombre, luego dijo que sabÃa que yo estaba adentro. La puerta recibió un jalón, no se abrió, pero la tranca vibró. En ese momento dejé de pensar en todo lo demás y ya no me importó entender qué era. Lo único importante era esconderme. Me metà debajo de la cama con mucho cuidado.
5:47 Entré pegando el cuerpo al piso y jalé un pedazo de cobija para tapar un poco el hueco. Quedé de lado, con la cara casi sobre la tierra, tratando de respirar lo menos posible. Afuera ya no se escuchaba nada, pero el silencio duró unos segundos. Después la ventana empezó a moverse. Debajo de la cama escuché que forzaban la ventana. Primero fue un movimiento leve, luego otro más fuerte, y después entró aire al cuarto. También entró un olor a pelo mojado, tierra y sangre vieja. Yo seguÃa inmóvil, con la cara casi pegada al piso. A esa altura ya sabÃa que, si entraba, yo no tenÃa espacio para moverme ni tiempo para salir. Escuché un gruñido corto dentro del cuarto. Luego oà el golpe de la mesa contra el piso, y después cayó la silla. La respiración quedó adentro, pesada y cerca.
6:44 No veÃa el cuerpo completo, solo alcanzaba a ver sombras y partes cuando pasaban frente a la cama. Lo primero que distinguà bien fue una extremidad larga. No voy a decir si era mano o pata porque no la vi completa. TenÃa dedos largos y garras curvas, gruesas y oscuras. Eran garras grandes. Esa extremidad se movió sobre la cama, rasgó la cobija y abrió el petate donde yo habÃa estado acostado. Después recorrió la orilla del colchón y golpeó la pared. No tiraba cosas al azar. Iba revisando el cuarto. iba buscando. Yo sentà el pecho duro, la boca seca y el cuerpo pegado a la tierra, pero no hice un solo ruido.
7:30 Levanté un poco la vista y alcancé a ver parte de la cara. Recuerdo los ojos y la boca. Los ojos se veÃan rojos en la oscuridad. La boca era grande y cuando la abrió le vi los colmillos. Eran largos y gruesos, También vi pelo oscuro en una parte del cuerpo y piel en otra. No era un animal normal. Tampoco era una persona normal. Entonces volvió a hablar. Dijo mi nombre otra vez. Luego dijo que saliera. La voz salÃa ronca, arrastrada y baja. Era una voz de hombre, pero gastada y dura. Yo la escuché con claridad desde abajo de la cama, pero me quedé quieto. Ni siquiera cambié el peso del cuerpo, porque cualquier roce en el suelo podÃa delatarme. La cosa cayó al piso con todo su peso, y el golpe sacudió la cama. Desde abajo vi las piernas. Por momentos avanzaba erguida y por momentos se agachaba. Dio dos pasos, tiró mis cuadernos y arrastró uno con una garra. Luego se detuvo. Escuché otra vez la respiración fuerte y lenta. Después avanzó hacia la cama.
8:42 Sentà que el colchón se hundió y el bastidor crujió. Apreté los dientes y pegué más el cuerpo al piso. Entonces apareció una garra por debajo de la cama. Entró despacio. Primero tocó la tierra. Luego avanzó hacia mÃ. Yo la vi acercarse al hombro y ya le faltaba poco para tocarme. Yo no podÃa moverme y no podÃa salir. Ahà entendà que si esa garra entraba un poco más, me iba a encontrar. La garra siguió avanzando. Yo dejé de respirar unos segundos, pero no cerré los ojos. Vi la tierra pegada en las uñas, la punta negra de cada garra. Vi los dedos abrirse y cerrarse sobre el suelo. Buscaba debajo de la cama. Si yo hubiera movido un pie, una mano o la cabeza, esa cosa me habrÃa sacado.
9:34 En ese momento se escuchó el llanto de una niña en la otra parte de la casa. Fue un llanto corto. La señora le habló enseguida. La verdad, no entendà las palabras, pero escuché su voz. La criatura se quedó quieta, retiró la garra, y luego oà que levantó el cuerpo y giró hacia la puerta. Volvió a decir mi nombre, pero esta vez con más fuerza. Después golpeó la puerta. El ruido sacudió todo el cuarto. Volvió a golpear y luego ya no se escuchó nada. Yo seguà debajo de la cama. No salÃ, no hablé y no me movÃ. Escuché los pasos alejarse hacia el patio. Luego oà un salto pesado y después se oyó el techo. Fueron varios golpes rápidos sobre la lámina. Luego todo quedó en silencio. pero esperé mucho tiempo antes de salir. Me quedé escondido hasta que empezó a amanecer. Cuando salÃ, me dolÃan los brazos, las piernas y la espalda. TenÃa las manos llenas de tierra y el cuarto estaba desordenado. La silla estaba tirada, la mesa estaba movida, la cobija y el petate estaban rotos, la puerta tenÃa marcas profundas y la parte baja estaba astillada, la ventana estaba abierta. La señora salió cuando me oyó moverme.
10:56 Me vio la cara, miró el cuarto y ya no preguntó nada. Fue a llamar a unos hombres del pueblo y ellos revisaron el patio, la pared y el corral. Encontraron huellas cerca de la ventana. También encontraron una gallina muerta junto a la cerca. Uno de ellos dijo que ya era demasiado. Dijo que una cosa era que rondara afuera y otra que se metiera hasta el cuarto donde yo dormÃa. Nadie se sorprendió. Yo ya habÃa tomado una decisión. No me iba a quedar una noche más ahÃ. Fui a la escuela, avisé que me retiraba y recogà mis cosas. Nadie trató de detenerme. Nadie me dijo que estaba exagerando.
11:38 Con eso me bastó para entender que todos sabÃan lo que estaba pasando y que nadie tenÃa forma de detenerlo. Ese mismo dÃa me fui del pueblo. Después hice el reporte. escribà que habÃa riesgo para mi seguridad dentro de la vivienda donde me hospedaban y pedà mi cambio no puse todo como ocurrió porque sabÃa que no me lo iban a creer aún asà insistà hasta que me movieron del lugar y nunca regresé han pasado años y sigo recordando esa noche recuerdo la voz diciendo mi nombre afuera y luego adentro del cuarto recuerdo las garras bajo la cama los ojos rojos y los colmillos, y recuerdo el silencio que quedó después del último golpe en la puerta. También recuerdo por qué sigo vivo. Sigo vivo porque me escondà bien y porque no hice un solo ruido. Eso fue lo que pasó, y lo cuento igual que lo recuerdo.
12:38 Yo estuve ahÃ. Yo lo vi entrar y lo oà hablar. También vi cómo me buscó debajo de la cama. Me fui de ese pueblo en cuanto pude y no volvà nunca.
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