Esa Noche Entendí Por Qué Le Temen A Las Brujas En Catemaco - Historias De Terror - REDE
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0:05 Mi nombre es Roberto Cárdenas. Recuerdo aquel trabajo porque salà de Catemaco, Veracruz, con una explicación que todavÃa no me alcanza. Llegamos en julio de 2019, después de varios dÃas de lluvia, contratados para reparar techos en una colonia cercana al cerro. Ãbamos mi hermano Luis, mi primo Mauro, don Jacinto, que era el maestro de obra, y yo. Rentamos detrás de una tienda. La dueña se llamaba Petra. VivÃa en la casa del frente y esa semana tenÃa con ella a su nieta Marisol, que acababa de aliviarse. El niño llevaba pocos dÃas de nacido. Petra nos entregó las llaves, revisó las chapas y antes de dejarnos solos nos pidió que cerráramos el portón en cuanto oscureciera. No lo dijo para asustarnos, lo dijo con precaución y también nos explicó dónde estaba el baño. y en dónde podÃamos dejar las herramientas. Nos avisó que en esa parte del pueblo, la gente no dejaba salir a nadie de noche cuando habÃa un bebé en casa. Dijo que bajaban las brujas, que caminaban por los techos, rascaban las ventanas y rondaban las casas donde acababa de nacer un niño. Nos pidió no contestar voces desde la calle ni desde el patio, aunque usaran nuestros nombres.
1:25 Don Jacinto respondió que nosotros solo Ãbamos a trabajar. Petra contestó que eso no cambiaba nada, porque ellas no buscaban hombres, buscaban bebés. Esa noche cerramos el portón con cadena, metimos las herramientas al primer cuarto y cenamos sentados en las colchonetas. Afuera quedó la casa de Petra. con una luz prendida cerca de la entrada. La oÃmos hablar con Marisol durante un rato. Luego el bebé lloró un poco y después todo quedó quieto. Luis se acostó cerca de la ventana que daba al patio y yo quedé a su lado. Mauro se fue al fondo y don Jacinto acomodó su colchoneta junto a la puerta. No sé cuánto tiempo pasó antes del primer ruido. Yo no dormÃa bien, por el calor y por el techo de lámina. Asà que escuché los pasos desde el principio. VenÃan del patio, eran lentos, pesados y se detenÃan cada pocos segundos. Luis levantó la cabeza y me preguntó en voz baja si también los oÃa. AsentÃ.
2:32 Nadie prendió la luz. Mauro respiraba fuerte al fondo, todavÃa dormido, y don Jacinto buscó el martillo. Los pasos llegaron a nuestra ventana y se quedaron ahÃ. Luego vino el primer raspón. Empezó arriba, bajó por el marco y terminó cerca del borde inferior. No fue un golpe de rama ni el roce de un animal pequeño. Sonó a uñas sobre aluminio, largo, firme, con presión. Después vinieron otros tres raspones más cortos. Mauro despertó y preguntó qué estaba pasando. Don Jacinto le ordenó guardar silencio. Me acerqué a la ventana sin abrirla. La cortina estaba corrida, pero entraba una lÃnea de luz desde el patio. Vi las marcas sobre el marco. Eran cuatro lÃneas frescas, derechas, marcadas con fuerza. Luis me tomó del brazo y me apartó. En ese momento, el bebé empezó a llorar en la casa de Petra. El llanto salió alto, se cortó, volvió a salir y se volvió más débil.
3:35 Marisol habló desde adentro, rápido, con la voz quebrada. Petra abrió su puerta, cruzó el patio y nos hizo una seña para que nos quedáramos dentro. Obedecimos, pues nadie querÃa salir primero. Los raspones pararon en nuestra ventana, pero empezaron los golpes sobre el techo. Uno cayó encima de nosotros, luego otro más cerca de la puerta, luego varios en fila. La lámina se hundÃa y regresaba a su lugar. Don Jacinto se levantó con el martillo. Luis empujó una silla contra la puerta y Mauro buscó su teléfono. Lo encendió y se quedó mirando la pantalla sin hablar. Desde la calle llegó una voz de mujer. Era una voz vieja y baja con la garganta raspada. Llamó a Marisol y después llamó a Petra. Luego dijo mi nombre completo y se rió con una risa demoniaca. Lo dijo despacio, muy cerca del portón. La verdad me asusté, porque yo no habÃa dado mi nombre a nadie de la calle. HabÃamos llegado esa misma tarde y fuera de Petra nadie habÃa tratado con nosotros. La mujer pidió que saliéramos. Dijo que el niño necesitaba aire, que adentro se iba a ahogar, que Marisol debÃa abrir la puerta y dejarlo respirar. Marisol gritó que nadie abriera. Petra le ordenó meterse al baño con el bebé y cerrar por dentro. Escuchamos sus pasos, la puerta del baño, el seguro, y luego el llanto
5:05 del niño pegado a la pared. Los golpes del techo pararon, pero el silencio duró poco. Se oyó un golpe dentro de la casa de Petra, fuerte, seco, seguido por un grito de Marisol. Don Jacinto abrió nuestra puerta y salió al patio, y Luis fue detrás de él. Mauro tomó el teléfono. Yo agarré una varilla que estaba junto al material, y salimos los cuatro. La puerta de la casa de Petra estaba abierta. Petra estaba en el suelo, sentada contra la pared, con sangre en la boca. Marisol permanecÃa junto al baño, apretando al bebé contra el pecho. El niño lloraba abajo, con pausas largas. Petra levantó la mano y señaló el techo, y Mauro alzó la lámpara. HabÃa una mujer agachada sobre la lámina junto al tinaco. Era anciana, muy flaca, con el pelo blanco suelto. TenÃa la boca abierta, los dientes oscuros y chuecos, varios incompletos. Sus manos estaban apoyadas en el techo y las uñas eran gruesas, largas, amarillas, dobladas hacia abajo. La mujer miraba a Marisol y no a nosotros. Le pidió que saliera al patio. Le dijo que el niño necesitaba aire, que ella podÃa cargarlo, que Marisol estaba cansada. Marisol retrocedió hasta topar con la puerta del baño. petra se levantó con dificultad y se puso frente a su nieta don jacinto le gritó a la
6:35 mujer que se bajara del techo la mujer giró la cabeza le mostró los dientes y arrastró las uñas sobre la lámina el sonido llenó el patio entonces golpearon el portón fueron tres golpes luego otros dos pero más fuertes mauro se acercó con el teléfono en la mano pero se detuvo antes de tocar la cadena Por una rendija entraron varios dedos. TenÃan uñas largas, amarillas y sucias. Pero del otro lado habló otra mujer. Pidió que abriéramos y dijo que no venÃan por nosotros, que solo querÃan ver al niño, que lo iban a calmar. Luis cerró la puerta del cuarto donde habÃamos dormido y empujó una mesa contra el marco. Petra le gritó a Marisol que se encerrara en el baño con el bebé. Marisol entró, cerró y puso algo detrás de la puerta. El niño seguÃa llorando, pero cada vez con menos fuerza. Don Jacinto se quedó en medio del patio con el martillo arriba. Yo me coloqué junto a él con la varilla en las dos manos.
7:42 La mujer del techo avanzó hacia la orilla y sus uñas rasparon otra vez. Bajó una pierna, luego la otra y cayó al patio. Quedó agachada cerca del lavadero. Levantó la cara hacia la puerta del baño y volvió a llamar a Marisol por su nombre, pero nadie le respondió. Petra buscó un cuchillo en la cocina, Luis tomó la silla y yo vi que la mujer empezaba a caminar hacia nosotros con los dedos abiertos, las uñas listas y los ojos fijos en la puerta donde estaba el niño. Recuerdo que cayó cerca del lavadero y se quedó agachada, con una mano en el piso y la otra abierta hacia la puerta del baño Nadie se acercó. Don Jacinto levantó el martillo y le ordenó que se fuera. La mujer no miró el martillo, miró la puerta donde Marisol tenÃa al niño y empezó a avanzar con pasos cortos.
8:38 Petra tomó un cuchillo de la cocina aunque le temblaban las manos, pero se plantó frente a la puerta del baño. Luis agarró una silla. Mauro siguió en la entrada, tratando de llamar a emergencias. y yo me quedé junto a don Jacinto con la varilla en las dos manos. La mujer llegó hasta el centro del patio y tenÃa los ojos fijos en la puerta. Llamó a Marisol y le pidió que abriera, y le dijo que el niño ya estaba cansado de llorar. También dijo que afuera iba a respirar mejor, que ella podÃa cargarlo un momento, y que nadie iba a tocar a Marisol. Desde el baño, Marisol le respondió que se fueran. Don Jacinto dio un paso y le pegó en el hombro con el martillo. El golpe sonó fuerte. La mujer se dobló, apoyó una mano en el suelo y volvió a levantarse. Giró hacia él, levantó la mano y le cruzó la cara con las uñas.
9:35 Le abrió la mejilla y parte del cuello. Don Jacinto soltó el martillo, se tocó la cara y cayó de rodillas. Luis le estrelló la silla en la espalda y la madera se rompió. Yo metà la varilla entre ella y Petra para frenarla, pero la mujer empujó la varilla e intentó pasar pegada a la pared para llegar al baño. Petra alcanzó a cortarle el brazo con el cuchillo. La mujer soltó un ruido grave, apretó los dientes y se retiró dos pasos. Los golpes en el portón aumentaron. También se oyeron raspones en la puerta. Una voz de hombre gritó desde la calle que abriéramos. Era Arturo, un vecino de enfrente. Mauro lo reconoció, quitó la cadena y abrió apenas lo necesario. Arturo entró con un machete y detrás de él venÃa Tomás a su esposa. Arturo vio a don Jacinto sangrando y se puso delante de nosotros. Le ordenó a la mujer que se apartara, pero la mujer no hizo caso y siguió caminando hacia nosotros. La esposa de Arturo se atravesó y recibió un arañazo. En ese momento Petra le dijo a Marisol... que cubriera al niño con una cobija que le pasó. Marisol cubrió al niño.
10:52 El llanto bajó. Petra se quedó pegada a la puerta con el cuchillo en la mano. Luis recogió una pata rota de la silla. Yo levanté la varilla y Mauro volvió al portón. Cerró la cadena y siguió hablando con emergencias. Dio la dirección. Dijo que habÃa brujas dentro de la casa, que un hombre estaba herido y que un bebé necesitaba ayuda. Arturo avanzó con el machete. La mujer retrocedió hacia el patio. Entonces escuchamos movimiento arriba. Alcé la lámpara y vi a otras tres mujeres en la orilla del techo. Todas eran ancianas. TenÃan el cabello blanco o gris, los dientes oscuros y las uñas largas. Una movÃa la boca y se reÃa de manera demoniaca, de tal manera que me erizó la piel.
11:43 Otra señalaba la puerta del baño y la tercera miraba a Petra. Una de ellas pidió que abrieran la puerta, dijo que el niño iba a enfermarse por nuestra culpa. Otra dijo mi nombre otra vez y me pidió que fuera al portón. Dijo que conmigo no querÃa nada, que solo debÃa quitar la cadena y hacerme a un lado. Arturo me ordenó que no me moviera. Yo no me movÃ, pero sentà las piernas flojas y la varilla mojada por el sudor de mis manos. La mujer del patio se lanzó otra vez hacia el baño. Luis y yo la empujamos con la silla rota y la varilla. Petra se metió entre ella y la puerta. La mujer le pegó en la cara con la mano abierta. Petra cayó de lado y el cuchillo se le fue debajo de una mesa.
12:32 Tomasa quiso levantarla, pero Arturo le gritó que cuidara la puerta. Marisol lloraba dentro del baño, apretando al niño, y el bebé apenas hacÃa ruido. Arturo atacó con el machete. El filo rozó la ropa de la mujer y la obligó a retroceder. Ella abrió la boca, enseñó los dientes y trepó por la pared del patio usando sus manos y pies. Sus uñas rasparon la superficie hasta llegar al techo. Las otras tres se movieron hacia el terreno baldÃo. Bajaron una por una mientras seguÃan mirando hacia la casa. La sirena se escuchó cerca y las voces se apagaron. Los raspones en la puerta también pararon. La última en irse fue la mujer que habÃa bajado al patio. Antes de saltar al otro lado, volvió la cabeza hacia la casa y le habló a Marisol. Le dijo que iba a regresar, que el niño ya la habÃa escuchado. Después desapareció detrás de la barda. Los paramédicos llegaron poco después. Revisaron primero al bebé. TenÃa los labios morados, los tobillos marcados y la piel frÃa. Respiraba, pero cada respiración le costaba. Marisol no querÃa soltarlo. Tuvieron que revisarlo mientras ella lo sostenÃa.
13:52 Petra sangraba de la boca y habÃa perdido dos dientes. Don Jacinto necesitó puntadas en la cara y Tomasa tenÃa tres heridas largas en el brazo. La policÃa llegó cuando los paramédicos ya estaban atendiendo a todos. Revisaron el patio, el techo, la ventana y el portón. Vieron las marcas en el aluminio, las hendiduras en la lámina y las astillas levantadas en la madera. Preguntaron si alguien nos habÃa amenazado o si tenÃamos problemas con los vecinos. Arturo les dijo que eso pasaba cuando nacÃa un niño en esa parte de la colonia. Un policÃa pidió pruebas y Arturo señaló el techo, la ventana, la cara de Don Jacinto y el brazo de Tomasa. El policÃa anotó poco porque para él eso de las brujas no era creÃble. En el reporte quedó agresión de personas desconocidas. Nadie fue detenido y nadie se quedó a vigilar la casa. Nosotros nos fuimos al amanecer Don Jacinto dijo que no iba a regresar a esa colonia y Luis no quiso discutirlo. Marisol se fue con el bebé a casa de una tÃa en San Andrés Tuxtla. Petra cerró la tienda varios dÃas.
15:06 Semanas después, Arturo le llamó a Luis y le contó que otra familia cercana habÃa tenido un bebé y que a los pocos dÃas aparecieron raspones nuevos en una ventana y se miraron a las mismas mujeres en el techo. Esa familia se fue antes de terminar la semana. Yo recuerdo esa noche por las marcas y por las heridas. Vi a las mujeres sobre el techo. Escuché nuestros nombres desde la calle. Vi las uñas entrando por el portón. Al bebé con los labios morados. A Petra sin dientes y a Don Jacinto con la cara abierta. La casa quedó cerrada. Petra volvió a vender, pero ya no dejó dormir a nadie en los cuartos del fondo. En esa calle, cuando nace un niño, los vecinos cierran temprano. Si alguien escucha su nombre desde afuera, otro lo toma del brazo y lo mete a la casa. Apagan las luces, aseguran las puertas y esperan el amanecer.
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