Aug. 23, 2026

Éramos Siete En El Rancho Pero La Cámara Captó A Ocho: El Acompañante De La Fogata - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Éramos siete, y durante meses pensé que lo peor de aquella noche fue que alguien entrara al rancho. Hoy daría lo que fuera porque solo eso hubiera pasado. Me llamo Margo, soy de Piedras Negras, Coahuila, y esto ocurrió hace poco más de dos años, en un rancho de mi abuelo rumbo a Jiménez. Conozco ese lugar desde niño. La casa es sencilla, tiene dos cuartos, cocina, sala, un tejabán, un gallinero y bastante terreno alrededor. Por la parte de atrás empieza el monte y sale una brecha entre mezquites y matorrales que termina acercándose al río. Cuando éramos niños podíamos pasar horas ahí, jugábamos fútbol, buscábamos leña, nos metíamos por las brechas y regresábamos cuando empezaba a oscurecer. Con los años empecé a sentir diferente el monte. Durante el día ves prácticamente todo lo que tienes alrededor, pero en la noche a unos cuantos metros los árboles y los matorrales se mezclan y el terreno parece mucho más grande. Ese fin de semana fuimos siete primos, Jorge, Gabriel, Chuy, Beto, Emiliano, mi hermano, César y yo. Ya todos éramos adultos, meses antes habíamos hablado de volver a dormir afuera, como cuando estábamos niños. El rancho tenía camas, electricidad y baño, pero precisamente queríamos hacerlo como antes. Llegamos un sábado poco después

1:36 de las cinco de la tarde. Llevábamos dos casas de campaña, carne, tortillas, carbón, refrescos, cerveza y botanas. Escogimos una parte plana junto a unos mezquites, como a 20 metros de la casa. Pusimos las dos tiendas separadas por unos 5 o 6 metros y dejamos en medio espacio para las sillas y la lumbre. Mientras acomodábamos todo, mi abuelo nos pidió que tuviéramos cuidado con una cámara pequeña amarrada a uno de los árboles. Era una cámara trampa. Desde hacía varias semanas, algún animal estaba entrando durante la madrugada y llevándose gallinas. Primero desapareció una.

2:16 Días después, encontró otra muerta detrás del gallinero, y poco después perdió dos más. Mi abuelo pensaba que podía ser un coyote. Uno de sus vecinos decía que probablemente era una zorra. Había instalado dos cámaras, una frente al gallinero y otra apuntando hacia un tramo de la cerca, en donde había encontrado plumas y huellas. Esa segunda cámara alcanzaba parte del lugar donde habíamos instalado las tiendas y las sillas. La dejamos ahí. Sacamos las sillas plegables que mi abuelo guardaba junto al tejabán, prendimos el carbón y pusimos música. Mi abuelo estuvo con nosotros hasta alrededor de las nueve y media. Comió, platicó un rato y después se metió a la casa. Nosotros seguimos afuera. Más tarde hicimos otra tanda de carne y empezamos a recordar cosas de cuando éramos niños. Chuy siempre había sido el más fácil de asustar.

3:14 Una vez juró que había visto a una persona junto a una cerca y terminamos acompañándolo a revisar. Pero era una camisa de mi abuelo atorada en un alambre. También recordamos cuando César cayó al río, tratando de brincar entre dos piedras, y regresó empapado fingiendo que lo había hecho a propósito. Entre una historia y otra se nos fue la noche. Como a las once y media sacamos platos de cartón para volver a comer. Seguimos tomando y platicando hasta que empezó a sentirse más el frío. Cerca de las dos nos metimos a las casas de campaña. En una quedamos Jorge, Beto, César y yo. En la otra estaban Gabriel, Chuy y Emiliano. Todavía estuvimos molestándonos algunos minutos desde dentro. Los de una tienda gritaban algo y los de la otra contestaban. Jorge fue quien más tardó en callarse.

4:09 Estuvo hablando prácticamente hasta el final. Después hubo unos segundos de silencio. Entonces escuché una voz. Bueno, descansen mis pollos. Nos dio risa, pues yo pensé que había sido Jorge. Con todo lo que habíamos hablado de las gallinas y del animal que se las estaba llevando, sonó como una broma más. Alguien respondió desde la otra tienda y después nos dormimos. A la mañana siguiente salimos alrededor de las ocho y media. Mi abuelo ya estaba despierto y había ido al gallinero. Nosotros empezamos a recoger. Beto encontró una silla plegable verde junto a las cenizas de la lumbre.

4:52 Las que habíamos usado eran negras y grises. Preguntó quién la había sacado, pero nadie se acordaba. La doblamos y la pusimos con las demás. Poco después Emiliano recogió un plato de cartón que estaba debajo de esa silla. Tenía restos de carne, grasa y salsa seca. Lo tiró a la bolsa de basura. Mientras levantábamos una de las casas de campaña, recordé la frase de la noche anterior. Le pregunté a Jorge qué había querido decir con aquello de« descansen mis pollos». Se quedó mirándome. Él también la había escuchado, pero pensaba que había salido de la otra tienda. Llamamos a Gabriel, Chuy y Emiliano. Los tres recordaban la frase y los tres estaban convencidos de que había salido de nuestra tienda. Jorge aseguraba haber escuchado la voz desde afuera.

5:44 Gabriel juraba haberla escuchado desde nuestro lado. Beto todavía se reía del asunto. Sin embargo, terminamos dejando el tema. Mientras nosotros recogíamos, mi abuelo se sentó cerca del gallinero con una de las cámaras trampa. La cámara tenía una pantalla pequeña en la parte trasera y podía revisar las fotografías ahí mismo. Estaba buscando al animal. Pasó varias imágenes y después me llamó. Cuando me acerqué, me preguntó quién era el hombre que había estado con nosotros, después de que él se había metido a dormir. Me incliné para ver la pantalla. La fotografía era de alrededor de las once y media. Se veía la lumbre, varias sillas y a nosotros alrededor. Tardé unos segundos en verlo, pero había un hombre sentado entre nosotros. Llamé a los demás y nos acercamos alrededor de mi abuelo. El hombre estaba en una silla verde. Tendría unos 40 o 50 años, delgado, moreno y de cabello corto. Traía una camisa clara de manga larga, pantalón de mezclilla y botas. Estaba inclinado hacia adelante con los brazos apoyados sobre las piernas. En una mano sostenía un plato de cartón. Mi abuelo pensaba que era algún amigo nuestro que había llegado tarde, pero nadie respondió. Pasó a la siguiente fotografía y el hombre aparecía cerca de Jorge.

7:08 Pasó otra, y esta vez estaba detrás de Beto mientras Gabriel contaba algo junto a la lumbre. César se estaba riendo, yo aparecía comiendo y Chuy estaba junto a la mesa. El hombre estaba ahí, en medio de todo. Mi abuelo volvió a preguntarnos quién era. Empezamos a mencionar vecinos y conocidos. Él conocía a casi todos los que tenían terreno cerca, y no reconoció la cara. Revisamos la primera fotografía donde aparecía. Once treinta y cuatro. Buscamos otra tomada bastante después. A la una y diecisiete seguía con nosotros. Había pasado más de una hora. Beto miró la pantalla y después la silla verde que habíamos encontrado esa mañana. Fue por ella y era la misma. Emiliano recordó el plato. Ya estaba dentro de la bolsa de basura. Mi abuelo siguió avanzando y cerca de las dos aparecíamos recogiendo. Después se veía cómo caminábamos hacia las casas de campaña. En una fotografía quedaron las dos tiendas al fondo y las últimas brasas de la lumbre. La siguiente era de las 2.18. El hombre estaba parado entre las dos casas. Pasamos otra y el hombre estaba acostado de lado, sobre la tierra frente a la entrada de nuestra tienda. Tenía una pierna flexionada y un brazo debajo de la cabeza. Miraba hacia la lona, hacia donde estábamos Jorge, Beto, César y yo. Jorge dijo la frase otra vez. Bueno, descansen mis pollos, pero nadie contestó.

8:41 Mi abuelo preguntó de qué hablábamos y le contamos lo ocurrido antes de dormir. Jorge recordaba la voz desde la otra tienda. Gabriel, Chuy y Emiliano la recordaban desde la nuestra. Mi abuelo miró nuevamente la fotografía. Luego pasó a la siguiente. El hombre seguía acostado frente a la tienda y después aparecía solamente el terreno. Revisamos la segunda cámara, la que apuntaba al gallinero. Ahí apareció una zorra caminando junto a la malla durante la madrugada. Era el animal que mi abuelo llevaba semanas buscando. Durante los días siguientes reconstruimos la noche varias veces. Recordábamos quién había sacado el hielo, quién había quemado unas tortillas, quién había puesto cada canción, quién se había levantado al baño y quién estaba sentado junto a quién. Yo recuerdo a Jorge hablando casi hasta que nos fuimos a dormir. Recuerdo a Chuy riéndose de una historia.

9:39 Recuerdo a César buscando su teléfono debajo de una silla. Y recuerdo a Beto sentado cerca de la lumbre. Cuando intento recordar al hombre de las fotografías, mi cabeza vuelve a colocar a los siete de siempre alrededor del fuego. Lo mismo les pasa a los demás. La silla verde estuvo ahí, el plato estuvo ahí y las fotografías están ahí y todos escuchamos aquella frase, mi abuelo guardó las imágenes, yo he vuelto al rancho muchas veces desde entonces, he ido a comidas, cumpleaños y reuniones familiares, pero adquirí una costumbre, Cada vez que alguien toma una fotografía de un grupo, la reviso. Cuento a las personas. Primero cuento a quienes recuerdo.

10:26 Después cuento a quienes aparecen, uno por uno. Porque ya casi no pienso en cómo pudo entrar aquel hombre al rancho. Pienso en el tiempo que estuvo ahí, sentado con nosotros, comiendo, moviéndose entre las sillas. Después caminó hasta las casas de campaña y se acostó frente a la nuestra. y ninguno de los siete puede meterlo dentro de sus recuerdos, yo puedo cerrar los ojos y volver a aquella noche, veo la lumbre, las dos tiendas, los mezquites, puedo ubicar a cada uno de mis primos, y siempre somos siete, pero las fotografías dicen otra cosa.