Ella Nunca Fue Quien Yo Creía
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0:05 Encontré un mechón de mi propio cabello, atado con hilo rojo dentro del cajón de los cubiertos. Lo primero que pensé fue que alguien habÃa entrado a mi casa. HabÃa ido a la cocina por una cuchara. Abrà el cajón y vi el mechón debajo de unas servilletas. Lo tomé con cuidado y enseguida reconocà el color y el largo. Dos dÃas antes habÃa notado una zona más corta detrás de la oreja, pero no le di importancia. Al tener ese cabello en la mano, entendà que alguien me lo habÃa cortado y después lo habÃa dejado ahÃ. Lo puse sobre la mesa y revisé la casa. Las puertas estaban cerradas, las ventanas también y nada estaba fuera de lugar. Miré dentro de los armarios, debajo de la cama, en el baño y en el patio, pero no encontré a nadie, ni vi señales de que hubieran forzado una entrada. Cuando regresé a la cocina, levanté la vista hacia la ventana.
1:02 Frente a mi casa vivÃa la señora Marta, una mujer de unos 80 años a la que todos conocÃan en el barrio. Cuidaba sus flores, saludaba a quienes pasaban y algunas tardes cruzaba la calle para llevarme galletas. Siempre habÃa sido amable conmigo. La luz de su sala estaba encendida y me quedé mirando unos segundos. Entonces se apagó. En ese mismo momento escuché una risa debajo de la cocina. Fue breve y baja. Me aparté de la mesa y guardé silencio, esperando escucharla otra vez, pero no se repitió. Me agaché, revisé el suelo y luego volvà a mirar hacia la casa de Marta, pero todo estaba oscuro. Guardé el mechón en una bolsa y dejé varias luces encendidas, y esa noche dormà poco. A la mañana siguiente vi a Marta regando sus plantas. Cuando me vio, levantó la mano y me sonrió. Le respondà por costumbre y entonces noté sus guantes de tela. Nunca les habÃa prestado atención.
2:05 Intenté recordar alguna ocasión en que hubiera visto sus manos descubiertas y no pude. La habÃa visto cargar bolsas, arreglar sus plantas, barrer la entrada y entregarme comida, incluso en dÃas de mucho calor, pero siempre llevaba los guantes puestos. Durante el resto del dÃa pensé en el mechón y busqué una explicación que tuviera sentido. Tal vez alguien habÃa entrado por una ventana que yo creÃa cerrada, o quizá alguien cercano querÃa asustarme, pero ninguna opción explicaba cómo habÃan conseguido cortarme el cabello sin despertarme. Tampoco sabÃa qué significaba el hilo rojo ni de dónde habÃa salido aquella risa.
2:49 Esa noche cerré la puerta de mi habitación y traté de dormir. Más tarde me despertó un ruido en el pasillo. Primero pensé que era la madera de la casa pero volvió a escucharse con claridad. Algo duro rozaba la pared. Avanzaba, se detenÃa y continuaba. Me incorporé en la cama y presté atención. El sonido se acercaba hacia mi puerta y cuando estuvo cerca, reconocà lo que producÃa aquel roce. Uñas largas arrastrándose sobre el yeso. El ruido llegó hasta la entrada de mi habitación y se detuvo. Después el picaporte bajó despacio y la puerta se abrió unos centÃmetros. Desde la cama alcancé a ver parte del pasillo. HabÃa poca luz, pero distinguà una figura inclinada junto al marco. Pensé en Marta.
3:38 TenÃa una altura similar y la forma de la cabeza me resultaba familiar, aunque sus brazos le llegaban casi hasta las rodillas. La figura se quedó inmóvil frente a mà y yo no pude moverme. TenÃa la garganta seca y respiraba con dificultad. Entonces escuché la misma risa de la cocina y venÃa del pasillo. Duró unos segundos, luego cesó y la figura comenzó a retroceder. Volvà a oÃr las uñas contra la pared mientras se alejaba. Esperé antes de levantarme, encendà todas las luces y recorrà la casa completa, pero no encontré a nadie. Cerca de mi habitación vi cuatro marcas largas sobre la pared, todas en la misma dirección.
4:22 Seguà el rastro hasta el pasillo y comprobé que terminaba cerca de la cocina. Pasé el resto de la noche despierto, Por la mañana observé la casa de Marta desde mi ventana. La vi salir con una bolsa y caminar hasta desaparecer al final de la calle. Esperé un poco más. Necesitaba saber si tenÃa algo mÃo y si las marcas estaban relacionadas con ella. Crucé la calle, rodé su casa y llegué a la puerta trasera. Forcé la cerradura y entré. El interior estaba en silencio y olÃa a humedad y cera. No me detuve a revisar cada habitación. Subà al segundo piso. Entré en el dormitorio y encontré un armario cerrado con candado.
5:06 Busqué algo para abrirlo. Encontré un martillo y golpeé el seguro hasta romperlo. Abrà las puertas y me quedé quieto. Dentro no habÃa ropa. HabÃa velas negras, fotografÃas y objetos personales acomodados en varios espacios. Reconocà a varios vecinos del barrio. Vi cepillos de dientes, prendas, uñas cortadas y mechones de cabello. En el centro estaba una fotografÃa mÃa, tomada desde la calle pocos dÃas antes. Debajo encontré un cepillo de dientes que llevaba semanas buscando y varios cabellos atados con hilo rojo. Ya no tenÃa dudas. Marta habÃa entrado a mi casa, habÃa tomado mis cosas y se habÃa acercado a mà mientras dormÃa. No sabÃa para qué guardaba todo aquello. pero mi fotografÃa ocupaba un lugar central entre los demás objetos.
6:00 Entonces escuché abrirse la puerta principal y desde abajo llegó la voz de Marta. Dijo que habÃa olvidado su bolsa y que iba a entrar un momento. Hablaba con el mismo tono tranquilo que usaba siempre conmigo. Miré el armario abierto, el candado roto en el suelo y mi fotografÃa frente a mÃ. Después escuché sus pasos acercándose a la escalera. No tenÃa tiempo para salir por la puerta trasera, asà que busqué con la mirada algún lugar donde esconderme mientras los pasos comenzaban a subir. HabÃa un clóset pequeño junto a la pared. Entré, cerré las puertas casi por completo y dejé una abertura suficiente para ver la habitación. Escuché a Marta subir las escaleras y sus primeros pasos fueron lentos, pero el ritmo cambió al llegar al segundo piso y subió los últimos escalones con una rapidez que nunca le habÃa visto. Entró en el dormitorio, miró el candado roto y después el armario abierto. No dijo nada ni buscó a nadie. Cerró la puerta, dejó la bolsa sobre la cama y caminó hacia el altar. Durante el dÃa siempre la veÃa inclinada y moviéndose con calma. pero ahà mantenÃa la espalda recta y avanzaba sin dificultad. Se quitó el guante derecho y vi su mano por primera vez. Sus dedos eran delgados, las uñas largas, gruesas y oscuras, con puntas afiladas, y después se quitó el otro guante. Al
7:30 ver ambas manos, entendà de dónde venÃan los sonidos que habÃa escuchado en mi casa y las marcas que habÃa encontrado en la pared. Marta tomó mi fotografÃa y la sostuvo frente a su cara, Sonrió y volvió a soltar aquella risa que habÃa escuchado debajo del piso de mi cocina y luego en el pasillo. Me cubrà la boca con una mano para controlar la respiración y procuré no moverme. Apoyó una uña sobre el ojo izquierdo de mi fotografÃa y presionó. El dolor apareció de inmediato en mi propio ojo. Fue tan fuerte que tuve que apoyar el hombro contra la pared del clóset para mantenerme en pie. No tuve tiempo de pensar en una explicación. Marta movió la uña hasta el otro ojo de la imagen y volvió a hundirla.
8:17 El dolor pasó al lado derecho y esta vez grité. Ella dejó de reÃr, giró la cabeza y miró directamente hacia la abertura entre las puertas. No revisó la habitación ni dudó un segundo. Ya sabÃa en dónde estaba. Marta comenzó a acercarse. Desde el clóset vi sus dientes con claridad. Varios eran estrechos y terminaban en punta. Esperé hasta que estuvo cerca y empujé las puertas con toda mi fuerza. Una de ellas la golpeó en el hombro y la hizo caer contra el armario. FotografÃas y objetos terminaron en el suelo. SalÃ, crucé la habitación y bajé las escaleras, mientras el dolor me obligaba a mantener los ojos casi cerrados.
9:03 Detrás de mà escuché a Marta levantarse y después oà sus uñas contra el piso cada vez más cerca, pero no miré atrás. Llegué a la planta baja, fui hasta la puerta trasera e intenté abrirla. Me temblaban las manos y fallé varias veces antes de conseguirlo. Los ruidos ya venÃan por el pasillo cuando logré salir. Crucé el patio y corrà hacia la calle. La vista se me nublaba y cada vez me costaba más distinguir lo que tenÃa enfrente. Alcancé a avanzar unos metros, perdà el equilibrio y caÃ. Lo siguiente que recuerdo es haber despertado mientras me atendÃan. Un vecino me habÃa encontrado tirado en la calle. TenÃa los ojos inflamados y varias lesiones alrededor de los párpados.
9:48 Durante los dÃas siguientes veÃa manchas oscuras y apenas podÃa mantenerlos abiertos. Los médicos encontraron una inflamación severa y heridas cuyo origen no pudieron determinarlo. con claridad. Me hicieron estudios, trataron las lesiones y consiguieron salvarme la vista, aunque quedaron cicatrices que todavÃa conservo. Cuando pude regresar al barrio, fui directamente a mi casa. No quise acercarme a la de Marta, Desde mi ventana vi las cortinas abiertas y durante horas no observé movimiento. Pregunté por ella y supe que habÃa desaparecido. Nadie sabÃa cuándo se habÃa marchado ni en dónde estaba. No necesitaba saber más para decidir que tampoco iba a quedarme.
10:33 Empaqué lo necesario y me fui poco después. durante el viaje recordé el armario las fotografÃas los objetos de los vecinos mi cepillo de dientes mis cabellos y aquella imagen mÃa que Marta habÃa tenido entre las manos también recordé todas las veces que habÃa hablado con ella sin sentir miedo la habÃa visto cuidar sus flores saludar desde la entrada y cruzar la calle para llevarme galletas incluso la habÃa dejado entrar en mi casa varias veces Después de lo ocurrido, ese detalle era el que más me costaba aceptar. Durante las primeras semanas en mi nuevo lugar dormà poco, pues cualquier ruido me despertaba. Revisaba las puertas antes de acostarme y volvÃa a comprobarlas aunque supiera que estaban cerradas.
11:23 Cuando intentaba dormir, volvÃa a ver sus manos descubiertas y mi fotografÃa atravesada por sus uñas. Con el tiempo recuperé parte de mi rutina. Volvà al trabajo. El dolor disminuyó y las heridas cerraron. Las manchas en mi visión siguieron ahÃ, aunque se hicieron menos intensas. Dejé de revisar las ventanas a cada momento y conseguà pasar noches completas sin levantarme. Durante varios meses no ocurrió nada y empecé a creer que cambiar de ciudad habÃa sido suficiente y que Marta ya no podÃa acercarse a mÃ. Una noche me despertó un ruido en la pared del pasillo. Me quedé acostado y escuché. Era un roce lento y firme, el mismo sonido de uñas sobre la pared que habÃa oÃdo en mi antigua casa. Encendà la luz y el ruido se detuvo, asà que revisé el pasillo y no encontré a nadie.
12:18 Por la mañana vi cuatro marcas junto a la entrada de mi habitación. Eran largas, paralelas y estaban a la misma altura que las de la otra casa. Me quedé frente a ellas sin tocarlas. Nadie en esa ciudad conocÃa a Marta. Nadie sabÃa lo que habÃa ocurrido en su casa y yo nunca habÃa contado cómo eran aquellas marcas. Hasta ese momento habÃa pensado que alejarme del barrio podÃa cerrar todo aquello, pero al ver la pared entendà que no habÃa terminado. Después de encontrar aquellas marcas volvà a dormir mal. El ruido no aparecÃa todas las noches. A veces pasaban semanas sin que ocurriera nada, y yo empezaba a recuperar la calma, hasta que regresaba sin aviso. Casi siempre comenzaba igual, escuchaba uñas rozando alguna pared, esperaba en silencio y al cabo de unos segundos todo se detenÃa.
13:14 Algunas mañanas encontraba marcas cerca de la puerta o en el pasillo, otras veces no quedaba nada. Nunca volvà a ver a Marta y tampoco encontré señales claras de que alguien hubiera entrado. Pero cada vez que aquel roce regresaba, yo sabÃa exactamente en dónde lo habÃa escuchado por primera vez. Durante un tiempo pensé que cambiar de ciudad otra vez podÃa resolverlo y terminé haciéndolo. Encontré otro lugar para vivir, retomé el trabajo y traté de recuperar una rutina normal. Durante varios meses funcionó. Dejé de revisar cada habitación antes de acostarme. Conseguà dormir con las luces apagadas y pasé dÃas enteros sin pensar en Marta. Las cicatrices de mis ojos seguÃan ahÃ. Los médicos me habÃan advertido que probablemente serÃan permanentes. Y aunque podÃa ver bien, cuando estaba cansado aparecÃan pequeñas manchas oscuras que nunca desaparecieron por completo. Nunca les conté todo lo que habÃa ocurrido en aquella casa.
14:18 Les expliqué lo necesario para que entendieran las lesiones, pero me guardé el resto. Con el paso del tiempo empecé a cuestionar algunos recuerdos. Me preguntaba si las uñas de Marta habÃan sido tan largas como las recordaba, si sus dientes realmente tenÃan aquella forma, o si el miedo habÃa alterado parte de lo que vi. HabÃa hechos que no podÃa discutir conmigo mismo. El mechón estaba en mi cocina, mi cepillo de dientes apareció dentro de su armario. HabÃa fotografÃas de los vecinos, junto a objetos que les pertenecÃan, y sentà el dolor en los ojos justo cuando ella perforó mi foto. Las cicatrices también seguÃan ahÃ. PodÃa dudar de ciertos detalles, pero no de eso. La tranquilidad terminó una noche mientras me preparaba para dormir. Escuché el roce en la pared del pasillo y me quedé quieto. El sonido avanzó unos segundos, se detuvo y volvió a aparecer más cerca de mi habitación. Encendà la luz y desapareció.
15:23 Esa vez no salà a revisar. Esperé hasta la mañana y entonces encontré nuevas marcas junto a la puerta. Después de eso dejé de buscar una explicación para cada ruido. Y también dejé de mudarme cada vez que aparecÃa. HabÃa pasado demasiado tiempo cambiando de casa, revisando cerraduras y pensando que el siguiente lugar serÃa distinto. Pero, tarde o temprano, el mismo sonido terminaba regresando. Con los años, adopté una rutina sencilla. Antes de acostarme, reviso las puertas una vez, apago las luces y me meto en la cama. Si escucho las uñas, no salgo al pasillo ni intento seguirlas.
16:04 Me quedo donde estoy y espero hasta que se detengan. Algunas noches dura pocos segundos, otras veces desaparece y vuelve más tarde. Nunca he vuelto a escuchar aquella risa desde el dÃa que escapé de la casa de Marta, y tampoco he oÃdo su voz. Eso es lo único que cambió. El sonido permanece, aunque ya no necesito comprobar cada vez que aparece si dejó marcas, porque sé que algunas mañanas estarán ahà y otras no. Hace algunos meses ocurrió algo que todavÃa recuerdo. Me estaba lavando la cara, levanté la vista hacia el espejo, y durante un instante vi una figura detrás de mÃ. Me giré de inmediato, pero el baño estaba vacÃo, y cuando volvà a mirar ya no habÃa nada. No puedo afirmar que fuera Marta, podÃa haber sido una sombra o una de las manchas de mi visión, asà que no intenté convertirlo en algo que no podÃa comprobar.
17:05 Aún asÃ, desde aquella noche evito quedarme mirando los espejos cuando la casa está oscura. No los cubro ni los he quitado. Simplemente termino lo que estoy haciendo y salgo del cuarto. Mi vida continuó. Trabajo, salgo, hablo con otras personas y durante el dÃa puedo pasar horas sin pensar en lo que ocurrió. El problema empieza cuando regreso a casa y escucho un roce parecido al de aquellas uñas. Entonces recuerdo sus guantes, mi fotografÃa entre sus manos y el ruido acercándose por el piso mientras yo intentaba salir. Con el tiempo, aprendà a distinguir los sonidos normales de una casa. Sé reconocer una tuberÃa, una puerta moviéndose, algo que cae en otra habitación, o una rama contra una ventana.
17:52 Ese roce es distinto para mÃ. Cuando aparece, lo reconozco de inmediato y ya no necesito acercarme a la pared para comprobarlo. Hace poco volvió a ocurrir. Estaba acostado cuando escuché uñas rozando la pared del pasillo. Llevaba bastante tiempo sin oÃrlas y durante unos segundos pensé que podÃa tratarse de otra cosa. Me quedé en silencio. El sonido avanzó lentamente hacia mi habitación y se detuvo junto a la puerta. No me levanté. No encendà la luz y tampoco intenté abrir. Solo esperé. Pasaron varios minutos sin que ocurriera nada más. Y al final, el resto de la noche quedó en silencio.
18:34 A la mañana siguiente, revisé la pared y encontré cuatro marcas nuevas. No eran profundas, apenas habÃan levantado la pintura. Las miré un momento, preparé mis cosas y salà a trabajar. Hace años habrÃa empacado ese mismo dÃa. Ahora sé que no servirÃa. Marta desapareció después de aquella tarde y nunca volvà a verla. No sé en dónde está, qué ocurrió con ella ni cómo hacÃa lo que vi dentro de su casa. Tampoco sé por qué esos sonidos siguen apareciendo después de tanto tiempo. Solo sé que comenzaron con ella y nunca desaparecieron del todo. Por eso duermo con la puerta cerrada y cuando vuelvo a escuchar uñas sobre la pared.
19:18 Permanezco en la cama hasta que todo queda en silencio. Después intento dormir. Algunas noches lo consigo. otras me quedo mirando la puerta hasta que amanece, porque recuerdo con claridad la última vez que escuché ese roce al otro lado de una puerta, y Marta estaba ahÃ. Si te gustó este video, te recomiendo ir a ver. Mi vecina se convertÃa en bruja por las noches, y también mi familia fue vÃctima de la bruja de una vecina.
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