May 3, 2026

El Video Prohibido Del Guardia Nocturno En La Morgue - Historias De Terror - REDE

El Video Prohibido Del Guardia Nocturno En La Morgue - Historias De Terror - REDE
El Video Prohibido Del Guardia Nocturno En La Morgue - Historias De Terror - REDE
REDE (Relatos Desclasificados)
El Video Prohibido Del Guardia Nocturno En La Morgue - Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

0:05 Me llamo Arturo Salcedo y trabajé como guardia nocturno en el Hospital General de San Jacinto. Cuando recuerdo aquella madrugada, vuelvo primero al pasillo de patología, a la mesa del registro y al monitor de cámaras, porque todo empezó ahí, dentro de un turno común. La morgue quedaba al fondo. Mi trabajo era controlar entradas, apuntar ingresos, revisar las rondas y avisar al supervisor cuando algo salía del procedimiento. En ese puesto uno aprende a no inventar nada, porque cada hoja firmada puede terminar en una oficina, en una investigación o en manos de una familia. Esa noche recibí turno a las diez, tomé las llaves, firmé la libreta y revisé los pendientes. Había una nota por una alarma de temperatura que Ramiro, el auxiliar de patología, ya había dado por corregida. También había un aviso sobre la cámara del pasillo que fallaba por momentos. La imagen se cortaba y volvía, sin dejar completamente ciega la entrada. Lo anoté otra vez, porque era mi obligación, y empecé los rondines. Las primeras horas pasaron sin cambios. Bajó un cuerpo desde urgencias. Se revisó el traslado y quedó guardado. Ramiro hizo la verificación conmigo, pues conocía el lugar mejor que todos, cuidaba las firmas y no aceptaba ingresos a medias. Si faltaba un dato, detenía el trámite, y si una hoja venía incompleta, la señalaba.

1:37 Esa noche trabajaba callado, con el mismo orden de siempre. Cuando terminó ese primer ingreso, volvió a su área y yo regresé a mi mesa. Cerca de la medianoche, la cámara del pasillo volvió a fallar. La imagen temblaba, se apagaba unos segundos y regresaba. Revisé la rampa, la puerta de proveedores y el acceso de lavandería. Al volver, confirmé en el sistema que la puerta de la morgue seguía cerrada. El pasillo estaba vacío y no había accesos nuevos ni movimiento frente a patología. Más tarde, recepción avisó que bajarían un ingreso judicial. Eso significaba que el cuerpo venía de fuera del hospital, custodiado por agentes, y quedaba bajo resguardo hasta la autorización del Ministerio Público. En esos casos no se revisaban pertenencias ni lesiones. Se recibía el oficio, se verificaban los datos básicos, se firmaba la entrada y el cuerpo quedaba en la Cámara Judicial. Los agentes llegaron con un camillero. Traían una bolsa negra con el cuerpo de una mujer, registrada como femenina no identificada. El agente Leal entregó el oficio. Informó que la habían encontrado en un terreno, fuera del municipio. El documento tenía sello y firma, pero una parte del número de carpeta estaba borrosa por una mancha.

2:59 Ramiro lo revisó y pidió una copia clara. Leal aceptó mandarla después y su compañero permaneció junto a la camilla sin intervenir. Abrí la puerta de la morgue y entramos. Ramiro llevó la camilla a la cámara judicial. Yo me quedé cerca, con la libreta en la mano. Abrió la bolsa solo para colocar la etiqueta del hospital. Alcancé a ver la cara de la mujer, tierra en el cabello y una herida oscura en la frente. La piel estaba pálida y rígida. Llevaba una cadena delgada en el cuello y un arete en una oreja. Ramiro cerró la bolsa, acomodó el cuerpo en una gaveta, colocó el sello y anotó el número. Los agentes firmaron el ingreso y se fueron.

3:45 Al salir, Ramiro comentó que no le gustaban los documentos manchados porque después complicaban todo. Le respondí que el ingreso quedaba escrito. Él me pidió vigilar la cámara del pasillo por si la imagen se perdía por completo y regresó a patología y yo volví a mi puesto. El hospital ya estaba más quieto. Pasaba poca gente y el pasillo quedaba solo durante tramos largos. Ya entrada la madrugada, escuché un golpe metálico desde el fondo. Fue breve, seco. Me levanté, tomé el radio y caminé hasta la puerta de la morgue. Revisé la cerradura, el panel y el marco, pero todo seguía cerrado. Miré el pasillo y no había nadie. Llamé a Ramiro y pregunté si estaba dentro. Respondió que estaba en el baño del personal y pidió revisar el panel externo.

4:40 No había alarma. Anoté el golpe y regresé a la mesa. Pocos minutos después escuché dos golpes seguidos. Esta vez avancé más rápido, pero antes de llegar a la puerta sonó un tercero, más fuerte, con el peso de una gaveta contra el tope. Me quedé frente al panel y revisé el sistema. La puerta seguía cerrada, sin registro de entrada. La cámara del pasillo mostraba interferencia, pero no había nadie en la imagen. Llamé a Ramiro y le pedí que bajara. Llegó molesto ajustándose los guantes. Le expliqué los golpes, así que revisó el panel, abrió conmigo y entramos. La luz estaba encendida y el motor de la cámara judicial sonaba irregular.

5:27 Ramiro avanzó hasta las gavetas y empezó a revisar una por una. Al llegar a la de la mujer se detuvo. El sello estaba roto desde el seguro. y la puerta de la gaveta quedaba abierta apenas unos centímetros. Ramiro levantó una mano para que no me acercara y me pidió llamar al supervisor antes de tocar algo. Le pregunté si cerrábamos la gaveta para asegurarla, y me respondió que primero debía ver la seguridad porque era un resguardo judicial. En ese momento la gaveta se movió. Dio un tirón seco, chocó con el tope y quedó quieta. Los dos retrocedimos. Yo llamé por radio a Héctor, el supervisor, y pedí apoyo inmediato. Antes de que Héctor llegara, escuchamos un sonido distinto.

6:15 No fue metal. Fue un llanto bajo, corto, salido de la cámara judicial. Ramiro giró hacia mí. Yo permanecí frente a la gaveta, con el radio en la mano. El llanto volvió más claro dentro del mismo espacio cerrado. No venía del pasillo ni de otra sala. Venía de la gaveta abierta. Héctor llegó con otro guardia. Le expliqué el sello roto, los golpes y el llanto. Al principio revisó todo con gesto duro, pero la gaveta volvió a moverse delante de él y el sonido salió otra vez. Dejó al otro guardia en la entrada, cerró el pasillo y se acercó. Ramiro advirtió que abrir sin autoridad podía traer problemas, pero Héctor respondió que primero necesitaba saber qué había dentro.

7:05 Nos acercamos a la gaveta y el sello colgaba roto. Héctor me pidió grabar con el teléfono para dejar constancia. Activé la cámara y enfoqué, y en eso la puerta vibró una vez más. Se escuchó un roce lento, seguido por un sollozo breve. Héctor ordenó abrir. Ramiro sacó la llave. Liberó el seguro y jaló la gaveta despacio. La bolsa negra quedó a la vista. Seguía cerrada, pero había girado sobre la charola. La parte de la cabeza apuntaba hacia un costado y la cremallera estaba tensa, y había tierra seca alrededor. Ramiro apoyó la mano sobre la bolsa y la retiró de inmediato, pues dijo que sintió movimiento. Héctor ordenó abrirla y Ramiro cortó el precinto y bajó la cremallera.

7:55 la mujer estaba muerta, lo vi sin duda, la piel seguía rígida, la boca abierta, los ojos cerrados y no respiraba, Ramiro buscó pulso en el cuello y luego en la muñeca pero negó con la cabeza, dijo que no había signos vitales, pero mientras hablaba la mano izquierda de la mujer se levantó unos centímetros y golpeó el borde de la bolsa y después cayó, el teléfono seguía grabando, El llanto volvió desde la misma gaveta, con el cuerpo inmóvil frente a nosotros. Héctor retrocedió un paso, Ramiro no apartó la vista, y la mano se movió otra vez, con un tirón corto, y la gaveta vibró sobre los rieles.

8:39 Héctor ordenó llamar al médico y mantener cerrado el pasillo, pero yo seguí mirando la cara de la mujer. Estaba muerta, pues eso fue lo que vi, y eso fue lo peor. Algo movía ese cuerpo, y ninguno de nosotros tenía una respuesta. Desde entonces, cada detalle volvió completo. Cada vez que tuve que declararlo ante jefes, médicos y agentes en oficinas cerradas, el médico de guardia tardó en bajar, y durante esos minutos nadie tocó la gaveta. Héctor nos ordenó quedarnos donde estábamos, con la puerta abierta y el pasillo cerrado. Yo seguí grabando, A esa altura, la palabra de uno solo no bastaba.

9:25 Ramiro estaba junto a la charola, con los guantes puestos, la cara fija en la bolsa y los hombros tensos. El otro guardia cuidaba la entrada, con el radio en la mano y la vista puesta en nosotros. La mujer quedó inmóvil unos segundos, y la mano que había golpeado el borde de la bolsa descansaba sobre el plástico, rígida y torcida hacia afuera. Yo enfoqué el rostro, No había respiración, no había movimiento en el pecho. Entonces volvió el llanto. Salió de la gaveta, bajo, cortado y con aire al final. No venía de una tubería ni del motor. Venía de la bolsa abierta delante de nosotros. Ramiro me pidió enfocar mejor.

10:13 Yo levanté el teléfono y mantuve el brazo firme. El doctor Sandoval llegó con una enfermera, entró rápido, sin preguntas largas, y Héctor le resumió el hecho en pocas palabras. Cuerpo judicial, sello roto, movimientos y sonidos. Sandoval se acercó a la gaveta, revisó cuello, muñeca y ojos. Lo hizo con cuidado, pero sin perder tiempo. Confirmó ausencia de pulso, respiración y respuesta pupilar. La enfermera se quedó detrás de él, en silencio. Cuando Sandoval retiró la mano, la mandíbula de la mujer se cerró de golpe y los dientes chocaron. Después, la enfermera retrocedió.

10:55 Sandoval volvió a tocarle el cuello y la mano derecha de la mujer empezó a raspar el plástico, primero una vez, luego tres veces seguidas. El sonido llenó la cámara. Héctor soltó una maldición baja y Ramiro no se movió. El médico retiró la mano y ordenó no tocar el cuerpo. En ese momento, detrás de nosotros, una gaveta cerrada golpeó contra el tope. Todos volteamos. Otra gaveta del lado contrario se sacudió también. El golpe fue fuerte y breve. Luego, una tercera vibró en su sitio. La enfermera salió hacia la puerta sin esperar indicaciones. El otro guardia se apartó para dejarla pasar. Héctor le ordenó quedarse cerca, pero ella siguió hasta el pasillo. Sandoval permaneció frente a la cámara judicial, con las manos levantadas, sin tocar nada. La mujer soltó un gemido desde la garganta. No hubo entrada de aire ni movimiento en el pecho. La cabeza giró un poco hacia mi lado, con los ojos aún cerrados. Vi tierra seca en el pelo, en la oreja y sobre la cadena del cuello. La piel del mentón se tensó cuando volvió el llanto. Ramiro pidió cerrar la bolsa y asegurar la gaveta, pero Héctor se negó. Y dijo que hasta que llegara más personal. Sandoval pidió conservar la escena y me ordenó seguir grabando. Volvieron a sacudirse dos gavetas, una

12:26 después de otra. Los rieles golpearon con fuerza y el metal retumbó en la cámara. Yo conocía esos sonidos por mis rondines. Sabía cuando una puerta cerraba mal. cuando una rueda se trababa o cuando un compresor arrancaba. Aquello no era ninguno de esos sonidos. Venía desde dentro de las gavetas. Esa fue la primera vez que sentí miedo completo. No sorpresa, no nervios, miedo de verdad. Héctor llamó por radio y pidió refuerzo de seguridad. Reportó una alteración en la morgue y evitó dar detalles. Mientras hablaba, la mano izquierda de la mujer volvió a levantarse y cayó contra la charola.

13:10 La gaveta se deslizó unos centímetros hacia afuera. Ramiro avanzó para empujarla, pero Sandoval lo detuvo por el brazo antes de que tocara el cuerpo. La mano quedó quieta otra vez, con los dedos doblados sobre el plástico. Entonces escuchamos otro llanto, ahora en el pasillo. No salió de la gaveta ni de la cámara judicial. Sonó del otro lado de la puerta, cerca del acceso a patología. El guardia de la entrada juró que no había nadie afuera. El llanto avanzó unos segundos por el corredor y después se apagó y nadie salió a revisar. Héctor mantuvo la puerta abierta y pidió que todos permanecieran a la vista. Llegaron dos guardias más y se quedaron en la entrada. Héctor les ordenó cerrar el acceso a patología y no permitir el paso. Ramiro repitió que la mujer estaba muerta y Sandoval confirmó lo mismo con voz más baja y pidió llamar a dirección médica y al ministerio público. Mientras hablaba, los párpados de la mujer subieron despacio. Los ojos quedaron abiertos, opacos, fijos hacia arriba. No siguieron a nadie y no parpadearon, solo se abrieron. La boca se abrió más, hasta mostrar los dientes.

14:27 De ahí salió otro llanto, largo, sostenido, con la garganta inmóvil. La enfermera gritó desde el pasillo, y uno de los guardias soltó el radio y dio un paso atrás. Héctor ordenó cerrar la gaveta de inmediato. Ramiro tomó la bolsa por un borde, y la cabeza de la mujer se movió hacia él. Ramiro soltó el plástico y retrocedió hasta la mesa, y Sandoval nos ordenó salir de la cámara. Retrocedimos sin darle la espalda a la gaveta. Yo seguí grabando hasta cruzar la puerta. En cuanto salimos, varias gavetas empezaron a golpear desde dentro. Primero fueron dos, luego cuatro, luego demasiadas para contarlas. Los impactos llenaron el pasillo. Héctor cerró la puerta de la morgue y puso el seguro.

15:17 pero los golpes continuaron al otro lado, mezclados con el llanto de la mujer. Llamaron a dirección médica, al ministerio público y al jefe de seguridad, y nadie volvió a entrar esa madrugada. El pasillo quedó acordonado y yo seguí junto a la pared con el teléfono en la mano, hasta que Héctor me pidió el archivo. Le dije que lo copiaría en una memoria del hospital, pero no entregué el teléfono sin acta. Los golpes siguieron varios minutos. Después quedaron más separados y el llanto fue lo último en apagarse. Al amanecer llegaron los agentes, los peritos y personal de administración.

16:00 Cuando abrieron la morgue, con todos presentes, no se escuchó nada. Las gavetas estaban cerradas. La de la mujer seguía apenas abierta. La bolsa estaba sobre la charola, el cuerpo rígido, los ojos cerrados y los brazos a los costados. sandoval revisó otra vez y confirmó la muerte delante de todos nadie mencionó los movimientos frente a los agentes héctor reportó una alteración en el área y pidió preservar el vídeo me sentaron en una oficina y me pidieron escribir lo ocurrido en orden escribí que el sello estaba roto antes de abrir que la gaveta se movió que escuchamos llantos que el cuerpo se movió, abrió los ojos, movió los brazos y que otras gavetas golpearon mientras la puerta estaba cerrada.

16:49 Entregué el video en una memoria, con mi firma y la de Héctor. Me preguntaron si había consumido algo, si estaba cansado, si la cámara fallando pudo confundirme. Respondí lo mismo cada vez, vi lo que escribí. No firmé ninguna corrección posterior porque ninguna coincidía con el video. con mi reporte ni con el orden completo registrado de esa noche. Días después me movieron de área, Ramiro pasó al turno de día, Sandoval dejó de bajar solo a la morgue durante semanas. En el informe interno hablaron de incidentes acústicos, tensión del personal y falla de procedimiento en un resguardo judicial.

17:33 No pusieron el llanto, no pusieron las gavetas golpeando, y no pusieron que el sello estaba roto antes de tocarlo. Renuncié un mes después. Guardé copia de mi declaración y del acta de entrega del video. Esa madrugada bajó a la morgue el cuerpo de una mujer muerta, sellado y registrado. Horas después la gaveta se movió. Escuchamos llantos dentro de la cámara y vimos al cadáver mover la mano, la cabeza, la mandíbula y los ojos. Eso fue lo que vi, eso fue lo que grabé, y eso fue lo último que acepté ver en ese lugar.