El Testimonio Del Soldado Que Sobrevivió A Las Brujas - Historias De Terror - REDE
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0:05 Me llamo Pedro Vela y recuerdo bien la entrada a Santa LucÃa de noche. En 2019 era sargento segundo de un equipo de operaciones especiales. Ãramos cinco, el teniente Navarro, el cabo Salas, el sanitario RÃos, el operador de Radio Cota y yo. La orden era entrar en Santa LucÃa, confirmar la presencia de Julián Barragán, el zurdo, y capturarlo si era posible. El informe lo ubicaba al frente de un grupo armado, dedicado al traslado de droga y armas. También advertÃa que habÃa pobladores dentro, sin datos sobre su estado. Entramos por el lado norte y dejamos el vehÃculo fuera del pueblo. Navarro nos recordó que éramos un elemento adelantado.
0:51 DebÃamos localizar al objetivo, informar y evitar un combate largo. Solo intervendrÃamos ante civiles en peligro. Avanzamos con Salas al frente y Cota pendiente de la radio. En el camino vimos una camioneta abandonada. HabÃa sangre en el asiento y dos armas atrás. Salas revisó el terreno. Mientras Cota intentaba comunicarse con el mando, la radio soltaba voces cortadas, sin respuesta. Navarro decidió continuar porque la ruta de salida seguÃa libre. Las puertas estaban abiertas y las calles vacÃas. En una vivienda encontramos comida servida, en otra la entrada habÃa sido forzada.
1:33 No revisamos cada cuarto y seguimos hasta hallar a un hombre armado junto a una pared. TenÃa el cuello abierto y cortes en la cara. RÃos lo examinó y confirmó que llevaba horas muerto, pero no habÃa casquillos alrededor ni señales de un tiroteo. Desde entonces avanzamos más despacio sin separarnos. Cerca de la plaza escuchamos un golpe en la iglesia. Después vino una risa de mujer. Salas señaló una ventana. HabÃa visto a una anciana observándonos. Miré hacia la casa, pero la ventana estaba vacÃa. Cruzamos la plaza y entramos en una tienda. HabÃa cuatro hombres muertos. Dos tenÃan heridas de bala. Los otros, cortes profundos en el cuello y el abdomen. Uno seguÃa amarrado de las manos. Cota cambió la frecuencia, revisó la antena y volvió a transmitir, pero la interferencia continuó. El golpe de la iglesia se repitió, acompañado por llantos y voces contenidas. Navarro decidió entrar, asà que nos colocamos a ambos lados de la puerta, retiramos el pasador y avanzamos con las armas arriba. Vi a 24 pobladores arrodillados frente al altar. habÃa hombres mujeres y niños todos con las manos atadas algunos llevaban tela sobre la boca y en el centro un hombre estaba sujeto a una mesa por los brazos y las piernas seguÃa consciente y trataba de soltarse cinco ancianas rodeaban la mesa llevaban
3:08 ropa manchada de sangre y no tenÃan armas de fuego una sostenÃa un cuchillo junto al pecho del cautivo y las otras mantenÃan las manos sobre su cuerpo Sus uñas eran largas, oscuras y curvas. Cuando voltearon, vi dientes afilados en varias de ellas. Una soltó una risa baja y las demás respondieron. Los pobladores se encogieron y algunos empezaron a llorar. Navarro les ordenó apartarse y liberar al hombre, pero la del cuchillo bajó la hoja y apoyó la punta contra su pecho. El teniente repitió la orden. Salas y yo cubrimos los lados. RÃos quedó cerca de los civiles y Cota vigiló la entrada. Nadie disparó porque las mujeres estaban mezcladas con los cautivos. La primera anciana se movió sin aviso. Saltó sobre una banca y fue hacia Cota.
4:00 Otra se metió entre los pobladores. Y la del cuchillo levantó el brazo para atacar al hombre. Salas disparó y la hirió en el hombro. La mujer retrocedió pero no soltó el arma. Cote intentó apartarse, aunque la anciana ya lo habÃa alcanzado. Le abrió la cara y el cuello con las uñas. Luego lo derribó. Disparé dos veces al torso. La mujer cayó, apoyó una mano en el suelo y se levantó. Le disparé en la cabeza y esta vez quedó inmóvil. La que se habÃa ocultado entre los cautivos tomó a una niña por el cabello y la levantó frente a ella. Navarro buscó un ángulo, le ordenó soltarla y esperó a que la cabeza de la menor quedara libre.
4:46 La anciana abrió la boca y mordió a la niña en el hombro. Navarro disparó en el acto. La mujer cayó de lado, todavÃa aferrada al cabello. La madre se arrastró hacia la niña con las manos atadas. En el altar, otra anciana se inclinó sobre el hombre de la mesa y le mordió el cuello. Salas avanzó y disparó. pero la mujer se cubrió detrás del cuerpo. Subà por el otro lado, vi su cabeza junto al hombro del cautivo y le disparé. Cayó junto a la mesa. El hombre movió las piernas unos segundos y se quedó quieto. Quedaban dos. La anciana herida por salas soltó el cuchillo y atacó a Navarro. Bloqueó el brazo sano, pero ella le clavó las uñas en el antebrazo. RÃos la sujetó por la espalda y yo la empujé contra la mesa. La mujer siguió golpeando y tratando de morder. Navarro recuperó su arma y disparó a corta distancia. La última anciana corrió por una puerta lateral. Salas quiso perseguirla, pero Navarro le ordenó quedarse.
5:51 Cota sangraba en el suelo, los pobladores seguÃan atados y habÃa movimiento fuera de la iglesia. RÃos fue hacia Cota, mientras yo cubrÃa la puerta lateral y Salas vigilaba la entrada. Entonces escuchamos otra risa en el patio. Dos voces respondieron desde calles distintas, y comprendimos que las cinco mujeres de la iglesia no eran las únicas. Recuerdo a RÃos arrodillado junto a Cota, atendiendo las heridas que tenÃa en el cuello y la cara. La sangre le cubrÃa el uniforme mientras él respiraba por la boca y trataba de mantener los ojos abiertos. RÃos colocó vendas, hizo presión y le pidió que siguiera consciente. La niña mordida permanecÃa junto a su madre, con el hombro cubierto por una tela. RÃos la revisó y dijo que podÃa caminar, pero necesitaba salir del pueblo. Navarro y yo empezamos a cortar las cuerdas de los pobladores. Salas se quedó en la puerta lateral, atento al patio. Nadie se acercó a los cuerpos de las ancianas. Un hombre mayor contó que los hombres de Barragán habÃan reunido al pueblo para evitar que alguien avisara al ejército. Después llegaron las mujeres, entraron por distintos lados y atacaron a los hombres armados. Algunas personas fueron sacadas de la iglesia y llevadas al molino. El hombre aseguró que Barragán seguÃa ahà con otros seis cautivos. Navarro le preguntó cuántas mujeres habÃa visto. El hombre respondió que no
7:23 podÃa contarlas, pero habÃa visto más de cinco. También dijo que varias personas intentaron huir y que no volvió a verlas. Navarro miró las entradas y decidió movernos. La iglesia tenÃa demasiados accesos y Cota necesitaba otro punto para intentar la comunicación. La escuela quedaba al sur, asà que organizamos a los civiles para llegar hasta ahÃ. Tres hombres recogieron armas de los muertos y dijeron que sabÃan usarlas. Navarro les indicó que mantuvieran los cañones hacia el suelo, que no dispararan por miedo y que protegieran a los niños. RÃos y dos pobladores levantaron a cota. La madre tomó a su hija por el brazo, mientras los demás formaban una columna.
8:09 Navarro salió primero, yo cubrà el lado izquierdo y Salas quedó al final. Cruzamos la plaza. HabÃamos llegado al centro cuando vi a la anciana que escapó de la iglesia sobre el techo de una casa. La reconocà por la ropa y por la herida en un brazo. Otras dos aparecieron en calles distintas. Las tres rieron, bajaron y corrieron contra la columna. Navarro ordenó mantener el paso. Una de ellas saltó desde el techo y cayó sobre Salas y rodaron hasta una pared. Salas logró golpearla con el rifle, pero la mujer le mordió el cuello y lo sujetó con ambas manos. Corrà hacia ellos, esperé a tener libre la cabeza y disparé. La anciana cayó a un lado.
8:57 Salas intentó incorporarse, dio un paso y terminó de rodillas, con una mano sobre la herida. La segunda mujer entró por el centro del grupo, derribó a un hombre que cargaba a su hijo y trató de arrastrarlo. Navarro disparó dos veces al torso, avanzó y terminó el ataque con un tiro en la cabeza. La tercera anciana alcanzó la parte trasera. Uno de los pobladores armados abrió fuego antes de tener un ángulo limpio. La hirió en un costado y obligó a varias personas a correr hacia una calle lateral. El grupo se desordenó. Algunos volvieron hacia la iglesia, otros entraron en dos casas y un hombre quedó herido en la plaza. La anciana, que seguÃa viva, lo tomó por una pierna y lo arrastró hacia el camino del molino.
9:46 Quise seguirla, pero Navarro me ordenó cubrir a los civiles que permanecÃan con nosotros. La mujer desapareció entre las casas y los gritos continuaron desde distintos puntos. RÃos llegó hasta Salas, revisó la herida y buscó el pulso. Después levantó la vista y negó con la cabeza. No podÃamos cargarlo junto con Cota y los demás heridos. Navarro tomó sus cargadores, dejó el cuerpo contra la pared y nos hizo avanzar. Nadie habló durante el último tramo. Catorce pobladores entraron con nosotros en la escuela. Un hombre habÃa quedado en la plaza y nueve se separaron durante el ataque. Desde las casas llegaron gritos y disparos, pero regresar habrÃa dejado expuestos a los niños y heridos. Dos hombres cerraron las entradas con muebles. Navarro distribuyó a los civiles y RÃos volvió a trabajar sobre Cota. Probé la radio cerca de una ventana y recibà una señal débil. Transmità que tenÃamos dos bajas, civiles heridos y varias agresoras dentro del pueblo. La respuesta llegó entre cortes, aunque entendà la orden de movernos hacia el Camino del Sur para enlazar con apoyo. También pidieron una ubicación segura antes de entrar. porque habÃa civiles dispersos y no podÃan distinguirlos de los hombres de Barragán. Cota dejó de respirar mientras yo seguÃa junto a la radio.
11:15 RÃos intentó reanimarlo, mantuvo la presión y volvió a revisar el pulso. Después cubrió su cuerpo y atendió a la niña y a dos adultos. Ya solo quedábamos Navarro, RÃos y yo. Desde una ventana vimos el patio del molino. HabÃa seis cautivos, entre ellos Barragán. amarrado a una silla, y tres ancianas caminaban alrededor. Una era la herida que habÃa escapado de la plaza, las otras dos no habÃan estado en la iglesia. Una se paró a un cautivo y lo obligó a arrodillarse, mientras otra derramaba combustible alrededor del edificio. Barragán forcejó con la silla y los demás trataron de soltarse. Navarro revisó la calle trasera, las municiones y el estado de los heridos. ordenó abrir fuego desde la escuela para distraer a las mujeres. Luego sacarÃamos a los civiles por la parte posterior y buscarÃamos un vehÃculo.
12:13 Mientras tomábamos posición, las tres ancianas levantaron la cabeza y fijaron la vista en nuestra ventana. Navarro y yo abrimos fuego desde dos ventanas. La anciana herida en la plaza recibió un impacto en el pecho, cayó junto a los cautivos y trató de incorporarse. VolvÃa a disparar y la bala le dio en la cabeza. Las otras dos se separaron. Una entró al molino y la otra tomó a Barragán para cubrirse detrás de él. Los cautivos aprovecharon ese movimiento, se pusieron de pie y empezaron a forcejear con las cuerdas. Uno logró liberar una mano y corrió hacia la salida, pero la mujer que sujetaba a Barragán lo alcanzó antes de llegar a la calle. Le abrió el cuello con las uñas y lo dejó caer. Navarro intentó disparar, aunque tuvo que detenerse. Cuando la anciana volvió a colocarse entre los prisioneros, RÃos reunió a los civiles junto a la salida trasera. Uno de los hombres señaló una camioneta en el patio de una casa vecina y dijo que las llaves estaban dentro. Navarro le ordenó esperar hasta que el paso estuviera libre. La calle no mostraba movimiento, pero escuchábamos golpes sobre el techo y pasos junto a una pared.
13:31 La anciana salió del molino con una lámpara encendida. Avanzó hasta el combustible derramado y la lanzó al suelo. El fuego alcanzó la entrada. Los cinco cautivos que quedaban con Barragán intentaron apartarse sin poder soltar las cuerdas. Dos cayeron. La silla de Barragán se volcó y el humo cubrió el patio. Dejamos de disparar porque ya no veÃamos con claridad. Las dos ancianas salieron del molino y corrieron hacia la escuela. Navarro ordenó a RÃos mover a los civiles hacia la camioneta, mientras él y yo cubrÃamos las entradas. La primera mujer rompió una ventana lateral y entró al salón. Uno de los pobladores armados disparó antes de tenerla de frente y falló.
14:16 La anciana lo derribó, le sujetó la cabeza y le mordió la cara. Entré por el pasillo, esperé a que levantara el rostro y disparé. Cayó sobre el hombre que ya no se movÃa. La segunda apareció en el patio trasero, donde esperaban los civiles. Sujetó a una mujer por la espalda y le clavó las uñas en el pecho. RÃos trató de separarla, pero recibió un golpe y cayó contra la pared. Navarro llegó desde el pasillo, disparó al costado de la anciana y logró que soltara a la mujer. Ella giró y se lanzó sobre él. Cayeron junto a la puerta. Navarro le sujetó los brazos, aunque la mujer alcanzó a morderlo debajo de la mandÃbula. no podÃa disparar sin herir al teniente. RÃos se puso de pie, tomó el rifle de Navarro y golpeó a la anciana hasta apartarla.
15:07 Cuando tuvo espacio, le disparó en la cabeza. Navarro seguÃa consciente, aunque la sangre le salÃa con fuerza por el cuello. RÃos cubrió la herida y encontró cortes profundos en el abdomen. El teniente le ordenó sacar a los civiles y llegar al camino del sur. RÃos dijo que podÃa intentar estabilizarlo. pero Navarro negó con la cabeza y le repitió la orden. La mujer atacada en el patio murió antes de moverla, y el hombre del salón tampoco tenÃa pulso. Quedaban doce civiles y siete niños. RÃos y yo los llevamos por la salida trasera. Dos hombres cruzaron primero, revisaron la camioneta y consiguieron encenderla. Subimos a los heridos, acomodamos a los niños en el centro y dejamos sitio para Navarro. Regresé por él con RÃos. Estaba apoyado junto a la puerta, ya no sostenÃa el arma y apenas respiraba. RÃos volvió a revisar la herida, buscó el pulso y trató de levantarlo, pero Navarro dejó de respirar antes de que pudiéramos moverlo.
16:13 Lo dejamos dentro de la escuela, junto al cuerpo de Cota, porque las voces regresaron a las calles y los civiles seguÃan expuestos. RÃos condujo la camioneta y yo subà atrás con los dos hombres armados. Al pasar junto al molino, vimos parte del techo caer sobre el fuego, pero nadie salió del edificio. En la plaza seguÃan los cuerpos de salas y de las mujeres abatidas. Escuchamos gritos dentro de varias casas, pero no vimos a los nueve pobladores que se habÃan separado del grupo. Tampoco vimos a más ancianas durante la salida. Seguà apuntando hasta dejar atrás las últimas viviendas. Recuperamos la comunicación al llegar al camino del sur. Informé que llevábamos 12 civiles, que RÃos y yo seguÃamos con vida y que Navarro, Salas y Cota habÃan muerto. También indiqué que Barragán habÃa quedado dentro del molino con los otros cautivos.
17:10 La orden fue continuar hasta el punto de reunión para sacar a los heridos y entregar el reporte completo. Más tarde supe lo que encontraron al volver. Barragán y los otros cinco cautivos murieron en el molino. Los nueve pobladores separados del grupo aparecieron muertos en distintas casas y el hombre arrastrado desde la plaza fue hallado cerca del camino. Recuperaron nueve cuerpos de ancianas, cuatro en la iglesia, dos en la plaza, uno junto al molino y dos dentro de la escuela. Ninguna llevaba identificación. El informe médico registró dientes afilados, uñas largas, heridas de bala y restos de sangre en las manos. También dejó asentado que varias habÃan seguido avanzando, después de recibir impactos en el torso. La operación terminó con tres integrantes de nuestro equipo muertos y doce pobladores evacuados. En mi declaración entregué los nombres, las posiciones y el orden de los hechos. No añadà causas ni explicaciones, pues nunca tuve ninguna.
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