Aug. 4, 2026

El Testimonio Del Soldado Que Sobrevivió A Las Brujas - Historias De Terror - REDE

El Testimonio Del Soldado Que Sobrevivió A Las Brujas - Historias De Terror - REDE
El Testimonio Del Soldado Que Sobrevivió A Las Brujas - Historias De Terror - REDE
REDE (Relatos Desclasificados)
El Testimonio Del Soldado Que Sobrevivió A Las Brujas - Historias De Terror - REDE

¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd

0:05 Me llamo Pedro Vela y recuerdo bien la entrada a Santa Lucía de noche. En 2019 era sargento segundo de un equipo de operaciones especiales. Éramos cinco, el teniente Navarro, el cabo Salas, el sanitario Ríos, el operador de Radio Cota y yo. La orden era entrar en Santa Lucía, confirmar la presencia de Julián Barragán, el zurdo, y capturarlo si era posible. El informe lo ubicaba al frente de un grupo armado, dedicado al traslado de droga y armas. También advertía que había pobladores dentro, sin datos sobre su estado. Entramos por el lado norte y dejamos el vehículo fuera del pueblo. Navarro nos recordó que éramos un elemento adelantado.

0:51 Debíamos localizar al objetivo, informar y evitar un combate largo. Solo intervendríamos ante civiles en peligro. Avanzamos con Salas al frente y Cota pendiente de la radio. En el camino vimos una camioneta abandonada. Había sangre en el asiento y dos armas atrás. Salas revisó el terreno. Mientras Cota intentaba comunicarse con el mando, la radio soltaba voces cortadas, sin respuesta. Navarro decidió continuar porque la ruta de salida seguía libre. Las puertas estaban abiertas y las calles vacías. En una vivienda encontramos comida servida, en otra la entrada había sido forzada.

1:33 No revisamos cada cuarto y seguimos hasta hallar a un hombre armado junto a una pared. Tenía el cuello abierto y cortes en la cara. Ríos lo examinó y confirmó que llevaba horas muerto, pero no había casquillos alrededor ni señales de un tiroteo. Desde entonces avanzamos más despacio sin separarnos. Cerca de la plaza escuchamos un golpe en la iglesia. Después vino una risa de mujer. Salas señaló una ventana. Había visto a una anciana observándonos. Miré hacia la casa, pero la ventana estaba vacía. Cruzamos la plaza y entramos en una tienda. Había cuatro hombres muertos. Dos tenían heridas de bala. Los otros, cortes profundos en el cuello y el abdomen. Uno seguía amarrado de las manos. Cota cambió la frecuencia, revisó la antena y volvió a transmitir, pero la interferencia continuó. El golpe de la iglesia se repitió, acompañado por llantos y voces contenidas. Navarro decidió entrar, así que nos colocamos a ambos lados de la puerta, retiramos el pasador y avanzamos con las armas arriba. Vi a 24 pobladores arrodillados frente al altar. había hombres mujeres y niños todos con las manos atadas algunos llevaban tela sobre la boca y en el centro un hombre estaba sujeto a una mesa por los brazos y las piernas seguía consciente y trataba de soltarse cinco ancianas rodeaban la mesa llevaban

3:08 ropa manchada de sangre y no tenían armas de fuego una sostenía un cuchillo junto al pecho del cautivo y las otras mantenían las manos sobre su cuerpo Sus uñas eran largas, oscuras y curvas. Cuando voltearon, vi dientes afilados en varias de ellas. Una soltó una risa baja y las demás respondieron. Los pobladores se encogieron y algunos empezaron a llorar. Navarro les ordenó apartarse y liberar al hombre, pero la del cuchillo bajó la hoja y apoyó la punta contra su pecho. El teniente repitió la orden. Salas y yo cubrimos los lados. Ríos quedó cerca de los civiles y Cota vigiló la entrada. Nadie disparó porque las mujeres estaban mezcladas con los cautivos. La primera anciana se movió sin aviso. Saltó sobre una banca y fue hacia Cota.

4:00 Otra se metió entre los pobladores. Y la del cuchillo levantó el brazo para atacar al hombre. Salas disparó y la hirió en el hombro. La mujer retrocedió pero no soltó el arma. Cote intentó apartarse, aunque la anciana ya lo había alcanzado. Le abrió la cara y el cuello con las uñas. Luego lo derribó. Disparé dos veces al torso. La mujer cayó, apoyó una mano en el suelo y se levantó. Le disparé en la cabeza y esta vez quedó inmóvil. La que se había ocultado entre los cautivos tomó a una niña por el cabello y la levantó frente a ella. Navarro buscó un ángulo, le ordenó soltarla y esperó a que la cabeza de la menor quedara libre.

4:46 La anciana abrió la boca y mordió a la niña en el hombro. Navarro disparó en el acto. La mujer cayó de lado, todavía aferrada al cabello. La madre se arrastró hacia la niña con las manos atadas. En el altar, otra anciana se inclinó sobre el hombre de la mesa y le mordió el cuello. Salas avanzó y disparó. pero la mujer se cubrió detrás del cuerpo. Subí por el otro lado, vi su cabeza junto al hombro del cautivo y le disparé. Cayó junto a la mesa. El hombre movió las piernas unos segundos y se quedó quieto. Quedaban dos. La anciana herida por salas soltó el cuchillo y atacó a Navarro. Bloqueó el brazo sano, pero ella le clavó las uñas en el antebrazo. Ríos la sujetó por la espalda y yo la empujé contra la mesa. La mujer siguió golpeando y tratando de morder. Navarro recuperó su arma y disparó a corta distancia. La última anciana corrió por una puerta lateral. Salas quiso perseguirla, pero Navarro le ordenó quedarse.

5:51 Cota sangraba en el suelo, los pobladores seguían atados y había movimiento fuera de la iglesia. Ríos fue hacia Cota, mientras yo cubría la puerta lateral y Salas vigilaba la entrada. Entonces escuchamos otra risa en el patio. Dos voces respondieron desde calles distintas, y comprendimos que las cinco mujeres de la iglesia no eran las únicas. Recuerdo a Ríos arrodillado junto a Cota, atendiendo las heridas que tenía en el cuello y la cara. La sangre le cubría el uniforme mientras él respiraba por la boca y trataba de mantener los ojos abiertos. Ríos colocó vendas, hizo presión y le pidió que siguiera consciente. La niña mordida permanecía junto a su madre, con el hombro cubierto por una tela. Ríos la revisó y dijo que podía caminar, pero necesitaba salir del pueblo. Navarro y yo empezamos a cortar las cuerdas de los pobladores. Salas se quedó en la puerta lateral, atento al patio. Nadie se acercó a los cuerpos de las ancianas. Un hombre mayor contó que los hombres de Barragán habían reunido al pueblo para evitar que alguien avisara al ejército. Después llegaron las mujeres, entraron por distintos lados y atacaron a los hombres armados. Algunas personas fueron sacadas de la iglesia y llevadas al molino. El hombre aseguró que Barragán seguía ahí con otros seis cautivos. Navarro le preguntó cuántas mujeres había visto. El hombre respondió que no

7:23 podía contarlas, pero había visto más de cinco. También dijo que varias personas intentaron huir y que no volvió a verlas. Navarro miró las entradas y decidió movernos. La iglesia tenía demasiados accesos y Cota necesitaba otro punto para intentar la comunicación. La escuela quedaba al sur, así que organizamos a los civiles para llegar hasta ahí. Tres hombres recogieron armas de los muertos y dijeron que sabían usarlas. Navarro les indicó que mantuvieran los cañones hacia el suelo, que no dispararan por miedo y que protegieran a los niños. Ríos y dos pobladores levantaron a cota. La madre tomó a su hija por el brazo, mientras los demás formaban una columna.

8:09 Navarro salió primero, yo cubrí el lado izquierdo y Salas quedó al final. Cruzamos la plaza. Habíamos llegado al centro cuando vi a la anciana que escapó de la iglesia sobre el techo de una casa. La reconocí por la ropa y por la herida en un brazo. Otras dos aparecieron en calles distintas. Las tres rieron, bajaron y corrieron contra la columna. Navarro ordenó mantener el paso. Una de ellas saltó desde el techo y cayó sobre Salas y rodaron hasta una pared. Salas logró golpearla con el rifle, pero la mujer le mordió el cuello y lo sujetó con ambas manos. Corrí hacia ellos, esperé a tener libre la cabeza y disparé. La anciana cayó a un lado.

8:57 Salas intentó incorporarse, dio un paso y terminó de rodillas, con una mano sobre la herida. La segunda mujer entró por el centro del grupo, derribó a un hombre que cargaba a su hijo y trató de arrastrarlo. Navarro disparó dos veces al torso, avanzó y terminó el ataque con un tiro en la cabeza. La tercera anciana alcanzó la parte trasera. Uno de los pobladores armados abrió fuego antes de tener un ángulo limpio. La hirió en un costado y obligó a varias personas a correr hacia una calle lateral. El grupo se desordenó. Algunos volvieron hacia la iglesia, otros entraron en dos casas y un hombre quedó herido en la plaza. La anciana, que seguía viva, lo tomó por una pierna y lo arrastró hacia el camino del molino.

9:46 Quise seguirla, pero Navarro me ordenó cubrir a los civiles que permanecían con nosotros. La mujer desapareció entre las casas y los gritos continuaron desde distintos puntos. Ríos llegó hasta Salas, revisó la herida y buscó el pulso. Después levantó la vista y negó con la cabeza. No podíamos cargarlo junto con Cota y los demás heridos. Navarro tomó sus cargadores, dejó el cuerpo contra la pared y nos hizo avanzar. Nadie habló durante el último tramo. Catorce pobladores entraron con nosotros en la escuela. Un hombre había quedado en la plaza y nueve se separaron durante el ataque. Desde las casas llegaron gritos y disparos, pero regresar habría dejado expuestos a los niños y heridos. Dos hombres cerraron las entradas con muebles. Navarro distribuyó a los civiles y Ríos volvió a trabajar sobre Cota. Probé la radio cerca de una ventana y recibí una señal débil. Transmití que teníamos dos bajas, civiles heridos y varias agresoras dentro del pueblo. La respuesta llegó entre cortes, aunque entendí la orden de movernos hacia el Camino del Sur para enlazar con apoyo. También pidieron una ubicación segura antes de entrar. porque había civiles dispersos y no podían distinguirlos de los hombres de Barragán. Cota dejó de respirar mientras yo seguía junto a la radio.

11:15 Ríos intentó reanimarlo, mantuvo la presión y volvió a revisar el pulso. Después cubrió su cuerpo y atendió a la niña y a dos adultos. Ya solo quedábamos Navarro, Ríos y yo. Desde una ventana vimos el patio del molino. Había seis cautivos, entre ellos Barragán. amarrado a una silla, y tres ancianas caminaban alrededor. Una era la herida que había escapado de la plaza, las otras dos no habían estado en la iglesia. Una se paró a un cautivo y lo obligó a arrodillarse, mientras otra derramaba combustible alrededor del edificio. Barragán forcejó con la silla y los demás trataron de soltarse. Navarro revisó la calle trasera, las municiones y el estado de los heridos. ordenó abrir fuego desde la escuela para distraer a las mujeres. Luego sacaríamos a los civiles por la parte posterior y buscaríamos un vehículo.

12:13 Mientras tomábamos posición, las tres ancianas levantaron la cabeza y fijaron la vista en nuestra ventana. Navarro y yo abrimos fuego desde dos ventanas. La anciana herida en la plaza recibió un impacto en el pecho, cayó junto a los cautivos y trató de incorporarse. Volvía a disparar y la bala le dio en la cabeza. Las otras dos se separaron. Una entró al molino y la otra tomó a Barragán para cubrirse detrás de él. Los cautivos aprovecharon ese movimiento, se pusieron de pie y empezaron a forcejear con las cuerdas. Uno logró liberar una mano y corrió hacia la salida, pero la mujer que sujetaba a Barragán lo alcanzó antes de llegar a la calle. Le abrió el cuello con las uñas y lo dejó caer. Navarro intentó disparar, aunque tuvo que detenerse. Cuando la anciana volvió a colocarse entre los prisioneros, Ríos reunió a los civiles junto a la salida trasera. Uno de los hombres señaló una camioneta en el patio de una casa vecina y dijo que las llaves estaban dentro. Navarro le ordenó esperar hasta que el paso estuviera libre. La calle no mostraba movimiento, pero escuchábamos golpes sobre el techo y pasos junto a una pared.

13:31 La anciana salió del molino con una lámpara encendida. Avanzó hasta el combustible derramado y la lanzó al suelo. El fuego alcanzó la entrada. Los cinco cautivos que quedaban con Barragán intentaron apartarse sin poder soltar las cuerdas. Dos cayeron. La silla de Barragán se volcó y el humo cubrió el patio. Dejamos de disparar porque ya no veíamos con claridad. Las dos ancianas salieron del molino y corrieron hacia la escuela. Navarro ordenó a Ríos mover a los civiles hacia la camioneta, mientras él y yo cubríamos las entradas. La primera mujer rompió una ventana lateral y entró al salón. Uno de los pobladores armados disparó antes de tenerla de frente y falló.

14:16 La anciana lo derribó, le sujetó la cabeza y le mordió la cara. Entré por el pasillo, esperé a que levantara el rostro y disparé. Cayó sobre el hombre que ya no se movía. La segunda apareció en el patio trasero, donde esperaban los civiles. Sujetó a una mujer por la espalda y le clavó las uñas en el pecho. Ríos trató de separarla, pero recibió un golpe y cayó contra la pared. Navarro llegó desde el pasillo, disparó al costado de la anciana y logró que soltara a la mujer. Ella giró y se lanzó sobre él. Cayeron junto a la puerta. Navarro le sujetó los brazos, aunque la mujer alcanzó a morderlo debajo de la mandíbula. no podía disparar sin herir al teniente. Ríos se puso de pie, tomó el rifle de Navarro y golpeó a la anciana hasta apartarla.

15:07 Cuando tuvo espacio, le disparó en la cabeza. Navarro seguía consciente, aunque la sangre le salía con fuerza por el cuello. Ríos cubrió la herida y encontró cortes profundos en el abdomen. El teniente le ordenó sacar a los civiles y llegar al camino del sur. Ríos dijo que podía intentar estabilizarlo. pero Navarro negó con la cabeza y le repitió la orden. La mujer atacada en el patio murió antes de moverla, y el hombre del salón tampoco tenía pulso. Quedaban doce civiles y siete niños. Ríos y yo los llevamos por la salida trasera. Dos hombres cruzaron primero, revisaron la camioneta y consiguieron encenderla. Subimos a los heridos, acomodamos a los niños en el centro y dejamos sitio para Navarro. Regresé por él con Ríos. Estaba apoyado junto a la puerta, ya no sostenía el arma y apenas respiraba. Ríos volvió a revisar la herida, buscó el pulso y trató de levantarlo, pero Navarro dejó de respirar antes de que pudiéramos moverlo.

16:13 Lo dejamos dentro de la escuela, junto al cuerpo de Cota, porque las voces regresaron a las calles y los civiles seguían expuestos. Ríos condujo la camioneta y yo subí atrás con los dos hombres armados. Al pasar junto al molino, vimos parte del techo caer sobre el fuego, pero nadie salió del edificio. En la plaza seguían los cuerpos de salas y de las mujeres abatidas. Escuchamos gritos dentro de varias casas, pero no vimos a los nueve pobladores que se habían separado del grupo. Tampoco vimos a más ancianas durante la salida. Seguí apuntando hasta dejar atrás las últimas viviendas. Recuperamos la comunicación al llegar al camino del sur. Informé que llevábamos 12 civiles, que Ríos y yo seguíamos con vida y que Navarro, Salas y Cota habían muerto. También indiqué que Barragán había quedado dentro del molino con los otros cautivos.

17:10 La orden fue continuar hasta el punto de reunión para sacar a los heridos y entregar el reporte completo. Más tarde supe lo que encontraron al volver. Barragán y los otros cinco cautivos murieron en el molino. Los nueve pobladores separados del grupo aparecieron muertos en distintas casas y el hombre arrastrado desde la plaza fue hallado cerca del camino. Recuperaron nueve cuerpos de ancianas, cuatro en la iglesia, dos en la plaza, uno junto al molino y dos dentro de la escuela. Ninguna llevaba identificación. El informe médico registró dientes afilados, uñas largas, heridas de bala y restos de sangre en las manos. También dejó asentado que varias habían seguido avanzando, después de recibir impactos en el torso. La operación terminó con tres integrantes de nuestro equipo muertos y doce pobladores evacuados. En mi declaración entregué los nombres, las posiciones y el orden de los hechos. No añadí causas ni explicaciones, pues nunca tuve ninguna.