April 16, 2026

El Soldado Se Burló De La Bruja Del Pozo Y Todo Cambió Para El - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Todavía recuerdo esa tarde con claridad, porque desde que llegamos el pozo quedó ahí, a un lado del terreno, donde montamos la base, quieto, abierto y sin uso. Mientras nosotros levantábamos las tiendas, bajábamos el equipo y revisábamos lo necesario para pasar la noche. Nadie habló de él al principio, nadie se acercó tampoco, era una parte más del lugar, hasta que llegaron unos hombres del pueblo con material, y uno de ellos ya mayor. Lo señaló sin rodeos y nos dejó una advertencia muy precisa. De día se podía sacar agua, después de medianoche no. El sargento le preguntó cuál era el problema y el hombre respondió de frente.

0:48 Dijo que una bruja bebía primero, que después de esa hora el agua ya no era para nadie, que no lo tomáramos a juego. El sargento quiso que hablara claro, le pidió una razón concreta. Contaminación, un animal muerto. cualquier cosa que se pudiera revisar, pero el hombre repitió lo mismo, dijo que ya habían avisado antes, que el que no hacía caso terminaba mal y se fue, Luna oyó todo y desde ese momento empezó con las bromas, era de esos hombres que siempre buscaban quedar por encima del resto, delante del mando y delante de la tropa, así que tomó la advertencia como una oportunidad para lucirse, Mientras trabajábamos, repitió varias veces que en cada pueblo salía alguien con historias viejas para meter miedo, que seguro el pozo tenía basura, lodo o un animal en el fondo, nada más. Lo dijo una vez, luego otra, hasta que dejó de tener gracia.

1:50 Nosotros lo escuchábamos a medias, no porque creyéramos lo del pueblo, sino porque seguíamos ocupados, cada quien en lo suyo, con ganas de terminar y sentarnos un rato. ya de noche cenamos rápido hubo una falla de luz y nos quedamos con lámparas así que la parte del pozo quedó fuera de vista apenas marcada por la oscuridad estábamos guardando unas cosas cuando luna volvió al tema esta vez con más ganas de hacerse notar dijo que iba a sacar agua en cuanto pasara la medianoche que así se iba a acabar el cuento de una vez y todos veríamos que no había nada El sargento le ordenó que lo dejara, que nadie necesitaba probar nada. Pero Luna siguió, se rió, tomó una lámpara y caminó hacia el pozo sin esperar permiso.

2:44 El sargento soltó una maldición y fue detrás de él. Yo fui también, con otros dos, porque dejarlo solo era peor. Y porque ya sabíamos que después iba a decir otra versión si nadie lo veía. Cuando llegamos, Luna ya tenía una mano en el lazo. Se inclinó un poco, miró hacia abajo y gritó que le iba a invitar un trago a la bruja que saliera de una vez y que dejara de esconderse. El sargento le ordenó que cerrara la boca y se apartara. Luna no hizo caso, soltó el cubo y dejó que bajara. El lazo corrió bastante antes de que se oyera el golpe en el agua. Ahí se volvió a reír y dijo que ya estaba, que puro cuento, y empezó a jalar. Al principio subió sin problema, luego se puso pesado de golpe. Luna cambió el apoyo de los pies, apretó las manos y siguió jalando.

3:39 Uno de los compañeros se acercó para ayudarle y entre los dos terminaron de subirlo. En cuanto el cubo pasó el borde, se acabó la risa. El agua venía negra, cerrada, sin transparencia y encima flotaban mechones de cabello largo. El sargento reaccionó al momento. Le ordenó a Luna que soltara el lazo y se apartara. Luna intentó hablar. Dijo que eso podía venir del fondo, que podía ser basura arrastrada por el agua, pero ya lo dijo sin la misma seguridad. Se inclinó para mirar mejor, y entonces el cubo dio un tirón corto hacia su pierna. No fue un balanceo suave ni un movimiento del lazo. Fue un tirón seco, suficiente para que el sargento lo jalara del brazo y lo empujara hacia atrás. A nosotros también nos mandó apartarnos.

4:30 Uno de los compañeros dijo que había que vaciar el cubo lejos del campamento. El sargento respondió que nadie tocara nada. Llamamos al teniente y esperamos junto al pozo, en silencio, mirando esa agua y esos mechones sin acercarnos más. Cuando llegó el teniente, Luna ya estaba tratando de componer lo que había hecho. Dijo que todo debía tener una explicación, que no había motivo para armar un problema por eso. El teniente no discutió, miró el cubo, miró el contenido y ordenó cubrir el pozo, dejarlo fuera de uso y prohibir que alguien volviera a acercarse. En ese momento todavía podía tomarse como una imprudencia de Luna y un problema del lugar, pero al mover el cubo vimos un mechón atorado en el borde. El teniente se agachó, lo levantó con cuidado y lo dejó sobre un costal para verlo mejor bajo la lámpara. Era cabello humano. Eso se notaba al instante. Nadie dijo nada cuando lo vio de cerca, ni el sargento, ni nosotros, ni Luna, que por fin se quedó callado. El teniente mandó guardar el cubo aparte, cubrir el pozo y dejar guardia cerca hasta el amanecer.

5:45 Luego le dijo a Luna que en cuanto se pudiera, lo revisaría a sanidad por si había tocado agua contaminada. Yo pensé que ahí terminaba todo, que lo siguiente sería el reporte, una regañiza y el pozo clausurado. Eso pensé hasta que regresamos al área de radio y Luna pidió su cantimplora. Dijo que tenía la boca seca, la abrió delante de nosotros y bebió un trago. Apenas lo pasó, se llevó una mano al cuello, tosió y se dobló hacia adelante. El sargento creyó que se estaba atragantando, y dio un paso para sostenerlo, pero Luna abrió la boca y escupió al suelo. Lo que cayó no fue agua, ni comida, ni flema. Fueron gusanos finos, vivos, moviéndose en la tierra bajo la luz de la lámpara. Yo vi varios, los otros también, pero nadie reaccionó en ese primer segundo.

6:43 Nadie habló, porque nadie entendía lo que tenía enfrente. Luna retrocedió, miró el suelo y preguntó qué era eso. Tenía la voz trabada, se tocaba la garganta, tragaba saliva y volvía a escupir. El sargento le quitó la cantimplora y ordenó que no bebiera más. Uno de los compañeros fue por el cabo de sanidad y otro por el teniente. Mientras llegaban, Luna siguió revisándose la boca con los dedos. Decía que él no tenía nada antes, que eso acababa de salir, que alguien tenía que haberle puesto algo. Y nosotros seguíamos mirando el suelo porque los gusanos seguían vivos. Cuando llegaron el teniente y el cabo, vieron lo mismo que nosotros.

7:28 El cabo le revisó la boca con una lámpara. Dijo que no veía heridas ni sangre. Y le preguntó si había tragado agua del pozo. Y Luna respondió que no, que solo había jalado el cubo. El teniente ordenó que nadie se moviera de ahí. mientras el cabo guardaba dos de los gusanos en una bolsa limpia y luego le tomaba el pulso a Luna. Estaba acelerado, pero seguía consciente y hablaba claro. Luna pidió agua para enjuagarse la boca. El cabo se negó, revisó primero la cantimplora, la abrió, la olió, vació el contenido en un recipiente limpio y no encontró nada raro. El teniente dudó un momento y y autorizó una prueba con agua de garrafón, servida delante de todos. Le dieron un sorbo pequeño. Luna apenas intentó tragar cuando volvió la arcada y escupió otra vez. Cayeron más gusanos, finos y vivos, iguales a los primeros, y uno quedó pegado un instante en su labio antes de caer.

8:35 Ahí ya nadie habló de agua sucia ni de bromas. El teniente ordenó sacar a la mayoría de la tienda, dejar solo al cabo, al sargento y a dos testigos, cerrar el paso al pozo y mantener a Luna sentado en la camilla hasta decidir el traslado. Yo me quedé dentro, lo vi temblar, lo vi mirarnos uno por uno y preguntar qué le estaba pasando, pero nadie tuvo respuesta. Después de eso, la base cambió de inmediato, nadie volvió a hablar fuerte, nadie siguió con bromas y el teniente tuvo que poner orden. Entre hombres que unos minutos antes estaban trabajando normal y ahora miraban el suelo, las cantimploras y la oscuridad del pozo, con la misma desconfianza. La primera orden fue cerrar el paso. Nadie se acercaba al pozo, nadie tocaba el cubo, nadie abría agua sin hacerlo delante del sargento o del cabo. Porque varios empezaron a revisar hasta sus propias cosas, y eso yo lo entiendo. Todos habíamos visto salir gusanos de la boca de Luna después de un trago. Todos lo vimos bajo la misma lámpara, en el mismo suelo, y nadie tenía una explicación útil para sostenerse. Yo me quedé dentro de la tienda con el sargento, el cabo y el teniente, porque me habían dejado como testigo. desde la prueba del garrafón y desde ahí vi a Luna sentado en la camilla inclinado hacia

10:07 adelante con una cubeta entre las piernas escupiendo saliva a ratos y tragando con trabajo el cabo le tomó la presión le revisó la garganta le alumbró los ojos le preguntó su nombre dónde estaba qué había hecho en el pozo y Luna respondió bien a todo pues no estaba confundido no deliraba y no decía cosas sueltas, sabía perfectamente en dónde estaba, y lo que había hecho, lo único que no podía controlar era la boca, decía que sentía algo subirle desde adentro, cada vez que intentaba pasar saliva, decía que le raspaba la garganta, que le daba asco cerrar la boca, por eso escupía cada rato en la cubeta.

10:54 y en cada pausa nos miraba con una vergüenza clara, porque entendía que todo había empezado por querer hacerse el valiente delante de todos. La radio seguía fallando por momentos, así que el teniente ordenó preparar el traslado. Aún sin respuesta formal, nadie quería esperar más tiempo con Luna en ese estado. Mientras afuera movían el vehículo y despejaban el paso, el cabo pidió confirmar una sola cosa. Quería saber si la reacción se daba con cualquier líquido o solo con el agua que había tomado primero. El teniente lo pensó un momento y aceptó. Le acercaron un poco de café frío en una tapa, apenas una cantidad mínima, y Luna dijo que ya no quería probar nada, que sentía la garganta cerrada y que no quería volver a pasar por lo mismo. Pero al final obedeció, porque el teniente se lo ordenó y porque todavía pensábamos que hacía falta una explicación médica, algo que pudiera entenderse y atenderse rápido. La reacción fue inmediata. Luna apenas mojó la boca, se tensó de golpe, apoyó una mano en la camilla, soltó una arcada seca y escupió otra tanda de gusanos vivos dentro de la cubeta. Yo estaba lo bastante cerca para verlos caer, finos, blancos, moviéndose igual que los primeros, El cabo se apartó un paso,

12:24 luego volvió, miró la cubeta, levantó la vista y dijo que ya no hacía falta ninguna prueba más. El teniente ordenó que no le diera nada por la boca hasta que lo viera un médico. Ni agua, ni café, ni enjuague, nada. Ahí Luna empezó a preguntar si se iba a morir. Lo dijo más de una vez, primero bajo, luego más fuerte, y el sargento le respondió que se calmara. que lo iban a sacar de ahí, que se sentara derecho y respirara, pero yo le vi la cara al sargento y supe que tampoco tenía respuesta. El vehículo de apoyo llegó poco después, con un médico militar. Entró a la tienda mientras el teniente le resumía lo ocurrido. El cubo de agua, el cabello que estaba en él, la prueba del garrafón, el café y las muestras guardadas por el cabo. El médico no perdió tiempo, revisó a Luna con calma, le abrió la boca, le palpó el cuello y le hizo preguntas directas.

13:28 Si había tragado agua del pozo, si había metido las manos, si se había llevado los dedos a la boca, si tenía antecedentes de parásitos o si alguien podía haberle puesto algo en la cantimplora. Luna contestó que no a todo, con enojo al principio y luego con cansancio, porque a esa altura ya estaba agotado, con la garganta irritada y la cara empapada en sudor. El médico pidió ver las muestras, las revisó sin hacer comentarios, y luego dijo que lo importante era moverlo de inmediato y mantenerlo sin líquidos por vía oral. También ordenó guardar más muestras, aislar el cubo y dejar el pozo cerrado hasta nueva revisión. Antes de subirlo al vehículo, Luna volvió a pedir agua. Tenía los labios resecos, hablaba con trabajo y cada palabra le salía arrastrada, por la saliva que no quería tragar. El médico se negó, le dijo que en cuanto llegaran al hospital lo hidratarían por otra vía, que no iba a darle nada por la boca, porque ya estaba claro lo que pasaba cada vez que intentaba beber. Luna insistió una vez más. Nadie respondió.

14:41 Y entre el sargento y yo, lo ayudamos a levantarse y a caminar hasta la parte trasera. Yo subí con ellos, porque el teniente quería otro testigo para el informe, además de alguien que ayudara si Luna volvía a doblarse. En el trayecto casi no habló. Iba inclinado, con una bolsa en la mano para escupir saliva, respirando por la nariz y apretando los dientes. Dos veces se llevó la mano al cuello, dos veces cerró los ojos y aguantó la arcada sin beber nada. Y yo ahí entendí que el problema ya no dependía solo del líquido, dependía también del miedo que le había quedado en el cuerpo. En el hospital se lo llevaron directo, a mí me dejaron afuera, me tomaron los datos y después me llamaron para declarar.

15:30 Desde el pasillo vi entrar al médico con las muestras, y al cabo con la bolsa donde habían guardado lo que salió en la base. Nadie hacía comentarios, nadie improvisaba respuestas. Todos se movían con la misma seriedad, con la que se trata un caso que no encaja. Más tarde me dejaron verlo desde la puerta. Ya tenía una vía puesta en el brazo y seguía bajo observación. Lo primero que me dijo el enfermero fue que no podían darle agua, que iban a mantenerlo hidratado por la vena, mientras intentaban entender el resto. Luna estaba despierto, pero no quiso hablarme en ese momento. Tenía la vista fija en la sábana, una cubeta al lado y la mandíbula tensa. Yo regresé a la base más tarde. El pozo seguía cubierto y acordonado, con guardia fija y el cubo apartado para revisión. El suelo ya estaba limpio. El cabo había levantado todo lo que pudo y había desinfectado la zona, pero eso no cambió nada, porque el ambiente ya estaba roto y todos lo sabíamos. Cada hombre que pasaba cerca giraba la vista hacia otro lado. Nadie quería mirar de frente el lugar donde habían sacado el cubo y donde Luna había escupido por primera vez. A la mañana siguiente llegó personal de sanidad Revisaron el pozo, tomaron muestras y nos mantuvieron lejos.

17:01 Nunca nos explicaron qué encontraron, solo dijeron que la base se movería y que ese pozo quedaba restringido. Nosotros desmontamos sin hacer preguntas, en silencio, con una sola idea en la cabeza, salir de ahí. Durante las semanas siguientes supe de Luna por el sargento. Seguía vivo, eso fue lo primero, pero seguía igual. Habían comprobado que, cada vez que intentaba beber cualquier líquido, aunque fuera un sorbo pequeño, escupía gusanos finos y vivos, casi al momento. No importaba si era agua, café, leche o suero, el resultado era el mismo. Por eso lo mantenían con hidratación por vena, y por eso empezó a comer cada vez menos. No por falta de hambre, sino porque después de comer le daba sed, y no había manera de calmarla. Eso lo fue desgastando. El sargento me dijo que ya no levantaba la voz, que ya no discutía, que hablaba poco y solo preguntaba si alguien había vuelto al pozo después de nosotros. Meses después, me llamaron para ratificar mi declaración y aproveché para preguntar por él.

18:13 Me dijeron que seguía fuera de servicio y pedí verlo unos minutos. Cuando entré, lo vi más delgado, más quieto, con un vaso vacío sobre la mesa. para escupir saliva cuando sentía que no podía tragar. Me reconoció, me preguntó si el pozo ya estaba cerrado y le dije que sí. Luego me preguntó si alguien más había salido igual que él y le dije que no. Bajó la mirada y no volvió a hablar. En ese momento entró una enfermera con una charola para una prueba controlada. Traía medicamento y una cantidad mínima de agua medida. Le explicaron que querían revisar si había algún cambio. Luna no quiso, pero luego aceptó.

18:56 Tomó el agua, intentó pasarla y la escupió de inmediato dentro del vaso, con una arcada seca. Los gusanos cayeron ahí mismo, vivos, moviéndose igual que la primera noche. La enfermera retiró la charola, anotó algo y salió. Luna se limpió la boca con la manga y se quedó mirando al frente. Esa fue la última vez que lo vi. Después firmé mi declaración final y puse solo lo necesario. que nos advirtieron sobre el pozo, que Luna quiso lucirse, que bajó el cubo después de medianoche, que el cubo subió con agua negra y cabello, y que desde entonces no pudo volver a beber sin escupir gusanos vivos. También puse que la base se movió, que el pozo fue cerrado y que Luna no regresó al servicio. No escribí una explicación porque no la tengo. Yo solo recuerdo lo que vi y lo recuerdo completo. Aluna riéndose al borde del pozo, después callado frente al cubo, luego doblado sobre la tierra, y luego Aluna con una sed que no pudo volver a quitarse.