El Soldado Que Regresó Antes De Irse
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0:05 Apenas habÃan pasado siete minutos desde que dejé entrar a mi compañero al retén, cuando escuché su voz por radio. Me llamaba desde una brecha a nueve kilómetros de distancia y aseguraba que seguÃa trabajando con los demás. Mientras intentaba entender lo que estaba ocurriendo, vi al hombre que acababa de dejar pasar salir del dormitorio con una fotografÃa de la familia de mi compañero. En cuanto descubrió que lo estaba observando, guardó la imagen dentro de su uniforme y comenzó a caminar hacia mi caseta. Esto ocurrió durante un servicio de vigilancia, en una zona rural del norte de Veracruz. Yo estaba encargado de controlar el acceso, mientras los demás elementos habÃan salido a realizar distintas actividades. Mi compañero se llamaba Héctor Salinas. Llevábamos varios meses trabajando juntos y lo conocÃa suficientemente bien para reconocerlo a distancia. Aquella noche habÃa salido para ayudar a recuperar una camioneta atascada en una brecha.
1:08 Antes de marcharse me pidió que revisara una herida que tenÃa en la mano derecha porque el vendaje se le estaba aflojando. Lo ayudé a cambiarlo y después lo vi subir al vehÃculo con los demás. Más tarde, distinguà a un hombre acercándose por la carretera. Cuando llegó a la cadena de acceso, reconocà a Héctor. Llevaba su uniforme, tenÃa la misma cicatriz debajo de la oreja izquierda y conservaba la venda en la mano. Le pregunté si habÃan conseguido sacar la camioneta y me respondió que seguÃan trabajando, pero necesitaban una herramienta del almacén. Quise saber por qué habÃa regresado caminando. y me explicó que lo habÃan dejado cerca del puesto, donde pasarÃan a recogerlo después. Levanté la cadena y le permità entrar. Cuando pasó junto a mÃ, percibà un olor desagradable, como a carne descompuesta. Le pregunté si habÃan encontrado algún animal muerto, y contestó que habÃa estado trabajando entre el lodo. Siguió hacia los dormitorios, asà que le recordé que las herramientas estaban en el almacén. Me respondió que primero necesitaba recoger unas cosas y entró en el edificio. Regresé a mi posición, anoté su llegada en el registro y continué vigilando la carretera hasta que recibà una llamada por radio. Era Héctor, preguntando si habÃa alguna novedad.
2:33 Le dije que acababa de verlo regresar y que estaba buscando una herramienta. Guardó silencio unos segundos y después quiso saber quién habÃa entrado. Le expliqué que él mismo habÃa pasado por la cadena Entonces aseguró que seguÃa en la brecha, acompañado por los hombres que habÃan salido con él. Le pedà que confirmara su ubicación y escuché a otro elemento responder por el mismo equipo. Ambos estaban trabajando con la camioneta y ninguno habÃa regresado al retén. Héctor quiso saber cómo era el desconocido. Le describà el uniforme, la cicatriz y el vendaje de la mano derecha. Después de escucharme, me pidió que asegurara la caseta y evitara acercarme a ese hombre hasta que pudieran regresar. Fue entonces cuando miré hacia los dormitorios y lo vi salir con la fotografÃa.
3:23 Reconocà a la esposa y al hijo de Héctor, porque él guardaba aquella imagen en su casillero. El individuo examinó la parte posterior y terminó escondiéndola dentro de su ropa. Informé por radio lo que acababa de presenciar y cerré la puerta. El desconocido descubrió que lo estaba mirando y se dirigió hacia mÃ. Desde la ventana le pregunté qué habÃa hecho dentro del dormitorio. Respondió que habÃa buscado la herramienta, aunque cuando mencioné la fotografÃa me aseguró que era suya. Su voz seguÃa siendo idéntica a la de mi compañero. Le pedà que levantara la mano derecha y obedeció. TenÃa el vendaje limpio, a pesar de que el verdadero Héctor se lo habÃa manchado de grasa antes de salir. Le ordené permanecer en donde estaba, mientras verificaba su identidad. Avanzó otro paso y pude ver una abertura junto a su mandÃbula.
4:19 La piel estaba separada y debajo se distinguÃa una superficie negra que se movÃa cada vez que hablaba. Al notar que observaba su mejilla, se cubrió con la mano y presionó la zona durante varios segundos. Cuando retiró los dedos, la abertura habÃa desaparecido. Le advertà que debÃa quedarse ahà hasta que regresaran los demás. Dejó de responder y dirigió la mirada hacia la carretera. Después retrocedió lentamente hasta quedar a varios metros de la caseta. Lo seguÃa observando mientras caminaba hacia el almacén. Se detuvo junto a una pared y comenzó a quitarse las botas. Primero dejó una en el suelo y después la otra. Sus pies tenÃan los dedos demasiado largos y separados, además de unas uñas oscuras que sobresalÃan hacia adelante. Se apoyó contra el edificio, inclinó la cabeza y comenzó a respirar con dificultad. Le pregunté si necesitaba ayuda, pero antes de responder se cayó de rodillas.
5:19 Escuché varios crujidos y vi cómo su espalda se encorvaba. Intentó incorporarse aunque los brazos terminaron doblándose debajo de su cuerpo. La camisa comenzó a rasgarse por los hombros y aparecieron mechones de pelo negro entre las aberturas. Sus manos se apoyaron contra la tierra, mientras los dedos cambiaban de posición. Por el radio, Héctor preguntó qué estaba haciendo aquel individuo. Intenté explicarle lo que veÃa, pero un gruñido procedente del patio me interrumpió. El desconocido estaba apoyado sobre cuatro extremidades y todavÃa conservaba parte del rostro de mi compañero. Su boca comenzó a alargarse, las encÃas quedaron expuestas y varios dientes crecieron. hasta sobresalir de los labios. Retrocedà de la ventana y levanté el arma. Cuando volvà a mirar, su cuerpo habÃa aumentado de tamaño y las piernas estaban doblándose hacia atrás. La ropa terminó de romperse mientras el pelo negro se extendÃa por su espalda. Levantó la cabeza y abrió unas mandÃbulas enormes, dejando al descubierto varios colmillos largos, y después dirigió la mirada hacia mi ventana. Sus ojos habÃan adquirido un color rojo intenso. Permanecà detrás del escritorio apuntando hacia el patio, mientras aquella criatura terminaba de incorporarse sobre sus cuatro patas. La criatura terminó de incorporarse junto al almacén. TenÃa el cuerpo cubierto de pelo negro, las
6:52 patas delanteras muy gruesas y una cabeza enorme, con varios colmillos que sobresalÃan de sus mandÃbulas. Sus ojos rojos permanecieron fijos en la ventana mientras levantaba el hocico y olfateaba el aire. Retrocedà hasta quedar detrás del escritorio. Tomé el radio y le informé a Héctor que el desconocido acababa de transformarse en un perro de tamaño descomunal. Mi compañero me pidió que asegurara la puerta y permaneciera adentro hasta que pudieran regresar. TodavÃa tenÃa el radio en la mano cuando el animal corrió hacia la caseta y golpeó la entrada con el cuerpo. La puerta se sacudió y una de las bisagras comenzó a aflojarse. Arrastré un archivero para reforzarla, pero la criatura embistió nuevamente y el mueble se desplazó varios centÃmetros. Después escuché sus uñas raspando el suelo mientras rodeaba la construcción. Me acerqué a la ventana lateral y alcancé a verlo detenerse junto a la pared. Levantó la cabeza, descubrió en dónde estaba y se lanzó contra el cristal.
8:00 El primer impacto agrietó el vidrio. Con el siguiente golpe terminó de romperlo y metió una pata por la abertura, arrancando los restos que seguÃan sujetos al marco. Sus garras alcanzaron el borde interior de la ventana y comenzaron a desprender pedazos de madera. Apunté hacia su hombro y le disparé. El animal lanzó un chillido. Retiró la extremidad y se alejó hacia los dormitorios, dejando manchas de sangre sobre el suelo. Aproveché para comunicarme nuevamente con Héctor. Le expliqué que habÃa conseguido herir a la criatura, aunque continuaba moviéndose con fuerza suficiente para destruir la caseta. Me respondió que ya venÃan de regreso y me indicó que conservara la munición. Mientras hablábamos, escuché varios golpes dentro del dormitorio. Algo cayó al suelo y comenzaron a arrastrarse los muebles. Después se escuchó una voz pidiendo ayuda desde el interior del edificio. Reconocà la voz de Héctor. El desconocido aseguraba que estaba herido y necesitaba que fuera a sacarlo. Y después comenzó a llamarme por mi apellido. Mantuve la vista en la puerta del dormitorio mientras escuchaba sus gritos. Por el radio le pregunté a mi verdadero compañero si continuaba en la camioneta y me confirmó que seguÃa viajando con los demás. Le expliqué que aquella cosa estaba hablando con su voz. Héctor me ordenó mantenerme protegido y evitar cualquier acercamiento. Los gritos terminaron
9:35 de repente. Escuché pasos rápidos dentro del edificio y poco después la puerta salió abierta de un golpe. El perro apareció en el patio, tenÃa sangre en el hombro izquierdo y caminaba apoyando menos peso sobre esa pata. Se dirigió hacia la ventana rota y metió el hocico por la abertura. Sus enormes dientes comenzaron a desprender pedazos del marco. mientras intentaba introducir la cabeza. Retrocedà hacia la pared contraria y le disparé cuando consiguió meter parte del cuello. La criatura se apartó con un gruñido, golpeó la pared y volvió a morder la madera. El hueco estaba aumentando y la puerta principal seguÃa dañada, asà que decidà utilizar la salida trasera antes de quedar atrapado. Revisé el espacio entre la caseta y el almacén. Abrà con cuidado y avancé junto a la pared, intentando alcanzar la barrera de concreto que estaba cerca del acceso. HabÃa recorrido unos metros cuando los golpes contra la ventana se interrumpieron. Volvà la cabeza y vi al perro salir al patio. En cuanto me descubrió, comenzó a correr directamente hacia mÃ. Intenté alcanzar la barrera, pero recibà un golpe en la espalda que me derribó sobre la tierra. El animal abrió las mandÃbulas cerca de mi cabeza y levanté el brazo izquierdo para protegerme. Sus colmillos me atravesaron la manga y se hundieron en mi antebrazo.
11:07 Después tiró con tanta fuerza que me arrastró varios centÃmetros mientras yo intentaba recuperar el arma. Conseguà girar el cuerpo y le disparé desde el suelo. La criatura soltó mi brazo y retrocedió gruñendo, permitiéndome arrastrarme hasta quedar detrás de la barrera, pero tenÃa varias heridas profundas y la sangre comenzaba a empaparme la manga. La mano izquierda habÃa perdido fuerza, pero todavÃa podÃa sostener el arma con la derecha. El perro avanzó alrededor del concreto, siguiendo mis movimientos mientras buscaba un espacio para alcanzarme. Se acercó por un costado y levantó la cabeza. TenÃa sangre alrededor del hocico y respiraba con dificultad, aunque seguÃa preparado para atacar. Apunté mientras retrocedÃa hasta quedar contra la barrera. En ese momento aparecieron unas luces sobre la carretera y escuché el motor de una camioneta.
12:04 Reconocà el vehÃculo en el que habÃa salido Héctor. La criatura también escuchó que se acercaban, se giró hacia la entrada y comenzó a caminar en dirección a los faros. Intenté advertirles por radio, pero el equipo habÃa quedado tirado durante el ataque. Les grité varias veces mientras señalaba hacia el patio. La camioneta se detuvo cerca de la cadena y Héctor bajó por el lado derecho. Le grité que regresara al vehÃculo, pero el perro ya habÃa salido de detrás del dormitorio. Mi compañero levantó el arma y le ordenó detenerse, pero la criatura aceleró y Héctor le disparó dos veces, alcanzándola en el pecho. El animal cayó de costado y permaneció unos segundos sobre la tierra. Héctor avanzó con el arma preparada, pero antes de que pudiera comprobar su estado, el perro se incorporó violentamente y saltó sobre él.
13:00 Lo derribó junto a la camioneta y cerró las mandÃbulas alrededor de su brazo derecho. Escuché a mi compañero gritar, mientras la criatura sacudÃa la cabeza y lo arrastraba hacia el patio. Los demás abrieron fuego hasta conseguir que lo soltara. El perro retrocedió con sangre en el pecho y una pata delantera que apenas conseguÃa sostenerlo. Giró hacia la parte posterior del retén y corrió hasta la cerca, donde golpeó el alambre con todo el cuerpo. Consiguió atravesarlo y desapareció entre los árboles. Me acerqué a Héctor mientras los demás aseguraban la zona. TenÃa el brazo gravemente herido y una mordida profunda en el costado. Uno de los hombres comenzó a presionar las heridas mientras preparaban su traslado. Héctor seguÃa consciente y me sujetó la ropa con la mano izquierda.
13:52 Me preguntó si el desconocido habÃa revisado las pertenencias que guardaba en el dormitorio. Le respondà que lo habÃa visto salir con una fotografÃa de su esposa y su hijo. Mi compañero intentó incorporarse, pero el dolor se lo impidió. Entonces me pidió que llamara inmediatamente a su casa y le advirtiera a su esposa que alguien podÃa llegar utilizando su rostro. Antes de que lo subieran a la camioneta, insistió en que le dijera algo muy concreto. Aunque lo reconociera perfectamente, no debÃa abrirle la puerta. Intenté comunicarme con la esposa de Héctor, mientras los demás lo preparaban para trasladarlo al hospital. El teléfono sonó varias veces, pero nadie respondió.
14:38 Volvà a marcar y obtuve el mismo resultado. Mi compañero estaba perdiendo mucha sangre y necesitaba atención urgente, asà que lo subieron a la camioneta mientras yo permanecÃa en el retén. Antes de marcharse, me pidió que revisara su casillero. QuerÃa saber qué habÃa conseguido llevarse aquel desconocido. Le aseguré que lo harÃa y regresé al dormitorio. todavÃa con el brazo izquierdo herido por las mordidas. Encontré varios muebles dañados y ropa esparcida sobre el suelo. El casillero de Héctor estaba abierto y alguien habÃa vaciado los compartimentos de su mochila. Entre sus pertenencias descubrà un sobre, que recordaba haber visto dÃas antes, cuando recibió unos documentos relacionados con la escuela de su hijo. Guardaba ahà su dirección y otros papeles personales, pero el sobre estaba vacÃo. También faltaban una camisa, un pantalón y una chamarra que utilizaba cuando salÃa de permiso.
15:40 Revisé el resto de sus cosas y confirmé que la fotografÃa de su familia tampoco estaba. Busqué el número de un familiar que vivÃa cerca de su casa y conseguà comunicarme. Le expliqué que Héctor habÃa sufrido un ataque durante el servicio y necesitábamos localizar a su esposa. Le pedà que fuera personalmente a buscarla, que permaneciera atento y que me llamara en cuanto tuviera noticias. Mientras esperaba su respuesta, acompañé a otro elemento hasta la cerca por donde habÃa escapado el animal. Encontramos sangre sobre el alambre y varias huellas enormes que continuaban hacia el monte. Las seguimos hasta un árbol donde las marcas terminaban y comenzaban unas pisadas humanas.
16:27 HabÃa sangre alrededor de aquellas pisadas y restos de pelo negro sobre la tierra. Cerca encontramos un pedazo de tela, perteneciente al uniforme que llevaba el desconocido. Seguimos el rastro hasta una brecha, pero ahà las marcas se perdÃan entre las de otros vehÃculos. Regresamos para informar del hallazgo y solicitar que revisaran los caminos cercanos. En ese momento recibà la llamada del familiar de Héctor. Lo primero que me preguntó fue si mi compañero estaba realmente hospitalizado. Le confirmé que habÃa salido del retén gravemente herido y entonces me contó que acababa de verlo marcharse de su casa con su esposa y su hijo. Le pedà que me explicara lo sucedido. HabÃa pasado frente a la vivienda y encontró a los tres preparándose para subir a una camioneta. Reconoció a Héctor por su rostro y su voz. Llevaba ropa de civil, una venda limpia en la mano derecha y caminaba con dificultad. Cuando le preguntó por qué habÃa regresado, le respondió que habÃa conseguido permiso para resolver un asunto familiar.
17:34 Su esposa estaba junto al vehÃculo, mientras el niño lloraba cerca de la puerta. El pequeño se resistÃa a subir hasta que su supuesto padre lo levantó en brazos y lo sentó atrás. Antes de marcharse, aquel hombre le pidió al familiar que guardara silencio sobre el viaje. Le explicó que querÃa evitar problemas con su permiso y después se fue conduciendo la camioneta. Cuando terminé de escuchar, le informé que el verdadero Héctor habÃa salido del retén con heridas graves y permanecÃa bajo atención médica. Mi interlocutor se quedó callado, Y después quiso saber quién acababa de llevarse a aquella familia. Le pedà una descripción del vehÃculo y la dirección que habÃan tomado. Transmitimos los datos para comenzar la búsqueda y avisamos al hospital de lo ocurrido. Durante el resto del dÃa revisaron las carreteras y los accesos a los ranchos, pero nadie consiguió localizarlos. Al dÃa siguiente encontraron una camioneta abandonada cerca de una brecha. y me enviaron para ayudar a identificar las pertenencias. TenÃa una puerta abierta, sangre sobre el asiento del conductor y una ventana rota. En la parte trasera encontramos una mochila infantil y un zapato de mujer.
18:50 La tapicerÃa estaba rasgada, con marcas profundas de dientes sobre el respaldo delantero. También habÃa pedazos de tela atrapados entre los asientos y manchas de sangre cerca de las puertas. Al revisar el terreno, descubrimos pisadas pequeñas que avanzaban hacia una zona de árboles. Junto a ellas aparecÃan huellas de un animal enorme, iguales a las que habÃamos encontrado detrás del retén. Seguimos aquel camino hasta localizar un pedazo de ropa infantil enganchado en una rama. TenÃa sangre seca. Más adelante habÃa marcas de arrastre que continuaban hasta una zanja, donde encontramos otras manchas sobre las piedras. Revisamos los alrededores, pero el rastro terminaba ahÃ. Durante los dÃas siguientes buscaron por caminos, ranchos y terrenos cercanos, sin conseguir encontrar a la mujer ni al niño. Héctor murió en el hospital dos dÃas después del ataque. Alcanzaron a informarle que alguien con su apariencia habÃa llegado a su casa pero nunca supo dónde estaban su esposa y su hijo yo rendà mi declaración y expliqué todo lo ocurrido incluida la transformación que habÃa presenciado los demás confirmaron el ataque del perro negro y las heridas que le causó a mi compañero Tiempo después, un hombre de aquella región me habló de los Nahuales, seres que según los relatos de los rancheros, podÃan adoptar la apariencia de animales y personas conocidas. Nunca
20:23 encontramos una explicación para lo sucedido, ni volvimos a localizar a la criatura. Lo último que recibà sobre aquella familia fue el informe de los objetos encontrados dentro de la camioneta. Entre ellos habÃa una hoja del cuaderno escolar del niño, doblada debajo del asiento trasero. TenÃa escrita una frase con lápiz que el pequeño habÃa alcanzado a dejar antes de desaparecer. Me entregaron una copia y todavÃa recuerdo cada palabra. El hombre que vino por nosotros tiene la cara de mi papá, pero sus manos están cambiando otra vez. Si te gustó este video, te recomiendo ir a ver militares contra un Nahual en la sierra de Nayarit y también militares salvados por el ataque de un Nahual.
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