El Pacto Del Molino Viejo: La Noche En Que Nació El Nahual - Historias De Terror - REDE
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0:05 Me llamó Tomás RenterÃa. En 1997 era auxiliar del comisario en San Miguel y por eso estuve cerca de todo lo que pasó. Conocà a Eusebio Larios desde niño. Estuve en los corrales, en la comandancia y en el molino viejo. Oà las declaraciones antes de que llegaran los de la cabecera municipal y vi las pruebas que después se llevaron. Eusebio vivÃa en la última casa antes del arroyo. TenÃa 46 años y trabajaba como zapatero, aunque casi nadie le llevaba encargos. En el pueblo lo trataban con impaciencia. En las reuniones pedÃa que arreglaran el camino de su lado y que le dieran más turnos de agua, pero lo cortaban antes de terminar. Algunos se reÃan, otros dejaban pasar el asunto.
0:54 Una vez lo acusaron de robar maÃz sin enseñar costales, huellas ni testigos. Desde entonces habló menos, dejó de saludar y empezó a mirar con coraje a los que se burlaban de él. La primera agresión fue la noche del 18 de octubre. Martina Cruz llegó a la comandancia con su hijo Julián y el niño traÃa una mordida abierta en el brazo. Martina contó que algo entró al corral, que los chivos se alborotaron y que Julián quiso cerrar la tranca. Fuimos el comisario Ãlvaro, dos vecinos y yo. Encontramos tres chivos muertos con heridas en el cuello. En la tierra habÃa huellas de animal grande, pero junto a la barda vimos pisadas de hombre descalzo. Las seguimos hasta donde el suelo se ponÃa duro y ahà se perdÃan. Eso nos dejó inquietos. Al dÃa siguiente atacaron la casa de Rogelio Santos, mataron varias gallinas y rompieron parte del gallinero. Rogelio contó que salió con una lámpara al oÃr los golpes y que vio una figura negra cruzar el patio. Su esposa declaró que el animal se detuvo frente a ella unos segundos.
2:05 TenÃa el hocico largo, los ojos claros y una cicatriz sobre el lado derecho de la cara. Esa cicatriz importaba porque Eusebio tenÃa una marca igual desde hacÃa años. Cuando Rogelio lo mencionó, nadie se rió. El comisario mandó llamar a Eusebio esa tarde. Llegó con una camisa gris y se quedó parado frente al escritorio. Ãlvaro le preguntó dónde habÃa estado durante la noche y Eusebio respondió que en su casa. El comisario le informó que varias personas estaban asustadas y que su nombre habÃa salido en las declaraciones. Eusebio levantó la voz y reclamó que el pueblo solo lo miraba para culparlo. También dijo que llevaban años dejándolo fuera de todo y que pronto iban a escucharlo. Ãlvaro le pidió irse a su casa y evitar problemas. Eusebio contestó que nadie podÃa darle órdenes después de tantos años de abandono. Esa noche, Pedro Mesa lo siguió. Pedro vivÃa cerca del arroyo y habÃa desconfiado desde el primer ataque.
3:14 Más tarde declaró que vio a Eusebio salir con una bolsa de manta y caminar hacia el molino viejo. Pedro se quedó entre los árboles y desde ahà vio una vela, un gallo negro, un cuchillo y un papel en el suelo. Declaró que Eusebio cortó al gallo, dejó caer la sangre sobre el papel y habló en voz baja. Pedro alcanzó a entender varias frases. Y según su declaración, Eusebio entregó su sangre y su nombre al diablo y pidió fuerza, piel y dientes para cobrar lo que le debÃan. Pedro regresó al pueblo con la cara desencajada y nos buscó. Fuimos al molino y encontramos plumas, sangre, el cuchillo y el papel. En el papel estaban escritos siete nombres, Rogelio Santos, Martina Cruz, Daniel Velasco, Benita Morales, el comisario Ãlvaro, don Celso, el tendero y el maestro Ignacio también estaba el nombre de Eusebio escrito con sangre asà que guardamos todo para entregarlo a la autoridad esa madrugada atacaron la casa de Benita Morales ella vivÃa con su hermana enferma cuando llegamos la puerta estaba rota y Benita estaba tirada en el patio tenÃa mordidas en el hombro y en una pierna pero murió antes de que pudieran llevarla a la cabecera su hermana estaba viva Sentada en la cama sin poder hablar, en el suelo habÃa huellas de animal, manchas de sangre y un pedazo de tela gris junto al lavadero. Era
4:46 del mismo tono que la camisa de Eusebio. Lo levantamos con un palo y lo guardamos con las demás pruebas. Después de eso, el pueblo dejó de dormir. Las familias se juntaron en la escuela con lámparas, cuchillos, palos y vendas. Los hombres discutieron si debÃamos ir por Eusebio. El maestro Ignacio pidió esperar a la policÃa. Rogelio respondió que Benita ya estaba muerta y que la espera podÃa traer más muertos. Martina pedÃa que revisaran a Julián porque la mordida se le habÃa hinchado y tenÃa fiebre. Al amanecer revisamos la casa de Eusebio. La puerta estaba abierta y encontramos herramientas, zapatos viejos, tierra en el piso y sangre seca cerca del fogón. También encontramos la camisa gris rota de un lado.
5:36 Eusebio no estaba y el comisario ordenó no tocar nada más hasta que llegara la autoridad. pero entendimos que Eusebio ya no huÃa de nosotros, nos estaba cazando. Daniel Velasco llegó agitado y con lodo en los pantalones. Contó que habÃa visto a Eusebio cerca de la pila de agua, desnudo y con un cuero oscuro en las manos. Eusebio lo extendió en el suelo, se lo puso encima y cayó de rodillas. Daniel vio que la espalda se le levantaba, que los brazos se le torcÃan hacia adelante y que la cabeza quedaba cubierta. Luego la figura salió corriendo en cuatro patas. Daniel era un hombre serio y por eso lo escuchamos hasta el final. Ese dÃa cerramos el pueblo y nadie salió solo. Las casas quedaron atrancadas y los corrales vacÃos. Dejamos de hablar de perros y ladrones. Hablamos de Eusebio, del papel con los nombres, del ritual que Pedro declaró. y de la transformación que Daniel dijo haber visto.
6:43 Nadie querÃa pronunciar la palabra Nahual, pero esa palabra ya estaba en la cara de todos. La policÃa llegó al dÃa siguiente, con un médico y un agente. Yo estaba en la comandancia cuando bajaron de la camioneta. Revisaron la casa de Eusebio, el molino y los lugares de los ataques. El agente recogió el papel con los nombres, el cuchillo y la camisa rota. El médico revisó a Benita y después a Julián. Dijo que las heridas eran de un animal grande, pero no coincidÃan con las mordidas de los perros del pueblo, y escribió solo eso. Pensamos que la policÃa iba a detenerlo, pero volvió esa misma noche. Fue en la tienda de Don Celso. Yo estaba afuera cuando oà golpes atrás. Don Celso abrió para revisar, y algo empujó la puerta hacia adentro. Entró un animal negro con una pata lastimada y la cicatriz en el lado derecho de la cara. Caminaba en cuatro extremidades, pero las delanteras tenÃan dedos largos. Rogelio, Martina e Ignacio lo vieron conmigo.
7:51 El animal se lanzó contra Don Celso y lo mordió en la cara y el cuello. La gente corrió hacia la entrada. Rogelio disparó desde la puerta y le pegó en el costado. El animal soltó a Don Celso. Chocó contra una mesa y salió por el patio. Don Celso respiraba cuando lo cargamos, pero murió antes de llegar con el médico. En el piso quedaron sangre, pelo negro y marcas de uñas. Juntamos a la gente en la escuela y en la comandancia. La radio de los policÃas no agarró señal. Hablaron de mandar a alguien por el camino, aunque nadie quiso salir solo con el animal herido cerca del arroyo. Asà que decidimos mantener a las familias juntas y cerrar las entradas. El maestro Ignacio empezó a anotar los nombres de los testigos. Yo estaba con él, con Ãlvaro y con dos policÃas, cuando escuchamos rasguños en una ventana.
8:49 Uno de los policÃas levantó la lámpara y la cara del animal estaba pegada a los barrotes. TenÃa sangre seca en el hocico y piel humana visible en el cuello. ignacio se levantó de golpe y tiró la silla el animal golpeó la ventana hasta aflojarla álvaro ordenó disparar un policÃa tiró primero y falló rogelio disparó después desde afuera el animal retrocedió pero no se fue dio vueltas frente a la puerta y empezó a golpearla con el cuerpo la madera resistió Entonces escuchamos la voz de Eusebio. SalÃa ronca, pero era suya. Dijo que Ãlvaro debÃa salir, que su nombre estaba escrito y que le tocaba pagar, y nadie contestó.
9:34 Ãlvaro tenÃa la pistola en la mano y temblaba. El animal corrió hacia la escuela, asà que fuimos detrás con lámparas y armas. La gente gritaba adentro, pues habÃa entrado por una parte floja del techo. Martina sostenÃa un cuchillo, Julián con el brazo vendado, Tomó una lámpara y se la arrojó cuando el animal se lanzó contra su madre. El vidrio se rompió, el petróleo cayó al suelo y el fuego prendió el cuero. El animal gritó con voz de hombre. Rogelio disparó desde la puerta y le pegó en una extremidad delantera. El animal saltó al patio y dejó sangre en el marco. Desde ese momento supimos que estaba herido y que seguÃa buscando a las personas del papel.
10:19 Ãlvaro mandó mover a todos a la capilla y pidió que los hombres armados se quedaran cerca de la comandancia. Ãl se negó a irse. Dijo que, si Eusebio venÃa por él, lo iba a esperar ahÃ. No se quedó por valentÃa. Se quedó porque era el comisario y porque su nombre estaba en la lista. Dejamos lámparas encendidas dentro de la comandancia y los policÃas se colocaron junto a la puerta. Rogelio quedó afuera con la escopeta. Pedro y yo nos pusimos cerca de la pila de agua. Daniel y otros dos hombres vigilaron la salida al arroyo y desde la capilla llegaban rezos bajos. El animal volvió de madrugada y entró por la puerta abierta de la comandancia.
11:02 OÃmos caer una silla. Luego Ãlvaro gritó que lo tenÃa enfrente. Entramos casi al mismo tiempo. Lo vi a pocos pasos. El cuero estaba quemado en el lomo. TenÃa sangre en el costado y arrastraba una extremidad. La cabeza seguÃa cubierta, pero los ojos eran los de Eusebio, la verdad. Reconocà esa mirada. Ãlvaro disparó y falló. El animal se le fue encima, lo tiró al suelo y le abrió el pecho con los dientes. Uno de los policÃas disparó dos veces. Una bala pegó en la pared. La otra le entró al nahual. Rogelio llegó por la puerta y disparó a corta distancia. El animal cayó, intentó levantarse y movió las manos contra el piso. Pedro lo sujetó con una horquilla y el policÃa más joven disparó al cuello. Entonces dejó de moverse. Nadie se acercó de inmediato. El médico entró con una lámpara y frente a todos el cuero se aflojó.
12:05 Se abrió por la espalda y dejó ver el cuerpo de Eusebio Larios, desnudo, quemado y lleno de sangre. tenÃa las mismas heridas que le habÃamos hecho al Nahual. Entre los dientes traÃa el papel con los nombres. El médico lo revisó y dijo que estaba muerto. También revisó a Ãlvaro, pero ya no habÃa nada que hacer. Cuando amaneció, el pueblo seguÃa reunido. Ignacio terminó de escribir lo que varios habÃamos visto. La policÃa se llevó el cuerpo de Eusebio, el cuero, el papel y las armas usadas. En el expediente quedaron asentados ataques de animal, muertes violentas y defensa armada.
12:47 Lo del pacto quedó solo en la declaración de Pedro. Enterraron a Benita, a Don Celso y a Ãlvaro el mismo dÃa. A Eusebio lo enterraron aparte, sin misa, y su casa quedó cerrada. Julián sobrevivió, pero perdió fuerza en dos dedos. Martina se fue del pueblo e Ignacio pidió su traslado. Eso recuerdo. Pedro declaró que vio a Eusebio entregar su sangre y su nombre al diablo. Después vinieron los ataques, los muertos y la cacerÃa. Lo matamos en la entrada de la comandancia, pero eso no arregló nada. El pueblo siguió de pie, con tres tumbas nuevas y una casa cerrada.
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