El Nahual Que Acechó Nuestro Campamento Toda La Madrugada - Historias De Terror - REDE
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0:05 Recuerdo bien esa noche, porque fue la última vez que acepté acampar en una zona apartada. Fuimos cinco, Sergio, Iván, Mara, Elena y yo, y ninguno conocÃa el Cerro Pelón, más allá de lo que Sergio habÃa escuchado. Según él, habÃa una parte del bosque, donde casi no subÃa gente y se podÃa pasar la noche sin problemas, asà que llevamos comida, agua, dos casas de campaña y lo necesario para quedarnos hasta la mañana siguiente Antes de subir, nos detuvimos en un poblado para comprar algunas cosas. Mientras Sergio pagaba, el hombre de la tienda preguntó hacia dónde Ãbamos. Cuando escuchó el nombre del cerro, nos recomendó recoger toda la comida antes de dormir, bajar el ruido cuando oscureciera y no salir de las tiendas si escuchábamos pasos alrededor. Mara preguntó si habÃa animales peligrosos por esa zona, pero el hombre no respondió de forma directa, solo insistió en que no dejáramos restos afuera. y que si durante la noche escuchábamos algo, permaneciéramos dentro. Sergio tomó la advertencia con poca seriedad. Iván pensó que seguramente habÃa perros o animales grandes cerca de los campamentos y yo tampoco le di importancia. Compramos lo que faltaba y seguimos nuestro camino. Llegamos durante la tarde, caminamos hasta encontrar un sitio donde pudiéramos instalar las dos tiendas y dejamos las cosas ahÃ. Sergio, Iván y yo
1:35 compartirÃamos una. Mara y Elena dormirÃan en la otra. Comimos, pusimos música y estuvimos hablando durante horas, sin preocuparnos demasiado por el volumen. Dejamos algunos restos afuera, guardamos parte de la comida y dejamos lo demás para recogerlo después. Mara recordó la advertencia del hombre de la tienda y nos pidió que no dejáramos basura tirada. Guardamos algunas cosas, pero ya estábamos cansados. Y Sergio dijo que terminarÃamos por la mañana. Nadie discutió mucho. Antes de entrar a dormir, escuchamos una rama romperse entre los árboles y la conversación se detuvo.
2:16 Sergio tomó una lámpara y alumbró hacia el lugar de donde habÃa venido el ruido, pero no vimos movimiento. Iván dijo que seguramente era un animal atraÃdo por la comida. Esperamos un momento, escuchamos otra rama más lejos y decidimos meternos en las tiendas. Mara y Elena cerraron la suya, nosotros hicimos lo mismo. No habÃa pasado demasiado tiempo cuando escuché pisadas sobre las hojas secas. Fueron pocos pasos al principio, lentos, separados, luego se detuvieron. Pensé que Mara o Elena habÃan salido, pero desde su tienda Mara preguntó si alguno de nosotros estaba afuera. Le respondimos que no. Después de eso, todos guardamos silencio. Las pisadas comenzaron otra vez y esta vez se escucharon con más claridad. HabÃa peso en cada paso y al final un raspón corto sobre la tierra. Aquello pasó detrás de nuestra tienda, siguió unos metros y llegó hasta donde estaban Mara y Elena. Las escuchamos moverse dentro.
3:20 Elena preguntó qué estaba caminando afuera y Sergio respondió en voz baja que probablemente era un animal y les pidió que no salieran. Entonces algo cruzó entre las dos tiendas. Las hojas secas se aplastaron bajo las pisadas y después escuchamos un golpe contra una de las cosas que habÃamos dejado afuera. Iván se incorporó, tomó la lámpara y quiso acercarse al cierre. Sergio también pensó en mirar, pero Iván le pidió que esperara. Los pasos regresaron hacia nosotros y se detuvieron detrás de la tienda. La lona se hundió de golpe cerca de mi espalda. Me aparté hacia el centro y Sergio hizo lo mismo. La presión desapareció enseguida, aunque unos segundos después algo volvió a tocar la tela.
4:08 Esta vez no fue un golpe. Escuchamos un roce que avanzó por el costado de la tienda y terminó cerca de Iván. Levantó la lámpara, pero no la encendió. Nadie querÃa mostrar desde dentro dónde estábamos sentados. Mara preguntó desde su tienda si habÃamos salido, pero Sergio respondió que seguÃamos dentro. Ella dijo que algo acababa de rozar su lona. Después se hizo otro silencio, corto, tenso, hasta que escuchamos una voz entre los árboles. Era baja y al principio no entendà ninguna palabra. Sergio preguntó si los demás la habÃan oÃdo. Iván le pidió que no hablara. La voz volvió y pronunció el nombre de Iván. Lo escuchamos los tres. Ãl me miró y se quedó quieto. Imara preguntó quién habÃa hablado.
4:58 Elena respondió que ellas no habÃan sido. La voz pronunció el nombre otra vez. Sonaba humana, pero la última parte de la palabra salÃa cortada y áspera. Iván respiraba rápido y no quitaba la vista de la lona. Sergio dijo que podÃa haber alguien escondido en el bosque intentando asustarnos, aunque ninguno de nosotros habÃa contado en el poblado.¿ Dónde exactamente pensábamos instalar las tiendas? Nadie contestó. Los pasos regresaron y comenzaron a rodearnos. Los escuchamos de un lado, luego detrás y después cerca de la entrada. Algo se quedó frente al cierre. Permanecimos inmóviles. Yo escuchaba la respiración de Sergio y de Iván. También algunos movimientos dentro de la tienda de Mara y Elena. Afuera se oyó una aspiración fuerte, seguida de otra, y estaba muy cerca. Sergio ya no volvió a hablar de una persona escondida. La voz se escuchó otra vez y esta vez dijo el nombre de Mara.
6:00 Ella respondió preguntando quién estaba ahÃ, pero Elena le pidió que no contestara de nuevo. En ese momento algo golpeó su tienda. Mara gritó y Elena dijo que la lona se habÃa hundido hacia adentro. Sergio les pidió que se quedaran juntas y no tocaran el cierre. Hubo otro golpe, después un arrastre contra la tela y las pisadas regresaron al espacio entre las dos tiendas. Iván decidió mirar. Sergio trató de detenerlo, pero dijo que necesitábamos saber qué habÃa afuera. Abrió el cierre solo un poco y observó con la lámpara apagada. Se quedó asà unos segundos. Luego cerró y dijo que no habÃa visto nada. Los pasos también habÃan desaparecido.
6:46 Esperamos en silencio. Afuera solo escuchábamos las hojas moviéndose y algún ruido lejano entre los árboles. Sergio pensó que aquello podÃa haberse acercado por los restos de comida y que quizá ya se habÃa ido. Entonces una voz sonó justo detrás de nuestra tienda y pronunció mi nombre completo. Me quedé quieto porque nadie del grupo me llamaba de esa manera. Iván me sujetó del brazo y Sergio hizo una señal para que no respondiera. La voz repitió mi nombre. Después dijo algo que no entendimos. Al mismo tiempo, una presión comenzó a hundir lentamente la parte trasera de la lona. Sergio y yo empujamos las mochilas contra ese lado, mientras Iván encendÃa la lámpara dentro. La presión se retiró y, de inmediato, escuchamos un raspón largo sobre la tela. Mara empezó a llorar en la otra tienda y Elena trató de mantenerla tranquila. Nosotros seguimos sentados, sin saber si convenÃa salir todos juntos o esperar. Después de escuchar nuestros nombres, ninguno querÃa abrir. Las pisadas se alejaron hacia la hierba y pasaron varios minutos sin ruido. Iván volvió a acercarse al cierre y dijo que mirarÃa una vez más. Abrió con cuidado y encendió la lámpara hacia afuera. Se quedó inmóvil.
8:07 Le pregunté qué estaba viendo y no respondió. Asà que me acerqué lo suficiente para mirar por la abertura. entre la hierba vi dos ojos reflejando la luz Iván movió la lámpara y entonces distinguimos la cabeza y parte del cuerpo tenÃa forma de perro el pelaje era negro y su tamaño era mucho mayor que el de un perro normal permanecÃa quieto de frente a nuestra tienda con la cabeza levantada No vi a ninguna persona cerca ni escuché pasos humanos alrededor. Iván apagó la lámpara y cerró el cierre de inmediato. Apenas terminó de hacerlo, las hojas empezaron a sonar con fuerza, pues aquello venÃa corriendo directo hacia nosotros.
8:51 Las pisadas llegaron de frente y casi enseguida la tienda recibió un golpe por un costado. La estructura se inclinó. Iván cayó contra Sergio y yo tuve que apoyar las manos en el suelo para mantenerme en mi sitio. Desde la otra tienda escuchamos gritar a Mara y Elena. No alcanzamos a preguntarles nada, porque otro golpe cayó cerca de la entrada y sacudió la lona. Sergio sujetó el cierre con las dos manos. Iván levantó la lámpara y yo empujé las mochilas contra el lado que acababa de recibir el impacto. Los tres nos quedamos en el centro, atentos a cualquier movimiento. Entonces empezó el raspado. El sonido bajó por la lona, se detuvo y volvió a comenzar unos centÃmetros más allá. La tela se hundÃa con cada pasada y recuperaba su posición, cuando aquello retiraba la presión. Iván apuntó la lámpara hacia ese punto y vimos una parte ancha marcada desde afuera. Luego aparecieron cinco extremos separados sobre la tela. La forma permaneció unos segundos. Sergio acercó la luz y vimos tierra pegada en la lona. Aquello retiró la presión y volvió a apoyarse más arriba. Esta vez, los cinco extremos quedaron mejor definidos. Yo veÃa una zona central y cinco marcas largas que salÃan de ella. Nadie necesitó decir qué forma tenÃa. Cuando desapareció, escuchamos un golpe
10:22 contra el suelo y las pisadas se dirigieron hacia la tienda de Mara y Elena. Elena nos avisó que algo estaba caminando alrededor de ellas. Mara lloraba y apenas podÃa mantener la voz baja. Sergio les pidió que se quedaran juntas y que no abrieran por ningún motivo. Las pisadas dieron la vuelta alrededor de su tienda, se detuvieron detrás y volvieron a avanzar. En ese momento, la voz sonó desde otra parte del bosque y dijo el nombre de Sergio. Levantó la cabeza, pero no respondió. Poco después escuchamos mi nombre y luego el de Mara. Las pisadas seguÃan cerca de la otra tienda, mientras la voz llegaba desde un punto más lejano. No sabÃamos cuántas cosas habÃa afuera y ninguno querÃa salir para averiguarlo. Iván propuso que los cinco abandonáramos el campamento juntos y bajáramos de inmediato, pero Sergio respondió que tendrÃamos que atravesar el bosque a oscuras, sin saber dónde estaba aquello. Mara dijo desde su tienda que ella no iba a salir hasta que hubiera luz. Terminamos quedándonos dentro. Durante un rato no escuchamos nada. Luego una rama se quebró cerca y las hojas volvieron a sonar.
11:40 Algo pasó frente a nuestra entrada y se detuvo. Escuchamos una respiración profunda, lenta y muy próxima a la lona. Después la voz murmuró unas palabras que ninguno entendió. Iván se acercó a mà y preguntó en voz baja si habÃa visto bien al animal antes de cerrar. Le dije que sÃ. Quiso saber si habÃa alguna persona cerca y le respondà que no habÃa visto a nadie. Después guardamos silencio. Más tarde algo corrió alrededor del campamento. Las pisadas pasaron junto a nuestra tienda, cruzaron hacia la otra y terminaron detrás de Mara y Elena. Elena dijo que la lona estaba hundiéndose otra vez. Luego llegó un golpe fuerte y Mara gritó. Sergio puso una mano sobre el cierre y durante unos segundos pensé que iba a salir, pero Elena dijo que seguÃan juntas y le pidió que no se moviera.
12:34 Sergio soltó el cierre y regresó al centro. A partir de ahà hablamos cada vez menos. Cuando los sonidos se alejaban permanecÃamos atentos y cuando regresaban nadie decÃa nada. Recuerdo varios momentos de silencio, interrumpidos por pasos sobre las hojas, ramas quebradas y roces contra las tiendas. La voz dejó de escucharse antes que las pisadas. Continuaron durante parte de la madrugada, primero cerca y después más retiradas, hasta que también desaparecieron. Ninguno quiso abrir de inmediato. Esperamos hasta ver claridad atravesando la tela, Entonces Sergio abrió despacio, observó hacia afuera y salió. Iván fue detrás de él y yo salà después. Mara y Elena hicieron lo mismo. Los cinco nos quedamos juntos y nadie se alejó del campamento. Revisamos primero nuestra tienda. En uno de los costados habÃa varias manchas de tierra. Entre ellas seguÃa visible la marca que habÃamos visto desde dentro. Una zona ancha con cinco lÃneas separadas.
13:42 En la tienda de Mara y Elena encontramos otra marca similar. Mara la vio y pidió que nos fuéramos de inmediato. Empezamos a guardar las cosas sin detenernos a revisar demasiado. Parte de la comida estaba esparcida, habÃa bolsas abiertas y algunos objetos habÃan cambiado de lugar. Recogimos las mochilas, doblamos las tiendas y metimos lo que pudimos. Mientras terminábamos, Elena nos llamó desde la entrada del campamento. Fui con los demás y vi dos ramas gruesas cruzadas sobre el suelo. HabÃamos pasado por ese lugar varias veces desde que llegamos, y las ramas no estaban ahà de esa manera. Los extremos estaban quebrados y una rama descansaba sobre la otra formando una cruz. Sergio dio un paso para apartarlas, pero Mara le pidió que no las tocara. Rodeamos las ramas para sacar nuestras cosas y seguimos preparando la salida. Antes de marcharnos, Iván miró hacia la hierba donde habÃamos visto aquella figura durante la noche. Me acerqué y miré también.
14:47 HabÃa un tramo aplastado y varios tallos doblados. Buscamos desde donde estábamos, sin meternos entre la hierba, y no vimos pelo, sangre ni huellas claras. Tampoco encontramos nada que explicara las marcas de las tiendas. Sergio nos pidió que dejáramos eso y comenzáramos a bajar. Tomamos las mochilas y salimos juntos. Durante buena parte del camino nadie habló. Sergio iba adelante. Mara y Elena caminaban juntas e Iván se quedó cerca de mÃ. Después de un rato me preguntó cuánto habÃa alcanzado a ver cuando abrió la tienda. Le respondà que habÃa visto los ojos, la cabeza y parte del cuerpo.
15:28 Me preguntó si estaba seguro de que era un perro. Le dije que tenÃa cuerpo y cabeza de perro, pero no podÃa asegurar qué animal era, pues su tamaño era lo que no me cuadraba. Iván respondió que él habÃa visto lo mismo y dejamos el tema ahÃ. Cuando estuvimos lejos del cerro, empezamos a hablar un poco más. Sergio seguÃa pensando que podÃa haber personas escondidas entre los árboles, pero no sabÃa explicar qué habÃamos visto Iván y yo, ni de dónde habÃan salido aquellas marcas. Mara preguntó varias veces cómo es que alguien podÃa conocer mi nombre completo. Nadie tenÃa una respuesta. Elena habló poco durante el regreso.
16:10 Solo dijo que habÃa sentido la presión sobre su tienda y que en un momento aquello habÃa apoyado suficiente peso para hundir la lona cerca de ellas. Yo escuché lo que cada uno recordaba y no traté de completar las partes que no habÃa visto. HabÃa cosas que ocurrieron mientras yo estaba encerrado dentro de una tienda, y solo podÃa reconocerlas por el sonido. Por eso, nunca afirmé haber visto más de lo que realmente vi. Después de aquel viaje, dejamos de organizar campamentos. Iván no quiso volver a dormir en una casa de campaña. Mara se deshizo de la suya, y Sergio dejó de hablar del Cerro Pelón. Cuando alguien mencionaba esa salida, decÃa que habÃamos tenido una mala noche y cambiaba de conversación. Yo guardé mi tienda durante varios meses, pero nunca volvà a usarla. Un dÃa la saqué y extendà la lona para revisar el costado, donde habÃa quedado la marca. La tierra ya estaba seca. Aún asÃ, seguÃan distinguiéndose la parte central y los cinco trazos. Corté ese pedazo y tiré el resto de la tienda. TodavÃa conservo la lona guardada, No porque crea que pueda demostrar que estuvo afuera aquella noche, sino porque fue lo único que decidà conservar. Nunca regresé al Cerro Pelón. Con los años he pensado muchas veces en lo que ocurrió, y siempre termino en el mismo punto. Puedo recordar con claridad lo que vi desde aquella abertura y lo que escuché detrás
17:41 de la tienda, pero no puedo ponerle un nombre sin inventar una explicación. Recuerdo los ojos bajo la luz, el cuerpo negro entre la hierba y el ruido de las pisadas, acercándose después de que Iván cerró. Recuerdo también aquella voz, sobre todo cuando pronunció mi nombre completo, desde el otro lado de la lona. Esa parte sigue siendo la que más me cuesta entender. Los pasos podÃan pertenecer a un animal, los restos de comida podÃan haberlo atraÃdo, y las bolsas rotas podÃan explicarse de la misma manera. pero la voz conocÃa nuestros nombres y alguien o algo dejó cinco marcas largas sobre la tienda. Al amanecer vimos esas marcas desde afuera y encontramos las dos ramas cruzadas, justo por donde tenÃamos que pasar para abandonar el campamento. Ninguno quiso tocarlas, yo tampoco. Recogimos nuestras cosas, rodeamos la cruz y bajamos del cerro. Desde aquella mañana no he vuelto a pasar una noche ahÃ,
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