El Milagro Que Apareció Cuando Todos Perdían La Esperanza - Historias De Terror - REDE
¡ Rápido ! Suscríbete y activa la campanita.
Se parte de la comunidad REDE.
ENVIAME TUS HISTORIAS A: relatosdesclasificados@gmail.com
SÍGUEME EN FANPAGE: https://bit.ly/33H3Og3
SÍGUEME EN INSTAGRAM: https://bit.ly/3dgiBmd
0:05 Me llamo Elena Rivas y cuando ocurrió el terremoto vivÃa con mi madre en La Guaira. Aquel dÃa yo estaba en la cocina y ella descansaba en su habitación porque tenÃa fiebre. La casa empezó a moverse con fuerza. Escuché varios objetos caer y traté de llegar hasta el cuarto, pero el piso cedió antes de que alcanzara el pasillo. No recuerdo la caÃda completa, pues, cuando volvà en mÃ, estaba boca arriba, rodeada de oscuridad, con la pierna derecha atrapada, el brazo izquierdo inmóvil bajo una pieza de metal, y una tabla apoyada sobre el pecho. Solo podÃa mover la mano derecha, me dolÃa el hombro, tenÃa polvo en la boca, y cada respiración exigÃa un esfuerzo mayor. porque el espacio frente a mi cara era estrecho y el aire entraba con dificultad. Llamé a mi madre varias veces, pronuncié su nombre, esperé una respuesta y volvà a llamarla, pero no escuché nada.
1:08 Después grité pidiendo ayuda, aunque la voz me salió débil y el intento me dejó sin aire. Guardé silencio para escuchar mejor. A lo lejos habÃa motores, golpes y voces, pero los sonidos se mezclaban. y no podÃa saber en dónde estaban los rescatistas. Intenté liberar la pierna y el dolor me obligó a detenerme. También quise mover el brazo izquierdo, pero la presión cerca del codo aumentó de inmediato. Entendà que debÃa permanecer quieta, porque cualquier movimiento podÃa empeorar las lesiones o desplazar la tabla que tenÃa sobre el pecho.
1:48 Fue entonces cuando escuché una voz de mujer. Sonaba cerca, aunque no podÃa determinar de dónde venÃa. Me pidió respirar despacio, mantener la pierna inmóvil y dejar libre el pequeño espacio frente a la nariz. Hablaba con calma, en frases cortas. Le pregunté quién era, pero no respondió. Me indicó que buscara una tela junto a mi mano derecha. Movà los dedos entre el polvo y encontré un pedazo de tela, atrapado bajo unos restos. Me cubrà la boca con ella y respiré con menos dificultad. La voz me pidió que no gritara mientras las máquinas estuvieran encendidas, porque el ruido ocultarÃa mis llamados y yo perderÃa fuerzas. Seguà la instrucción, cerré la boca, apoyé la cabeza y traté de distinguir cada sonido que llegaba desde afuera. Los trabajos se acercaban por momentos y luego se alejaban. Escuchaba golpes sobre el concreto.
2:48 órdenes breves y motores que cambiaban de intensidad en varias ocasiones creà que los rescatistas estaban encima de mà pero poco después el ruido aparecÃa en otra zona pensé que podÃan continuar sin encontrarme ese miedo fue creciendo mientras el dolor se mantenÃa yo sabÃa que estaba viva pero también sabÃa que nadie podÃa sacarme si no encontraba el lugar exacto donde habÃa quedado atrapada La voz volvió a hablar y me pidió buscar un objeto duro con la mano derecha. Movà los dedos con cuidado hasta tocar un tubo suelto. No pude sacarlo por completo, aunque uno de sus extremos tenÃa algo de movimiento. Lo levanté y golpeé una vez, sin esperar otra indicación. El ruido resonó dentro del hueco.
3:41 Al mismo tiempo cayó polvo sobre mi cara y la tabla se desplazó un poco. La voz me ordenó detenerme y me indicó que debÃa usar el tubo solo cuando las máquinas callaran y que golpeara una tuberÃa ubicada a mi derecha. Busqué despacio hasta encontrar una superficie redonda y frÃa. La toqué con el extremo del tubo y di un golpe leve para comprobar que podÃa alcanzarla. El sonido fue más claro y se extendió por el metal. Dejé el tubo apoyado contra mi costado para no perderlo y esperé. La pierna me dolÃa cada vez más y el brazo izquierdo empezaba a perder sensibilidad. TenÃa sed, la garganta me ardÃa y por momentos me costaba mantener los ojos abiertos.
4:29 Pensé en dejarme dormir, pero temà no despertar a tiempo para responder. La voz me pidió contar despacio y mover los dedos de la mano derecha. Yo obedecÃ. Contaba hasta diez, descansaba unos segundos y volvÃa a empezar. Cuando perdÃa la concentración, preguntaba otra vez quién estaba conmigo. La voz nunca dio un nombre. Solo repetÃa las instrucciones necesarias para que siguiera consciente. Los motores se apagaron y las voces de afuera bajaron. La voz me pidió golpear tres veces sobre la tuberÃa. Sujeté el tubo, lo levanté con dificultad y di tres golpes. Esperé, pero no llegó ninguna respuesta. Repetà la señal y seguà escuchando.
5:17 El silencio se hizo más pesado, mi respiración se aceleró y sentà que el poco aire disponible no alcanzaba. La voz me pidió calma, me recordó que debÃa respirar despacio y me indicó que lo intentara una vez más. Golpeé tres veces con mayor fuerza y dejé el tubo apoyado antes de que se me soltara de la mano. Durante unos segundos no escuché nada, después llegaron dos golpes lejanos, me quedé inmóvil atenta pensé que podÃa ser una herramienta pero los golpes se repitieron con un ritmo claro la voz me pidió responder volvà a levantar el tubo y golpeé tres veces sobre la tuberÃa un hombre gritó desde algún punto de los escombros y preguntó si habÃa una persona viva intenté contestar pero apenas pude emitir un sonido asà que golpeé una vez El hombre respondió que me habÃan escuchado y pidió a los demás apagar las máquinas.
6:19 Luego dijo que debÃan precisar mi ubicación antes de retirar cualquier pieza. Escuché órdenes, pasos sobre los restos y varios golpes suaves alrededor de la tuberÃa. Los rescatistas estaban cerca, aunque todavÃa no podÃan verme. Yo seguÃa atrapada, con la pierna bajo el concreto, el brazo izquierdo inmóvil y la tabla sobre el pecho. La estructura podÃa moverse durante la búsqueda, por eso mantuve el cuerpo quieto y la mano cerrada alrededor del tubo. La voz de mujer me pidió conservarlo, respirar despacio y esperar nuevas instrucciones. Esta vez no pregunté quién era, me limité a escuchar, porque afuera los rescatistas ya estaban buscando el punto exacto donde yo seguÃa con vida.
7:06 Los rescatistas volvieron a llamarme y me pidieron que golpeara para confirmar mi posición. Respondà tres veces sobre la tuberÃa y uno de ellos me explicó que intentarÃan acercarse desde un lado, porque la parte que estaba sobre mà podÃa caer si trabajaban de frente. Quise preguntar por mi madre, pero apenas podÃa hablar. Dije su nombre y alcancé a explicar que estaba en la habitación cuando la casa se vino abajo. El hombre respondió que otro equipo revisaba esa zona y me pidió que me concentrara en mantenerme despierta. La voz de mujer seguÃa conmigo. Me indicó que no moviera el brazo izquierdo, que usara el tubo solo cuando los rescatistas lo solicitaran y que avisara si respiraba peor.
7:54 Escuché cómo retiraban restos. Algunos golpes eran suaves, otros hacÃan vibrar el suelo y cada movimiento aumentaba la presión sobre mi pierna. En una de esas vibraciones, la tabla que tenÃa sobre el pecho descendió un poco y el aire empezó a entrar con mayor dificultad. Golpeé varias veces. Afuera alguien ordenó que se detuvieran y un rescatista me preguntó qué habÃa pasado. Logré decir que algo habÃa bajado sobre mà y que respiraba peor. La voz me pidió que girara apenas la cabeza hacia la derecha. Lo hice con cuidado y encontré un espacio por donde entraba algo de aire.
8:36 Se lo dije al hombre y me respondió que asegurarÃan esa parte antes de continuar. En el silencio volvà a llamar a mi madre, pero no recibà respuesta. La voz me pidió que no gastara fuerzas y yo le pregunté si sabÃa dónde estaba ella. Después de una pausa, respondió que no podÃa saberlo. No dijo que la encontrarÃan, solo me indicó que siguiera respirando despacio y que contestara cuando los rescatistas me llamaran. El trabajo se reanudó. Uno de los hombres me pidió que describiera mi posición y le dije que estaba boca arriba, con la pierna derecha atrapada, el brazo izquierdo bajo una barra de metal y una tabla apoyada sobre el pecho. También le expliqué que solo podÃa mover la mano derecha. Ãl repitió la información y luego me dijo que ya habÃan localizado la zona de mi cabeza, aunque todavÃa habÃa una pieza pesada entre ellos y yo. necesitaban abrir un paso la herramienta volvió a encenderse y las vibraciones aumentaron la voz me pidió que protegiera la cara con la tela y mantuviera la mano derecha cerca del tubo poco después hubo un golpe seco la barra que sujetaba mi brazo se movió y sentà un dolor fuerte grité y afuera varias personas hablaron al mismo tiempo la herramienta se detuvo y alguien pidió ayuda Llamé a los rescatistas, pero nadie respondió de inmediato. La
10:07 voz me indicó que golpeara tres veces. Traté de levantar el tubo, aunque el brazo derecho estaba débil. Solo conseguà dar dos golpes y el tubo se me soltó. Cayó entre los restos y quedó fuera de mi alcance. Movà la mano entre el polvo y los fragmentos, despacio, sin empujar nada. La voz me pidió que buscara cerca de mi cadera. Seguà la dirección con los dedos y encontré una cuchara. Era pequeña y estaba doblada, pero podÃa sostenerla. La voz me indicó que golpeara la tuberÃa con el mango. Di tres golpes y esperé, pero no hubo respuesta. Volvà a golpear, pero la cuchara se dobló, aunque el sonido salió claro. Entonces un hombre respondió desde afuera. Dijo que seguÃan ahÃ, que una parte del paso habÃa cedido y que dos rescatistas estaban heridos. También me explicó que no podÃan continuar hasta asegurar la entrada. Pregunté si se retirarÃan.
11:07 El hombre respondió que no, pero añadió que tendrÃan que avanzar con más cuidado. La voz me pidió que descansara la mano y conservara la cuchara. El brazo derecho estaba cansado, la pierna empezaba a entumecerse y el dolor del brazo izquierdo no disminuÃa. Golpeé una vez para llamar. Cuando el rescatista contestó, le dije que estaba perdiendo sensibilidad en el pie. Transmitió la información a un médico, y el médico me pidió que moviera los dedos. Pude hacerlo apenas. Después me indicó que no intentara sacar la pierna. Los trabajos comenzaron de nuevo, esta vez con golpes más lentos y ordenados.
11:50 Ya no usaban la herramienta anterior. Retiraban fragmentos pequeños, hacÃan una pausa y continuaban. La voz de la mujer empezó a escucharse con menos claridad. A veces me daba una instrucción breve y después quedaba tapada por las voces de los rescatistas. Me pidió que mantuviera la cuchara en la mano, que respondiera cuando me llamaran y que no cerrara los ojos. Uno de los hombres volvió a llamarme y dijo que estaban cerca de mi cabeza. Me pidió que permaneciera quieta, porque una persona intentarÃa entrar por el paso que acababan de abrir. Guardé la cuchara junto a mi costado, cubrà la boca con la tela y esperé. Poco después apareció una luz débil frente a mÃ. Primero vi una lÃnea entre el polvo, luego la abertura se amplió y escuché una voz cerca. El hombre me preguntó si podÃa mover la mano derecha. Levanté los dedos y los mantuve en alto, hasta que respondió que ya podÃa verme Me pidió que no intentara incorporarme y que siguiera respirando despacio. La luz se acercó. Alcancé a ver parte de un guante y el extremo de una linterna. El rescatista avisó al equipo que yo seguÃa consciente y me explicó que todavÃa no podÃan sacarme, porque primero debÃan liberar la pierna. Su voz ya no llegaba a través de la tuberÃa. Estaba frente a mÃ, en el hueco. La voz de la mujer no volvió a hablar en ese momento. Mantuve la mano
13:21 levantada hasta que el rescatista la tocó con sus dedos. Después la apoyé sobre el pecho y esperé mientras él empezaba a abrir espacio a mi lado. El rescatista logró acercarse hasta mi hombro y me dijo que se llamaba Ãvila. El paso era estrecho, por eso trabajaba acostado y apenas podÃa mover los brazos. Me pidió que no levantara la cabeza. que mantuviera la mano derecha sobre el pecho y que le avisara si sentÃa algún cambio en la presión. Colocó una protección frente a mi cara, retiró polvo alrededor de la abertura y me dio un poco de agua. Bebà despacio. Después me preguntó en dónde sentÃa más dolor. Le dije que la pierna derecha estaba entumecida, que el brazo izquierdo me dolÃa cerca del codo y que respirar me producÃa una molestia constante. Respondió que el médico ya conocÃa esos sÃntomas y que primero liberarÃan el brazo, luego asegurarÃan la parte que atrapaba la pierna. Mientras retiraba fragmentos pequeños, le hablé de la voz. Le expliqué que una mujer me habÃa indicado cuándo golpear y dónde encontrar el tubo y la cuchara. Ãvila pensó que me referÃa a una integrante del equipo y preguntó su nombre. Le dije que no lo sabÃa porque nunca habÃa podido verla. No insistió. Siguió trabajando y pidió a los demás una herramienta para cortar la tabla que estaba sobre mi pecho. Antes de encenderla,
14:52 me cubrió la cara y me pidió que cerrara los ojos. La vibración fue breve y retiró una parte de la madera y el espacio para respirar aumentó. La barra de metal seguÃa presionando mi brazo izquierdo. Ãvila la revisó con la mano, habló con el equipo y me explicó que la levantarÃan durante unos segundos. Me pidió que no tratara de ayudar y que mantuviera el cuerpo quieto. Escuché una cuenta desde afuera y la presión disminuyó y tiró de mi brazo con cuidado. El dolor fue fuerte y perdà el conocimiento. Cuando volvà a abrir los ojos, Ãvila me llamaba y me apretaba la mano derecha. HabÃa colocado el brazo izquierdo sobre mi pecho. y lo habÃa sujetado para evitar que se moviera. Me preguntó si podÃa escucharlo. Movà los dedos de la mano derecha y respondà que sÃ.
15:43 La voz de la mujer se escuchó una vez más, y me pidió que obedeciera a los rescatistas y que no intentara incorporarme, pero después no volvió a hablar. Ãvila dijo que todavÃa faltaba liberar la pierna, la pieza de concreto que la retenÃa. No podÃa levantarse hasta que el equipo asegurara la parte superior. Los rescatistas trabajaron desde afuera mientras permanecÃa junto a mÃ. Cada vibración hacÃa caer polvo y aumentaba el dolor. Ãvila revisaba la abertura frente a mi cara. Me pedÃa que respirara despacio y transmitÃa al médico cualquier cambio que yo mencionaba. En una pausa le pregunté por mi madre. Respondió que todavÃa no habÃan llegado hasta la habitación y que no tenÃa información. No añadió nada más. Cuando el equipo terminó de asegurar la zona, Ãvila me explicó lo que harÃan. LevantarÃan la pieza que atrapaba mi pierna y él tirarÃa de mi cuerpo hacia el paso. Me advirtió que el movimiento serÃa doloroso y que no debÃamos detenernos a la mitad. Escuché otra cuenta.
16:52 La presión cambió de golpe y sentà que la pierna quedaba libre. Abby la tiró de mÃ. Grité y traté de frenar el movimiento con la mano derecha, pero él me pidió que mantuviera los brazos junto al cuerpo, y continuó hasta sacarme del hueco. Me colocaron sobre una tabla y empezaron a llevarme por el túnel. El espacio era estrecho y avanzaban despacio con pausas breves para cambiar de posición y revisar que nada se diera. Yo perdÃa la conciencia por momentos y despertaba cuando alguien me hablaba. Al salir, vi luces, rescatistas y paramédicos trabajando alrededor de la casa. Me revisaron la pierna, inmovilizaron el brazo y me trasladaron a una ambulancia. Antes de que cerraran la puerta, pregunté otra vez por mi madre. Un hombre respondió que la búsqueda continuaba. Ãvila se acercó y me dijo que nadie habÃa podido entrar todavÃa. en la zona de la habitación.
17:51 En el hospital confirmaron que tenÃa una fractura en el brazo izquierdo, lesiones en el pecho y una herida grave en la pierna derecha. Necesité varias operaciones. Los médicos lograron conservar la pierna, pero la recuperación es lenta. Volvà a apoyar mi pierna después de un tiempo de rehabilitación y no he recuperado por completo la movilidad de la mano izquierda. Aprendà a realizar varias tareas de otra manera y regresé a mi casa tiempo después cuando ya habÃan retirado los restos. Mi madre fue encontrada muerta. La pared de la habitación habÃa caÃdo sobre ella durante el derrumbe. Los rescatistas dijeron que no habÃa quedado un espacio donde pudiera respirar. Recibà esa información en el hospital. No pude verla hasta que terminaron los procedimientos necesarios. Ãvila fue a visitarme durante la recuperación.
18:48 Le pregunté si alguna mujer habÃa estado cerca del lugar donde me encontraron. Respondió que no. Ninguna rescatista habÃa logrado acercarse antes de que él entrara, y el equipo solo habÃa establecido contacto conmigo por medio de los golpes. También le pregunté si una voz podÃa llegar a través de la tuberÃa. Dijo que el metal podÃa transmitir ruidos y voces, pero no sabÃa quién habrÃa podido darme instrucciones desde afuera. No discutà con él. Yo tampoco tenÃa una explicación. Conservé la cuchara, porque fue el objeto con el que respondà cuando el tubo cayó fuera de mi alcance. No la guardé para demostrar nada. La guardé porque estuvo en mi mano, cuando los rescatistas confirmaron que seguÃan ahÃ. Con el tiempo, varias personas me preguntaron si consideraba mi rescate un milagro.
19:44 Siempre respondo con los hechos que podÃa sostener. Escuché una voz de mujer mientras estaba atrapada. Seguà sus instrucciones, golpeé una tuberÃa y los rescatistas encontraron mi posición. Dos hombres resultaron heridos durante la entrada y aún asà el equipo continuó trabajando. Yo salà con vida, pero mi madre no. Nunca supe quién habló conmigo. La voz dejó de escucharse cuando Ãvila llegó hasta mi hombro, y desde entonces no la he vuelto a oÃr. Yo formaba parte de un equipo de rescate enviado a una localidad montañosa cerca de San Felipe después del terremoto en Venezuela. HabÃamos llegado para apoyar a los bomberos, a los voluntarios y al personal de protección civil que trabajaba desde el primer dÃa, y mi tarea consistÃa en entrar en los espacios que los ingenieros consideraban seguros, revisar a las personas localizadas y ayudar a preparar su salida. Cuando llegamos al edificio, la búsqueda llevaba muchas horas, y el cansancio se notaba en la forma de caminar, en las manos sucias y en la manera breve de hablar. Nadie tenÃa energÃa para repetir instrucciones.
21:06 Cada uno conocÃa su función y seguÃa trabajando. El edificio estaba junto a la carretera que cruzaba el pueblo y se habÃa derrumbado casi por completo. Detrás de la zona de seguridad esperaban varias familias. Algunas ya conocÃan el destino de sus parientes, otras seguÃan ahà porque nadie podÃa confirmar nada. Durante el primer dÃa habÃan sacado a dos personas con vida, después solo habÃan recuperado cuerpos. El jefe local nos explicó cómo habÃan dividido la zona y nos asignó la parte donde antes funcionaba un restaurante. Varias personas estaban dentro cuando comenzó el terremoto, entre ellas Daniela, una joven que trabajaba en la caja y que todavÃa no aparecÃa entre los rescatados ni entre los fallecidos. Entramos por la parte posterior y empezamos a revisar los puntos donde podÃa haber quedado algún espacio libre. Avanzábamos despacio, retirábamos piezas pequeñas, llamábamos, escuchábamos y esperábamos. Los ruidos se mezclaban con el trabajo de las máquinas, con los golpes de otros equipos y con el movimiento de la estructura. Más de una vez detuvimos todo, porque creÃmos haber oÃdo una respuesta. pero al repetir la señal no obtuvimos nada. Un perro de búsqueda marcó una zona detrás de la cocina, retiramos parte de los escombros, abrimos un hueco e introdujimos una cámara, pero solo encontramos
22:38 objetos del local, seguimos junto al mostrador, después junto a una pared y más tarde en un espacio lateral. pero en ninguno de esos puntos vimos movimiento ni escuchamos una voz. A media mañana se produjo una réplica. El suelo se movió durante pocos segundos y todos salimos de inmediato. Una parte del edificio cambió de posición, por eso el ingeniero pidió revisar de nuevo la estructura antes de permitir el regreso. Los familiares protestaron al ver que el trabajo se detenÃa, pero nadie podÃa entrar hasta confirmar que el acceso seguÃa estable. Mientras esperábamos, una mujer se acercó al jefe. Era la hermana de Daniela. HabÃa permanecido casi todo el tiempo junto a la cinta y repetÃa que su hermana seguÃa adentro.
23:30 Nos explicó que Daniela le habÃa enviado un mensaje poco antes del terremoto y que trabajaba cerca de un pequeño depósito ubicado detrás del mostrador. También dijo que, desde la entrada principal, ese lugar quedaba oculto y pidió que lo revisáramos. El plano del restaurante mostraba el depósito, aunque la ruta hacia esa zona estaba bloqueada. El jefe le dijo que volverÃamos a intentarlo cuando el ingeniero autorizara la entrada. No le dio garantÃas y ella no pidió ninguna. Regresó con las otras familias y siguió esperando. Cuando pudimos entrar otra vez, avanzamos por un lado distinto y encontramos a dos personas sin vida cerca de la cocina. Una llevaba uniforme del restaurante y La otra no tenÃa identificación visible. El médico las revisó, confirmó el fallecimiento y marcamos el lugar para que otro equipo pudiera recuperarlas más tarde. Después continuamos hacia el punto indicado, por la hermana de Daniela, pero una loza y varios fragmentos de pared cerraban el acceso. La cámara no podÃa pasar y abrir una entrada nueva obligaba a mover demasiado peso. y la réplica habÃa dejado esa parte más inestable. Buscamos desde dos lados, llamamos varias veces y esperamos en silencio, pero no recibimos ninguna respuesta. El cansancio empezó a afectar al equipo. Ernesto, un voluntario del pueblo,
25:01 llevaba desde la noche anterior trabajando en ese sector. Le temblaban las manos cuando guardaba una herramienta, aunque insistÃa en continuar. El jefe le ordenó descansar y puso a otro hombre en su lugar. Ninguno querÃa abandonar la búsqueda, pero una decisión tomada con el cuerpo agotado podÃa provocar otro derrumbe. Seguimos durante varias horas. Revisamos cada abertura accesible y volvimos a escuchar desde distintos puntos, pero el resultado fue el mismo. Cuando empezó a oscurecer, el jefe reunió a los responsables y y explicó que varias zonas ya no permitÃan una entrada segura. HarÃamos una última revisión desde el exterior, y después suspenderÃamos el trabajo manual. Durante la noche continuarÃan las comprobaciones, pero nadie volverÃa a entrar hasta asegurar la estructura. La noticia llegó a las familias antes de que termináramos de recoger.
26:00 Algunos exigieron que siguiéramos, otros preguntaron si aún habÃa posibilidades. El jefe respondió que no podÃa exponer al equipo sin una señal concreta. La hermana de Daniela se acercó otra vez y repitió lo del depósito. Esta vez añadió que detrás del mostrador habÃa una puerta pequeña y que su hermana entraba ahà para guardar cajas y documentos. Revisamos el plano de nuevo y vimos que el depósito estaba más cerca de la pared exterior de lo que habÃamos calculado. No era necesario abrir por la cocina desde un costado del edificio habÃa una ruta posible para introducir una cámara sin mover piezas grandes el jefe autorizó una última comprobación fuimos hacia ese lado con un técnico una cámara y un sensor de sonido mientras el resto del equipo comenzaba a guardar las herramientas nadie hablaba más de lo necesario después de tantas horas sin resultados esperábamos encontrar otro espacio vacÃo o un cuerpo Yo esperaba encontrar lo mismo, porque era lo único que habÃamos encontrado durante todo el dÃa.
27:10 Aún asÃ, caminé hacia el punto señalado por la hermana de Daniela, con el equipo en la mano y la atención puesta en esa pared, porque todavÃa quedaba una zona sin revisar y la búsqueda continuaba. La entrada estaba detrás del local destruido, junto a una parte de la pared exterior del restaurante. El depósito seguÃa cubierto, pero desde ese lado habÃa una abertura estrecha, por donde el técnico pudo introducir la cámara. El cable avanzó varios metros y se detuvo contra una pieza caÃda. Cambió el ángulo, limpió el lente y volvió a intentarlo, sin conseguir una imagen útil.
27:50 En la pantalla solo aparecÃa un espacio cerrado, cubierto de polvo y sin movimiento. Colocamos entonces el sensor sobre la pared y pedimos silencio. Las máquinas se apagaron Las herramientas quedaron en el suelo y las familias guardaron silencio detrás de la cinta. Escuchamos durante varios minutos. Primero hubo un roce breve, luego otro, pero no pudimos confirmar de dónde venÃan. El técnico hizo la señal acordada, esperó una respuesta y repitió la prueba, pero el sonido no volvió. El jefe revisó el lugar con el ingeniero. Para abrir por ese lado habÃa que asegurar una parte del edificio, y sin una señal clara de vida el riesgo era demasiado alto.
28:37 La orden fue recoger y retirarnos hasta que el sector pudiera reforzarse. Empezamos a guardar el equipo. Yo estaba junto a la pared, enrollando un cable, cuando la tensión que habÃa llevado durante todo el dÃa se dio de golpe. Respiré con más facilidad y levanté la vista. Vi una figura junto a una lámina caÃda a pocos metros de nosotros. La luz la cubrÃa, pero no le distinguà el rostro ni la ropa. Pensé que era otro rescatista y pregunté por radio quién habÃa subido a ese punto. Me respondieron que nadie tenÃa autorización para estar ahÃ. Miré otra vez y la figura ya no estaba. Caminé hacia la lámina y llamé al técnico para no separarme del equipo. Detrás encontramos una grieta que no se veÃa desde la posición anterior.
29:29 Bajaba en dirección al depósito y permitÃa introducir una cámara sin mover escombros. Avisamos al jefe y autorizó una última revisión. El técnico hizo descender el cable con cuidado. Al principio vimos polvo, trozos de pared y parte de una estanterÃa. Después giró el lente y apareció una tela azul en el fondo. PodÃa ser un uniforme, una bolsa o cualquier objeto del restaurante. Por eso acercamos el micrófono y llamamos varias veces. La tela se movió y los tres vimos el movimiento. Detuvimos la cámara para comprobar que el cable no lo hubiera causado y volvimos a llamar. Pedimos que, si habÃa alguien ahÃ, moviera una mano. Pasaron varios segundos sin respuesta. Luego aparecieron unos dedos junto a la tela y la mano se desplazó apenas. El jefe canceló la retirada de ese sector, pidió que nadie informara todavÃa a las familias y ordenó preparar una entrada. Primero debÃamos confirmar el estado de la persona y asegurar una ruta que no cerrara el espacio. El ingeniero examinó la grieta, marcó un acceso lateral y dejó solo al personal necesario cerca de la pared. Mantuvimos la cámara dentro. La mano dejó de moverse, pero al cambiar el ángulo vimos una parte del rostro. Era una mujer, tenÃa los ojos cerrados y respiraba con dificultad. Le hablé por el micrófono. Le dije
31:01 que éramos rescatistas, que habÃamos localizado su posición y que estábamos abriendo una entrada. Le pedà que conservara fuerzas y moviera los dedos si podÃa escucharme. La mano respondió una vez. Desde la zona de seguridad, la hermana de Daniela vio que habÃamos dejado de recoger y preguntó si habÃamos encontrado algo. El jefe le explicó que estábamos comprobando una señal y que debÃa esperar. No podÃamos darle una identidad ni asegurar que la mujer resistirÃa la extracción. El equipo comenzó a retirar piezas pequeñas y asegurar cada tramo antes de continuar.
31:42 Yo preparé agua, oxÃgeno, una radio, y el material sanitario que podÃa llevar dentro. Hablé con el médico sobre lo que debÃa revisar al llegar. Después de varios dÃas atrapada, la mujer podÃa estar deshidratada, herida y con una parte del cuerpo bajo presión. Antes de moverla necesitábamos saber qué la retenÃa y en qué estado se encontraba. Durante el trabajo se produjo otro movimiento leve. Todos nos detuvimos. El ingeniero revisó la entrada y permitió continuar con menos personas en la zona Nadie hablaba fuera de lo necesario. Cuando la abertura tuvo el tamaño suficiente, el jefe me asignó la entrada. DebÃa llegar hasta la mujer, comprobar su estado e informar qué impedÃa sacarla. El espacio no permitÃa cargar más equipo. Antes de entrar, miré hacia la lámina donde habÃa visto la figura, pero no habÃa nadie. Le pregunté al técnico si habÃa observado a una persona en ese punto y me respondió que no. Otro rescatista habló de un reflejo sobre el polvo, aunque tampoco habÃa visto la figura.
32:49 No seguà preguntando. La grieta estaba ahÃ, la cámara habÃa pasado, y una persona seguÃa viva al otro lado, y eso era lo que podÃamos comprobar. Entré cuando ya habÃa oscurecido. Avancé de lado, empujando el equipo delante de mÃ, mientras desde afuera controlaban cada movimiento. El paso descendÃa hacia el depósito y se estrechaba cerca del final. TenÃa poco espacio para girar los hombros y debÃa detenerme cada vez que el ingeniero revisaba la estructura. La mujer estaba cerca, pero llegar hasta ella me exigió avanzar sin mover las piezas que sostenÃan el hueco. Cuando pude acercarme, vi el uniforme azul, una herida en la frente y la pierna izquierda atrapada bajo un bloque. Apenas podÃa levantar la cabeza. Me coloqué a su lado, le tomé el pulso y le hablé cerca del oÃdo. Abrió los ojos durante un momento. Le dije mi nombre. Le expliqué que estaba con un equipo de rescate y le pregunté cómo se llamaba. Intentó responder, pero la voz no le salió. Humedecà sus labios, esperé y repetà la pregunta. Movió la boca otra vez y esta vez pude escucharla. Dijo Daniela. Daniela seguÃa consciente, aunque respondÃa con dificultad. Le di poca agua, humedecà sus labios y comprobé que podÃa respirar. TenÃa una herida en la frente, el cuerpo frÃo y la pierna izquierda atrapada bajo una
34:21 pieza de concreto. Le expliqué que su hermana estaba afuera y que el equipo ya preparaba la extracción. Al oÃrme intentó incorporarse, pero la detuve con una mano sobre el hombro y le pedà que permaneciera quieta. Dijo que habÃa escuchado voces en distintos momentos, que habÃa golpeado una tuberÃa con una moneda y que dejó de hacerlo cuando perdió la fuerza. La botella de agua que llevaba se habÃa terminado hacÃa tiempo. Informé al médico por radio y describà la posición de la pierna. Daniela no sentÃa el pie y el peso no podÃa retirarse desde mi lado. Primero tenÃamos que estabilizarla, después ampliar la entrada y levantar la pieza sin cerrar el espacio. Conseguà colocarle una vÃa para pasarle lÃquido. Le puse oxÃgeno y cubrà la parte del cuerpo que quedaba libre. Mientras trabajaba, me preguntó por las otras personas del restaurante. Le respondà que los equipos seguÃan buscando y que debÃa concentrarse en respirar despacio. No le dije que habÃamos encontrado dos cuerpos cerca de la cocina.
35:28 Salà para dejar espacio a quienes iban a ampliar la entrada. Antes de retroceder, le dije que volverÃa y que seguirÃa oyendo nuestras voces. Daniela cerró los ojos, pero movió la mano para indicar que habÃa entendido. Afuera, su hermana esperaba junto al jefe. Ya sabÃan que la mujer localizada era Daniela, aunque todavÃa no podÃan acercarla al punto de rescate. El jefe le explicó que estaba viva, que tenÃa una pierna atrapada y que la extracción tomarÃa tiempo. Ella grabó un mensaje breve, le dijo que seguÃa ahà y que resistiera. Llevé el teléfono hasta la abertura y reproduje el audio cerca de Daniela. Abrió los ojos y lloró en silencio, sin intentar moverse. El equipo siguió trabajando, pero cada avance obligaba a revisar la estabilidad. Por eso, retiraban piezas pequeñas y aseguraban el paso antes de continuar. No podÃamos tirar de Daniela ni romper el bloque sobre su pierna sin control.
36:31 La abertura tenÃa que permitir su salida sobre una tabla corta, porque una camilla no cabÃa. Cuando regresé, la encontré más débil. ConfundÃa algunas preguntas, tardaba en responder y cerraba los ojos durante varios segundos. El médico ajustó el tratamiento desde afuera y avisó al hospital para que prepararan el ingreso. de una paciente con lesiones graves, después de varios dÃas atrapada. Cuando llegó el momento de liberar la pierna, el equipo levantó la pieza de forma gradual, mientras yo mantenÃa a Daniela inmóvil y vigilaba su pulso. Al disminuir la presión, gritó y perdió el conocimiento. Su estado empeoró durante unos minutos y el médico dio instrucciones desde la entrada y conseguimos estabilizarla lo suficiente para continuar. La pierna tenÃa una lesión grave. La inmovilizamos, colocamos a Daniela sobre la tabla y comenzamos a sacarla. Dos rescatistas tiraban desde el exterior, mientras yo avanzaba detrás, sosteniéndole la cabeza y comprobando su respiración.
37:40 Tuvimos que detenernos varias veces para corregir la posición y revisar que el paso siguiera abierto. Cuando salió, el personal médico la recibió de inmediato. Su hermana pudo acercarse unos segundos antes del traslado. Le sostuvo la mano y le habló, aunque Daniela no respondió. Después la llevaron al hospital. HabÃa pasado casi tres dÃas bajo los escombros. Nadie celebró. Quedaban personas desaparecidas. La estructura seguÃa siendo peligrosa y varias familias continuaban esperando noticias. El jefe registró el hallazgo. y me pidió que explicara por qué habÃamos revisado aquella grieta. Le conté que, mientras recogÃamos, habÃa visto una figura junto a la lámina y que al acercarme descubrà la abertura. También expliqué que nadie más la habÃa visto y que una luz podÃa haberse reflejado en el polvo. En el informe quedó escrito que encontramos una grieta sin revisar y que la cámara permitió localizar a una persona con vidas. Esa era la información que podÃa sostenerse con hechos. La figura no tenÃa una explicación comprobable, la grieta, la cámara, y Daniela sÃ. Al amanecer regresamos al edificio. La búsqueda continuó en otros sectores, pero no encontramos más sobrevivientes. Recuperamos cuerpos y entregamos objetos personales a la policÃa para ayudar con las identificaciones. Algunas familias recibieron una respuesta ese mismo dÃa.
39:15 otras tuvieron que esperar Daniela sobrevivió a la operación pero los médicos no pudieron salvarle la pierna permaneció hospitalizada pasó por varias intervenciones y tiene una recuperación lenta tiempo después su hermana se comunicó con el equipo agradeció la última revisión y dijo que Daniela querÃa saber quién habÃa encontrado la grieta le expliqué que ella habÃa dado la información más importante al insistir en la existencia del depósito, y que el rescate también dependió del técnico, del médico, de quienes aseguraron la entrada, y de los equipos que trabajaron desde el primer dÃa. No mencioné un ángel. Desde entonces, cuento lo ocurrido de la misma forma. Durante la retirada, vi una figura iluminada, miré hacia una zona que habÃamos pasado por alto, y encontré una grieta. Nadie pudo confirmar que hubiera una persona ahÃ. Tampoco apareció nada en las fotografÃas tomadas durante la operación. Pudo ser cansancio, polvo o un reflejo. No tengo una respuesta. Daniela salió con vida y perdió una pierna. Otras personas murieron dentro del edificio y algunas familias esperaron durante dÃas. Encontrar a una sobreviviente no cambió el destino de los demás ni redujo el daño.
40:37 Llegamos hasta Daniela porque su hermana insistió, porque el jefe autorizó una última revisión, y porque encontramos una abertura que antes no habÃamos visto. Lo demás quedó en mi memoria. No puedo demostrarlo y no lo he olvidado. Mi nombre es Rafael Méndez y cuando ocurrió el terremoto aquà en Venezuela, yo era pastor de una iglesia en San Felipe. Aquella tarde nos habÃamos reunido 32 personas. La reunión habÃa empezado con calma.
41:19 Algunos ya estaban sentados, otros terminaban de acomodarse y varias madres mantenÃan a sus hijos cerca. Yo estaba frente al altar, revisando unas notas antes de comenzar la oración. Recuerdo que el primer movimiento fue leve. Varias personas levantaron la cabeza, pero nadie entendió de inmediato lo que ocurrÃa. Se escuchó un golpe debajo del piso y las sillas comenzaron a desplazarse. Una mujer preguntó qué habÃa pasado, aunque no terminó la frase, porque el suelo empezó a sacudirse con más fuerza y el ruido del techo cubrió las voces. Les pedà que salieran sin correr y que ayudaran primero a los niños.
42:01 Intenté repetir la instrucción, pero ya habÃa gritos, sillas que chocaban y objetos que caÃan cerca del altar. Dos hombres avanzaron hacia la puerta principal. Sin embargo, una parte del marco cedió y quedó atravesada en la entrada. La salida se bloqueó, y quienes iban delante retrocedieron y chocaron con los que trataban de acercarse. Yo seguÃa cerca del altar cuando vi abrirse una grieta en la pared del frente. Uno de los parlantes cayó y la tarima comenzó a moverse. Quise bajar, perdà el equilibrio y apoyé una mano en el suelo. En ese momento, sentà un tirón fuerte en la parte posterior de la camisa. Mi cuerpo se desplazó hacia un lado y caà junto a la primera fila.
42:48 Me volvà para ver quién me habÃa apartado, pero no habÃa nadie detrás de mÃ. Tomás estaba varios metros más atrás, ayudando a una mujer que habÃa caÃdo. Antes de que pudiera levantarme, una parte del altar se desplomó sobre el lugar donde yo habÃa estado. El golpe levantó polvo y redujo la visibilidad. Escuché a varias personas toser, a una madre llamar a su hijo y a un hombre pedir que nadie empujara. Me levanté y avancé hacia el pasillo, donde comprobé que la puerta principal seguÃa bloqueada. Entonces señalé la salida lateral junto al depósito. se movieran hacia ahÃ.
43:30 Tomás revisó el paso y confirmó que era la única ruta disponible. La gente comenzó a avanzar, aunque el movimiento era lento. HabÃa sillas volcadas, fragmentos en el suelo y personas que necesitaban apoyo. Dos jóvenes cargaron a los niños más pequeños. Una mujer sostuvo a otra que temblaba y decÃa que no podÃa caminar. Varios adultos se tomaron de los brazos para cruzar el pasillo, y Tomás pidió que nadie se acercara a la pared del frente, porque una parte del techo habÃa quedado inclinada. Cuando llegamos a la salida lateral, encontramos la puerta trabada. Tomás y otro hombre empujaron con las manos, luego apoyaron los hombros y volvieron a intentarlo. La hoja cedió unos centÃmetros, rozó el suelo y quedó detenida. Empujaron una vez más hasta abrir un espacio suficiente para que una persona pudiera pasar de lado.
44:29 Tratamos de ordenar al grupo, pero en ese momento llegó una réplica. Las sillas volvieron a desplazarse y varias personas perdieron el equilibrio. Seis feligreses que estaban en el centro avanzaron de golpe hacia la pared izquierda. Más tarde dijeron que habÃan sentido una presión firme en la espalda, pero ninguno pudo decir quién los habÃa tocado. Apenas se apartaron, una parte del techo cayó sobre las sillas que acababan de dejar. El impacto provocó nuevos gritos, aunque nadie se detuvo. Los que seguÃan dentro avanzaron hacia la salida, algunos agachados, otros con los brazos sobre la cabeza. Yo les pedÃa que mantuvieran el paso y que no bloquearan la puerta. Entonces, escuché que faltaba Vicente. Era un hombre mayor y caminaba con bastón. Lo vimos en el suelo, cerca de las primeras filas, con una herida en la frente y una mano apoyada sobre una silla. Su hija quiso volver por él, pero Tomás le indicó que se quedara junto a la salida, donde podrÃa recibirlo. Ãl y yo regresamos hacia el centro.
45:43 a mover las piernas y respondió que sÃ, aunque necesitaba ayuda para levantarse. Lo sujetamos por los brazos, esperamos a que apoyara bien los pies y lo levantamos despacio. HabÃa perdido el bastón, asà que descansó parte del peso sobre nosotros. Comenzamos a caminar junto a la pared. A mitad del recorrido se dio otra sección de la parte delantera. El ruido llenó el templo y desde la salida se escucharon gritos. El polvo volvió a cubrir el pasillo. Vicente se detuvo y apretó los brazos contra nosotros. Tomás me pidió que lo mantuviera agachado. Avanzamos despacio, guiándonos por las voces de quienes estaban cerca de la puerta. Cuando llegamos, la mayorÃa se habÃa concentrado en un espacio reducido. La abertura permitÃa pasar de lado, aunque afuera también habÃa restos que dificultaban el movimiento. Un feligrés cruzó primero para revisar el patio y regresó diciendo que quedaba libre un paso hacia el terreno abierto detrás de la iglesia. Decidimos sacar primero a los niños, después a los heridos y luego a quienes podÃan caminar sin ayuda. Una joven tomó a uno de los menores, cruzó con él y lo entregó a los que esperaban afuera. Y después pasó otro niño. Las madres permanecieron cerca de la puerta y preguntaban por ellos, mientras los adultos del exterior respondÃan que ya estaban fuera. El movimiento principal habÃa disminuido, pero la estructura seguÃa crujiendo. Tomás
47:18 sostuvo la puerta con ambas manos para evitar que se cerrara, y los demás formaron una fila y yo me quedé junto a Vicente, esperando el momento de pasarlo por la abertura. Respiraba con dificultad y seguÃa las indicaciones. TodavÃa estábamos dentro, con una sola salida y varias personas heridas. El techo continuaba cediendo, la puerta podÃa cerrarse y cualquier réplica podÃa bloquear el paso. Seguimos evacuando sin detenernos, atentos a cada movimiento y concentrados en sacar a todos, antes de que el edificio volviera a ceder. El primer niño pasó por la abertura con ayuda de dos adultos. Desde afuera lo recibieron y lo llevaron hacia el terreno abierto. Luego salieron otros menores, uno por uno, acompañados por varios jóvenes. Las madres esperaban cerca de la puerta, trataban de mirar hacia el patio y preguntaban por sus hijos, mientras quienes ya estaban afuera respondÃan que estaban con ellos. Tomás seguÃa sosteniendo la hoja, pero el marco habÃa quedado torcido y podÃa cerrarse.
48:24 Otro feligrés retiraba desde el patio los fragmentos que estorbaban. AsÃ, cada persona podÃa girar el cuerpo, apoyar un pie afuera y dejarse ayudar. El paso era lento, pero mantener la abertura libre dependÃa de que nadie empujara. Vicente empezó a perder fuerza. Su hija presionaba la herida de la frente con un pañuelo y le pedÃa que mantuviera los ojos abiertos. RespondÃa con pocas palabras y repetÃa que podÃa esperar. Me acerqué Le dije que tenÃa que salir antes que nosotros y le pedà que no intentara levantarse solo. Dos hombres lo sujetaron por los brazos y lo acercaron a la puerta.
49:04 Tomás mantuvo la hoja abierta, mientras ellos lo giraban con cuidado. Desde el exterior lo recibieron por los hombros y lo alejaron del muro. Su hija pasó después y se quedó junto a él. La evacuación continuó, aunque el miedo empezó a alterar el orden. Varias personas creyeron que el movimiento habÃa terminado. y quisieron pasar al mismo tiempo, pero Tomás les pidió que conservaran distancia, porque el marco podÃa cerrarse. La mayorÃa obedeció, pero una mujer comenzó a llorar y dijo que no sentÃa las piernas. Marta se colocó frente a ella, le pidió que pusiera las manos sobre sus hombros y que moviera primero un pie, luego el otro.
49:47 Le habló con calma, sin asegurarle que el peligro habÃa pasado, solo le indicó lo que debÃa hacer. Otro feligrés se colocó detrás para sostenerla. Antes de que llegaran a la puerta, una réplica sacudió el templo. Varias sillas se movieron y una lámina cayó cerca del pasillo. Marta sujetó a la mujer por la cintura y el hombre que estaba detrás levantó los brazos para protegerlas. Los tres avanzaron sin soltarse. Después, Marta y la mujer dijeron que habÃan sentido una presión firme que las llevó hacia delante. El hombre que iba detrás aseguró que todavÃa no las habÃa tocado. Los tres cruzaron la abertura casi juntos y cayeron en el patio.
50:30 La puerta se movió sobre ellos, pero Tomás logró detenerla antes de que se cerrara. Mientras los ayudaban a levantarse, escuchamos un grito en el centro del templo. Dolores, una joven de 17 años, habÃa quedado atrapada por el pie bajo una banca. Su hermano menor ya estaba afuera. La madre quiso regresar por ella, pero quienes estaban junto a la puerta la detuvieron y le explicaron que bloquearÃa el paso. Samuel y yo volvimos hacia Dolores. Ella estaba consciente, podÃa mover la pierna y decÃa que el dolor se concentraba en el tobillo. Samuel levantó un extremo de la banca, yo retiré los fragmentos que sujetaban el zapato y cuando el pie quedó libre la ayudamos a incorporarse. Dolores intentó apoyar la pierna, pero el dolor no se lo permitió.
51:22 Samuel la sostuvo por un lado y yo por el otro. Avanzamos despacio mientras ella preguntaba por su hermano. Le respondimos que estaba afuera con su madre y que ambos la esperaban. Al llegar a la puerta, Tomás nos indicó que debÃamos pasarla sentada para proteger el tobillo. Samuel salió primero y la recibió desde el patio, y yo la sostuve por la espalda hasta que cruzó. Su madre se acercó y con ayuda de otras dos personas la llevó hacia el terreno abierto. Quedaban menos personas dentro, pero el riesgo aumentaba. La parte delantera habÃa quedado destruida. El techo cedÃa en varios puntos y dentro de las paredes se escuchaban golpes secos.
52:03 Cada ruido provocaba un nuevo movimiento en la fila. Por eso les pedÃamos que mantuvieran el orden y que no regresaran por ninguna pertenencia. Una mujer recordó que habÃa dejado sus medicinas en una bolsa cerca de las sillas. Le dije que no podÃamos volver a buscarlas. El paso hacia el centro estaba cubierto y cualquier desprendimiento podÃa cerrarlo. Ella aceptó, aunque explicó que necesitaba atención al salir. Desde el patio le respondieron que la llevarÃan con los heridos. Fueron saliendo quienes todavÃa estaban cerca de la puerta. samuel ayudó a una mujer que tenÃa un corte en la espalda después cruzó él y otro hombre pasó detrás en el interior quedamos tomás y yo le pedà que saliera primero pero me respondió que debÃa sostener la hoja hasta que yo estuviera afuera me indicó que cruzara y que una vez en el patio tirara del borde para darle espacio me acerqué a la abertura apoyé una mano en el marco y empecé a girar el cuerpo En ese momento, una viga se desplazó y cayó sobre la parte superior de la puerta. Tomás soltó la hoja y retrocedió, y la abertura quedó reducida a un espacio cerca del suelo. Desde afuera, Samuel y otros hombres intentaron mover el metal, pero la viga seguÃa apoyada sobre el marco, y cualquier fuerza podÃa hacer caer otra parte del techo. Tomás me preguntó si
53:35 podÃa moverme. Le respondà que sà y revisé sus manos y TenÃa varios cortes, pero se mantenÃa de pie. Observó la abertura y dijo que intentar pasar por debajo podÃa dejarnos atrapados. Desde el patio le preguntaron si habÃa otra salida. Tomás respondió que el depósito daba hacia la pared trasera y que tal vez podrÃamos abrir un paso desde ahÃ. Samuel dijo que rodearÃan el edificio para encontrarnos por el otro lado. Nos alejamos de la puerta cuando el suelo volvió a vibrar. Avanzamos agachados hacia el depósito, atentos a los objetos que caÃan detrás. La salida lateral quedó cerrada bajo la viga, y Tomás y yo tuvimos que buscar otra forma de salir antes de que el resto del techo cediera. El depósito estaba al fondo. Llegamos agachados con una mano apoyada en la pared. Tomás señaló una grieta baja en el muro exterior y dijo que debÃamos abrir ahÃ, cerca del suelo. porque la parte alta podÃa caer sobre nosotros.
54:42 Encontramos una barra y un martillo. Tomás golpeó las uniones de los bloques mientras yo retiraba los fragmentos sueltos y despejaba el piso. Avanzábamos poco a poco, pero cada crujido nos obligaba a detenernos. Afuera oÃamos voces, pero no sabÃamos desde qué punto intentaban llegar. Tomás golpeó tres veces la pared y esperó. Y Samuel respondió desde el otro lado. Ãl y dos hombres habÃan rodeado la iglesia y estaban detrás del depósito. Les indicamos dónde abrir. Luego empezamos a trabajar desde ambos lados, cuidando de no tocar la parte superior del muro. El primer hueco dejó entrar aire y polvo.
55:26 Samuel preguntó si podÃamos movernos. Le respondà que sÃ, aunque Tomás tenÃa las manos cortadas y el hombro adolorido. Nos pidió que retrocediéramos mientras retiraban un bloque desde afuera. Tomás volvió a acercarse y golpeó una unión lateral. Una sección cedió. Varios fragmentos cayeron dentro. Y uno lo alcanzó en el hombro. Perdió el equilibrio y cayó de costado. Lo ayudé a sentarse y le pregunté si podÃa mover el brazo. Lo levantó con dificultad y dijo que podÃa continuar, aunque ya no tenÃa fuerza para golpear. Desde afuera ampliaron la abertura.
56:06 Yo retiré lo suelto en la parte baja, mientras Tomás me indicaba qué piezas no debÃa tocar. El espacio seguÃa siendo pequeño, apenas suficiente para asomar la cabeza y un brazo. Entonces se escuchó un golpe fuerte en la nave principal. Otra parte del techo habÃa caÃdo. El depósito vibró, un estante se desplazó y varias cajas cayeron. Yo estaba inclinado junto a la pared cuando sentà una presión firme entre los hombros. Mi cuerpo avanzó hacia el rincón y caà de rodillas. Tomás se movió en la misma dirección. El estante cayó detrás de nosotros, justo donde habÃamos estado. Me volvà hacia Tomás y le pregunté si me habÃa empujado, pero me respondió que no. Luego dijo que también habÃa sentido una presión en la espalda. Nadie del exterior podÃa alcanzarnos por el hueco, TodavÃa era demasiado estrecho. No seguimos hablando de eso, pues el estante habÃa bloqueado parte del depósito, el polvo nos hacÃa toser y el techo podÃa ceder.
57:16 Samuel avisó que la abertura ya permitÃa sacar a una persona acostada, con los brazos por delante. Tomás insistió en que yo saliera primero, pero le respondà que su hombro estaba lastimado. Samuel escuchó y decidió sacarlo a él, revisar el borde y luego ayudarme a pasar. Tomás se acostó boca abajo y le sostuve las piernas mientras avanzaba. Afuera lo tomaron por los brazos y tiraron con cuidado. Una punta del muro le rasgó la camisa y le abrió una herida en el costado. Me quedé solo dentro del depósito. Escuchaba las voces del otro lado y los golpes de las herramientas, pero detrás de mà seguÃan cayendo fragmentos. Me acosté en el suelo cuando Samuel dijo que el paso estaba listo. Avancé con los brazos extendidos y giré el cuerpo para proteger la cabeza. La abertura rozaba mi espalda y me impedÃa respirar con libertad, pero seguà avanzando hasta sacar los brazos. Samuel y los otros hombres me sujetaron.
58:22 Tiraron de mà y me sacaron de rodillas. Tomás estaba sentado a pocos pasos, sostenÃa el brazo contra el pecho y tenÃa sangre en el costado. Pero, entre Samuel y yo, lo ayudamos a caminar hasta el terreno donde esperaba la congregación. Todos habÃan salido. Dolores seguÃa sin apoyar el pie. Vicente estaba débil y la mujer que habÃa dejado sus medicinas necesitaba atención. Los niños permanecÃan junto a sus familias. Algunos lloraban y otros miraban hacia la iglesia. Nadie intentó volver. La entrada principal estaba bloqueada. La salida lateral habÃa quedado cerrada bajo la viga y el hueco del depósito podÃa derrumbarse.
59:06 Las pertenencias se quedaron dentro. El terreno tampoco ofrecÃa seguridad. HabÃa cables en el suelo y construcciones cercanas con daños. Un vecino indicó que la cancha del sector estaba despejada, asà que nos trasladamos en grupo, ayudando a quienes no podÃan caminar solos. Vicente fue llevado sobre una puerta encontrada entre los escombros. Dos mujeres sostuvieron a Dolores y otros feligreses ayudaron a Tomás. Durante el recorrido sentimos movimientos más leves, cada uno nos obligaba a detenernos y alejarnos de las paredes. En la cancha habÃa familias de distintas calles. Algunas buscaban a sus parientes, otras atendÃan heridas con agua y trozos de tela. Los teléfonos no funcionaban y el puesto de salud recibÃa a muchas personas. Una camioneta trasladó primero a Vicente, Dolores y la mujer que necesitaba sus medicinas. Pasamos la noche al aire libre y nadie durmió de forma continua.
1:00:06 Cada ruido hacÃa que alguien se levantara. revisara a los niños o mirara hacia las casas al amanecer supimos que varias familias habÃan perdido sus viviendas y que otras no podÃan regresar por el riesgo de nuevos derrumbes dÃas después las autoridades cerraron el acceso a la iglesia el interior habÃa quedado destruido y lo que permanecÃa en pie tuvo que ser demolido la congregación perdió el templo varias personas perdieron su casa y algunos se marcharon del sector Nos reunimos en espacios prestados. Dolores necesitó tratamiento para el tobillo. Vicente tardó en recuperarse y Tomás quedó con dolor en el hombro. Yo seguà sintiendo molestias en la rodilla y durante un tiempo evitaba permanecer bajo los techos dañados. Tiempo después del terremoto todavÃa recuerdo el tirón de la camisa y la presión que sentà en el depósito. Tomás mantuvo siempre la misma versión. Nadie estaba detrás de nosotros y ninguno empujó al otro. No tengo una explicación para eso.
1:01:12 Lo que sà recuerdo es que salimos todos, aunque salir no resolvió lo que vino después. Quedaron heridas, pérdidas, miedo y familias separadas. La iglesia volvió a reunirse, pero nunca recuperó por completo a la congregación que estaba ahà aquella tarde.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed