El Hombre Que Usó La Forma De Nahual Para Cobrar Venganza - Historias De Terror - REDE
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0:05 Recuerdo lo de la soledad, porque yo estaba ahà y porque, aunque han pasado años, todavÃa puedo ordenar los hechos sin agregar lo que no vi. TenÃa 17 años y vivÃa con mis padres cerca de la tienda. Al principio todos hablaron de coyotes o de perros enfermos, pero esa explicación duró poco. El primer ataque fue en el corral de Hilario Cruz. En la mañana encontró tres chivos muertos. La puerta seguÃa cerrada. El alambre estaba en su lugar y la tierra tenÃa marcas hondas alrededor del corral. Hilario contó que en la noche oyó golpes contra las tablas. Luego pasó cerca de la casa y por eso no salió. Su esposa le pidió que esperara a que hubiera luz. Cuando amaneció, llamaron a los vecinos. Después pasó en la casa de remedios la partera. Amanecieron muertas sus gallinas y dos guajolotes. Los animales estaban junto al lavadero, enteros. Remedios contó que oyó rasguños en la pared del lado donde dormÃa su nieta y que cuando gritó para llamar a su yerno los rasguños se detuvieron. Luego escuchó carreras sobre el techo. Desde entonces cambió la rutina del pueblo. Los niños dejaron de ir solos al pozo, las mujeres se juntaban para traer agua y los hombres ya no se quedaban platicando en la tienda al caer la tarde. Varias familias durmieron con
1:35 la lámpara prendida. Luego atacó a Tomás, el hijo menor de don Laureano. El niño salió al patio y algo lo jaló del brazo. Su madre lo encontró en el suelo, cerca de la cerca, con cortadas en el hombro y tierra en la cara. Tomás dijo que vio un animal negro, grande, que primero iba en cuatro patas y luego se levantó en dos. También dijo que olÃa a sangre y a cuero mojado. Don Laureano lo llevó a la cabecera municipal para que lo curaran, y al regresar fue directo con Mateo Nájera, el comisariado. Mateo convocó a los hombres y decidió que harÃamos rondines. Se formaron grupos con machetes, lámparas y escopetas viejas. A mà me tocó caminar con mi padre y con Julián, el herrero. Revisábamos corrales, patios, el arroyo y las casas más apartadas. Las primeras noches no vimos nada, pero varias veces oÃmos golpes cerca de los animales.
2:36 Una noche encontramos un becerro muerto en el corral de los GarcÃa. La puerta estaba caÃda hacia adentro y habÃa sangre en la tierra. Seguimos las huellas hasta el arroyo donde se perdieron entre las piedras. Julián dijo que un perro no abrÃa una puerta ni mataba sin comer. Mi padre le pidió que hablara abajo. Después vimos a la criatura cerca del panteón. Ãbamos seis hombres. Julián levantó la lámpara hacia los nopales y todos vimos una figura negra, baja, con la cabeza grande. Se quedó quieta unos segundos. Luego Julián le disparó. La figura brincó hacia el arroyo y desapareció.
3:18 Al acercarnos, encontramos sangre sobre una piedra. Mateo dijo que, al amanecer, revisarÃan si alguien del pueblo tenÃa una herida reciente. La revisión causó pleitos. Algunos hombres dejaron entrar al comisariado, otros salieron molestos y exigieron pruebas. Narciso Beltrán, el encargado del molino, no abrió la puerta. Un vecino dijo que estaba enfermo y que lo habÃa oÃdo toser desde temprano. Mateo no insistió porque todavÃa no habÃa una acusación directa. Pero yo recuerdo que mi padre se quedó mirando esa casa más tiempo que las demás. La muerte de Teresa cambió todo Teresa era viuda y vivÃa al final del callejón del pozo con su hermana. La encontraron en el patio.
4:05 Aún respiraba cuando llegaron los vecinos, pero murió antes de que pudieran llevarla a la cabecera municipal. Su hermana dijo que Teresa salió porque oyó que la llamaban con la voz de su hijo, que trabajaba fuera del pueblo. Y al abrir la puerta, algo la atacó. El entierro fue rápido y fue casi todo el pueblo. Nadie habló fuerte. Cuando terminó, don Laureano pidió que trajeran a alguien que supiera tratar con Nahuales. Otros hombres apoyaron la idea. Mateo aceptó y mandó buscar a Apolonio Reyes, un brujo de San Miguel del RÃo. Apolonio llegó al dÃa siguiente. Era un hombre mayor y hablaba poco. Llegó sin promesas y sin señalar culpables. Pidió que le mostraran los lugares de los ataques y que hablaran solo quienes habÃan visto o oÃdo algo por cuenta propia. Si alguien repetÃa un rumor, lo detenÃa y pedÃa el nombre del testigo. Primero revisó el corral de Hilario, luego la casa de remedios, el sitio donde cayó Tomás, el corral de los GarcÃa y el patio de Teresa. En cada lugar preguntó por dónde habÃa entrado la criatura. qué puertas tocaron y quién salió de su casa esa noche. También preguntó por enfermos después del disparo de Julián. Mateo mencionó que Narciso no habÃa abierto.
5:30 Apolonio pidió que anotaran ese nombre y su dirección. En la casa de Teresa encontró pelos negros pegados en una tabla. En el arroyo levantó sangre seca de una piedra. Guardó todo en papel y no explicó nada todavÃa. Después reunió a los hombres en la escuela. dijo que el atacante conocÃa el pueblo entraba por pasos seguros y buscaba casas donde alguien podÃa abrir por miedo o por confianza pidió que nadie saliera solo que pusieran ceniza en las entradas del arroyo y cal en los patios por donde alguien pudiera cruzar Mateo preguntó qué debÃan hacer si lo veÃan Apolonio respondió que habÃa que seguir el rastro y no matarlo en la oscuridad Dijo que, si era un agual, la señal estarÃa en una persona herida, en su cuerpo o dentro de su casa. Nadie se quedó tranquilo, pero todos entendimos la orden. Esa noche las familias se encerraron.
6:30 Los hombres se repartieron cerca del arroyo, del pozo y de la casa de Teresa. Mi padre y yo quedamos cerca de la tienda, desde donde se veÃa el callejón. Julián se escondió con la escopeta. Apolonio se sentó junto a la casa de Teresa y solo se escucharon los perros encerrados. El Nahual entró por el arroyo donde habÃamos dejado la ceniza. Yo estaba cerca de la tienda junto a mi padre y desde ahà vi primero el movimiento de los perros encerrados. Luego escuché un golpe entre las piedras, bajo y seco. Nadie habló. El Nahual cruzó despacio, con el cuerpo bajo, dejando marcas claras detrás de cada paso.
7:13 y avanzó hacia el callejón del pozo. Se acercó a la casa de remedios, olió la puerta y rascó una vez, fuerte. Adentro lloró una niña, pero nadie abrió. Apolonio levantó la mano para que todos aguantáramos en nuestro sitio. Julián sostuvo la escopeta sin disparar, y mi padre mantuvo la lámpara cubierta con la mano. El Nahual giró hacia el callejón, dio dos pasos más y tropezó con la cuerda baja que habÃan amarrado entre dos postes. Cayó de lado, se golpeó contra el suelo y se levantó rápido, con tierra pegada al cuerpo. Julián apuntó, pero Apolonio le ordenó bajar la escopeta. Mi padre descubrió la lámpara y la luz le dio al Nahual de frente. TenÃa hocico largo, tenÃa pelo negro y tenÃa los ojos de una persona despierta.
8:06 fija en nosotros. Varios lo vimos al mismo tiempo y nadie pudo decir después que habÃa sido un perro. Apolonio sacó los pelos negros y la sangre seca que habÃa guardado, los puso en una lata con alcohol y les prendió fuego. El Nahual soltó un chillido desde el arroyo, ya fuera de nuestra vista, y las piedras sonaron cuando siguió corriendo. Julián quiso ir tras él, pero Apolonio lo detuvo. Dijo que de noche solo Ãbamos a perder a otro hombre, que el rastro ya estaba marcado y que al amanecer sabrÃamos a qué casa habÃa regresado. Cuando hubo luz salimos juntos, las huellas cruzaban el arroyo, subÃan por la vereda del molino y llegaban hasta la casa de Narciso Beltrán. Narciso era el encargado del molino, vivÃa solo, tenÃa dos hijos fuera del pueblo y prestaba dinero a varias familias No era querido, pero hasta ese dÃa nadie lo habÃa señalado.
9:10 Mateo tocó la puerta. Narciso tardó en abrir y cuando salió traÃa el rostro hinchado, lodo en los pantalones y camisa de manga larga. Mateo le pidió que mostrara los brazos. Narciso respondió que estaba enfermo, que nadie iba a entrar a su casa y que no tenÃa nada que explicar. Apolonio le recordó que tampoco habÃa abierto. cuando revisaron heridas después del disparo de Julián. Julián dio un paso al frente y le dijo que enseñara el brazo, que con eso se acababa la duda. Narciso quiso cerrar, pero dos hombres lo sujetaron antes de que pudiera meter el cuerpo. Entraron Mateo, Apolonio, Julián, mi padre y otros hombres. Yo me quedé en la entrada y desde ahà escuché cuando movieron costales y tablas. Después Mateo llamó a todos. En un cuarto encontraron una piel negra doblada y manchada de sangre, con un agujero cerca del hombro. También encontraron una prenda de Teresa debajo de una tabla. Nadie dijo nada al ver la piel. Los hombres se quedaron mirando a Narciso y él ya no pudo sostenerles la vista. Apolonio pidió revisarlo.
10:24 Dos hombres le sujetaron los brazos, le subieron la manga derecha. y vimos una herida redonda inflamada en el hombro. El agujero de la piel estaba en el mismo sitio. En los pies tenÃa restos de cal, y Narciso dejó de forcejear. Bajó la mirada y pidió hablar con Mateo. Dijo que la piel era vieja, que se la habÃan dejado años atrás, que al principio la usó para entrar a corrales y asustar a quienes le debÃan dinero. Admitió que habÃa ido a la casa de remedios y al corral de Hilario. Cuando Mateo le preguntó por Teresa, Narciso dijo que ella abrió la puerta, que él habÃa usado la voz del hijo y que después perdió el control. Remedios le gritó por su nieta y don Laureano le preguntó por Tomás, pero Narciso no contestó. Apolonio dijo que habÃa que amarrarlo y llevarlo a la autoridad. Mateo respondió que la patrulla tardarÃa, que antes habÃan pedido ayuda y nadie habÃa llegado. Hilario dijo que ninguna familia iba a dormir si Narciso pasaba otra noche en el pueblo. Mi padre pidió que lo entregaran vivo, pero la gente ya estaba afuera de la casa.
11:35 Algunos llevaban palos, otros piedras y otros solo miraban con la cara dura. Lo sacaron con las manos amarradas y lo llevaron a la cancha. Yo caminé detrás de mi padre. Apolonio iba al final sin tocar a Narciso. En el centro de la cancha dijo otra vez que matarlo no iba a borrar los ataques y que todos iban a responder por lo que hicieran. Mateo le dijo que se apartara. No hubo juicio. Mateo nombró los ataques, los chivos de Hilario, las aves de Remedios, el becerro de los GarcÃa, las heridas de Tomás y la muerte de Teresa. Luego preguntó quién habÃa visto al Nahual. Varios levantamos la mano y después preguntó. quién habÃa visto la piel y la herida.
12:23 Los hombres que entraron a la casa respondieron que ellos. Narciso pidió hablar otra vez y Mateo le dijo que ya habÃa hablado. Don Laureano pidió que lo entregaran vivo, pero los gritos crecieron y lo taparon. El yerno de Teresa fue el primero en acercarse. Luego entraron otros. Lo golpearon con palos y con las manos. Algunos hombres se quedaron atrás, pero tampoco hicieron nada para detenerlos. Mi padre me tomó del brazo y me sacó de la cancha. Desde una esquina escuché golpes, órdenes cortas y gente llorando. Después, Mateo mandó detenerse. Narciso murió ahÃ, amarrado y en forma humana, frente al pueblo. No voy a llamarlo justicia porque no hubo juez ni defensa. Tampoco fue accidente. Todos sabÃan lo que hacÃan y todos sabÃan por qué lo hacÃan. Apolonio ordenó quemar la piel, la prenda de Teresa y el mecate con que habÃan amarrado a Narciso. Las cenizas quedaron enterradas fuera del pueblo y Mateo cerró la puerta y mandó aviso a los hijos. Los ataques terminaron. Los perros volvieron a ladrar cuando alguien pasaba por las casas. Los niños regresaron al pozo acompañados durante varias semanas. Remedios se fue con su hija. Tomás sanó, aunque evitaba pasar cerca del molino, y Julián siguió tomando. Cada vez que alguien mencionaba el disparo, se levantaba y se iba. La autoridad
13:55 llegó después. Todos dieron la misma versión. Narciso fue encontrado con pruebas de los ataques, se resistió y murió durante la detención. Apolonio ya se habÃa ido, pero antes de irse, le dijo a mi padre que el pueblo habÃa detenido al Nahual, pero también habÃa cometido una muerte que no podÃan borrar. Yo cuento lo que vi y lo que escuché de quienes estuvieron ahÃ. Hubo animales muertos, un niño herido, una mujer asesinada, un Nahual visto por varios hombres, una piel escondida en la casa de Narciso y una herida que coincidÃa con el disparo. También hubo un hombre muerto por decisión del pueblo, sin esperar a la autoridad, que pagó por todo lo que hizo en su forma de Nahual.
14:42 Después nadie habló del caso fuera de la soledad. Después supe por mi padre, porque él habló con Apolonio antes de que se fuera. Apolonio le dijo que no todos los Nahuales empezaban matando. Muchos usaban la forma para ajustar cuentas. para entrar a corrales, para espantar a una familia o para cobrar miedo donde no podÃan cobrar dinero. DecÃa que algunos lo hacÃan contra enemigos viejos, otros contra gente que les debÃa, y otros por encargo, cuando alguien pagaba para que una casa pasara noches sin dormir. Según Apolonio, el pacto no siempre era una ceremonia grande. A veces bastaba con recibir la piel de otro hombre, aprender ciertos rezos y dar sangre propia durante varias noches. El problema era que la forma no servÃa solo al dueño, con el tiempo pedÃa más. Primero bastaba con asustar animales, luego con herirlos, después con tocar puertas y llamar con voces conocidas. Cuando el hombre querÃa detenerse ya no mandaba solo él. Eso explicó lo de Narciso mejor que sus propias palabras. HabÃa usado el miedo como herramienta, primero contra los deudores, luego contra el pueblo entero. Creyó que podÃa entrar y salir de esa forma sin pagar nada, pero terminó encerrado en lo que habÃa soltado. El pueblo también pagó, porque lo mató sin juicio y después tuvo que vivir con esa verdad.
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