El Chaneque De Ojos Negros Que Me Siguió En Los Tuxtlas - Historias De Terror - REDE
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0:05 Me llamo Ignacio Hernández y esto ocurrió en octubre de 2019 en la región de Los Tuxtlas, Veracruz. En ese tiempo trabajaba comprando café, vainilla y miel a productores de varias comunidades. TenÃa 38 años y ya conocÃa bien los caminos rurales, las brechas y los potreros de la zona. HabÃa entrado varias veces al monte, casi siempre acompañado, y por eso creà que podÃa moverme solo sin problemas. Ese exceso de confianza fue lo que me llevó a entrar aquella mañana. DebÃa encontrarme con Cachito, un productor que tenÃa una parcela cerca de la selva. Yo habÃa estado una vez en esa zona y recordaba parte del camino. Cuando llegué al punto donde habÃamos quedado, él ya se habÃa ido. Un campesino trabajaba cerca y le pregunté por la parcela. Me indicó por dónde debÃa entrar, aunque antes de dejarme ir me dijo que era mejor esperar a alguien. porque habÃa varias veredas y era fácil equivocarse. Le respondà que conocÃa el rumbo y que no pensaba tardar. Entonces me preguntó si habÃa pedido permiso para entrar. Pensé que hablaba del dueño del terreno, asà que le dije que Cachito sabÃa que yo iba a buscarlo. El hombre aclaró que hablaba del monte.
1:27 No le pedà explicación y seguà mi camino. Al principio no ocurrió nada fuera de lo normal. La brecha estaba marcada y habÃa huellas recientes. Caminé durante un buen rato sin encontrar una desviación importante, hasta que escuché una risa infantil. Me detuve y miré hacia un lado de la vereda. Pensé que podÃa haber una familia trabajando cerca. Esperé unos segundos y la risa volvió a escucharse, pero esta vez más adelante. Y después sonó otra. Eran dos voces de niños. Pregunté en voz alta si habÃa alguien ahÃ. Esperé una respuesta y no escuché nada. Continué, y las risas aparecieron de nuevo unos minutos después. Sonaban delante de mà y siempre a poca distancia. Al principio no me inquietaron, pues creà que podÃan ser hijos de campesinos o muchachos que andaban jugando en el monte. Seguà avanzando hasta que la vereda dejó de resultarme familiar. Saqué el teléfono y revisé el mapa que llevaba guardado. La señal entraba y salÃa, pero alcancé a ver que me habÃa apartado de la ruta, asà que decidà regresar por donde habÃa venido. Caminé un rato y encontré un árbol caÃdo que recordaba haber visto antes.
2:48 Pensé que ya estaba recuperando el camino, pero poco después llegué a una división de la vereda que no recordaba. Me quedé unos segundos tratando de reconocer por dónde habÃa pasado y elegà el lado que tenÃa más marcas de pisadas. Apenas avancé, escuché otra vez las risas delante de mÃ. Sonaban cerca. Pensé que si encontraba a quienes estaban ahÃ, podrÃa preguntarles por la salida. Caminé hacia las voces, pero cada vez que avanzaba, volvÃan a escucharse un poco más adelante y nunca llegaba hasta ellas. Eso fue lo que empezó a preocuparme. No escuchaba palabras ni conversaciones, solo risas.
3:29 A veces eran dos, luego tres o cuatro. Cuando trataba de ubicar el punto exacto, cambiaban de lugar. Una risa podÃa sonar frente a mà y poco después escucharse detrás. Dejé de seguirlas y traté de concentrarme en el terreno. Busqué mis huellas en el barro y encontré varias marcas de mis botas. Las seguÃ, convencido de que me llevarÃan de regreso. pero terminaron conduciéndome otra vez al árbol caÃdo. Ahà entendà que llevaba tiempo caminando en cÃrculo. Me senté, tomé agua y traté de ordenar lo que estaba pasando. Decidà dejar de seguir cualquier sonido y buscar una dirección fija hasta encontrar un potrero, un arroyo o una zona abierta.
4:16 Mientras estaba sentado, escuché una risa detrás de mÃ. tan cerca que me levanté de inmediato y volteé. HabÃa una figura junto a un árbol. Lo primero que vi fue el tamaño porque era baja, mucho más pequeña que un adulto. Después distinguà los brazos delgados, las manos grandes y las uñas largas. Los ojos eran completamente negros, pues no vi blanco alrededor ni un color distinto en el centro. La figura permaneció quieta, mirándome, y yo también me quedé inmóvil. Luego, inclinó la cabeza, abrió la boca y soltó una risa aguda y áspera. En cuanto la escuché, otras risas respondieron desde distintos puntos del monte. AhÃ, sentà miedo de verdad.
5:03 Retrocedà sin dejar de mirar a la criatura. Bajó el cuerpo y salió corriendo entre las plantas. Se movÃa rápido y apoyaba las manos en el suelo cuando el terreno descendÃa. Agarré la mochila y me fui en la dirección contraria. Mientras caminaba, escuché ramas quebrarse a los lados. Si me detenÃa, los sonidos también paraban, y cuando volvÃa a caminar, comenzaban otra vez. Seguà hasta encontrar un arroyo. Pensé que podÃa seguir el cauce y salir de la zona cerrada, asà que avancé junto al agua, tratando de mantener un paso constante. Las risas regresaron. Una sonó al otro lado del arroyo y otra detrás de mÃ. No volteé. Seguà caminando hasta que escuché pasos pequeños muy cerca, y algo tiró de la parte trasera de mi camisa. Me giré por reacción, vi una mano pequeña agarrando la tela, con uñas largas y oscuras. Golpeé hacia atrás con el brazo y sentà que la camisa se rasgaba. La figura se metió entre las plantas y volvió a reÃr. Corrà y dejé de mirar el suelo. Tropecé varias veces y seguà avanzando porque solo querÃa alejarme de esas cosas. Cuando me detuve, el arroyo ya no estaba a la vista. No entendà cómo me habÃa separado del cauce. Se habÃa corrido siguiendo la misma dirección. Miré alrededor y estaba otra vez rodeado de monte cerrado. Saqué el teléfono y habÃa pasado mucho más
6:33 tiempo del que yo calculaba y ya era avanzada la tarde. Traté de reconstruir el recorrido y no pude. recordaba haber corrido después de que algo jaló mi camisa pero después de eso habÃa un vacÃo mi siguiente recuerdo era estar de pie frente a un árbol con la mano derecha manchada de sangre tenÃa varios arañazos en el brazo y la mochila estaba abierta y parte de lo que llevaba ya no estaba miré el suelo y vi huellas pequeñas alrededor de mà eran marcas de pies descalzos y habÃa más de un rastro no intenté seguirlas Me alejé de ese lugar y empecé a caminar sin perder de vista la dirección que habÃa elegido. Mientras avanzaba, recordé la pregunta del campesino, la que me hizo antes de entrar, cuando quiso saber si habÃa pedido permiso. En ese momento, entendà por qué me lo habÃa preguntado. Hablé en voz alta y dije que habÃa entrado por trabajo, que no querÃa molestar y que solo querÃa salir. El monte quedó en silencio durante unos segundos. No escuché pasos, ramas ni voces.
7:39 Pero después empezaron las risas demonÃacas, primero una, luego otra, después varias al mismo tiempo. VenÃan de diferentes puntos de la selva y estaban cada vez más cerca. Seguà caminando sin correr, porque ya sabÃa que hacerlo me hacÃa perder el rumbo. Procuré mantener la vista al frente y no responder a los sonidos. Aún asÃ, las risas continuaron moviéndose alrededor de mÃ, cerrando la distancia poco a poco. hasta que dejé de distinguir de qué lado venÃan. La luz empezó a bajar y entendà que iba a pasar la noche dentro de la selva. Dejé de pensar en la parcela de cachito y me concentré en encontrar una salida antes de quedarme completamente a oscuras. Caminé buscando una zona abierta, manteniendo la misma dirección todo lo que podÃa, pero terminaba reconociendo árboles, raÃces y partes del terreno por donde ya habÃa pasado. Las risas seguÃan alrededor A veces desaparecÃan durante varios minutos y podÃa avanzar con algo de calma. Luego una sonaba muy cerca y me obligaba a detenerme. Ya no intentaba descubrir de dónde venÃan, tampoco respondÃa. Seguà caminando hasta llegar a un espacio donde encontré restos de comida y algunas cosas dejadas en el suelo. No las toqué.
8:59 Mientras buscaba por dónde continuar, escuché ramas moviéndose arriba de mÃ. Levanté la vista y vi dos figuras pequeñas sobre un árbol. eran iguales a la que habÃa visto antes, con los ojos negros y las manos sujetas a las ramas. Una soltó una carcajada y la otra respondió de inmediato. Retrocedà sin apartar la vista y detrás de mà escuché hojas moverse sobre el suelo. Volté y encontré otra figura a poca distancia. Tomé una rama gruesa y la sostuve con las dos manos y le dije que se alejara. La criatura avanzó, las otras dos seguÃan arriba y comenzaron a lanzar chillidos entre las risas, cada vez más fuertes. La que estaba frente a mà se acercó unos pasos, se detuvo y después corrió directamente hacia mÃ. Movà la rama para golpearla o mantenerla lejos, pero en ese momento recibà un golpe por la espalda y perdà el equilibrio. Caà de lado y sentà un ardor fuerte en una pierna.
9:58 Cuando miré, vi varios arañazos recientes. Me levanté de inmediato y corrà sin saber qué habÃa quedado detrás de mÃ. Escuchaba las risas y las ramas quebrándose mientras avanzaba, pero no volteé. Esa parte todavÃa la recuerdo con claridad, porque, después de eso, los recuerdos empiezan a separarse. Recuerdo haber estado sentado con la espalda contra un árbol, aunque no recuerdo cómo llegué hasta ahÃ. TenÃa la lámpara en una mano y me costaba mantener los ojos abiertos. Escuchaba pasos alrededor, Primero lejos, después cerca. En algún momento sentà que algo tocaba uno de mis zapatos. Levanté la lámpara y alumbré hacia el suelo. HabÃa una figura agachada frente a mÃ.
10:42 Alcancé a ver los ojos negros, los dedos abiertos y las uñas apoyadas en la tierra. Apagué la lámpara. No recuerdo haber tomado esa decisión. Solo recuerdo que de pronto todo quedó oscuro. Y empecé a escuchar movimiento alrededor del árbol. Los pasos se acercaron hasta que pude oÃr hojas secas rompiéndose junto a mis piernas. Algo rozó mi cabello y después sentà una mano en la parte trasera del cuello. Me levanté de golpe y corrÃ. A partir de ahÃ, mi memoria se corta por completo. Cuando recuperé la conciencia, estaba acostado entre plantas y escuchaba voces de hombres. Al principio no entendà qué estaba pasando. Uno de ellos era Rodrigo, un campesino de la zona que yo habÃa visto otras veces y y habÃa varios hombres con él. Me dieron agua y trataron de ponerme de pie, pero las piernas no me respondÃan bien. Yo estaba convencido de que habÃa pasado una sola noche ahÃ. Ellos me dijeron que Cachito habÃa preguntado por mà al notar que nunca llegué a su parcela y que habÃan empezado a buscarme. Cuando me dijeron cuánto tiempo habÃa pasado, pensé que estaban equivocados. HabÃan transcurrido casi dos dÃas desde que entré. Pregunté qué dÃa era.
11:58 Me respondieron, pero al poco tiempo volvà a preguntarlo. Eso ocurrió varias veces durante la salida. Recuerdo la respuesta de Rodrigo. Luego recuerdo haber hecho otra vez la misma pregunta, sin darme cuenta de que ya la habÃa hecho. Mi camisa estaba rota en la espalda y en un costado. El pantalón tenÃa varios desgarrones y habÃa perdido los zapatos. TenÃa cortadas en las plantas de los pies. rasguños en las piernas, los brazos y la espalda. Algunas heridas podÃan explicarse por las caÃdas y por haber corrido entre ramas, pero habÃa otras que no recordaba. Mi mochila apareció apartada del lugar donde me encontraron. El teléfono seguÃa dentro y no habÃa nada en él que explicara dónde habÃa estado durante las horas que no recordaba. Los hombres me ayudaron a caminar y empezamos a salir del monte. Durante el trayecto les conté lo poco que podÃa ordenar. Las risas infantiles, las figuras pequeñas, los ojos negros y las uñas. Nadie hizo comentarios.
13:06 Rodrigo escuchó todo y después dijo que en esa región se hablaba desde hacÃa años de los chaneques. Según lo que él habÃa aprendido de sus padres y de otros campesinos, eran seres del monte que podÃan extraviar a una persona, hacerla caminar en cÃrculos o atraerla con sonidos. También dijo que algunas personas pedÃan permiso antes de entrar por esa razón. No aseguró que eso hubiera sido lo que me pasó, pero habÃa escuchado relatos con elementos iguales a los mÃos. Después me atendieron por deshidratación, agotamiento y las heridas. Durante varios dÃas tuve problemas con la memoria reciente. PodÃa conversar con alguien y perder parte de lo que acabábamos de hablar.
13:49 También seguÃa confundiendo el tiempo que habÃa permanecido en la selva. La memoria reciente mejoró, pero las horas perdidas nunca regresaron. Intenté reconstruirlas durante semanas. Pensé en una caÃda, en el cansancio y en la posibilidad de haber confundido animales con figuras humanas. También pensé que podÃa haber pasado horas caminando sin darme cuenta. Algunas cosas podÃan explicarse de esa manera, otras seguÃan sin encajar. Yo recordaba haber visto a esas criaturas desde cerca. Recordaba las manos, los ojos y las risas que escuché antes de perder por completo el rumbo. Unas semanas después, regresé a la comunidad y busqué a Rodrigo.
14:33 No entré otra vez a la selva. QuerÃa saber dónde me habÃan encontrado y qué habÃan visto durante la búsqueda. Me dijo que aparecà relativamente cerca de la zona por donde habÃa entrado. Después de tantas horas caminando, habÃa terminado casi en el mismo sector. También encontraron huellas pequeñas cerca del lugar donde estaba acostado. Le pregunté si algún niño habÃa participado en la búsqueda y respondió que no. Entonces le pregunté por los otros casos que habÃa mencionado. Me habló de campesinos, cazadores y campistas que habÃan escuchado risas, silbidos o voces dentro del monte y después habÃan perdido el camino. Algunos salÃan convencidos de haber estado perdidos unas horas.
15:18 y descubrÃan que habÃa pasado mucho más tiempo. Otros aparecÃan con la ropa rota, sin algunas de sus pertenencias y con partes completas del recorrido borradas de la memoria. No todos decÃan haber visto criaturas. Le pregunté qué hacÃan ellos cuando tenÃan que entrar. Rodrigo me dijo que los mayores pedÃan permiso antes de pasar y que algunas personas dejaban comida en determinados puntos. Ãl habÃa aprendido esa costumbre desde niño. y seguÃa haciéndolo cada vez que entraba. No trató de convencerme de nada, solo me explicó lo que hacÃa y lo que habÃa escuchado durante años. Después de esa conversación, dejé de intentar encontrar una explicación completa. Seguà trabajando en los Tuxtlas, pero nunca volvà a internarme solo en una zona de selva. Si tenÃa que visitar una parcela, esperaba a que alguien me acompañara, y si no habÃa nadie, regresaba otro dÃa. Tampoco volvà al sitio donde me encontraron.
16:19 Las heridas cerraron y con el tiempo recuperé la memoria reciente, pero las horas que faltan siguen vacÃas. Hay algo que Rodrigo me contó aquella última vez y que todavÃa no puedo explicar. Durante la búsqueda, los hombres habÃan recorrido más de una vez la zona donde finalmente me encontraron. HabÃan pasado cerca el dÃa anterior, llamando mi nombre mientras avanzaba. pero yo no recuerdo haber escuchado voces humanas en ningún momento. Recuerdo las risas, los pasos alrededor de mà y las ramas moviéndose, pero no recuerdo a nadie buscándome. No sé dónde estuve durante esas horas, ni cómo regresé hasta ese punto.
17:01 Lo único que sé es que entré caminando por una brecha que creÃa conocer, y casi dos dÃas después me encontraron cerca de la misma zona. sin zapatos, con la ropa rota y sin poder recordar buena parte de lo que habÃa ocurrido dentro de la selva.
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