Aug. 8, 2026

El Chaneque De Ojos Negros Que Me Siguió En Los Tuxtlas - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Me llamo Ignacio Hernández y esto ocurrió en octubre de 2019 en la región de Los Tuxtlas, Veracruz. En ese tiempo trabajaba comprando café, vainilla y miel a productores de varias comunidades. Tenía 38 años y ya conocía bien los caminos rurales, las brechas y los potreros de la zona. Había entrado varias veces al monte, casi siempre acompañado, y por eso creí que podía moverme solo sin problemas. Ese exceso de confianza fue lo que me llevó a entrar aquella mañana. Debía encontrarme con Cachito, un productor que tenía una parcela cerca de la selva. Yo había estado una vez en esa zona y recordaba parte del camino. Cuando llegué al punto donde habíamos quedado, él ya se había ido. Un campesino trabajaba cerca y le pregunté por la parcela. Me indicó por dónde debía entrar, aunque antes de dejarme ir me dijo que era mejor esperar a alguien. porque había varias veredas y era fácil equivocarse. Le respondí que conocía el rumbo y que no pensaba tardar. Entonces me preguntó si había pedido permiso para entrar. Pensé que hablaba del dueño del terreno, así que le dije que Cachito sabía que yo iba a buscarlo. El hombre aclaró que hablaba del monte.

1:27 No le pedí explicación y seguí mi camino. Al principio no ocurrió nada fuera de lo normal. La brecha estaba marcada y había huellas recientes. Caminé durante un buen rato sin encontrar una desviación importante, hasta que escuché una risa infantil. Me detuve y miré hacia un lado de la vereda. Pensé que podía haber una familia trabajando cerca. Esperé unos segundos y la risa volvió a escucharse, pero esta vez más adelante. Y después sonó otra. Eran dos voces de niños. Pregunté en voz alta si había alguien ahí. Esperé una respuesta y no escuché nada. Continué, y las risas aparecieron de nuevo unos minutos después. Sonaban delante de mí y siempre a poca distancia. Al principio no me inquietaron, pues creí que podían ser hijos de campesinos o muchachos que andaban jugando en el monte. Seguí avanzando hasta que la vereda dejó de resultarme familiar. Saqué el teléfono y revisé el mapa que llevaba guardado. La señal entraba y salía, pero alcancé a ver que me había apartado de la ruta, así que decidí regresar por donde había venido. Caminé un rato y encontré un árbol caído que recordaba haber visto antes.

2:48 Pensé que ya estaba recuperando el camino, pero poco después llegué a una división de la vereda que no recordaba. Me quedé unos segundos tratando de reconocer por dónde había pasado y elegí el lado que tenía más marcas de pisadas. Apenas avancé, escuché otra vez las risas delante de mí. Sonaban cerca. Pensé que si encontraba a quienes estaban ahí, podría preguntarles por la salida. Caminé hacia las voces, pero cada vez que avanzaba, volvían a escucharse un poco más adelante y nunca llegaba hasta ellas. Eso fue lo que empezó a preocuparme. No escuchaba palabras ni conversaciones, solo risas.

3:29 A veces eran dos, luego tres o cuatro. Cuando trataba de ubicar el punto exacto, cambiaban de lugar. Una risa podía sonar frente a mí y poco después escucharse detrás. Dejé de seguirlas y traté de concentrarme en el terreno. Busqué mis huellas en el barro y encontré varias marcas de mis botas. Las seguí, convencido de que me llevarían de regreso. pero terminaron conduciéndome otra vez al árbol caído. Ahí entendí que llevaba tiempo caminando en círculo. Me senté, tomé agua y traté de ordenar lo que estaba pasando. Decidí dejar de seguir cualquier sonido y buscar una dirección fija hasta encontrar un potrero, un arroyo o una zona abierta.

4:16 Mientras estaba sentado, escuché una risa detrás de mí. tan cerca que me levanté de inmediato y volteé. Había una figura junto a un árbol. Lo primero que vi fue el tamaño porque era baja, mucho más pequeña que un adulto. Después distinguí los brazos delgados, las manos grandes y las uñas largas. Los ojos eran completamente negros, pues no vi blanco alrededor ni un color distinto en el centro. La figura permaneció quieta, mirándome, y yo también me quedé inmóvil. Luego, inclinó la cabeza, abrió la boca y soltó una risa aguda y áspera. En cuanto la escuché, otras risas respondieron desde distintos puntos del monte. Ahí, sentí miedo de verdad.

5:03 Retrocedí sin dejar de mirar a la criatura. Bajó el cuerpo y salió corriendo entre las plantas. Se movía rápido y apoyaba las manos en el suelo cuando el terreno descendía. Agarré la mochila y me fui en la dirección contraria. Mientras caminaba, escuché ramas quebrarse a los lados. Si me detenía, los sonidos también paraban, y cuando volvía a caminar, comenzaban otra vez. Seguí hasta encontrar un arroyo. Pensé que podía seguir el cauce y salir de la zona cerrada, así que avancé junto al agua, tratando de mantener un paso constante. Las risas regresaron. Una sonó al otro lado del arroyo y otra detrás de mí. No volteé. Seguí caminando hasta que escuché pasos pequeños muy cerca, y algo tiró de la parte trasera de mi camisa. Me giré por reacción, vi una mano pequeña agarrando la tela, con uñas largas y oscuras. Golpeé hacia atrás con el brazo y sentí que la camisa se rasgaba. La figura se metió entre las plantas y volvió a reír. Corrí y dejé de mirar el suelo. Tropecé varias veces y seguí avanzando porque solo quería alejarme de esas cosas. Cuando me detuve, el arroyo ya no estaba a la vista. No entendí cómo me había separado del cauce. Se había corrido siguiendo la misma dirección. Miré alrededor y estaba otra vez rodeado de monte cerrado. Saqué el teléfono y había pasado mucho más

6:33 tiempo del que yo calculaba y ya era avanzada la tarde. Traté de reconstruir el recorrido y no pude. recordaba haber corrido después de que algo jaló mi camisa pero después de eso había un vacío mi siguiente recuerdo era estar de pie frente a un árbol con la mano derecha manchada de sangre tenía varios arañazos en el brazo y la mochila estaba abierta y parte de lo que llevaba ya no estaba miré el suelo y vi huellas pequeñas alrededor de mí eran marcas de pies descalzos y había más de un rastro no intenté seguirlas Me alejé de ese lugar y empecé a caminar sin perder de vista la dirección que había elegido. Mientras avanzaba, recordé la pregunta del campesino, la que me hizo antes de entrar, cuando quiso saber si había pedido permiso. En ese momento, entendí por qué me lo había preguntado. Hablé en voz alta y dije que había entrado por trabajo, que no quería molestar y que solo quería salir. El monte quedó en silencio durante unos segundos. No escuché pasos, ramas ni voces.

7:39 Pero después empezaron las risas demoníacas, primero una, luego otra, después varias al mismo tiempo. Venían de diferentes puntos de la selva y estaban cada vez más cerca. Seguí caminando sin correr, porque ya sabía que hacerlo me hacía perder el rumbo. Procuré mantener la vista al frente y no responder a los sonidos. Aún así, las risas continuaron moviéndose alrededor de mí, cerrando la distancia poco a poco. hasta que dejé de distinguir de qué lado venían. La luz empezó a bajar y entendí que iba a pasar la noche dentro de la selva. Dejé de pensar en la parcela de cachito y me concentré en encontrar una salida antes de quedarme completamente a oscuras. Caminé buscando una zona abierta, manteniendo la misma dirección todo lo que podía, pero terminaba reconociendo árboles, raíces y partes del terreno por donde ya había pasado. Las risas seguían alrededor A veces desaparecían durante varios minutos y podía avanzar con algo de calma. Luego una sonaba muy cerca y me obligaba a detenerme. Ya no intentaba descubrir de dónde venían, tampoco respondía. Seguí caminando hasta llegar a un espacio donde encontré restos de comida y algunas cosas dejadas en el suelo. No las toqué.

8:59 Mientras buscaba por dónde continuar, escuché ramas moviéndose arriba de mí. Levanté la vista y vi dos figuras pequeñas sobre un árbol. eran iguales a la que había visto antes, con los ojos negros y las manos sujetas a las ramas. Una soltó una carcajada y la otra respondió de inmediato. Retrocedí sin apartar la vista y detrás de mí escuché hojas moverse sobre el suelo. Volté y encontré otra figura a poca distancia. Tomé una rama gruesa y la sostuve con las dos manos y le dije que se alejara. La criatura avanzó, las otras dos seguían arriba y comenzaron a lanzar chillidos entre las risas, cada vez más fuertes. La que estaba frente a mí se acercó unos pasos, se detuvo y después corrió directamente hacia mí. Moví la rama para golpearla o mantenerla lejos, pero en ese momento recibí un golpe por la espalda y perdí el equilibrio. Caí de lado y sentí un ardor fuerte en una pierna.

9:58 Cuando miré, vi varios arañazos recientes. Me levanté de inmediato y corrí sin saber qué había quedado detrás de mí. Escuchaba las risas y las ramas quebrándose mientras avanzaba, pero no volteé. Esa parte todavía la recuerdo con claridad, porque, después de eso, los recuerdos empiezan a separarse. Recuerdo haber estado sentado con la espalda contra un árbol, aunque no recuerdo cómo llegué hasta ahí. Tenía la lámpara en una mano y me costaba mantener los ojos abiertos. Escuchaba pasos alrededor, Primero lejos, después cerca. En algún momento sentí que algo tocaba uno de mis zapatos. Levanté la lámpara y alumbré hacia el suelo. Había una figura agachada frente a mí.

10:42 Alcancé a ver los ojos negros, los dedos abiertos y las uñas apoyadas en la tierra. Apagué la lámpara. No recuerdo haber tomado esa decisión. Solo recuerdo que de pronto todo quedó oscuro. Y empecé a escuchar movimiento alrededor del árbol. Los pasos se acercaron hasta que pude oír hojas secas rompiéndose junto a mis piernas. Algo rozó mi cabello y después sentí una mano en la parte trasera del cuello. Me levanté de golpe y corrí. A partir de ahí, mi memoria se corta por completo. Cuando recuperé la conciencia, estaba acostado entre plantas y escuchaba voces de hombres. Al principio no entendí qué estaba pasando. Uno de ellos era Rodrigo, un campesino de la zona que yo había visto otras veces y y había varios hombres con él. Me dieron agua y trataron de ponerme de pie, pero las piernas no me respondían bien. Yo estaba convencido de que había pasado una sola noche ahí. Ellos me dijeron que Cachito había preguntado por mí al notar que nunca llegué a su parcela y que habían empezado a buscarme. Cuando me dijeron cuánto tiempo había pasado, pensé que estaban equivocados. Habían transcurrido casi dos días desde que entré. Pregunté qué día era.

11:58 Me respondieron, pero al poco tiempo volví a preguntarlo. Eso ocurrió varias veces durante la salida. Recuerdo la respuesta de Rodrigo. Luego recuerdo haber hecho otra vez la misma pregunta, sin darme cuenta de que ya la había hecho. Mi camisa estaba rota en la espalda y en un costado. El pantalón tenía varios desgarrones y había perdido los zapatos. Tenía cortadas en las plantas de los pies. rasguños en las piernas, los brazos y la espalda. Algunas heridas podían explicarse por las caídas y por haber corrido entre ramas, pero había otras que no recordaba. Mi mochila apareció apartada del lugar donde me encontraron. El teléfono seguía dentro y no había nada en él que explicara dónde había estado durante las horas que no recordaba. Los hombres me ayudaron a caminar y empezamos a salir del monte. Durante el trayecto les conté lo poco que podía ordenar. Las risas infantiles, las figuras pequeñas, los ojos negros y las uñas. Nadie hizo comentarios.

13:06 Rodrigo escuchó todo y después dijo que en esa región se hablaba desde hacía años de los chaneques. Según lo que él había aprendido de sus padres y de otros campesinos, eran seres del monte que podían extraviar a una persona, hacerla caminar en círculos o atraerla con sonidos. También dijo que algunas personas pedían permiso antes de entrar por esa razón. No aseguró que eso hubiera sido lo que me pasó, pero había escuchado relatos con elementos iguales a los míos. Después me atendieron por deshidratación, agotamiento y las heridas. Durante varios días tuve problemas con la memoria reciente. Podía conversar con alguien y perder parte de lo que acabábamos de hablar.

13:49 También seguía confundiendo el tiempo que había permanecido en la selva. La memoria reciente mejoró, pero las horas perdidas nunca regresaron. Intenté reconstruirlas durante semanas. Pensé en una caída, en el cansancio y en la posibilidad de haber confundido animales con figuras humanas. También pensé que podía haber pasado horas caminando sin darme cuenta. Algunas cosas podían explicarse de esa manera, otras seguían sin encajar. Yo recordaba haber visto a esas criaturas desde cerca. Recordaba las manos, los ojos y las risas que escuché antes de perder por completo el rumbo. Unas semanas después, regresé a la comunidad y busqué a Rodrigo.

14:33 No entré otra vez a la selva. Quería saber dónde me habían encontrado y qué habían visto durante la búsqueda. Me dijo que aparecí relativamente cerca de la zona por donde había entrado. Después de tantas horas caminando, había terminado casi en el mismo sector. También encontraron huellas pequeñas cerca del lugar donde estaba acostado. Le pregunté si algún niño había participado en la búsqueda y respondió que no. Entonces le pregunté por los otros casos que había mencionado. Me habló de campesinos, cazadores y campistas que habían escuchado risas, silbidos o voces dentro del monte y después habían perdido el camino. Algunos salían convencidos de haber estado perdidos unas horas.

15:18 y descubrían que había pasado mucho más tiempo. Otros aparecían con la ropa rota, sin algunas de sus pertenencias y con partes completas del recorrido borradas de la memoria. No todos decían haber visto criaturas. Le pregunté qué hacían ellos cuando tenían que entrar. Rodrigo me dijo que los mayores pedían permiso antes de pasar y que algunas personas dejaban comida en determinados puntos. Él había aprendido esa costumbre desde niño. y seguía haciéndolo cada vez que entraba. No trató de convencerme de nada, solo me explicó lo que hacía y lo que había escuchado durante años. Después de esa conversación, dejé de intentar encontrar una explicación completa. Seguí trabajando en los Tuxtlas, pero nunca volví a internarme solo en una zona de selva. Si tenía que visitar una parcela, esperaba a que alguien me acompañara, y si no había nadie, regresaba otro día. Tampoco volví al sitio donde me encontraron.

16:19 Las heridas cerraron y con el tiempo recuperé la memoria reciente, pero las horas que faltan siguen vacías. Hay algo que Rodrigo me contó aquella última vez y que todavía no puedo explicar. Durante la búsqueda, los hombres habían recorrido más de una vez la zona donde finalmente me encontraron. Habían pasado cerca el día anterior, llamando mi nombre mientras avanzaba. pero yo no recuerdo haber escuchado voces humanas en ningún momento. Recuerdo las risas, los pasos alrededor de mí y las ramas moviéndose, pero no recuerdo a nadie buscándome. No sé dónde estuve durante esas horas, ni cómo regresé hasta ese punto.

17:01 Lo único que sé es que entré caminando por una brecha que creía conocer, y casi dos días después me encontraron cerca de la misma zona. sin zapatos, con la ropa rota y sin poder recordar buena parte de lo que había ocurrido dentro de la selva.