April 5, 2026

El Caso Más Oscuro: Un Militar Atrapado Por Una Bruja - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Yo conocí a Iván antes de que todo eso pasara, por eso sé en qué momento empezó a cambiar. Compartí guardias con él, lo traté durante meses y estuve en el operativo en el que lo sacamos. Iván era un hombre parejo, cumplía órdenes, entrenaba, dormía poco y rendía al día siguiente. No se metía en problemas, no buscaba pleitos y no se quejaba por trabajo. Hablaba poco de su vida, pero uno alcanzaba a notar cuando andaba tranquilo y cuando traía algo encima. El cambio empezó cuando lo mandaron a una comisión cerca de un poblado. Ahí conoció a una mujer llamada Lucía. Tenía una tienda y vivía cerca del centro.

0:50 Al principio nadie le dio importancia. Iván empezó a verla seguido. Salía cuando podía y regresaba diciendo que estaba bien con ella. Durante los primeros días no vimos nada raro. Después empezó a fallar en cosas básicas. Dejaba pendientes, se distraía. Respondía tarde cuando lo llamaban y perdía atención en las guardias. Primero pensamos en cansancio, luego dejó de comer bien. Bajó de peso, se le hundieron los ojos, se le marcó la cara y a veces le temblaba una mano. Una noche le pregunté qué le pasaba. Me respondió que no estaba durmiendo. cerraba los ojos y soñaba con lucía la oía llamarlo por su nombre y ordenarle que fuera con ella al despertar tenía la sensación de haber salido aunque no recordaba nada con claridad yo no lo tomé en serio al principio pensé que estaba metido en una relación que lo estaba desgastando después empezaron a salir cosas que ya no se podían meter en una explicación simple Un compañero encontró debajo de su colchón una bolsa pequeña con una foto de Iván, cabello y tierra. La guardaron y la reportaron. Más tarde apareció otro papel dentro de su locker.

2:06 Tenía su nombre y varias frases repetidas. Ahí dejé de pensar en un simple problema de pareja, pues ya había alguien entrando a su espacio o aprovechando cualquier descuido para dejarle cosas. También vimos el efecto que esa mujer tenía sobre él Cuando Lucía llegaba a buscarlo a la entrada, Iván cambiaba de inmediato. Podía estar callado, débil o sin ganas de moverse, y en cuanto le avisaban que ella estaba afuera, salía rápido. No era alegría, era urgencia, era ansiedad. Una vez, el sargento le ordenó que no saliera y él respondió con violencia. Tuvimos que sujetarlo entre varios. Cuando se calmó, dijo que tenía que verla porque, si no iba, algo le iba a pasar a su madre. Ahí le oí miedo de verdad. Después revisaron su teléfono. Encontraron llamadas, mensajes borrados y amenazas directas. Lucía le escribía que ya lo tenía marcado y que no se escondiera. Lo más grave no fueron los mensajes. Lo más grave fue verlo aceptar todo eso. Ya no lo discutía. Empezó a repetir que no podía pensar bien cuando se alejaba de ella, que sentía presión en el pecho y que le daban ganas de salir a buscarla aunque no quisiera. El médico del cuartel lo revisó y le mandó tratamiento, pero Iván siguió cayendo y cada día estaba peor. En esos días llegó su madre. Ya le habían avisado que su hijo

3:38 no estaba bien. Entró al dormitorio, vio lo que habían encontrado entre sus cosas y se quedó helada. Dijo que eso no era casualidad y que a Iván lo estaban trabajando para dominarlo. Yo no acepté esa explicación de inmediato, pero tampoco tenía forma de negar el estado en el que estaba mi compañero. Iván ya no actuaba con la misma voluntad, pasaba ratos enteros ido. Luego se alteraba, caminaba de un lado a otro y pedía salir. Una tarde lo seguimos sin que él lo advirtiera. salió del cuartel por la parte de atrás y se fue derecho a la casa de Lucía, caminó rápido sin voltear, nosotros esperamos a que saliera, cuando regresó traía una marca en el cuello y las manos sucias, le preguntamos qué había pasado, primero guardó silencio, después dijo que Lucía le había pedido sangre, lo dijo así sin rodeos, añadió que sólo había sido un poco y que con eso ella se iba a tranquilizar, Nadie le creyó, pero cada vez que volvía de verla, regresaba más desgastado, más nervioso y con menos fuerza. Entonces el mando decidió retenerlo dentro del cuartel y cortarle todo contacto con ella. Pero la decisión llegó tarde. Iván ya estaba metido hasta el fondo. Desde la tarde empezó a ponerse inquieto. caminaba sin parar pedía su teléfono buscaba permiso

5:08 para salir y repetía que sólo iba a resolver un asunto ya de noche me tocó hablar con él otra vez me dijo que esto ya no tenía que ver con estar enamorado ni con querer verla dijo que lucía y otras personas ya habían hecho un arreglo con él le pregunté de qué arreglo hablaba y me respondió que esa noche se lo iban a llevar para terminar el trabajo No hubo que presionarlo para que hablara. Lo soltó de golpe. Dijo que si no iba por su cuenta, iban a buscar a su familia. En el brazo le vi cortadas recientes. Ahí entendí que el problema ya no era solo miedo. Ya había amenazas, lesiones y control directo sobre él. Lo llevaron a enfermería para tenerlo vigilado. Y todos pensamos que ahí iba a estar seguro. Pero durante la noche hubo un apagón corto en esa parte del cuartel.

6:04 Cuando volvió la luz, Iván ya no estaba en la cama, había salido por una ventana del baño. El enfermero dijo que solo perdió visibilidad un momento y que no alcanzó a detenerlo. En cuanto sonó la alarma interna, todos supimos a dónde había ido. Con lo que ya habíamos visto, estaba claro que no se había ido libre. Iván estaba cada vez más débil y más sometido. Un guardia del pueblo nos dijo que Lucía usaba una casa apartada cerca de un arroyo. El capitán armó un grupo y salimos de inmediato. Yo iba con ellos y pensé en sacar a mi compañero antes de que lo mataran. Durante el trayecto nadie habló. Ya teníamos demasiadas señales, los mensajes, los objetos escondidos, las heridas y el miedo con el que Iván habló esa noche. Todo llevaba al mismo lugar. Cuando bajé del vehículo y vi la casa, entendí que ya no quedaba tiempo. Todo lo anterior nos había llevado hasta ese punto, y ahí confirmé lo que ya traía desde que salimos del cuartel. Si llegábamos tarde a Iván lo íbamos a encontrar muerto. Entramos a la casa en silencio y por dos lados. No había espacio para hablar ni para esperar. Desde afuera ya se oían voces adentro, no se entendían completas. Pero sí, se alcanzaba a oír que varias personas estaban concentradas en una sola cosa. A mí me tocó entrar por atrás con otros tres. Cruzamos la

7:36 cocina y llegamos al cuarto principal. Ahí vi a Iván. Lo tenían amarrado a una silla sin camisa, con la cabeza hacia abajo y sangre en el pecho, en los brazos y en parte del abdomen. Frente a él estaban Lucía, una mujer mayor y dos hombres. No estaban discutiendo. No estaban improvisando, estaban ocupados en él. El capitán entró por el frente y se identificó. Dio la orden de soltar al retenido y uno de los hombres respondió levantando un arma hacia la puerta. El capitán disparó primero y lo tiró. El otro intentó acercarse a Iván, pero Salas se le fue encima y lo tumbó antes de que pudiera tocarlo.

8:20 La mujer mayor empezó a gritar y Lucía agarró un cuchillo que tenía a la mano y se lanzó sobre Iván. Yo estaba a pocos pasos. Le ordené que soltara el cuchillo, pero no obedeció. Le disparé una vez al torso. Cayó a un lado de la silla, pero antes de caer alcanzó a hacerle un corte a Iván cerca de la clavícula. No fue una herida profunda, pero sí abrió piel. En menos de un minuto ya teníamos el cuarto bajo control. Méndez y yo aseguramos el área Rojas sujetó a la mujer mayor El capitán cubrió la entrada Y Salas mantuvo en el piso al otro hombre Cuando ya nadie pudo moverse Fui directo con Iván Seguía consciente Respiraba rápido Y tenía la piel fría Intentó hablar y no pudo al principio Le dije que ya estábamos ahí Y que no se moviera Me miró Tragó saliva Y me pidió que no la dejáramos acercarse otra vez Luego vio a Lucía tirada en el suelo y empezó a vomitar. Lo sostuve para que no se ahogara. Después cerró los ojos unos segundos y volvió a abrirlos. Ahí entendí que seguía lúcido y que alcanzaba a reconocer todo lo que estaba pasando.

9:36 Le cortamos las amarras y pedimos apoyo médico. Mientras lo sostenía, vi mejor las lesiones. Tenía marcas recientes en las muñecas, cortes finos en un brazo y varias heridas superficiales en el torso. En el pecho le habían hecho trazos con sangre y tierra. En el piso había fotos de él, velas, recipientes, ropa suya y un cuaderno con su nombre. También había una cuerda doblada junto a la pared. No hacía falta inventar nada ni buscarle otro sentido. Lo tenían sometido. Le habían sacado sangre y estaban por seguir con el ritual. Todo estaba listo. Todo estaba puesto alrededor de él. Cuando el cuarto quedó asegurado, revisé el cuaderno. Lo hice ahí mismo, de pie, con la linterna de otro compañero, alumbrando la hoja.

10:25 No era un cuaderno cualquiera, lleno de frases confusas. Era un registro. Y tenía el nombre completo de Iván, datos personales, horarios, notas sobre sus salidas y observaciones sobre lo que le daban de comer y beber. También traía apuntes sobre objetos que le quitaron, prendas que guardaron y fechas de visitas. En una de las hojas estaba escrito lo que iban a hacer esa noche. Decía que primero lo iban a bajar de la silla, luego lo iban a poner en el suelo y después lo iban a colgar para completar la ofrenda. Eso estaba escrito, no lo deduje yo y no me lo contó otro, lo leí en ese momento.

11:06 A los dos hombres los detuvimos vivos. La mujer mayor también quedó detenida. Lucía murió ahí mismo. Cuando llegó el apoyo, la fiscalía tomó la casa y empezó el levantamiento. Se llevaron el arma, el cuchillo, el cuaderno, las fotos y todo lo que estaba alrededor de Iván. En el patio encontraron después ropa enterrada y objetos personales de otras personas. Yo ya no vi esa parte completa porque me fui con Iván en la ambulancia. Aún así, supe que ese hallazgo abrió otra línea de investigación. También supe que la casa ya estaba siendo vigilada por vecinos desde tiempo atrás, aunque nadie había denunciado con claridad lo que pasaba adentro.

11:52 En la ambulancia, Iván entraba y salía de ratos de conciencia. A veces abría los ojos y quería levantarse. Se quedaba quieto y apenas respondía. Repetía el nombre de su madre. Decía que no la dejaran entrar y luego callaba de golpe. Una vez me agarró el brazo y me dijo que pensó que ya no iba a salir vivo. Después volvió a cerrar los ojos. Yo le seguí hablando para mantenerlo atento hasta que lo recibió el personal del hospital. Ahí lo estabilizaron. Le trataron la deshidratación, las heridas y la pérdida de sangre. Físicamente resistió. El problema de fondo apareció en los días siguientes. Iván dormía por ratos y despertaba alterado.

12:36 Pedía que no apagaran la luz. Se sobresaltaba cuando alguien entraba al cuarto sin avisar y más de una vez intentó quitarse las vendas. A veces decía que Lucía estaba cerca. Otras veces decía que todavía no terminaba todo. Lo vio psiquiatría y lo dejaron bajo tratamiento. Yo fui a verlo varias veces y cada visita me pegaba más. Tenía menos peso, menos fuerza y menos seguridad. Seguía vivo, pero no estaba bien. Le costaba sostener una conversación larga. Se cansaba rápido y se detenía en medio de una frase, porque algo se le venía encima y lo cortaba. Cuando pudo hablar con más orden, me contó lo que había vivido desde que se acercó a Lucía. Me dijo que al principio creyó que solo se había enamorado. Después empezaron los cambios. Ella le daba comida, le pedía cosas personales, le hacía preguntas sobre su familia y le pedía que volviera aunque él no quisiera. Luego llegaron las amenazas. Le dijo que ya tenía cosas suyas y que podía alcanzarlo donde estuviera. Iván me confesó que hubo días en los que salió a verla, sin recordar en qué momento decidió ir. También me dijo que sentía vergüenza, sabía que algo andaba mal. Y aún así, regresaba.

14:01 Esa parte fue la que más me pesó escuchar. No hablaba para hacerse la víctima. Hablaba con vergüenza, con miedo y con rabia contra sí mismo. Meses después me llamaron a declarar. Yo conté lo mismo que sostengo ahora. Dije que vi a un compañero deteriorarse desde que esa mujer entró en su vida. Dije que encontramos objetos suyos escondidos. Mensajes de amenaza, heridas y una casa en la que lo tenían retenido. Dije que entramos antes de que lo colgaran y dije que Lucía murió cuando intentó rematarlo frente a nosotros. No inventé nada, no adorné nada, me limité a los hechos que vi y a los objetos que se levantaron en la escena y con eso bastaba. A Iván lo dieron de baja tiempo después. Ya no pudo seguir en servicio. El cuerpo se le recuperó antes que la cabeza, pero ninguna de las dos cosas volvió a quedar igual. Se fue con su familia a otra ciudad y siguió en tratamiento. Durante un tiempo perdimos contacto. Luego supe que había tenido recaídas, que seguía con problemas para dormir y que todavía entraba en crisis cuando recordaba esa etapa.

15:16 Nunca lo oí hablar de regresar al ejército. La última vez que hablé con él, me dijo algo que no se me ha olvidado. Me dijo que lo que más le dolía no era lo que le hicieron en esa casa. Le dolía aceptar todo lo que fue cediendo antes de llegar ahí. Eso fue lo que pasó. No terminó bien. Terminó con una mujer muerta, tres detenidos, una investigación abierta y un compañero destruido. Nosotros alcanzamos a sacarlo con vida, pero no le devolvimos la vida que tenía antes. Esa es la parte más dura cuando lo recuerdo. Mucha gente cree que rescatar a alguien resuelve todo, pero en este caso no fue así. Nosotros evitamos que lo mataran esa noche, pero nada más. Lo demás ya estaba hecho desde antes, cuando lo fueron aislando, debilitando y metiendo en una red de amenazas, de la que ya no pudo salir solo.