Desde Esa Noche Ya No Trabajo En Cementerios - Historias De Terror - REDE
0:05 Me llamo Gabriel Soto. Fui velador del Panteón Municipal San Julián y recuerdo esa noche completa. Pasó después del DÃa de Muertos. Entré al turno, firmé la bitácora, revisé las llaves, el radio, la lámpara y los candados. El panteón tenÃa portón principal, puerta de servicio y una reja vieja al fondo. Desde la caseta veÃa cámaras, pasillos y la entrada. HabÃa flores recientes, veladoras apagadas, bolsas de comida y macetas rotas. Eso era normal esa noche. Hice mi primera vuelta, levanté basura, acomodé unos floreros y revisé entre las tumbas. A veces quedaba gente escondida, borracha o dormida. Por eso, alumbraba antes de avanzar. No llevaba prisa, pues esa rutina me habÃa servido durante años. Al volver hacia la zona de mausoleos, escuché una voz de mujer. dijo el nombre de Antonio, el otro velador. Ãl descansaba esa noche. La voz salió desde el pasillo de las criptas, baja y clara. Apunté la lámpara hacia allá, revisé la cámara desde la caseta y no vi a nadie. Anoté el hecho en la bitácora, porque Marta, la administradora, siempre pedÃa dejar registro de cualquier movimiento raro. Llamé a Marta y le conté lo de la voz. Ella me pidió revisar sin abrir criptas, cerrar bien la puerta de servicio y avisar a la patrulla ante cualquier intruso. Asà que tomé la lámpara y fui
1:37 al pasillo. Las puertas estaban cerradas, el piso tenÃa polvo viejo y no vi pisadas nuevas. Frente a la cripta de la familia renterÃa, habÃa una mancha oscura pegada a la esquina, baja, extendida contra el piso. Movà la luz para comprobar el origen, pero la mancha no cambió. Se deslizó completa hacia la pared, subió un tramo y quedó pegada al muro. Tomé una foto con el celular del trabajo y se la mandé a Marta. Ella me llamó enseguida. Me ordenó volver a la caseta y avisó que llamarÃa a Antonio y al comandante Cruz, porque los dos vivÃan cerca. Regresé con la lámpara apuntando al suelo. En la caseta, las cámaras empezaron a fallar. La imagen se llenó de lÃneas.
2:23 Luego quedó gris. La luz seguÃa encendida, el radio cargaba y el monitor tenÃa corriente. Revisé cables y regulador, pero nada respondió. Entonces escuché tres golpes en la puerta de servicio. Fueron golpes fuertes, separados, dados desde el otro lado. Pregunté quién estaba ahÃ, pero no hubo respuesta. Salà con la lámpara y caminé hasta la puerta. El candado seguÃa puesto, la cadena estaba en su lugar y el pasillo estaba vacÃo. Después escuché una respiración pegada al metal, pesada, medida, a la altura de mi pecho. Una voz de hombre dijo mi nombre. No era una voz conocida, tenÃa pausas largas y salÃa del otro lado de la puerta cerrada. Llamé por radio a la comandancia, di mi nombre, el panteón y la ubicación de la puerta. La operadora informó que mandarÃa una unidad. Mientras yo hablaba, aparecieron más voces detrás del metal. Escuché una de niño, otra de mujer mayor y otras que no pude ubicar. DecÃan nombres uno tras otro.
3:32 Algunos estaban escritos en lápidas cercanas al muro, pues yo los conocÃa por mis rondines. Eso me hizo retroceder hasta la mitad del pasillo. Antonio llegó antes que la patrulla, entró por el portón principal con su llave y me encontró cerca de la caseta. Le pedà que se quedara afuera, pero quiso revisar conmigo. TraÃa una lámpara pequeña y un machete de trabajo. VenÃa serio y me pidió el recuento. Y le hablé de la voz, la sombra, las cámaras y la puerta. Tocó el candado con la mano y la retiró al instante. Dijo que el metal estaba demasiado frÃo. En ese momento sonaron golpes desde el osario. Antonio pensó en alguien encerrado antes del cierre. Yo preferÃa esperar a la patrulla, pero dentro se escucharon cajas cayendo y golpes contra la lámina. Avisé por radio que revisarÃamos desde afuera, y caminamos por el pasillo de la capilla, con las lámparas al frente y sin separarnos. La puerta del osario estaba abierta, pero yo la habÃa dejado cerrada en mi vuelta.
4:37 La cadena estaba en el suelo y el candado abierto, sin cortes. Alumbré hacia adentro, Vi estantes, cajas tiradas y polvo flotando bajo la luz. Al fondo habÃa tres figuras de pie. TenÃan forma humana, brazos largos y cabezas inclinadas hacia atrás. Las bocas estaban abiertas más de lo normal. Dentro se veÃan dientes largos, apretados. Las caras eran oscuras, sin ojos visibles, pero las mandÃbulas se movÃan. Antonio levantó el machete y le dije que retrocediera. Las tres figuras abrieron más la boca al mismo tiempo. Una usó la voz de Marta y le ordenó a Antonio entrar y cerrar la puerta. Antonio contestó que Marta estaba en su casa.
5:23 La voz le salió quebrada, aunque sostuvo el machete. Otra figura apareció desde un costado, baja, apoyada en manos y pies. Avanzó golpeando el piso, rápida, con la boca abierta hasta debajo de la barbilla. La lámpara de Antonio cayó, rodó y alumbró la entrada desde abajo. La figura llegó a la puerta en segundos. Empujamos la lámina con el cuerpo y Antonio puso el hombro. Yo levanté la cadena y la pasé por las argollas. Del otro lado golpearon desde abajo. La puerta se dobló hacia afuera y Antonio perdió apoyo, pero siguió empujando. Logré pasar la cadena una vez, sin candado, y nos alejamos hacia la capilla. No tomamos el camino de la caseta, porque la ventila del osario daba a ese lado. Entramos a la capilla, cerramos la puerta y atravesamos una banca. Antonio tenÃa cuatro cortes en el antebrazo derecho, eran paralelos y hondos. Le puse un trapo limpio de la sacristÃa y volvà a llamar por radio. Reporté personas dentro del osario, quizá animales, porque no tenÃa otra manera de explicarlo. Desde una ventana vimos apagarse varias luces del panteón.
6:39 No hubo truenos, chispas ni bajones dentro de la capilla. Solo quedaron algunos focos y uno alumbraba hacia el osario. La puerta del osario seguÃa moviéndose. La cadena resistÃa, pero las argollas estaban torcidas. Algo golpeó la puerta de la capilla y la banca se movió hacia adentro. Antonio me dijo que saliéramos por la sacristÃa, porque esa salida llevaba al camino del portón principal. TenÃa razón. Quedarnos encerrados nos dejaba sin salida y la patrulla necesitaba que abriéramos desde dentro. Tomé el radio, la llave y la lámpara y Antonio recogió el machete con la mano izquierda. Salimos al pasillo de las tumbas pequeñas. HabÃa flores, juguetes y veladoras apagadas.
7:27 Varias sombras cruzaban entre las lápidas, bajas, rápidas, sin cuerpo visible. Al pisar el camino empezaron voces de niños desde ambos lados. pero seguimos adelante. Antonio iba primero. A mitad del pasillo, una sombra se pegó a su bota y le subió por el pantalón hasta la rodilla. Cayó de lado y soltó el machete. Me pidió ayuda. Lo agarré del chaleco y tiré de él hacia el portón. Sentà resistencia en su pierna, asà que alumbré al suelo y vi dedos negros, largos, apretados en la tela. Antonio golpeó la mano con el mango del machete y los dedos se abrieron. Lo levanté y seguimos avanzando. Cuando llegamos al pasillo central oà el golpe de metal al fondo del panteón. Miré hacia la reja vieja y la vi abierta. La soldadura habÃa cedido hacia adentro y por esa entrada venÃan dos cuerpos altos, delgados, con los brazos sueltos y la boca abierta. No traÃan ropa, no tenÃan cabello y avanzaban sin apurarse. Una cabeza colgaba torcida hacia un lado. y la otra figura tenÃa el pecho abierto. Vi los dientes desde lejos, largos, disparejos y húmedos bajo la luz. Antonio quiso seguir directo al portón.
8:48 Yo llevaba la llave apretada en la mano y corrà junto a él, aunque su pierna ya no respondÃa bien. Detrás de nosotros se oÃan pasos sobre la grava, y cada vez estaban más cerca. Sobre el muro aparecieron las luces de la patrulla. Escuché la sirena en la calle y eso nos hizo avanzar con más fuerza. Antonio hablaba entre dientes. Me decÃa que abriera rápido, que venÃan detrás. Llegamos al portón. Me costó meter la llave porque tenÃa las manos sudadas y rÃgidas. Del otro lado estaba el comandante Cruz, acompañado por un policÃa joven. Cruz me ordenó agacharme. Abrà el candado, quité la cadena y empujé una hoja.
9:31 Antonio salió primero, doblado por el dolor. Yo salà después. Cruz apuntó hacia el interior y disparó cuando una figura llegó al claro del portón. La bala le pegó en el pecho. La figura se detuvo, pero siguió de pie, con la boca más abierta y una lengua oscura entre los dientes. Cruz volvió a disparar y el otro policÃa empujó el portón conmigo. Ya casi lo cerrábamos cuando una mano salió entre las barras y agarró a Antonio por la nuca. TenÃa seis dedos, largos, clavados en la piel. Antonio cayó de rodillas, Cruz tiró de su camisa. Yo lo sujeté del brazo izquierdo y el policÃa disparó contra la mano. Dos dedos se rompieron, pero la mano siguió cerrada.
10:18 Antonio quedó pegado al portón. La figura acercó la cara desde dentro. La cabeza no pasó entre las barras, pero los dientes alcanzaron su rostro. le mordieron la mejilla y la sien. Antonio gritó una vez, después el cuerpo perdió fuerza. Cruz vació el cargador y la mano soltó a Antonio y se retiró hacia la oscuridad. El cuerpo quedó afuera sobre el pavimento, con la nuca abierta y seis perforaciones marcadas en la piel. El paramédico llegó después y lo revisó en el suelo y confirmó la muerte sin moverlo de lugar. Cruz cerró el portón con doble cadena, pidió refuerzos y nos apartó de la entrada. Nadie entró en ese momento. Desde la calle escuchamos golpes dentro del panteón, lámina doblándose, piedras moviéndose y voces en varios puntos. Una de esas voces era la de Antonio. VenÃa de adentro, aunque su cuerpo estaba afuera, cubierto hasta el pecho con una sábana. La voz decÃa mi nombre completo y pedÃa que abriera. Cruz la oyó y el paramédico también, pero nadie contestó. Marta llegó acompañada por un trabajador del municipio.
11:33 Al ver a Antonio, se sentó en la banqueta y se cubrió la boca. Cruz le pidió las llaves de oficinas y bodegas. Ella no pudo responder al principio. Yo le dije a Cruz que las llaves principales estaban conmigo y que las demás seguÃan en la caseta. pero decidió esperar más agentes, pues dos policÃas no bastaban para entrar otra vez. Cuando reunieron a más gente, entramos en grupo. Iban policÃas, dos sepultureros, Marta y yo. El portón quedó abierto, con una patrulla alumbrando el camino. Nadie caminó solo. Primero fuimos a la caseta, el monitor tenÃa señal normal. Revisamos la grabación desde el tramo que importaba, pero la imagen se habÃa perdido durante la salida del osario. pero regresó antes del ataque en el portón. En la cámara se veÃa a Antonio cruzar, a Cruz levantar el arma y después la mano entre las barras. La imagen mostraba seis dedos, parte de una cabeza oscura y una boca abierta detrás del metal. Marta vio la grabación y vomitó junto a la puerta. Cruz pidió que nadie tocara el equipo. Después entregaron el disco a la fiscalÃa. Yo firmé una hoja, donde decÃa que la grabación quedaba bajo resguardo. La firmé con la mano temblando, todavÃa con sangre seca en la manga.
12:56 Seguimos hacia el osario. Las puertas estaban arrancadas. HabÃa estantes volteados, cajas abiertas y restos en el piso. La cadena que yo habÃa puesto seguÃa torcida, colgando de una argolla. Y en la tierra habÃa marcas de manos y pies. En la capilla encontramos la banca fuera de lugar, golpes en la puerta y arañazos junto a la ventana. En el pasillo de las tumbas pequeñas habÃa flores aplastadas y tierra removida. El machete de Antonio estaba cerca de una lápida con una sustancia oscura en el mango. Nadie lo tocó hasta que llegaron los peritos. La reja vieja seguÃa abierta y la soldadura estaba doblada hacia adentro. y en el borde del metal quedaron restos de piel gris también revisaron la puerta de servicio pero el candado seguÃa entero afuera no habÃa huellas claras y adentro sobre el metal habÃa marcas de uñas a la altura de mi pecho Cruz anotó cada cosa en una libreta no habló de explicación ni preguntó qué creÃamos sólo pidió fotos y medidas declaré esa mañana luego declaré dos veces más Conté el ataque, la mano, los disparos, las voces desde adentro y la grabación. No usé palabras religiosas. Dije cuerpos, figuras, voces y mordidas. Eso fue lo que vi. En la copia del informe, la muerte de Antonio quedó registrada como ataque de animal no identificado.
14:29 Y la mano de seis dedos no aparecÃa en el resumen. El video quedó anexado. pero el texto decÃa movimiento irregular junto al portón. La viuda de Antonio llegó al mediodÃa, escoltada por una agente. Nadie le mostró el video. Cruz le explicó que la investigación seguÃa abierta y que el cuerpo pasarÃa al médico forense. Ella pidió verlo, asà que le permitieron acercarse solo unos segundos. Después firmó papeles con Marta a un lado, sosteniéndole el brazo. Nadie respondió sus preguntas principales, porque nadie tenÃa una respuesta que pudiera ponerse por escrito. Cruz firmó el reporte. DÃas después me encontró fuera de la comandancia y me dijo que habÃa visto lo mismo y no quiso hablar más. Marta pidió cambio de área y yo renuncié antes de terminar la semana.
15:25 El panteón cerró unos dÃas y luego volvió a abrir por los entierros pendientes. Repararon la reja. Cambiaron candados y pusieron otro reflector. También ordenaron dos guardias cada 3 de noviembre, pero no hicieron más. Conservo una copia de mi primera declaración y la foto que tomé esa noche. La camisa me la devolvieron meses después dentro de una bolsa con sangre de Antonio en la manga. Paso a veces frente al panteón, camino al mercado y veo gente entrando con flores. De dÃa todo sigue funcionando. Yo sé dónde cayó Antonio, sé que mostró la cámara y sé que al cerrar el portón algo queda caminando adentro.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed