March 15, 2026

BRUJERÍA Bajo La Tierra Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:04 Me mudé a esa casa porque ya no me alcanzaba para seguir donde estaba. Vivía con mis dos hijos en un cuarto rentado que cada mes subía un poco más. Y llegó un punto en que tuve que escoger entre seguir pagando ahí o tener dinero para comida, pasajes y lo demás. Una conocida me habló de una casa barata en una colonia vieja, al norte de la ciudad. Y fui a verla ese mismo día. No estaba en buenas condiciones. Pero en ese momento yo ya no estaba buscando algo bonito. Estaba buscando algo que pudiera pagar sin quedarme en cero. La casa era pequeña, con dos cuartos, una cocina angosta, un baño y un patio trasero de tierra dura. En una esquina del patio había una pila de cemento vieja, manchada y cuarteada. Y junto a la barda había tablas, un bote roto, una llanta sin rin y otras cosas que el dueño dijo que luego iba a mandar sacar.

1:02 hizo nunca el techo tenía marcas de humedad las puertas cerraban mal y una de las ventanas del cuarto de atrás estaba parchada con un pedazo de madera aún así cuando vi el precio supe que no iba a encontrar otra cosa así en esos días el dueño era un hombre de unos 50 años serio de esos que contestan lo mínimo me dijo que la casa necesitaba arreglos menores que por eso la estaba dejando barata y que si me interesaba podíamos cerrar de una vez. Ni siquiera me preguntó mucho sobre mí ni sobre mis hijos. Me enseñó rápido los cuartos, abrió las llaves del agua, prendió la luz, me dijo que todo servía y sacó las llaves casi desde antes de que yo terminara de ver. En ese momento lo tomé como prisa normal de alguien que quería rentar.

1:53 No pensé más allá. Le pagué el depósito, me firmó un papel sencillo y me entregó las llaves en la banqueta, como si quisiera dejar el asunto cerrado lo antes posible. Los primeros días fueron normales. Me enfoqué en limpiar y acomodar todo para que los niños se sintieran tranquilos. Barrí tierra acumulada en los cuartos. Trapeé varias veces el piso de la cocina, lavé el baño con cloro, sacudí telarañas de las esquinas y moví al patio cosas que el dueño había dejado adentro. También saqué dos costales viejos, un juguete quebrado, botellas vacías y pedazos de alambre. Mis hijos me ayudaban en ratos, aunque más bien se la pasaban sentados en unas cobijas mientras yo metía orden como podía.

2:40 La colonia era callada. Las casas estaban pegadas unas con otras, la mayoría ya viejas, con bardas altas y ventanas protegidas con rejas. Casi no veía gente en la calle, solo una señora que barría por las mañanas frente a su puerta y un muchacho que pasaba en bicicleta. A veces, cuando yo llegaba del mandado o salía con los niños, alcanzaba a notar que una o dos personas volteaban hacia la casa y luego seguían con lo suyo. No me dijeron nada. pero sí me quedó la sensación de que esa casa les llamaba la atención más de lo normal. El problema empezó con el agua. Los primeros dos días salió bien. Cociné, lave ropa, trapeé, bañé a los niños y no noté nada raro. Fue como al tercer día cuando abrí la llave del fregadero en la mañana para lavar unos platos y me llegó un olor desagradable, como agua guardada mucho tiempo, mezclada con algo podrido. Cerré la llave, la volví a abrir y salió igual. Dejé correr un poco el chorro pensando que sería por las tuberías viejas.

3:46 Bajó un poco el olor y seguí con mis cosas. Más tarde lo noté en el lavabo del baño y al día siguiente en la regadera. A veces el agua salía clara, a veces salía un poco turbia y el olor iba y venía. Compré más cloro, lavé el lavabo, tallé la regadera, eché agua hirviendo en el drenaje del baño y limpié la pila del patio porque pensé que tal vez de ahí venía parte del problema. La pila tenía lama pegada en las esquinas y una línea negra alrededor, como si hubiera pasado mucho tiempo con agua estancada. La lavé dos veces y el olor siguió apareciendo dentro de la casa. Mis hijos fueron los primeros en empezar a quejarse de verdad. El mayor me dijo una tarde que el agua del baño olía feo y que no quería bañarse ahí. La niña me dijo que le ardía la piel después de que le cayó agua en el cuello y en los brazos. Cuando la revisé, le vi unas ronchas pequeñas, rojas, cerca del hombro y en la parte de atrás del brazo. Pensé que podía ser por el calor.

4:52 por el polvo de la casa o por el jabón. Así que cambié el jabón, lavé de nuevo las toallas y empecé a hervir agua para limpiarles algunas cosas. Un día después, el niño amaneció con ronchas parecidas en el pecho y en la espalda. Todavía traté de convencerme de que era una alergia cualquiera. En el norte hace calor, hay polvo, hay casas viejas con humedad y uno siempre busca primero una explicación sencilla. Dejé de darles agua de la llave, compré garrafones, herví lo que usaba para cocinar y les dije que se bañaran rápido, sin quedarse mucho tiempo bajo la regadera. Aún así, el problema siguió creciendo.

5:35 En las noches, empecé a notar cosas que antes no me llamaban la atención. Cuando ya estaba todo apagado y los niños dormidos, se escuchaba movimiento en las tuberías, primero un golpeteo leve y luego un paso de agua más fuerte. como cuando alguien abre una llave en otra parte de la casa. Yo me levantaba a revisar y todo estaba cerrado. Una madrugada fui a la cocina por agua y vi que, en una cubeta que había dejado medio llena, había una capa oscura pegada en el fondo. La vacié, la tallé, la volví a llenar y en la mañana tenía otra vez un sedimento raro. En el lavabo del baño también apareció una mancha oscura cerca del desagüe. y aunque la limpie varias veces, volvía a salir. Después vino la fiebre. Primero, el mayor amaneció caliente y sin ganas de levantarse. Pensé que era por las ronchas o por una infección leve.

6:31 Le di medicamento y lo dejé descansar. Esa misma tarde, la niña empezó con dolor de cuerpo y se quedó dormida sentada en la silla de la cocina, algo que nunca hacía. Cuando les tomé la temperatura a los dos, ya traían fiebre. Al día siguiente los llevé a una clínica cercana. La doctora les revisó la piel, la garganta, los oídos. Les preguntó si habían comido algo distinto, si habían salido al sol mucho rato, si teníamos mascotas o humedad en la casa. Le expliqué lo del agua y me dijo que podía ser una alergia, una irritación por algo del ambiente o una infección común. Pero no me dio una respuesta clara. Nos mandó crema para la piel, medicamento para la fiebre y me pidió observarlos. Salí de ahí más frustrada que tranquila. Yo necesitaba saber qué les estaba haciendo eso, no solo bajarles la temperatura y esperar.

7:27 Cuando volvimos a la casa, abrí el baño para prepararles agua y el olor me pegó de inmediato. Era más fuerte que antes. Abrí la regadera y en cuanto empezó a salir el agua, el vapor levantó ese olor por todo el cuarto. Mi hijo se tapó la nariz y me dijo que no quería meterse ahí, que del drenaje salía un olor que le revolvía el estómago. Mi hija se me pegó a la cintura y me dijo que mejor la limpiara con una toalla mojada, que no quería que le volviera a arder la piel. Esa tarde empecé a mirar la casa de otra manera, ya no como un lugar viejo que podía arreglar con limpieza, sino como el origen de lo que les estaba pasando. Cuando salí a comprar unas cosas, Una señora que vendía bolsas de hielo y refrescos en la esquina me preguntó si yo era la nueva inquilina de la casa de la barda alta.

8:19 Le dije que sí. Se quedó callada unos segundos y luego me dijo que otra familia había estado ahí antes, pero duró poco. Le pregunté por qué y nomás respondió que esa casa siempre daba problemas atrás, señalando con la cabeza hacia el patio. No me explicó más. Le quise sacar otra palabra, pero me dijo que luego hablábamos porque ya venía un cliente. Esa noche, cuando acosté a mis hijos, me fui sola al patio trasero. La tierra seguía dura, reseca en unas partes y más oscura en otras. La pila vieja estaba húmeda por dentro, aunque yo no la había usado en todo el día. Me quedé parada en silencio.

9:00 Respirando ese olor raro que salía mezclado con la humedad de la tierra Mirando la esquina del fondo y la base de la barda No sabía exactamente qué estaba buscando todavía Pero ya tenía claro que el problema no había empezado con nosotros También supe que al día siguiente iba a revisar bien ese patio Porque cada vez estaba más segura de que de ahí venía todo Al día siguiente me levanté antes de que amaneciera por completo casi no dormí. Cada vez que cerraba los ojos me acordaba de lo que me había dicho la señora de la tienda y de esa parte del patio donde la tierra se veía distinta.

9:41 Mis hijos seguían acostados. la piel irritada y la fiebre un poco más baja por el medicamento, pero todavía se veían débiles. El mayor tenía los ojos pesados y el menor no quería ni levantarse. Les dejé agua purificada junto a la cama. Les dije que no salieran al patio y fui por una pala vieja que estaba arrumbada detrás de la pila de cemento. Primero moví lo que estorbaba. Saqué dos cubetas quebradas, unas tablas húmedas, una maceta rota y un costal vacío pegado a la barda. Conforme iba limpiando, el olor se hacía más fuerte en una parte del fondo, justo entre la pila y el muro del vecino. No era solo olor a tierra mojada. Era algo mezclado con drenaje y humedad podrida, como si abajo hubiera agua estancada desde hacía mucho tiempo. Me agaché, hundí un poco la punta de la pala y noté que esa parte del suelo estaba más floja. El resto del patio estaba duro, seco.

10:40 Costaba trabajo romperlo. Ahí no. ahí la tierra cedía con facilidad como si ya la hubieran abierto antes empecé a escarbar despacio saqué tierra negra piedritas y raíces pequeñas no llevaba ni cinco minutos cuando la pala pegó con algo y sonó diferente me agaché metí la mano y sentí vidrio saqué el primer frasco con mucho cuidado y Estaba sucio, lleno de tierra pegada, con la tapa oxidada y la mitad enterrada todavía. Lo limpié con la mano y vi que adentro había mechones de cabello, recortes de uñas, tierra más oscura que la del patio y una foto doblada por la humedad. Se me secó la garganta. Abrí el frasco como pude y saqué la fotografía. Era una familia que yo no conocía. Un hombre, una mujer y una niña, parados frente a esa misma casa. No tuve que pensarlo mucho para entender que eso no era basura enterrada por accidente.

11:41 Seguí escarbando porque en ese punto ya no podía dejarlo así. Saqué otro frasco, luego otro, luego otro más. Todos estaban en la misma zona, algunos más abajo, otros casi pegados al muro. Uno tenía un pedazo de tela amarrado con hilo negro, otro tenía una hoja doblada con un nombre escrito. pero la tinta estaba corrida y apenas se alcanzaban a ver unas letras. En casi todos había cabello, uñas y fotografías. Algunas fotos eran de personas solas, otras de parejas, otras de niños. Ninguna me resultaba conocida. Me puse a hacer una hilera sobre el piso del patio y conforme iba acomodándolos me fui dando cuenta de algo peor. No estaban enterrados de cualquier forma y Estaban colocados con espacio entre uno y otro como siguiendo un orden. Alguien había hecho eso con intención y había vuelto varias veces a ese mismo lugar. Llevaba ya varios frascos afuera cuando saqué uno más pequeño que los demás. Tenía la tapa más nueva y menos óxido. Al verlo me entró un miedo que no había sentido hasta entonces. Lo abrí con los dedos temblando y saqué la foto que traía enrollada. Era una imagen reciente. mis dos hijos estaban en la cocina el día de la mudanza sentados sobre una caja mientras yo acomodaba platos en el fregadero reconocí la ropa de inmediato reconocí también la caja abierta el bote de cloro en el piso y una bolsa de mandado que había dejado

13:13 junto a la puerta esa foto la habían tomado ya estando nosotros ahí no era una imagen vieja que alguien hubiera encontrado era de esos días sentí que me faltaba el aire Solté el frasco y corrí a meterme a la casa. Revisé la puerta principal, luego las ventanas, luego los dos cuartos. Mis hijos seguían ahí. El mayor estaba sentado en la cama, asustado de verme así. Le pregunté si alguien había entrado a la casa, si había visto a alguien, si había escuchado algo en las noches. Me dijo que no sabía si era importante. pero que una madrugada oyó pasos en el patio y pensó que era yo porque había escuchado que se abría la llave del baño.

13:57 Luego me dijo otra cosa que me dejó peor. Me contó que la noche anterior, cuando yo estaba dormida, vio por la ventana del baño una sombra parada del otro lado del vidrio, quieta como esperando. No me quiso despertar porque creyó que era una vecina o alguien pasando. El menor dijo que él también había escuchado algo arrastrándose junto a la barda, pero que le dio miedo levantarse. Volví al patio con una sensación de urgencia que ya me estaba apretando el pecho. Revisé la pila de cemento y luego el registro que estaba cerca del baño. La tapa estaba mal colocada. Al levantarla salió un olor tan fuerte que tuve que cubrirme la nariz con la blusa. Adentro no solo había agua sucia, había restos de tela. Tierra negra apelmazada y mechones de cabello pegados entre el lodo.

14:50 En una orilla del registro vi que una parte del tubo estaba cuarteada y la tierra alrededor estaba húmeda. Ahí entendí por qué el agua olía así y por qué el olor empeoraba de madrugada. Todo eso del patio se estaba filtrando hacia donde pasaba la tubería. No era un problema de uso ni de abandono. Era algo hecho para contaminar la casa desde abajo. No quise seguir sola, así que fui directo con la señora de la tienda. Le llevé uno de los frascos envuelto en una bolsa. Cuando lo vio, cerró la puerta del local y me dijo que ahí había vivido hace años una mujer que hacía trabajos y que, después de irse, todavía regresaba a la casa.

15:32 Me contó que la habían visto entrar por el patio cuando ya nadie vivía ahí, a veces de madrugada, a veces al amanecer. También me dijo que no fuimos la primera familia que se enfermó en esa casa y que otras personas se habían salido rápido. Pero nadie había querido meterse más porque el dueño siempre decía que eran problemas de humedad o de tuberías viejas. Le pregunté por qué no me dijeron antes y solo me respondió que uno no entiende la urgencia hasta que ya está adentro. No regresé a discutir con el dueño. Ya no me importó el dinero. Me fui a la casa, metí ropa, medicamentos, actas, unos cuadernos de los niños y lo poco indispensable en dos bolsas grandes. Saqué los frascos del patio y los dejé sobre la mesa de la cocina, alineados con la foto de mis hijos encima del último. Quería que el dueño los viera y supiera que yo ya había entendido todo.

16:32 Antes de salir, revisé por última vez los cuartos, cerré las llaves del agua y tomé a mis hijos de la mano. Cuando abrí la puerta de la calle, vi a una mujer parada en la otra banqueta a media cuadra. No se movió, solo estaba mirando hacia la casa. No le vi bien la cara porque el sol pegaba de frente, pero supe que nos estaba observando. No me acerqué ni volteé otra vez. Caminé hasta la avenida principal y de ahí me fui con una conocida que me prestó un cuarto unos días. Mis hijos empezaron a mejorar casi de inmediato. La fiebre se les fue bajando, las ronchas dejaron de salir y en menos de una semana ya podían dormir tranquilos.

17:15 Yo no regresé por nada. Perdí muebles, perdí dinero y perdí varias cosas que me costaron trabajo conseguir. Pero no volví a poner un pie en esa casa. Con el tiempo entendí que la renta estaba barata por una razón muy simple. No estaba vacía porque sí. La dejaban disponible porque alguien la seguía usando. Y mientras hubiera gente viviendo ahí, ese trabajo seguía haciéndose solo.