BRUJERÍA Bajo La Tierra Historias De Terror - REDE
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0:04 Me mudé a esa casa porque ya no me alcanzaba para seguir donde estaba. VivÃa con mis dos hijos en un cuarto rentado que cada mes subÃa un poco más. Y llegó un punto en que tuve que escoger entre seguir pagando ahà o tener dinero para comida, pasajes y lo demás. Una conocida me habló de una casa barata en una colonia vieja, al norte de la ciudad. Y fui a verla ese mismo dÃa. No estaba en buenas condiciones. Pero en ese momento yo ya no estaba buscando algo bonito. Estaba buscando algo que pudiera pagar sin quedarme en cero. La casa era pequeña, con dos cuartos, una cocina angosta, un baño y un patio trasero de tierra dura. En una esquina del patio habÃa una pila de cemento vieja, manchada y cuarteada. Y junto a la barda habÃa tablas, un bote roto, una llanta sin rin y otras cosas que el dueño dijo que luego iba a mandar sacar.
1:02 hizo nunca el techo tenÃa marcas de humedad las puertas cerraban mal y una de las ventanas del cuarto de atrás estaba parchada con un pedazo de madera aún asà cuando vi el precio supe que no iba a encontrar otra cosa asà en esos dÃas el dueño era un hombre de unos 50 años serio de esos que contestan lo mÃnimo me dijo que la casa necesitaba arreglos menores que por eso la estaba dejando barata y que si me interesaba podÃamos cerrar de una vez. Ni siquiera me preguntó mucho sobre mà ni sobre mis hijos. Me enseñó rápido los cuartos, abrió las llaves del agua, prendió la luz, me dijo que todo servÃa y sacó las llaves casi desde antes de que yo terminara de ver. En ese momento lo tomé como prisa normal de alguien que querÃa rentar.
1:53 No pensé más allá. Le pagué el depósito, me firmó un papel sencillo y me entregó las llaves en la banqueta, como si quisiera dejar el asunto cerrado lo antes posible. Los primeros dÃas fueron normales. Me enfoqué en limpiar y acomodar todo para que los niños se sintieran tranquilos. Barrà tierra acumulada en los cuartos. Trapeé varias veces el piso de la cocina, lavé el baño con cloro, sacudà telarañas de las esquinas y movà al patio cosas que el dueño habÃa dejado adentro. También saqué dos costales viejos, un juguete quebrado, botellas vacÃas y pedazos de alambre. Mis hijos me ayudaban en ratos, aunque más bien se la pasaban sentados en unas cobijas mientras yo metÃa orden como podÃa.
2:40 La colonia era callada. Las casas estaban pegadas unas con otras, la mayorÃa ya viejas, con bardas altas y ventanas protegidas con rejas. Casi no veÃa gente en la calle, solo una señora que barrÃa por las mañanas frente a su puerta y un muchacho que pasaba en bicicleta. A veces, cuando yo llegaba del mandado o salÃa con los niños, alcanzaba a notar que una o dos personas volteaban hacia la casa y luego seguÃan con lo suyo. No me dijeron nada. pero sà me quedó la sensación de que esa casa les llamaba la atención más de lo normal. El problema empezó con el agua. Los primeros dos dÃas salió bien. Cociné, lave ropa, trapeé, bañé a los niños y no noté nada raro. Fue como al tercer dÃa cuando abrà la llave del fregadero en la mañana para lavar unos platos y me llegó un olor desagradable, como agua guardada mucho tiempo, mezclada con algo podrido. Cerré la llave, la volvà a abrir y salió igual. Dejé correr un poco el chorro pensando que serÃa por las tuberÃas viejas.
3:46 Bajó un poco el olor y seguà con mis cosas. Más tarde lo noté en el lavabo del baño y al dÃa siguiente en la regadera. A veces el agua salÃa clara, a veces salÃa un poco turbia y el olor iba y venÃa. Compré más cloro, lavé el lavabo, tallé la regadera, eché agua hirviendo en el drenaje del baño y limpié la pila del patio porque pensé que tal vez de ahà venÃa parte del problema. La pila tenÃa lama pegada en las esquinas y una lÃnea negra alrededor, como si hubiera pasado mucho tiempo con agua estancada. La lavé dos veces y el olor siguió apareciendo dentro de la casa. Mis hijos fueron los primeros en empezar a quejarse de verdad. El mayor me dijo una tarde que el agua del baño olÃa feo y que no querÃa bañarse ahÃ. La niña me dijo que le ardÃa la piel después de que le cayó agua en el cuello y en los brazos. Cuando la revisé, le vi unas ronchas pequeñas, rojas, cerca del hombro y en la parte de atrás del brazo. Pensé que podÃa ser por el calor.
4:52 por el polvo de la casa o por el jabón. Asà que cambié el jabón, lavé de nuevo las toallas y empecé a hervir agua para limpiarles algunas cosas. Un dÃa después, el niño amaneció con ronchas parecidas en el pecho y en la espalda. TodavÃa traté de convencerme de que era una alergia cualquiera. En el norte hace calor, hay polvo, hay casas viejas con humedad y uno siempre busca primero una explicación sencilla. Dejé de darles agua de la llave, compré garrafones, hervà lo que usaba para cocinar y les dije que se bañaran rápido, sin quedarse mucho tiempo bajo la regadera. Aún asÃ, el problema siguió creciendo.
5:35 En las noches, empecé a notar cosas que antes no me llamaban la atención. Cuando ya estaba todo apagado y los niños dormidos, se escuchaba movimiento en las tuberÃas, primero un golpeteo leve y luego un paso de agua más fuerte. como cuando alguien abre una llave en otra parte de la casa. Yo me levantaba a revisar y todo estaba cerrado. Una madrugada fui a la cocina por agua y vi que, en una cubeta que habÃa dejado medio llena, habÃa una capa oscura pegada en el fondo. La vacié, la tallé, la volvà a llenar y en la mañana tenÃa otra vez un sedimento raro. En el lavabo del baño también apareció una mancha oscura cerca del desagüe. y aunque la limpie varias veces, volvÃa a salir. Después vino la fiebre. Primero, el mayor amaneció caliente y sin ganas de levantarse. Pensé que era por las ronchas o por una infección leve.
6:31 Le di medicamento y lo dejé descansar. Esa misma tarde, la niña empezó con dolor de cuerpo y se quedó dormida sentada en la silla de la cocina, algo que nunca hacÃa. Cuando les tomé la temperatura a los dos, ya traÃan fiebre. Al dÃa siguiente los llevé a una clÃnica cercana. La doctora les revisó la piel, la garganta, los oÃdos. Les preguntó si habÃan comido algo distinto, si habÃan salido al sol mucho rato, si tenÃamos mascotas o humedad en la casa. Le expliqué lo del agua y me dijo que podÃa ser una alergia, una irritación por algo del ambiente o una infección común. Pero no me dio una respuesta clara. Nos mandó crema para la piel, medicamento para la fiebre y me pidió observarlos. Salà de ahà más frustrada que tranquila. Yo necesitaba saber qué les estaba haciendo eso, no solo bajarles la temperatura y esperar.
7:27 Cuando volvimos a la casa, abrà el baño para prepararles agua y el olor me pegó de inmediato. Era más fuerte que antes. Abrà la regadera y en cuanto empezó a salir el agua, el vapor levantó ese olor por todo el cuarto. Mi hijo se tapó la nariz y me dijo que no querÃa meterse ahÃ, que del drenaje salÃa un olor que le revolvÃa el estómago. Mi hija se me pegó a la cintura y me dijo que mejor la limpiara con una toalla mojada, que no querÃa que le volviera a arder la piel. Esa tarde empecé a mirar la casa de otra manera, ya no como un lugar viejo que podÃa arreglar con limpieza, sino como el origen de lo que les estaba pasando. Cuando salà a comprar unas cosas, Una señora que vendÃa bolsas de hielo y refrescos en la esquina me preguntó si yo era la nueva inquilina de la casa de la barda alta.
8:19 Le dije que sÃ. Se quedó callada unos segundos y luego me dijo que otra familia habÃa estado ahà antes, pero duró poco. Le pregunté por qué y nomás respondió que esa casa siempre daba problemas atrás, señalando con la cabeza hacia el patio. No me explicó más. Le quise sacar otra palabra, pero me dijo que luego hablábamos porque ya venÃa un cliente. Esa noche, cuando acosté a mis hijos, me fui sola al patio trasero. La tierra seguÃa dura, reseca en unas partes y más oscura en otras. La pila vieja estaba húmeda por dentro, aunque yo no la habÃa usado en todo el dÃa. Me quedé parada en silencio.
9:00 Respirando ese olor raro que salÃa mezclado con la humedad de la tierra Mirando la esquina del fondo y la base de la barda No sabÃa exactamente qué estaba buscando todavÃa Pero ya tenÃa claro que el problema no habÃa empezado con nosotros También supe que al dÃa siguiente iba a revisar bien ese patio Porque cada vez estaba más segura de que de ahà venÃa todo Al dÃa siguiente me levanté antes de que amaneciera por completo casi no dormÃ. Cada vez que cerraba los ojos me acordaba de lo que me habÃa dicho la señora de la tienda y de esa parte del patio donde la tierra se veÃa distinta.
9:41 Mis hijos seguÃan acostados. la piel irritada y la fiebre un poco más baja por el medicamento, pero todavÃa se veÃan débiles. El mayor tenÃa los ojos pesados y el menor no querÃa ni levantarse. Les dejé agua purificada junto a la cama. Les dije que no salieran al patio y fui por una pala vieja que estaba arrumbada detrás de la pila de cemento. Primero movà lo que estorbaba. Saqué dos cubetas quebradas, unas tablas húmedas, una maceta rota y un costal vacÃo pegado a la barda. Conforme iba limpiando, el olor se hacÃa más fuerte en una parte del fondo, justo entre la pila y el muro del vecino. No era solo olor a tierra mojada. Era algo mezclado con drenaje y humedad podrida, como si abajo hubiera agua estancada desde hacÃa mucho tiempo. Me agaché, hundà un poco la punta de la pala y noté que esa parte del suelo estaba más floja. El resto del patio estaba duro, seco.
10:40 Costaba trabajo romperlo. Ahà no. ahà la tierra cedÃa con facilidad como si ya la hubieran abierto antes empecé a escarbar despacio saqué tierra negra piedritas y raÃces pequeñas no llevaba ni cinco minutos cuando la pala pegó con algo y sonó diferente me agaché metà la mano y sentà vidrio saqué el primer frasco con mucho cuidado y Estaba sucio, lleno de tierra pegada, con la tapa oxidada y la mitad enterrada todavÃa. Lo limpié con la mano y vi que adentro habÃa mechones de cabello, recortes de uñas, tierra más oscura que la del patio y una foto doblada por la humedad. Se me secó la garganta. Abrà el frasco como pude y saqué la fotografÃa. Era una familia que yo no conocÃa. Un hombre, una mujer y una niña, parados frente a esa misma casa. No tuve que pensarlo mucho para entender que eso no era basura enterrada por accidente.
11:41 Seguà escarbando porque en ese punto ya no podÃa dejarlo asÃ. Saqué otro frasco, luego otro, luego otro más. Todos estaban en la misma zona, algunos más abajo, otros casi pegados al muro. Uno tenÃa un pedazo de tela amarrado con hilo negro, otro tenÃa una hoja doblada con un nombre escrito. pero la tinta estaba corrida y apenas se alcanzaban a ver unas letras. En casi todos habÃa cabello, uñas y fotografÃas. Algunas fotos eran de personas solas, otras de parejas, otras de niños. Ninguna me resultaba conocida. Me puse a hacer una hilera sobre el piso del patio y conforme iba acomodándolos me fui dando cuenta de algo peor. No estaban enterrados de cualquier forma y Estaban colocados con espacio entre uno y otro como siguiendo un orden. Alguien habÃa hecho eso con intención y habÃa vuelto varias veces a ese mismo lugar. Llevaba ya varios frascos afuera cuando saqué uno más pequeño que los demás. TenÃa la tapa más nueva y menos óxido. Al verlo me entró un miedo que no habÃa sentido hasta entonces. Lo abrà con los dedos temblando y saqué la foto que traÃa enrollada. Era una imagen reciente. mis dos hijos estaban en la cocina el dÃa de la mudanza sentados sobre una caja mientras yo acomodaba platos en el fregadero reconocà la ropa de inmediato reconocà también la caja abierta el bote de cloro en el piso y una bolsa de mandado que habÃa dejado
13:13 junto a la puerta esa foto la habÃan tomado ya estando nosotros ahà no era una imagen vieja que alguien hubiera encontrado era de esos dÃas sentà que me faltaba el aire Solté el frasco y corrà a meterme a la casa. Revisé la puerta principal, luego las ventanas, luego los dos cuartos. Mis hijos seguÃan ahÃ. El mayor estaba sentado en la cama, asustado de verme asÃ. Le pregunté si alguien habÃa entrado a la casa, si habÃa visto a alguien, si habÃa escuchado algo en las noches. Me dijo que no sabÃa si era importante. pero que una madrugada oyó pasos en el patio y pensó que era yo porque habÃa escuchado que se abrÃa la llave del baño.
13:57 Luego me dijo otra cosa que me dejó peor. Me contó que la noche anterior, cuando yo estaba dormida, vio por la ventana del baño una sombra parada del otro lado del vidrio, quieta como esperando. No me quiso despertar porque creyó que era una vecina o alguien pasando. El menor dijo que él también habÃa escuchado algo arrastrándose junto a la barda, pero que le dio miedo levantarse. Volvà al patio con una sensación de urgencia que ya me estaba apretando el pecho. Revisé la pila de cemento y luego el registro que estaba cerca del baño. La tapa estaba mal colocada. Al levantarla salió un olor tan fuerte que tuve que cubrirme la nariz con la blusa. Adentro no solo habÃa agua sucia, habÃa restos de tela. Tierra negra apelmazada y mechones de cabello pegados entre el lodo.
14:50 En una orilla del registro vi que una parte del tubo estaba cuarteada y la tierra alrededor estaba húmeda. Ahà entendà por qué el agua olÃa asà y por qué el olor empeoraba de madrugada. Todo eso del patio se estaba filtrando hacia donde pasaba la tuberÃa. No era un problema de uso ni de abandono. Era algo hecho para contaminar la casa desde abajo. No quise seguir sola, asà que fui directo con la señora de la tienda. Le llevé uno de los frascos envuelto en una bolsa. Cuando lo vio, cerró la puerta del local y me dijo que ahà habÃa vivido hace años una mujer que hacÃa trabajos y que, después de irse, todavÃa regresaba a la casa.
15:32 Me contó que la habÃan visto entrar por el patio cuando ya nadie vivÃa ahÃ, a veces de madrugada, a veces al amanecer. También me dijo que no fuimos la primera familia que se enfermó en esa casa y que otras personas se habÃan salido rápido. Pero nadie habÃa querido meterse más porque el dueño siempre decÃa que eran problemas de humedad o de tuberÃas viejas. Le pregunté por qué no me dijeron antes y solo me respondió que uno no entiende la urgencia hasta que ya está adentro. No regresé a discutir con el dueño. Ya no me importó el dinero. Me fui a la casa, metà ropa, medicamentos, actas, unos cuadernos de los niños y lo poco indispensable en dos bolsas grandes. Saqué los frascos del patio y los dejé sobre la mesa de la cocina, alineados con la foto de mis hijos encima del último. QuerÃa que el dueño los viera y supiera que yo ya habÃa entendido todo.
16:32 Antes de salir, revisé por última vez los cuartos, cerré las llaves del agua y tomé a mis hijos de la mano. Cuando abrà la puerta de la calle, vi a una mujer parada en la otra banqueta a media cuadra. No se movió, solo estaba mirando hacia la casa. No le vi bien la cara porque el sol pegaba de frente, pero supe que nos estaba observando. No me acerqué ni volteé otra vez. Caminé hasta la avenida principal y de ahà me fui con una conocida que me prestó un cuarto unos dÃas. Mis hijos empezaron a mejorar casi de inmediato. La fiebre se les fue bajando, las ronchas dejaron de salir y en menos de una semana ya podÃan dormir tranquilos.
17:15 Yo no regresé por nada. Perdà muebles, perdà dinero y perdà varias cosas que me costaron trabajo conseguir. Pero no volvà a poner un pie en esa casa. Con el tiempo entendà que la renta estaba barata por una razón muy simple. No estaba vacÃa porque sÃ. La dejaban disponible porque alguien la seguÃa usando. Y mientras hubiera gente viviendo ahÃ, ese trabajo seguÃa haciéndose solo.
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