Alguien Estaba Esperando Mi Caída
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0:05 Antes de que todo empezara, mi vida era sencilla. Trabajaba en una oficina en la ciudad, en un área llena de escritorios, computadoras y ruido de teclados todo el dÃa. Mi lugar estaba junto a una ventana que daba a otro edificio. Entraba, encendÃa la computadora, revisaba correos, contestaba pendientes y asà se me iba la jornada. TenÃa años en ese trabajo. ConocÃa el sistema, conocÃa a los compañeros, conocÃa las temporadas pesadas y las flojas. Era una rutina clara y, en cierto modo, cómoda. VivÃa solo en un departamento chico a unos minutos de la oficina. Un cuarto, sala y cocina juntos. Baño pequeño, pero suficiente para mÃ. Me levantaba, me bañaba, me vestÃa y pasaba por un café de máquina y llegaba a tiempo. ComÃa lo que se podÃa, a veces algo del comedor de la empresa, a veces comida corrida. Regresaba a casa, calentaba algo sencillo, revisaba un rato el celular y me acostaba a dormir. Antes de todo esto no tenÃa problemas de salud, no tomaba medicinas, casi no me enfermaba y no padecÃa dolores raros. Me consideraba una persona estable, sin pleitos fuertes con nadie. Las cosas cambiaron. cuando llegó la compañera nueva, la contrataron para el área donde estaba yo, era una joven de unos veintitantos años, de estatura media, cabello oscuro y lacio, siempre
1:37 recogido en una coleta o en un chongo sencillo, se vestÃa con ropa formal, blusas lisas, pantalones negros, zapatos cómodos, seria de apariencia, pero desde el primer dÃa fue muy amable conmigo, me saludó con una sonrisa, se presentó, Me dijo que todavÃa no entendÃa bien el sistema y que si podÃa le explicara algunas cosas. Al principio se acercaba con pretextos de trabajo. Se paraba junto a mi escritorio con una hoja en la mano y me preguntaba cómo llenar cierta parte de algún documento, pero siempre pláticas rápidas. Después los acercamientos cambiaron. Una mañana llegó con dos cafés desechables y dejó uno en mi escritorio. Dijo que se habÃa confundido al pedir y que le sobraba. Otro dÃa fue un pan dulce, luego un chocolate. Comentaba que habÃa comprado de más o que le habÃan regalado varios y no querÃa que se echaran a perder. Con el tiempo empezó a llevar comida hecha en su casa. Un dÃa llegó con un recipiente de plástico lleno de arroz con pollo.
2:45 Me dijo que su mamá cocinaba mucho y que le habÃa mandado de sobra. Luego llegó con postres. Me comentaba que a ella le gustaba cocinar, que se relajaba preparando cosas y que le parecÃa mala idea que yo comiera cualquier cosa en la calle. Yo lo tomé como una atención y me convenÃa. Cuando coincidÃamos en el horario, comÃamos juntos en la zona de descanso. Ahà empezó a preguntarme más cosas, ya no solo de trabajo. Me preguntó si vivÃa solo o con alguien más. Le dije que vivÃa solo y quiso saber si tenÃa pareja, si mi familia vivÃa en la misma ciudad o en otra, y en qué colonia vivÃa o cuánto tiempo tenÃa en ese departamento.
3:29 De paso, me preguntó mi fecha de nacimiento según ella para saber mi signo. También querÃa saber qué me gustaba hacer en mis ratos libres, si salÃa mucho, si tomaba o si me gustaban las fiestas. Lo hizo con naturalidad. como si fueran pláticas comunes. Yo respondà sin desconfianza, pues la verdad no vi problema en eso. Me llamó la atención que casi siempre traÃa una libreta pequeña, la usaba para apuntar cosas del trabajo, pero varias veces noté que escribÃa algo, mientras hablábamos de temas personales. No me detuve a preguntar qué anotaba, lo registré en mi mente como un detalle curioso y lo dejé pasar. Con el tiempo empecé a notar otras cosas en su escritorio. Un dÃa, al buscar una engrapadora que me pidió prestada, vi que en uno de sus cajones tenÃa velas guardadas, envueltas en papel.
4:25 A un lado habÃa un frasco con sal y unos papeles doblados. Pensé que serÃan cosas de su casa, que no querÃa dejar tiradas en la bolsa. Cerré el cajón y seguà con lo mÃo. Varias veces la escuché hablar por teléfono en voz baja. DecÃa que tenÃa reunión con las chicas, o que ya casi estaba listo lo que le encargaron. No mencionaba nombres ni lugares conocidos. Yo escuchaba eso de fondo, pero sin darle mayor peso. Los cambios en mi cuerpo empezaron después de varias semanas, de estar comiendo lo que ella me llevaba. Primero fue el cansancio. Terminaba la jornada con una pesadez extra, como si el dÃa hubiera sido más largo. Luego el sueño. DormÃa muchas horas, pero me despertaba como si no hubiera descansado. El dolor de cabeza se hizo constante. No era un dolor agudo, sino una presión, como si trajera una banda ajustada alrededor del cráneo. Después llegó una sensación rara en el cuerpo, sobre todo después de comer. Pesadez, náuseas leves y una especie de malestar general. Me di cuenta de que eso se repetÃa. más los dÃas en que aceptaba su comida.
5:43 Los dÃas en que comÃa algo comprado fuera me sentÃa un poco mejor. No hice la conexión de inmediato, pero la coincidencia estaba ahÃ. Las noches también cambiaron. Empecé a tener sueños donde ella aparecÃa. En uno de ellos estaba sentado frente a una mesa que no reconocÃa. Frente a mà estaba ella, con la misma ropa de oficina, pero a su alrededor habÃa otras mujeres. No las veÃa con claridad, pero sabÃa que estaban ahÃ, sentadas, mirando. En otro sueño estaba en la oficina, pero todos los escritorios estaban vacÃos menos el de ella. Sobre el mÃo habÃa platos, recipientes, servilletas con manchas, como si hubieran servido comida ahÃ. Me despertaba sudando con el corazón acelerado y la sensación de haber estado metido en algo que no entendÃa. En la oficina empezó a haber detalles más concretos. Un dÃa, al acomodar mis cosas, encontré una servilleta en mi cubÃculo, con mi nombre escrito varias veces en distintas direcciones. La letra parecÃa la de ella. Me pareció un juego raro, pero no dije nada. Otro dÃa, al pasar por su lugar, vi que en la superficie de su escritorio tenÃa una foto mÃa impresa. Era una foto que yo habÃa subido a mis redes sociales. Le pregunté qué hacÃa con esa foto.
7:09 Se rió y dijo que la habÃa impreso por juego, que le parecÃa curiosa mi cara. No la tiró en ese momento, solo la puso debajo de unos papeles. Eso me incomodó de verdad. Lo disimulé, pero me quedó dando vueltas en la cabeza. Un compañero de Aria medio burlón me dijo que a ella se le notaba el interés, que parecÃa que querÃa algo más conmigo. El comentario me hizo ruido porque encajaba con los detalles, pero en ese momento yo estaba más pendiente de cómo me sentÃa fÃsicamente. Cada vez que comÃa algo preparado por ella terminaba la tarde con la cabeza doliendo y con ganas de recostarme sobre el teclado. Me miraba en el espejo del baño y veÃa ojeras marcadas, el semblante apagado como si hubiera pasado varias noches en vela. Empecé a rechazarle algunos platillos.
8:02 Le decÃa que ya habÃa comido o que tenÃa algo pendiente. Ella insistÃa. Me decÃa que era una lástima tirar la comida, que al menos me la llevara a mi casa para más tarde. La tarde que lo entendà un poco más, estaba buscando un documento en mi escritorio. Abrà un cajón que casi no usaba, donde tenÃa papeles viejos y cosas que rara vez tocaba. Entre todo eso, vi una bolsa escondida, metida al fondo. No era algo mÃo. La tomé y sentà que estaba cerrada, con algo de tierra y objetos duros dentro. En ese instante, se me hizo un nudo en el estómago. no la abrà ahà en medio de la oficina, la guardé en mi mochila, cerré el cajón y terminé el dÃa como pude, mientras apagaba la computadora y me ponÃa la chamarra, supe que todo lo que habÃa sentido y visto alrededor de esa compañera ya no entraba en la categorÃa de simple interés y comida por amabilidad, algo más se estaba moviendo y la prueba la llevaba guardada conmigo, Esa bolsa se quedó en mi mente todo el camino de la oficina a mi departamento. Casi no recuerdo el trayecto. Llegué, cerré la puerta con seguro y me fui directo a la mesa del comedor. Saqué la bolsa de la mochila y la puse frente a mÃ.
9:22 Me quedé viéndola unos segundos, pensando si querÃa de verdad saber qué tenÃa. Al final, la curiosidad y el miedo fueron iguales, asà que la abrà con cuidado. Era una bolsa simple, de plástico cerrada con cinta. La abrà despacio y vacié el contenido sobre la mesa. Lo primero que cayó fue tierra oscura, seca en unas partes y pegada en otras. Entre la tierra salieron granos de sal, gruesos, que hicieron ruido al chocar con la mesa. Luego vi papeles doblados. Los fui abriendo uno por uno, y en todos estaba escrito mi nombre completo. repetido varias veces con la misma letra apretada. Algunos tenÃan partes manchadas, como si los hubieran mojado y secado después. Entre esos papeles apareció un recorte de una foto mÃa. Era la misma foto que habÃa visto en su escritorio, esa que sacó de mis redes sociales. La habÃan recortado alrededor de mi cara, y el borde estaba sucio, con tierra pegada. Seguà revisando y encontré pedazos de hilo negro y rojo, atados en nudos duros. Al final salió un trozo pequeño de tela.
10:36 Lo tomé y lo miré de cerca. Reconocà la tela al instante, pues era de una camisa mÃa, que un dÃa vi con una parte cortada en la parte de abajo. Pensé que la habÃa atorado con algo. o que se habÃa rasgado en la lavadora, pero ahora tenÃa ese pedazo delante de mÃ, suelto y manchado. Me quedé viendo todo eso extendido en la mesa. De verdad que nada de eso debÃa existir fuera de mi casa, y mucho menos en una bolsa escondida en un cajón de la oficina. Yo no armé eso, yo no lo puse ahÃ, y nadie más tenÃa por qué meter mano en mis cosas. En ese momento todo se juntó en la cabeza. La comida que me llevaba, las preguntas sobre mi vida, el cansancio que no se quitaba, los mareos y los sueños.
11:27 Ahà se me vino a la mente, eso era brujerÃa. No me lo tomé como chiste, ni como exageración de pueblo. Ahà estaba, sobre mi mesa. No me sentà capaz de manejar eso solo. Pensé en mi familia y se me vino a la mente. Una tÃa que siempre ha hablado de esos temas con seriedad, sin burlarse, pero sin hacer teatro. Le marqué y le conté lo que me estaba pasando, desde que comencé a aceptar la comida de la compañera, de cómo me sentÃa cansado, los dolores de cabeza y los sueños raros. Luego le describà la bolsa que encontré en mi cajón del escritorio, la tierra, la sal y todo eso. Me escuchó en silencio y luego me dijo directo, que eso era un trabajo de brujerÃa, usó esa palabra.
12:17 Dijo que no sonaba a un simple intento de enamorarme, sino a algo más fuerte. Me comentó que era muy probable que esa muchacha no trabajara sola, que perteneciera a un grupo de mujeres que se juntan para eso. Me dijo que no me quedara solo con esa información y me propuso llevarme con una bruja o curandera que ella conocÃa desde hacÃa años. Aclaró que no era de las que se anuncian en todos lados, que solo atendÃa a quien llegaba por recomendación. Acepté, y al dÃa siguiente fuimos a verla. Su casa estaba en una colonia sencilla. Al entrar, vi en una esquina un altar pequeño con velas consumidas, un vaso con agua y unas cuantas imágenes religiosas. La mujer me miró desde que crucé la puerta. Era de edad avanzada, de piel marcada, con el cabello recogido. Me indicó una silla frente a la mesa. Me preguntó cómo me sentÃa, desde cuándo estaba asà y qué me habÃan dicho los médicos. Le conté lo básico, cansancio, mareos, dolores y estudios normales. Después saqué la bolsa y le mostré el contenido. Ella no se sorprendió y fue sacando las cosas que habÃa en ella y las fue acomodando sobre la mesa como si armara un esquema. Dijo que eso estaba muy claro. y me afirmó que no se trataba de que la compañera quisiera solo tener mi atención, sino
13:47 de prepararme para algo. Me explicó que ese tipo de trabajos los hacen cuando necesitan a alguien debilitado, aislado, sin mucha gente encima de él, fácil de controlar y de mover. Me preguntó si vivÃa solo, le dije que sÃ. Me preguntó si mi familia estaba en la misma ciudad, y le dije que no. Me preguntó si alguien pasaba a verme a la oficina. Le dije que nadie, y ella asintió y dijo que justo por eso era el candidato perfecto. Luego vino la limpia, se levantó, encendió una vela y pasó la flama alrededor de mi cuerpo, de la cabeza a los pies. Después tomó un huevo, lo giró entre sus manos y lo pasó por mi frente, y asà por todo el cuerpo completo. Encendió unas hierbas sobre un carbón y el humo empezó a llenar la habitación. Me pidió que cerrara los ojos y respirara despacio. El cuerpo reaccionó.
14:48 Me empezaron náuseas. El estómago se me revolvió y sentà escalofrÃos. Me dieron una cubeta por si tenÃa que vomitar. Al poco rato saqué un lÃquido espeso que me dejó temblando. Me dolÃa la cabeza y sentÃa las piernas flojas, pero La mujer me dijo que eso era parte de lo que habÃa entrado con la comida y con las cosas que habÃan puesto en mis pertenencias. Puso el huevo en un vaso con agua y lo miró con atención. No entendà lo que vio, pero afirmó que el trabajo ya estaba avanzado, aunque no cerrado del todo. Dijo que estaba a tiempo de salir, pero que tenÃa que hacerlo bien. Me aclaró que esa bruja no estaba sola. que pertenecÃa a un cÃrculo de brujas que se juntan para trabajos más pesados. Dijo que por eso hablaba de reuniones, que por eso decÃa que ya casi lo tenÃa listo. Me aseguró que mientras yo siguiera comiendo lo que me daba y trabajando en el mismo lugar, ellas tendrÃan forma de seguir alimentando ese trabajo. Regresé a la oficina unos dÃas después, pero con otra mirada. Ya no veÃa a la compañera solo como alguien amable, La veÃa como la bruja que era, y la persona que habÃa sentado delante de mi cubÃculo, una bolsa con mi nombre, mi foto y mi ropa, mezcladas con tierra y sal. Empecé a escuchar con más atención lo que decÃa. Un dÃa la oà hablar por teléfono y decir que no faltaba mucho, que él ya
16:19 estaba muy cansado y que solo tenÃan que esperar la siguiente reunión. No dijo mi nombre, pero en ese momento no me hizo falta escucharlo. Una tarde la vi salir de la oficina con una bolsa grande. La seguÃa a distancia. No quise acercarme demasiado para que no me viera. Tomó un transporte y bajó en una colonia que no conocÃa. Caminó hasta una casa de fachada simple. Desde la esquina vi cómo tocaba la puerta y cómo la abrÃan otras mujeres. Entró sin voltear atrás y poco después llegaron dos más, también con bolsas, pero no me quedé a ver más, con esa imagen me bastó. Volvà con la bruja y le conté lo que habÃa escuchado y visto. Ella no se sorprendió, me dijo que lo peor que podÃa hacer era enfrentarla o decirle que sabÃa lo que estaba haciendo.
17:11 Me afirmó que ellas viven de eso, que no van a aceptar un no asà de fácil. Me dijo que mi salida no estaba en pelear. sino en irme de ahÃ, cambiar de trabajo, de zona y de ciudad si era posible. En pocas palabras, cortar todo contacto. Dijo que podÃa ayudarme a limpiar lo que ya estaba en mi cuerpo, pero que mientras yo siguiera viéndola todos los dÃas, siempre encontrarÃa la manera de seguir metiendo cosas en mi vida. Esa noche decidà irme. Preparé una renuncia, con la excusa de una oferta en otra ciudad, Hablé con un primo que vivÃa lejos y le pedà apoyo para llegar unos dÃas con él, en lo que encontraba un lugar. En el departamento empecé a separar lo que de verdad necesitaba. Ropa, documentos y algunas cosas personales. Lo demás lo guardé o lo dejé. No quise llevarme nada que hubiera estado demasiado tiempo en la oficina. Entregué mi renuncia en recursos humanos, sin mencionar brujerÃa ni trabajos. Dije que era una oportunidad que no podÃa dejar pasar. Ese mismo dÃa cambié de número de teléfono y en mis redes sociales borré a la compañera y desaparecà cualquier forma de contacto. No pasé a despedirme a su lugar. Solo salà de ahà como cualquier otro dÃa, pero con la decisión tomada. En el camión que me llevó a la otra ciudad sentà una mezcla rara. Por momentos pensaba que estaba exagerando, que quizá
18:43 todo tenÃa otra explicación. Luego recordaba lo que me habÃa hecho esa bruja, que querÃa acabar con mi vida, los sÃntomas y los dolores, y me repetà que preferÃa parecer exagerado y estar vivo, que seguir ahà hasta ver en qué acababa todo eso. En la nueva ciudad empecé de cero, conseguà un trabajo en otra oficina, con gente que no sabÃa nada de lo que me habÃa pasado. renté un departamento sencillo y armé una rutina parecida a la que tenÃa antes, pero con otra cabeza. Mi cuerpo respondió, el cansancio empezó a bajar, los mareos casi desaparecieron y los dolores de cabeza se hicieron menos frecuentes. DormÃa sin ver mesas llenas de platos, ni mujeres sentadas alrededor. Fui con médicos y me dijeron que estaba bien, que no veÃan nada grave. El miedo, en cambio, no se fue del todo.
19:38 Cada vez que alguna compañera nueva se muestra demasiado amable y me ofrece comida, una parte de mà se tensa. Ya no acepto platos preparados por gente que apenas conozco. Ya no cuento mi vida a cualquiera. Y cada vez que abro un cajón en mi trabajo, en cualquier oficina, antes de buscar papeles, reviso que no haya una bolsa escondida entre mis cosas, con mi nombre escrito adentro. Porque sé, por experiencia propia, que a veces el peligro no llega con gritos ni golpes. sino con una sonrisa y un plato de comida caliente. Si te gustó este video, te recomiendo ir a ver La curandera bruja y también La bruja que maldijo a toda una colonia.
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