ALGUIEN EMPEZÓ A AHOGARSE EN UNA CISTERNA VACÍA… Y LO GRABÉ
0:02 Hola familia, este relato lleva más de dos años guardado esperando su turno y decidimos sacarlo hoy mismo. Espero que lo disfruten. La cisterna vacÃa. Llevo 15 años guardando una grabación que hice en el patio de mi casa. Se oye agua moviéndose y, al fondo, un hombre que dice, se me está yendo. Cuando grabé eso, acabábamos de vaciar la cisterna. Un plomero habÃa bajado a limpiarla. Pasó en mayo de 2011. Yo tenÃa 20 años, trabajaba en una ferreterÃa y vivÃa con mi mamá en Aguascalientes. Ella preparaba comidas para dos talleres de la colonia. Desde temprano tenÃa las ollas en la lumbre y los recipientes acomodados sobre la mesa. La cisterna estaba en el patio junto al lavadero.
0:54 TenÃa una tapa de fierro que se levantaba con dos asas. Por ahà pasábamos para llegar al baño de atrás y al tendedero. Yo habÃa crecido en esa casa y ayudaba a mi mamá a sacar agua con una cubeta cuando fallaba la bomba. El lunes de esa semana escuchamos los primeros golpes. Yo estaba lavándome las manos para desayunar. Sonaron debajo de mis pies, tres golpes separados. Mi mamá salió de la cocina con un trapo en la mano. Otra vez el flotador, dijo. Ãltimamente la cisterna se llenaba de más. Ella ya habÃa apartado una mañana con el señor que nos arreglaba la bomba. Quedó de ir el miércoles. Levanté la tapa. El agua estaba casi hasta arriba. Movà la varilla del flotador con un palo, como habÃa visto hacer al plomero. Los golpes pararon. El martes, al regresar del trabajo, encontré a mi mamá sentada en la cocina con la puerta del patio cerrada. Me preguntó si habÃa vuelto a la casa durante la tarde. Le dije que habÃa comido en la ferreterÃa. Según ella, mientras lavaba una olla, escuchó que alguien decÃa,« Ayúdame». Pensó que yo estaba revisando la cisterna.
2:07 Se acercó al borde y preguntó qué habÃa pasado. La voz volvió a pedir ayuda. Mi mamá me dijo que habÃa sonado como una persona hablando con la boca pegada a la pared. Se entendÃan las palabras, pero costaba reconocer la voz. Fui a preguntar a la vecina. Su ventana daba a nuestro patio y muchas veces escuchábamos su televisión. TenÃa a sus nietos en casa. Esa tarde habÃan estado viendo caricaturas. Volvà y se lo conté a mi mamá. El miércoles llegó el plomero. Sacó el agua con una bomba y una manguera que atravesaba la casa hasta la calle. Después bajó por una escalera, barrió el sedimento y cambió el flotador. yo le pasaba las herramientas desde arriba le pregunté si por ahà podÃa escucharse la televisión de al lado me dijo que una cisterna vacÃa hacÃa mucho eco mientras hablaba desde abajo su voz se oÃa más gruesa eso me tranquilizó cuando terminó dejó abierta la entrada del agua a nuestra calle le llegaba durante la noche asà que tardarÃa varias horas en volver a llenarse mi mamá le pagó y lo acompañó a la puerta yo estaba enrollando una extensión cuando escuché un chapoteo me asomé habÃa un poco de humedad en las esquinas y las marcas de la escoba sobre el piso el ruido volvió a sonar parecÃa que alguien estaba revolviendo el agua con los brazos llamé a mi mamá ella se quedó a mi
3:40 lado sujetando el trapo con el que habÃa envuelto unas tortillas los dos escuchamos a un hombre hablar desde abajo saqué mi celular uno de teclas que tenÃa grabadora, y lo acerqué a la abertura. Mi mamá me pedÃa que alumbrara otra vez. Mientras yo sostenÃa el teléfono, ella metió la luz de una lámpara hacia el fondo. La voz alcanzó a decir aquella frase. Guardé la grabación y me quedé mirando el piso de la cisterna. Entonces escuché. Sácame. Era la voz de mi mamá. Ella estaba junto a mÃ. Me apretó el brazo con tanta fuerza que me dejó las uñas marcadas. La voz de abajo repitió la palabra, ahora con dificultad como si estuviera tragando algo. Mi mamá me jaló hacia la cocina. Tápala, me dijo, y vámonos con tu tÃa. Esa noche dormimos allá. Mi tÃa escuchó el audio en su teléfono porque se lo mandé. Me pidió que lo pusiera otra vez. Acabó preguntando si el plomero habÃa dejado algo encendido. Yo le dije que la bomba de la casa estaba desconectada. Mi mamá se quedó callada durante toda esa conversación. Cuando mi tÃa salió a comprar pan, me preguntó,¿ tú también me oÃste, verdad? Le dije que sÃ. El jueves buscamos a un albañil. Mi mamá querÃa poner un tinaco en el patio y rellenar la cisterna. La casa era suya y tenÃa unos ahorros guardados para cambiar el techo de la cocina. Decidió usar
5:11 ese dinero. El albañil fue a verla conmigo. Levantó la tapa, midió la abertura y calculó el material. El agua ya habÃa vuelto a entrar durante la noche. Me preguntó por qué querÃamos quitarla si todavÃa servÃa. Le puse la grabación, acercó el teléfono al oÃdo y luego me lo devolvió. Entonces el tinaco lo quieres aquÃ, junto al lavadero. Le señalé el lugar. Quedamos para el viernes. Primero, iban a instalar el tinaco y pasarle parte del agua. Después vaciarÃan lo demás para empezar a rellenar. Mi mamá y yo volvimos esa mañana. Ella necesitaba recoger recipientes para seguir cocinando en casa de mi tÃa. El albañil llevó a un ayudante.
5:59 Quitaron la tapa y la recargaron contra la pared. Dejaron una manguera tendida por el patio mientras preparaban la bomba. Yo estaba en la entrada ayudando a meter el tinaco por la puerta. cuando escuché un golpe y después el agua. El ayudante gritó. Solté el tinaco y corrÃ. Mi mamá estaba dentro de la cisterna. Le veÃa un brazo y la parte de atrás de la cabeza. El agua se movÃa alrededor de ella. Me tiré al piso y estiré la mano, pero quedaba demasiado abajo. Me metà por la abertura. El agua me llegó al pecho. Agarré a mi mamá por debajo de los brazos y traté de levantarle la cara.
6:40 TenÃa sangre en el pelo junto a la frente. Cuando conseguà apoyarla contra mÃ, abrió los ojos. Sácame, me dijo. El albañil estaba bajando la escalera. Yo intentaba acercarla a los peldaños, pero los pies se me resbalaban en el piso. Mi mamá me habÃa agarrado de la camisa. Sentà como sus dedos fueron aflojándose. Empecé a gritar. El albañil se inclinó desde la escalera para tomarla de los brazos. Durante unos segundos, los dos tiramos de ella en direcciones distintas. Su cara volvió a tocar el agua y yo la levanté como pude, sujetándola del cuello y la espalda. El ayudante se asomó desde arriba y entre los tres conseguimos sacarla.
7:25 Cuando subÃ, ya la habÃan acostado junto al lavadero. El albañil estaba hablando por teléfono. Su ayudante le apretaba el pecho con las dos manos. Yo me arrodillé junto a ella y seguà llamándola. Después el muchacho nos contó que mi mamá habÃa ido al lavadero con una cubeta. Resbaló cerca de la manguera y cayó por la abertura. Ãl habÃa visto que se golpeaba la cabeza contra el borde. En el hospital nos dijeron que el golpe habÃa sido muy fuerte. Mi mamá murió el sábado por la mañana. Mi tÃa se encargó de que terminaran el trabajo en la casa. Yo me quedé con ella varias semanas. HabÃa dejado mi ropa de trabajo en un cajón. y cada noche lavaba una camisa para el dÃa siguiente. Volvà a escuchar la grabación después del funeral. Al oÃrla, reconocà los golpes del fondo. Eran las patas de la escalera chocando contra la abertura, como las habÃa escuchado mientras sostenÃa a mi mamá en el agua. Luego habló el hombre. Hasta ese momento yo habÃa pensado que era alguien mayor. La voz salÃa ronca y cortada con una respiración que casi tapaba las palabras. Era yo. Eso habÃa gritado cuando los dedos de mi mamá se soltaron de mi camisa y sentà que empezaba a pesar más entre mis brazos. Se me está yendo. El audio lo habÃa grabado el miércoles.
8:49 Yo habÃa dicho esas palabras el viernes. Lo copié a una computadora y lo he ido pasando cada vez que la cambio. TodavÃa me cuesta llegar hasta el final. Después de mi voz, se escucha a mi mamá muy cerca del teléfono. Me dice, mira bien, hijo, ahà no hay nadie. Estaba de pie a mi lado, sosteniendo la lámpara, dos dÃas antes de caerse. Ahora, actualmente, ya no vivo ahÃ. Gracias por escucharme.
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