Barbericidio
0:08 La Tremenda Corte La Tremenda Corte Con Leopardo Fernández, AnÃbal Demar, Mimà Cal y Miguel Ãngel Herrera Escribe Castor Bispo Producción y dirección Miguel Yao Audiencia pública. El tremendo juez de la tremenda corte va a resolver un tremendo caso. Buenas noches, secretario. Buenas noches, señor juez.¿ Cómo sigue usted del hÃgado? AhÃ.¿ Y del reuma? AhÃ.¿ Y del vaso? AhÃ.¿ Y de la vejez? Ahó.
0:55 Cómo ahó? Dirá usted que ahÃ. No, señor, digo que ahó. Que ahora fue cuando usted se buscó los diez pesos de multa. Póngaselo en el acto.¿ Pero por qué señor juez? Yo no me puedo interesar por saber cómo lo afecta a usted el peso de los años. No, señor, porque para mà todavÃa los años no son un peso.¿ Cómo que no son un peso? No, señor, son cuarenta y tantos centavos nada más. Vamos a ver qué caso tenemos hoy. Una desfiguración de rostro. No me diga.¿ A quién le desfiguraron el rostro? Al señor Cascarilla.¿ Y quién se lo desfiguró? Un barbero. Pues entonces ya me lo he complicado en ese barbericidio. Enseguida, señor juez. Luz MarÃa Nananira. Aquà como todos los dÃas! Olegario Cascarilla. Servidor. José Candelario Tres Patines.¡ A la reja!
1:45 Perico Jovellanos y Campo Florido. Aquà estoy, señor juez, porque he venido. Si es el poeta.¿ Cómo está usted, jovellano? Regular, como todos los cubanos.¿ Y eso, qué le ocurre? Que oÃr la violetera ya me aburre. Un momento, Perico.¿ Por qué le contesta usted en verso al juzgado? Porque hoy me siento asÃ, muy inspirado.¿ Se burla usted de mÃ, campo florido? Nunca ser cosatal he pretendido. Cinco pesos de multa a este poeta. Ojalá te atropelle una carreta. Pero va usted a seguir. ¿Eh? Va a seguir. Pénselo señor juez. Es que hay dÃas que se levanta asÃ, que le da por contestar todo en verso. Ah, bueno, está bien entonces. Vamos a ver, don Olegario, usted es quien acusa, ¿verdad? SÃ, señor juez, sÃ. Yo vengo a pedir justicia contra ese criminal de Tres Patines. Mire, mire cómo tengo el rostro de cicatrices. No me diga, pero todas esas marcas son cicatrices. SÃ, señor. Cicatrices que me hizo ese criminal desnaturalizado que está usted viendo ahà parado en dos patas por un verdadero milagro de equilibrio.¿ Qué me cuenta?¿ Entonces usted es Barbero Tres Patines? SÃ, tú querrás darte una feita. No, señor, no quiero afeitarme.
2:54 Solo le pregunto si es usted Barbero. SÃ, cómo no, chico, Barbero con tÃtulo.¿ Quién le dio ese tÃtulo? Mamita, chico. No me diga,¿ el tÃtulo de Barbero se lo dio su mamita? SÃ, chico. Bueno, pues en ese caso, que Dios bendiga a la señora que le ha dado el ser. Gracias. No, no me dé las gracias. Porque yo digo el ser tan bruto. Caramba, don Olegario, parece mentira que usted me diga eso a mÃ.¿ Y qué quiere que le diga, compadre? Si lo que usted tiene no es una barberÃa. Cómo que no es una barberÃa? No, señor, es la antesala de la casa de socorro. Señor juez, hágame el favor de decirle a esa señora que no me desacredite asÃ. Yo tengo una barberÃa acreditada y ningún marchante se ha quejado nunca después de salir de esa barberÃa.¿ Seguro que no? Palabra que no. Se quejan mientras están adentro, tú sabes, pero después de que se van ya no se quejan.
3:41 Ah, vamos, entonces cuando salen, salen contentos. ContentÃsimos. Ãigame, lo único que pasa es que hay algunos que no salen, ¿no?¿ Cómo que no salen? No, no, se lo llevan, chico.¿ Y cómo se lo llevan? Hombre, en una camilla, chico, porque lo que pasa es que hay algunos que quedan tan entropeados. Comprende, después que yo los afeito, que no pueden caminar por sus pies. Entonces yo voy a dar teléfono. Aviso a la ambulancia y se lo llevan para la quinta, chico. Ah,¿ esos van a la quinta? SÃ, pero los otros no. Los otros van a la cuarta. Cómo a la cuarta? SÃ, a la cuarta estación hacer la denuncia. BoberÃas de los machantes que son asÃ. BoberÃas, ¿no? Mire, mire este rostro, señor juez, y dÃgame si estos son boberÃas. Bueno, don Olegario, pero explÃqueme,¿ qué fue lo que le pasó a usted en esa barberÃa?
4:23 Pues nada, señor juez, que yo entré a afeitarme creyendo que entraba en una barberÃa civilizada. Ajá. Pero lo que tiene Tres Patines no es una barberÃa. ¡Ah, no! No, señor, es un matadero industrial. En menos de cinco minutos me dio como 45 navajazos y no me degolló de milagro.¡ Qué barbaridad!¿ Y todavÃa se atreve usted a decir que es barbero Tres Patines? SÃ,¿ tú quieres afeitarme? ¡No, señor, no quiero afeitarme! En fin, don Olegario, usted acusa a Tres Patines de desfiguración de rostro,¿ no es eso?¡ Claro que sÃ! SÃ, señor, porque mire cómo tengo ahora la cara. Y yo era bonito, ¿verdad, nena Nina? Precioso, señor juez. Ãltimamente no tanto, ¿sabe? Pero yo quisiera que usted hubiera visto lo bien que lucÃa don Olegario allá por el año 1914.¿ Usted me conocÃa ya en esa época?
5:07 No, pero tengo en casa un número de caras y caretas que trae un retrato suyo. Está muy bien, ¿eh Bueno, ya, ya, ya. De modo tres patines que se ha metido usted otra vez a barbero,¿ no es eso? Pero si yo soy un barbero formidable, chico. Con la venia de la sala,¿ me permite su señorÃa que recite unos versos? Qué versos son esos? Unos versos que el marqués de Cocoseco le dice al barbero del rey don Tancredo II en la tremenda tragedia titulada La venganza de don Lolo o el platanal de Bartolo. Y por qué quiere usted recitar esos versos? Ah, porque le vienen muy bien a tres patines Ah, recÃtelos entonces, a ver cómo dicen. Pues dicen asÃ. ¡Uh, barbero que afeita apuñaladas, cortando los carrillos y las quijadas, destrozando el pellejo de las narices y llenando los rostros de cicatrices! Tras de ver cómo afeitas con gusto aclaro, que no eres un barbero, sino un bárbaro... y que tienes ganados por tu torpeza... veinticinco estajazos en la cabeza. Con la venia de la sala...
6:13 Qué le pasa a usted? Me permite su señorÃa resucitar otro verso a mÃ? Qué versos son esos? Uno verso que el conde de...¿ Cómo se llama? De Gatofino... Le dice al Marqués de Pescado Grande la tremenda tragedia titulada El honor de un bolitero o un nÃquel al marinero.¿ Y por qué quiere usted recitar esos versos? Porque le viene muy bien a Pirico. RecÃtelos entonces, a ver cómo dicen. Pues dicen asÃ. A ver. En todas esas cosas que me dijiste, aunque tú no lo creas, te equivocaste. Pues yo soy un barbero muy entendido que deja a todo el mundo muy complacido. Y en cuanto a tu delirio de poesÃa, no te sigas llenando de cativÃa, pues está demostrado que eso es dañino para el hÃgado, el vaso y el intestino.
7:02 ¡Horra!¿ Ya se dijeron todo lo que tenÃan que decirse? SÃ, ya está casi todo. Bueno, pues 100 pesos de multa cada uno por comer poesÃas en el jugado. Bueno, Tres Patines, vamos a ver.¿ Dónde aprendió usted el oficio de barbero? Yo lo aprendà en presidio, sà En presidio. SÃ, el oficio lo aprendà durante una temporadita que yo estuve en presidio descansando, tú sabes. Y allà emprendà a pelar y a vender billetes al mismo tiempo. ¿Cómo cómo? Usted aprendió a pelar y a vender billetes al mismo tiempo. SÃ, porque resulta que cuando yo entré en presidio por una boberÃa de una res ahà que se perdieron en la provincia de Camagüey... Ajá. Y que aparecieron después en la carnicerÃa de mamita.
7:43 Momento, Tres Patines, momento. Dice usted que las reses se perdieron en Camagüey. Camagüey, sÃ. La zona de Pina. SÃ. Según tu papá, Santiago de Cuba, mano izquierda. Y después de eso, las reses aparecieron en la carnicerÃa de su mamita. Sà la carnicerÃa de mamita.¿ Y eso cómo fue? No sé, chico, no sé. Porque cuando las reses desaparecieron de Camagüey, yo estaba de viaje.¿ A dónde habÃa ido usted?¿ A Nueva York? No, chico, yo habÃa ido a Camagüey. All right. Con eso me basta. Bueno, pues... ¿Eh Y qué? Que cuando yo entré presidio... me destinaron a la barberÃa... y tú sabes que todos los presos... tienen un número, ¿verdad? SÃ, cómo no, tienen un número... SÃ, tú tuviste el presidio también No, señor, pero eso lo sabe todo el mundo. Todo el mundo que tuvo el presidio. No, todo el mundo, toda la gente. Ah, bueno, pues yo trabajaba en la barberÃa y cuando acababa de pelar a un preso, tenÃa que avisárselo al escorta para que viniera a llevárselo.
8:29 Ah, sÃ,¿ qué pasó? Bueno, que asà fue como aprendà a vender billetes yo, chico. Cómo a vender billetes? SÃ, porque supongamos que el preso que venÃa a pelarse era el número 5.000, ¿no? SÃ. Bueno, pues cuando yo acababa de pelar tenÃa que gritar... El cinco mil, pelado! Ah, vamos, y eso era para avisarle a la escolta que ya habÃa terminado. SÃ, tú estabas allÃ, ¿no? No, señor. Bueno, y a lo mejor venÃa el número cuatro mil, que querÃa pelarse porque lo habÃan indultado y salÃa en libertad al dÃa siguiente. Entonces yo tenÃa que gritar, el cuatro mil, pelados, mañana sale. Pácame el favor. Y asà fue como aprendió usted a vender billetes. SÃ, y a cada rato vendÃa algún pedacito. Algún pedacito de billetes? No, algún pedacito de nariz o de oreja, según lo que le cortase yo al precio Ah, vamos. Y a don Olegario, por lo visto, lo desbarató usted, ¿no? No, chico, no, no.
9:14 Le hice eso, fueron unos rañacitos, nada más. Arañacito de qué, compadre, si la oreja izquierda se la tuvieron que pegar con cola en emergencia? Porque usted se la llevó de cuajo. SÃ, y bien que sÃ, señor juez. Y si no, fÃjese, fÃjese en este rostro. Mire, aquà tengo una herida acedal de 14 centÃmetros de extensión que interesa la nuez. Aquà en la nuca tengo una puñalada trapera a traición de pronóstico menos grave. Y lo peor de todo es que ahora, cuando me baño, no me puedo mojar la oreja izquierda porque se me despega. Vámonos, Fátima, con tu oreja, chico. Ni se te nota siquiera que estás pegado, chico. Bueno, no, pero a lo mejor un dÃa se me cae en la calle sin darme cuenta y me quedo sin ella. Bueno, no te preocupes. Vete por mi abrerÃa que yo siempre tengo yo una cajita llena de orejas y te puedo dar otra más, chico.
9:59 Usted está oyendo eso, señor juez? Este hombre es un peligro para la sociedad. En efecto, Nadanina, tiene usted mucha razón. No, no, no tiene razón. Sà tiene razón, Tres Patines. Ahà está, oye el otro Qué otro es ese? Póngale 10 pesos de multa. Y creo que voy a tener que condenarlo porque yo no puedo consentir que usted siga tasajeando a sus clientes solo por el hecho de que esa barberÃa le produzca ganancias. Ganancias de... No,¿ qué va, chico? Lo que produce esa barberÃa son pérdidas, chico. Ah, produce pérdidas? SÃ, pérdidas de sangre. Yo quisiera que tuviera, oye, la cantidad de sangre que pierden los clientes. Mucha, ¿no? Ah, ya lo creo. Yo tengo que pelar con botas de bomberos. A la mayorÃa de ellos, después de afeitarlo, hay que hacerle siempre una transfusión de jabón de afeitar... para reanimarlo un poco,¿ tú sabes? Y dar tiempo a que lleguen hasta emergencia.
10:45 Háganme el favor. Bueno,¿ y cómo entró usted en esa barberÃa, don Olegario? Equivocado, señor juez. Yo iba para una fiesta. Vi que estaba un poco barbudo y entré en la barberÃa de Tres Patines... Por cierto, que apenas me senté en el sillón, la primera pregunta que me hizo ya empezó por asustarme un poco. Qué le preguntó? Que si querÃa afeitarme con anestesia general o con anestesia local nada más.¡ No me digas! SÃ.¿ Y usted afeita con anestesia a tres patines? Bueno sÃ, chicos, hay muchos marchantes que la piden. Cuatro velas navajas la piden. Lo que viene por primera vez como don Relicario. Olegario. Olegario Tú lo conoces? No, señor, pero lo ha dicho. Pero lo que ya ha venido otra vez, se prefieren afeitarse con anestesia, ¿no Háganme el favor.¿ Y usted qué le contestó, don Olegario? Bueno, pues yo como no sabÃa que la cosa era asÃ, pues le dije que no querÃa anestesia ninguna. Entonces Tres Patines me untó el jabón, me puso la navaja pegada a la cara y me dijo...¿ A qué dirección hay que avisar si le pasa a usted algo? ImagÃnese.¿ Y esa precaución tres patines?
11:46 Chicos, nunca está de más. Siempre conviene tener la dirección del familiar más cercano por si es caso. Bueno, pero¿ cómo afeita usted entonces? Según, chicos, yo cuando vengo con el pulso bien. Cosa que pasa muy pocas veces. El cliente deja la cara quieta y yo me pongo a su lado y muevo la navaja, ¿no?¿ Y cuando viene usted con el pulso mal? Ah, no, entonces yo dejo la navaja quieta y el cliente es el que mueve la cara, ¿no?¿ Y asà no se corta?¿ Cómo no? Se corta lo mismo, pero entonces el responsable es el cliente.¡ No me diga!¿ Y cuando afeitó usted a don Alegario cómo tenÃa el pulso? Bien, chico, bien. Lo que pasó fue que la navaja estaba un poco mala, ¿no? No cortaba bien. SÃ, pero parece que estaba un poquito mellada porque mamita tiene la costumbre de abrir la lata de leche con la navaja. Que yo uso para afeitar y ya está.
12:30 Hágame el favor. Entonces usted afeitó al pobre hombre este con una abrelata. SÃ, pues cosa de mamita. Pero ya le dije que eso no lo haga más, chico. Pero usted reconoce que lo que hizo con don Olegario fue una salvajada, ¿verdad? SÃ, pero que no soy yo el responsable de nada, chico. Porque él mismo lo pidió, chico. ¿Cómo?¿ Cómo que yo lo pedÃ? SÃ, claro que sÃ, compadre.¿ Qué fue lo que usted me dijo cuando entró allÃ, chico? Bueno, que querÃa afeitarme.¿ Y qué más pidió? Un masaje.¿ Cómo un masaje?¿ Usted dijo masaje? SÃ, señor. Adiós, chico. Entonces fue que yo no lo entendà bien.¿ Qué entendió usted? Yo entendà masacre. ¿Masacre? SÃ, cuando yo hice eso, ya tú sabes. Yo dije, bueno, ya este... Ya veo que le perra. Y entonces... Como que no habÃa problema, agarré la navaja y... Un machate más para que eso corra.
13:14 Escriba ahÃ, secretario. Venga la sentencia. Si en el presidio aprendió el oficio de barbero, creo que el que lo enseñó le ha robado usted el dinero. Y como yo soy el juez y eso no hay quien lo perdone, vaya a presidio otra vez para que se perfeccione. Escuche el siguiente programa de La Tremenda Corte con Leopoldo Fernández, Mimical y AnÃbal Demar por esta emisora. Hasta entonces, Manolo Iglesias que les habla les dice¡ Muy buena suerte, amigos!
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