Una Bruja Frente A La Patrulla: Lo Que Vimos Esa Noche No Tenía Explicación - REDE
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0:05 Yo recuerdo que fue en 2004, en turnos de patrullaje en Guadalupe, cuando ya traÃamos varios reportes repetidos, en un cerro con brechas y matorral cerrado. No era un lugar cómodo para subir con unidad, pero la gente insistÃa, porque desde abajo se alcanzaban a ver movimientos arriba y se escuchaban risas que no correspondÃan a ninguna reunión. Esa noche el aviso entró por radio con el mismo patrón. Una vecina marcó, describió una figura en la parte alta y mencionó risas. La diferencia fue que, antes de que nos asignaran formalmente, ya estaba en frecuencia un compañero pidiendo apoyo con la voz apretada, hablando en frases cortas, respirando fuerte y repitiendo que lo tenÃan cerca. Tomé la llamada como un reporte real.
0:56 Avisé al compañero que Ãbamos en camino y pedà que mantuviera su posición sin avanzar. Salimos en dos unidades, con lámparas de mano y el reflector. Desde el arranque, el cerro nos obligó a bajar la velocidad. La brecha tenÃa piedras sueltas, tramos con zanjas y vegetación que pegaba en la carrocerÃa. El aire traÃa olor a tierra húmeda mezclado con basura vieja. A los lados se veÃa maleza aplastada y ramas recién rotas, señales de paso reciente. En un tramo donde la brecha se angostaba, Vi huellas desordenadas en tierra suave, varias pisadas marcadas hacia arriba y hacia un costado, como de alguien que subió rápido y se metió entre el matorral sin cuidar el camino. Llegamos a un punto donde ya no era seguro avanzar con la unidad, y seguimos a pie con la luz fija al frente. En esa parte se siente el peso del cerro, piedras que ruedan con cualquier paso, ramas que te golpean la cara.
1:56 y el suelo inclinado que te obliga a caminar corto y firme. Yo marqué con la luz los bordes del camino, busqué al compañero por radio y confirmé su ubicación aproximada. También pedà que nadie se separara, que no hubiera dos elementos adelantados sin cobertura visual, porque ahà un movimiento rápido basta para perder a alguien. En el primer claro levanté el reflector hacia arriba. La luz alcanzó una zona rocosa y ahà quedó una figura marcada contra el fondo. La distancia dejó ver un cuerpo delgado, cabello largo suelto y una postura que correspondÃa a una mujer. No estaba escondida, estaba expuesta, como si esperara que la viéramos. Lo que me cambió el pulso fue el movimiento. La vi separarse del suelo a baja altura, avanzar unos metros en el aire y colocarse sobre una zona de piedras sin apoyar los pies. No fue un brinco, fue un desplazamiento corto sostenido, con el cuerpo estable, sin esa pérdida de equilibrio que se ve cuando alguien salta en terreno irregular. En el mismo momento entró la risa, se escuchó clara, aguda, repetida y dirigida hacia nosotros. No sonaba a gente jugando ni a alguien hablando con otros, sonaba como burla fija, como si nos estuviera llamando para acercarnos. Volvà a marcar al grupo, di instrucciones directas para mantener distancia y sostener la luz
3:29 sin estarla moviendo de un lado a otro, porque en ese cerro la vista se engaña fácil cuando la iluminación va brincando. Uno de mis compañeros levantó su lámpara y apuntó directo a las manos de la mujer cuando ella las abrió hacia la luz. Ahà se vieron las uñas. Eran largas de verdad, rectas, sobresaliendo de los dedos, destacadas por el reflejo. La mujer bajó rápido. La vi descender de frente, sin tropezar con piedras, y caer cerca de nosotros sin perder estabilidad. Entró a nuestra distancia en segundos, se acercó con las manos por delante, como herramienta principal, y me alcanzó a rasguñar el chaleco y un brazo.
4:11 El ardor llegó de inmediato. Miré mi antebrazo y vi lÃneas abiertas, paralelas, con sangre fresca saliendo rápido. Escuché el grito de otro compañero cuando le rasgó la camisa y le dejó marcas en el hombro. Vi la tela abrirse en dos tiras y vi la piel marcada con lÃneas del mismo tamaño. profundas hechas con algo filoso en esa parte no hubo margen para ver qué era ya era una agresión directa yo ordené retirada controlada hacia las unidades sin correr cada quien por su lado me fui de frente manteniendo luz hacia ella y marqué el paso de los demás para que no se quedara nadie atrás la mujer se movÃa cerca cambiando de posición sin hacer el ruido normal de alguien bajando a pie Cada vez que la luz la encontraba, ella levantaba las manos otra vez y la risa regresaba, corta y repetida. El radio se saturó con reportes encimados, unos pidiendo apoyo, otros describiendo lesiones, y otros intentando ubicar al compañero que habÃa iniciado el llamado.
5:20 En central ya nos pedÃan datos y nosotros respondÃamos con lo mÃnimo necesario. Ubicación aproximada, ataque con arma blanca, pues nunca imaginé que realmente nos hubiera cortado con sus uñas. Pero no era asÃ. Lesiones visibles y retiro a unidades. Bajamos hasta donde estaban las patrullas. La retirada se mantuvo en bloque. Uno de los elementos se resbaló con las piedras sueltas y lo jalamos del brazo para que no quedara en el suelo. Llegamos a las unidades con la ropa dañada y sangre en mangas y chalecos. Ahà confirmé por radio que estábamos abajo, que habÃa heridos por rasguños y que la agresora seguÃa arriba, moviéndose cerca del claro donde la vimos por primera vez. Ya en la brecha, con las puertas cerradas y las luces prendidas, revisé rápido las lesiones. No eran raspones de rama, eran cortes rectos, repetidos, con separación pareja. Los compañeros traÃan marcas similares y el mismo daño en la tela. Pedà que se documentara todo desde ese momento, porque el radio quedarÃa grabado y porque al dÃa siguiente nos iban a pedir un informe claro.
6:33 El mando respondió con una orden concreta. Mantenernos abajo, esperar refuerzos y no volver a subir con el mismo número de elementos. Esa indicación cerró la primera parte y tuvimos que esperar, pero ahà habÃa uniformes dañados, lesiones visibles, radio con pánico registrado y la decisión de regresar con más personal para confirmar el riesgo y tomar control del área. Abajo llegaron más unidades y el mando exigió un reporte claro. Yo dije lo verificable. Agresión directa en el cerro, rasguños con cortes rectos, uniformes dañados y la mujer todavÃa moviéndose arriba. El mando miró las lesiones con la lámpara y revisó que nadie estuviera sangrando de forma peligrosa y ordenó que nos acomodáramos en un punto amplio de la brecha, con las patrullas alineadas y las luces apuntando hacia la subida.
7:29 En ese momento la prioridad cambió, de persecución a control, porque ya habÃa personal herido y todavÃa faltaba ubicar al compañero que habÃa pedido apoyo al inicio. En el radio se escuchó el cambio de tono de todos. Los mensajes se volvieron cortos y prácticos, con instrucciones de ubicación, conteo de elementos y confirmación de lesiones. La central pedÃa datos para registrar el evento y para justificar el movimiento de unidades. La grabación quedó importante por la secuencia de mando, porque ahà se oÃa el momento en que pasamos de patrullaje normal a operativo de riesgo, con órdenes claras y respuestas inmediatas.
8:13 El mando tomó una decisión concreta, subir otra vez con refuerzos. La razón no fue curiosidad ni terquedad. Se necesitaba confirmar si se trataba de una persona armada con algo filoso, recuperar control del área y evitar que el compañero quedara aislado arriba. También se querÃa identificar el punto exacto del ataque, para documentarlo bien y para cerrar ese cerro como zona de riesgo si era necesario. Se organizó el grupo con separación mÃnima. El reflector iba al frente, dos lámparas laterales cubriendo los costados y un elemento designado para sostener comunicación continua con la central. Subimos a pie desde donde la brecha ya no permitÃa avanzar. El terreno seguÃa igual de pesado, con piedras sueltas y vegetación que cerraba la vista. El grupo avanzó en lÃnea corta, con el reflector sosteniendo luz fija hacia el punto del primer claro. En esa subida yo mantuve la atención en el radio, porque en cualquier segundo el compañero podÃa responder o pedir auxilio de nuevo.
9:20 La respuesta llegó a medias, con interferencia, y alcanzó para ubicarlo más arriba, cerca del área rocosa donde se vio la bruja por primera vez. Eso apretó el ritmo del ascenso, porque ya no era solo confirmar el riesgo, era asegurar que ese elemento bajara con nosotros. Al llegar al claro, la risa volvió, Pero esta vez se escuchó más cerca y más constante, con un tono de burla que se repetÃa cada vez que el reflector se movÃa. El reflector la tomó arriba otra vez y ahà vi un patrón más claro. La mujer se elevó a una altura suficiente para cruzar una franja de piedra sin tocar el piso.
10:02 Se desplazó lateral y bajó directo a otro tramo. Lo repitió varias veces. Elevación corta, avance en el aire y descenso firme. Ese movimiento le permitÃa aparecer en distintos puntos sin bajar por la vereda. Volvió a mostrar las manos abiertas hacia la luz. Las uñas se veÃan largas y rectas, destacadas con el reflejo. Yo di la orden de mantener el grupo cerrado y de no dejar a nadie medio paso atrás. Aún asÃ, en un cambio de posición del reflector, un elemento quedó ligeramente retrasado por una piedra alta que le frenó el paso. La mujer aprovechó ese segundo, bajó directo, entró a distancia corta y alcanzó a rasgar la tela del hombro. La camisa se abrió y la piel quedó marcada con lÃneas rectas. El elemento gritó por el dolor y se llevó la mano al hombro. Esa reacción desordenó al grupo por segundos, con dos compañeros moviéndose hacia él al mismo tiempo. Yo ordené recogerlo y retroceder en bloque.
11:08 La mujer no se quedó a forcejear, se elevó otra vez, se alejó unos metros hacia la parte alta y volvió a reÃr de forma demoniaca. En ese punto quedó claro que el cerro era un punto de riesgo real, con agresión repetida y con una movilidad que no podÃamos controlar con las condiciones del terreno. Bajamos con más firmeza, sosteniendo luz hacia arriba y cuidando el paso para no perder a nadie. El compañero que habÃa pedido apoyo apareció más abajo, golpeado y agitado, con marcas en el antebrazo y la ropa dañada. Lo integramos al grupo y lo sacamos de la zona. Al llegar otra vez a las patrullas, el mando cerró la acción de esa noche con una decisión interna.
11:52 Ese cerro ya no se iba a tratar como reporte raro. Quedó como punto de riesgo, con personal agredido dos veces, con grabación de radio, y con la obligación de levantar informes formales. Esa noche se terminó con revisión médica para los heridos, resguardo del área desde abajo, y la instrucción de que el tema se documentara completo, para que la corporación tomara una medida definitiva. En los dÃas siguientes nos tomaron declaración por separado. No fue una charla informal, fue un trámite completo, con el mando revisando que cada uno describiera lo verificable y sin adornos. Me pidieron que señalara el lugar con precisión, explicar cómo subimos, en dónde se dio el primer contacto, qué lesiones observé y qué daño hubo en uniformes y equipo. También me pidieron describir la conducta de la agresora con palabras claras, porque una cosa era decir una bruja y otra era explicar lo que se vio sin caer en frases vagas. Yo dejé asentado lo central. Escribà que vi a una mujer elevarse del suelo y desplazarse en el aire en tramos cortos, a baja altura, con estabilidad. Escribà que vi uñas largas y rectas, y que los ataques consistieron en rasguños directos al cuerpo y al uniforme. Escribà que en el lugar se escucharon risas repetidas, antes y después de cada acercamiento, y que
13:22 el radio registró la reacción de pánico y la secuencia de órdenes. No metà interpretaciones, me quedé en lo observado, porque sabÃa que si exageraba una palabra me iban a descartar todo. Esa semana se revisaron los partes médicos. A los que tenÃan cortes más profundos les dieron incapacidad breve y se anexaron fotografÃas de las lesiones a los expedientes internos. El mando también pidió revisar los chalecos y los uniformes rasgados. En mi caso fueron cortes leves aunque dolorosos y el chaleco quedó con lÃneas marcadas y la manga quedó abierta. Eso se fotografió y se guardó como evidencia de que no fue un tropezón con ramas. La insistencia era demostrar que hubo agresión real y que no se trataba de una excusa para justificar un operativo fallido. Después intentaron encuadrarlo como un agresor desconocido. Mandaron un grupo a revisar el cerro de dÃa. No subieron como nosotros, subieron con calma, con luz natural, buscando huellas, puntos de reunión y cualquier rastro de alguien viviendo ahÃ. Revisaron las brechas laterales, zonas planas, donde podrÃa haber un campamento y lugares donde se pudiera esconder un vehÃculo. El resultado fue simple. No encontraron a nadie detenido, no encontraron un campamento, y no encontraron una casa improvisada ni restos de fogatas recientes. Encontraron huellas viejas,
14:55 basura dispersa y señales de paso ocasional, lo mismo que hay en muchos cerros cercanos a las colonias. También hablaron con vecinos. No se les tomó como prueba principal, pero sà como contexto. Varios relatos coincidieron en lo mismo. Risas escuchadas desde abajo en ciertas noches. Una figura vista por encima del cerro. Perros ladrando hacia la loma sin acercarse. Y gente que evitaba subir cuando oscurecÃa. Nadie habló de un pleito reciente, ni de una persona conocida. Y nadie aportó un nombre o una dirección. Solo describieron lo que llevaban tiempo escuchando. Esos testimonios se agregaron como anexos y quedaron ahÃ, como apoyo a lo que nosotros reportamos. La grabación de radio se conservó de forma interna. Quedó registrada la frecuencia, los llamados de apoyo, el momento en que se reportaron las lesiones y las órdenes de repliegue y refuerzo.
15:55 Esa grabación circuló dentro de la corporación porque todos querÃan escucharla, sobre todo los que no estuvieron ahÃ. Se escuchaba el cambio de tono, el desorden. los gritos cuando alcanzaron a un compañero y la forma en que Central pedÃa datos, mientras nosotros intentábamos bajar sin perder a nadie. El mando controló esa grabación. La regla fue que no saliera como tema público, no por proteger una historia, sino por no exponer a la corporación, a burlas o a preguntas que no se podÃan contestar con un detenido y una causa clara. La postura oficial se convirtió en una medida operativa. El cerro quedó marcado como zona de riesgo y se estableció que no se subÃa de noche con patrulla mÃnima. Si entraba un reporte relacionado con risas demonÃacas, bruja o agresión, se atendÃa solo con refuerzo y con mando presente o se posponÃa si no habÃa un motivo verificable que justificara poner a más personal en peligro. Eso se comunicó en una junta breve, sin entrar en detalles de qué era.
17:06 Solo se dijo lo necesario. Hubo agresión. Hubo lesiones. Hubo evidencia en uniformes. Y el terreno favorece al agresor. En lo personal, ese cierre se me quedó claro desde la primera semana. Yo volvà a trabajar, pero ya no subà a ese cerro de noche. No lo pedà como favor, lo pedà como medida de seguridad. Las lesiones sanaron con el paso de los dÃas, las marcas se cerraron pero quedaron cicatrices finas, y cada vez que me cambiaba el uniforme veÃa esas lÃneas y recordaba la distancia rompiéndose en segundos. Con el tiempo, el caso quedó archivado como un evento de riesgo, con registro de radio y testimonios de personal.
17:51 Dentro de la corporación se siguió mencionando como advertencia para nuevos elementos, y asà se terminó. sin un culpable detenido, sin una explicación que encajara en un reporte normal, y con una instrucción firme de no repetir el error de subir con pocos hombres a un cerro donde ya habÃa ocurrido un ataque, en especial porque ese ataque fue hecho por una bruja, la bruja del cerro que nadie pudo detener y sigue rondando por ahÃ.
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