Una BRUJA Adentro De Mi Casa: La Noche Que Casi Se Llevan A Mi Hijo - Historias De Terror - REDE
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0:05 Lo recuerdo claro porque esa noche entendà que no era un ruido cualquiera. Mi bebé dormÃa en su cuna dentro del cuarto. Era un cuarto pequeño, pegado al pasillo, con una puerta de madera que ya tenÃa marcas viejas de uso. La casa era sencilla. Sala al frente, pasillo corto, cocina atrás. Casi todas las ventanas tenÃan protector de metal. Pero la ventana de la cocina solo tenÃa mosquitero y un seguro viejo, flojo, de esos que ya no cierran parejo. Eso lo sabÃa desde antes, pero lo habÃa ido dejando para luego, por falta de tiempo, como siempre pasa. Esa noche, cuando todo se calmó y la casa quedó en silencio de verdad, el perro se metió debajo de la mesa y se quedó ahÃ. No se acostó normal. Se quedó tenso, con los ojos abiertos, mirando hacia la puerta, como si viera algo pegado a la madera. Yo primero pensé que habÃa un gato en el patio o un mapache, porque a veces pasan. Me levanté despacio y me quedé quieto para escuchar bien. Lo que escuché fueron pasos. Eran pasos lentos, pegados a la barda del patio como si alguien caminara despacio para no hacer ruido, y aún asà quisiera que se notara que estaba ahÃ. El sonido se acercó al lado de la sala. Me asomé con cuidado por una rendija de la cortina, y alcancé a ver siluetas encorvadas cerca de la ventana. No vi caras al principio, solo
1:38 vi cuerpos, espaldas encorvadas, y por la forma del cuerpo parecÃan mujeres viejas. No estaban solas, se movÃan en grupo, como si ya supieran en dónde estaba todo dentro de la casa. Me quedé mirando unos segundos y, en ese mismo momento, sonó el primer raspón en la puerta principal. No fue un golpe. Fue el arrastre de uñas largas contra la madera, lento, insistente, como si quisieran marcar el marco. El sonido era claro, parejo, y me dio un escalofrÃo porque se notaba que no era una rama. Yo me acerqué lo suficiente para ver y vi lÃneas nuevas, profundas, recién hechas, una al lado de la otra. La madera clara se asomaba por debajo de la pintura. Al mismo tiempo, se oyó una risa vieja, áspera, que se cortaba y volvÃa, como burla. No era una risa de alguien platicando. Era una risa dirigida, como si supieran que yo estaba ahÃ, pegado a la puerta escuchándolas. Me quedé quieto, agarré aire y me obligué a pensar en lo único importante, mi bebé.
2:46 Me fui directo al cuarto. La luz del pasillo estaba apagada, pero en el cuarto entraba un poco de claridad de la calle por la rendija de la ventana, suficiente para ver la forma de la cuna. Mi bebé dormÃa, con la respiración pareja. Me acerqué y le toqué el pecho con la punta de los dedos para confirmar que estaba bien. Ahà mismo le hablé a mi pareja en voz baja y le pedà que lo cargara y se quedara con él, pegada a la pared del lado más seguro del cuarto, lejos de la ventana de la cocina y lejos del pasillo. Ella se levantó de inmediato, lo cargó y lo abrazó fuerte, sin moverse de más. Yo regresé a la sala y empecé a revisar con la mano cada chapa. Revisé la puerta principal, el seguro y el pasador. Revisé la puerta trasera, las ventanas con protector, y jalé el metal para asegurarme de que no estuviera flojo. En ese momento, los rasguños se movieron. Se escucharon en otra parte de la casa, no en la puerta. Se escucharon en una ventana, luego en otra, y asà se fueron moviendo de un lado a otro, ventana por ventana, como si estuvieran midiendo en donde cederÃa primero. La risa volvió. más cerca de la sala, y luego se escuchó otra voz, como un murmullo ronco, como si hablaran entre ellas con palabras que yo no entendÃa bien. No era una conversación normal, era un sonido
4:17 bajo que me heló la espalda porque venÃa de dos lados al mismo tiempo. Yo me quedé en medio de la casa, con el cuerpo listo para correr al cuarto si algo cambiaba. El perro seguÃa debajo de la mesa y no sacaba la cabeza. El aire adentro de la casa olÃa a polvo y a humedad, pero de pronto entró un olor distinto por debajo de la puerta. Era un olor muy denso y dificultaba el respirar. Era un olor que aún no puedo describir. En ese punto ya no habÃa duda, no eran personas pidiendo ayuda y no era un animal. Las ancianas que estaban afuera estaban rodeando la casa, probando las entradas y buscando por dónde. Y lo más claro fue esto, se estaban moviendo hacia el lado de la cocina y el pasillo, justo al lado donde estaba el cuarto del bebé. Eso ya no era casualidad, era un intento dirigido. Las que estaban afuera ya habÃan elegido el lado de la cocina y el pasillo, y mi bebé estaba a pocos metros de ese acceso. Yo me quedé parado, escuchando uñas en la madera, esperando el momento en que intentaran cruzar de verdad. La presión subió rápido y en la sala se escucharon tres raspones seguidos sobre el vidrio, uno detrás de otro, como si alguien estuviera probando la resistencia del cristal. Me acerqué con cuidado, sin pegar la cara, y alcancé a verla por la
5:47 parte donde la cortina dejaba una rendija. Era una cara de anciana pegada a la ventana, con la piel caÃda, los ojos abiertos de más y una sonrisa torcida. TenÃa la frente manchada y la nariz como húmeda, como si hubiera estado respirando pegada al vidrio. Se quedó ahÃ, quieta, sosteniéndome la mirada. En cuanto la miré fijo, soltó una risa más alta. Era una risa que puedo describir como demonÃaca, de esas que se sienten en la piel. Y me recorrió un miedo total. La risa no se quedó en un solo tono. SubÃa y bajaba, como si se quebrara y volviera. y en medio de ese ruido escuché un raspón más, ahora con uñas arrastrándose sobre el marco, buscando la parte más débil. Yo sentà el impulso de apartarme rápido, pero no lo hice, y me obligué a moverme con calma para no perder el control. Di dos pasos hacia la cocina porque el mosquitero vibró con un jalón fuerte, se oyó el metal del marco golpear contra la pared, y luego el seguro viejo hizo un tronido corto. como cuando una pieza cede por desgaste. Ese sonido fue distinto a todo lo anterior. Ya no era una amenaza desde afuera.
7:03 Ahora el sonido era de entrada. Me fui directo al pasillo. Le hablé a mi pareja en voz baja para que se encerrara en el cuarto con el bebé y se quedara pegada a la pared más segura. Le pedà que lo cargara y se quedara lista para moverse dentro del cuarto si yo lo decÃa. Ella lo hizo al instante. Cerró la puerta y puso el pasador. Se quedó con el bebé cargado, con la espalda pegada a la pared. Yo regresé a la sala, me asomé hacia la cocina y vi la sombra pegada a la ventana, moviéndose por el marco. Afuera, en la puerta principal, los rasguños seguÃan, pero ya no eran lentos, se escuchaban más rápidos, como si varias uñas estuvieran raspando al mismo tiempo. En una ventana del costado se oyó el protector vibrar, como cuando lo patean o lo sacuden con fuerza. Los sonidos ya no estaban separados, ya se sentÃa la casa rodeada, presionada por varios lados. En la casa habÃa un arma guardada por seguridad. No estaba exhibida ni a la mano en la sala. Estaba guardada en un lugar fijo. Fui por ella sin hacer movimientos inútiles. La tomé con cuidado, la cargué y regresé al pasillo. Me quedé ahÃ, con vista hacia la cocina y con la puerta del cuarto detrás de mÃ. Esa posición la elegà por lógica. Si alguien entraba por la cocina, tenÃa que cruzar el pasillo para llegar al cuarto, y yo no iba a permitir que
8:34 lo cruzara. La risa de la anciana afuera volvió, pero ahora se mezcló con otras risas, más bajas, como si hubiera dos o tres riéndose al mismo tiempo. En el patio se escucharon pasos que corrÃan y se detenÃan. se oÃa el roce de tela en la barda como si se pegaran a la pared para moverse sin ser vistas y en la puerta principal se escuchó un golpe más fuerte como un hombro o un cuerpo empujando entonces pasó lo que yo ya temÃa se escuchó el marco de la ventana de la cocina crujir un crujido largo y luego el sonido del mosquitero jalado hacia adentro después se oyó algo que no se confunde uñas tocando el piso no fue un paso con zapato Fue un arrastre corto, como cuando una mano cae y las uñas raspan el piso primero. Luego se oyó el peso del cuerpo acomodándose dentro de la cocina. Entró una, no corrió, y caminó lento, como si ya conociera el camino. Los pasos eran suaves, pero se escuchaban porque arrastraba las uñas en ratos, como si le gustara dejar marcas. La risa se oyó ya dentro de la casa. más cercana, más clara, como si la trajera pegada a los oÃdos. Era una risa rota, con un sonido que me recordaba a las pelÃculas de terror que habÃa visto. Era un sonido demonÃaco, como si tuviera la boca seca y aún asà quisiera reÃrse. La
10:04 sombra cruzó el borde del pasillo, y ahà la vi mejor. Era una figura encorvada, con el cabello largo y sucio pegado a la cara. La cara no se veÃa joven, se veÃa como piel envejecida, marcada con un brillo raro en los ojos, como si no parpadeara igual que una persona normal. Sus manos iban un poco levantadas, con uñas largas, oscuras, y en las puntas se alcanzaba a ver lo que parecÃa tierra pegada. Se detuvo un segundo, como si oliera el aire, y su cabeza giró hacia el lado del cuarto. Esa fue la prueba final de lo que buscaba. No venÃa por la cocina, no venÃa por la sala, venÃa por mi bebé. Dio un paso hacia mà con esa misma calma, como si su intención no tuviera prisa, porque sentÃa que ya estaba adentro. Yo no me movà hacia atrás, me quedé firme en el pasillo con el arma lista cuidando la puerta del cuarto. Afuera siguieron los rasguños en la puerta y en las ventanas, más rápidos, como si ya supieran que una habÃa entrado y las otras estaban presionando, para que todo ocurriera de una vez. Una bruja ya estaba dentro de mi casa, mi bebé estaba encerrado a pocos metros, y yo estaba parado en el pasillo, para que esa mujer no cruzara hacia la puerta del cuarto.
11:28 Arrastró las uñas por la pared del pasillo y dejó lÃneas profundas, oscuras en las puntas, como si fueran parte de un arma. VenÃa encorvada, con el cabello pegado a la cara, y esa risa le salÃa en pedazos, subÃa y bajaba, como burla fija. Su cara de anciana se quedó apuntando hacia la puerta del cuarto, con la boca estirada en una sonrisa que no se apagaba, y dio otro paso, lento, directo, como si ya supiera a dónde iba. Yo me mantuve plantado en el pasillo con el arma lista, cuidando que no se acercara a la puerta del cuarto. Detrás de esa puerta mi pareja tenÃa al bebé cargado. Yo, aunque tenÃa mucho miedo, debÃa proteger a mi esposa y a mi bebé. Y justo cuando la bruja levantó la mano hacia la madera, buscando el borde de la puerta, la bruja avanzó directo hacia el cuarto. No venÃa mirando el suelo ni buscando salida, venÃa enfocada. En el camino arrastró las uñas por la pared del pasillo nuevamente y dejó lÃneas profundas marcadas, como si hubiera pasado un metal afilado.
12:38 Esas marcas quedaron ahÃ, y por eso siempre digo que no fue una idea mÃa, pues la pared se abrió en surcos, con la pintura levantada y el yeso expuesto. Le apunté y le di una orden firme para que se detuviera. Se notó que me escuchó, porque levantó la cara y me sostuvo la mirada, y aún asà siguió avanzando con el mismo paso lento. Metió la mano hacia adelante como si quisiera tocar el aire, como si ya se imaginara abriendo esa puerta. La risa cambió, se volvió más corta, más segura, como si supiera que yo iba a dudar. Pero yo no podÃa dudar, y cuando dio el paso que la acercaba a la puerta del cuarto...
13:23 Disparé para detenerla antes de que llegara al bebé. El disparo retumbó en el pasillo y me dejó zumbando los oÃdos. La herida fue fuerte y la bruja cayó de lado, golpeó el piso con el hombro y se retorció con las manos clavadas en el suelo. Las uñas arañaban el piso y la pared al mismo tiempo, dejando marcas nuevas, como si quisiera arrastrarse aunque el cuerpo ya no le respondiera. La risa siguió, pero ya no sonaba como burla limpia. Sonaba rota, mezclada con un jadeo áspero. Intentó incorporarse dos veces. La primera se levantó a medias y se volvió a caer. En la segunda logró ponerse sobre una rodilla, pero el peso la venció y quedó recargada en la pared, manchándola.
14:10 Aún asÃ, la cabeza seguÃa girando hacia la puerta del cuarto, como si el objetivo siguiera ahÃ, como si nada más existiera eso. Afuera se soltó el ruido de las otras. No fue un solo golpe. Fueron golpes fuertes en la puerta principal, seguidos de uñas raspando madera con desesperación. En el patio se escucharon pasos corriendo, y en una ventana del costado, el protector vibró como si lo sacudieran con fuerza. Duró poco, pero se sintió pesado. Yo me quedé en mi sitio, apuntando hacia el piso del pasillo, cuidando que la bruja no se levantara y cuidando que nadie más entrara por la cocina. Le hablé a mi pareja en voz baja para que se mantuviera adentro, con el bebé cargado, sin abrir por nada la puerta. Ella me contestó igual de bajo, confirmando que estaba bien, y el bebé soltó un llanto corto, como de susto por el ruido. Eso me apretó el pecho, pero me mantuve en lo mÃo.
15:09 y mi prioridad era el pasillo para protegerlo. La bruja seguÃa viva, se quejaba por lo bajo, y en ratos se le salÃa una risa breve, como si se obligara a reÃrse aunque le doliera. El olor se volvió más fuerte, tierra mojada, sudor rancio y ropa guardada. En su cabello traÃa pedazos pequeños de hojas secas y polvo pegado. Yo marqué a emergencias y también llamé a un vecino que vivÃa cerca. porque sabÃa que las autoridades tardan y yo necesitaba que alguien más supiera lo que estaba pasando. Mientras esperábamos, el ruido afuera se fue alejando. Se escucharon pasos que se iban por la barda y luego el patio quedó quieto.
15:55 El perro salió de debajo de la mesa y se pegó a la puerta del cuarto, sin ladrar, respirando rápido. Cuando llegaron las autoridades, entraron con cuidado. Yo les señalé la cocina primero, Vieron el mosquitero arrancado, el marco forzado y el seguro viejo torcido. En la sala vieron marcas de uñas en la puerta y en el marco de una ventana. Y en el pasillo vieron los surcos en la pared, largos, profundos, recientes. Y vieron a la bruja ahà mismo, viva pero muy herida, con las uñas largas abiertas sobre el piso. La revisaron. Le pusieron seguro en las manos y en los pies. Ella se resistió poco por la herida, pero la mirada seguÃa dura. En un momento intentó levantar la cabeza hacia mà y hacia la puerta del cuarto, y ahà fue cuando me dejó claro de forma directa que iba a volver. No lo dijo como amenaza vacÃa, lo dijo como quien avisa algo que ya decidió. Yo lo entendà por el tono, por la forma en que lo sostuvo y por la insistencia con la que miraba hacia donde estaba mi bebé. Se la llevaron en camilla, pero la amarraron bien y en el camino hacia la salida soltó otra risa corta y luego se quedó respirando pesado, con la cara manchada, sin quitar los ojos del interior de la casa. Afuera, ya con ellos, vi huellas en la tierra cerca de la barda, Eran
17:25 marcas raras, como de pies descalzos, y también habÃa rayones en una puerta de lámina del patio, como si la hubieran tocado con uñas. Cuando por fin todo se calmó, yo fui al cuarto. Mi pareja seguÃa con el bebé cargado, temblando del cansancio, pero sin soltarlo. Revisé al bebé, estaba bien, y lo arrullamos hasta que volvió a dormirse. Nadie celebró nada, pues lo que hicimos fue actuar rápido y sostener la casa hasta que llegó la ayuda. Al dÃa siguiente, sellamos la ventana de la cocina, cambiamos chapas, pusimos protector también ahà y reforzamos la puerta principal. Aún asÃ, tomamos la decisión de irnos de esa casa en cuanto pudimos, no porque siguiera pasando algo, sino porque esa noche ya habÃan marcado el lugar. La promesa de esa bruja Se me quedó metida como un recuerdo que no se borra. No volvió a entrar nadie. No se repitió el ataque. Lo que quedó fue lo que yo vi con mis propios ojos.
18:29 Una casa rodeada, uñas en madera y vidrio, y una mujer con cara de anciana caminando directo hacia el cuarto donde dormÃa mi bebé.
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