Jan. 13, 2026

Turno Nocturno: Tres Brujas Me Rodearon En El Bosque - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Recuerdo que acepté el trabajo porque necesitaba el dinero y porque en ese momento no tenía otra opción. Era vigilancia nocturna en un grupo de cabañas privadas, metidas en el bosque, lejos de cualquier camino principal. No era un complejo turístico ni un lugar activo. Las cabañas se usaban solo en temporadas específicas y cuando yo llegué estaban todas vacías. No había huéspedes, no había personal fijo y no había señal de teléfono. El turno era completamente solo, de principio a fin. El primer día llegué antes de que oscureciera para recibir instrucciones. El supervisor me explicó el recorrido con un plano sencillo, sin detalles innecesarios. Marcó cada cabaña que debía revisar, el orden y los puntos donde debía reportar por radio cuando hubiera señal. Todo parecía normal, hasta que llegó a una cabaña en particular. Estaba más adentro que las demás, separada por una franja de bosque más denso, sin sendero marcado.

1:09 No la señaló para revisión. Al contrario, puso el dedo encima y me dijo que no debía acercarme a esa cabaña durante la noche, bajo ninguna circunstancia. No me lo dijo como advertencia amable ni como recomendación. Fue una orden directa. Le pregunté si había algún problema estructural o riesgo de derrumbe. Me respondió que no era parte del recorrido y que no tenía que saber nada más. Me dejó claro que si tenía que justificar algo en el reporte, simplemente debía marcar esa zona como no asignada. No insistí, pues pensé que sería alguna cuestión legal o un problema con los dueños.

1:52 Al empezar el turno, el lugar se sentía aislado, pero manejable. El bosque rodeaba las cabañas por completo. No había luces externas. Solo las lámparas del camino principal, que apenas alcanzaban a iluminar las primeras estructuras. Caminaba con linterna, radio y el equipo básico. Las primeras vueltas fueron tranquilas. Revisé puertas, ventanas y perímetros. Todo estaba cerrado y en orden. Conforme avanzaron los recorridos, empecé a notar cosas que no figuraban en el informe. En varios puntos del terreno encontré restos de fogatas viejas, no una sola, sino varias, distribuidas de forma irregular.

2:34 La tierra estaba removida alrededor, como si hubieran cavado y vuelto a tapar. En algunas piedras había marcas negras, profundas, no de humo reciente, sino de algo que se había quemado ahí muchas veces. No eran manchas superficiales, eran zonas oscurecidas que no se iban ni con la humedad de la noche. El olor a humo estaba presente de forma constante. No era fuerte como un incendio, pero sí persistente. Caminara hacia donde caminara, el olor seguía ahí. Revisé con la linterna los alrededores para ver si alguien había encendido fuego recientemente, pero no había brasas, ni calor, ni señales nuevas. Todo parecía viejo y abandonado, pero el olor se sentía fresco.

3:22 En uno de los recorridos más alejados vi algo que me hizo detenerme. Entre los árboles, a una distancia considerable, aparecieron luces pequeñas moviéndose lentamente. No eran fijas como lámparas ni parpadeaban como linternas. Subían, bajaban y se desplazaban de un lado a otro como si flotaran. Se apagaban y volvían a aparecer más adelante. Y eran varias, no una sola. Al principio pensé que podían ser reflejos o insectos, pero no se comportaban como nada que yo conociera. Poco después empecé a escuchar ruidos. No eran constantes, pero eran golpes secos contra el suelo o contra troncos, siempre en grupos de tres. Tres golpes, una pausa y luego silencio. El sonido venía siempre desde la misma dirección hacia el fondo del terreno. justo donde estaba la cabaña que me habían dicho que no revisara. Me detuve a escuchar varias veces para asegurarme de no estar imaginándolo, y cada vez que el sonido se repetía venía del mismo lugar. Como parte de mi trabajo, mi primera idea fue que podía tratarse de personas metidas en el terreno. El lugar estaba aislado y no sería raro que alguien entrara sin permiso. Pensé en cazadores. gente que acampa sin autorización o incluso ladrones el hecho de que hubiera fogatas viejas reforzaba esa idea y si había alguien ahí tenía que reportarlo durante un

4:56 rato intenté convencerme de que no valía la pena desviarme pues tenía la orden de no acercarme a esa zona y en teoría no era parte de mis funciones pero las luces seguían apareciendo y los golpes se repetían Sentí que, si no revisaba, estaría haciendo mal mi trabajo. No quería entregar un turno incompleto, ni explicar después por qué ignoré una posible intrusión. Avancé despacio, siguiendo el límite del recorrido permitido, tratando de ver algo más claro. Desde ahí, la zona de la cabaña prohibida se veía más oscura que el resto del bosque. Los árboles estaban más juntos y el suelo parecía menos firme. El olor a humo se intensificó conforme me acercaba, al punto de sentirlo en la garganta.

5:46 Me detuve varias veces antes de cruzar. Pensé en regresar, en reportar por radio lo que había visto y esperar indicaciones. Pero no había señal en ese punto y en el fondo creí que todo tendría una explicación simple. Di unos pasos más, dejando atrás el último punto marcado del recorrido. Fue ahí cuando entendí que ya había cruzado a la zona que me dijeron que evitara. Desde ese momento, las luces dejaron de moverse a lo lejos y empezaron a concentrarse en un solo punto, y los golpes cesaron por completo. El silencio se volvió más denso, como si el bosque hubiera quedado vacío. Seguí avanzando con la linterna al frente, sin saber que lo que iba a encontrar ahí iba a cambiar por completo la forma en que Al cruzar hacia esa zona, el suelo cambió de forma clara. La tierra estaba más blanda y húmeda, marcada por huellas antiguas que no seguían un solo camino. No eran pisadas recientes, pero sí repetidas. El olor a humo se volvió más intenso y constante, ya no como un rastro, sino como si el aire mismo estuviera impregnado. Respirar se volvió incómodo y sentí ardor en la garganta. Avancé despacio, cuidando cada paso.

7:09 La linterna iluminó primero la fogata antes de mostrar a las personas. El fuego estaba encendido y estable, como si llevara tiempo ardiendo sin apagarse. Alrededor del fuego había tres mujeres ancianas. No estaban sentadas ni de pie del todo. Permanecían encorvadas, apoyadas con las manos casi tocando el suelo, con la espalda arqueada y la cabeza inclinada hacia el fuego. Sus uñas fueron lo primero que me llamó la atención. Eran largas, torcidas y sucias, más propias de alguien que nunca las hubiera cortado. Algunas estaban quebradas y otras parecían endurecidas. Las manos se movían lento, rascando la tierra, acercándose y alejándose del fuego. Sus caras estaban deformadas por la edad, pero no solo por eso. Las bocas se abrían más de lo normal cuando murmuraban, y los dientes quedaban visibles aun cuando no hablaban del todo. Los ojos estaban hundidos y fijos en el fuego, sin parpadear. Rezaban en un idioma que no conocía. No era una oración cantada ni algo ceremonial como había visto antes. Era repetición constante de palabras cortas, siempre las mismas, dichas una tras otra sin pausa.

8:27 Las voces eran graves, ásperas, como si les costara hablar. No había ritmo ni melodía, solo insistencia, y cada palabra parecía empujada desde el pecho. En el suelo, alrededor de ellas, había restos de animales, huesos pequeños, pedazos de piel y plumas quemadas. También había bolsas pequeñas colocadas cerca del fuego. No eran recipientes improvisados, sino bolsas cerradas, algunas chamuscadas, con cosas dentro que no pude identificar bien. El suelo estaba oscuro, manchado por grasa y ceniza acumulada. Me quedé quieto, tratando de entender qué estaba habiendo. Pensé en retirarme sin hacer ruido, en volver por donde había llegado. Di un paso hacia atrás y fue entonces cuando una de ellas levantó la cabeza.

9:18 No buscó con la vista, no giró lentamente. Me miró directo como si desde el principio hubiera sabido dónde estaba y sus ojos se clavaron en mí. Las otras dos levantaron la cabeza casi al mismo tiempo y sus miradas se alinearon conmigo. dejaron de murmurar durante un segundo y luego empezaron a reírse no fue una risa fuerte ni descontrolada fue lenta, seca y prolongada se miraron entre ellas y luego volvieron a mirarme la risa continuó acompañada de palabras sueltas en el mismo idioma que estaban usando antes sentí que el cuerpo se me tensó completo no grité ni hablé solo di media vuelta y corrí no escuché pasos humanos detrás de mí Lo que se oía eran arrastres irregulares y golpes contra el suelo, como si algo pesado se moviera rápido entre los árboles. Las risas continuaban, no más fuertes, pero sí más cercanas. Corrí sin mirar atrás.

10:19 El terreno irregular me hizo tropezar un par de veces, pero no me detuve. La linterna se movía sin control y apenas alcanzaba a iluminar el camino. Sentía que el ruido se acercaba por ambos lados, no solo por detrás. en algún punto perdí la orientación pero seguí avanzando hasta reconocer la silueta de una de las cabañas del conjunto entré y cerré de golpe aseguré la puerta con el seguro interno y empujé una mesa contra ella apagué la linterna de inmediato y me quedé quieto pero el silencio duró pocos segundos escuché como rodeaban la cabaña las uñas golpearon primero una ventana luego otra no lo hacían con fuerza sino arrastrándolas despacio, dejando marcas claras en el vidrio y la madera. Escuché sus voces afuera, hablaban entre ellas en el mismo idioma, a veces reían y a veces se callaban por completo. Golpearon la puerta una vez, luego otra, siempre despacio. No intentaron derribarla, parecía que sabían que yo estaba adentro y que no tenía salida. Me quedé sentado en el suelo con la espalda contra la pared. El cuerpo me temblaba sin control, el sudor me corría por la cara y sentía náuseas. No sabía cuánto tiempo había pasado, solo sabía que no podía moverme ni hacer ruido. Y cada vez que las uñas rasgaban la ventana más cercana,

11:51 sentía que el sonido me atravesaba el pecho. En algún momento los golpes se alejaron. Las voces se escucharon más distantes, la risa se volvió intermitente, y poco a poco el ruido disminuyó. Pero no me moví. Permanecí ahí, respirando despacio, esperando a que amaneciera, sin saber si lo que estaba afuera realmente se había ido o solo estaba esperando a que yo cometiera un error. Cuando el ruido cesó por completo, no reaccioné de inmediato. Permanecí sentado en el mismo lugar con la espalda apoyada en la pared, respirando despacio. El silencio no me dio alivio. Me pareció antinatural, como si el bosque se hubiera vaciado de golpe. No sabía si se habían ido o si simplemente estaban esperando para que saliera y atacarme. Pasó un tiempo antes de que me atreviera a moverme. Las piernas me dolían y me costaba trabajo incorporarme. Sentía la cabeza pesada y la boca seca.

12:54 Me levanté con dificultad y me acerqué a una de las ventanas sin tocarla. Desde ahí pude notar que empezaba a entrar luz natural. El cielo ya no estaba oscuro y el bosque había recuperado los sonidos normales. Aves, hojas moviéndose con el viento y nada fuera de lugar. No salí de inmediato. La verdad que el miedo me tenía paralizado. Me quedé dentro. Sentado, hasta que escuché pasos claros y una voz humana llamándome por mi nombre. Reconocí al supervisor. Solo entonces abrí la puerta. La mesa seguía atravesada y tuve que moverla con esfuerzo. Cuando salí, el supervisor se detuvo al verme. Yo estaba pálido, con la ropa empapada en sudor y las manos temblando. Intenté explicarle algo, pero la voz me salió cortada. Me sostuvo del brazo para que no me cayera y me llevó hacia una de las cabañas cercanas. Después regresamos juntos a revisar la cabaña donde pasé la noche. Las marcas en las ventanas estaban ahí.

14:00 La madera estaba levantada y el vidrio tenía líneas profundas, largas, bien definidas. En la puerta había marcas similares a la altura del pecho. El supervisor las observó con atención, tomó fotografías y no hizo preguntas innecesarias. Me dijo que ese turno quedaba cerrado y que no tenía que preocuparme por reportes ni explicaciones. No levantaron ningún informe formal. No llegó nadie más a revisar. Todo se manejó como si fuera un incidente que debía quedar fuera de registro. Más tarde me sacaron del área y me llevaron a un lugar seguro. Un médico del pueblo cercano me revisó. Tenía fiebre, deshidratación y un cuadro claro de ansiedad aguda. Me indicaron reposo absoluto y evitar cualquier situación de estrés. No regresé a terminar el turno ni volví a entrar al bosque. Ese mismo día presenté mi renuncia. No intentaron convencerme de quedarme ni me ofrecieron otro puesto. La aceptaron sin comentarios. Nadie me pidió que explicara lo ocurrido por escrito. y nadie volvió a llamarme después. Las semanas siguientes fueron complicadas. Dormía mal y despertaba sobresaltado. Perdí peso porque no tenía apetito, y cualquier ruido fuerte me ponía en alerta. Empecé un tratamiento médico para la ansiedad y seguí las indicaciones al pie de la letra. Dejé por completo los trabajos nocturnos

15:31 y cualquier empleo que implicara estar solo en lugares aislados. Nunca volví al bosque, No acepté guardias en zonas alejadas, ni turnos donde tuviera que quedarme encerrado por horas. No fue una decisión racional al principio, fue una reacción física. Mareo, sudor frío y dificultad para respirar. Aparecían solo con imaginarme en una situación similar. Vivo con el miedo constante de volver a ver a esas brujas de las cabañas. A veces veo sombras fuera de lo normal y risas fuera de la casa. En el techo escucho pasos por las madrugadas y vivo con ese miedo de voltear a la ventana y ver las paradas ahí otra vez buscándome. Y lo que me quedó fue distinto en mi cuerpo. Me quedó una secuela clara y permanente, con la incapacidad de trabajar solo en lugares cerrados y aislados y la certeza de que lo que vi esa noche fue real y que no era algo que pudiera manejarse con lógica común.

16:37 Esa fue la única vez que estuve cerca de esas cabañas y no necesito volver para confirmar nada. Lo que ocurrió ahí fue suficiente para cambiar la forma en que vivo y trabajo. No hubo segunda oportunidad y la verdad ni la habría habido. Ese turno nocturno, esa guardia en las cabañas, me cambió la vida para siempre y espero nunca más volver a pasar por algo similar. Me quedé con la duda de si en las cabañas les permiten hacer sus rituales. Si las dejan, que hagan sus aquelarres ahí, por miedo o quizá tengan algo en común con ellas. Jamás lo sabré, pero si te toca trabajar de guardia nocturno y te dicen que algún lugar está fuera de tu rutina, hazles caso.