Operación Militar Cancelada Por Una Figura En El Campo - Historias De Terror - REDE
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0:05 Por muchos años lo guardé para mà mismo y me preguntaba si era real o si tal vez estábamos bajo el efecto tardÃo de alguna sustancia. Hace un año y medio comencé a ir a terapia y a pesar de que, por obvias razones, la terapeuta no cree en mi historia, me recomendó platicarla. Nunca he sido una persona muy sociable y no tengo muchos amigos a quienes contarles esto. Fui militar durante el sexenio de Felipe Calderón. Y no es un secreto para nadie la guerra contra el crimen organizado que hubo en aquel entonces. Me atreverÃa a decir que fue una de las peores épocas para pertenecer al ejército. Vimos e hicimos cosas muy difÃciles de relatar. Yo no tenÃa un cargo importante. Se podrÃa decir que solo iba y cumplÃa con mi trabajo. PertenecÃa a un grupo encargado de buscar sembradÃos de hierba ilegal. Nuestro deber era localizarlos, desmantelarlos y quemarlos. Esto era peligroso, muy a menudo habÃa tiroteos.
1:07 Muchos de ellos no estaban dispuestos a dejar sus sembradÃos. Un dÃa estábamos rastreando uno de estos sembradÃos, que era bastante grande. Nuestro comandante nos dijo que nos preparáramos para un posible tiroteo, pues se pensaba que alguien con un sembradÃo tan grande no lo dejarÃa asà de fácil. Por eso nos extrañó que, una vez que llegamos, todo se veÃa muy calmado y vacÃo. Apenas llegamos, del lado en que entramos habÃa un espantapájaros. Normalmente, en este tipo de sembradÃos no ponen nada como eso. Cada vez que lo recuerdo, no puedo evitar pensar en cuánto empeño habÃan puesto en hacerlo.
1:49 No sé de qué otra manera explicarlo, pero cuando te tomas mucho tiempo en hacer algo, se nota. Y vaya que se notaba. El espantapájaros tenÃa el cuerpo completo, una camisa de manga larga de franela roja y unos pantalones de mezclilla, algo muy básico. Las botas se veÃan bastante nuevas y en las manos y el pecho sobresalÃan algunas ramas de paja, lo que seguramente era su relleno. La cabeza era un trapo, no tenÃa orificios, dibujaron todas las facciones de una cara humana con plumón. Llevaba un sombrero que no era cualquiera ni un despojo. algo desgastado por el sol y con un poco de tierra. No sé si alguno de mis compañeros le dio la importancia que yo le di en ese momento. No hubo ningún comentario al respecto. Esto que les cuento fue algo que me llamó la atención, pero como no hablaba con nadie, no supe si a los demás les impactó tanto como a mÃ.
2:49 El sembradÃo era de más de 20 hectáreas y al fondo habÃa un pequeño granero. o más bien eso parecÃa a lo lejos. Cuando llegamos, nos dimos cuenta de que era de un tamaño considerable. Ya habÃamos estado en aquel sembradÃo durante varios minutos sin ver a nadie. Muchos de nosotros comenzamos a bajar la guardia, creyendo que el lugar habÃa sido abandonado recientemente, o por alguna razón lo habÃan dejado solo por un rato. Mi comandante abrió la puerta del granero, y a pesar de que lo hizo con cuidado, No esperábamos que lo primero que recibirÃamos fuera una lluvia de balas. Afortunadamente, no eran muchas personas y, al superarlos en número, logramos someterlos con relativa facilidad, aunque sà tuvimos algunas bajas. Una vez sometidos, nos dimos cuenta de algo extraño. Dentro del granero no habÃa tantas sustancias como esperábamos. Más bien, habÃa una especie de altar enorme, del tipo satánico. Creo que más de una persona en la audiencia podrá imaginarse que el crimen organizado suelen tener algunas deidades, pero hasta ese momento yo no habÃa visto ninguno, solo habÃa escuchado de ellos.
4:05 Nos sorprendió porque este altar era demasiado grande, se podrÃa decir que abarcaba más de la mitad del granero. Ni siquiera tengo palabras para describirlo, solo imaginen cualquier altar a la santa muerte y multiplÃquenlo por diez. por si esto fuera poco una de las personas que detuvimos se mostraba arrogante diciendo que nos Ãbamos a arrepentir por habernos metido en su territorio no era algo que nos preocupara realmente después de todo ya habÃamos detenido a este tipo de personas y las amenazas de muerte hacia nosotros eran básicamente el pan de cada dÃa no fue hasta que los escoltábamos esposados fuera de ese territorio pues tenÃamos que proceder con la quema de la plantación que mi comandante, a quien no mencionaré por motivos personales. Este comandante siempre fue un sujeto al que le gustaba provocar el caos, especialmente con personas que él considerara malas o inferiores a él.
5:05 CausarÃa problemas solo porque sÃ. A menudo se aprovechaba de su cargo para hacerlo sin ninguna consecuencia. No me malinterpreten, no era mal tipo, pero a veces podÃa ser difÃcil tener una buena relación con él. Además de eso, era una persona con sangre frÃa. A lo que me refiero es que la muerte o las situaciones de peligro no lo afectaban como al resto de las personas. Tal vez por eso habÃa logrado escalar tanto en su carrera. Siempre se mostraba relajado y poco afectado ante lo que habÃamos vivido. Una vez que pasamos frente al espantapájaros, tratando de ser gracioso o quizás de aligerar la situación, hizo un chiste que no recuerdo exactamente, pero golpeó ligeramente el hombro del espantapájaros.
5:54 Fue entonces cuando el detenido, quien ya nos habÃa amenazado de muerte, se puso aún más agresivo, diciéndonos que no tocáramos el espantapájaros y que si valorábamos nuestras vidas, más valÃa dejar el sembradÃo tal y como estaba. Como dije antes, estábamos acostumbrados a todo esto y, por obvias razones, no lo tomamos en serio. Mi comandante, al ver lo mucho que a esta persona le importaba el espantapájaros, comenzó a patearlo y golpearlo frente a él solo para provocarlo. Luego le arrancó la cabeza. Recuerdo bien que, una vez que mi comandante la tuvo entre sus manos, le comentó que estaba más pesada de lo que parecÃa. Se la pasó a otro compañero, quien también estuvo de acuerdo en que pesaba más de lo esperado. Mientras tanto, el detenido negaba con la cabeza. diciéndonos que no sabÃamos en lo que nos estábamos metiendo. Para hacer la situación aún más irónica, mi comandante dijo que se quedarÃa con la cabeza como un recuerdo personal, ya que estaba bien hecha. Subimos a todos los implicados al camión para seguir con nuestro protocolo y procedimos a la siguiente fase, quemar todo el sembradÃo.
7:09 Otra cosa extraña que recuerdo de ese dÃa es que a pesar de tener todo el equipo necesario y una amplia experiencia encendiendo fuego, nos fue increÃblemente difÃcil hacerlo. Encendedores, cerillos, todo parecÃa estar defectuoso. Lo que normalmente nos tomaba unos 10 segundos se convirtió en una tarea de más de media hora. Cuando lográbamos encender algunas plantas, el fuego se acabó. Pero aunque fue difÃcil, no fue imposible. El sembradÃo quedó reducido a cenizas. Cuando regresamos al lugar donde estaba el espantapájaros, noté que ya no estaba ahÃ. Yo no dije nada, pero escuché a otro compañero comentarlo, y otro le respondió que probablemente nuestro comandante se lo habÃa llevado para seguir molestando al detenido. Como todos conocÃamos el carácter del comandante, ninguno de nosotros le dio mayor importancia. Esa noche volvimos a la base, donde nuestro comandante estaba alardeando con la enorme cabeza del espantapájaros, contando cómo la habÃa conseguido y diciendo que la colgarÃa en una repisa de su cuarto.
8:19 Esa noche me tocó hacer la primera guardia junto con otros dos compañeros. Normalmente las guardias eran un tanto aburridas, pero debÃamos hacerlas por protocolo, era poco probable que ocurriera un ataque. Estábamos montando guardia, tomando un poco de café para mantenernos despiertos, cuando uno de mis compañeros comentó que parecÃa que alguien venÃa a lo lejos, estaba usando binoculares, y ni a simple vista ni por la distancia ninguno de nosotros podÃa ver nada. Otro compañero le pidió los binoculares y al observar dijo que probablemente no era una persona, sino algún reflejo o un montón de basura moviéndose con el viento. Primero insistió, diciendo que un montón de basura no caminarÃa. Yo también usé los binoculares para observar, y la verdad es que no podÃa darle la razón a ninguno de los dos. Estaba bastante lejos, y por la oscuridad parecÃa más un bulto que efectivamente se movÃa, pero no podÃa asegurar que se tratara de una persona o que estuviera dando pasos. Los tres discutimos por un largo rato qué era lo que debÃamos hacer. Por supuesto que parte de nuestro trabajo montando guardias incluÃa levantar reportes en caso de ver alguna amenaza o algo extraño. Pero no estábamos del todo seguros de si esto podÃa catalogarse como algo fuera de lo normal. Como aquella noche hacÃa un poco de viento, empezamos a pensar que tal vez se
9:50 trataba de alguna bolsa de basura siendo empujada de manera extraña. Creo que lo hablamos entre nosotros unos cinco minutos como máximo y llegamos a la conclusión de que lo vigilarÃamos por un rato, al menos hasta que estuviera lo suficientemente cerca como para ver qué era exactamente. De esa manera evitarÃamos levantar un acta falsa o sin relevancia, pero cuando volvimos a ponernos los binoculares para observar, nos sorprendió que aquel bulto extraño ya no se veÃa por ningún lado. que hubiera desaparecido asÃ, siendo que nuestra base era la única en ese lugar, nos resultó extraño. Pero como no le encontramos ninguna explicación lógica, decidimos dejarlo pasar, ya que no parecÃa representar una amenaza o algo potencialmente peligroso. El resto de nuestra guardia transcurrió sin volver a ver esa cosa ni nada más. Cuando se hizo el cambio de turno, entregamos la guardia sin siquiera mencionarlo y nos fuimos a dormir.
10:54 El lugar donde yo dormÃa era el mismo en el que también descansaba nuestro comandante. Al entrar, me di cuenta de que habÃa colocado la cabeza del espantapájaros en una cómoda. Me pareció de muy mal gusto, pero, como mencioné antes, no tenÃamos ningún poder sobre sus decisiones. Solo me recosté en mi litera y me dispuse a dormir. Probablemente ya estaba dormido. Pero, de pronto, uno de mis compañeros gritó. Eso hizo que todos los que estábamos durmiendo ahà nos despertáramos de golpe y nos pusiéramos en alerta, pensando que quizás estábamos siendo atacados. Pero una vez pasado el susto inicial, nos dimos cuenta de que no habÃa nada peligroso en el dormitorio. Cuando nuestro compañero se calmó, le preguntamos qué habÃa pasado. La base militar en la que nos alojábamos no era la mejor. y el dormitorio en el que estábamos no tenÃa puerta, se podÃa ver directamente hacia el pasillo.
11:54 Según nos comentó nuestro compañero, él comenzó a escuchar pasos, como si alguien arrastrara los pies. Cuanto más despertaba, más claro le quedaba que los pasos eran reales. Escuchaba una voz que según él no pertenecÃa a ninguno de los que estábamos allÃ. No le dio mucha importancia, pensando que quizás alguno de sus compañeros estaba hablando. Pero poco a poco vio que la figura dueña de esos pasos se acercaba a la entrada de nuestro dormitorio. Nuestra habitación estaba a oscuras, pero la luz del pasillo siempre permanecÃa encendida, por lo que las sombras se podÃan ver. Eso le pareció tan extraño que se quedó esperando a que pasara.
12:38 Vio al que hacÃa esos pasos. Describió la figura como la de un hombre sin cabeza, caminando por el pasillo. Fue cuando gritó, y aquella figura siguió caminando sin parecer haberlo escuchado. No querÃamos creerle, pero ese compañero era una persona muy seria y jamás lo habÃamos escuchado contar mentiras. Dos de nuestros compañeros se asomaron para ver si lo que decÃa era cierto. ya que el pasillo no tenÃa salida y topaba directamente con una pared. Cuando se asomaron, no vieron nada. A pesar de eso, nuestro compañero seguÃa firme en su relato. Tratamos de convencerlo de que tal vez habÃa sido un sueño, pero él insistÃa en que lo que habÃa visto era real. Recuerdo que nuestro comandante, en tono de broma, dijo que si el hombre sin cabeza querÃa una, él podÃa darle la que habÃa arrancado del espantapájaros. La mayorÃa volvió a dormir, pero algunos nos quedamos con nuestro compañero que seguÃa muy nervioso. Recuerdo que varios compartieron sus propias experiencias de cosas raras que habÃan visto a lo largo de su carrera militar. Las experiencias paranormales, en cierto sentido, vienen con el trabajo. Ya después de unas horas de la madrugada ya estábamos dormidos de nuevo. Pero, en algún momento, escuchamos no solo un disparo, sino varios.
14:04 Para quien no lo sepa, nosotros los militares estamos entrenados para no disparar a menos que la amenaza sea real. Básicamente, debemos rendir cuentas de cada bala. Es más que nada un protocolo de seguridad. A lo que quiero llegar es que si escuchas disparos, probablemente sea porque hay una amenaza no solo grande, sino también muy peligrosa. Todos pensamos que quizás aquellas personas del crimen organizado, a las que les habÃamos quemado la plantación de hierba ilegal, habÃan ido a buscarnos. Nos levantamos preparados para enfrentar lo peor, pero en cuanto llegamos a la parte de abajo, varios militares le estaban disparando a lo que, en un inicio, creÃmos que era un hombre, pero no tenÃa cabezas. Las balas no parecÃan hacerle ningún efecto, simplemente lo atravesaban y él seguÃa avanzando en su dirección. A pesar de nuestro entrenamiento militar, ninguno estaba preparado para algo asÃ, y los soldados retrocedÃan mientras disparaban, sin saber exactamente qué hacer. Pude ver cómo mi comandante estaba pálido. Ãl, al igual que otros que habÃamos estado en la quema de la plantación, ya nos habÃamos percatado de algo. Esa cosa no era un hombre sin cabeza, era el mismo espantapájaros que habÃamos visto antes. Bastaba con mirarlo por más de dos minutos para darse cuenta de que su cuerpo estaba relleno de paja, y sus manos eran solo guantes, que también parecÃan rellenos de paja. Esto
15:35 podrÃa no sonar como lo más honorable, pero debo decir que al ver que las balas no le hacÃan daño, huimos de esa cosa. No lográbamos entender qué era. y nuestras mentes no estaban en el mejor estado. Llevábamos mucho tiempo trabajando en la guerra contra el crimen organizado, habÃamos visto prácticamente de todo, pero no esperábamos que la mayor prueba de maldad estuviera en un hombre hecho de paja. Nos atrincheramos en el área de la cocina. Para ese momento nadie sabÃa qué hacer y simplemente nos quedamos allÃ. Aún estaba allà la cabeza del espantapájaros en la cómoda. Uno de mis compañeros la tomó y la arrojó contra una de las paredes, y nos sorprendimos al ver que dentro de la bolsa habÃa un cráneo humano. Fue entonces cuando la mayorÃa de nosotros entendió que, probablemente, ese espantapájaros que habÃamos visto siempre tuvo un hombre adentro. Las bandas de crimen organizado suelen realizar los peores actos para castigar a quienes consideran traidores, y asumimos que eso es lo que habÃa sucedido. Nos pareció bastante horrible no habernos dado cuenta antes, pero rápidamente supimos que todo indicaba que el cuerpo habÃa sido desmembrado para que no se notara. Pasamos el reporte, pero nadie nos creyó. Fuimos reubicados a los dos dÃas y por lo que supe, esa área fue básicamente abandonada. Nunca volvieron a mandar a ningún equipo a
17:08 esa zona.
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