No Fue Enfermedad: Alguien Estaba Drenando Mi Vida - Historias De Terror - REDE
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0:05 Me llamo Rolando y les cuento esto porque ocurrió hace años, pero todavÃa hay noches en las que no puedo dormir por completo. No es miedo, es recuerdo. Hay momentos en los que todo vuelve con la misma claridad, como si no hubiera pasado el tiempo. No necesito cerrar los ojos para acordarme, basta con quedarme quieto y dejar que regrese. Mi tÃa llegó a vivir con nosotros después de pasar mucho tiempo sola en un pueblo. Nunca se habló con exactitud de cuánto tiempo estuvo allá ni de cómo vivÃa. Mi madre dijo que no estaba bien dejarla sola, que la familia era para eso y que no tenÃa a nadie más cercano. Mi padre aceptó sin discutir, aunque desde el inicio se notó que la idea no le agradaba.
0:50 No se quejó ni puso condiciones, pero tampoco mostró gusto. Solo asintió y siguió con lo suyo. Recuerdo bien el dÃa que llegó. TraÃa pocas cosas, apenas dos bolsas de ropa y una maleta pequeña. No pidió ayuda para acomodarse ni preguntó dónde guardar nada. Caminó directo al cuarto del fondo, dejó sus cosas junto a la cama y cerró la puerta. Desde ese momento quedó claro que ese espacio era solo suyo. No era grosera ni tampoco amable, simplemente estaba ahÃ. Saludaba cuando coincidÃa con nosotros, respondÃa lo necesario y se retiraba.
1:31 No se sentaba a platicar ni preguntaba cómo estábamos. No opinaba y, aunque su presencia no era pesada, tampoco normal. Era como si ocupara un lugar sin mezclarse con lo que habÃa alrededor. El cuarto del fondo siempre habÃa sido un espacio olvidado. Antes se usaba para guardar cosas viejas y nadie entraba seguido. Pero desde que ella se instaló ahÃ, la puerta permanecÃa cerrada casi todo el tiempo. Solo salÃa para comer o para ir al baño. El resto del dÃa permanecÃa adentro. Con el paso de los dÃas, empecé a sentirme cansado sin una razón clara. Al principio no le di importancia. Pensé que era flojera o falta de sueño.
2:16 Pero el cansancio no se quitaba. Me despertaba agotado como si no hubiera descansado nada. Caminar unos minutos me dejaba sin aire. No era dolor ni mareo. Era desgaste, una sensación constante de estar vacÃo. Mi padre comenzó a verse igual, más lento y más pálido. Se sentaba con más frecuencia y dormÃa en horarios que no eran los suyos. Antes siempre estaba activo, pero después de que mi tÃa llegó, parecÃa que todo le costaba más trabajo. Mi madre lo notó, aunque no decÃa mucho. repetÃa que era cansancio acumulado que ya no tenÃa la misma edad pero su voz no sonaba convencida la casa seguÃa siendo la misma no habÃa ruidos extraños ni cambios visibles todo estaba en su lugar lo único distinto era ella y lo que nos estaba pasando a nosotros mi tÃa pasaba cada vez más tiempo encerrada desde el pasillo se veÃa una luz baja bajo la puerta y siempre la misma no era una luz fuerte ni intermitente era constante y aparecÃa incluso cuando todos dormÃamos mi madre lo mencionó una vez pero lo dijo como si no fuera importante como si fuera algo normal ella no preguntaba por nosotros ni se interesaba por cómo nos sentÃamos sólo nos observaba y a veces se quedaba viéndonos sin decir nada con una mirada medio agresiva y fija,
3:47 como si midiera algo en nosotros. Yo evitaba quedarme solo con ella, no porque me diera miedo, sino porque su silencio me incomodaba. Recuerdo una tarde en la que coincidimos en la cocina. Me senté a la mesa porque me sentÃa cansado. Se quedó de pie, recargada en la pared, mirándome. Pasaron varios minutos sin que dijera nada, y al final comentó que me veÃa distinto. No me explicó a qué se referÃa. Luego se dio la vuelta y regresó a su cuarto. Esa noche dormà mal. Me desperté varias veces sin saber por qué. No soñé nada en particular. Solo despertaba con la sensación de que el descanso no alcanzaba. Y, al dÃa siguiente, el cansancio seguÃa ahÃ. Mi madre empezó a notar pequeñas cosas fuera de lugar. No eran objetos importantes, sino cosas simples. Una prenda vieja que ya no estaba, o un objeto que nadie recordaba haber movido. No lo relacionó con nada en especÃfico, y dijo que tal vez lo habÃa guardado en otro lado. Mi padre ya no comÃa igual. Se quedaba viendo el plato sin ganas y a veces dejaba la comida a la mitad. Cuando mi madre le preguntaba si se sentÃa mal, él decÃa que no, que solo estaba cansado. aunque su voz ya no sonaba firme.
5:11 Yo comencé a prestar más atención a mi tÃa. Noté que casi no dormÃa. A cualquier hora que me levantara al baño, la luz bajo la puerta seguÃa ahÃ. Nunca escuché música ni televisión, solo silencio y esa luz constante. Nunca intentó acercarse más a nosotros, ni habló de su vida en el pueblo. Nunca nos explicó por qué habÃa decidido quedarse con nosotros. Simplemente estaba ahÃ, ocupando el cuarto del fondo, mientras algo en la casa empezaba a desgastarse poco a poco, sin ruido y sin avisar. Ese fue el inicio. No lo entendimos en ese momento, pues nadie pensó que algo asà pudiera estar pasando. Solo sabÃamos que, desde que ella llegó, algo empezó a irse de la casa, sin que pudiéramos señalar exactamente qué. Y eso fue lo primero que quedó grabado en mi memoria. El deterioro fue lento pero constante. Eso es algo que entendà con el tiempo.
6:11 Pero en ese momento solo veÃa que cada dÃa costaba un poco más levantarse, respirar, concentrarse. Fuimos con médicos distintos pero todos nos revisaron lo mismo. Hicieron preguntas parecidas y dieron respuestas que no llevaban a nada. DecÃan que no encontraban una causa clara. Mi madre insistÃa en que era cansancio. que quizá estábamos acumulando estrés, pero su voz ya no sonaba convencida. RepetÃa esas palabras como si necesitara creerlas. Mi padre empeoró más rápido que yo. Empezó a quedarse sentado sin moverse, mirando al frente, como si pensar fuera un esfuerzo.
6:53 Antes era una persona activa, de rutina firme. Ahora se levantaba tarde, se acostaba temprano y aún asà parecÃa no descansar. Yo lo veÃa y sentÃa que algo se nos estaba yendo, aunque no sabÃa cómo explicarlo. Mi tÃa seguÃa igual, no parecÃa cansada y no mostraba señales de desgaste. Su forma de caminar era la misma, su voz no cambiaba y su mirada seguÃa fija. Pasaba casi todo el dÃa en el cuarto del fondo. La luz bajo la puerta seguÃa apareciendo a la misma intensidad, siempre baja, siempre constante. No habÃa música ni sonidos que indicaran qué hacÃa ahà dentro.
7:36 Solo esa luz y el silencio. En ese tiempo, la verdad me causaba mucha tentación el saber qué era lo que hacÃa. Es algo que no puedo explicar, pero sentÃa que ella tenÃa algo que ver con lo que nos estaba pasando. Una tarde entré al cuarto sin avisar. No fue por curiosidad. Fue porque la puerta estaba entreabierta y me llamó la atención. Ella estaba de espaldas. acomodando cosas sobre la cama. Vi imágenes demonÃacas y velas negras extendidas con cuidado, como si siguiera un orden especÃfico. No se alteró al verme ni levantó la voz, solo se movió rápido, giró la cabeza, me miró y me pidió que saliera.
8:19 Su tono no fue amenazante ni molesto, solo fue firme, asà que salà sin decir nada. Esa noche dormÃ. y a mi tÃa diciendo cosas en un idioma que no reconocÃ. Me desperté varias veces con la sensación de que el aire no me alcanzaba. Me levanté al baño y vi la luz bajo su puerta encendida, como siempre, pero esta vez escuché un ruido muy extraño, como una voz que no era la de mi tÃa, muy grave, y un olor a cera quemada. Regresé a mi cuarto sin pensar demasiado y Y al dÃa siguiente el cansancio seguÃa ahÃ, igual que la sensación de estar incompleto. Pasaron algunos dÃas más y mi madre empezó a preocuparse en serio. Ya no repetÃa que era cansancio con la misma seguridad. Miraba a mi padre con atención, como si tratara de reconocerlo.
9:17 Una tarde decidió que tenÃamos que revisar el cuarto del fondo. No dijo que buscáramos algo especÃfico, solo dijo que necesitaba entender qué estaba pasando. entramos cuando mi tÃa no estaba y la puerta no tenÃa seguro al principio todo parecÃa normal la cama estaba hecha las bolsas seguÃan cerradas y el cuarto no olÃa raro ni se veÃa diferente fue hasta que movimos el ropero que lo vimos detrás habÃa imágenes del diablo colocadas con cuidado no estaban tiradas ni escondidas al azar habÃa velas negras usadas y algunas completamente consumidas En el suelo y sobre una mesa improvisada con un pentagrama. HabÃa papeles con nuestros nombres completos escritos varias veces y una foto familiar. Ahà todo estaba claro. Mi tÃa nos tenÃa trabajados, quizá desde que llegó a nuestra casa.
10:15 Mi madre se quedó quieta. No gritó ni se llevó las manos a la cara. Solo se sentó en la cama y empezó a llorar en silencio. Me imagino que estaba decepcionada y aterrorizada al mismo tiempo. Mi padre tomó uno de los papeles y lo leyó con calma. Luego lo dejó donde estaba y no dijo nada en ese momento. Solo salimos del cuarto y cerramos la puerta. Cuando mi tÃa regresó, mi padre la estaba esperando. Le gritó y le preguntó directamente qué era todo eso. Ella no negó nada y no intentó justificarlo con palabras suaves. Dijo que necesitaba entregar vidas a cambio. No habló de proteger a la familia ni de ayudarnos. Nos dijo que era un trato y que ya estaba en marcha. Mi madre le pidió que se fuera. Mi tÃa la miró como si no la escuchara. Mi padre dio un paso al frente y le dijo que no iba a permitirlo. Ella no retrocedió, pero fue entonces cuando mi padre le dio un golpe fuerte en la espalda. No fue planeado ni un acto pensado, fue desesperación. Ella cayó al suelo sin gritar y nos miró desde ahÃ, con una mirada que jamás olvidaré, con un odio enorme en sus ojos. No nos quedamos a ver qué hacÃa. Esa misma noche salimos de la casa, tomamos lo necesario y nos fuimos. Nadie habló durante el camino.
11:42 Yo sentÃa el cuerpo pesado, pero también una extraña claridad, como si algo se hubiera detenido. Durante los dÃas que estuvimos fuera, empecé a sentirme mejor. No de inmediato, pero poco a poco mejor. Y respirar ya no costaba tanto. Mi padre también comenzó a recuperarse. Ya dormÃa mejor y comÃa un poco más. Mi madre no dejaba de mirarnos, como si confirmara que el cambio era real. No hablamos de volver hasta que ella lo decidió. Nos dijo que no podÃamos abandonar la casa para siempre. Cuando regresamos, el cuarto del fondo estaba casi vacÃo. No habÃa imágenes, ni velas, ni papeles. Las bolsas ya no estaban, y el ropero estaba en su lugar. Sobre la cama habÃa una hoja doblada.
12:33 Mi madre la tomó y la leyó en voz alta. DecÃa, volveré por lo que me pertenece. Nadie dijo nada después de eso. Cerramos el cuarto y no volvimos a usarlo. Esa fue la última vez que vimos algo suyo en la casa, nunca volvimos a verla, y nadie supo a dónde se fue. Ese fue el punto en el que entendà que lo que nos pasaba no habÃa sido una coincidencia. Lo recuerdo con claridad porque fue ahà donde todo se rompió y, al mismo tiempo, donde empezó a componerse. Lo demás vino después, pero nada fue igual desde ese dÃa. Después de regresar y revisar el cuarto, intentamos convencernos de que todo habÃa terminado. La nota estaba guardada, las cosas habÃan desaparecido, y la casa, al menos durante el dÃa, parecÃa la misma de siempre. Nadie dijo que todo estaba bien, pero actuamos como si lo estuviera. Pero esa decisión duró muy poco. La primera noche no pasó nada evidente, pero algo ya no encajaba. El silencio no era normal, no era tranquilidad, era una ausencia total de sonidos como si la casa estuviera conteniéndose. Me desperté sin razón clara, con la sensación de que alguien estaba despierto además de mÃ.
13:53 No escuché pasos ni golpes, escuché voces, eran bajas y arrastradas, mezcladas entre sÃ. No podÃa distinguir cuántas eran, solo sabÃa que no pertenecÃan a nadie de la casa. VenÃan del pasillo y parecÃan desplazarse lentamente, como si recorrieran las paredes. No me movÃ. Desde el cuarto de mis padres se escuchó el crujido de la cama. Mi padre también estaba despierto. Las voces se apagaron solas, sin terminar una frase, dejando un silencio todavÃa más pesado. Nadie habló de eso al dÃa siguiente, pero nadie actuó normal, y evitamos quedarnos solos en la casa. La segunda noche las voces regresaron, pero esta vez más claras. No gritaban, no insultaban. Murmuraban palabras incompletas, algunas repetidas, otras dichas como si costara pronunciarlas. Mi nombre se escuchó una vez, pronunciado lento, estirando las sÃlabas. Sentà un frÃo seco recorrerme la espalda. Mi madre salió de su cuarto antes que nosotros y cuando volvió traÃa una hoja en la mano. la habÃa encontrado sobre la mesa de la sala y decÃa lo mismo que la anterior volveré por lo que me pertenece las letras eran más grandes desiguales como si se hubieran escrito con prisa o con dificultad mi padre rompió la hoja y la tiró a la basura sin decir una palabra cerró la tapa
15:25 con fuerza las voces siguieron un rato más pero nadie volvió a levantarse y esa noche nadie durmió bien A partir de ahà comenzaron los avistamientos. No eran apariciones completas ni constantes, eran presencias breves, siempre en la oscuridad, siempre fuera del centro de la vista. En el pasillo, al apagar la luz, se distinguÃa una silueta quieta. En la cocina, al entrar de madrugada, una figura parecÃa estar de espaldas junto al fregadero, pero al voltear directamente no habÃa nada. El cuerpo reaccionaba antes que la mente El corazón se nos aceleraba, la respiración se cortaba y el aire se sentÃa más denso. La silueta era inconfundible. Era ella, era mi tÃa bruja, pues la forma encorvada, el cabello largo cayendo hacia adelante y la manera de quedarse inmóvil, observando.
16:23 Ya que nunca se acercaba, nunca hablaba de frente, solo estaba ahà recordándonos su presencia. Una madrugada la vi frente al cuarto del fondo, La puerta estaba cerrada y ella estaba parada frente a ella. PermanecÃa inmóvil, como si esperara. Cerré los ojos por unos segundos, más por instinto que por valor, y cuando los abrà ya no estaba. Pero el aire seguÃa pesado y el cansancio volvió de golpe, como si alguien hubiera pasado demasiado cerca. Mi padre empezó a revisar la casa todas las noches. Caminaba con una linterna, abrÃa puertas, revisaba ventanas y miraba debajo de las camas.
17:05 Nunca encontraba nada, pero aún asà no dejaba de hacerlo. Mi madre dormÃa con la luz encendida, yo dormÃa poco y mal, siempre atento a cualquier sonido. Las voces cambiaron con los dÃas, dejaron de escucharse desde lejos y comenzaron a sentirse cerca. A veces parecÃan venir del techo, otras del interior de las paredes. En ocasiones se escuchaban junto al oÃdo, susurrando palabras incompletas, repitiendo nombres y arrastrando sonidos. Una noche escuchamos pasos en el techo. Eran lentos y pesados, recorriendo la casa de un extremo a otro. No eran pasos rápidos ni desordenados, eran constantes. Mi padre subió con la linterna, pero no encontró a nadie. El polvo estaba intacto, y aún asà los pasos continuaron escuchándose mientras estaba arriba.
17:57 como si vinieran de otro lugar. El cuarto del fondo volvió a abrirse solo, y cada mañana aparecÃa entreabierto, aunque lo cerráramos con seguro. La verdad, permanecer ahà más de unos minutos nos provocaba mareo, náuseas y una debilidad parecida a la que habÃamos sentido antes. Salir del cuarto hacÃa que el cuerpo tardara en reaccionar, como si algo se quedara atrás. Vivimos asà durante semanas. No hubo un momento exacto en el que todo se descontrolara, ni uno en el que se calmara por completo. Aprendimos a vivir con las voces, con las sombras y con la sensación de que alguien nos observaba desde la oscuridad. Las notas siguieron apareciendo de vez en cuando, siempre con el mismo mensaje en distintos lugares de la casa, pero nunca vimos quién las dejaba. No volvió a enfermarnos como antes y no intentó terminar lo que habÃa empezado. Era como si se hubiera detenido justo antes de cruzar un lÃmite, como si su intención ya no fuera quitarnos algo, sino recordarnos que seguÃa ahà y que no habÃa renunciado a hacerlo. Con el tiempo, las apariciones se hicieron menos frecuentes, pero nunca desaparecieron por completo. A veces, al apagar la luz, todavÃa distinguÃa su figura al fondo del pasillo. Otras veces, al despertar, escuchaba una respiración que no era la mÃa. Crecà con esa certeza encima, con terror constante y con la seguridad
19:31 de que algo quedó pendiente, como una amenaza inmediata y como una promesa escrita y repetida. Han pasado muchos años. Ya no escucho voces todas las noches. Ya no veo su silueta con la misma frecuencia. Aún asÃ, hay noches en las que despierto sin razón clara, con la sensación de que alguien está de pie en la oscuridad, esperando. No creo que haya terminado, y nunca lo creÃ. Solo aprendà a vivir, sabiendo que algún dÃa volverá por eso, que ella dice que le pertenece. Cuento esto tiempo después, cuando ya pasó todo y puedo recordar con claridad cómo empezó.
20:21 No porque en ese momento entendiera lo que ocurrÃa, sino porque mi cuerpo fue marcando el camino desde el principio. La mujer apareció de forma normal. No llegó anunciándose ni buscando atención. Era alguien que conocÃa a mis padres desde antes y empezó a frecuentar la casa, como lo hacÃa cualquier visita conocida. A veces ayudaba con tareas simples, otras solo se sentaba a escuchar. Opinaba cuando alguien se lo pedÃa, y guardaba silencio cuando no. No imponÃa su presencia, pero siempre estaba cerca. Nunca habló de sà misma como alguien especial, ni como alguien que supiera más que los demás. Simplemente se volvió parte del entorno. Al inicio, mi cuerpo empezó a fallar de manera leve. Una mañana sentà las piernas pesadas al levantarme. No habÃa dolor, solo falta de fuerza.
21:17 Caminaba unos pasos y tenÃa que detenerme. Pensé que era cansancio acumulado y seguà con mi rutina como pude. Pero dÃas después levantar objetos comunes empezó a costarme trabajo. Cosas que antes no pesaban ahora exigÃan esfuerzo. Me cansaba al caminar distancias cortas, y al subir unos pocos escalones tenÃa que parar para recuperar el aire. Empecé a dormir más de lo normal. Me acostaba temprano, y aún asà despertaba agotado. No importaba cuánto descansara, la sensación no desaparecÃa. Era como si el cuerpo no se recuperara. Me levantaba con la misma pesadez con la que me habÃa acostado. Las mañanas se volvieron difÃciles, y el dÃa avanzaba lento porque yo avanzaba lento. Mis padres empezaron a notarlo. Vieron que caminaba encorvado, que arrastraba los pies y que hablaba más despacio. Notaron que respiraba con dificultad cuando intentaba hacerlo profundo. Bajé de peso de forma evidente y la ropa me quedaba grande, y mi cara se veÃa distinta. Intentaron mantener la calma y me llevaron al médico. Me revisaron varias veces, me hicieron estudios y análisis, pero no encontraron una causa clara.
22:37 Dijeron que podÃa ser agotamiento, estrés o alguna deficiencia. Me dieron medicamentos y me recomendaron descanso, pero nada cambió. La mujer seguÃa ahÃ, acompañaba el proceso sin que nadie se lo pidiera. DecÃa que era normal pasar por etapas asÃ, que el cuerpo a veces se apaga antes de volver a responder. Usaba palabras simples y nunca habló de rituales ni de cosas extrañas. DecÃa que habÃa procesos que no se podÃan evitar, pero cada vez que la escuchaba, sentÃa una incomodidad que no sabÃa explicar. No era miedo, era rechazo. Algo en mà no querÃa que estuviera cerca, pero no tenÃa una razón concreta para señalarla. Con el paso de los dÃas, mi estado empeoró. Las piernas ya no me sostenÃan bien y tenÃa que apoyarme en las paredes para moverme.
23:30 Comer se volvió difÃcil, no por falta de hambre. sino porque el cuerpo no me respondÃa. Masticar me cansaba y tragar me costaba. Pasaba horas sentado sin poder levantarme solo, y a veces tenÃa mareos fuertes y otras veces simplemente me quedaba mirando un punto fijo sin energÃa para moverme. Mis padres insistieron con más médicos, Me cambiaron tratamientos y buscaron otras opiniones, pero nada funcionó. Cada visita terminaba igual, pues no habÃa una causa concreta. Yo los veÃa frustrados, intentaban no demostrarlo, pero lo notaba en la forma en que se miraban entre ellos y en cómo evitaban decir ciertas cosas frente a mÃ. Pero la mujer seguÃa visitando la casa. DecÃa que no habÃa que desesperarse. que todo seguÃa su curso y que habÃa cosas que no se podÃan forzar. Una tarde intenté levantarme de la cama y no pude. Las piernas no me respondieron. Me quedé sentado, apoyado en el colchón, sin fuerza para incorporarme. Llamé a mis padres y vinieron de inmediato. Me ayudaron a recostarme otra vez. En ese momento entendà que ya no era algo pasajero. Mi cuerpo estaba perdiendo funciones básicas. La mujer estuvo presente ese dÃa, observó todo sin decir mucho, solo repitió que habÃa procesos que se cumplÃan, con o sin resistencia.
25:02 Eso me molestó, pues sentà que hablaba de mà como si no estuviera ahÃ, como si mi cuerpo no me perteneciera. No dije nada porque no tenÃa fuerzas ni para discutir. Esa noche me costó respirar con normalidad, no podÃa cambiar de posición sin ayuda y cualquier movimiento me dejaba agotado. Esa noche, la verdad, necesité apoyo para todo. Me sentà reducido a un punto en la cama y mis padres se quedaron conmigo más tiempo de lo habitual. No hablaban mucho, solo se limitaban a vigilarme y a acomodarme cuando lo necesitaba. La mujer se despidió como siempre, sin prisa, como si nada urgente estuviera ocurriendo. Cuando se fue, mis padres se quedaron en silencio un momento. Luego empezaron a hablar entre ellos en voz baja. No entendà todo lo que dijeron, pero supe que habÃan tomado una decisión. Ya no estaban dispuestos a esperar ni a seguir buscando respuestas donde no las habÃa. Lo vi en sus gestos y en la forma en que me miraron después. Esa fue la última noche en la que pensé que lo que me pasaba podÃa resolverse solo. Mi cuerpo ya no me respondÃa y mis padres habÃan aceptado que no era una enfermedad común.
26:20 Ahà terminó esa etapa. Yo todavÃa no sabÃa qué estaba ocurriendo. Solo sabÃa que me estaba apagando poco a poco y que la solución no estaba donde habÃamos buscado hasta entonces. Mis padres me llevaron con un brujo recomendado por alguien cercano. No fue una decisión tomada a la ligera. Llegaron a él después de agotar opciones cuando ya no podÃan negar que lo que me pasaba no seguÃa una lógica médica. El trayecto fue pesado para mÃ. Me acomodaron como pudieron en el asiento y durante el camino entraba y salÃa del sueño. AbrÃa los ojos por momentos y veÃa el movimiento afuera. Luego volvÃa a cerrarlos porque el cuerpo no me sostenÃa despierto. Llegamos a un lugar apartado. No recuerdo los detalles del camino. Solo el momento en que me ayudaron a bajar. Las piernas no me respondÃan bien y tuve que apoyarme en mi padre. El brujo nos recibió.
27:18 No mostró sorpresa al verme. Me sentó frente a él y se quedó observándome largo rato. No me tocó de inmediato. Me miró la cara, las manos y la forma en que respiraba. Yo sentÃa el peso de su mirada. como si estuviera revisando algo que no era visible y él sabÃa que era. Después les preguntó a mis padres quién habÃa estado cerca de mà en los últimos dÃas o desde que notaron que estaba mal. Mis padres respondieron y mencionaron visitas de siempre y conocidos, pero cuando hablaron de esa mujer que frecuentaba la casa, el brujo levantó la vista. No dijo nada en ese momento, solo asintió despacio y siguió escuchando. Entonces habló, dijo que mi vida estaba siendo drenada poco a poco y que no era algo reciente.
28:09 Explicó que no se trataba de una enfermedad ni de un desgaste natural. Les dijo que alguien habÃa abierto un vÃnculo con brujerÃa maligna y que ese vÃnculo seguÃa activo y que esa brujerÃa no pararÃa hasta drenarme por completo la vida. También les dijo que habÃa un desequilibrio y que ese desequilibrio tenÃa un costo. Aclaró que no se podÃa deshacer sin pagar algo a cambio. Eso no era castigo ni justicia, era algo más, y dijo que esas palabras no se aplicaban ahÃ. Habló de equilibrio y de que cuando algo se toma, algo se tiene que entregar.
28:51 Dijo que lo que se habÃa hecho conmigo no se podÃa revertir con rezos ni con remedios. tampoco con limpias simples, que tendrÃa que ser con algo más fuerte. Nos explicó que el vÃnculo solo se cortaba si alguien entregaba su vida completa por la mÃa. No aceptaba sustitutos ni sacrificios parciales. Dijo que no servÃa entregar objetos ni sangre de paso. TenÃa que ser una vida que entrara y no regresara, pues el lugar señalado no permitÃa salidas. No nos explicó más sobre eso, pero comentó... que el que entraba ahà lo hacÃa para quedarse. Mis padres guardaron silencio, y yo apenas podÃa procesar lo que escuchaba. SentÃa el cuerpo pesado y la cabeza nublada. Mi respiración era lenta. El brujo siguió hablando sobre eso, y como si supiera que el tiempo no estaba de mi lado, dijo que el vÃnculo no se romperÃa solo. y que si no se hacÃa nada pronto, mi cuerpo seguirÃa apagándose hasta que no quedara fuerza, ni vida. Mi padre fue el primero en hablar con el brujo, y le preguntó si habÃa alternativas, o si podÃa hacerse de otra manera, y también le preguntó si habÃa algo que no implicara perder una vida. El brujo respondió siempre correctamente, dijo que no estaba pidiendo nada, solo
30:23 explicando lo que se requerÃa. Mi madre lloró en silencio, no gritó ni suplicó, solo se quedó sentada apretando las manos. Yo querÃa decir algo, pero no tenÃa fuerzas y sentÃa que las palabras no me salÃan. Mi padre volvió a preguntar si el daño podÃa detenerse de otra forma, pero el brujo negó con la cabeza. dijo que el vÃnculo ya estaba abierto y que cerrar algo asà siempre tenÃa un precio alto pasaron unos minutos en silencio el aire se sentÃa pesado yo veÃa a mi padre de reojo lo vi tomar aire varias veces y lo vi tensar la mandÃbula miraba para el cielo como buscando ayuda de Dios y después solo dijo que lo harÃa lo dijo con voz firme como si ya lo hubiera decidido desde antes el brujo asintió y se levantó Nos explicó lo que iba a pasar sin detalles innecesarios. Solo nos mencionó brujerÃa pesada y entidades malignas. Dijo que el lugar estaba cerca y que solo uno podÃa entrar, que la puerta se cerrarÃa y no se volverÃa a abrir, que la entidad se encargarÃa y que después de eso el vÃnculo se romperÃa. Mi padre se acercó a mÃ, me tomó de la mano. Su mano estaba caliente. Yo la sentÃa con dificultad, pero la sentÃ. No me dijo muchas cosas, solo me pidió que cerrara los ojos, me pidió que descansara y que todo estarÃa bien. No usó palabras de despedida,
31:56 solo me acomodó la mano sobre el pecho y se levantó. Lo último que recuerdo de ese dÃa es verlo caminar hacia el lugar indicado. Mi madre no lo siguió, se quedó conmigo. Yo tenÃa los ojos entrecerrados, vi la puerta y vi a mi padre entrar solo. La puerta se cerró detrás de él. El sonido fue seco y no hubo gritos ni movimientos después. Sentà un vacÃo inmediato. No sabrÃa decir si fue fÃsico o emocional. Solo recuerdo que después de eso todo se volvió oscuro. Mi cuerpo ya no sostuvo la conciencia. No supe cuánto tiempo pasó y no supe qué ocurrió después. Ese fue el último momento que recuerdo antes de perder el sentido por completo. Desperté en un hospital sin saber cuánto tiempo habÃa pasado. Abrà los ojos y lo primero que noté fue la luz blanca del techo. No sentà confusión inmediata, solo una sensación rara en el cuerpo, como si algo estuviera acomodándose por dentro.
32:58 Intenté respirar profundo y pude hacerlo sin que el pecho se cerrara. No fue una respiración fuerte, pero fue completa y eso me sorprendió. Movà la cabeza con cuidado y no sentà el mareo constante que me habÃa acompañado durante semanas. Quise hablar y la voz me salió sin agotarme. Sonó baja, pero firme. Llamé a mi madre y ella estaba cerca. Se acercó de inmediato y me miró como si no estuviera segura de lo que veÃa. Me tocó el brazo, luego el hombro, como comprobando que yo estaba ahà de verdad. Me preguntó cómo me sentÃa. Le dije que distinto. No mejor, no fuerte, solo distinto. Como si el cuerpo ya no estuviera apagándose. Pasaron unos minutos antes de que entendiera dónde estaba.
33:49 Vi el equipo médico alrededor, los tubos y el ruido constante de las máquinas. Me explicaron que me habÃan traÃdo inconsciente. No entraron en detalles. Dijeron que mi estado habÃa sido delicado, que no sabÃan si iba a responder. Yo escuchaba sin hacer preguntas, pues lo único que me importaba en ese momento era una cosa. Asà que pregunté por mi padre. mi madre no tardó en responder no evitó la pregunta ni buscó palabras suaves me dijo que no volvió que hizo lo que se le pidió y que no regresó después de eso que después de todo lo que el brujo dijo habÃa funcionado y eso era lo que mi padre querÃa me dijo que cumplió me lo dijo con la voz firme aunque los ojos se le llenaron de lágrimas no intentó explicarme más y tampoco hizo falta yo entendà lo suficiente Me quedé callado. No sentà un golpe inmediato.
34:47 Fue más bien una presión lenta en el pecho. No era dolor fÃsico, era la certeza de que mi padre ya no estaba, que se habÃa sacrificado por mÃ. Cerré los ojos un momento y sentà la mano de mi madre sobre la mÃa. No la apretó, solo la dejó ahÃ, como confirmando que seguÃa conmigo. Los dÃas siguientes fueron extraños. Mi cuerpo respondió de maneras que no esperaba. No estaba recuperado del todo, pero ya no iba hacia abajo. PodÃa sentarme sin ayuda, comer sin que masticarme agotara, y podÃa hablar durante varios minutos sin quedarme sin aire. Los médicos revisaban mis estudios una y otra vez, pues no encontraban una explicación clara para la mejorÃa. DecÃan que era algo inusual.
35:36 Yo los escuchaba sin interés, pues no buscaba respuestas ahÃ. Con el paso de los dÃas, empecé a recordar con más claridad lo ocurrido, antes de perder el conocimiento. La imagen de la puerta cerrándose y mi padre entrando en ella se repetÃa en mi cabeza como una pesadilla. Era algo que ya habÃa pasado y no se podÃa mover. No soñaba con eso, lo recordaba despierto, con los ojos abiertos, mientras miraba el techo del hospital. Mi madre pasaba la mayor parte del tiempo conmigo, A veces hablábamos poco y otras veces me contaba cosas prácticas. Me dijo que la mujer no volvió a aparecer desde ese dÃa. No fue algo que se discutiera mucho. Simplemente dejó de ir a la casa. Nadie volvió a verla y nadie preguntó más por ella. No se hicieron suposiciones. Solo se asumió que ya no estaba y el vÃnculo, como habÃa dicho el brujo, se habÃa roto. Los médicos seguÃan sin entender lo que pasaba.
36:40 ajustaban los tratamientos, hacÃan más estudios y anotaban los resultados. Yo mejoraba de manera constante, sin saltos grandes, pero sin retrocesos. Cada dÃa tenÃa un poco más de fuerza, no la fuerza de antes, pero suficiente para sentir que el cuerpo ya no se me iba de las manos. Cuando me dieron de alta, volvà a la casa. Todo estaba igual y al mismo tiempo no lo estaba. El lugar se sentÃa más grande, más silencioso. La ausencia de mi padre no se notaba en un solo punto, se notaba en todos, en la mesa, en los pasillos, en las cosas que hacÃa todos los dÃas y que ya no estaban. Mi madre se movÃa como si siguiera un orden nuevo, uno que todavÃa no terminaba de acomodarse. Mi recuperación siguió, no fue rápida ni completa. Hubo dÃas difÃciles y momentos en los que el cuerpo se cansaba antes de tiempo, pero ya no habÃa esa sensación de apagamiento constante. Ya no sentÃa que algo me estuviera quitando fuerza desde dentro. Era un cansancio normal, acorde a lo que habÃa pasado, y los médicos lo atribuÃan a una recuperación lenta. Con el tiempo entendà que no todo se habÃa ido con la mejorÃa fÃsica, pues la ausencia se quedó. Crecà con ella y crecà sabiendo que mi vida continuó, porque mi padre decidió no salir de ese lugar y decidió hacer el cambio, de una vida por otra. Un dÃa mi madre se
38:11 enteró de que la bruja estaba muerta. Se lo dijo una persona del mismo rumbo. La encontraron en su casa, estaba sola, no tenÃa golpes visibles y no hubo explicación médica clara. El cuerpo apareció y eso fue todo. Mi madre no preguntó más y la verdad no hizo falta. Yo entendà que ese fue el último pago, pues el brujo lo habÃa dicho desde el principio. Para cerrar lo que se abrió tenÃa que entregarse una vida completa y después cobrarse lo que se habÃa tomado. Mi padre se entregó al diablo para cambiar una vida por otra y la bruja pagó con la suya por haber hecho el trabajo.
38:53 El trato se cerró asà y no quedó nada pendiente. Después de eso no pasó nada más. Mi cuerpo siguió estable, no regresó el desgaste y no volvió la debilidad. Los médicos nunca encontraron una causa y dejaron de buscarla cuando vieron que ya no empeoraba, y yo no les expliqué nada. Mi padre no volvió, no regresó de ninguna forma y no dio señales. Se quedó donde entró y asà terminó su historia, que aún me duele recordar, porque él fue quien salvó mi vida a cambio de la suya. La de la bruja terminó el dÃa que apareció muerta, y la mÃa siguió porque mi padre tomó mi lugar. Con el tiempo entendà lo que eso significa. No fue un milagro y no fue suerte. Eso es una deuda. Vivir después de algo asà no es seguir igual, es aprender a cuidar cada paso. Aprendes a mirar a la gente con atención y aprendes que no todos se acercan con buenas intenciones y que no todo lo que parece ayuda lo es. La brujerÃa no es algo lejano, no está escondida, está en las personas. en lo que desean quitarte y en lo que están dispuestas a hacer para obtenerlo. Yo lo vivà sin buscarlo y ahora vivo con cuidado. No acepto favores fáciles, no dejo entrar a cualquiera y jamás ignoro las señales, porque sé que las cosas se cobran y que no siempre hay alguien dispuesto a pagar por ti.
40:24 Mi padre pagó para que yo siguiera aquÃ. La bruja pagó por lo que hizo y el trato se cumplió completo. Asà funcionan estas cosas. Yo sigo vivo, y sé que si no me cuido, me puede volver a pasar. Cuando pienso en mi abuela, no la recuerdo como una mujer tranquila. No porque fuera mala o dura, sino porque siempre cargó con algo encima. Era evidente en su forma de caminar por la casa, en cómo cerraba las ventanas antes de que oscureciera. y en la costumbre de revisar el patio varias veces antes de meterse a dormir. Eso fue asà desde que yo era niño, y en mi familia nadie lo cuestionaba. Era simplemente la forma en que ella vivÃa.
41:18 Con los años entendà que ese peso no habÃa estado siempre ahÃ. Antes de que yo naciera, mi abuela tuvo un problema con una mujer del mismo lugar donde vivÃamos. No era una desconocida ni alguien de paso. Era alguien con quien se cruzaba seguido, alguien a quien conocÃa bien, y también era una bruja. El conflicto no fue escandaloso ni público, pero sà directo. Hubo palabras duras, acusaciones claras y una discusión que terminó sin arreglo. No hubo disculpas ni acuerdos, y cada una se fue por su lado, dejando el asunto mal cerrado. Después de eso, mi abuela empezó a decir que esa mujer no la dejaba en paz.
42:01 Al principio lo decÃa como algo molesto y comentaba que la habÃa visto rondando la casa o que habÃa sentido que estaba cerca. Nadie en la familia lo tomó como algo grave. Pensaron que era rencor, coraje mal digerido o simple desconfianza. Nadie imaginó que eso fuera real y menos que iba a durar tantos años. Las primeras cosas extrañas no tuvieron forma humana. Mi abuela hablaba de animales. que aparecÃan alrededor de la casa de manera constante. Siempre eran los mismos, no surgÃan de la nada, no hacÃan nada fuera de lo normal, pero estaban ahà más de lo que deberÃan. Se quedaban cerca de las puertas, en el patio, junto a las bardas. Mi abuela los veÃa y se tensaba, no gritaba ni corrÃa, solo se quedaba observándolos con una seriedad que yo no entendÃa en ese momento. Yo era niño y crecà viendo eso como parte del paisaje. Me acostumbré a escucharla decir que los animales no estaban ahà por casualidad. No daba explicaciones largas, solo afirmaba que eran enviados por esa bruja, que no era normal que aparecieran siempre en los mismos lugares y a las mismas horas.
43:16 Incluso una vez miramos a una lechuza parada frente a nuestra casa y dijo que ese animal era ella. Nunca me habló de cosas sin sentido. Me habló de brujas y de brujerÃa real que ella veÃa en su vida diaria. Con el paso del tiempo, las apariciones dejaron de ser algo ocasional. No era una temporada ni una racha. Empezaron poco después del conflicto y ya no se fueron. Cada semana habÃa algo. A veces más seguido, a veces menos, pero siempre presentes. Mi abuela comenzó a cambiar sus rutinas. Cerraba antes, evitaba quedarse sola en el patio y dejó de hacer ciertas cosas que antes disfrutaba, como sentarse afuera al caer la tarde. En la familia se volvió un tema incómodo. Nadie la confrontaba, pero tampoco le seguÃan la conversación.
44:09 Se hacÃa un silencio corto y se pasaba a otra cosa. yo aprendà a no preguntar demasiado sabÃa que no iba a obtener respuestas claras y que insistir solo la ponÃa más tensa aún asà algo en su manera de hablar me hacÃa pensar que no estaba inventando nada no hablaba como si estuviera inventando las cosas de verdad la veÃa muy seria y a veces con temor en sus ojos la casa también cambió no fÃsicamente pero el ambiente se volvió distinto No era miedo abierto ni pánico, era una vigilancia constante. Mi abuela siempre estaba atenta a los ruidos, a lo que se movÃa afuera, a cualquier cosa fuera de lugar. Rezaba en voz baja, pero simplemente observaba y resistÃa, como si esperar fuera la única opción que le quedaba.
45:03 conforme crecà empecé a notar que lo que le pasaba no se limitaba al dÃa algunas mañanas despertaba más cansada de lo normal se levantaba tarde hablaba poco y se quedaba sentada sin hacer nada durante largos ratos cuando alguien le preguntaba si se sentÃa mal respondÃa que no habÃa dormido bien no entraba en detalles pero su expresión decÃa más que sus palabras Una vez, sin que nadie se lo pidiera, mencionó que la mujer también se le aparecÃa cuando dormÃa. Lo dijo con naturalidad, como si fuera una extensión de lo otro. Dijo que no solo la veÃa despierta, que tampoco la dejaba tranquila en los sueños. Ese comentario marcó un cambio en mi forma de entender todo. Hasta ese momento, yo pensaba que lo que pasaba se limitaba a lo visible, a lo que ocurrÃa alrededor de la casa.
45:58 Entender que también la alcanzaba cuando dormÃa hizo que todo se sintiera más cercano y más constante. Ya no habÃa un descanso claro entre el dÃa y la noche. Mi abuela no tenÃa un espacio seguro donde pudiera estar tranquila. A partir de ahÃ, empecé a observarla con más atención. Noté cómo se iba apagando poco a poco, no de golpe, sino con el paso de los años. No se volvió débil de inmediato, pero sà más seria. más callada. El problema con esa mujer dejó de ser un hecho del pasado y se convirtió en algo que seguÃa presente, aunque nadie más lo viera directamente. Esa fue la primera vez que entendà que lo que estaba viviendo mi abuela no era solo una mala experiencia ni un enojo prolongado, era algo que se habÃa instalado en su vida y que no parecÃa tener intención de irse, Y también entendà que lo que le pasaba no terminaba cuando cerraba los ojos.
46:58 Con el paso del tiempo, lo que le pasaba a mi abuela dejó de ser algo que solo ella veÃa o escuchaba. La casa empezó a involucrarse. No fue de golpe. Fue por acumulación. Primero fueron ruidos por la noche, pasos dentro de cuartos vacÃos y golpes secos en las paredes. Nadie preguntaba demasiado, pues en una casa vieja siempre hay ruidos. Eso decÃamos, pero los ruidos empezaron a repetirse siempre a la misma hora y siempre en los mismos lugares. Una noche, mientras cenábamos, mi abuela se quedó mirando hacia el pasillo. No dijo nada, solo dejó de comer, y todos volteamos hacia donde ella miraba. Al fondo, cerca del cuarto donde guardábamos cosas viejas, se alcanzaba a ver una silueta oscura.
47:48 no tenÃa forma definida, no se movÃa, solo estaba ahà ocupando espacio, mi padre se levantó de la mesa y caminó hacia el pasillo y cuando encendió la luz ya no habÃa nada, nadie dijo una palabra y terminamos de cenar en silencio, después de eso no fue la única vez, la silueta volvió a aparecer en distintos puntos de la casa, a veces estaba parada cerca de una puerta, Otras veces se veÃa al fondo del patio, pegada a la pared. Nunca entraba a un cuarto con gente, siempre se quedaba en los lÃmites. La veÃamos de reojo y cuando volteábamos directo ya no estaba. Mi abuela dejó de quedarse sola.
48:32 Si alguien salÃa, ella iba detrás. DormÃa con la puerta cerrada y una silla atravesada. DecÃa que asà estaba mejor. notar que la casa ya no era un lugar cómodo por la noche. Las luces se quedaban prendidas más tiempo y nadie caminaba solo por los pasillos después de cierta hora. Una madrugada escuchamos un ruido en la cocina. Sonaba como si algo estuviera tirando cosas al piso. Mi madre se levantó primero y cuando llegamos encontramos un gato muerto sobre la mesa. Ese gato no era nuestro. No habÃa sangre alrededor y no habÃa marcas de pelea. El animal estaba rÃgido, con los ojos abiertos, y nadie supo cómo habÃa entrado, pues las puertas estaban cerradas y las ventanas también. Mi abuela lo vio y no dijo nada, solo pidió que lo sacaran de la casa. No fue el único animal.
49:32 DÃas después apareció otro gato, esta vez en el baño, luego un perro pequeño en el cuarto del fondo, siempre dentro de la casa, nunca en el patio y nunca afuera. los encontrábamos por la mañana o en las madrugadas pero nadie escuchaba ruidos durante la noche y nadie veÃa cómo entraban simplemente aparecÃan ahà una noche escuchamos voces no venÃan de la calle sonaban dentro de la casa no eran gritos eran palabras bajas como si alguien hablara desde otro cuarto mi padre abrió la puerta del pasillo y caminó despacio pero la voz se detuvo de golpe Entró y no habÃa nadie Cerró la puerta y esa noche nadie durmió Mi abuela empezó a decir que ya no solo la seguÃan a ella DecÃa que ahora la casa estaba abierta No explicó qué significaba eso Solo dijo que la mujer ya no necesitaba esconderse A partir de ahÃ, las apariciones fueron más claras La silueta empezó a verse con forma Una figura alta, delgada, siempre cubierta por algo oscuro A veces parecÃa estar sentada, otras veces parada, pero nunca caminaba y siempre estaba quieta. Una noche la vimos todos, estaba en la sala parada junto a la ventana. La cortina se movÃa como si hubiera aire, pero las ventanas estaban cerradas. La figura estaba de espaldas, no se volteó
51:04 y nadie se acercó. Mi padre apagó la luz, cuando la volvió a prender ya no estaba. Esa noche mi abuela no salió de su cuarto. También apareció la lechuza. Dentro de la casa la encontramos una mañana en la cocina parada sobre la mesa. No voló al vernos, giró la cabeza lentamente y nos miró. Sus ojos eran grandes y claros. Mi madre intentó espantarla con una escoba, pero no reaccionó. Asà que mi padre la agarró con una cobija y la sacó de la casa. Cuando volvió a entrar tenÃa las manos temblando. Después de eso, escuchamos aleteos dentro de la casa por las noches, golpes contra las paredes, rasguños en el techo. Mi abuela decÃa que no la miráramos directo si volvÃa a entrar, y nadie preguntó por qué.
51:55 Las voces regresaron, a veces llamaban por el nombre de mi abuela, otras veces decÃan palabras sueltas que no entendÃamos. Hablaban con un tono normal, como si alguien estuviera parado en otro cuarto, y siempre se callaban cuando alguien se acercaba. Una madrugada desperté porque sentà que alguien estaba parado junto a mi cama. Abrà los ojos y vi la silueta. Estaba más cerca que otras veces. De verdad me llené de miedo al verla ahÃ, más cerca que nunca. Solo escuché una risa aterradora porque cerré los ojos y cuando los abrà ya no estaba. Esa noche me quedé despierto hasta que amaneció. A partir de ahÃ, entendà que lo que vivÃamos no era algo aislado. La casa ya no nos protegÃa. Era parte de lo mismo que habÃa empezado con mi abuela. Nadie buscó ayuda en ese momento y nadie intentó irse. Seguimos viviendo ahÃ, adaptándonos, cerrando cuartos y evitando ciertas zonas por la noche. Mi abuela decÃa que eso no iba a detenerse. DecÃa que la mujer estaba cumpliendo lo que habÃa prometido. No explicó más y la verdad no hacÃa falta, pues todos lo veÃamos y todos lo escuchábamos. Todos sabÃamos que algo estaba ahà y que no necesitaba mostrarse todo el tiempo para hacerse notar. Eso duró años, no siempre con la misma intensidad, pero nunca se fue del todo. Y la casa se volvió un lugar que se vigilaba, un lugar donde dormir era esperar
53:29 a que amaneciera. Era un miedo constante hacia esa bruja que nos tenÃa atemorizados. Llegó un momento en que ya no se pudo seguir viviendo como si nada pasara. Lo que ocurrÃa en la casa dejó de ser algo aislado o soportable. Las apariciones, las voces y los animales muertos hicieron evidente que no se trataba solo de sustos nocturnos. Mi abuela ya no dormÃa. Pasaba las noches sentada con la mirada fija en el pasillo o en la puerta del patio esperando que amaneciera. Fue entonces cuando la familia decidió buscar ayuda fuera del pueblo. Dieron con otra mujer en un lugar lejano, recomendada por conocidos que hablaban de ella con cuidado. No era alguien que recibiera visitas seguido, ni que se anunciara. VivÃa apartada, en una casa sencilla, rodeada de monte. El viaje se hizo temprano. Mi abuela fue en silencio todo el camino. No preguntó nada, pues sabÃa a qué Ãbamos. Cuando la mujer la vio, no pidió explicaciones largas. No preguntó qué pasaba en la casa ni qué se veÃa. Se acercó a mi abuela, la observó con atención y dijo que el problema no era reciente.
54:45 Dijo que no era algo que se hubiera hecho de una sola vez. Dijo que lo que traÃa encima estaba muy arraigado. como si se hubiera metido en ella con los años. La hizo pasar a un cuarto y cerró la puerta. Nos quedamos afuera. Se escuchaban murmullos bajos, pasos y objetos moviéndose. Pasó mucho tiempo, y cuando la mujer salió, su expresión era seria. Dijo que la otra bruja no solo habÃa hecho algo y se habÃa ido, sino que seguÃa encima de mi abuela. Dijo que estaba presente. vigilando, sosteniendo lo que habÃa iniciado, y mencionó que eso no era común. Explicó que mientras la otra siguiera activa, no habÃa forma de romper lo que estaba pasando. Dijo que podÃa intentar ayudar, pero que no podÃa prometer nada. Aún asà lo intentó. Mi abuela se quedó varios dÃas ahÃ.
55:43 Nosotros Ãbamos y venÃamos, y la mujer trabajaba en silencio, DecÃa que a veces sentÃa a la otra cerca, como si estuviera escuchando. Al final fue directa, nos dijo que no se podÃa hacer más y que no habÃa forma de quitar algo que estaba sostenido de manera constante por otra bruja. Que eso solo se detenÃa si quien lo hacÃa decidÃa parar. No habló de dinero ni de nuevas opciones, solo mencionó que habÃa cosas que no se podÃan forzar. Mi abuela regresó a la casa, igual que como se fue. Después de eso, la familia decidió buscar a la otra mujer.
56:24 Fueron al lugar donde habÃa vivido antes, pero la casa estaba abandonada, asà que le preguntaron a los vecinos y nadie dio razón. Algunos decÃan que se habÃa ido hacÃa años, otros decÃan que nunca la volvieron a ver, y la verdad, nadie supo decir adónde. No dejó rastro y no habÃa forma de encontrarla. La vida en la casa siguió igual o peor. Las apariciones continuaron, y la silueta se veÃa con más claridad en algunos momentos. A veces estaba parada en el pasillo, otras veces se alcanzaba a ver en el patio, cerca de la barda, y las voces seguÃan escuchándose por las noches. A veces decÃan el nombre de mi abuela, otras veces hablaban en un tono bajo, como si estuvieran en otro cuarto. Los animales dejaron de aparecer con la misma frecuencia, pero no desaparecieron del todo. Volvimos a encontrar alguno dentro de la casa de vez en cuando, siempre de la misma forma, sin sangre y sin señales de pelea. Mi abuela dejó de salir de la casa, solo lo hacÃa cuando era necesario. DormÃa poco y pasaba noches enteras sentada mirando hacia la oscuridad. No hablaba de miedo, pero su cuerpo lo mostraba, temblaba y sudaba aún con frÃo.
57:43 se sobresaltaba con cualquier ruido y vivÃa en vigilancia constante. Mi abuela entendió que no habÃa nada más que hacer, no volvió a hablar de buscar ayuda, no volvió a mencionar a la otra mujer y vivió asà los años que le quedaron, aterrorizada, cansada y sin descanso, pues cuando dormÃa por ratos lo hacÃa sabiendo que la noche no era un lugar seguro. Llegó al final de su vida diciendo que nunca iba a descansar. Lo dijo algunas veces y después dejó de mencionarlo. En los últimos meses ya no habló de eso. Su cuerpo se fue apagando de forma lenta. Murió una madrugada en la casa sin que ocurriera nada fuera de lo normal. No hubo ruidos y no hubo apariciones. Después de su muerte todo se detuvo.
58:35 Las voces dejaron de escucharse. La silueta no volvió a aparecer y no volvimos a encontrar animales dentro de la casa. El patio quedó vacÃo, las noches se volvieron normales y la casa siguió igual, como cualquier otra. Nunca supimos qué fue de la otra mujer, nunca se supo si decidió parar o si simplemente ya no fue necesario. El daño terminó con mi abuela, no continuó con nadie más, pero eso no cambia lo que pasó. Mi abuela vivió aterrorizada hasta su último dÃa. No hubo alivio y no hubo justicia. Mi abuela no tuvo un cierre agradable para ella, como todos hubiéramos querido. Solo resistencia hasta que el cuerpo ya no dio más. La otra mujer cumplió lo que habÃa prometido, sin necesidad de volver a aparecer después. La casa quedó normal.
59:29 Nosotros seguimos con nuestras vidas y ya no hay nada activo, ni esa bruja esperando. Solo quedó el recuerdo de ver a mi abuela vivir asà durante años, sabiendo que no habÃa forma de escapar de la venganza de la bruja. Jamás supimos cuál fue el problema por el que discutieron o la razón especÃfica del porqué del sufrimiento de mi abuela a costillas de esa bruja. Creemos que fue algo muy fuerte por la forma en que la aterrorizó hasta el último dÃa de su vida. E igual nos tocó a nosotros presenciar ese terror por la venganza de la bruja.
1:00:15 Mis padres decidieron enviarme a pasar las vacaciones con mi abuelo. Era la primera vez que lo verÃa y a pesar de las advertencias de que vivÃa en un lugar muy apartado, la idea de pasar todas las vacaciones en su granja me emocionaba. El viaje fue largo y desde el primer momento que vi la casa, algo no se sentÃa bien. No sabrÃa explicarlo, pero habÃa una atmósfera pesada. La casa de mi abuelo era sencilla, hecha de piedra y madera. Lo que más llamó mi atención fue una pequeña y rústica cabaña a unos 100 metros de la casa principal. No era una casa común, eso lo supe desde el primer vistazo. Estaba vieja, maltratada por los años. y parecÃa que en cualquier momento podrÃa desplomarse, aún asà se mantenÃa firme en su lugar, y daba la sensación de que siempre habÃa estado ahÃ, le pregunté a mi abuelo sobre esa cabaña, y su respuesta fue directa y cortante, lo cual fue una advertencia de que tal vez serÃa mejor mantenerme alejado de aquel lugar, ya que allà vivÃa una anciana bastante malhumorada, y lo mejor serÃa evitar cualquier tipo de problema con ella.
1:01:27 lo entendà como una orden pero en mi mente infantil la curiosidad comenzó a crecer mi abuelo no me dio más detalles y eso solo alimentaba mi imaginación en ese momento decidà obedecer la advertencia no hizo más que encender mi interés por descubrir más sobre esa misteriosa cabaña al dÃa siguiente conocà algunos niños que vivÃan en casas dispersas por los alrededores de la granja pronto nos hicimos amigos Y mientras jugábamos juntos, la conversación inevitablemente giró hacia la cabaña y la anciana que vivÃa en ella. Ellos me dijeron algo que en ese momento me dejó completamente incrédulo, pues me dijeron que aquella mujer era una bruja. Me contaron historias espeluznantes. DecÃan que por las noches la anciana se transformaba en una lechuza y volaba por los alrededores en busca de recién nacidos para llevárselos. afirmaban que la habÃan visto en pleno vuelo y que habÃa quienes decÃan que se oÃan gritos en la madrugada justo antes de que desaparecieran niños de los pueblos cercanos los escuchaba no podÃa evitar reÃrme por dentro desde pequeño mis padres me habÃan enseñado que lo paranormal no existÃa que no habÃa nada en el mundo más allá de lo que podÃamos ver y tocar Asà que, aunque los niños hablaban con miedo y respeto sobre la anciana, para mà no era más que una historia para asustar a los más pequeños.
1:02:59 Estaba jugando solo cerca de la granja, explorando algunos rincones a los que no habÃa llegado antes. Mientras corrÃa, al girar una esquina me detuve de golpe. AllÃ, a unos 20 metros, estaba la anciana. No la habÃa visto antes, pero no cabÃa duda de que era ella. Su aspecto era exactamente como lo habÃan descrito. Encorvada, con una piel arrugada que parecÃa haberse secado al sol, y vestÃa una túnica grisácea que se confundÃa con el paisaje desértico. Pero lo que más me impactó fue su mirada. Sus ojos eran oscuros, hundidos en su rostro. pero me miraban de una manera que me resultaba insoportablemente pesada, como si estuviera mirando a través de mi alma. No habÃa razón para que me mirara con tanto odio. No la conocÃa, no le habÃa hecho nada, pero esa mirada sentà como si me clavaba un puñal invisible. Sin pensarlo, corrà de vuelta a la casa de mi abuelo. No salà más ese dÃa. Me quedé en mi habitación tratando de sacudirme esa sensación de incomodidad que no lograba entender. El rostro de la anciana seguÃa apareciendo en mi mente, y aunque intentaba decirme a mà mismo que no habÃa nada de qué preocuparme, no pude dormir bien esa noche. Justo cuando logré conciliar el sueño, algo me despertó. Al principio pensé que lo habÃa soñado, pero los golpes en la ventana eran demasiado claros. Me senté en la cama, confundido, tratando de entender quién podrÃa
1:04:33 estar golpeando a esas horas. Mi primera suposición fue que mi abuelo intentaba llamarme la atención, o quizás era una broma. Me levanté de la cama aún medio adormilado y caminé hacia la ventana. Al abrir la cortina, lo vi. Un burro. Un burro que jamás habÃa visto en la granja. Estaba justo afuera de mi ventana, mirándome fijamente. No parecÃa un animal común. Su mirada me incomodaba de una manera que no podÃa explicar. Sus ojos brillaban de una forma extraña, casi humana. Algo en todo eso se sentÃa mal, como si algo no estuviera bien con ese animal. El burro emitió un rebuzno que me heló la sangre. No era el sonido normal de un animal. Era un sonido distorsionado, grotesco, como si estuviera lleno de odio. Me quedé paralizado, incapaz de reaccionar. El burro no dejó de mirarme y yo tampoco podÃa apartar mis ojos de los suyos. El burro dejó de moverse y la sensación de ser observado se intensificó.
1:05:38 No sabÃa qué hacer. Cerré las cortinas de golpe y volvà a mi cama, cubriéndome con las mantas como si eso pudiera protegerme de lo que estaba ocurriendo. Pero el miedo me impedÃa volver a dormir. A la mañana siguiente traté de olvidar lo que habÃa sucedido. Le conté a mi abuelo lo del burro, pero no pareció darle importancia. Tal vez él no lo entendÃa O tal vez estaba tan acostumbrado a la vida en la sierra que cosas asà no lo perturbaban. Pero a mà sÃ. Desde ese momento comencé a notar más cosas extrañas alrededor de la granja. Las noches se volvieron más aterradora. A menudo escuchaba ruidos provenientes de los alrededores, pero no me atrevÃa a asomarme por la ventana. TenÃa la sensación de que alguien o algo estaba observándome desde afuera. Pero nunca podÃa verlo con claridad.
1:06:34 El miedo se fue acumulando, y las historias de los niños sobre la anciana bruja se volvÃan más reales en mi mente. Un par de dÃas después de lo del burro, escuché golpes en la puerta de la casa. Eran suaves al principio, pero se hicieron más fuertes con el tiempo. Estaba solo en la casa. Mi abuelo habÃa salido a hacer unas compras en el pueblo más cercano. Bajé las escaleras con el corazón en la garganta y abrà la puerta lentamente. No habÃa nadie. El viento soplaba, pero todo estaba en silencio. Decidà no mencionar nada a mi abuelo. No sabÃa cómo explicarle lo que estaba ocurriendo y temÃa que pensara que, simplemente, era producto de mi imaginación. Las noches siguientes fueron las peores. Cada vez que intentaba dormir, sentÃa esa presencia afuera de mi ventana. ese burro extraño mirándome, aunque no me atrevÃa a volver a abrir la cortina.
1:07:31 Lo peor ocurrió una noche, cuando ya habÃa logrado olvidar el incidente del burro, y me convencà de que todo habÃa sido producto de mi imaginación. Estaba dormido profundamente, agotado después de un dÃa de correr por los alrededores y ayudar a mi abuelo en la granja, cuando de repente unos sonidos extraños me despertaron. No pude entender qué estaba escuchando, Me levanté de la cama con el corazón acelerado y el cuerpo tenso. Miré alrededor, pero todo estaba sumido en la oscuridad. Era un silencio espeso, roto solo por esos murmullos que parecÃan surgir de las sombras. A medida que me despabilaba, noté algo más perturbador, un olor, un hedor putrefacto que se hizo presente de golpe, invadiendo mis fosas nasales y llenando la habitación. Era un olor que no podÃa describir con precisión, pero me revolvÃa el estómago, como si algo muerto estuviera pudriéndose justo ahÃ, a mi alrededor.
1:08:32 A medida que el olor crecÃa, también lo hacÃan los susurros. Estaban cada vez más cerca, y no lograba descifrar qué decÃan. El tono era claro, no era nada bueno. Mi mente intentaba procesar lo que ocurrÃa, sin saber si debÃa correr o esconderme. Mis manos temblaban mientras intentaba moverme, y cada segundo que pasaba, el pánico crecÃa. Fue entonces cuando mis ojos, que poco a poco se acostumbraban a la oscuridad, comenzaron a distinguir algo más en la oscuridad. Primero pensé que se trataba de una sombra proyectada por los muebles, pero conforme mi vista se ajustaba, me di cuenta de que era algo más. En la esquina de mi cuarto, justo al lado del armario, una figura estaba de pie. Me quedé inmóvil sin atreverme a respirar por miedo a que me descubriera. Esa presencia era alguien. Y cuando mis ojos finalmente pudieron enfocarse mejor, la reconocÃ, era la anciana. Su figura encorvada parecÃa aún más deformada en la oscuridad, como si no perteneciera del todo a este mundo. Estaba inmóvil, pero sus ojos, oscuros y brillantes, me miraban fijamente desde la esquina. No podÃa apartar mi mirada de ella. Todo en mi interior me gritaba que lo hiciera, que dejara de mirarla. ParecÃa más alta, más delgada, casi esquelética, y el olor que llenaba la habitación se volvÃa cada vez más insoportable. Me dio mucho miedo que grité sin pensarlo,
1:10:05 llamando a mi abuelo. Di un fuerte grito y escuché los pasos de mi abuelo acercándose por el pasillo. Abrió la puerta de golpe y en ese preciso momento la anciana desapareció. No se desvaneció lentamente ni huyó de la habitación. Simplemente ya no estaba ahÃ, como si nunca hubiera estado. El olor nauseabundo también desapareció tan rápido como habÃa llegado, dejando solo un ligero rastro en el aire. Después de aquella noche aterradora, pasaron casi cuatro dÃas sin que hubiera señales ni nada más de aquella anciana. comencé a convencerme de que todo habÃa sido producto de mi imaginación. Quizás mi mente habÃa exagerado los relatos que mis amigos me contaron sobre brujas y seres sobrenaturales, historias que se contaban al atardecer mientras corrÃamos por los campos. Las risas y los juegos me ayudaron a desviar mi atención, y por un momento logré olvidar el miedo que me habÃa invadido.
1:11:04 Una noche, mientras jugaba con mis amigos hasta tarde, El sol ya se habÃa puesto y el cielo se tornaba oscuro. Decidà que era hora de regresar a casa. SabÃa que mi abuelo se preocuparÃa si llegaba tarde. Caminé de regreso, disfrutando del aire fresco y de la tranquilidad del campo. Cuando pasé cerca de un viejo árbol, algo llamó mi atención. Al mirar hacia arriba, vi una lechuza enorme posada en una rama baja. Me miraba fijamente. Sus ojos grandes y amarillos reflejaban la escasa luz que habÃa. Intenté ignorarla, pensando que solo era un ave común, pero a medida que avanzaba sentà una incomodidad creciente. Era como si la lechuza estuviera observándome con una intensidad que me hacÃa dudar de su naturaleza. Traté de seguir mi camino, convencido de que solo estaba imaginando cosas, pero el sentimiento de ser seguido crecÃa con cada paso. Un grito desgarrador surgió de la lechuza, un sonido que no podÃa ser producido por un ave.
1:12:11 Era un grito humano, una mezcla de terror y agonÃa que resonó en la quietud de la noche. El miedo me paralizó. Aquello no podÃa ser real. El pánico se apoderó de mà y sin pensar comencé a correr hacia casa. La adrenalina bombeaba en mis venas y cada sombra que se movÃa entre los árboles parecÃa acercarse más. La imagen de la lechuza, con su mirada penetrante y aquel grito, se grabó en mi mente mientras corrÃa a toda velocidad, casi sin poder respirar. Al llegar a la casa, abrà la puerta de un golpe, asustado y temblando. Mi abuelo estaba en la sala y al verme, su expresión cambió de preocupación a alarma. Estaba aterrorizado, temblando y apenas podÃa articular palabras. Mi abuelo acudió rápidamente para ver qué sucedÃa.
1:13:02 Le conté lo que habÃa visto, la lechuza que parecÃa seguirme, el grito espeluznante que habÃa oÃdo. Al revisar afuera no encontró nada, ni una señal de la lechuza o de alguna otra criatura cerca de la propiedad. Intenté explicar de nuevo lo que habÃa pasado, pero mi abuelo, con su tono sereno, me dijo que probablemente solo era un ave, que a veces hacen ruidos extraños. y que como yo no estaba acostumbrado a escuchar los sonidos nocturnos del campo, era normal que me asustara. Su explicación parecÃa razonable. Una parte de mà no estaba convencida. A pesar de todo, aquella noche volvà a la cama. SabÃa que por mucho que intentara explicarle a mi abuelo el verdadero terror que sentÃa, él no me creerÃa. Me esforcé en calmarme, diciéndome que quizás tenÃa razón, que todo habÃa sido producto de mi imaginación.
1:13:58 El cansancio y el miedo finalmente me vencieron y me quedé profundamente dormido. No sé cuánto tiempo pasó, pero en mitad de la noche sentà algo extraño en mis pies. Al principio pensé que era solo el peso de las cobijas, pero luego sentà una sensación húmeda, como si algo estuviera lamiendo mis pies. El asco y el miedo me hicieron despertar de golpe. Al abrir los ojos, lo primero que vi fue una figura en la oscuridad, al pie de mi cama miré como en la oscuridad de la habitación la anciana estaba allà agachada con su rostro arrugado y demacrado cerca de mis pies parecÃa estar succionando o lamiendo uno de ellos el miedo me paralizó por unos segundos hasta que finalmente logré apartar los pies y solté un grito que resonó en toda la casa llamé a mi abuelo mientras me alejaba lo más que podÃa de la anciana Mi abuelo acudió corriendo a mis gritos, esta vez más alarmado que antes. Entró a mi habitación de un golpe, pero para mi horror y confusión, cuando él encendió la luz, la anciana ya no estaba. No habÃa rastro de ella en ningún rincón de la habitación. Esta vez tenÃa algo que probar sobre lo que habÃa sucedido. Pues, al levantar las cobijas, mis pies estaban amoratados y me dolÃan terriblemente.
1:15:24 Mostré los moretones a mi abuelo, señalando cómo habÃan quedado marcados por lo que habÃa sucedido. Ãl se quedó en silencio. Su rostro cambió por completo. Lo que al principio habÃa sido escepticismo, ahora era una expresión de preocupación genuina. No lo dijo en voz alta. Pude ver en sus ojos que algo habÃa cambiado. SabÃa que lo que estaba ocurriendo no era algo normal. Después de aquella noche aterradora, Mi abuelo me llevó al dÃa siguiente a la casa de un amigo suyo, un hombre que vivÃa aún más apartado, en una pequeña cabaña al borde del pueblo. Al llegar, sentà una extraña atmósfera en ese lugar, pero lo que más me impresionó fue la expresión en el rostro de aquel hombre cuando me vio. Se quedó en silencio por un momento, evaluándome con la mirada. Luego se acercó a mi abuelo y en un tono grave... Le dijo algo que me heló la sangre. La bruja me habÃa marcado y si no actuaban rápido me llevarÃa con ella. Yo estaba asustado. No entendÃa nada de lo que estaba pasando.
1:16:30 Todo aquello, las historias de mis amigos, las advertencias de mi abuelo, ahora parecÃan más reales y amenazantes que nunca. No podÃa creer lo que estaba escuchando, pero tenÃa mucho miedo. Mi abuelo intentó calmarme, asegurándome que su amigo sabÃa cómo ayudarme. A pesar de lo asustado que estaba, decidà confiar en ellos, aunque una parte de mà no podÃa dejar de pensar que aquello no era más que una pesadilla de la que querÃa despertar. El hombre preparó lo que llamó una limpia. Comenzó a quemar hierbas que despedÃan un olor fuerte, casi sofocante, mientras murmuraba palabras que no comprendÃa. Luego me hizo beber un té que tenÃa un sabor extremadamente amargo. Apenas pude tragarlo sin que las arcadas me ganaran, pero ellos insistieron en que lo tomara todo. Sentà un malestar en mi estómago que me hizo doblarme de dolor. Fue entonces cuando comencé a vomitar. Lo que salió de mi boca no era normal. Primero fue una cantidad alarmante de cabello, enredado y viscoso, como si hubiera estado dentro de mà durante mucho tiempo. Pero eso no fue lo peor. Después de cada arcada, junto con el cabello, una sustancia negra y espesa empezó a salir también. No podÃa dejar de vomitar.
1:17:50 Era como si algo oscuro estuviera siendo expulsado de mi cuerpo. SentÃa que no terminarÃa nunca. Cuando finalmente todo aquello se calmó, me desplomé en el suelo, agotado y temblando. Mi abuelo y su amigo parecÃan aliviados, pero yo apenas podÃa mantenerme consciente. El hombre me dijo que aquello era lo que la bruja habÃa dejado en mÃ, que ella intentaba corromperme desde dentro y que si no hubieran actuado no habrÃa escapatoria. Sentà miedo y alivio al mismo tiempo, pero estaba tan débil que no podÃa ni levantarme. Mi abuelo, visiblemente preocupado, me ayudó a levantarme. Me dijo que ya no podÃa seguir allÃ, que mi cuerpo estaba demasiado débil para resistir otro ataque de la bruja. No habÃa otra opción. Esa misma tarde, con una sensación de vacÃo y una tristeza profunda, tuve que empacar mis cosas y volver a la ciudad.
1:18:49 Mis padres nunca supieron lo que realmente sucedió. Mi abuelo les dijo que me habÃa enfermado un poco y que creÃa que lo mejor era que estuviera en casa. Yo confirmé su historia, pues no sabÃa cómo contarles a mis padres todo lo que habÃa vivido. Estaba seguro de que no me creerÃan. estoy feliz de haber sobrevivido al ataque de aquella anciana aún hoy en dÃa me pregunto por qué lo hizo o qué le habÃa hecho yo para que intentara hacerme tanto mal pero como dice mi abuelo hay personas a las que simplemente les gusta hacer daño a los demás
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