Jan. 5, 2026

No Fue Enfermedad: Alguien Estaba Drenando Mi Vida - Historias De Terror - REDE

No Fue Enfermedad: Alguien Estaba Drenando Mi Vida - Historias De Terror - REDE
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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Me llamo Rolando y les cuento esto porque ocurrió hace años, pero todavía hay noches en las que no puedo dormir por completo. No es miedo, es recuerdo. Hay momentos en los que todo vuelve con la misma claridad, como si no hubiera pasado el tiempo. No necesito cerrar los ojos para acordarme, basta con quedarme quieto y dejar que regrese. Mi tía llegó a vivir con nosotros después de pasar mucho tiempo sola en un pueblo. Nunca se habló con exactitud de cuánto tiempo estuvo allá ni de cómo vivía. Mi madre dijo que no estaba bien dejarla sola, que la familia era para eso y que no tenía a nadie más cercano. Mi padre aceptó sin discutir, aunque desde el inicio se notó que la idea no le agradaba.

0:50 No se quejó ni puso condiciones, pero tampoco mostró gusto. Solo asintió y siguió con lo suyo. Recuerdo bien el día que llegó. Traía pocas cosas, apenas dos bolsas de ropa y una maleta pequeña. No pidió ayuda para acomodarse ni preguntó dónde guardar nada. Caminó directo al cuarto del fondo, dejó sus cosas junto a la cama y cerró la puerta. Desde ese momento quedó claro que ese espacio era solo suyo. No era grosera ni tampoco amable, simplemente estaba ahí. Saludaba cuando coincidía con nosotros, respondía lo necesario y se retiraba.

1:31 No se sentaba a platicar ni preguntaba cómo estábamos. No opinaba y, aunque su presencia no era pesada, tampoco normal. Era como si ocupara un lugar sin mezclarse con lo que había alrededor. El cuarto del fondo siempre había sido un espacio olvidado. Antes se usaba para guardar cosas viejas y nadie entraba seguido. Pero desde que ella se instaló ahí, la puerta permanecía cerrada casi todo el tiempo. Solo salía para comer o para ir al baño. El resto del día permanecía adentro. Con el paso de los días, empecé a sentirme cansado sin una razón clara. Al principio no le di importancia. Pensé que era flojera o falta de sueño.

2:16 Pero el cansancio no se quitaba. Me despertaba agotado como si no hubiera descansado nada. Caminar unos minutos me dejaba sin aire. No era dolor ni mareo. Era desgaste, una sensación constante de estar vacío. Mi padre comenzó a verse igual, más lento y más pálido. Se sentaba con más frecuencia y dormía en horarios que no eran los suyos. Antes siempre estaba activo, pero después de que mi tía llegó, parecía que todo le costaba más trabajo. Mi madre lo notó, aunque no decía mucho. repetía que era cansancio acumulado que ya no tenía la misma edad pero su voz no sonaba convencida la casa seguía siendo la misma no había ruidos extraños ni cambios visibles todo estaba en su lugar lo único distinto era ella y lo que nos estaba pasando a nosotros mi tía pasaba cada vez más tiempo encerrada desde el pasillo se veía una luz baja bajo la puerta y siempre la misma no era una luz fuerte ni intermitente era constante y aparecía incluso cuando todos dormíamos mi madre lo mencionó una vez pero lo dijo como si no fuera importante como si fuera algo normal ella no preguntaba por nosotros ni se interesaba por cómo nos sentíamos sólo nos observaba y a veces se quedaba viéndonos sin decir nada con una mirada medio agresiva y fija,

3:47 como si midiera algo en nosotros. Yo evitaba quedarme solo con ella, no porque me diera miedo, sino porque su silencio me incomodaba. Recuerdo una tarde en la que coincidimos en la cocina. Me senté a la mesa porque me sentía cansado. Se quedó de pie, recargada en la pared, mirándome. Pasaron varios minutos sin que dijera nada, y al final comentó que me veía distinto. No me explicó a qué se refería. Luego se dio la vuelta y regresó a su cuarto. Esa noche dormí mal. Me desperté varias veces sin saber por qué. No soñé nada en particular. Solo despertaba con la sensación de que el descanso no alcanzaba. Y, al día siguiente, el cansancio seguía ahí. Mi madre empezó a notar pequeñas cosas fuera de lugar. No eran objetos importantes, sino cosas simples. Una prenda vieja que ya no estaba, o un objeto que nadie recordaba haber movido. No lo relacionó con nada en específico, y dijo que tal vez lo había guardado en otro lado. Mi padre ya no comía igual. Se quedaba viendo el plato sin ganas y a veces dejaba la comida a la mitad. Cuando mi madre le preguntaba si se sentía mal, él decía que no, que solo estaba cansado. aunque su voz ya no sonaba firme.

5:11 Yo comencé a prestar más atención a mi tía. Noté que casi no dormía. A cualquier hora que me levantara al baño, la luz bajo la puerta seguía ahí. Nunca escuché música ni televisión, solo silencio y esa luz constante. Nunca intentó acercarse más a nosotros, ni habló de su vida en el pueblo. Nunca nos explicó por qué había decidido quedarse con nosotros. Simplemente estaba ahí, ocupando el cuarto del fondo, mientras algo en la casa empezaba a desgastarse poco a poco, sin ruido y sin avisar. Ese fue el inicio. No lo entendimos en ese momento, pues nadie pensó que algo así pudiera estar pasando. Solo sabíamos que, desde que ella llegó, algo empezó a irse de la casa, sin que pudiéramos señalar exactamente qué. Y eso fue lo primero que quedó grabado en mi memoria. El deterioro fue lento pero constante. Eso es algo que entendí con el tiempo.

6:11 Pero en ese momento solo veía que cada día costaba un poco más levantarse, respirar, concentrarse. Fuimos con médicos distintos pero todos nos revisaron lo mismo. Hicieron preguntas parecidas y dieron respuestas que no llevaban a nada. Decían que no encontraban una causa clara. Mi madre insistía en que era cansancio. que quizá estábamos acumulando estrés, pero su voz ya no sonaba convencida. Repetía esas palabras como si necesitara creerlas. Mi padre empeoró más rápido que yo. Empezó a quedarse sentado sin moverse, mirando al frente, como si pensar fuera un esfuerzo.

6:53 Antes era una persona activa, de rutina firme. Ahora se levantaba tarde, se acostaba temprano y aún así parecía no descansar. Yo lo veía y sentía que algo se nos estaba yendo, aunque no sabía cómo explicarlo. Mi tía seguía igual, no parecía cansada y no mostraba señales de desgaste. Su forma de caminar era la misma, su voz no cambiaba y su mirada seguía fija. Pasaba casi todo el día en el cuarto del fondo. La luz bajo la puerta seguía apareciendo a la misma intensidad, siempre baja, siempre constante. No había música ni sonidos que indicaran qué hacía ahí dentro.

7:36 Solo esa luz y el silencio. En ese tiempo, la verdad me causaba mucha tentación el saber qué era lo que hacía. Es algo que no puedo explicar, pero sentía que ella tenía algo que ver con lo que nos estaba pasando. Una tarde entré al cuarto sin avisar. No fue por curiosidad. Fue porque la puerta estaba entreabierta y me llamó la atención. Ella estaba de espaldas. acomodando cosas sobre la cama. Vi imágenes demoníacas y velas negras extendidas con cuidado, como si siguiera un orden específico. No se alteró al verme ni levantó la voz, solo se movió rápido, giró la cabeza, me miró y me pidió que saliera.

8:19 Su tono no fue amenazante ni molesto, solo fue firme, así que salí sin decir nada. Esa noche dormí. y a mi tía diciendo cosas en un idioma que no reconocí. Me desperté varias veces con la sensación de que el aire no me alcanzaba. Me levanté al baño y vi la luz bajo su puerta encendida, como siempre, pero esta vez escuché un ruido muy extraño, como una voz que no era la de mi tía, muy grave, y un olor a cera quemada. Regresé a mi cuarto sin pensar demasiado y Y al día siguiente el cansancio seguía ahí, igual que la sensación de estar incompleto. Pasaron algunos días más y mi madre empezó a preocuparse en serio. Ya no repetía que era cansancio con la misma seguridad. Miraba a mi padre con atención, como si tratara de reconocerlo.

9:17 Una tarde decidió que teníamos que revisar el cuarto del fondo. No dijo que buscáramos algo específico, solo dijo que necesitaba entender qué estaba pasando. entramos cuando mi tía no estaba y la puerta no tenía seguro al principio todo parecía normal la cama estaba hecha las bolsas seguían cerradas y el cuarto no olía raro ni se veía diferente fue hasta que movimos el ropero que lo vimos detrás había imágenes del diablo colocadas con cuidado no estaban tiradas ni escondidas al azar había velas negras usadas y algunas completamente consumidas En el suelo y sobre una mesa improvisada con un pentagrama. Había papeles con nuestros nombres completos escritos varias veces y una foto familiar. Ahí todo estaba claro. Mi tía nos tenía trabajados, quizá desde que llegó a nuestra casa.

10:15 Mi madre se quedó quieta. No gritó ni se llevó las manos a la cara. Solo se sentó en la cama y empezó a llorar en silencio. Me imagino que estaba decepcionada y aterrorizada al mismo tiempo. Mi padre tomó uno de los papeles y lo leyó con calma. Luego lo dejó donde estaba y no dijo nada en ese momento. Solo salimos del cuarto y cerramos la puerta. Cuando mi tía regresó, mi padre la estaba esperando. Le gritó y le preguntó directamente qué era todo eso. Ella no negó nada y no intentó justificarlo con palabras suaves. Dijo que necesitaba entregar vidas a cambio. No habló de proteger a la familia ni de ayudarnos. Nos dijo que era un trato y que ya estaba en marcha. Mi madre le pidió que se fuera. Mi tía la miró como si no la escuchara. Mi padre dio un paso al frente y le dijo que no iba a permitirlo. Ella no retrocedió, pero fue entonces cuando mi padre le dio un golpe fuerte en la espalda. No fue planeado ni un acto pensado, fue desesperación. Ella cayó al suelo sin gritar y nos miró desde ahí, con una mirada que jamás olvidaré, con un odio enorme en sus ojos. No nos quedamos a ver qué hacía. Esa misma noche salimos de la casa, tomamos lo necesario y nos fuimos. Nadie habló durante el camino.

11:42 Yo sentía el cuerpo pesado, pero también una extraña claridad, como si algo se hubiera detenido. Durante los días que estuvimos fuera, empecé a sentirme mejor. No de inmediato, pero poco a poco mejor. Y respirar ya no costaba tanto. Mi padre también comenzó a recuperarse. Ya dormía mejor y comía un poco más. Mi madre no dejaba de mirarnos, como si confirmara que el cambio era real. No hablamos de volver hasta que ella lo decidió. Nos dijo que no podíamos abandonar la casa para siempre. Cuando regresamos, el cuarto del fondo estaba casi vacío. No había imágenes, ni velas, ni papeles. Las bolsas ya no estaban, y el ropero estaba en su lugar. Sobre la cama había una hoja doblada.

12:33 Mi madre la tomó y la leyó en voz alta. Decía, volveré por lo que me pertenece. Nadie dijo nada después de eso. Cerramos el cuarto y no volvimos a usarlo. Esa fue la última vez que vimos algo suyo en la casa, nunca volvimos a verla, y nadie supo a dónde se fue. Ese fue el punto en el que entendí que lo que nos pasaba no había sido una coincidencia. Lo recuerdo con claridad porque fue ahí donde todo se rompió y, al mismo tiempo, donde empezó a componerse. Lo demás vino después, pero nada fue igual desde ese día. Después de regresar y revisar el cuarto, intentamos convencernos de que todo había terminado. La nota estaba guardada, las cosas habían desaparecido, y la casa, al menos durante el día, parecía la misma de siempre. Nadie dijo que todo estaba bien, pero actuamos como si lo estuviera. Pero esa decisión duró muy poco. La primera noche no pasó nada evidente, pero algo ya no encajaba. El silencio no era normal, no era tranquilidad, era una ausencia total de sonidos como si la casa estuviera conteniéndose. Me desperté sin razón clara, con la sensación de que alguien estaba despierto además de mí.

13:53 No escuché pasos ni golpes, escuché voces, eran bajas y arrastradas, mezcladas entre sí. No podía distinguir cuántas eran, solo sabía que no pertenecían a nadie de la casa. Venían del pasillo y parecían desplazarse lentamente, como si recorrieran las paredes. No me moví. Desde el cuarto de mis padres se escuchó el crujido de la cama. Mi padre también estaba despierto. Las voces se apagaron solas, sin terminar una frase, dejando un silencio todavía más pesado. Nadie habló de eso al día siguiente, pero nadie actuó normal, y evitamos quedarnos solos en la casa. La segunda noche las voces regresaron, pero esta vez más claras. No gritaban, no insultaban. Murmuraban palabras incompletas, algunas repetidas, otras dichas como si costara pronunciarlas. Mi nombre se escuchó una vez, pronunciado lento, estirando las sílabas. Sentí un frío seco recorrerme la espalda. Mi madre salió de su cuarto antes que nosotros y cuando volvió traía una hoja en la mano. la había encontrado sobre la mesa de la sala y decía lo mismo que la anterior volveré por lo que me pertenece las letras eran más grandes desiguales como si se hubieran escrito con prisa o con dificultad mi padre rompió la hoja y la tiró a la basura sin decir una palabra cerró la tapa

15:25 con fuerza las voces siguieron un rato más pero nadie volvió a levantarse y esa noche nadie durmió bien A partir de ahí comenzaron los avistamientos. No eran apariciones completas ni constantes, eran presencias breves, siempre en la oscuridad, siempre fuera del centro de la vista. En el pasillo, al apagar la luz, se distinguía una silueta quieta. En la cocina, al entrar de madrugada, una figura parecía estar de espaldas junto al fregadero, pero al voltear directamente no había nada. El cuerpo reaccionaba antes que la mente El corazón se nos aceleraba, la respiración se cortaba y el aire se sentía más denso. La silueta era inconfundible. Era ella, era mi tía bruja, pues la forma encorvada, el cabello largo cayendo hacia adelante y la manera de quedarse inmóvil, observando.

16:23 Ya que nunca se acercaba, nunca hablaba de frente, solo estaba ahí recordándonos su presencia. Una madrugada la vi frente al cuarto del fondo, La puerta estaba cerrada y ella estaba parada frente a ella. Permanecía inmóvil, como si esperara. Cerré los ojos por unos segundos, más por instinto que por valor, y cuando los abrí ya no estaba. Pero el aire seguía pesado y el cansancio volvió de golpe, como si alguien hubiera pasado demasiado cerca. Mi padre empezó a revisar la casa todas las noches. Caminaba con una linterna, abría puertas, revisaba ventanas y miraba debajo de las camas.

17:05 Nunca encontraba nada, pero aún así no dejaba de hacerlo. Mi madre dormía con la luz encendida, yo dormía poco y mal, siempre atento a cualquier sonido. Las voces cambiaron con los días, dejaron de escucharse desde lejos y comenzaron a sentirse cerca. A veces parecían venir del techo, otras del interior de las paredes. En ocasiones se escuchaban junto al oído, susurrando palabras incompletas, repitiendo nombres y arrastrando sonidos. Una noche escuchamos pasos en el techo. Eran lentos y pesados, recorriendo la casa de un extremo a otro. No eran pasos rápidos ni desordenados, eran constantes. Mi padre subió con la linterna, pero no encontró a nadie. El polvo estaba intacto, y aún así los pasos continuaron escuchándose mientras estaba arriba.

17:57 como si vinieran de otro lugar. El cuarto del fondo volvió a abrirse solo, y cada mañana aparecía entreabierto, aunque lo cerráramos con seguro. La verdad, permanecer ahí más de unos minutos nos provocaba mareo, náuseas y una debilidad parecida a la que habíamos sentido antes. Salir del cuarto hacía que el cuerpo tardara en reaccionar, como si algo se quedara atrás. Vivimos así durante semanas. No hubo un momento exacto en el que todo se descontrolara, ni uno en el que se calmara por completo. Aprendimos a vivir con las voces, con las sombras y con la sensación de que alguien nos observaba desde la oscuridad. Las notas siguieron apareciendo de vez en cuando, siempre con el mismo mensaje en distintos lugares de la casa, pero nunca vimos quién las dejaba. No volvió a enfermarnos como antes y no intentó terminar lo que había empezado. Era como si se hubiera detenido justo antes de cruzar un límite, como si su intención ya no fuera quitarnos algo, sino recordarnos que seguía ahí y que no había renunciado a hacerlo. Con el tiempo, las apariciones se hicieron menos frecuentes, pero nunca desaparecieron por completo. A veces, al apagar la luz, todavía distinguía su figura al fondo del pasillo. Otras veces, al despertar, escuchaba una respiración que no era la mía. Crecí con esa certeza encima, con terror constante y con la seguridad

19:31 de que algo quedó pendiente, como una amenaza inmediata y como una promesa escrita y repetida. Han pasado muchos años. Ya no escucho voces todas las noches. Ya no veo su silueta con la misma frecuencia. Aún así, hay noches en las que despierto sin razón clara, con la sensación de que alguien está de pie en la oscuridad, esperando. No creo que haya terminado, y nunca lo creí. Solo aprendí a vivir, sabiendo que algún día volverá por eso, que ella dice que le pertenece. Cuento esto tiempo después, cuando ya pasó todo y puedo recordar con claridad cómo empezó.

20:21 No porque en ese momento entendiera lo que ocurría, sino porque mi cuerpo fue marcando el camino desde el principio. La mujer apareció de forma normal. No llegó anunciándose ni buscando atención. Era alguien que conocía a mis padres desde antes y empezó a frecuentar la casa, como lo hacía cualquier visita conocida. A veces ayudaba con tareas simples, otras solo se sentaba a escuchar. Opinaba cuando alguien se lo pedía, y guardaba silencio cuando no. No imponía su presencia, pero siempre estaba cerca. Nunca habló de sí misma como alguien especial, ni como alguien que supiera más que los demás. Simplemente se volvió parte del entorno. Al inicio, mi cuerpo empezó a fallar de manera leve. Una mañana sentí las piernas pesadas al levantarme. No había dolor, solo falta de fuerza.

21:17 Caminaba unos pasos y tenía que detenerme. Pensé que era cansancio acumulado y seguí con mi rutina como pude. Pero días después levantar objetos comunes empezó a costarme trabajo. Cosas que antes no pesaban ahora exigían esfuerzo. Me cansaba al caminar distancias cortas, y al subir unos pocos escalones tenía que parar para recuperar el aire. Empecé a dormir más de lo normal. Me acostaba temprano, y aún así despertaba agotado. No importaba cuánto descansara, la sensación no desaparecía. Era como si el cuerpo no se recuperara. Me levantaba con la misma pesadez con la que me había acostado. Las mañanas se volvieron difíciles, y el día avanzaba lento porque yo avanzaba lento. Mis padres empezaron a notarlo. Vieron que caminaba encorvado, que arrastraba los pies y que hablaba más despacio. Notaron que respiraba con dificultad cuando intentaba hacerlo profundo. Bajé de peso de forma evidente y la ropa me quedaba grande, y mi cara se veía distinta. Intentaron mantener la calma y me llevaron al médico. Me revisaron varias veces, me hicieron estudios y análisis, pero no encontraron una causa clara.

22:37 Dijeron que podía ser agotamiento, estrés o alguna deficiencia. Me dieron medicamentos y me recomendaron descanso, pero nada cambió. La mujer seguía ahí, acompañaba el proceso sin que nadie se lo pidiera. Decía que era normal pasar por etapas así, que el cuerpo a veces se apaga antes de volver a responder. Usaba palabras simples y nunca habló de rituales ni de cosas extrañas. Decía que había procesos que no se podían evitar, pero cada vez que la escuchaba, sentía una incomodidad que no sabía explicar. No era miedo, era rechazo. Algo en mí no quería que estuviera cerca, pero no tenía una razón concreta para señalarla. Con el paso de los días, mi estado empeoró. Las piernas ya no me sostenían bien y tenía que apoyarme en las paredes para moverme.

23:30 Comer se volvió difícil, no por falta de hambre. sino porque el cuerpo no me respondía. Masticar me cansaba y tragar me costaba. Pasaba horas sentado sin poder levantarme solo, y a veces tenía mareos fuertes y otras veces simplemente me quedaba mirando un punto fijo sin energía para moverme. Mis padres insistieron con más médicos, Me cambiaron tratamientos y buscaron otras opiniones, pero nada funcionó. Cada visita terminaba igual, pues no había una causa concreta. Yo los veía frustrados, intentaban no demostrarlo, pero lo notaba en la forma en que se miraban entre ellos y en cómo evitaban decir ciertas cosas frente a mí. Pero la mujer seguía visitando la casa. Decía que no había que desesperarse. que todo seguía su curso y que había cosas que no se podían forzar. Una tarde intenté levantarme de la cama y no pude. Las piernas no me respondieron. Me quedé sentado, apoyado en el colchón, sin fuerza para incorporarme. Llamé a mis padres y vinieron de inmediato. Me ayudaron a recostarme otra vez. En ese momento entendí que ya no era algo pasajero. Mi cuerpo estaba perdiendo funciones básicas. La mujer estuvo presente ese día, observó todo sin decir mucho, solo repitió que había procesos que se cumplían, con o sin resistencia.

25:02 Eso me molestó, pues sentí que hablaba de mí como si no estuviera ahí, como si mi cuerpo no me perteneciera. No dije nada porque no tenía fuerzas ni para discutir. Esa noche me costó respirar con normalidad, no podía cambiar de posición sin ayuda y cualquier movimiento me dejaba agotado. Esa noche, la verdad, necesité apoyo para todo. Me sentí reducido a un punto en la cama y mis padres se quedaron conmigo más tiempo de lo habitual. No hablaban mucho, solo se limitaban a vigilarme y a acomodarme cuando lo necesitaba. La mujer se despidió como siempre, sin prisa, como si nada urgente estuviera ocurriendo. Cuando se fue, mis padres se quedaron en silencio un momento. Luego empezaron a hablar entre ellos en voz baja. No entendí todo lo que dijeron, pero supe que habían tomado una decisión. Ya no estaban dispuestos a esperar ni a seguir buscando respuestas donde no las había. Lo vi en sus gestos y en la forma en que me miraron después. Esa fue la última noche en la que pensé que lo que me pasaba podía resolverse solo. Mi cuerpo ya no me respondía y mis padres habían aceptado que no era una enfermedad común.

26:20 Ahí terminó esa etapa. Yo todavía no sabía qué estaba ocurriendo. Solo sabía que me estaba apagando poco a poco y que la solución no estaba donde habíamos buscado hasta entonces. Mis padres me llevaron con un brujo recomendado por alguien cercano. No fue una decisión tomada a la ligera. Llegaron a él después de agotar opciones cuando ya no podían negar que lo que me pasaba no seguía una lógica médica. El trayecto fue pesado para mí. Me acomodaron como pudieron en el asiento y durante el camino entraba y salía del sueño. Abría los ojos por momentos y veía el movimiento afuera. Luego volvía a cerrarlos porque el cuerpo no me sostenía despierto. Llegamos a un lugar apartado. No recuerdo los detalles del camino. Solo el momento en que me ayudaron a bajar. Las piernas no me respondían bien y tuve que apoyarme en mi padre. El brujo nos recibió.

27:18 No mostró sorpresa al verme. Me sentó frente a él y se quedó observándome largo rato. No me tocó de inmediato. Me miró la cara, las manos y la forma en que respiraba. Yo sentía el peso de su mirada. como si estuviera revisando algo que no era visible y él sabía que era. Después les preguntó a mis padres quién había estado cerca de mí en los últimos días o desde que notaron que estaba mal. Mis padres respondieron y mencionaron visitas de siempre y conocidos, pero cuando hablaron de esa mujer que frecuentaba la casa, el brujo levantó la vista. No dijo nada en ese momento, solo asintió despacio y siguió escuchando. Entonces habló, dijo que mi vida estaba siendo drenada poco a poco y que no era algo reciente.

28:09 Explicó que no se trataba de una enfermedad ni de un desgaste natural. Les dijo que alguien había abierto un vínculo con brujería maligna y que ese vínculo seguía activo y que esa brujería no pararía hasta drenarme por completo la vida. También les dijo que había un desequilibrio y que ese desequilibrio tenía un costo. Aclaró que no se podía deshacer sin pagar algo a cambio. Eso no era castigo ni justicia, era algo más, y dijo que esas palabras no se aplicaban ahí. Habló de equilibrio y de que cuando algo se toma, algo se tiene que entregar.

28:51 Dijo que lo que se había hecho conmigo no se podía revertir con rezos ni con remedios. tampoco con limpias simples, que tendría que ser con algo más fuerte. Nos explicó que el vínculo solo se cortaba si alguien entregaba su vida completa por la mía. No aceptaba sustitutos ni sacrificios parciales. Dijo que no servía entregar objetos ni sangre de paso. Tenía que ser una vida que entrara y no regresara, pues el lugar señalado no permitía salidas. No nos explicó más sobre eso, pero comentó... que el que entraba ahí lo hacía para quedarse. Mis padres guardaron silencio, y yo apenas podía procesar lo que escuchaba. Sentía el cuerpo pesado y la cabeza nublada. Mi respiración era lenta. El brujo siguió hablando sobre eso, y como si supiera que el tiempo no estaba de mi lado, dijo que el vínculo no se rompería solo. y que si no se hacía nada pronto, mi cuerpo seguiría apagándose hasta que no quedara fuerza, ni vida. Mi padre fue el primero en hablar con el brujo, y le preguntó si había alternativas, o si podía hacerse de otra manera, y también le preguntó si había algo que no implicara perder una vida. El brujo respondió siempre correctamente, dijo que no estaba pidiendo nada, solo

30:23 explicando lo que se requería. Mi madre lloró en silencio, no gritó ni suplicó, solo se quedó sentada apretando las manos. Yo quería decir algo, pero no tenía fuerzas y sentía que las palabras no me salían. Mi padre volvió a preguntar si el daño podía detenerse de otra forma, pero el brujo negó con la cabeza. dijo que el vínculo ya estaba abierto y que cerrar algo así siempre tenía un precio alto pasaron unos minutos en silencio el aire se sentía pesado yo veía a mi padre de reojo lo vi tomar aire varias veces y lo vi tensar la mandíbula miraba para el cielo como buscando ayuda de Dios y después solo dijo que lo haría lo dijo con voz firme como si ya lo hubiera decidido desde antes el brujo asintió y se levantó Nos explicó lo que iba a pasar sin detalles innecesarios. Solo nos mencionó brujería pesada y entidades malignas. Dijo que el lugar estaba cerca y que solo uno podía entrar, que la puerta se cerraría y no se volvería a abrir, que la entidad se encargaría y que después de eso el vínculo se rompería. Mi padre se acercó a mí, me tomó de la mano. Su mano estaba caliente. Yo la sentía con dificultad, pero la sentí. No me dijo muchas cosas, solo me pidió que cerrara los ojos, me pidió que descansara y que todo estaría bien. No usó palabras de despedida,

31:56 solo me acomodó la mano sobre el pecho y se levantó. Lo último que recuerdo de ese día es verlo caminar hacia el lugar indicado. Mi madre no lo siguió, se quedó conmigo. Yo tenía los ojos entrecerrados, vi la puerta y vi a mi padre entrar solo. La puerta se cerró detrás de él. El sonido fue seco y no hubo gritos ni movimientos después. Sentí un vacío inmediato. No sabría decir si fue físico o emocional. Solo recuerdo que después de eso todo se volvió oscuro. Mi cuerpo ya no sostuvo la conciencia. No supe cuánto tiempo pasó y no supe qué ocurrió después. Ese fue el último momento que recuerdo antes de perder el sentido por completo. Desperté en un hospital sin saber cuánto tiempo había pasado. Abrí los ojos y lo primero que noté fue la luz blanca del techo. No sentí confusión inmediata, solo una sensación rara en el cuerpo, como si algo estuviera acomodándose por dentro.

32:58 Intenté respirar profundo y pude hacerlo sin que el pecho se cerrara. No fue una respiración fuerte, pero fue completa y eso me sorprendió. Moví la cabeza con cuidado y no sentí el mareo constante que me había acompañado durante semanas. Quise hablar y la voz me salió sin agotarme. Sonó baja, pero firme. Llamé a mi madre y ella estaba cerca. Se acercó de inmediato y me miró como si no estuviera segura de lo que veía. Me tocó el brazo, luego el hombro, como comprobando que yo estaba ahí de verdad. Me preguntó cómo me sentía. Le dije que distinto. No mejor, no fuerte, solo distinto. Como si el cuerpo ya no estuviera apagándose. Pasaron unos minutos antes de que entendiera dónde estaba.

33:49 Vi el equipo médico alrededor, los tubos y el ruido constante de las máquinas. Me explicaron que me habían traído inconsciente. No entraron en detalles. Dijeron que mi estado había sido delicado, que no sabían si iba a responder. Yo escuchaba sin hacer preguntas, pues lo único que me importaba en ese momento era una cosa. Así que pregunté por mi padre. mi madre no tardó en responder no evitó la pregunta ni buscó palabras suaves me dijo que no volvió que hizo lo que se le pidió y que no regresó después de eso que después de todo lo que el brujo dijo había funcionado y eso era lo que mi padre quería me dijo que cumplió me lo dijo con la voz firme aunque los ojos se le llenaron de lágrimas no intentó explicarme más y tampoco hizo falta yo entendí lo suficiente Me quedé callado. No sentí un golpe inmediato.

34:47 Fue más bien una presión lenta en el pecho. No era dolor físico, era la certeza de que mi padre ya no estaba, que se había sacrificado por mí. Cerré los ojos un momento y sentí la mano de mi madre sobre la mía. No la apretó, solo la dejó ahí, como confirmando que seguía conmigo. Los días siguientes fueron extraños. Mi cuerpo respondió de maneras que no esperaba. No estaba recuperado del todo, pero ya no iba hacia abajo. Podía sentarme sin ayuda, comer sin que masticarme agotara, y podía hablar durante varios minutos sin quedarme sin aire. Los médicos revisaban mis estudios una y otra vez, pues no encontraban una explicación clara para la mejoría. Decían que era algo inusual.

35:36 Yo los escuchaba sin interés, pues no buscaba respuestas ahí. Con el paso de los días, empecé a recordar con más claridad lo ocurrido, antes de perder el conocimiento. La imagen de la puerta cerrándose y mi padre entrando en ella se repetía en mi cabeza como una pesadilla. Era algo que ya había pasado y no se podía mover. No soñaba con eso, lo recordaba despierto, con los ojos abiertos, mientras miraba el techo del hospital. Mi madre pasaba la mayor parte del tiempo conmigo, A veces hablábamos poco y otras veces me contaba cosas prácticas. Me dijo que la mujer no volvió a aparecer desde ese día. No fue algo que se discutiera mucho. Simplemente dejó de ir a la casa. Nadie volvió a verla y nadie preguntó más por ella. No se hicieron suposiciones. Solo se asumió que ya no estaba y el vínculo, como había dicho el brujo, se había roto. Los médicos seguían sin entender lo que pasaba.

36:40 ajustaban los tratamientos, hacían más estudios y anotaban los resultados. Yo mejoraba de manera constante, sin saltos grandes, pero sin retrocesos. Cada día tenía un poco más de fuerza, no la fuerza de antes, pero suficiente para sentir que el cuerpo ya no se me iba de las manos. Cuando me dieron de alta, volví a la casa. Todo estaba igual y al mismo tiempo no lo estaba. El lugar se sentía más grande, más silencioso. La ausencia de mi padre no se notaba en un solo punto, se notaba en todos, en la mesa, en los pasillos, en las cosas que hacía todos los días y que ya no estaban. Mi madre se movía como si siguiera un orden nuevo, uno que todavía no terminaba de acomodarse. Mi recuperación siguió, no fue rápida ni completa. Hubo días difíciles y momentos en los que el cuerpo se cansaba antes de tiempo, pero ya no había esa sensación de apagamiento constante. Ya no sentía que algo me estuviera quitando fuerza desde dentro. Era un cansancio normal, acorde a lo que había pasado, y los médicos lo atribuían a una recuperación lenta. Con el tiempo entendí que no todo se había ido con la mejoría física, pues la ausencia se quedó. Crecí con ella y crecí sabiendo que mi vida continuó, porque mi padre decidió no salir de ese lugar y decidió hacer el cambio, de una vida por otra. Un día mi madre se

38:11 enteró de que la bruja estaba muerta. Se lo dijo una persona del mismo rumbo. La encontraron en su casa, estaba sola, no tenía golpes visibles y no hubo explicación médica clara. El cuerpo apareció y eso fue todo. Mi madre no preguntó más y la verdad no hizo falta. Yo entendí que ese fue el último pago, pues el brujo lo había dicho desde el principio. Para cerrar lo que se abrió tenía que entregarse una vida completa y después cobrarse lo que se había tomado. Mi padre se entregó al diablo para cambiar una vida por otra y la bruja pagó con la suya por haber hecho el trabajo.

38:53 El trato se cerró así y no quedó nada pendiente. Después de eso no pasó nada más. Mi cuerpo siguió estable, no regresó el desgaste y no volvió la debilidad. Los médicos nunca encontraron una causa y dejaron de buscarla cuando vieron que ya no empeoraba, y yo no les expliqué nada. Mi padre no volvió, no regresó de ninguna forma y no dio señales. Se quedó donde entró y así terminó su historia, que aún me duele recordar, porque él fue quien salvó mi vida a cambio de la suya. La de la bruja terminó el día que apareció muerta, y la mía siguió porque mi padre tomó mi lugar. Con el tiempo entendí lo que eso significa. No fue un milagro y no fue suerte. Eso es una deuda. Vivir después de algo así no es seguir igual, es aprender a cuidar cada paso. Aprendes a mirar a la gente con atención y aprendes que no todos se acercan con buenas intenciones y que no todo lo que parece ayuda lo es. La brujería no es algo lejano, no está escondida, está en las personas. en lo que desean quitarte y en lo que están dispuestas a hacer para obtenerlo. Yo lo viví sin buscarlo y ahora vivo con cuidado. No acepto favores fáciles, no dejo entrar a cualquiera y jamás ignoro las señales, porque sé que las cosas se cobran y que no siempre hay alguien dispuesto a pagar por ti.

40:24 Mi padre pagó para que yo siguiera aquí. La bruja pagó por lo que hizo y el trato se cumplió completo. Así funcionan estas cosas. Yo sigo vivo, y sé que si no me cuido, me puede volver a pasar. Cuando pienso en mi abuela, no la recuerdo como una mujer tranquila. No porque fuera mala o dura, sino porque siempre cargó con algo encima. Era evidente en su forma de caminar por la casa, en cómo cerraba las ventanas antes de que oscureciera. y en la costumbre de revisar el patio varias veces antes de meterse a dormir. Eso fue así desde que yo era niño, y en mi familia nadie lo cuestionaba. Era simplemente la forma en que ella vivía.

41:18 Con los años entendí que ese peso no había estado siempre ahí. Antes de que yo naciera, mi abuela tuvo un problema con una mujer del mismo lugar donde vivíamos. No era una desconocida ni alguien de paso. Era alguien con quien se cruzaba seguido, alguien a quien conocía bien, y también era una bruja. El conflicto no fue escandaloso ni público, pero sí directo. Hubo palabras duras, acusaciones claras y una discusión que terminó sin arreglo. No hubo disculpas ni acuerdos, y cada una se fue por su lado, dejando el asunto mal cerrado. Después de eso, mi abuela empezó a decir que esa mujer no la dejaba en paz.

42:01 Al principio lo decía como algo molesto y comentaba que la había visto rondando la casa o que había sentido que estaba cerca. Nadie en la familia lo tomó como algo grave. Pensaron que era rencor, coraje mal digerido o simple desconfianza. Nadie imaginó que eso fuera real y menos que iba a durar tantos años. Las primeras cosas extrañas no tuvieron forma humana. Mi abuela hablaba de animales. que aparecían alrededor de la casa de manera constante. Siempre eran los mismos, no surgían de la nada, no hacían nada fuera de lo normal, pero estaban ahí más de lo que deberían. Se quedaban cerca de las puertas, en el patio, junto a las bardas. Mi abuela los veía y se tensaba, no gritaba ni corría, solo se quedaba observándolos con una seriedad que yo no entendía en ese momento. Yo era niño y crecí viendo eso como parte del paisaje. Me acostumbré a escucharla decir que los animales no estaban ahí por casualidad. No daba explicaciones largas, solo afirmaba que eran enviados por esa bruja, que no era normal que aparecieran siempre en los mismos lugares y a las mismas horas.

43:16 Incluso una vez miramos a una lechuza parada frente a nuestra casa y dijo que ese animal era ella. Nunca me habló de cosas sin sentido. Me habló de brujas y de brujería real que ella veía en su vida diaria. Con el paso del tiempo, las apariciones dejaron de ser algo ocasional. No era una temporada ni una racha. Empezaron poco después del conflicto y ya no se fueron. Cada semana había algo. A veces más seguido, a veces menos, pero siempre presentes. Mi abuela comenzó a cambiar sus rutinas. Cerraba antes, evitaba quedarse sola en el patio y dejó de hacer ciertas cosas que antes disfrutaba, como sentarse afuera al caer la tarde. En la familia se volvió un tema incómodo. Nadie la confrontaba, pero tampoco le seguían la conversación.

44:09 Se hacía un silencio corto y se pasaba a otra cosa. yo aprendí a no preguntar demasiado sabía que no iba a obtener respuestas claras y que insistir solo la ponía más tensa aún así algo en su manera de hablar me hacía pensar que no estaba inventando nada no hablaba como si estuviera inventando las cosas de verdad la veía muy seria y a veces con temor en sus ojos la casa también cambió no físicamente pero el ambiente se volvió distinto No era miedo abierto ni pánico, era una vigilancia constante. Mi abuela siempre estaba atenta a los ruidos, a lo que se movía afuera, a cualquier cosa fuera de lugar. Rezaba en voz baja, pero simplemente observaba y resistía, como si esperar fuera la única opción que le quedaba.

45:03 conforme crecí empecé a notar que lo que le pasaba no se limitaba al día algunas mañanas despertaba más cansada de lo normal se levantaba tarde hablaba poco y se quedaba sentada sin hacer nada durante largos ratos cuando alguien le preguntaba si se sentía mal respondía que no había dormido bien no entraba en detalles pero su expresión decía más que sus palabras Una vez, sin que nadie se lo pidiera, mencionó que la mujer también se le aparecía cuando dormía. Lo dijo con naturalidad, como si fuera una extensión de lo otro. Dijo que no solo la veía despierta, que tampoco la dejaba tranquila en los sueños. Ese comentario marcó un cambio en mi forma de entender todo. Hasta ese momento, yo pensaba que lo que pasaba se limitaba a lo visible, a lo que ocurría alrededor de la casa.

45:58 Entender que también la alcanzaba cuando dormía hizo que todo se sintiera más cercano y más constante. Ya no había un descanso claro entre el día y la noche. Mi abuela no tenía un espacio seguro donde pudiera estar tranquila. A partir de ahí, empecé a observarla con más atención. Noté cómo se iba apagando poco a poco, no de golpe, sino con el paso de los años. No se volvió débil de inmediato, pero sí más seria. más callada. El problema con esa mujer dejó de ser un hecho del pasado y se convirtió en algo que seguía presente, aunque nadie más lo viera directamente. Esa fue la primera vez que entendí que lo que estaba viviendo mi abuela no era solo una mala experiencia ni un enojo prolongado, era algo que se había instalado en su vida y que no parecía tener intención de irse, Y también entendí que lo que le pasaba no terminaba cuando cerraba los ojos.

46:58 Con el paso del tiempo, lo que le pasaba a mi abuela dejó de ser algo que solo ella veía o escuchaba. La casa empezó a involucrarse. No fue de golpe. Fue por acumulación. Primero fueron ruidos por la noche, pasos dentro de cuartos vacíos y golpes secos en las paredes. Nadie preguntaba demasiado, pues en una casa vieja siempre hay ruidos. Eso decíamos, pero los ruidos empezaron a repetirse siempre a la misma hora y siempre en los mismos lugares. Una noche, mientras cenábamos, mi abuela se quedó mirando hacia el pasillo. No dijo nada, solo dejó de comer, y todos volteamos hacia donde ella miraba. Al fondo, cerca del cuarto donde guardábamos cosas viejas, se alcanzaba a ver una silueta oscura.

47:48 no tenía forma definida, no se movía, solo estaba ahí ocupando espacio, mi padre se levantó de la mesa y caminó hacia el pasillo y cuando encendió la luz ya no había nada, nadie dijo una palabra y terminamos de cenar en silencio, después de eso no fue la única vez, la silueta volvió a aparecer en distintos puntos de la casa, a veces estaba parada cerca de una puerta, Otras veces se veía al fondo del patio, pegada a la pared. Nunca entraba a un cuarto con gente, siempre se quedaba en los límites. La veíamos de reojo y cuando volteábamos directo ya no estaba. Mi abuela dejó de quedarse sola.

48:32 Si alguien salía, ella iba detrás. Dormía con la puerta cerrada y una silla atravesada. Decía que así estaba mejor. notar que la casa ya no era un lugar cómodo por la noche. Las luces se quedaban prendidas más tiempo y nadie caminaba solo por los pasillos después de cierta hora. Una madrugada escuchamos un ruido en la cocina. Sonaba como si algo estuviera tirando cosas al piso. Mi madre se levantó primero y cuando llegamos encontramos un gato muerto sobre la mesa. Ese gato no era nuestro. No había sangre alrededor y no había marcas de pelea. El animal estaba rígido, con los ojos abiertos, y nadie supo cómo había entrado, pues las puertas estaban cerradas y las ventanas también. Mi abuela lo vio y no dijo nada, solo pidió que lo sacaran de la casa. No fue el único animal.

49:32 Días después apareció otro gato, esta vez en el baño, luego un perro pequeño en el cuarto del fondo, siempre dentro de la casa, nunca en el patio y nunca afuera. los encontrábamos por la mañana o en las madrugadas pero nadie escuchaba ruidos durante la noche y nadie veía cómo entraban simplemente aparecían ahí una noche escuchamos voces no venían de la calle sonaban dentro de la casa no eran gritos eran palabras bajas como si alguien hablara desde otro cuarto mi padre abrió la puerta del pasillo y caminó despacio pero la voz se detuvo de golpe Entró y no había nadie Cerró la puerta y esa noche nadie durmió Mi abuela empezó a decir que ya no solo la seguían a ella Decía que ahora la casa estaba abierta No explicó qué significaba eso Solo dijo que la mujer ya no necesitaba esconderse A partir de ahí, las apariciones fueron más claras La silueta empezó a verse con forma Una figura alta, delgada, siempre cubierta por algo oscuro A veces parecía estar sentada, otras veces parada, pero nunca caminaba y siempre estaba quieta. Una noche la vimos todos, estaba en la sala parada junto a la ventana. La cortina se movía como si hubiera aire, pero las ventanas estaban cerradas. La figura estaba de espaldas, no se volteó

51:04 y nadie se acercó. Mi padre apagó la luz, cuando la volvió a prender ya no estaba. Esa noche mi abuela no salió de su cuarto. También apareció la lechuza. Dentro de la casa la encontramos una mañana en la cocina parada sobre la mesa. No voló al vernos, giró la cabeza lentamente y nos miró. Sus ojos eran grandes y claros. Mi madre intentó espantarla con una escoba, pero no reaccionó. Así que mi padre la agarró con una cobija y la sacó de la casa. Cuando volvió a entrar tenía las manos temblando. Después de eso, escuchamos aleteos dentro de la casa por las noches, golpes contra las paredes, rasguños en el techo. Mi abuela decía que no la miráramos directo si volvía a entrar, y nadie preguntó por qué.

51:55 Las voces regresaron, a veces llamaban por el nombre de mi abuela, otras veces decían palabras sueltas que no entendíamos. Hablaban con un tono normal, como si alguien estuviera parado en otro cuarto, y siempre se callaban cuando alguien se acercaba. Una madrugada desperté porque sentí que alguien estaba parado junto a mi cama. Abrí los ojos y vi la silueta. Estaba más cerca que otras veces. De verdad me llené de miedo al verla ahí, más cerca que nunca. Solo escuché una risa aterradora porque cerré los ojos y cuando los abrí ya no estaba. Esa noche me quedé despierto hasta que amaneció. A partir de ahí, entendí que lo que vivíamos no era algo aislado. La casa ya no nos protegía. Era parte de lo mismo que había empezado con mi abuela. Nadie buscó ayuda en ese momento y nadie intentó irse. Seguimos viviendo ahí, adaptándonos, cerrando cuartos y evitando ciertas zonas por la noche. Mi abuela decía que eso no iba a detenerse. Decía que la mujer estaba cumpliendo lo que había prometido. No explicó más y la verdad no hacía falta, pues todos lo veíamos y todos lo escuchábamos. Todos sabíamos que algo estaba ahí y que no necesitaba mostrarse todo el tiempo para hacerse notar. Eso duró años, no siempre con la misma intensidad, pero nunca se fue del todo. Y la casa se volvió un lugar que se vigilaba, un lugar donde dormir era esperar

53:29 a que amaneciera. Era un miedo constante hacia esa bruja que nos tenía atemorizados. Llegó un momento en que ya no se pudo seguir viviendo como si nada pasara. Lo que ocurría en la casa dejó de ser algo aislado o soportable. Las apariciones, las voces y los animales muertos hicieron evidente que no se trataba solo de sustos nocturnos. Mi abuela ya no dormía. Pasaba las noches sentada con la mirada fija en el pasillo o en la puerta del patio esperando que amaneciera. Fue entonces cuando la familia decidió buscar ayuda fuera del pueblo. Dieron con otra mujer en un lugar lejano, recomendada por conocidos que hablaban de ella con cuidado. No era alguien que recibiera visitas seguido, ni que se anunciara. Vivía apartada, en una casa sencilla, rodeada de monte. El viaje se hizo temprano. Mi abuela fue en silencio todo el camino. No preguntó nada, pues sabía a qué íbamos. Cuando la mujer la vio, no pidió explicaciones largas. No preguntó qué pasaba en la casa ni qué se veía. Se acercó a mi abuela, la observó con atención y dijo que el problema no era reciente.

54:45 Dijo que no era algo que se hubiera hecho de una sola vez. Dijo que lo que traía encima estaba muy arraigado. como si se hubiera metido en ella con los años. La hizo pasar a un cuarto y cerró la puerta. Nos quedamos afuera. Se escuchaban murmullos bajos, pasos y objetos moviéndose. Pasó mucho tiempo, y cuando la mujer salió, su expresión era seria. Dijo que la otra bruja no solo había hecho algo y se había ido, sino que seguía encima de mi abuela. Dijo que estaba presente. vigilando, sosteniendo lo que había iniciado, y mencionó que eso no era común. Explicó que mientras la otra siguiera activa, no había forma de romper lo que estaba pasando. Dijo que podía intentar ayudar, pero que no podía prometer nada. Aún así lo intentó. Mi abuela se quedó varios días ahí.

55:43 Nosotros íbamos y veníamos, y la mujer trabajaba en silencio, Decía que a veces sentía a la otra cerca, como si estuviera escuchando. Al final fue directa, nos dijo que no se podía hacer más y que no había forma de quitar algo que estaba sostenido de manera constante por otra bruja. Que eso solo se detenía si quien lo hacía decidía parar. No habló de dinero ni de nuevas opciones, solo mencionó que había cosas que no se podían forzar. Mi abuela regresó a la casa, igual que como se fue. Después de eso, la familia decidió buscar a la otra mujer.

56:24 Fueron al lugar donde había vivido antes, pero la casa estaba abandonada, así que le preguntaron a los vecinos y nadie dio razón. Algunos decían que se había ido hacía años, otros decían que nunca la volvieron a ver, y la verdad, nadie supo decir adónde. No dejó rastro y no había forma de encontrarla. La vida en la casa siguió igual o peor. Las apariciones continuaron, y la silueta se veía con más claridad en algunos momentos. A veces estaba parada en el pasillo, otras veces se alcanzaba a ver en el patio, cerca de la barda, y las voces seguían escuchándose por las noches. A veces decían el nombre de mi abuela, otras veces hablaban en un tono bajo, como si estuvieran en otro cuarto. Los animales dejaron de aparecer con la misma frecuencia, pero no desaparecieron del todo. Volvimos a encontrar alguno dentro de la casa de vez en cuando, siempre de la misma forma, sin sangre y sin señales de pelea. Mi abuela dejó de salir de la casa, solo lo hacía cuando era necesario. Dormía poco y pasaba noches enteras sentada mirando hacia la oscuridad. No hablaba de miedo, pero su cuerpo lo mostraba, temblaba y sudaba aún con frío.

57:43 se sobresaltaba con cualquier ruido y vivía en vigilancia constante. Mi abuela entendió que no había nada más que hacer, no volvió a hablar de buscar ayuda, no volvió a mencionar a la otra mujer y vivió así los años que le quedaron, aterrorizada, cansada y sin descanso, pues cuando dormía por ratos lo hacía sabiendo que la noche no era un lugar seguro. Llegó al final de su vida diciendo que nunca iba a descansar. Lo dijo algunas veces y después dejó de mencionarlo. En los últimos meses ya no habló de eso. Su cuerpo se fue apagando de forma lenta. Murió una madrugada en la casa sin que ocurriera nada fuera de lo normal. No hubo ruidos y no hubo apariciones. Después de su muerte todo se detuvo.

58:35 Las voces dejaron de escucharse. La silueta no volvió a aparecer y no volvimos a encontrar animales dentro de la casa. El patio quedó vacío, las noches se volvieron normales y la casa siguió igual, como cualquier otra. Nunca supimos qué fue de la otra mujer, nunca se supo si decidió parar o si simplemente ya no fue necesario. El daño terminó con mi abuela, no continuó con nadie más, pero eso no cambia lo que pasó. Mi abuela vivió aterrorizada hasta su último día. No hubo alivio y no hubo justicia. Mi abuela no tuvo un cierre agradable para ella, como todos hubiéramos querido. Solo resistencia hasta que el cuerpo ya no dio más. La otra mujer cumplió lo que había prometido, sin necesidad de volver a aparecer después. La casa quedó normal.

59:29 Nosotros seguimos con nuestras vidas y ya no hay nada activo, ni esa bruja esperando. Solo quedó el recuerdo de ver a mi abuela vivir así durante años, sabiendo que no había forma de escapar de la venganza de la bruja. Jamás supimos cuál fue el problema por el que discutieron o la razón específica del porqué del sufrimiento de mi abuela a costillas de esa bruja. Creemos que fue algo muy fuerte por la forma en que la aterrorizó hasta el último día de su vida. E igual nos tocó a nosotros presenciar ese terror por la venganza de la bruja.

1:00:15 Mis padres decidieron enviarme a pasar las vacaciones con mi abuelo. Era la primera vez que lo vería y a pesar de las advertencias de que vivía en un lugar muy apartado, la idea de pasar todas las vacaciones en su granja me emocionaba. El viaje fue largo y desde el primer momento que vi la casa, algo no se sentía bien. No sabría explicarlo, pero había una atmósfera pesada. La casa de mi abuelo era sencilla, hecha de piedra y madera. Lo que más llamó mi atención fue una pequeña y rústica cabaña a unos 100 metros de la casa principal. No era una casa común, eso lo supe desde el primer vistazo. Estaba vieja, maltratada por los años. y parecía que en cualquier momento podría desplomarse, aún así se mantenía firme en su lugar, y daba la sensación de que siempre había estado ahí, le pregunté a mi abuelo sobre esa cabaña, y su respuesta fue directa y cortante, lo cual fue una advertencia de que tal vez sería mejor mantenerme alejado de aquel lugar, ya que allí vivía una anciana bastante malhumorada, y lo mejor sería evitar cualquier tipo de problema con ella.

1:01:27 lo entendí como una orden pero en mi mente infantil la curiosidad comenzó a crecer mi abuelo no me dio más detalles y eso solo alimentaba mi imaginación en ese momento decidí obedecer la advertencia no hizo más que encender mi interés por descubrir más sobre esa misteriosa cabaña al día siguiente conocí algunos niños que vivían en casas dispersas por los alrededores de la granja pronto nos hicimos amigos Y mientras jugábamos juntos, la conversación inevitablemente giró hacia la cabaña y la anciana que vivía en ella. Ellos me dijeron algo que en ese momento me dejó completamente incrédulo, pues me dijeron que aquella mujer era una bruja. Me contaron historias espeluznantes. Decían que por las noches la anciana se transformaba en una lechuza y volaba por los alrededores en busca de recién nacidos para llevárselos. afirmaban que la habían visto en pleno vuelo y que había quienes decían que se oían gritos en la madrugada justo antes de que desaparecieran niños de los pueblos cercanos los escuchaba no podía evitar reírme por dentro desde pequeño mis padres me habían enseñado que lo paranormal no existía que no había nada en el mundo más allá de lo que podíamos ver y tocar Así que, aunque los niños hablaban con miedo y respeto sobre la anciana, para mí no era más que una historia para asustar a los más pequeños.

1:02:59 Estaba jugando solo cerca de la granja, explorando algunos rincones a los que no había llegado antes. Mientras corría, al girar una esquina me detuve de golpe. Allí, a unos 20 metros, estaba la anciana. No la había visto antes, pero no cabía duda de que era ella. Su aspecto era exactamente como lo habían descrito. Encorvada, con una piel arrugada que parecía haberse secado al sol, y vestía una túnica grisácea que se confundía con el paisaje desértico. Pero lo que más me impactó fue su mirada. Sus ojos eran oscuros, hundidos en su rostro. pero me miraban de una manera que me resultaba insoportablemente pesada, como si estuviera mirando a través de mi alma. No había razón para que me mirara con tanto odio. No la conocía, no le había hecho nada, pero esa mirada sentí como si me clavaba un puñal invisible. Sin pensarlo, corrí de vuelta a la casa de mi abuelo. No salí más ese día. Me quedé en mi habitación tratando de sacudirme esa sensación de incomodidad que no lograba entender. El rostro de la anciana seguía apareciendo en mi mente, y aunque intentaba decirme a mí mismo que no había nada de qué preocuparme, no pude dormir bien esa noche. Justo cuando logré conciliar el sueño, algo me despertó. Al principio pensé que lo había soñado, pero los golpes en la ventana eran demasiado claros. Me senté en la cama, confundido, tratando de entender quién podría

1:04:33 estar golpeando a esas horas. Mi primera suposición fue que mi abuelo intentaba llamarme la atención, o quizás era una broma. Me levanté de la cama aún medio adormilado y caminé hacia la ventana. Al abrir la cortina, lo vi. Un burro. Un burro que jamás había visto en la granja. Estaba justo afuera de mi ventana, mirándome fijamente. No parecía un animal común. Su mirada me incomodaba de una manera que no podía explicar. Sus ojos brillaban de una forma extraña, casi humana. Algo en todo eso se sentía mal, como si algo no estuviera bien con ese animal. El burro emitió un rebuzno que me heló la sangre. No era el sonido normal de un animal. Era un sonido distorsionado, grotesco, como si estuviera lleno de odio. Me quedé paralizado, incapaz de reaccionar. El burro no dejó de mirarme y yo tampoco podía apartar mis ojos de los suyos. El burro dejó de moverse y la sensación de ser observado se intensificó.

1:05:38 No sabía qué hacer. Cerré las cortinas de golpe y volví a mi cama, cubriéndome con las mantas como si eso pudiera protegerme de lo que estaba ocurriendo. Pero el miedo me impedía volver a dormir. A la mañana siguiente traté de olvidar lo que había sucedido. Le conté a mi abuelo lo del burro, pero no pareció darle importancia. Tal vez él no lo entendía O tal vez estaba tan acostumbrado a la vida en la sierra que cosas así no lo perturbaban. Pero a mí sí. Desde ese momento comencé a notar más cosas extrañas alrededor de la granja. Las noches se volvieron más aterradora. A menudo escuchaba ruidos provenientes de los alrededores, pero no me atrevía a asomarme por la ventana. Tenía la sensación de que alguien o algo estaba observándome desde afuera. Pero nunca podía verlo con claridad.

1:06:34 El miedo se fue acumulando, y las historias de los niños sobre la anciana bruja se volvían más reales en mi mente. Un par de días después de lo del burro, escuché golpes en la puerta de la casa. Eran suaves al principio, pero se hicieron más fuertes con el tiempo. Estaba solo en la casa. Mi abuelo había salido a hacer unas compras en el pueblo más cercano. Bajé las escaleras con el corazón en la garganta y abrí la puerta lentamente. No había nadie. El viento soplaba, pero todo estaba en silencio. Decidí no mencionar nada a mi abuelo. No sabía cómo explicarle lo que estaba ocurriendo y temía que pensara que, simplemente, era producto de mi imaginación. Las noches siguientes fueron las peores. Cada vez que intentaba dormir, sentía esa presencia afuera de mi ventana. ese burro extraño mirándome, aunque no me atrevía a volver a abrir la cortina.

1:07:31 Lo peor ocurrió una noche, cuando ya había logrado olvidar el incidente del burro, y me convencí de que todo había sido producto de mi imaginación. Estaba dormido profundamente, agotado después de un día de correr por los alrededores y ayudar a mi abuelo en la granja, cuando de repente unos sonidos extraños me despertaron. No pude entender qué estaba escuchando, Me levanté de la cama con el corazón acelerado y el cuerpo tenso. Miré alrededor, pero todo estaba sumido en la oscuridad. Era un silencio espeso, roto solo por esos murmullos que parecían surgir de las sombras. A medida que me despabilaba, noté algo más perturbador, un olor, un hedor putrefacto que se hizo presente de golpe, invadiendo mis fosas nasales y llenando la habitación. Era un olor que no podía describir con precisión, pero me revolvía el estómago, como si algo muerto estuviera pudriéndose justo ahí, a mi alrededor.

1:08:32 A medida que el olor crecía, también lo hacían los susurros. Estaban cada vez más cerca, y no lograba descifrar qué decían. El tono era claro, no era nada bueno. Mi mente intentaba procesar lo que ocurría, sin saber si debía correr o esconderme. Mis manos temblaban mientras intentaba moverme, y cada segundo que pasaba, el pánico crecía. Fue entonces cuando mis ojos, que poco a poco se acostumbraban a la oscuridad, comenzaron a distinguir algo más en la oscuridad. Primero pensé que se trataba de una sombra proyectada por los muebles, pero conforme mi vista se ajustaba, me di cuenta de que era algo más. En la esquina de mi cuarto, justo al lado del armario, una figura estaba de pie. Me quedé inmóvil sin atreverme a respirar por miedo a que me descubriera. Esa presencia era alguien. Y cuando mis ojos finalmente pudieron enfocarse mejor, la reconocí, era la anciana. Su figura encorvada parecía aún más deformada en la oscuridad, como si no perteneciera del todo a este mundo. Estaba inmóvil, pero sus ojos, oscuros y brillantes, me miraban fijamente desde la esquina. No podía apartar mi mirada de ella. Todo en mi interior me gritaba que lo hiciera, que dejara de mirarla. Parecía más alta, más delgada, casi esquelética, y el olor que llenaba la habitación se volvía cada vez más insoportable. Me dio mucho miedo que grité sin pensarlo,

1:10:05 llamando a mi abuelo. Di un fuerte grito y escuché los pasos de mi abuelo acercándose por el pasillo. Abrió la puerta de golpe y en ese preciso momento la anciana desapareció. No se desvaneció lentamente ni huyó de la habitación. Simplemente ya no estaba ahí, como si nunca hubiera estado. El olor nauseabundo también desapareció tan rápido como había llegado, dejando solo un ligero rastro en el aire. Después de aquella noche aterradora, pasaron casi cuatro días sin que hubiera señales ni nada más de aquella anciana. comencé a convencerme de que todo había sido producto de mi imaginación. Quizás mi mente había exagerado los relatos que mis amigos me contaron sobre brujas y seres sobrenaturales, historias que se contaban al atardecer mientras corríamos por los campos. Las risas y los juegos me ayudaron a desviar mi atención, y por un momento logré olvidar el miedo que me había invadido.

1:11:04 Una noche, mientras jugaba con mis amigos hasta tarde, El sol ya se había puesto y el cielo se tornaba oscuro. Decidí que era hora de regresar a casa. Sabía que mi abuelo se preocuparía si llegaba tarde. Caminé de regreso, disfrutando del aire fresco y de la tranquilidad del campo. Cuando pasé cerca de un viejo árbol, algo llamó mi atención. Al mirar hacia arriba, vi una lechuza enorme posada en una rama baja. Me miraba fijamente. Sus ojos grandes y amarillos reflejaban la escasa luz que había. Intenté ignorarla, pensando que solo era un ave común, pero a medida que avanzaba sentí una incomodidad creciente. Era como si la lechuza estuviera observándome con una intensidad que me hacía dudar de su naturaleza. Traté de seguir mi camino, convencido de que solo estaba imaginando cosas, pero el sentimiento de ser seguido crecía con cada paso. Un grito desgarrador surgió de la lechuza, un sonido que no podía ser producido por un ave.

1:12:11 Era un grito humano, una mezcla de terror y agonía que resonó en la quietud de la noche. El miedo me paralizó. Aquello no podía ser real. El pánico se apoderó de mí y sin pensar comencé a correr hacia casa. La adrenalina bombeaba en mis venas y cada sombra que se movía entre los árboles parecía acercarse más. La imagen de la lechuza, con su mirada penetrante y aquel grito, se grabó en mi mente mientras corría a toda velocidad, casi sin poder respirar. Al llegar a la casa, abrí la puerta de un golpe, asustado y temblando. Mi abuelo estaba en la sala y al verme, su expresión cambió de preocupación a alarma. Estaba aterrorizado, temblando y apenas podía articular palabras. Mi abuelo acudió rápidamente para ver qué sucedía.

1:13:02 Le conté lo que había visto, la lechuza que parecía seguirme, el grito espeluznante que había oído. Al revisar afuera no encontró nada, ni una señal de la lechuza o de alguna otra criatura cerca de la propiedad. Intenté explicar de nuevo lo que había pasado, pero mi abuelo, con su tono sereno, me dijo que probablemente solo era un ave, que a veces hacen ruidos extraños. y que como yo no estaba acostumbrado a escuchar los sonidos nocturnos del campo, era normal que me asustara. Su explicación parecía razonable. Una parte de mí no estaba convencida. A pesar de todo, aquella noche volví a la cama. Sabía que por mucho que intentara explicarle a mi abuelo el verdadero terror que sentía, él no me creería. Me esforcé en calmarme, diciéndome que quizás tenía razón, que todo había sido producto de mi imaginación.

1:13:58 El cansancio y el miedo finalmente me vencieron y me quedé profundamente dormido. No sé cuánto tiempo pasó, pero en mitad de la noche sentí algo extraño en mis pies. Al principio pensé que era solo el peso de las cobijas, pero luego sentí una sensación húmeda, como si algo estuviera lamiendo mis pies. El asco y el miedo me hicieron despertar de golpe. Al abrir los ojos, lo primero que vi fue una figura en la oscuridad, al pie de mi cama miré como en la oscuridad de la habitación la anciana estaba allí agachada con su rostro arrugado y demacrado cerca de mis pies parecía estar succionando o lamiendo uno de ellos el miedo me paralizó por unos segundos hasta que finalmente logré apartar los pies y solté un grito que resonó en toda la casa llamé a mi abuelo mientras me alejaba lo más que podía de la anciana Mi abuelo acudió corriendo a mis gritos, esta vez más alarmado que antes. Entró a mi habitación de un golpe, pero para mi horror y confusión, cuando él encendió la luz, la anciana ya no estaba. No había rastro de ella en ningún rincón de la habitación. Esta vez tenía algo que probar sobre lo que había sucedido. Pues, al levantar las cobijas, mis pies estaban amoratados y me dolían terriblemente.

1:15:24 Mostré los moretones a mi abuelo, señalando cómo habían quedado marcados por lo que había sucedido. Él se quedó en silencio. Su rostro cambió por completo. Lo que al principio había sido escepticismo, ahora era una expresión de preocupación genuina. No lo dijo en voz alta. Pude ver en sus ojos que algo había cambiado. Sabía que lo que estaba ocurriendo no era algo normal. Después de aquella noche aterradora, Mi abuelo me llevó al día siguiente a la casa de un amigo suyo, un hombre que vivía aún más apartado, en una pequeña cabaña al borde del pueblo. Al llegar, sentí una extraña atmósfera en ese lugar, pero lo que más me impresionó fue la expresión en el rostro de aquel hombre cuando me vio. Se quedó en silencio por un momento, evaluándome con la mirada. Luego se acercó a mi abuelo y en un tono grave... Le dijo algo que me heló la sangre. La bruja me había marcado y si no actuaban rápido me llevaría con ella. Yo estaba asustado. No entendía nada de lo que estaba pasando.

1:16:30 Todo aquello, las historias de mis amigos, las advertencias de mi abuelo, ahora parecían más reales y amenazantes que nunca. No podía creer lo que estaba escuchando, pero tenía mucho miedo. Mi abuelo intentó calmarme, asegurándome que su amigo sabía cómo ayudarme. A pesar de lo asustado que estaba, decidí confiar en ellos, aunque una parte de mí no podía dejar de pensar que aquello no era más que una pesadilla de la que quería despertar. El hombre preparó lo que llamó una limpia. Comenzó a quemar hierbas que despedían un olor fuerte, casi sofocante, mientras murmuraba palabras que no comprendía. Luego me hizo beber un té que tenía un sabor extremadamente amargo. Apenas pude tragarlo sin que las arcadas me ganaran, pero ellos insistieron en que lo tomara todo. Sentí un malestar en mi estómago que me hizo doblarme de dolor. Fue entonces cuando comencé a vomitar. Lo que salió de mi boca no era normal. Primero fue una cantidad alarmante de cabello, enredado y viscoso, como si hubiera estado dentro de mí durante mucho tiempo. Pero eso no fue lo peor. Después de cada arcada, junto con el cabello, una sustancia negra y espesa empezó a salir también. No podía dejar de vomitar.

1:17:50 Era como si algo oscuro estuviera siendo expulsado de mi cuerpo. Sentía que no terminaría nunca. Cuando finalmente todo aquello se calmó, me desplomé en el suelo, agotado y temblando. Mi abuelo y su amigo parecían aliviados, pero yo apenas podía mantenerme consciente. El hombre me dijo que aquello era lo que la bruja había dejado en mí, que ella intentaba corromperme desde dentro y que si no hubieran actuado no habría escapatoria. Sentí miedo y alivio al mismo tiempo, pero estaba tan débil que no podía ni levantarme. Mi abuelo, visiblemente preocupado, me ayudó a levantarme. Me dijo que ya no podía seguir allí, que mi cuerpo estaba demasiado débil para resistir otro ataque de la bruja. No había otra opción. Esa misma tarde, con una sensación de vacío y una tristeza profunda, tuve que empacar mis cosas y volver a la ciudad.

1:18:49 Mis padres nunca supieron lo que realmente sucedió. Mi abuelo les dijo que me había enfermado un poco y que creía que lo mejor era que estuviera en casa. Yo confirmé su historia, pues no sabía cómo contarles a mis padres todo lo que había vivido. Estaba seguro de que no me creerían. estoy feliz de haber sobrevivido al ataque de aquella anciana aún hoy en día me pregunto por qué lo hizo o qué le había hecho yo para que intentara hacerme tanto mal pero como dice mi abuelo hay personas a las que simplemente les gusta hacer daño a los demás