Aug. 11, 2025

MILITARES Cazan A Un NAHUALHistorias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:03 La operación había comenzado temprano, siguiendo el rastro de unos cazadores furtivos que habían sido denunciados semanas antes. El sargento nos había advertido que los reportes de la zona eran confusos, que no se trataba solo de gente cazando animales silvestres, sino de algo que mantenía inquietos a los pobladores desde hacía meses. Avanzamos con precaución, atentos a cualquier ruido, pero el camino estaba silencioso salvo por el crujir de nuestras botas sobre la tierra húmeda. Llegamos al claro, donde según nos habían indicado había un corral que usaban para encerrar ganado. Desde lejos vimos que las tablas de la cerca estaban arrancadas y varias yacían a varios metros, como si las hubieran empujado con fuerza. El portón estaba colgando de un solo clavo y las huellas en el barro mostraban un desorden que no correspondía a una salida normal de animales.

0:57 Nos acercamos y el olor nos golpeó. Dentro del corral, los cuerpos de las reces estaban abiertos, con las vísceras expuestas y esparcidas sobre la tierra. La sangre formaba charcos oscuros que se mezclaban con la lluvia reciente. Uno de mis compañeros revisó un costado donde había huellas profundas, más grandes que las de cualquier perro y que parecían haber dado vueltas alrededor de los cuerpos antes de perderse en dirección al monte. No encontramos casquillos ni señales de disparos, lo que descartaba que alguien hubiera cazado para llevarse la carne. Mientras observábamos, un anciano del pueblo se acercó desde el sendero, caminaba despacio, apoyándose en un palo de madera, y al llegar al borde del corral dijo que aquello no era obra de ladrones ni de cazadores. Contó que cada tanto bajaba un nagual desde los cerros, que destrozaba corrales y mataba animales sin razón aparente, y que el patrón de los ataques era siempre el mismo. Habló con calma como si no esperara convencernos, pero dejó claro que, si estábamos en la zona, esa noche lo veríamos. El sargento escuchó sin interrumpir y luego le agradeció la advertencia. El anciano se marchó por el mismo sendero y lo vimos meterse entre los árboles. Después de eso, seguimos revisando los alrededores en busca de rastro humano. pero no encontramos nada. El resto de la tarde la pasamos asegurando el área y

2:28 preparando la vigilancia para la noche. La comandancia improvisada estaba en una construcción baja, con techo de lámina, ubicada a pocos metros del corral. Montamos guardia por turnos, con dos hombres en el perímetro y uno en el interior vigilando por la ventana. El aire estaba frío y la luz de la luna iluminaba muy poco por las nubes. Desde donde estaba podía ver la línea oscura del bosque al fondo y el corral parcialmente iluminado. Cerca de la medianoche escuché un ruido fuerte sobre el techo. Fue un golpe metálico que vibró en las láminas como si algo pesado hubiera caído encima. Uno de mis compañeros levantó el fusil y otro salió por la puerta para cubrir el flanco.

3:13 Los pasos sobre el techo se movieron rápido, cruzando de un extremo a otro. Apuntamos hacia arriba, pero antes de que pudiéramos tener un blanco claro, la figura saltó hacia el patio trasero. Vi al animal por primera vez cuando tocó tierra. Era enorme, con la piel oscura y el lomo arqueado. La luz de la luna alcanzó a reflejarse en sus ojos amarillos, que permanecieron fijos en nosotros por unos segundos antes de que se moviera con una velocidad imposible. Disparamos en ráfagas cortas tratando de anticipar su trayectoria, pero la criatura zigzagueaba y se perdía detrás de los troncos y las sombras. El sargento ordenó que aseguráramos el perímetro.

3:56 Me moví hacia un costado del corral y vi que había huellas frescas sobre el barro, con sangre que aún brillaba. Las seguimos con la vista mientras se alejaban hacia el monte, pero a medida que avanzaban, la forma de las huellas cambiaba. Las marcas profundas de garras se fueron transformando en pisadas humanas. como si la criatura se hubiera levantado sobre dos piernas nos quedamos callados siguiendo el rastro hasta que desapareció en una zona de hierba alta nadie dijo nada pero todos entendimos que aquello no era parte de lo que habíamos venido a buscar originalmente mantuvimos la vigilancia el resto de la noche con la vista fija en los límites del bosque esperando que la figura regresara cada ruido en la oscuridad nos ponía en alerta y aunque ya no volvió a aparecer sabíamos que no se había ido lejos El amanecer llegó con el corral tal como lo habíamos dejado después de la inspección inicial, pero con las huellas aún marcadas en el barro, mitad de animal y mitad de hombre, como prueba de lo que habíamos visto. El sargento ordenó tomar fotos y reportar el hallazgo, aunque dejó claro que la versión oficial se centraría en la actividad de cazadores furtivos.

5:13 Lo que ocurrió esa noche y lo que vimos quedaría entre nosotros. pasamos la mañana revisando de nuevo el corral y los alrededores la tierra húmeda aún conservaba las marcas de la noche anterior aunque la lluvia ligera que había caído antes del amanecer comenzaba a difuminarlas el sargento ordenó que siguiéramos el rastro mientras todavía fuera visible Avanzamos en fila, atentos a cualquier movimiento, con el monte cada vez más cerrado a nuestro alrededor. Las huellas, primero anchas y con marcas de garras, se dirigían hacia una zona de pasto alto. A medio camino se estrechaban y adquirían la forma clara de pies humanos descalzos. No encontramos sangre fresca, solo pequeñas manchas oscuras que se perdían sobre las hojas secas. La transición entre un tipo de huella y otro estaba marcada en un tramo de menos de 10 metros. Llegamos a un arroyo poco profundo donde el rastro se perdía por completo.

6:16 La corriente arrastraba hojas y ramas y el agua estaba turbia. Uno de los compañeros cruzó hasta la orilla contraria para buscar más indicios, pero no encontró nada. Permanecimos allí unos minutos en silencio, escuchando solo el agua y el crujir de las ramas con el viento. El sargento decidió que no valía la pena seguir avanzando sin un rastro claro y ordenó regresar. De camino a la comandancia, pasamos por varias casas dispersas en los bordes del pueblo. En una de ellas, una mujer mayor nos observó desde la entrada. Llevaba un pañuelo en la cabeza y no apartaba la vista mientras pasábamos. El sargento le preguntó si había visto o escuchado algo durante la noche. Respondió que sí había escuchado pasos y respiraciones cerca de su corral, pero que no se atrevió a salir. Dijo que no era la primera vez y que desde hace tiempo los animales del pueblo morían de forma similar cuando la luna estaba llena.

7:16 Al llegar de nuevo a la base, el sargento informó por radio lo ocurrido, omitiendo los detalles sobre la criatura y limitándose a reportar que habíamos encontrado indicios de actividad irregular en la zona. La orden fue mantener la vigilancia hasta nuevo aviso. El resto del día lo pasamos revisando el perímetro, reforzando cercas improvisadas y asegurando la caseta donde haríamos guardia. Cuando comenzó a oscurecer organizamos el turno nocturno. El sargento dispuso que dos se mantuvieran en la parte frontal, uno en la trasera y otro en la azotea, con rotación cada dos horas. Yo quedé asignado al segundo turno, de medianoche a dos de la mañana, junto con Ayala y Salgado. El aire estaba más frío que la noche anterior, y la neblina comenzó a formarse temprano, cubriendo la parte baja del terreno y dificultando la visibilidad. Al iniciar nuestro turno, lo primero que notamos fue un silencio anómalo en el monte.

8:15 Ni grillos ni ranas, solo el sonido ocasional de una hoja cayendo o el chasquido de una rama lejana. Ayala permanecía mirando hacia la línea de árboles con el fusil preparado. Salgado recorría el perímetro con pasos lentos, revisando cada ángulo de la cerca improvisada. Pasó casi una hora sin novedad hasta que escuchamos un ruido sobre la lámina del techo. Fue un impacto fuerte que hizo vibrar la estructura. Levantamos las armas y Salgado apuntó hacia arriba. Escuchamos pasos rápidos desplazándose de un extremo a otro. Ayala gritó que se movía hacia la parte trasera, y en ese momento la figura volvió a saltar al suelo, como la noche anterior.

8:58 Pude verla de nuevo, esta vez un poco más de cerca. Era más alta que un hombre y se movía con una agilidad imposible, con la piel tan oscura que absorbía la poca luz. Los ojos amarillos destacaban incluso en la oscuridad. Corrí tras ella junto a Salgado, pero cada vez que parecía que la acorralábamos, cambiaba de dirección con una velocidad que nos hacía perderla de vista entre los arbustos. Se escucharon disparos desde el otro extremo del perímetro. El sargento había abierto fuego al verla cruzar por su sector. al llegar a esa zona encontramos nuevas huellas en el barro frescas con sangre que brillaba bajo la luz de la linterna el patrón volvió a repetirse garras al inicio luego forma humana el rastro se adentró en el monte y desapareció en la oscuridad regresamos a la comandancia para reorganizar la vigilancia el sargento estaba tenso observando la oscuridad de la noche dijo que reforzáramos las posiciones y que evitáramos exponernos en campo abierto la sensación de que el animal o lo que fuera nos observaba desde algún punto del bosque se hizo más fuerte a medida que avanzaba la noche Antes del amanecer, otro ruido sobre el techo nos puso en alerta, pero esta vez no vimos nada al salir.

10:21 El sargento decidió que nos mantuviéramos en posiciones fijas hasta que amaneciera. Cuando por fin salió el sol, las huellas alrededor de la comandancia confirmaban que algo había estado rodeando el lugar durante horas. No había signos de retirada, solo marcas que se movían en círculos, como si hubiera estado esperando el momento para entrar. Cuando amaneció, el sargento ordenó que nos dividiéramos en dos equipos para revisar nuevamente el perímetro y las casas cercanas. Yo fui otra vez con Ayala y Salgado hacia la parte norte del pueblo, siguiendo las huellas que habían quedado más marcadas en el barro. La tierra estaba húmeda y todavía se distinguían las marcas de la noche anterior, aunque algunas estaban borrosas por la humedad acumulada. El rastro se internaba entre los matorrales y se perdía en una zona donde el terreno comenzaba a inclinarse hacia un arroyo. En la orilla encontramos ramas quebradas y manchas oscuras en las piedras. No eran lo suficientemente frescas para que siguiéramos el rastro, pero indicaban que la criatura había cruzado por ahí. Ayala sugirió que siguiéramos hacia el otro lado, aunque el monte era más cerrado y dificultaba la visibilidad. Avanzamos despacio, atentos a cualquier ruido, con la vegetación rozándonos los hombros y las botas hundiéndose en el lodo. A medio camino escuchamos pasos rápidos más adelante.

11:49 No parecían de un animal pesado, sino más ligeros y veloces. Nos detuvimos y quedamos en silencio. No volvió a escucharse nada. Salgado hizo una seña para continuar, pero manteniendo más distancia entre nosotros. Apenas avanzamos unos metros, el sonido volvió a aparecer, esta vez a nuestra izquierda, acompañado de un crujido de hojas secas. Apuntamos en esa dirección, pero no vimos nada entre la maleza. Al llegar a una zona despejada, vimos que el terreno bajaba hacia otro arroyo más angosto. Allí, las huellas cambiaban otra vez. Desde el borde del agua, las marcas de garras desaparecían, y en su lugar había pisadas humanas, bien definidas, que se alejaban hacia el interior del monte. Salgado comentó en voz baja que no podía entender cómo algo así podía cambiar de forma, y aunque nadie respondió, todos estábamos pensando lo mismo, podía ser verdad lo del Nahual. regresamos por un camino diferente bordeando un corral vacío las tablas estaban astilladas y en el suelo había restos de pelo y manchas oscuras parecía que ahí también había atacado esa tarde el sargento nos reunió a todos en la comandancia Nos dijo que las huellas confirmaban que la criatura había rondado la zona durante horas y que el patrón se repetía, primero los ataques a los animales, luego el recorrido por el perímetro, como si estuviera midiendo

13:21 nuestras defensas. La orden fue reforzar los puntos más vulnerables y preparar más iluminación para la noche. Cuando oscureció, el cielo estaba despejado y la luna iluminaba el terreno. Me tocó el primer turno en la azotea, con Ayala cubriendo el lado opuesto. Desde arriba se veía una franja clara de terreno abierto antes de que la vegetación cerrara el paso. Pasó poco más de una hora antes de que algo se moviera en esa zona. primero fueron sombras entre los arbustos apenas perceptibles después una figura más grande emergió lentamente quedándose a medio camino entre el monte y la cerca los ojos amarillos eran visibles incluso a esa distancia llevé la mira hasta su posición y estaba a punto de avisar al sargento cuando la criatura se movió con una rapidez que me obligó a girar el arma para seguirla saltó sobre la cerca y cayó al interior del perímetro desapareciendo entre las estructuras desde mi posición escuché cómo corría hacia la parte trasera de la comandancia grité su ubicación y allá la respondió desde su lado que lo había visto cruzar unos segundos después comenzaron los disparos las ráfagas resonaron en todo el valle bajé de la azotea y me uní a los que perseguían al objetivo lo seguimos hasta la zona de almacenes donde encontramos varias cajas caídas y más huellas con sangre el patrón volvió a repetirse

14:52 marcas de garras que en menos de cinco metros se transformaban en pisadas humanas descalzas esa vez había más sangre como si hubiera resultado herido seguimos el rastro hasta un punto apenas distinguíamos las siluetas de mis compañeros De pronto escuchamos un gruñido fuerte y la figura apareció a unos metros delante. Disparamos todos al mismo tiempo, pero se perdió. Nos quedamos en formación, cubriendo cada ángulo, esperando que volviera. No lo hizo. El sargento ordenó replegarnos para reorganizar la defensa. La guardia continuó el resto de la noche con todos los sentidos puestos en cualquier ruido. Escuchamos pasos en varias ocasiones, siempre rodeándonos, pero sin acercarse lo suficiente como para tener un tiro claro. Esa mañana, después de revisar las huellas que habían quedado alrededor de la comandancia, el sargento nos ordenó preparar un nuevo perímetro de vigilancia. El patrón del rastro dejaba claro que la criatura conocía cada punto ciego de nuestras guardias y que podía entrar y salir sin que lográsemos interceptarla. La cerca improvisada de alambre que habíamos colocado en la parte trasera no mostraba señales de daño, lo que significaba que había entrado por zonas abiertas sin dificultad.

16:15 El sargento dividió a todos en parejas para cubrir los sectores durante la siguiente noche. Me tocó con Salgado en la parte norte, justo frente a un corral abandonado. Pasamos la mayor parte del día limpiando el área, moviendo tablas y asegurando que no hubiera obstáculos que nos impidieran disparar si era necesario. Ayala, desde el otro sector, comentó que, en la madrugada, había alcanzado a ver a la criatura detenerse, como si estuviera observando, y luego volver al monte. Nadie discutió su versión porque sabíamos que lo que fuera que enfrentábamos tenía un comportamiento calculado. Al caer la noche, el clima cambió. nos manteníamos en silencio atentos con los fusiles listos de vez en cuando se escuchaban ruidos en la maleza pasos que se movían de un lado salgado me señaló con la mano que había visto movimiento entre dos pinos grandes observé por unos segundos pero no vi nada Poco después, escuchamos un golpe fuerte contra una lámina del corral.

17:19 Apuntamos en esa dirección. El sargento, desde la radio, ordenó no abrir fuego hasta tener un blanco claro. Permanecimos así varios minutos hasta que el ruido cesó. Un rato después la criatura apareció. Salió a paso lento con la cabeza baja avanzando hacia el corral. Desde esa distancia se podía distinguir la piel oscura y los hombros anchos. Los ojos reflejaban la poca luz disponible, destacando en medio de la oscuridad. Salgado avisó por radio y en segundos el resto de las parejas ya estaba en alerta. La criatura se detuvo frente al corral y miró hacia donde estábamos. No esperó mucho. La criatura se quedó en el corral. De pronto corrió hacia la estructura, saltó sobre ella y la atravesó con un solo impulso. Los animales que quedaban dentro comenzaron a alterarse.

18:09 El sargento autorizó abrir fuego. Varias ráfagas iluminaron el lugar y pude ver la figura moverse con rapidez entre las sombras del corral. Disparamos intentando cerrarle el paso, pero saltó nuevamente la cerca y corrió hacia el monte. Salgado y yo fuimos los primeros en seguirlo. Cruzamos el terreno abierto hasta llegar al inicio del monte. Sangre fresca marcaba el rastro, y entre las huellas de garras aparecían ya las de pies humanos descalzos. Continuamos avanzando, pero el sargento ordenó detenernos y mantenernos en la entrada. No quería que nos adentráramos sin saber si había más de uno. Regresamos al corral para evaluar los daños. Dos animales estaban muertos y otros tenían heridas profundas. El sargento ordenó que se levantara un cerco improvisado alrededor de la comandancia y que los animales sobrevivientes de las personas que vivían ahí se trasladaran a una zona más protegida. Durante el resto de la noche reforzamos la vigilancia. Cada cierto tiempo se escuchaban ruidos en diferentes puntos. Ramas quebrándose, pasos rápidos, pequeños golpes contra paredes o láminas. Nunca se acercaba lo suficiente como para entrar en nuestro rango de tiro. Parecía que jugaba con la distancia.

19:28 Al amanecer, en uno de los sectores, encontramos un árbol con marcas profundas en el tronco, como si hubiera sido arañado con fuerza. La sangre estaba seca, lo que indicaba que no había pasado en las últimas horas, pero confirmaba que usaba distintos caminos para desplazarse. El sargento reunió a todos y dijo que si queríamos atraparlo tendríamos que anticipar sus movimientos y forzarlo a entrar en un área cerrada. Para eso tendríamos que reducir nuestras posiciones y concentrar el fuego en un solo punto, aunque eso significara dejar otros sectores sin vigilancia. La idea era arriesgada, pero era la única forma de asegurar un enfrentamiento directo. Esa tarde preparamos la trampa. Movimos láminas, barriles y cualquier cosa que sirviera para cerrar el paso en zonas específicas. dejamos un pasillo abierto entre el monte y la parte trasera de la comandancia donde instalaríamos las luces y colocaríamos a la mayoría de los tiradores el resto quedaría en los techos listos para disparar desde arriba Sabíamos que si el plan funcionaba, esa noche habría un enfrentamiento más directo que los anteriores, y que la criatura, herida o no, no iba a huir sin antes intentar romper el cerco. La trampa estaba lista antes de que oscureciera por completo. El sargento ordenó que todos estuviéramos en nuestras posiciones media hora antes, para

20:58 no hacer movimientos innecesarios. Las luces colocadas en la entrada del pasillo quedaban ocultas tras unas láminas, listas para encenderse de golpe en cuanto la criatura entrara. Desde mi posición podía ver la franja que quedaba libre entre el monte y la parte trasera de la comandancia. Era un espacio estrecho, con barriles a los lados que dejaban solo un camino central. Salgado estaba conmigo, y más atrás, en el techo, otros dos compañeros cubrían el ángulo superior. En la radio, el sargento avisó que el resto de los sectores quedaban sin vigilancia para obligar a la criatura a entrar por donde queríamos. Era arriesgado porque cualquier otra amenaza podía acercarse sin que la detectáramos, pero era la única forma de tener un enfrentamiento directo. La espera fue larga. Nos mantuvimos inmóviles, escuchando.

21:52 De pronto, un sonido de ramas moviéndose rápido se escuchó desde la parte izquierda del monte. Alguien en la radio avisó que había visto una sombra desplazándose hacia el pasillo. El sargento ordenó mantener la calma y esperar a que estuviera dentro. Vi un par de destellos amarillos moviéndose de forma pausada. La silueta apareció segundos después, agachada, avanzando despacio. La piel brillaba con la humedad y los hombros se balanceaban de un lado a otro. Cada paso dejaba un rastro oscuro en la tierra. Cuando estuvo a unos cinco metros de la entrada, el sargento dio la orden. Las luces se encendieron al mismo tiempo y el lugar quedó iluminado.

22:34 La criatura levantó la cabeza y sus ojos reflejaron la luz con intensidad. Disparamos todos a la vez. Las ráfagas hicieron vibrar las láminas y los barriles, y el eco se extendió hacia el monte. La figura retrocedió un instante, pero luego avanzó hacia nosotros. Se movía rápido, esquivando algunos disparos y lanzándose contra los barriles para derribarlos. Un par de balas le dieron en el costado, y vi cómo la sangre oscura manchaba la tierra. Aún así, no se detuvo. Salgado lanzó una ráfaga directa al pecho, y la criatura giró hacia él, golpeando el barril que nos cubría y haciéndolo rodar varios metros. Aproveché para disparar desde otro ángulo.

23:19 Vi que trastabilló y cayó de lado, pero antes de que pudiéramos acercarnos, se levantó y saltó hacia uno de los techos. Los compañeros de arriba abrieron fuego, pero solo alcanzaron a darle en una pierna antes de que desapareciera detrás de la estructura. El sargento ordenó perseguirla y corrimos hacia la parte trasera. Al llegar, encontramos huellas que salían del perímetro y se internaban en el monte. La sangre marcaba un rastro claro. Seguimos avanzando, pero el sargento mandó detenernos. El riesgo de emboscada era alto. Regresamos al puesto para reorganizarnos. El sargento evaluó la situación y dijo que aunque estaba herida, la criatura podría tener fuerza suficiente para atacar. Ordenó que reforzáramos el perímetro, cerrando cualquier hueco que pudiera aprovechar para entrar.

24:10 Nadie hablaba, y la comunicación por radio se limitaba a avisos de movimiento o cambios de posición. A las dos, un ruido fuerte en la parte sur nos obligó a mover a tres hombres para reforzar esa zona. Cuando llegaron, encontraron una de las cercas tirada y marcas profundas en el suelo, como si algo hubiera empujado con fuerza para derribarla. No había sangre ahí, lo que indicaba que, probablemente, había rodeado el perímetro buscando otro punto débil. El sargento decidió que la prioridad era mantenernos juntos. Redujo la cantidad de puestos activos y concentró a la mayoría en las zonas con mejor visibilidad. La orden era disparar sin advertencia en cuanto hubiera un blanco claro. Cuando comenzó a amanecer, el sargento reunió a todos para una revisión general. contó los daños y evaluó las posiciones la trampa había servido para herirla pero no para detenerla la situación se volvía más complicada porque ya sabía cómo era nuestro despliegue y conocía las rutas de acceso y escape la sexta noche empezó con un cambio en la forma en que el sargento organizó las guardias Ya no buscábamos solo vigilar, sino provocar un encuentro. Se colocaron cebos en puntos estratégicos, un par de costales con restos de carne cerca del corral y un cerdo vivo en una jaula reforzada. La intención era obligar a la criatura a salir de la línea de árboles y entrar en un área despejada donde todos tuviéramos

25:44 un tiro limpio. Me asignaron la zona más cercana al cerdo junto con Salgado y Reyes. Teníamos buena visibilidad hacia la ladera, aunque la neblina no tardó en cubrirlo todo. El cerdo no paraba de moverse, golpeando la jaula con las patas y gruñendo. cada vez que el animal hacía un ruido fuerte mirábamos hacia el monte esperando ver algo pero lo único que se distinguía era la forma oscura de los pinos y la bruma espesa que los rodeaba cerca de las 11 escuchamos un crujido distinto más pesado que los pasos de un animal pequeño sonó hacia el costado izquierdo donde otra pareja cubría un sector con arbustos bajos el sargento nos pidió aguantar y no encender las luces Después vino otro crujido, esta vez más cerca, y el cerdo comenzó a chillar de manera constante. Apreté el fusil y enfoqué la mira hacia el área donde el sonido se repetía. Esa tarde reforzamos todas las entradas de la comandancia.

26:47 Movimos mesas, barriles y costales para bloquear las ventanas bajas. El sargento repartió la munición que quedaba y revisó cada arma. Nos colocó en posiciones fijas, con dos vigilando desde el techo y el resto cubriendo el perímetro interior. La luz del día se fue rápido y la neblina volvió a bajar antes de que anocheciera por completo. Yo quedé en la parte trasera, cerca de la bodega. Desde ahí se veía un tramo del monte y la cerca del corral donde encontramos a los animales. El aire estaba húmedo y apenas se escuchaban insectos. Los minutos pasaban lentos. Un compañero se movía a mi lado revisando su sector y de vez en cuando iluminaba con la linterna entre los árboles.

27:33 Pasada la medianoche, un ruido fuerte en el techo hizo que todos apuntáramos hacia arriba. Los del techo avisaron por radio que algo se movía rápido de un lado a otro. Luego se escucharon arañazos en la lámina y golpes contra la estructura. El sargento ordenó que nadie disparara hasta tener visibilidad completa. Me quedé observando los bordes del techo por si bajaba por ahí. En cuestión de segundos algo saltó desde la parte más alta y cayó detrás de la bodega. El impacto levantó tierra. Corrí hacia ese lado junto con dos compañeros. Al doblar la esquina, la linterna iluminó la figura oscura que avanzaba agachada. Los ojos brillaban con fuerza.

28:15 Disparamos al mismo tiempo. La criatura se levantó de golpe y corrió hacia el monte, pero una de las balas la alcanzó en el costado. Soltó un gruñido grave y se perdió entre la vegetación. El sargento dio la orden de perseguirlo sin alejarnos demasiado. Salimos en formación, avanzamos entre troncos y ramas bajas. El rastro se detuvo en una zona de rocas grandes. Escuchamos movimiento arriba y uno de los del techo de la comandancia que había bajado a apoyarnos, gritó que lo tenía a la vista. Corrimos hacia la dirección que señaló, pero lo único que encontramos fue más sangre y una marca profunda en la corteza de un árbol, como de garras. Volvimos a reagruparnos y el sargento decidió cortar el paso hacia el pueblo. Formamos una línea y fuimos avanzando juntos, revisando cada sombra. A pocos metros de la cerca del corral, un compañero señaló hacia una figura que se movía entre dos troncos. Avanzamos rápido, iluminando de frente.

29:17 La criatura estaba de pie, respirando con fuerza. Tenía manchas de sangre en el pelaje y en una de las manos llevaba lo que parecía un hueso largo. El sargento ordenó abrir fuego. las balas impactaron en el cuerpo y en el hombro, la criatura retrocedió, tropezó con una raíz y cayó, corrimos hacia ella sin dejar de disparar, cuando llegamos se retorcía en el suelo, sus movimientos eran rápidos intentando levantarse, uno de los compañeros le apuntó a la cabeza y disparó, el cuerpo quedó inmóvil, nos acercamos con precaución, El pelaje estaba cubierto de sangre y el olor era fuerte.

29:58 El sargento indicó que lo revisáramos. El sargento ordenó cubrir el cuerpo y llevarlo hasta la comandancia. Lo cargamos entre varios y lo dejamos en una mesa de la bodega. Cerramos la puerta con llave. Afuera seguía la neblina, pero no se escuchaba movimiento en el monte. Los del techo confirmaron que no había señales de más actividad. Esperamos el amanecer sin dormir, vigilando que nada se acercara. Con las primeras luces, el sargento comunicó por radio lo ocurrido y pidió instrucciones. Desde la base le indicaron que asegurara la zona y que al mediodía llegaría un vehículo para trasladar el cuerpo. Cuando llegó el vehículo, subieron el cuerpo envuelto en una lona gruesa. Nos ordenaron guardar silencio sobre lo ocurrido.

30:47 El resto del día lo pasamos revisando la zona del corral y los alrededores del monte. No encontramos más rastros, solo las marcas viejas de los ataques y restos de animales esparcidos. Al caer la tarde, recibimos la orden de regresar a la base principal. Llegamos a la zona a mediados de mes, después de un traslado en vehículo que nos dejó en un camino estrecho. Desde ahí seguimos a pie hasta alcanzar el puesto de avanzada. Yo acababa de ser asignado a esa unidad, así que no conocía bien a mis compañeros. Éramos ocho en total, bajo el mando de un sargento que parecía tener años en ese tipo de operaciones. Nos explicaron que nuestra tarea era mantener vigilancia sobre rutas usadas por contrabandistas, captar cualquier señal sospechosa y reportar de inmediato a la base principal. Teníamos equipo básico de comunicación. armamento suficiente y víveres para un mes. Aunque se notaba que la prioridad era mantener la discreción antes que buscar enfrentamientos, el lugar estaba en una ladera alta, con vista hacia un valle angosto que se perdía entre las montañas. A nuestro alrededor había pinos muy altos. La estructura principal era una pequeña construcción de madera que servía para dormir. con espacio apenas para colocar las literas y

32:18 un par de mochilas grandes. Afuera, bajo una zona techada improvisada con lonas, teníamos una mesa de madera para cocinar y almacenar el equipo. Todo estaba a la intemperie y se veía claro que el puesto estaba hecho para mantenerse en silencio y pasar desapercibido. Por las noches la temperatura bajaba bastante y el frío se metía en la ropa, Aunque tuviéramos chamarras térmicas, el viento soplaba de forma constante, a veces trayendo olor a tierra húmeda desde el valle. Durante el día, la luz se filtraba entre los pinos y mantenía todo en penumbra, aun cuando el cielo estaba despejado.

32:59 No había caminos visibles más allá del sendero por el que habíamos llegado. lo que nos daba cierta seguridad de que cualquier presencia extraña sería fácil de notar siempre y cuando se mantuviera la visibilidad. La rutina fue sencilla los primeros días. Nos organizábamos en turnos de guardia que cambiaban cada pocas horas. Un par vigilaba desde la zona más alta del puesto, y otro se colocaba en la parte baja para cubrir el acceso por el sendero. El resto descansaba o realizaba mantenimiento al equipo. Por las noches todo quedaba en silencio, salvo el sonido del viento y de vez en cuando alguna rama cayendo. Algunos compañeros se quejaban del aislamiento, diciendo que preferían el movimiento de las operaciones urbanas, mientras que otros veían este trabajo como un descanso necesario después de semanas intensas. Yo prefería escuchar y adaptarme, ya que apenas estaba conociendo la dinámica del grupo, el primer hecho que me llamó la atención ocurrió en la tercera noche, estaba de guardia junto a otro compañero, cubriendo la parte alta del perímetro. La luna estaba oculta por nubes y el viento soplaba más fuerte que en noches anteriores. Entre el sonido constante de las ramas moviéndose, escuché un silbido corto que vino desde la ladera opuesta. No fue arrastrado por el viento, sino claro y breve. como cuando alguien llama la atención de forma intencional. Me quedé quieto, tratando

34:29 de identificar de dónde venía. Mi compañero giró la cabeza y me miró, dejando claro que él también lo había oído. Tomamos las linternas y apuntamos hacia el lugar de donde creíamos que había salido. El haz de luz recorrió los troncos, iluminando manchas de niebla que comenzaban a bajar desde lo alto. No vimos movimiento. El silencio regresó al punto de antes, interrumpido solo por el viento. Permanecimos así varios minutos, atentos a cualquier repetición del sonido. El silbido no volvió. Al terminar el turno, reportamos al sargento lo que habíamos escuchado. Él nos escuchó con atención y ordenó que se mantuviera la vigilancia y que nadie saliera del perímetro durante la noche, sin importar lo que escucháramos. Indicó que, solo en caso de ver un objetivo claro, podríamos encender las linternas y dar aviso por radio. No hizo más preguntas y siguió con la revisión de rutina de las armas. Durante los minutos siguientes, el silbido volvió a escucharse, aunque más distante.

35:33 Era el mismo tono breve, como un aviso. Los que estábamos despiertos lo escuchamos y nos quedamos en nuestras posiciones, observando hacia la ladera. Las linternas permanecieron apagadas, como había indicado el sargento, y solo nos guiábamos por la luz débil del cielo. Con el viento constante, era difícil determinar si el sonido venía desde un punto fijo o si cambiaba de posición. Pasados unos minutos, todo volvió a quedarse igual que antes. El aire frío bajaba desde lo alto y se colaba entre la ropa. La sensación de que alguien o algo estaba al otro lado de los pinos era difícil de ignorar, pero sin evidencia clara no podíamos hacer más que esperar. el resto de la noche transcurrió sin que viéramos movimiento y los que tenían el siguiente turno de guardia recibieron la instrucción de mantenerse atentos al mismo tipo de sonido cuando amaneció el tema quedó entre nosotros sin un registro formal Era común que, en zonas aisladas, se escucharan ruidos extraños, según comentaban los más experimentados. Aún así, yo seguía repasando mentalmente ese silbido, recordando lo preciso y corto que había sido, como si lo hubieran hecho a pocos metros, aunque la oscuridad lo ocultara todo. El sargento no tardó en reaccionar cuando le comentamos lo del silbido.

36:57 Apenas terminamos de explicarle desde qué dirección había venido, ordenó que dos fuéramos a revisar la ladera y me señaló para que fuera junto a otro elemento. Tomamos las linternas y salimos del perímetro siguiendo la pendiente. El terreno estaba inclinado y resbaloso. La tierra húmeda por las lluvias recientes se pegaba a las botas con cada paso. conforme avanzamos notamos que había marcas de pisadas recientes en el barro lo suficientemente claras para seguirlas no parecían tener más de unas horas y todas iban en dirección al bosque de pinos que cubría la parte baja a cada metro se veían ramas quebradas algunas todavía con hojas verdes colgando La dirección era evidente y nos llevó hasta un punto donde el terreno se aplanaba un poco. La humedad y el olor a madera mojada se mezclaban con el del humo apagado, señal de que algo había ardido allí no hacía mucho.

37:56 Llegamos a un claro pequeño oculto por los árboles, donde había restos de un campamento improvisado. La fogata estaba apagada. con un círculo de ceniza húmeda y trozos de madera ennegrecida que aún conservaban forma. Entre dos troncos cercanos, alguien había amarrado una lona sucia, con gotas de agua deslizándose por la llovizna que había caído en la noche. La lona colgaba floja como si hubiera estado puesta varios días. Recorrimos el lugar con cuidado, y fue entonces cuando vimos varios árboles que tenían símbolos tallados en la corteza. Algunos eran líneas entrecruzadas, otros círculos incompletos y también marcas alargadas que parecían hechas con un cuchillo o navaja. La corteza desprendida mostraba la madera más clara por debajo, señal de que las tallas eran recientes. En las ramas, colgando a distintas alturas, había hilos finos con huesos pequeños atados. Eran huesos de forma irregular, algunos largos y otros planos, que se movían con el viento suave produciendo un leve golpeteo entre sí. No eran muchos, pero estaban distribuidos de forma que resultaban difíciles de pasar por alto. Cerca de las raíces, en la base de algunos troncos, había otras marcas, en parte cubiertas por musgo, aunque se alcanzaba a ver que eran parecidas a las talladas más arriba. Mientras revisábamos, escuchamos

39:26 pasos acercándose. el sargento llegó acompañado por dos compañeros más se detuvo a observar todo sin decir nada al principio miró los símbolos los huesos y la fogata apagada luego dio la orden de que uno de los presentes tomara fotos con el celular para enviarlas a la base El compañero que traía mejor cámara se encargó de tomar varias imágenes, acercándose a las marcas y a los huesos para que quedaran claras. Después el sargento ordenó desmontar la lona y dejarla en el suelo. Nos indicó que cortáramos los hilos con huesos y los dejáramos también tirados. La ceniza de la fogata fue revolcada con un palo hasta que se deshizo la forma circular que tenía. Todo lo que estaba allí fue removido y dispersado. No comentó nada más sobre lo que habíamos encontrado, pero quedó claro que quería borrar cualquier señal de que ese campamento había estado en uso.

40:24 Una vez que todo quedó como él indicó, revisamos de nuevo los alrededores para asegurarnos de no dejar nada colgando ni marcas evidentes. El lugar volvió a verse como un claro vacío, aunque las marcas talladas en los árboles, aunque disimuladas, seguirían siendo visibles si alguien se acercaba lo suficiente. Con las fotos enviadas y el lugar desmontado, fuimos el regreso al puesto de avanzada. La subida fue más lenta, con el barro dificultando cada paso. Nadie comentó lo que habíamos visto. Solo se escuchaba el crujir de la hojarasca bajo las botas y el viento que pasaba entre los pinos. Cuando alcanzamos de nuevo la zona de vigilancia, el sargento dio por cerrada la revisión y nos ordenó volver a la rutina, como si el hallazgo no mereciera más discusión en ese momento.

41:14 Al regresar al puesto de avanzada, el sargento pidió las fotos que habíamos tomado y las revisó con detenimiento. No hizo comentarios, solo las envió por radio a la base junto con un mensaje breve. Después ordenó que cada quien volviera a su puesto. La noche continuó sin más movimiento, aunque se notaba que varios compañeros seguían comentando en voz baja lo que habíamos visto en el claro. Algunos repasaban los símbolos y los huesos colgantes, otros parecían más preocupados por las huellas y las ramas quebradas. Yo sentía que el grupo estaba más callado que en días anteriores, incluso los que solían bromear mantenían el tono bajo. Cuando llegó mi turno de guardia, la ladera estaba oscura y el viento movía las copas de los pinos. Herrera estaba asignado a la siguiente rotación, pero antes de que se cumpliera el cambio lo vimos entrar a la caseta visiblemente alterado.

42:13 Dijo que entre los pinos había pasado una mujer vestida de blanco que se movía entre los troncos sin producir ruido. No traía señales de haber corrido ni de haberse caído, pero se le veía agitado. El sargento lo escuchó sin mostrar reacción y le dijo que se quedara dentro para descansar. Ordenó que otro lo sustituyera y que el incidente no se registrara. A la mañana siguiente, el comportamiento de Herrera era distinto. evitó comer con el grupo se sirvió un plato y se alejó para comer solo tenía la piel brillante por el sudor a pesar del clima frío y las ojeras se le marcaban como si no hubiera dormido nada cada cierto tiempo levantaba la vista hacia la ladera siguiendo con la mirada el mismo punto del bosque no participó en las conversaciones y se mantenía apartado Ese día transcurrió con las actividades normales, pero cuando llegó la noche me tocó guardia otra vez y coincidí con Herrera. La temperatura había bajado más que en las noches anteriores y la neblina comenzaba a cubrir la zona desde temprano. mientras estaba en mi posición escuché a lo lejos el mismo silbido corto que habíamos oído la primera vez esta vez se repitió varias veces con pausas cortas entre cada uno apenas terminó el primero Herrera se puso de pie de inmediato y miró fijamente hacia la oscuridad Uno de los compañeros y yo enfocamos con las linternas en la dirección de los sonidos, pero solo alcanzamos a distinguir las siluetas

43:43 inmóviles de los pinos. La niebla empezaba a bajar con más densidad, ocultando las bases de los troncos y cubriendo el suelo. El aire estaba tan húmedo que el haz de luz se dispersaba y apenas iluminaba unos metros. No se escuchaba nada más aparte del viento leve entre las ramas. El sargento, que estaba cerca, se acercó para preguntar qué habíamos visto. Al escuchar que no había nada claro, ordenó que todos se mantuvieran dentro del perímetro y con las armas listas. Dio instrucciones de acortar la rotación de guardias para que nadie se quedara mucho tiempo expuesto y prohibió que alguien saliera solo, aunque fuera por unos minutos. La tensión se mantuvo hasta que terminó el turno. Nadie hizo preguntas directas a Herrera, pero todos lo observaban con discreción.

44:33 Yo notaba que seguía mirando hacia la ladera, como si esperara volver a ver a la mujer que había mencionado la noche anterior. No dijo nada, pero su actitud mantenía al resto atentos. El resto de la noche pasó sin que volviéramos a escuchar el silbido, aunque la neblina no se disipó del todo y la sensación de que algo podía aparecer en cualquier momento se nos obligó a permanecer atentos hasta el amanecer cuando amaneció había niebla espesa que cubría gran parte de la ladera apenas se distinguían unos metros por delante y las copas de los pinos parecían flotar sobre un fondo gris el grupo desayunó en silencio cada quien mirando de vez en cuando hacia el bosque el vapor de las tazas de café se mezclaba con la humedad fría del aire Nadie hablaba más de lo necesario.

45:26 Herrera comió poco, apenas unas cucharadas, y mantuvo la vista fija hacia la misma zona donde había estado mirando el día anterior. No parecía distraído, sino concentrado en lo que había más allá de la niebla. después de comer el sargento dio la orden de realizar una patrulla corta de reconocimiento sólo a unos metros del perímetro para verificar si había rastros recientes me asignaron junto con otros dos compañeros la niebla se metía entre los árboles y hacía que todo se viera más cerrado avanzamos con paso lento atentos a cualquier movimiento A unos 20 metros del puesto encontramos las primeras huellas. Eran marcas humanas descalzas, bien definidas en la tierra húmeda, con el barro marcado en los bordes. Las huellas seguían una dirección irregular, como si hubieran rodeado el perímetro.

46:21 continuamos avanzando y dimos con algo que no habíamos visto antes en varios puntos separados entre sí por pocos metros había pequeños montones de piedras apiladas en forma de cono no eran muy altos apenas hasta la rodilla pero estaban bien colocados con las piedras más grandes en la base y las pequeñas arriba el barro que las rodeaba indicaba que habían sido puestas recientemente Recordé que el día anterior habíamos pasado por esa zona y esos montones no estaban. Regresamos al puesto y comentamos lo que habíamos visto. Los demás coincidieron en que esas piedras no estaban antes. El sargento escuchó sin interrumpir y luego ordenó que se borraran todos los montones y que la zona quedara como antes.

47:09 Nos repartimos para hacerlo, empujando las piedras hasta que se deshicieron las formas y quedaron esparcidas en el suelo. A la noche siguiente, la niebla empezó a bajar más temprano de lo habitual, cubriendo toda la zona antes de que iniciara el primer turno de guardia. La humedad era tan densa que el aire se sentía pesado al respirar. Apenas nos acomodamos en nuestras posiciones, comenzaron a escucharse ruidos en el bosque. Eran más cercanos que en noches anteriores, ramas quebrándose y pasos lentos sobre la hojarasca. No eran ruidos continuos, sino pausados, como si algo se detuviera entre cada movimiento. Herrera estaba en la misma línea de vigilancia que yo.

47:51 Lo vi apretar el fusil con fuerza y empezar a respirar más rápido. No se movía de su posición, pero la tensión se le notaba. Después de unos minutos pidió ser relevado antes de tiempo. Uno de los compañeros lo sustituyó y él se alejó sin decir nada, entrando directo a la caseta. La guardia se organizó en grupos de tres con relevos cada hora para evitar el cansancio. Yo estaba en el segundo turno de la noche. La niebla cubría por completo la ladera y el valle, dejando ver apenas unos metros por delante. El viento era leve y el bosque se mantenía en un silencio extraño, interrumpido únicamente por crujidos esporádicos de ramas que sonaban en direcciones distintas.

48:36 La humedad hacía que la ropa se sintiera más pesada. y que las manos se enfriaran rápido a pesar de los guantes avanzamos a nuestras posiciones desde donde estaba podía distinguir la forma de los pinos más cercanos pero más allá todo era una masa gris uniforme me mantuve atento girando la vista para cubrir todo el ángulo posible A los pocos minutos percibí movimientos difusos entre los árboles, como si algo cruzara de un punto a otro. Eran figuras borrosas, más oscuras que la niebla, que se desvanecían en cuanto intentaba fijar la vista. A cada tanto se escuchaban pasos rápidos, apenas marcados sobre la hojarasca. seguidos de chasquidos de ramas quebrándose en distintas zonas. A mi lado, uno de los compañeros mantenía la linterna apagada para no delatar la posición, y el otro observaba por encima de la mira del fusil, siguiendo las direcciones de los ruidos. Más atrás, junto a la caseta, herrera estaba sentado contra la pared con el fusil en las manos no hablaba y parecía concentrado en un punto fijo en la oscuridad de pronto uno de los marinos aseguró que había visto varias siluetas moviéndose hacia el perímetro apenas lo dijo levantó el fusil y comenzó a disparar hacia la niebla Se comenzaron a escuchar fuertemente los disparos y encendieron destellos breves entre los troncos. El otro marino del grupo también comenzó a disparar, apuntando hacia

50:08 zonas donde creía haber visto movimiento. El ruido se amplificó en el valle y las detonaciones se repitieron durante varios segundos. Yo mantuve la posición con el arma lista, pero no alcancé a distinguir un objetivo claro. el sargento apareció corriendo desde el otro extremo del perímetro y ordenó alto al fuego algunos siguieron disparando unos instantes más diciendo que las figuras seguían moviéndose entre los árboles cuando por fin se detuvieron lo único visible era la niebla espesa que volvía a cubrirlo todo No había ruido de pasos ni de ramas. El sargento ordenó reforzar la vigilancia en todos los puntos del perímetro. Nos mantuvimos en las posiciones, con las armas preparadas, mientras él reorganizaba la distribución. La tensión era evidente. Cada quien miraba a su sector con más frecuencia de la habitual y cualquier ruido hacía que se levantaran los fusiles.

51:05 Durante las horas siguientes, cada grupo de guardia reportó cosas distintas. algunos escucharon pasos que se detenían cerca y luego se alejaban otros oyeron silbidos cortos que se repetían desde distintos puntos nunca desde el mismo lugar la niebla parecía desplazarse con nosotros al cambiar de posición la densidad aumentaba y reducía todavía más la visibilidad había momentos en los que apenas podía distinguir mi propia mano extendida frente a la linterna apagada Con cada minuto que pasaba, el ambiente se sentía más cerrado, como si el espacio se achicara alrededor del puesto. Los sonidos empezaron a disminuir, los pasos y los chasquidos se volvieron más esporádicos y los silbidos dejaron de escucharse. Aún así, nadie bajó la guardia. Permanecimos atentos, cambiando de posición cada cierto tiempo para cubrir todos los puntos.

52:03 Nadie habló de lo que había visto o escuchado, pero el silencio del grupo era suficiente para entender que ninguno estaba tranquilo. Tras el intercambio de disparos, el sargento nos reunió a todos bajo el techo improvisado de la caseta. Explicó que, si había grupos armados en la zona, el ruido nos convertía en blancos fáciles. Mientras hablaba, yo pensaba en cómo el eco de las detonaciones se había expandido por el valle. viajando mucho más lejos de lo que podíamos imaginar la tensión creció al darnos cuenta de que ya no sólo se trataba de una amenaza desconocida entre los árboles sino que cualquier grupo hostil podía guiarse por el sonido y acercarse hasta nosotros el sargento comunicó que la misión quedaba comprometida el objetivo de mantener una vigilancia discreta se daba por perdido Ordenó que todos nos mantuviéramos armados y listos, pero que redujéramos la exposición. Las linternas se apagaron y dejó solo un par de puntos de observación activos, rotando a los hombres para evitar que permanecieran mucho tiempo en el mismo lugar. Permanecí sentado, revisando el cargador y mirando hacia los claros que quedaban entre la niebla.

53:18 Cerca de mí, dos compañeros murmuraban que las figuras podían regresar en mayor número y que lo de antes había sido solo un tanteo. El sargento tomó la radio y pidió comunicación con la base principal. Informó que la posición podía estar comprometida y solicitó instrucciones inmediatas. Hubo varios segundos de estática antes de que respondieran. La voz desde la base indicó que debíamos mantener la posición hasta que pudieran enviar un equipo de extracción, pero advirtió que el apoyo tardaría varias horas debido a la dificultad del terreno y la distancia. Esa confirmación pareció dejar un peso sobre todos.

53:58 Nadie lo dijo, pero sabíamos que quedaba una larga espera en condiciones que ya eran complicadas antes del tiroteo. Las siluetas empezaron a aparecer de nuevo, a distintas distancias alrededor del perímetro. Primero las vi al frente, moviéndose despacio entre los pinos, cambiando de dirección sin un patrón claro. Luego aparecieron más en otros sectores, y quienes estaban de guardia en esos puntos también las reportaron. No eran figuras estáticas, se desplazaban rodeando la posición, desapareciendo y volviendo a mostrarse en otro lado. Junto con esas apariciones, comenzaron los silbidos cortos, repetidos en secuencias que parecían responderse de un punto a otro.

54:42 Cada vez que escuchaba uno, sentía que estaba más cerca que el anterior. Los marinos en los puestos de observación se comunicaban con señas rápidas, señalando direcciones y moviendo los fusiles para cubrir. En un momento, varios compañeros abrieron fuego hacia la niebla. El ruido volvió a rebotar contra la ladera. Otros comenzaron a gritar coordenadas para cubrir todos los ángulos. Yo me mantuve en posición, siguiendo con la mira una sombra que se desplazaba por la parte baja de la pendiente, pero antes de disparar desapareció entre la niebla. Entonces vi otras más cerca, moviéndose en direcciones contrarias, obligándonos a girar constantemente para no dejar huecos en la defensa. El fuego se intensificó. Ráfagas cortas se mezclaban con disparos aislados, mientras las siluetas parecían multiplicarse alrededor del puesto. Tenía la sensación de que cada vez estaban más dentro del perímetro. Mis oídos se saturaban por el ruido fuerte y el eco, pero alcanzaba a escuchar las órdenes del sargento desde la caseta, pidiendo que mantuviéramos la línea y no abandonáramos los puestos.

55:54 A partir de ahí, todo se volvió confuso. Recuerdo que las figuras se acercaban, que los destellos de los disparos iluminaban por segundos la niebla espesa y que el aire olía a pólvora. No sé en qué momento dejé de ver con claridad. Tengo imágenes sueltas, un compañero recargando agachado junto a un tronco, otro retrocediendo hacia la caseta mientras disparaba, sombras que cruzaban muy cerca. Lo último que recuerdo con certeza son las ráfagas continuas. Desperté días después en un hospital militar. Tenía el brazo vendado y varios moretones en el cuerpo. Un oficial que no conocía me informó que había sido evacuado junto a otros, pero que algunos compañeros no lograron salir. Dijo que un helicóptero nos recogió en un claro improvisado y que la extracción había sido complicada.

56:47 Yo traté de recordar qué pasó después de los disparos. Pero lo único que venía a mi mente era la imagen de las siluetas moviéndose entre la niebla y el sonido constante de las armas resonando en el valle. Nos notificaron que nos habían encontrado un grupo armado y nos habían atacado, pero pudimos salir de ahí con vida algunos.