Aug. 21, 2025

Mi Amigo Chancho Es Un NAHUAL Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:02 Yo tenía 16 años cuando llegó un muchacho nuevo a la secundaria. En el pueblo casi nunca entraban alumnos de fuera. Todos nos conocíamos desde la primaria, éramos los mismos en cada grupo. Y cuando alguien cambiaba de salón, ya sabíamos cómo se llamaba, dónde vivía y hasta qué hacían sus papás. Por eso, el día que apareció acompañado del director, todos lo volteamos a ver con curiosidad. El director dijo que se llamaba Juan. pero no alcanzó a terminar cuando ya se escuchaba el apodo con el que todos lo conocían. Chancho. Algunos lo dijeron en tono de burla y otros lo repitieron como si fuera lo más natural. Se notaba que no era un apodo inventado en ese momento. sino uno que venía de antes y que ya todos habían escuchado más tarde supe que le decían así desde niño era robusto y tenía la piel cubierta de vello en los brazos el cuello y parte de la cara a nuestra edad eso llamaba la atención porque ninguno de nosotros tenía esa apariencia en el pueblo los apodos se quedaban para siempre y Chancho ya era parte de él al grado de que muchos ni siquiera recordaban su nombre real Ese primer día se sentó en la última banca junto a la ventana.

1:21 No habló con nadie y se limitó a sacar un cuaderno y un lápiz. Su aspecto resaltaba, ojos oscuros y serios, manos grandes y curtidas, como de alguien que trabajaba en el campo. Ese detalle, sumado a lo que se comentaba de su familia, lo hacía ver diferente. Los rumores circularon de inmediato. Se decía que vivía en una casa apartada rumbo al monte y que casi no bajaban al pueblo, que eran reservados, que no se mezclaban con nadie y que siempre olían a humo, como si tuvieran fogatas encendidas dentro de su casa. nadie lo confirmaba pero en un lugar pequeño cualquier comentario se daba por hecho en el recreo tampoco se juntó con los demás en vez de hacer fila en la cooperativa se sentó en una piedra junto al muro y sacó de su mochila una tortilla envuelta en un trapo con un pedazo de carne seca Mientras nosotros comíamos refrescos y pan dulce, él lo hizo con calma, sin prestar atención a nadie. Ese detalle dio pie a más comentarios, pero él siguió como si nada.

2:27 Lo que llamó la atención fue el trato de los maestros. La maestra de matemáticas que nunca perdonaba cuando alguien no entregaba la tarea, apenas lo miró cuando él no llevó un ejercicio. El director, que era duro con todos, se mostró extraño, evitando dirigirle la palabra más de lo necesario. No era normal, y varios lo notamos. Al final del día, cuando sonó el timbre, todos salimos rápido al camino de terracería. Chancho caminó solo, con la mochila al hombro, sin cruzar palabra con nadie. Ese fue su primer día en la secundaria. Y aunque apenas había llegado, ya todos hablaban de él. Algunos lo tomaban a risa, otros lo miraban con desconfianza, pero lo que era seguro es que no iba a pasar inadvertido en el pueblo. Con el tiempo me fui ganando la confianza de Chancho. No era de hablar mucho, pero ya me saludaba de mano en la entrada de la secundaria y a veces me esperaba para salir juntos.

3:26 Mientras los demás seguían burlándose o evitándolo, yo había decidido acompañarlo, aunque a veces sentía que me miraban raro por eso. No me importaba, había algo en él que me jalaba, y cada día que pasaba confirmaba que no era un compañero común. Una tarde, después de clases, me dijo que sí quería pasar a su casa. Lo dijo como si fuera lo más normal del mundo, sin darle importancia. Yo dudé un segundo porque había escuchado demasiados rumores de su familia, pero terminé aceptando. Caminamos juntos por el sendero que salía del pueblo y se internaba rumbo a la sierra. El trayecto se fue volviendo más solitario conforme avanzábamos. Las casas quedaron atrás y el camino se angostó entre huertas descuidadas y cercas de alambre. Había tramos llenos de piedras y otros enlodados por las lluvias recientes. Lo que más me impresionaba era que Chancho caminaba con seguridad sin mirar al suelo, como si conociera de memoria cada rincón de ese sendero.

4:30 Yo tenía que esforzarme para seguirle el paso. Al cabo de un rato, llegamos a una construcción hecha de madera y piedra. No era grande, pero estaba firme, con techo de lámina y humo saliendo por una chimenea. La rodeaban parcelas medio abandonadas, con milpas torcidas y pasto crecido. El aire olía a humo de leña y algo más fuerte, como hierbas secas quemándose. Desde afuera ya se notaba que esa casa no era como las del pueblo. Apenas entramos, me recibió una mujer que resultó ser la madre de Chancho. Era seria, con el cabello negro recogido y una mirada que me atravesó sin decir palabra. Tenía la misma piel morena y los mismos brazos velludos que su hijo, aunque en ella se notaba más el gesto duro que la apariencia.

5:19 No me dijo bienvenido ni me sonrió. Solo se quedó viéndome, como si evaluara si debía dejarme pasar. En una esquina estaba un hombre que al principio pensé que era su padre. Pero luego me di cuenta de que era un tío. Tenía una pierna mala, caminaba apoyado en un palo y cojeaba con cada paso. Desde que me vio, arrugó la cara y soltó un comentario que me incomodó.«¿ Y este qué hace aquí?» No lo dijo en broma ni en confianza. Sonaba como un reproche, como si de verdad le molestara mi presencia. Yo no supe qué responder y Chancho tampoco se esforzó en explicar mucho. Solo dijo« Es un amigo».

6:03 El tío resopló y murmuró algo entre dientes que no alcancé a escuchar. Desde ese momento supe que no le caía nada bien. También conocía a un hermano menor de unos diez años que apenas se asomaba detrás de la puerta. Tenía la misma mirada inquieta que Chancho, con unos ojos grandes que no parpadeaban casi nunca. No habló, solo me observó en silencio como si estudiara cada movimiento que hacía. La casa por dentro era sencilla pero rara. Había sillas de madera tosca, una mesa al centro con marcas de cuchillo en la superficie y varios costales apilados contra la pared. Lo que más me llamó la atención fueron los símbolos tallados en pedazos de madera colgados junto a la entrada, figuras que no reconocí pero que daban un aire extraño al lugar. Nos sentamos un rato en el patio, donde tenían gallinas y un par de chivos amarrados. El tío Cojo salió también y no dejaba de mirarme de reojo.

7:02 de repente lanzó otro comentario desagradable aquí no estamos para andar cuidando extraños me incomode más todavía no entendía por qué su desconfianza era tan evidente no era una simple mala cara parecía de verdad molesto de que yo estuviera allí su madre tampoco ayudaba mucho aunque no me trató mal directamente su silencio y sus miradas duras me hacían sentir como si hubiera cruzado una línea que no debía mientras tanto chancho actuaba con naturalidad me mostró el corral los animales los árboles de la parte de atrás Caminaba con orgullo por su casa, sin notar o sin querer notar la tensión que se sentía en el aire. Yo trataba de seguirle la corriente, pero por dentro me sentía vigilado.

7:51 Cada gesto que hacía parecía evaluado por esos ojos que no confiaban en mí. cuando me despedí el tío apenas gruñó como respuesta y la madre se limitó a sentir con la cabeza sin un adiós el único que quiso que regresara fue chancho que me dijo que otro día podía volver yo respondí que sí aunque por dentro no estaba seguro El camino de regreso se me hizo más largo que a la ida. Esa primera visita no fue como la de cualquier amigo de la escuela. La tensión en el ambiente, la manera en que me miraban, las palabras del tío y el silencio de la madre me dejaron una incomodidad que no se me quitó en todo el trayecto. No hubo nada raro en apariencia, pero la sensación de no ser bienvenido estaba en cada rincón de esa casa. Días después de aquella primera visita, Chancho me volvió a invitar a su casa. Esta vez no era solo para pasar la tarde, me dijo que me quedara a dormir. Lo acepté sin pensarlo demasiado, aunque todavía llevaba en la cabeza la incomodidad de su madre mirándome sin hablar y del tío Cojo lanzando frases ásperas. Sentía que esa familia escondía algo, y esa noche podía darme la oportunidad de entenderlo. El camino fue el mismo de siempre, piedras, charcos, el monte abriéndose a los lados. Pero al subir, con la idea de dormir allí, cada detalle pesaba distinto. El aire olía a tierra mojada y a humo. El sol

9:25 ya se estaba escondiendo detrás de los cerros. Cuando llegamos, la madre nos esperaba con la mesa puesta. Había tortillas, frijoles y un guiso de carne en cazuelas de barro. El hermano menor ya estaba sentado, y el tío Cojo ocupaba la misma silla de siempre, con el palo apoyado en la pared. Me senté junto a Chancho, tratando de no mirar mucho a nadie. La cena transcurrió en silencio. se escuchaban los cubiertos golpeando el barro y las sillas crujiendo con cada movimiento nadie me dirigió palabra y yo tampoco supe qué decir al terminar la madre retiró los platos sin mirarme Chancho me llevó a un cuarto pequeño el catre tenía una manta áspera y había un petate doblado en la esquina la madera de las paredes dejaba pasar corrientes de aire frío dejé mi mochila a un lado y me acosté con la ropa puesta poco a poco el silencio de la casa se volvió inquietante entonces llegaron los murmullos no eran voces normales sonaban como frases repetidas en un idioma que no entendía cortas y rítmicas como si rezaran o recitaran de memoria a ratos se hacían más rápidas casi un canto y luego se apagaban otra vez« No puedo decidir cuándo pasa», admitió.« Por eso evito a la gente. No quiero que me vean diferente».

10:50 El viento agitó las ramas sobre nuestras cabezas. Yo estaba entre dos sensaciones, miedo y fascinación. No podía borrar de mi mente lo que había visto en la casa. Pero tampoco lograba apartar la idea de que el único amigo que tenía era algo más que un simple muchacho del pueblo. Me acerqué un poco, sin atreverme a tocarlo, y le pregunté por qué me lo contaba a mí. Chancho levantó los hombros.« Porque ya lo sabes, y porque eres el único que no me ha tratado como raro». Esa frase me golpeó más que todo lo demás. Recordé cómo lo llamaban chancho en la escuela, cómo se burlaban de su aspecto, cómo lo dejaban solo en la cooperativa. Yo lo había buscado como amigo, y ahora me daba cuenta de que era el único que lo había hecho de verdad. El silencio volvió a rodearnos, los pájaros se movían entre las ramas, y el aire traía el olor de la tierra húmeda.

11:48 Yo no sabía qué responder. Tenía miedo de él, pero al mismo tiempo no quería perderlo. Era mi amigo, aunque ahora supiera que dentro de él había algo que no comprendía. Al cabo de un rato, Chancho dio media vuelta y comenzó a caminar de regreso a la casa. Lo seguí sin decir nada, cada paso me pesaba. Después de la confesión bajo el encino, pensé que todo quedaría ahí, en palabras. Pero, unos días después, al salir de la escuela, Chancho me dijo que quería mostrarme algo. Caminamos sin detenernos hasta un claro del monte. El aire estaba frío y el silencio pesaba más que de costumbre.« Si de verdad eres mi amigo, tienes que ver», dijo, y enseguida empezó a temblar. Se dobló de rodillas y lo escuché gemir. Sus brazos se cubrieron de vello, las uñas crecieron en garras y la mandíbula se alargó con un crujido que me heló la sangre.

12:47 Lo que en la secundaria parecía motivo de burla, su cuerpo robusto, los brazos velludos, el apodo que lo seguía a todos lados, ahora cobraba un sentido distinto. Frente a mí, ese muchacho ridiculizado se transformaba en algo que nadie más podía imaginar. clavó las garras en la tierra y me miró sus ojos brillaban en amarillo y me miraban fijo esperando que no lo rechazara por esto no me acerco a la gente dijo con voz grave entrecortada por el esfuerzo el contraste me golpeó Mi amigo, el que parecía torpe y callado en la escuela, estaba mostrándome un poder que imponía respeto y miedo al mismo tiempo. Cada hueso roto y cada gruñido eran prueba de que no disfrutaba de aquello. Lo sufría. Poco a poco logró controlarse. El vello retrocedió, las garras se acortaron, la respiración volvió a ser la de siempre. Quedó sentado en el suelo, sudando, con la camisa rota. Así vivo. Murmuró. No es un don, es una carga. Me quedé en silencio. No podía negar lo que había visto. Mi mejor amigo era un Nahual, pero tampoco podía dejar de verlo como el mismo chancho con quien compartía el camino a la escuela. cualquiera en mi lugar habría reaccionado distinto unos sentirían compasión otros huirían y algunos lo verían como alguien poderoso yo estaba atrapado en medio de todo eso sin saber si tenerle miedo

14:20 o seguir confiando en él Chancho levantó la mirada con los ojos todavía enrojecidos.« No lo cuentes. Si lo haces, será peor para los dos». Asentí. Sabía que decía la verdad. Ese secreto era ahora mío también. Regresamos al pueblo cuando caía la tarde. Caminamos en silencio, pero yo no dejaba de escuchar en mi cabeza los gruñidos y los crujidos de sus huesos. Entendí que mi amistad con él había cruzado un límite del que ya no habría regreso. Después de lo que vi en el monte, la escuela se convirtió en un tormento. Cada vez que entraba al salón y encontraba a Chancho en su banca, me volvía la imagen de su cuerpo encorvado, los gruñidos saliendo de su garganta y los ojos brillando amarillos. Me costaba mirarlo sin recordar lo que había presenciado. Algunos días parecía normal. Sacaba sus cuadernos, copiaba lo que decía el maestro y no hablaba con nadie. Pero yo ya no podía verlo igual.

15:20 Notaba cosas que antes me pasaban inadvertidas. La forma en que olfateaba el aire antes de que cayera la lluvia. Cómo su oído reaccionaba a ruidos lejanos que nadie más escuchaba. El modo en que se tensaba cuando alguien lo empujaba de broma. Todo me recordaba que, dentro de él, había algo que luchaba por salir. Los maestros también parecían observarlo distinto. La maestra de ciencias lo miraba demasiado tiempo cuando pedía que todos escribieran en el pizarrón, como si buscara confirmar algo. Y el director, un viejo de pocas palabras, solía detenerse en la puerta del salón y clavarle los ojos, serios, hasta que Chancho bajaba la vista. No era burla ni desprecio.

16:05 Era como si supieran más de lo que decían. Un día ocurrió algo que me dejó helado. En plena clase, un compañero quiso burlarse de él. Le tiró el cuaderno al piso y lo llamó Chancho en voz alta, provocando risas. Yo esperaba que él agachara la cabeza como siempre, pero no podía. pero esta vez levantó la mirada. Sus ojos brillaban extraños, casi con un destello amarillento que nadie más pareció notar. El burlón retrocedió de golpe como si hubiera visto algo que lo asustó, y no volvió a molestarlo en toda la mañana.« Esa escena me persiguió el resto del día. Unos pensarán que solo fue un reflejo, otros jurarán que sí lo vieron distinto». Para mí fue otra confirmación de lo que escondía. Fuera de la escuela, el pueblo comenzó a llenarse de rumores. En la tienda de Don Felipe se comentaba que habían encontrado gallinas muertas en tres corrales distintos, con las plumas regadas y marcas de garras en el lodo. Una mujer juraba haber visto una sombra enorme correr entre los matorrales cerca del río, y un campesino contó que su perro ladró toda la noche hasta que lo halló tieso al amanecer, con la piel desgarrada.

17:23 Yo escuchaba esas historias en silencio, con la boca seca. Nadie se atrevía a nombrar a nadie, pero todos sabían de qué familia hablaban. La sospecha estaba en el aire, espesa, y cualquiera podía sentirla. En mi casa tampoco encontraba alivio. Mi madre me preguntaba por qué estaba tan distraído o por qué no quería cenar. Yo inventaba excusas, pero las noches me delataban. Me despertaba convencido de haber escuchado gruñidos detrás de mi ventana o pasos pesados en el patio. Al abrir los ojos, lo único que veía era la oscuridad. Y aún así sentía que algo se movía en ella. Cada día era un debate interno. Había momentos en que pensaba dejar de caminar con él, inventar una excusa para alejarme.

18:11 Pero entonces lo veía salir solo de la secundaria, cargando su mochila mientras los demás le gritaban el apodo entre risas. Y me acordaba de sus palabras, que yo era el único que lo trataba como persona. Ese pensamiento me detenía, no podía traicionarlo. Aunque su secreto me quitara el sueño, aunque el miedo me apretara el pecho, seguía caminando a su lado. Y aún así, el brillo en sus ojos aquella mañana no dejaba de atormentarme. Lo había visto solo yo, o todos prefirieron callar.