Aug. 15, 2025

Le Disparé A Un NAHUAL Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:01 salí una tarde a cazar llevaba la escopeta colgada al hombro y seguía un camino que conocía desde niño había huellas recientes en la tierra húmeda así que me moví con cuidado para no hacer ruido al llegar a un claro vi un venado enorme salir de entre los matorrales Tenía el pelaje oscuro y los cuernos abiertos como ramas viejas. Me detuve, apunté y disparé. El tiro resonó por todo el cerro y lo que escuché después me asustó. Un grito fuerte, profundo, que parecía de un hombre. Me quedé quieto unos segundos, tratando de entender qué había pasado. Seguí el rastro de sangre que se marcaba sobre las hojas secas y entre la hierba aplastada. Caminé varios metros, apartando ramas con el cañón de la escopeta, hasta que llegué a una zona más cerrada. Ahí, tendido sobre el suelo, estaba el venado. Tenía los ojos apagados y el cuerpo rígido, como si llevara días muerto. La herida no sangraba y el olor que desprendía era de un animal que llevaba días muerto. Me incliné para verlo mejor y escuché un crujido detrás de mí, y me volteé. Entre los árboles había una figura alta, más de lo que me diría un hombre, con el cuerpo cubierto de un pelaje irregular.

1:22 Permanecía de pie, estaba detrás de un árbol. Retrocedí un paso y luego otro, sin dejar de mirarlo. La figura comenzó a avanzar despacio, apartando ramas. Decidí darme la vuelta y seguir el camino de regreso. podía escuchar sus pisadas pesadas sobre las hojas siempre detrás de mí sin acelerar el camino se hizo más inclinado y llegué a un arroyo estrecho lo crucé de un salto y miré hacia atrás la figura ya no estaba aproveché para seguir corriendo hasta un potrero abierto donde el monte quedaba atrás el sudor me escurría por la espalda y las manos me temblaban mientras cruzaba el terreno al acercarme a la casa al voltear vi que había salido del monte y avanzaba hacia el potrero entré por la puerta trasera y la cerré de inmediato me asomé por la ventana y lo vi al borde del terreno parado entre la hierba alta mirando fijo hacia la casa me quedé quieto junto a la ventana con la respiración acelerada y la escopeta todavía en la mano Afuera la figura no se movía, parecía medir el terreno como si supiera que yo estaba viéndolo.

2:33 El viento apenas agitaba la hierba. Me aparté un poco para que no pudiera verme y avancé hacia la puerta principal, asegurándome de que quedara bien cerrada. Busqué más cartuchos en un cajón de la cocina y los guardé en el bolsillo. La idea de estar encerrado sin saber si se acercaría más me ponía tenso. Me asomé por otra ventana y ya no estaba en el mismo sitio. ahora lo veía más cerca a unos metros de la cerca de madera que rodeaba el patio caminaba despacio inclinando la cabeza de vez en cuando como si buscara algo en el suelo retrocedí y fui a la habitación del fondo desde donde podía ver el potrero y el monte La figura avanzó hasta llegar a la cerca y ahí se detuvo. La madera vieja crujió con el peso de sus manos al apoyarse.

3:22 Sentí un escalofrío al darme cuenta de que no era un animal que hubiera visto antes. Decidí no quedarme esperando. Salí por la puerta lateral y corrí hacia la bodega donde guardaba herramientas. desde ahí podía ver la parte trasera de la casa sin ser visto la criatura rodeó la cerca y comenzó a caminar hacia el lado donde yo había pasado me agaché entre unas tarimas y observé cómo se detenía junto a la puerta trasera Pasó una mano sobre la madera, despacio, como tanteando. Escuché un golpe suave en el vidrio de la ventana más cercana. No era un intento por romperlo, más bien como si quisiera llamar mi atención. Permanecí inmóvil apretando la culata de la escopeta, hasta que se alejó unos pasos y miró hacia el monte.

4:10 Luego giró lentamente y volvió a caminar hacia el potrero. Aproveché para salir de la bodega y entrar de nuevo a la casa. Cerré con llave todas las puertas y bajé las cortinas. Encendí la lámpara de la sala pero la luz apenas me calmó. Me senté junto a la mesa. Un ruido afuera me hizo levantarme otra vez. Era como si alguien arrastrara algo pesado sobre la tierra. Me acerqué a la ventana y levanté apenas la cortina. La criatura estaba junto al cerco del corral, arrastrando el cuerpo del venado que yo había visto muerto en el monte. Lo dejó tendido a unos metros de la puerta trasera y se quedó de pie mirándolo. Retrocedí sin dejar de observarlo, y cuando quise asomarme de nuevo ya no estaba, solo el venado ahí, con el cuello torcido y las patas rígidas.

5:01 Sentí que si salía a verlo, algo podía pasarme, así que me quedé adentro, pendiente de cualquier ruido. esperé a que oscureciera pero el venado seguía tirado a unos metros de la puerta trasera no había moscas ni olor a descomposición cerré todas las cortinas y encendí solo la luz de la cocina para no dejar la casa totalmente iluminada preparé café para mantenerme despierto no quería que me sorprendiera dormido A medianoche, los perros del vecino comenzaron a ladrar. Primero uno, luego varios más, hasta que parecían responderse entre sí en la distancia. Me quedé junto a la ventana del pasillo, mirando hacia el corral. No vi nada, pero escuché el crujir de las ramas en la parte del monte que quedaba frente a mi terreno. Cada paso parecía más pesado que el anterior. Un golpe metálico me hizo girar hacia la bodega. Era el sonido de la puerta de lámina al moverse. Agarré la escopeta y avancé despacio por el pasillo lateral. Me detuve a un par de metros de la puerta trasera y alcancé a escuchar una respiración profunda, pausada, como si alguien se estuviera recuperando después de correr. Abrí de golpe y apunté, pero lo único que vi fue el venado. Ya no estaba tendido. Ahora estaba de pie, sostenido por algo que no alcancé a distinguir en la oscuridad, como si lo mantuvieran erguido desde atrás.

6:29 El cuerpo se dejó caer de nuevo al suelo y escuché pasos alejándose hacia el monte. Me quedé en la puerta mirando la línea oscura de los árboles hasta que los ruidos desaparecieron. Cerré con llave y puse una tranca extra. Regresé a la cocina y me serví otro café. A eso de las tres de la mañana el venado ya no estaba. En su lugar había marcas profundas en la tierra, como si algo lo hubiera arrastrado. Decidí no seguirlas. Estaban frescas y no quería encontrarme con lo que fuera que las había hecho. Me senté junto a la mesa de la sala, con la escopeta apoyada en las piernas, hasta que la luz del amanecer empezó a entrar por las rendijas de las cortinas. Con el día claro, salí a revisar el patio. Las huellas rodeaban la casa. Eran largas y anchas, con cuatro marcas al frente y una más atrás, como una garra. Seguí el rastro unos metros hasta el inicio del monte, pero se perdían. Regresé y encontré junto a la bodega un mechón de pelo oscuro, grueso y áspero.

7:33 Lo guardé en un frasco de vidrio. Pasé el resto del día sin apartarme mucho de la casa. No escuché nada extraño. Antes de que cayera la noche, reforcé las puertas con tablas y aseguré todas las ventanas. Me prometí que, si lo veía de nuevo, no iba a esperar a que se acercara tanto. Esa noche me acosté con la escopeta recargada contra la pared. Pero el sueño no me duró mucho. A las dos de la madrugada escuché un golpe fuerte contra la cerca del lado norte. Me levanté y caminé despacio hasta la ventana que daba al corral. La luna iluminaba apenas lo suficiente para distinguir que uno de los postes estaba ladeado, como si algo lo hubiera empujado desde fuera. Unos segundos después vi movimiento detrás del poste.

8:21 una figura oscura se asomó por un instante demasiado alta para ser una persona y luego se ocultó me quedé observando pero no volvió a moverse nada decidí salir por la puerta trasera avanzando despacio por el pasillo lateral de la casa cuando llegué al corral el poste estaba partido y la tierra removida a su alrededor Más allá, entre los matorrales, algo respiraba fuerte. Apunté y caminé dos pasos, pero los arbustos se agitaron y escuché cómo se alejaba hacia el monte. No disparé. No quería atraerlo más. Volví a la casa y cerré con trancas. Me quedé en la cocina, mirando hacia la oscuridad por las rendijas de la puerta. Minutos después, una sombra se deslizó rápido frente a la bodega, seguida de un ruido. El candado de la bodega colgaba abierto. Abrí la puerta de la cocina y apunté hacia la bodega, pero ya no había nada.

9:16 Entré a revisar y me encontré con varias cajas tiradas en el piso. Entre ellas estaba el frasco donde había guardado el mechón de pelo. La tapa estaba en el suelo y el frasco vacío. Esa noche no intenté dormir más. Me quedé sentado junto a la mesa, esperando que amaneciera, escuchando cada crujido de la madera, cada golpe de viento. Al amanecer, caminé hasta el corral con la escopeta colgada del hombro. El poste que había visto roto en la madrugada estaba tirado en el suelo, y junto a él había huellas profundas, marcadas en la tierra húmeda, que se perdían en dirección al monte. No eran pisadas claras, pero silo bastante grandes como para que no fueran de ningún animal que yo conociera en la zona. Seguí las marcas unos metros, cuidando cada paso, hasta que un olor fuerte a carne podrida me hizo detenerme. Entre los matorrales encontré al venado que había visto la primera vez. Estaba en el mismo lugar, pero su cuerpo estaba abierto como si algo lo hubiera revisado por dentro. Las costillas estaban partidas y la carne desgarrada en tiras. Un enjambre de moscas revoloteaba encima y un hilo de sangre seca marcaba un camino hacia adelante. Me quedé quieto escuchando. Al fondo, muy lejos, sonó un crujido de ramas. Lo seguí despacio sin apartar la escopeta de la mano. Avancé unos 20 metros hasta que entre dos encinos vi la figura. Estaba agachada sobre unas

10:50 ramas con la espalda arqueada y la piel cubierta de manchas oscuras. Se levantó lentamente, me di la vuelta y corrí de regreso a la casa. Cerré todas las puertas y ventanas y empecé a empacar mis cosas, no quería estar más ahí. Así que el día siguiente me fui. Dejé el terreno y la casa tal como estaban, era de renta, por eso no tuve mucho problema en dejarlo.