Dec. 14, 2025

Las Noches En Que Las Brujas Atacaron - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Mi nombre es Carlos, en la actualidad tengo 75 años, aunque ya pasó mucho tiempo de aquello, todavía lo recuerdo todos los días. Hoy que lo cuento, me remonto al pasado, cuando acababa de cumplir 10 años. En ese entonces vivíamos en una casa de adobe con techo de láminas viejas. Aunque el terreno era de regular tamaño, ahí solamente había dos cuartos y una pequeña cocina. Apenas contábamos con lo necesario para subsistir. No teníamos tierra para sembrar ni suficientes animales para el día a día. Aún así, yo nunca llegué a sentir que era pobre. Por lo mismo de esa situación en la que estábamos, cuando no había trabajo en los ranchos, mi papá se metía a cazar al monte.

0:49 Todos los días salía a buscar algún venado para alimentarnos, pero si bien le iba, lograba matar una liebre. Si no, se conformaba con algunos pájaros o ratas de monte. Solo una vez había matado a un pequeño jabalí y su carne nos había durado cerca de tres días. Yo sentía que ya tenía la suficiente edad para acompañarlo a cazar. Además, quería hacerlo. Pero él no me lo permitía por las cosas peligrosas y siniestras que nos aseguraba pasaban entre el inmenso monte, a las que no me quería exponer. Nos decía a mi madre y a mí que se cuidaba mucho de los animales ponzoñosos que habitaban entre los muchos matorrales espinosos. Pero, sobre todo, les temía a las serpientes que caminaban erguidas. Eran ellas las que se estaban acabando a los animales grandes. Por eso era muy difícil encontrar un venado. porque esas devoradoras se encargaban de ellos. Mi mamá sí entendía a qué se estaba refiriendo, pero yo no.

1:50 Mi papá, por lo general, se iba a media mañana y regresaba a media tarde, siempre procurando la luz del sol. No le gustaba cazar de noche porque nos decía que, cuando el sol se ocultaba, se desataban todas las cosas malas, y un descuido podía ser fatal. Muy pocas veces lo había agarrado la noche. Hacía todo por evitar eso. Cuando se le llegaba a oscurecer porque no había cazado nada temprano. Entraba a la casa a toda prisa visiblemente asustado. Mi mamá atrancaba la puerta y nos quedábamos en silencio. Yo no lograba imaginar el animal que podía perseguir a mi papá. Porque era un hombre bastante corpulento. Además andaba armado. Yo sabía que no lo asustaba cualquier cosa. mucho menos una simple serpiente por eso sospechaba que había algo más peligroso y que no nos quería decir por varios minutos podíamos escuchar que alguien andaba afuera aunque mi papá decía que eran las serpientes no parecía que algo se arrastrara más bien eran pasos de alguien que husmeaba alrededor de la casa además al día siguiente sin que se dieran cuenta yo buscaba rastros y no había nada no al menos de un animal En verdad que eso ya me tenía intrigado.

3:09 Mi mamá le pedía de favor que ya no se quedara tan tarde, pero él le contestaba que no le gustaba llegar a casa con las manos vacías. Sabiendo que algo pasaba, a escondidas agarraba el machete y me ponía a tirar tajos al aire o los matorrales, imaginando que un día tendría que enfrentarme con un animal peligroso, de esos que asustaban a mi papá. Una tarde que parecía que todo iría normal, llegó mi papá herido. Nos dijo que una de esas serpientes lo había mordido para quitarle lo que había cazado, y nos enseñó su brazo derecho. Nada más al verla, supimos que no era una mordedura común. Si lo había mordido una serpiente como él decía, esta tendría que ser una bastante grande, porque la herida la tenía en la parte alta del brazo, pero alcanzaba su hombro.

4:00 Nunca se había visto un animal así por los alrededores. Revisando lo más a detalle, la de él era una herida bastante exagerada. Los orificios de los colmillos eran muy grandes y estaban muy separados. Aunque nos aseguró que lo acaba de atacar ese animal, hacía apenas unos cuantos minutos ya tenía el brazo muy infectado. Mi mamá lo atendió de inmediato. Lavó su herida y le dio algo caliente para beber porque le subió mucho la temperatura. Lo acostó a descansar, pero al día siguiente mi papá ya no se levantó. Por dos días estuvo delirando. Por más que mi mamá curaba su herida con remedios caseros, ésta no mejoraba.

4:42 Me llamaba la atención que dentro de sus delirios le escuché decir que lo perseguía una mujer con piel escamosa, que se arrastraba y en ocasiones se trasladaba por los árboles. La describía de color negro. con una boca que casi partía su cabeza, con dos colmillos filosos y ojos como los de los gatos. Balbuceaba que, cuando era una mujer, caminaba normal, pero cuando se transformaba en animal ponzoñoso, se arrastraba. A mi mamá no le gustaba que escuchara todo eso y me pedía que saliera. Como mi papá tenía la fiebre muy alta, todo lo que decía yo no lo tomaba como algo verdadero. Además, lo que decía para nada era normal. Repetía muchas veces que cuando esas mujeres cambiaban de piel se volvían más peligrosas. La única manera de matarlas era cortándoles la cabeza. En una oportunidad que tuve de hablar con él, me pidió que nunca me metiera al monte cuando no hubiera sol, porque las serpientes andaban hambrientas y desatadas. No se detenían ante nada para encontrar comida.

5:48 Para tranquilizarlo, le prometí que nunca lo haría. Una mañana escuché a mi mamá muy preocupada al decirme que tenía que salir a conseguir unas hierbas que le habían recomendado. Con esa planta le cicatrizaría la herida del brazo a mi papá, pero que tenía que caminar como una hora a la casa de la curandera. Esa mañana mi papá se encontraba más enfermo que nunca y deliraba diciendo unas cosas muy raras. Parecía que ya estaba en las últimas. Busqué, pero no había otra alternativa. Yo tenía que ir a buscar la hierba que se necesitaba para que ella cuidara de mi papá. Además, yo caminaba más rápido. Ni siquiera discutimos tanto. No había tiempo para esas cosas. Una, porque mi papá necesitaba la cura de manera inmediata. Y la otra, si no me apuraba, me agarraría la noche entre el monte. Entonces, eso sí sería peligroso. Mi papá nunca me había prestado su arma, por eso aún no sabía disparar. Solo agarré el machete y salí envalentonado, siguiendo el camino que me indicó mi mamá. Me recalcó muchas veces que mirara lo que mirara, no me saliera de él, porque me podría perder y ella no podía salir a buscarme. Además, por las noches, el monte estaba lleno de peligros. Quizás fue un error mío preguntarle en ese momento que era la piel de serpiente a la que tanto se refería mi papá.

7:13 Lo dudó un poco, luego me dijo que era mejor que lo supiera de una vez. Esas mujeres eran brujas. Al escuchar eso sí me asusté. Supe que me metería en un lugar peligroso. Mi mamá se dio cuenta de mi reacción. Me dijo que no me preocupara y que mejor ya me fuera, porque ellas, las brujas, solo salían en la noche y para eso faltaban horas. Entré al monte caminando deprisa, sabiendo que apenas tenía el tiempo justo para ir y venir. Ya tenía 10 años viviendo ahí, pero esa parte nunca la había recorrido. Pronto me di cuenta a lo que se refería mi papá cuando hablaba de animales ponzoñosos. Si acaso había avanzado como unos 15 minutos, comencé a ver tiras de piel muerta, de esas que dejan cuando mudan las serpientes. Algunas de ellas eran bastante grandes, quizás medían 3 metros o un poco más. No solo había regadas por el camino o entre el monte, también había muchas colgadas de las ramas de los árboles. Al ver todo aquello por donde iba pasando y pensar que aún me faltaba mucho camino por recorrer me puso más nervioso todavía.

8:26 Aunque aparecieron algunas veredas alternas al camino que llevaba, no tuve problema para encontrar la casa de la curandera, sin perder tiempo llamé a su puerta, quizá por mi desesperación al tocar, cuando abrió la señora me preguntó cuál era la urgencia, después que le expliqué a lo que iba y cómo se encontraba mi papá, me hizo pasar a su vivienda. Nada más al entrar me di cuenta que no era una simple curandera, era una especie de hechicera. Había todo tipo de aromas, sobre todo a hierbas. Olía a otras cosas que en ese tiempo no supe lo que eran. Hoy puedo decir que era el olor a incienso y cera quemada. En un rincón tenía un altar lleno de veladoras e imágenes donde sobresalía una figura tallada en madera. No logré verla a detalle, pero al parecer era de una calavera. Además, había algunos animales disecados, los cuales se encontraban en extrañas formas. Los más feos eran unos sapos enormes. Esa señora, que después supe que se llamaba Refugio, estaba mal encarada y era muy seria para hablar, pero era evidente que tenía mucho conocimiento. Estuvo buscando unos remedios en bolsas y frascos. Murmuraba algunas cosas que no lograba entender. Mientras amarraba unas hierbas, me preguntó si sabía qué clase de serpiente había mordido a mi papá. Cuando le dije que al parecer no había sido un animal común, sino una bruja que se convertía en serpiente, dejó lo que estaba haciendo. Me preguntó muy seria si estaba seguro

9:59 de lo que le estaba diciendo. Nerviosa le expliqué que eso era lo que decía mi papá en medio de su delirio. Además que la mordedura que tenía era muy grande. Me dijo que la planta que le quería llevar de nada le serviría. Él necesitaba otra mucho más potente porque una mordida de bruja era mortal. Mencionó el nombre de la planta pero ya no lo recuerdo. El problema era que no la tenía ahí. Habría que ir a conseguirla al monte en ese momento. Le pedí de favor que me ayudara porque no podía regresar sin nada. Entonces agarró un morral, me hizo una seña para que la acompañara. Luego salió deprisa. Me dijo que no me le separara mucho y se metió entre el monte. Yo iba muy nervioso caminando detrás de una señora que no conocía y que cada vez se internaba más en el interminable monte.

10:52 Se me vinieron muchas cosas a la mente. La peor era que tal vez me llevaba al nido de las serpientes. pero me tenía que arriesgar. Estaba por delante la salud de mi papá. Caminamos por más de 20 minutos, ni siquiera hablábamos. La señora iba muy concentrada buscando por todas partes. En ocasiones se detenía, revisaba unas hierbas y volvía a caminar. Yo no decía nada, pero sabía que se iba acabando el tiempo. Hasta que por fin la encontró, la agarró y la olió por unos segundos. Así lo hizo hasta que quedó convencida de que era lo que buscaba. Entonces, sin tomar un descanso, regresamos. No supe si regresamos por el mismo camino porque, muy marcada en la tierra, había huellas de un animal grande que se arrastraba. Y esas no estaban cuando hacía unos cuantos minutos habíamos pasado por ahí.

11:44 Quizás eran mis nervios, pero se me vino a la mente la idea de que ese animal nos andaba siguiendo. Se pasó otra media hora para llegar a su casa. Ya ahí, mientras la señora hervía unas hierbas, empezó a echar otras cosas al morral. Yo ya me sentía muy nervioso porque pronto oscurecería y me daba terror lo que me fuera a encontrar por el camino. Me alegré cuando la curandera me dijo que ella me acompañaría. Cuando por fin estuvo lista Doña Refugio, me pidió que le ayudara con algunas cosas. Al abrir la puerta, me di cuenta que casi oscurecía. Me preguntó si conocía bien por dónde nos iríamos porque nos podíamos meter donde estaba prohibido. Confiado en lo que me dijo mi mamá que todo era cuestión de no salirme del camino, muy seguro le dije que sí. Pero cuando le mostré el camino me dijo que ese era un tramo peligroso, que era mejor irnos por otra parte porque por ahí sí había muchas serpientes sobre todo por las noches. Como yo solamente conocía ese camino tuvimos que meternos por ahí. La curandera me dijo con voz de preocupación que teníamos que avanzar despacio para no llamar la atención de las dueñas del lugar. Aunque no me explicó a qué se refería con esas palabras, me supuse que no era a las serpientes, se trataba de las brujas. Sin una lámpara para alusarnos, de verdad que caminábamos lento. Otra vez iba detrás de esa desconocida señora entre la penumbra de la noche. Yo quería correr

13:15 para llegar a atender a mi papá. pero también para salir pronto de ese peligroso y solitario camino. Yo avanzaba tratando de ver arriba de los árboles, porque algo escuchaba. Eso me hacía recordar lo que decía mi papá, que las brujas lo iban siguiendo desde arriba. Además, nos aproximábamos al lugar donde había visto muchas pieles de serpientes entre las ramas. No puedo asegurar que era a medio camino, Pero sí que ya llevábamos como media hora avanzando cuando la curandera se detuvo. Me dijo, bajando la voz, que algo estaba parado enfrente de nosotros, como a unos diez metros. No sabía cómo le hacía a ella para ver entre toda aquella terrible oscuridad, porque yo no podía distinguir nada a esa distancia. Ahí nos quedamos. Después de un rato continuamos.

14:07 Me acuerdo que la agarré fuerte de su vestido para que no se me fuera a perder. Caminamos todavía con un poco más de cautela. No sabía si la señora no escuchaba bien porque, claramente, había un ruido bastante extraño. Era el crujir de algunas ramas secas como cuando algo pesado las rompe al caminar sobre ellas. Doña Refugio caminaba despacio pero sin detenerse, como si no se diera cuenta o no le importara lo que estaba pasando a nuestro alrededor. Pero metros adelante de nueva cuenta se volvió a parar. En voz baja, me pidió que no me moviera ni hiciera ningún ruido. Yo me esforzaba por ver algo, pero me era imposible. De entre el monte salía un sonido muy extraño. Nunca había escuchado algo así. Era lo más parecido al bufido o gruñido de un gato. Fue la primera vez que la señora me agarró de un brazo.

15:00 Presentí que algo estaba por suceder. De pronto, algo grande pasó volando por encima de nuestras cabezas. de nueva cuenta me pidió que no me moviera aquella ave o lo que fuera aquello volvió a pasar esta vez todavía más cerca de nosotros no sé si doña refugio la había visto yo no me atreví a levantar la cabeza mientras la curandera algo iba diciendo entre dientes yo me aguantaba las ganas para no llorar para mi alegría a lo lejos mire la pequeña luz de una lámpara estábamos por llegar a mi casa Tal vez era mi desesperación, pero todo el tramo ese que nos faltaba, se me hizo eterno porque escuché que algo nos siguió de cerca, arrastrándose como una serpiente. Cuando llegamos, mi mamá se alegró mucho de vernos, pero nos apuró para que entráramos porque nos dijo que ya tenía un rato que una bruja andaba alrededor de la casa. La señora algo sacó de su morral y dibujó una cosa en la puerta antes de meterse.

16:03 Después de atrancar, se acercaron a ver a mi papá. Doña Refugio, la curandera, sacó todas sus cosas. Nos pidió que le ayudáramos porque mi papá ya no tenía mucho tiempo. Mientras mi mamá le ponía unos fomentos de agua fría en la frente para controlar la temperatura y la señora preparaba una bebida, podíamos escuchar que alguien andaba afuera. Solamente teníamos una ventana, pero sin cortina. En su lugar tenía una puerta de madera. era tanto el ruido que se escuchaba que no aguanté más. Fui y abrí para ver de una vez por todas que era todo aquello. Para mi asombro, lo que miré de verdad que me sorprendió.

16:46 Cerré la ventana de un solo golpe porque algo que podría definir como una mujer con rasgos de serpiente venía directo a mí. Lo que más me espantó fueron sus brillantes ojos, como los que tienen los gatos, pero además su piel era negra y extraña. Al escuchar el portazo, mi mamá se dio cuenta de lo que había hecho y me gritó que atrancara la ventana. Aún con mis manos torpes por los nervios, así lo hice. No me dio tiempo de decirle lo que había visto. Me dijo que lo que andaba afuera era la bruja, seguramente la que había mordido a mi papá, y venía a reclamar el cuerpo como si fuera una presa. Lo único que se ocurrió fue agarrar el machete y ponerme en alerta para atacarla. en caso que lograra meterse. Se me había grabado lo que decía mi papá, que solo se moriría si le cortaran la cabeza. La curandera me dijo que no podría meterse, porque había puesto una protección para retenerla.

17:47 Fue una noche larga donde los ruidos no pararon. Eran tantos que me hacían pensar que no solo era una criatura de esas. Quizás su intención era entrar porque se acercaban demasiado. Por gracia de Dios eso no sucedía. Mientras tanto, según las propias palabras de la curandera, ella tenía una lucha para librar a mi papá de la muerte. Ella y mi mamá iban y venían. Yo solamente las miraba asustado, sin soltar el machete por si acaso. Ya por la mañana a mi papá le había bajado la temperatura aunque seguía inconsciente. Nos dijo la señora que no nos preocupáramos, así estaría unos días. También nos advirtió que las brujas no se darían por vencidas y menos si olían la herida.

18:33 Nos recomendó hervir algunas plantas de fuerte olor, eso las confundiría. Además, teníamos la protección. Antes de irse, hizo otra cosa. Nos preguntó cómo estábamos, porque había sido una noche de verdad siniestra. Utilizando un nubo de gallina nos curó de espanto, sobre todo a mí por todo lo que había tenido que pasar entre el monte. nos dijo que pasando tres días regresaría todavía por dos noches más mi papá estuvo inconsciente y nosotros rodeados de aquellas horrendas criaturas que no nos dejaban en paz nunca nos sentimos 100% seguros por lo mismo no salimos ni durante el día la pasamos muy mal pero lo más importante era cuidar a mi papá cuando por fin reaccionó supimos que todo ese suplicio había valido la pena Cuando pudo hablar, nos contó todo lo que vivía en el monte, sobre todo cuando se le hacía de noche. Ya en otras ocasiones esas brujas lo habían perseguido, pero siempre lograba escapar. Nos confesó que no nos quería decir por temor a que no le creyéramos. Además, en un principio, él mismo pensó que quizás lo imaginaba.

19:46 Le tuvimos que contar por lo que habíamos pasado. y que sabíamos que las brujas eran verdaderas. Nos prometió que en unos días nos iríamos de ahí y empezaríamos de nuevo en algún pueblo lejano. Al tercer día se presentó la curandera, le dio otras hierbas a mi mamá y le recomendó a mi papá que nos fuéramos por un tiempo, porque la mordida que tenía era como una marca imborrable y las brujas lo podían volver a atacar. Una mañana así fue, juntamos nuestras pocas pertenencias y nos fuimos de ese lugar para siempre. Esa tierra se perdió, creo que mi papá ni siquiera tenía escrituras, pero la verdad no nos interesaba regresar, ni queríamos saber nada de ahí. Ahora, 65 años después, que ya no viven mis papás, puedo contar esta historia. Lo haré una y otra vez.