Las Noches En Que Las Brujas Atacaron - Historias De Terror - REDE
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0:05 Mi nombre es Carlos, en la actualidad tengo 75 años, aunque ya pasó mucho tiempo de aquello, todavÃa lo recuerdo todos los dÃas. Hoy que lo cuento, me remonto al pasado, cuando acababa de cumplir 10 años. En ese entonces vivÃamos en una casa de adobe con techo de láminas viejas. Aunque el terreno era de regular tamaño, ahà solamente habÃa dos cuartos y una pequeña cocina. Apenas contábamos con lo necesario para subsistir. No tenÃamos tierra para sembrar ni suficientes animales para el dÃa a dÃa. Aún asÃ, yo nunca llegué a sentir que era pobre. Por lo mismo de esa situación en la que estábamos, cuando no habÃa trabajo en los ranchos, mi papá se metÃa a cazar al monte.
0:49 Todos los dÃas salÃa a buscar algún venado para alimentarnos, pero si bien le iba, lograba matar una liebre. Si no, se conformaba con algunos pájaros o ratas de monte. Solo una vez habÃa matado a un pequeño jabalà y su carne nos habÃa durado cerca de tres dÃas. Yo sentÃa que ya tenÃa la suficiente edad para acompañarlo a cazar. Además, querÃa hacerlo. Pero él no me lo permitÃa por las cosas peligrosas y siniestras que nos aseguraba pasaban entre el inmenso monte, a las que no me querÃa exponer. Nos decÃa a mi madre y a mà que se cuidaba mucho de los animales ponzoñosos que habitaban entre los muchos matorrales espinosos. Pero, sobre todo, les temÃa a las serpientes que caminaban erguidas. Eran ellas las que se estaban acabando a los animales grandes. Por eso era muy difÃcil encontrar un venado. porque esas devoradoras se encargaban de ellos. Mi mamá sà entendÃa a qué se estaba refiriendo, pero yo no.
1:50 Mi papá, por lo general, se iba a media mañana y regresaba a media tarde, siempre procurando la luz del sol. No le gustaba cazar de noche porque nos decÃa que, cuando el sol se ocultaba, se desataban todas las cosas malas, y un descuido podÃa ser fatal. Muy pocas veces lo habÃa agarrado la noche. HacÃa todo por evitar eso. Cuando se le llegaba a oscurecer porque no habÃa cazado nada temprano. Entraba a la casa a toda prisa visiblemente asustado. Mi mamá atrancaba la puerta y nos quedábamos en silencio. Yo no lograba imaginar el animal que podÃa perseguir a mi papá. Porque era un hombre bastante corpulento. Además andaba armado. Yo sabÃa que no lo asustaba cualquier cosa. mucho menos una simple serpiente por eso sospechaba que habÃa algo más peligroso y que no nos querÃa decir por varios minutos podÃamos escuchar que alguien andaba afuera aunque mi papá decÃa que eran las serpientes no parecÃa que algo se arrastrara más bien eran pasos de alguien que husmeaba alrededor de la casa además al dÃa siguiente sin que se dieran cuenta yo buscaba rastros y no habÃa nada no al menos de un animal En verdad que eso ya me tenÃa intrigado.
3:09 Mi mamá le pedÃa de favor que ya no se quedara tan tarde, pero él le contestaba que no le gustaba llegar a casa con las manos vacÃas. Sabiendo que algo pasaba, a escondidas agarraba el machete y me ponÃa a tirar tajos al aire o los matorrales, imaginando que un dÃa tendrÃa que enfrentarme con un animal peligroso, de esos que asustaban a mi papá. Una tarde que parecÃa que todo irÃa normal, llegó mi papá herido. Nos dijo que una de esas serpientes lo habÃa mordido para quitarle lo que habÃa cazado, y nos enseñó su brazo derecho. Nada más al verla, supimos que no era una mordedura común. Si lo habÃa mordido una serpiente como él decÃa, esta tendrÃa que ser una bastante grande, porque la herida la tenÃa en la parte alta del brazo, pero alcanzaba su hombro.
4:00 Nunca se habÃa visto un animal asà por los alrededores. Revisando lo más a detalle, la de él era una herida bastante exagerada. Los orificios de los colmillos eran muy grandes y estaban muy separados. Aunque nos aseguró que lo acaba de atacar ese animal, hacÃa apenas unos cuantos minutos ya tenÃa el brazo muy infectado. Mi mamá lo atendió de inmediato. Lavó su herida y le dio algo caliente para beber porque le subió mucho la temperatura. Lo acostó a descansar, pero al dÃa siguiente mi papá ya no se levantó. Por dos dÃas estuvo delirando. Por más que mi mamá curaba su herida con remedios caseros, ésta no mejoraba.
4:42 Me llamaba la atención que dentro de sus delirios le escuché decir que lo perseguÃa una mujer con piel escamosa, que se arrastraba y en ocasiones se trasladaba por los árboles. La describÃa de color negro. con una boca que casi partÃa su cabeza, con dos colmillos filosos y ojos como los de los gatos. Balbuceaba que, cuando era una mujer, caminaba normal, pero cuando se transformaba en animal ponzoñoso, se arrastraba. A mi mamá no le gustaba que escuchara todo eso y me pedÃa que saliera. Como mi papá tenÃa la fiebre muy alta, todo lo que decÃa yo no lo tomaba como algo verdadero. Además, lo que decÃa para nada era normal. RepetÃa muchas veces que cuando esas mujeres cambiaban de piel se volvÃan más peligrosas. La única manera de matarlas era cortándoles la cabeza. En una oportunidad que tuve de hablar con él, me pidió que nunca me metiera al monte cuando no hubiera sol, porque las serpientes andaban hambrientas y desatadas. No se detenÃan ante nada para encontrar comida.
5:48 Para tranquilizarlo, le prometà que nunca lo harÃa. Una mañana escuché a mi mamá muy preocupada al decirme que tenÃa que salir a conseguir unas hierbas que le habÃan recomendado. Con esa planta le cicatrizarÃa la herida del brazo a mi papá, pero que tenÃa que caminar como una hora a la casa de la curandera. Esa mañana mi papá se encontraba más enfermo que nunca y deliraba diciendo unas cosas muy raras. ParecÃa que ya estaba en las últimas. Busqué, pero no habÃa otra alternativa. Yo tenÃa que ir a buscar la hierba que se necesitaba para que ella cuidara de mi papá. Además, yo caminaba más rápido. Ni siquiera discutimos tanto. No habÃa tiempo para esas cosas. Una, porque mi papá necesitaba la cura de manera inmediata. Y la otra, si no me apuraba, me agarrarÃa la noche entre el monte. Entonces, eso sà serÃa peligroso. Mi papá nunca me habÃa prestado su arma, por eso aún no sabÃa disparar. Solo agarré el machete y salà envalentonado, siguiendo el camino que me indicó mi mamá. Me recalcó muchas veces que mirara lo que mirara, no me saliera de él, porque me podrÃa perder y ella no podÃa salir a buscarme. Además, por las noches, el monte estaba lleno de peligros. Quizás fue un error mÃo preguntarle en ese momento que era la piel de serpiente a la que tanto se referÃa mi papá.
7:13 Lo dudó un poco, luego me dijo que era mejor que lo supiera de una vez. Esas mujeres eran brujas. Al escuchar eso sà me asusté. Supe que me meterÃa en un lugar peligroso. Mi mamá se dio cuenta de mi reacción. Me dijo que no me preocupara y que mejor ya me fuera, porque ellas, las brujas, solo salÃan en la noche y para eso faltaban horas. Entré al monte caminando deprisa, sabiendo que apenas tenÃa el tiempo justo para ir y venir. Ya tenÃa 10 años viviendo ahÃ, pero esa parte nunca la habÃa recorrido. Pronto me di cuenta a lo que se referÃa mi papá cuando hablaba de animales ponzoñosos. Si acaso habÃa avanzado como unos 15 minutos, comencé a ver tiras de piel muerta, de esas que dejan cuando mudan las serpientes. Algunas de ellas eran bastante grandes, quizás medÃan 3 metros o un poco más. No solo habÃa regadas por el camino o entre el monte, también habÃa muchas colgadas de las ramas de los árboles. Al ver todo aquello por donde iba pasando y pensar que aún me faltaba mucho camino por recorrer me puso más nervioso todavÃa.
8:26 Aunque aparecieron algunas veredas alternas al camino que llevaba, no tuve problema para encontrar la casa de la curandera, sin perder tiempo llamé a su puerta, quizá por mi desesperación al tocar, cuando abrió la señora me preguntó cuál era la urgencia, después que le expliqué a lo que iba y cómo se encontraba mi papá, me hizo pasar a su vivienda. Nada más al entrar me di cuenta que no era una simple curandera, era una especie de hechicera. HabÃa todo tipo de aromas, sobre todo a hierbas. OlÃa a otras cosas que en ese tiempo no supe lo que eran. Hoy puedo decir que era el olor a incienso y cera quemada. En un rincón tenÃa un altar lleno de veladoras e imágenes donde sobresalÃa una figura tallada en madera. No logré verla a detalle, pero al parecer era de una calavera. Además, habÃa algunos animales disecados, los cuales se encontraban en extrañas formas. Los más feos eran unos sapos enormes. Esa señora, que después supe que se llamaba Refugio, estaba mal encarada y era muy seria para hablar, pero era evidente que tenÃa mucho conocimiento. Estuvo buscando unos remedios en bolsas y frascos. Murmuraba algunas cosas que no lograba entender. Mientras amarraba unas hierbas, me preguntó si sabÃa qué clase de serpiente habÃa mordido a mi papá. Cuando le dije que al parecer no habÃa sido un animal común, sino una bruja que se convertÃa en serpiente, dejó lo que estaba haciendo. Me preguntó muy seria si estaba seguro
9:59 de lo que le estaba diciendo. Nerviosa le expliqué que eso era lo que decÃa mi papá en medio de su delirio. Además que la mordedura que tenÃa era muy grande. Me dijo que la planta que le querÃa llevar de nada le servirÃa. Ãl necesitaba otra mucho más potente porque una mordida de bruja era mortal. Mencionó el nombre de la planta pero ya no lo recuerdo. El problema era que no la tenÃa ahÃ. HabrÃa que ir a conseguirla al monte en ese momento. Le pedà de favor que me ayudara porque no podÃa regresar sin nada. Entonces agarró un morral, me hizo una seña para que la acompañara. Luego salió deprisa. Me dijo que no me le separara mucho y se metió entre el monte. Yo iba muy nervioso caminando detrás de una señora que no conocÃa y que cada vez se internaba más en el interminable monte.
10:52 Se me vinieron muchas cosas a la mente. La peor era que tal vez me llevaba al nido de las serpientes. pero me tenÃa que arriesgar. Estaba por delante la salud de mi papá. Caminamos por más de 20 minutos, ni siquiera hablábamos. La señora iba muy concentrada buscando por todas partes. En ocasiones se detenÃa, revisaba unas hierbas y volvÃa a caminar. Yo no decÃa nada, pero sabÃa que se iba acabando el tiempo. Hasta que por fin la encontró, la agarró y la olió por unos segundos. Asà lo hizo hasta que quedó convencida de que era lo que buscaba. Entonces, sin tomar un descanso, regresamos. No supe si regresamos por el mismo camino porque, muy marcada en la tierra, habÃa huellas de un animal grande que se arrastraba. Y esas no estaban cuando hacÃa unos cuantos minutos habÃamos pasado por ahÃ.
11:44 Quizás eran mis nervios, pero se me vino a la mente la idea de que ese animal nos andaba siguiendo. Se pasó otra media hora para llegar a su casa. Ya ahÃ, mientras la señora hervÃa unas hierbas, empezó a echar otras cosas al morral. Yo ya me sentÃa muy nervioso porque pronto oscurecerÃa y me daba terror lo que me fuera a encontrar por el camino. Me alegré cuando la curandera me dijo que ella me acompañarÃa. Cuando por fin estuvo lista Doña Refugio, me pidió que le ayudara con algunas cosas. Al abrir la puerta, me di cuenta que casi oscurecÃa. Me preguntó si conocÃa bien por dónde nos irÃamos porque nos podÃamos meter donde estaba prohibido. Confiado en lo que me dijo mi mamá que todo era cuestión de no salirme del camino, muy seguro le dije que sÃ. Pero cuando le mostré el camino me dijo que ese era un tramo peligroso, que era mejor irnos por otra parte porque por ahà sà habÃa muchas serpientes sobre todo por las noches. Como yo solamente conocÃa ese camino tuvimos que meternos por ahÃ. La curandera me dijo con voz de preocupación que tenÃamos que avanzar despacio para no llamar la atención de las dueñas del lugar. Aunque no me explicó a qué se referÃa con esas palabras, me supuse que no era a las serpientes, se trataba de las brujas. Sin una lámpara para alusarnos, de verdad que caminábamos lento. Otra vez iba detrás de esa desconocida señora entre la penumbra de la noche. Yo querÃa correr
13:15 para llegar a atender a mi papá. pero también para salir pronto de ese peligroso y solitario camino. Yo avanzaba tratando de ver arriba de los árboles, porque algo escuchaba. Eso me hacÃa recordar lo que decÃa mi papá, que las brujas lo iban siguiendo desde arriba. Además, nos aproximábamos al lugar donde habÃa visto muchas pieles de serpientes entre las ramas. No puedo asegurar que era a medio camino, Pero sà que ya llevábamos como media hora avanzando cuando la curandera se detuvo. Me dijo, bajando la voz, que algo estaba parado enfrente de nosotros, como a unos diez metros. No sabÃa cómo le hacÃa a ella para ver entre toda aquella terrible oscuridad, porque yo no podÃa distinguir nada a esa distancia. Ahà nos quedamos. Después de un rato continuamos.
14:07 Me acuerdo que la agarré fuerte de su vestido para que no se me fuera a perder. Caminamos todavÃa con un poco más de cautela. No sabÃa si la señora no escuchaba bien porque, claramente, habÃa un ruido bastante extraño. Era el crujir de algunas ramas secas como cuando algo pesado las rompe al caminar sobre ellas. Doña Refugio caminaba despacio pero sin detenerse, como si no se diera cuenta o no le importara lo que estaba pasando a nuestro alrededor. Pero metros adelante de nueva cuenta se volvió a parar. En voz baja, me pidió que no me moviera ni hiciera ningún ruido. Yo me esforzaba por ver algo, pero me era imposible. De entre el monte salÃa un sonido muy extraño. Nunca habÃa escuchado algo asÃ. Era lo más parecido al bufido o gruñido de un gato. Fue la primera vez que la señora me agarró de un brazo.
15:00 Presentà que algo estaba por suceder. De pronto, algo grande pasó volando por encima de nuestras cabezas. de nueva cuenta me pidió que no me moviera aquella ave o lo que fuera aquello volvió a pasar esta vez todavÃa más cerca de nosotros no sé si doña refugio la habÃa visto yo no me atrevà a levantar la cabeza mientras la curandera algo iba diciendo entre dientes yo me aguantaba las ganas para no llorar para mi alegrÃa a lo lejos mire la pequeña luz de una lámpara estábamos por llegar a mi casa Tal vez era mi desesperación, pero todo el tramo ese que nos faltaba, se me hizo eterno porque escuché que algo nos siguió de cerca, arrastrándose como una serpiente. Cuando llegamos, mi mamá se alegró mucho de vernos, pero nos apuró para que entráramos porque nos dijo que ya tenÃa un rato que una bruja andaba alrededor de la casa. La señora algo sacó de su morral y dibujó una cosa en la puerta antes de meterse.
16:03 Después de atrancar, se acercaron a ver a mi papá. Doña Refugio, la curandera, sacó todas sus cosas. Nos pidió que le ayudáramos porque mi papá ya no tenÃa mucho tiempo. Mientras mi mamá le ponÃa unos fomentos de agua frÃa en la frente para controlar la temperatura y la señora preparaba una bebida, podÃamos escuchar que alguien andaba afuera. Solamente tenÃamos una ventana, pero sin cortina. En su lugar tenÃa una puerta de madera. era tanto el ruido que se escuchaba que no aguanté más. Fui y abrà para ver de una vez por todas que era todo aquello. Para mi asombro, lo que miré de verdad que me sorprendió.
16:46 Cerré la ventana de un solo golpe porque algo que podrÃa definir como una mujer con rasgos de serpiente venÃa directo a mÃ. Lo que más me espantó fueron sus brillantes ojos, como los que tienen los gatos, pero además su piel era negra y extraña. Al escuchar el portazo, mi mamá se dio cuenta de lo que habÃa hecho y me gritó que atrancara la ventana. Aún con mis manos torpes por los nervios, asà lo hice. No me dio tiempo de decirle lo que habÃa visto. Me dijo que lo que andaba afuera era la bruja, seguramente la que habÃa mordido a mi papá, y venÃa a reclamar el cuerpo como si fuera una presa. Lo único que se ocurrió fue agarrar el machete y ponerme en alerta para atacarla. en caso que lograra meterse. Se me habÃa grabado lo que decÃa mi papá, que solo se morirÃa si le cortaran la cabeza. La curandera me dijo que no podrÃa meterse, porque habÃa puesto una protección para retenerla.
17:47 Fue una noche larga donde los ruidos no pararon. Eran tantos que me hacÃan pensar que no solo era una criatura de esas. Quizás su intención era entrar porque se acercaban demasiado. Por gracia de Dios eso no sucedÃa. Mientras tanto, según las propias palabras de la curandera, ella tenÃa una lucha para librar a mi papá de la muerte. Ella y mi mamá iban y venÃan. Yo solamente las miraba asustado, sin soltar el machete por si acaso. Ya por la mañana a mi papá le habÃa bajado la temperatura aunque seguÃa inconsciente. Nos dijo la señora que no nos preocupáramos, asà estarÃa unos dÃas. También nos advirtió que las brujas no se darÃan por vencidas y menos si olÃan la herida.
18:33 Nos recomendó hervir algunas plantas de fuerte olor, eso las confundirÃa. Además, tenÃamos la protección. Antes de irse, hizo otra cosa. Nos preguntó cómo estábamos, porque habÃa sido una noche de verdad siniestra. Utilizando un nubo de gallina nos curó de espanto, sobre todo a mà por todo lo que habÃa tenido que pasar entre el monte. nos dijo que pasando tres dÃas regresarÃa todavÃa por dos noches más mi papá estuvo inconsciente y nosotros rodeados de aquellas horrendas criaturas que no nos dejaban en paz nunca nos sentimos 100% seguros por lo mismo no salimos ni durante el dÃa la pasamos muy mal pero lo más importante era cuidar a mi papá cuando por fin reaccionó supimos que todo ese suplicio habÃa valido la pena Cuando pudo hablar, nos contó todo lo que vivÃa en el monte, sobre todo cuando se le hacÃa de noche. Ya en otras ocasiones esas brujas lo habÃan perseguido, pero siempre lograba escapar. Nos confesó que no nos querÃa decir por temor a que no le creyéramos. Además, en un principio, él mismo pensó que quizás lo imaginaba.
19:46 Le tuvimos que contar por lo que habÃamos pasado. y que sabÃamos que las brujas eran verdaderas. Nos prometió que en unos dÃas nos irÃamos de ahà y empezarÃamos de nuevo en algún pueblo lejano. Al tercer dÃa se presentó la curandera, le dio otras hierbas a mi mamá y le recomendó a mi papá que nos fuéramos por un tiempo, porque la mordida que tenÃa era como una marca imborrable y las brujas lo podÃan volver a atacar. Una mañana asà fue, juntamos nuestras pocas pertenencias y nos fuimos de ese lugar para siempre. Esa tierra se perdió, creo que mi papá ni siquiera tenÃa escrituras, pero la verdad no nos interesaba regresar, ni querÃamos saber nada de ahÃ. Ahora, 65 años después, que ya no viven mis papás, puedo contar esta historia. Lo haré una y otra vez.
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