La SECTA Que Desaparece Taxistas Historias De Terror - REDE
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0:04 Siempre trabajé de noche porque a esas horas era más fácil completar los pasajes y juntar un poco más de dinero. Ya estaba acostumbrado al silencio de la ciudad después de la medianoche, a las calles semivacÃas y a la calma interrumpida solo por el ruido de algún bar o por los camiones que pasaban hacia la central. No era raro recoger pasajeros solitarios que pedÃan el servicio en esquinas poco iluminadas o en lugares donde casi nadie caminaba a esa hora. Esa noche me tocó levantar a un hombre en el centro de la ciudad. Estaba parado junto a un poste, mirando hacia los lados como si buscara a alguien. Llevaba una camisa clara, pantalón oscuro y un maletÃn pequeño en la mano. Cuando levantó el brazo para detenerme, noté que lo hacÃa con cierta prisa, como si temiera que no lo viera. Se subió rápido, cerró la puerta con fuerza, y me dijo la dirección casi en un murmullo. Desde el primer momento se veÃa inquieto. TendrÃa unos 30 años, delgado y con un rostro que no inspiraba confianza. Más bien, daba la impresión de estar preocupado. Su mirada se movÃa de un lado a otro, pegada a la ventana, como si revisara quién pasaba por la calle. Yo estaba acostumbrado a pasajeros raros, pero en él habÃa algo distinto, un nerviosismo que se notaba en la forma en que apretaba las manos sobre el maletÃn. arranqué sin decir nada aunque después de unos minutos traté de hacer plática para relajar
1:36 el ambiente le pregunté de dónde era si trabajaba en el centro lo tÃpico para romper la tensión del viaje su respuesta fue corta seca como si no quisiera hablar conmigo dijo que era de ahà mismo que trabajaba en varias cosas pero no dio más detalles volvió a mirar por la ventana y se acomodó en el asiento con un movimiento brusco El tono tembloroso de su voz y la manera en que se quedaba callado después de contestar solo aumentaban la incomodidad. ParecÃa que ocultaba algo, o que no querÃa que yo supiera nada de él. En más de una ocasión lo vi girar la cabeza hacia atrás, como si revisara la calle por donde venÃamos, y eso me hizo sentir que no era un pasajero cualquiera. Yo seguÃa manejando, pensando que solo serÃa un viaje más, pero con cada minuto el silencio en el carro se volvÃa más pesado. La dirección que me dio no quedaba cerca.
2:35 Era una zona retirada, con pocas casas levantadas entre terrenos baldÃos y calles mal iluminadas. Apenas salimos del centro, el contraste fue evidente. Pasamos de las avenidas llenas de comercios cerrados y focos de neón a calles amplias, donde sólo habÃa postes viejos con lámparas que parpadeaban de vez en cuando. ConocÃa ese rumbo porque en otras ocasiones me habÃan tocado viajes parecidos, pero nunca a esas horas y con alguien que transmitiera tanta desconfianza. Mientras avanzábamos noté que el pasajero no dejaba de moverse en el asiento. Cambiaba de posición cada pocos segundos, se estiraba la camisa, acomodaba el maletÃn en las piernas, luego lo bajaba al piso y después lo subÃa otra vez. El sudor le escurrÃa por la frente, a pesar de que la noche estaba fresca y las ventanas entreabiertas dejaban pasar aire. No era el calor, era puro nervio. de vez en cuando levantaba la muñeca y miraba el reloj con insistencia lo hacÃa de forma tan marcada que parecÃa contar los minutos cada vez que lo veÃa hacerlo sentÃa un mal presentimiento algo lo tenÃa apurado y no era el simple hecho de llegar a su casa yo trataba de mantener la calma aunque en mi cabeza no dejaba de dar vueltas la idea de que podÃa ser un delincuente Tal vez alguien que venÃa de hacer algo malo o que iba camino a hacerlo. La forma en que escondÃa su mirada y su incomodidad no era la de un pasajero común. En varios tramos pensé
4:08 en detener el carro y decirle que ahà terminaba el viaje, pero me aguanté. La costumbre de trabajar en la noche me habÃa enseñado que muchas veces la gente solo parecÃa rara y nada más. Me repetà que, mientras no sacara un arma ni mostrara agresividad, lo mejor era llevarlo hasta el final y cobrar el viaje. No estaba en condiciones de rechazar dinero, y menos en un turno donde cada pasaje contaba. Aún asÃ, el silencio en la cabina se volvió más pesado. El ruido del motor era lo único que llenaba el espacio, acompañado del golpeteo leve de las llantas sobre el pavimento en mal estado. Por momentos, sin que me diera cuenta, bajaba la velocidad solo para observarlo de reojo, buscando cualquier señal que confirmara mis sospechas. El hombre seguÃa igual, inquieto, sudoroso y con la vista fija en el reloj. como si algo lo persiguiera y yo lo estuviera llevando directo al lugar donde debÃa encontrarse con ello.
5:10 El camino terminó en una calle solitaria, rodeada de terrenos baldÃos con maleza alta. Ahà estaba la casa que el pasajero habÃa pedido como destino. A primera vista parecÃa abandonada, las paredes estaban deterioradas, con pedazos de yeso caÃdos y manchas de humedad que cubrÃan casi toda la fachada. La pintura habÃa desaparecido hacÃa mucho tiempo, dejando solo un tono gris opaco en los muros. Las ventanas no tenÃan cortinas y el vidrio estaba opaco por la suciedad acumulada. Lo que me desconcertó fue que, a pesar del estado de abandono, habÃa luz adentro. Una lámpara iluminaba el pasillo interior y se filtraba por la rendija de la puerta y por una ventana sin vidrio en el costado. Esa luz le daba un aspecto extraño, como si el lugar no estuviera tan vacÃo como aparentaba desde afuera. Me detuve frente al portón oxidado, con el motor encendido, esperando que el hombre pagara y se bajara. Fue entonces cuando volteó hacia mà y, con voz temblorosa, dijo que no traÃa dinero encima. Aseguró que iba a pedirlo dentro de la casa y que en un momento regresaba para liquidar el viaje. La molestia me recorrió de inmediato. No era la primera vez que me querÃan hacer esa jugada, y casi siempre terminaba en pérdida.
6:34 Le contesté que lo esperarÃa, pero que no tardara. Le hice notar que el viaje habÃa sido largo y que no pensaba irme con las manos vacÃas. Ãl no discutió. Bajó rápido, cerró la puerta con fuerza y caminó directo hacia la entrada de la casa. Apenas abrió, la luz del interior lo envolvió y desapareció tras cerrar la puerta detrás de él, dejándome solo en la calle desierta. Me quedé con las manos en el volante mirando de reojo la entrada de la casa. HabÃan pasado un par de minutos y el pasajero no regresaba. La molestia empezó a mezclarse con desconfianza, asà que presioné el claxon un par de veces, lo suficiente para que me escuchara desde dentro.
7:20 El sonido rebotó en las paredes vacÃas de la calle y se perdió rápido en la madrugada silenciosa. nada se movió ninguna respuesta ningún ruido con más atención volvà la vista hacia la fachada y entonces vi como la puerta empezó a abrirse lentamente no fue un empujón fuerte ni un movimiento brusco más bien un giro pausado de la bisagra que dejó escapar un chasquido metálico desde mi asiento pude distinguir el pasillo interior iluminado la luz era blanca fija como de un foco común, pero lo extraño fue que el pasillo estaba completamente vacÃo, no habÃa muebles, no habÃa cuadros, ni siquiera algo tirado en el suelo, solo un corredor liso y alargado que se perdÃa hacia adentro de la casa, esperé con paciencia forzada, pensando que en cualquier momento el hombre iba a aparecer caminando de regreso, pasó otro minuto y la puerta siguió igual de abierta, Sin nadie que saliera a responder, empecé a sentir que algo no cuadraba. El silencio se me clavaba en los oÃdos y la única explicación que encontré en ese instante fue la de un posible asalto. Pensé que quizás me habÃan hecho caer en una trampa, que el pasajero estaba adentro avisando a otros para salir de golpe y rodearme.
8:42 No quise esperar más. La puerta seguÃa abierta y la idea de que alguien saliera de golpe con malas intenciones me puso en alerta. Encendà el motor despacio, cuidando que el ruido no llamara demasiado la atención, y metà primera para alejarme de ahÃ. mientras avanzaba por la calle mal iluminada miraba seguido por los espejos esperando ver si alguien salÃa corriendo detrás del taxi pero la entrada de la casa quedó cada vez más lejos sin que nada se moviera el camino de regreso lo hice con la mente llena de preguntas me repetÃa una y otra vez lo extraño que habÃa sido todo¿ De verdad el hombre vivÃa allÃ?¿ O solo me habÃa usado para llegar a ese lugar y después desaparecer? La duda se mezclaba con la sospecha de que todo podÃa haber sido una trampa planeada para asaltar a un taxista solitario en plena madrugada. La imagen del pasillo iluminado seguÃa fija en mi cabeza. Esa luz blanca mostrando un corredor vacÃo me parecÃa más inquietante que cualquier calle oscura. No era normal que una casa se viera tan abandonada por fuera y por dentro no tuviera nada, como si estuviera esperando algo o a alguien. La sensación que me dejó no era la misma de otras noches en que me tocaba recoger pasajeros raros o andar por colonias peligrosas. Aquello era distinto. Cuando al fin llegué a mi casa, intenté dormir, pero no pude. Cerraba los ojos
10:14 y lo único que me venÃa a la mente era la puerta abierta y el pasillo vacÃo, iluminado en silencio. SentÃa que habÃa algo raro en esa casa, algo que no tenÃa explicación sencilla, y el pensamiento me acompañó toda la madrugada hasta que comenzó a amanecer. Apenas amaneció, decidà volver a esa colonia, convencido de que, en pleno dÃa, todo se verÃa distinto. Con el sol encima y la gente caminando por las banquetas, pensé que no habrÃa nada de qué preocuparme. Manejar hasta esa calle me costó poco, pero, al estacionarme frente a la casa, sentà de nuevo esa incomodidad que me habÃa quedado la noche anterior. bajé del taxi y me acerqué a la puerta golpeé varias veces con los nudillos esperando escuchar algún movimiento adentro pero no hubo respuesta el lugar parecÃa deshabitado repetà el llamado un par de veces más cada vez con más fuerza pero nadie salió el silencio se sentÃa raro para estar en una zona donde ya pasaban niños rumbo a la tienda y vecinos regaban las banquetas decidà caminar alrededor de la casa para mirar mejor Era una construcción vieja, con paredes despintadas y grietas en los muros. Lo que más me llamó la atención fueron las ventanas, todas cubiertas con cortinas gruesas, demasiado pesadas para un lugar que aparentaba abandono. Estaban tan ajustadas que no dejaban pasar la luz del sol, como
11:47 si alguien quisiera ocultar lo que habÃa dentro. Me quedé observando un rato hasta que encontré una rendija apenas visible en una de las cortinas laterales. No pude resistir la curiosidad y me acerqué para asomarme. Apenas alcancé a enfocar lo que habÃa detrás, pero fue suficiente para sentir como un escalofrÃo me recorrÃa de arriba abajo. Lo que vi no encajaba con la idea de una casa normal. Me pegué lo más que pude a la rendija para tratar de ver mejor. Lo primero que noté fueron unos muebles viejos, arrinconados y cubiertos de polvo. Estaban tan desgastados que parecÃa que se desarmarÃan con un simple empujón. HabÃa sillas sin respaldo, una mesa aladeada y un sillón sin cojines, como si todo lo hubieran recogido de la calle. A un costado se alcanzaban a ver varias veladoras gastadas, con la cera seca chorreada hasta el piso. Algunas estaban apagadas, otras apenas tenÃan restos de mecha quemada. Justo detrás, sobre la pared, descubrà algo que me puso la piel de gallina. Dibujos torpes hechos con carbón o pintura negra. Eran figuras deformes, como rostros alargados y manos abiertas, repetidas una y otra vez.
13:03 Bajé la vista y lo que vi en el suelo me dejó todavÃa más inquieto. HabÃa sÃmbolos extraños dibujados con tiza o pintura blanca. Reconocà formas de cÃrculos y varias figuras de cinco lados como pentágonos mal trazados, marcados directamente sobre el cemento. Algunos estaban rodeados de manchas rojas que no supe si eran pintura o algo más. A un lado habÃa mantas extendidas, acomodadas como si varias personas hubieran dormido ahÃ. Eran cobijas sucias, arrugadas, y encima de ellas habÃa botellas vacÃas y restos de comida. La escena no parecÃa de una familia viviendo en abandono, sino de un lugar usado por alguien con otro propósito. La impresión fue clara, esa casa no estaba deshabitada ni olvidada. Todo lo que vi me hizo pensar que ahà operaba un grupo oculto, quizá una secta, y que el hombre que habÃa subido a mi taxi estaba relacionado con eso. me aparté de la ventana de inmediato con el corazón golpeándome fuerte en el pecho no quise arriesgarme a que alguien me viera husmeando ahà mientras caminaba de regreso al carro la idea no me soltaba si la noche anterior me hubiera atrevido a entrar en esa casa quizá no estarÃa contando esto estaba seguro de que no habrÃa salido con vida encendà el motor sin mirar atrás y me alejé con la decisión firme de no volver a aceptar pasajes en esa zona PodÃa perder dinero, pero no iba a arriesgarme a
14:35 toparme otra vez con ese tipo de cosas. Desde entonces, cada vez que alguien me pedÃa llevarlo hacia ese rumbo, inventaba cualquier excusa y lo rechazaba.
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