Nov. 22, 2025

La Noche En Que El Nahual Nos Atacó - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Yo tenía 15 años en aquel entonces. Mis padres me habían enviado a un internado, que más que nada era un sitio donde mandaban a jóvenes problemáticos. Era extremadamente religioso y tenían la esperanza de que me ayudara a enderezarme, pues en aquel entonces no tenía las mejores amistades. Era un lugar bastante... no sé cómo describirlo... No sé si alguno de ustedes ha estado alguna vez en un internado, y si no, les puedo decir que no es muy diferente a una escuela normal, salvo porque no vuelves a casa. Esto hacía que las amistades fueran esenciales para soportar el tiempo ahí. Cuando llegué, me hice amigo de algunos muchachos muy buena onda. Nos hacíamos bromas y compartíamos el mismo sentido del humor, por lo cual congeniamos muy bien desde el principio. Con ellos fue la primera vez que escuché sobre algo a lo que llamaban la criatura. Esto, en resumen, era algo que bajaba al internado por las noches. Muchos decían que era un coyote que provenía del bosque que rodeaba el internado. Si bien los cuidadores aseguraban que no había animales peligrosos en el exterior, también teníamos estrictamente prohibido salir.

1:20 Y aunque nunca confirmaban ni negaban la existencia de la criatura, muchos aseguraban haberla visto. Incluso, y esto fue algo que pude comprobar desde mis primeros días, fue que algunas de las gallinas que se criaban ahí eran asesinadas por algo. Lo extraño era que el corral donde estaban nunca tenía la puerta rota, ni parecía haber algún sitio por donde un animal pudiera entrar. Era como si quien fuera responsable supiera abrir la puerta y luego volver a cerrarla. Ese era uno de los detalles que más alimentaban la creencia en la criatura. A mí me parecía muy tonto imaginar que un coyote pudiera abrir puertas y tampoco creía en la otra versión, la del hombre lobo o algo por el estilo. Yo siempre me jactaba de ser una persona que necesitaba evidencias contundentes para creer en algo. Esa era la razón por la que no creía en Dios ni en nada paranormal. Esto incluía criaturas misteriosas o fantasmas. Dejaba muy en claro que, si querían asustarme, tendrían que esforzarse más, porque seguramente lo que mataba a las gallinas no era más que una comadreja o una rata muy grande que podía colarse por algún hueco del gallinero. Solo daba pie a que la gente supersticiosa creyera en cosas como la criatura.

2:43 No todos en el internado creían en ella, pero sí era evidente que más de uno estaba convencido de que a cierta hora de la noche algo rondaba por los pasillos. Después de escuchar esta historia, pasó un tiempo antes de que pudiera experimentar algo. De hecho, ya la estaba olvidando. No era algo que me interesara mucho o que hubiera llamado especialmente mi atención. Dejé de pensar en eso. Una noche, recuerdo que desperté con muchas ganas de ir al baño. Teníamos prohibido abandonar nuestras camas en medio de la noche, a menos que fuera muy urgente. Yo sentía que sí era urgente, pero no lo suficiente como para despertar al cuidador, que dormía en el mismo cuarto. Pensaba que era una regla estúpida y que si yo quería usar el baño a medianoche nadie podía detenerme, por lo que sin avisarle a nadie me levanté y salí. Fui al baño e hice lo mío, todo estaba muy oscuro pues para asegurarse de que nadie saliera a esas horas cortaban la energía.

3:47 Pero afortunadamente la luz de la luna iluminaba lo suficiente como para al menos no tropezar. Ya estaba de regreso cuando comencé a sentirme observado. Al principio pensé que me habían descubierto, que tal vez uno de los cuidadores me había visto, y por eso me sentía así. Pero pasaron unos minutos sin que se oyera ningún grito ni nada parecido. Entonces comencé a sentirme realmente incómodo, sobre todo porque al mirar a mi alrededor no podía ver a nadie. Me sentía observado, inquieto. Lo único que pensé fue en apurarme hacia los cuartos. No solo no debía estar ahí, sino que ya no quería estar ahí, y mientras más rápido caminaba, más fuerte se hacía esa sensación. Era como si algo o alguien se acercara cada vez más, pero pasaron unos minutos sin que se oyera ningún grito ni nada parecido.

4:44 Entonces comencé a sentirme realmente incómodo, sobre todo porque al mirar a mi alrededor no podía ver a nadie. Me sentía observado, inquieto. Lo único que pensé fue en apurarme hacia los cuartos. No solo no debía estar ahí, sino que ya no quería estar ahí. Y mientras más rápido caminaba, más fuerte se hacía esa sensación. Era como si algo o alguien se acercara cada vez más. Comencé a escuchar pasos. No eran pasos humanos, eran más parecidos a los de un perro. Pero se dirigían justo hacia mí. Me encantaría decir que tuve el valor de girarme y enfrentar lo que fuera que venía detrás de mí, pero no fue así.

5:28 Comencé a correr sin mirar atrás, faltaba poco para llegar a los cuartos, y logré entrar cerrando la puerta atrás de mí. Estaba agitado. Lo peor fue que cuando por fin miré hacia atrás, pude ver a través de la rendija debajo de la puerta como una sombra se detenía justo afuera. Estaba ahí, de pie. No escuché gruñidos ni nada. Solo fueron aquellos pasos. Esa noche no sabía si contarle a alguien. Aquella cosa estuvo afuera casi cinco minutos. Luego pude ver cómo se alejaba. Volví a la cama y me quedé pensando qué pudo haber sido. Nosotros no teníamos perros, solo algunos animales de granja. Más que nada para sacar provecho de ellos o para que limpiáramos los corrales como castigo.

6:16 Pero perros no, y aunque los hubiéramos tenido, dudaba que alguno pudiera perseguirme así. Me quedé pensando en ello durante horas. No me detuve hasta que escuché a mis compañeros despertarse. Fue cuando me di cuenta de que no había dormido el resto de la noche. Aún así, no quise contarles nada. Pensaba que se burlarían de mí, que pensarían que la historia de la criatura me había asustado más de lo que quería admitir. Y claramente, yo no quería pensar en eso. Durante el desayuno ocurrió algo extraño. Un cuidador se me acercó para decirme que estaba en problemas por haber salido del dormitorio en horas no permitidas. Intenté negarlo, pero me dijeron que no tenía caso, alguien me había visto. Yo estaba completamente seguro de que nadie me había visto durante el tiempo que estuve afuera. Al menos, no hasta que aquella cosa me siguió. No entendía cómo, si alguien me vio, no me detuvo. Quise seguir negándolo, pero al final supe que no valía la pena. Fue así como terminé castigado limpiando el corral de los cerdos, una tarea que nadie quería hacer. Por eso los cuidadores siempre estaban al acecho, esperando que algún alumno cometiera la más mínima falta para enviarlo allí. Fui al corral y traté de terminar lo más rápido posible. Realmente odiaba el olor. Mientras limpiaba, escuché una respiración pesada al mismo tiempo que volvía a sentirme observado.

7:49 Miré a todos lados, pero no vi a nadie. Los animales comenzaron a inquietarse, sobre todo las gallinas, que parecían desesperadas por escapar al grado de sangrar sus picos para romper la malla sin éxito. Los cerdos también se alteraron. Yo empecé a sentir lo mismo, una creciente ansiedad, y volví a escuchar aquellos pasos, los mismos que había oído la noche anterior. Sonaban como los de un perro grande caminando por el lugar. De pronto, todo quedó en una calma extraña. Los animales se tranquilizaron repentinamente. Pero eso no me hizo sentir mejor. De hecho, ese silencio brusco me inquietó aún más. Escuché la voz de alguien detrás de mí.

8:32 Me giré de inmediato y vi a uno de mis profesores de nombre Elías. Nunca había hablado mucho con él. En su clase siempre intentaba sentarme atrás, y el taller que éste daba, el cual era agricultura, nunca me interesó, por lo que nuestros encuentros eran mínimos. No entendí bien lo que me dijo al principio, pero parecía esperar una respuesta. Al verme confundido, repitió su pregunta,«¿ Te estás divirtiendo?». Intenté responder con tranquilidad, disimulando lo incómodo y nervioso que me sentía. No recuerdo exactamente qué le dije, pero él se rió y comentó que, tal vez, para la próxima, pensaría dos veces antes de salir del dormitorio, porque esas no eran horas para andar merodeando en asuntos que no me concernían.

9:21 Sus palabras me desconcertaron. Recuerdo que le pregunté a qué se refería, pero no respondió. Simplemente se marchó. Todo eso me pareció muy extraño, pero pensé que tal vez él había sido quien me vio regresar al dormitorio aquella noche. Aún así, no podía dejar de pensar en lo que había escuchado, aunque trataba de convencerme de que todo tenía una explicación lógica después de todo. Estaba rodeado de crucifijos y arte sacro en ese lugar, por lo que si lo que contaban era cierto y esa cosa tenía un origen demoníaco, no debería poder entrar en un lugar así pasaron dos semanas y todo comenzó a parecer normal otra vez no le conté a nadie ni sobre lo que vivía en el corral ni sobre mi conversación con el profesor quería dejar todo ese tema atrás además no había vuelto a pasar nada extraño y deseaba que así siguiera estaba empezando a sentirme confiado incluso comenzaba a olvidarlo Fue cuando un amigo llegó con una propuesta. Estaba muy emocionado porque había escuchado que un grupo de muchachos había salido al bosque por la noche. Aseguraban que habían enterrado cerveza y otras cosas allí. Al principio no le creímos, pero él insistía en que su fuente era confiable e incluso nos dio el nombre del muchacho que se lo había contado.

10:47 Aún así, no estábamos del todo seguros, pero finalmente logró convencernos de salir esa misma noche. Según él, le habían dicho exactamente por dónde no había vigilancia y podríamos salir sin problemas. La idea de ir al bosque nos emocionaba a todos. Era el lugar más prohibido de todo el internado. y salir de allí después de meses encerrados sonaba emocionante así fue como todos aceptamos esa noche una vez que confirmamos que los cuidadores dormían salimos yo era el menos convencido no podía quitarme de la cabeza lo que me había seguido la primera vez que salí del dormitorio pero pensé que si esta vez volvía a oírlo al menos tendría testigos y no me sentiría como si estuviera enloqueciendo además me intrigaba el bosque Siempre había querido explorarlo desde que llegué. Mi amigo tenía razón. Había un lugar por donde podíamos salir, al parecer creado por los muchachos que lo habían hecho antes. Caminamos un rato por el bosque.

11:51 Yo estaba atento para no perdernos, pero mi amigo aseguró que era imposible extraviarse si seguíamos el camino marcado. Pasamos el tiempo buscando el lugar donde, supuestamente, habían enterrado la cerveza. Y sí, la encontramos. Estaba caliente y no sabía muy bien, pero eso no importaba. Nos estábamos divirtiendo y el tiempo voló. Eran casi las cuatro de la madrugada cuando sugerí regresar. Era muy tarde. Estuvimos de acuerdo y comenzamos el camino de vuelta. Para algunos de nosotros era la primera vez que probábamos alcohol y por ello no era raro sentirse algo mareados. Mientras caminábamos yo iba un poco más callado y entonces escuché pasos, pasos como de perro. Miré a mis amigos para asegurarme de que ellos también lo oían y por fortuna así era. Mirábamos a todos lados pero no veíamos nada. Todos podíamos sentir que algo o alguien nos estaba vigilando. Claramente comenzamos a sentirnos incómodos pero lo peor fue cuando escuchamos un aullido seguido de gruñidos y pasos que se acercaban directamente hacia nosotros. Sin pensarlo, comenzamos a correr en dirección al internado, como si creyéramos que una vez dentro nada podría hacernos daño. Corríamos con todas nuestras fuerzas. Siempre fui alguien lento, no destacaba en deportes ni en nada físico. Así que comencé a quedarme atrás.

13:22 Todos corrían para salvar sus propias vidas, y lo entiendo perfectamente. Podía escuchar cómo aquella cosa se acercaba cada vez más, mientras yo seguía corriendo con desesperación. En un momento, perdí la noción de la dirección. Según yo, estaba justo detrás de mis amigos, pero llegó un punto en el que dejé de oírlos. Solo podía escuchar los pasos de ese perro. No me atrevía a llamarlos por su nombre. Sabía que eso revelaría mi ubicación. Continué avanzando, pensando que quizá solo se habían adelantado un poco y que los alcanzaría pronto. Pero eso nunca ocurrió. Al contrario, me sentía cada vez más perdido. Ya ni siquiera podía ver el camino por el que habíamos llegado. Mientras intentaba orientarme, escuché los pasos muy cerca, y por si fuera poco, también gruñidos. Fue entonces cuando, en medio de la maleza, vi un par de ojos amarillos que me observaban directamente. Todo pasó muy rápido.

14:24 Tras ver esos ojos, me quedé paralizado del miedo. Esa cosa salió de golpe, abalanzándose sobre mí. Era un coyote. Aunque, en realidad, parecía más grande de lo normal, pero no tanto como un lobo. Caí al suelo en el momento en que esa cosa se lanzó sobre mí. Intentaba morderme, casi como si quisiera arrancarme la cara, pero sentía que no usaba toda su fuerza. Era como si estuviera jugando conmigo. como si sólo quisiera demostrarme que podía hacerlo si quisiera por mi parte empleaba toda la fuerza que tenía para intentar defenderme en un momento sentí que me mordió la mano lo que me hizo apartarlo desesperadamente quería librarme de aquella criatura tenía muchísimo miedo en un punto tomé una piedra del suelo y lo golpeé con todas mis fuerzas eso hizo que el animal se apartara de mí Me levanté de inmediato y salí corriendo de regreso al internado.

15:24 Cuando llegué, mis amigos parecieron aliviados al ver que no me había perdido en el bosque. Me preguntaron qué había pasado, mi mano sangraba. Les dije que no importaba. aunque si les conté de mi encuentro con el coyote todos me creyeron no sólo por mi mano pues al menos dos de mis amigos si habían alcanzado a verlo todos regresamos a nuestras habitaciones y yo intenté vendarme la mano como pude para detener el sangrado después de un rato lo logré al día siguiente todos estábamos alterados hablábamos de lo que habíamos visto algunos solo habían escuchado los pasos y los gruñidos pero dos de mis amigos dijeron haber visto a un coyote yo aseguraba que me había atacado la mordida en mi mano y el hecho de haberlo vencido con mis propias manos me hacían pensar muchas cosas como ya dije antes no soy fuerte ni atlético más bien todo lo contrario la idea de haber podido enfrentar a un animal salvaje me parecía absurda Aún así, ninguno de nosotros quiso profundizar demasiado. Estábamos asustados, sí, pero intentábamos convencernos de que probablemente solo se trataba del famoso coyote del que tanto se hablaba. Quizás esa era la razón por la cual no nos dejaban salir del internado. Esa explicación tenía cierto sentido, y hasta yo me la estaba creyendo.

16:51 Pero solo tuvo que pasar un día para darme cuenta de que eso no era del todo cierto. En ese tiempo no había vuelto a ver al profesor, pero no era algo que me preocupara. No fue hasta que tuvimos clase con él. Él nunca llegaba tarde, pero ese día sí lo hizo. Cuando entró, me quedé helado. Tenía un enorme moretón en la cara, muy hinchado, como si hubiera recibido un golpe muy fuerte. De inmediato recordé aquella noche. Lo peor fue cuando me miró directamente. Su expresión era seria, incluso parecía enojado. Fue como si él ya supiera que yo lo sabía. Eso fue lo que terminó de confirmármelo, aunque no quería creerlo. No podía ser verdad. Las personas no se transforman en animales. Él pareció darse cuenta de lo confundido y asustado que estaba. Tal vez hasta sintió lástima, porque en un momento en que nadie más lo miraba, llevó su dedo índice a los labios, en señal de silencio, como si me pidiera que no dijera nada, como si fuera un secreto. claramente eso me aterrorizó no sabía qué pensar ni siquiera sabía si debía contárselo a mis amigos cuando terminó la clase no podía evitar pensar que ahora que yo lo sabía él haría algo al respecto estuve paranoico durante días y él parecía disfrutarlo era como su

18:21 venganza por el golpe que le había dado a veces simplemente aparecía de la nada parecía buscarme asegurándose de que estuviera solo algunas veces incluso sus ojos parecían cambiar de color a amarillo era como si disfrutara atormentarme Mis amigos fueron testigos de eso en dos ocasiones, pues cada vez parecía más confiado, y por ende mis amigos también alcanzaron a ver sus ojos. Jamás pudimos ver cómo se transformaba, ni quisimos investigar más de lo que ya sabíamos. Temíamos que al tirar de ese hilo realmente pudiera traer consecuencias, y tal vez ya no se conformaría solo con asustarnos.

19:04 Por suerte llegaron las vacaciones, pude ir a casa y mis padres ya no podían seguir pagando esa escuela, era demasiado costosa. Yo hice todo lo posible por convencerlos de que no necesitaba volver y aceptaron. Nunca regresé a ese lugar y la verdad lo agradezco profundamente. Hasta el día de hoy no tengo idea de si él sigue ahí o no. No sé cuál es su historia ni si todo lo que hacía era simplemente para divertirse conmigo. Pero creo que ese era el punto, nunca quiso hacerme daño realmente, porque si lo hubiera querido, simplemente lo habría hecho. Aún así, agradezco no haberlo vuelto a ver.