La Noche En Que El Nahual Nos Atacó - Historias De Terror - REDE
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0:05 Yo tenÃa 15 años en aquel entonces. Mis padres me habÃan enviado a un internado, que más que nada era un sitio donde mandaban a jóvenes problemáticos. Era extremadamente religioso y tenÃan la esperanza de que me ayudara a enderezarme, pues en aquel entonces no tenÃa las mejores amistades. Era un lugar bastante... no sé cómo describirlo... No sé si alguno de ustedes ha estado alguna vez en un internado, y si no, les puedo decir que no es muy diferente a una escuela normal, salvo porque no vuelves a casa. Esto hacÃa que las amistades fueran esenciales para soportar el tiempo ahÃ. Cuando llegué, me hice amigo de algunos muchachos muy buena onda. Nos hacÃamos bromas y compartÃamos el mismo sentido del humor, por lo cual congeniamos muy bien desde el principio. Con ellos fue la primera vez que escuché sobre algo a lo que llamaban la criatura. Esto, en resumen, era algo que bajaba al internado por las noches. Muchos decÃan que era un coyote que provenÃa del bosque que rodeaba el internado. Si bien los cuidadores aseguraban que no habÃa animales peligrosos en el exterior, también tenÃamos estrictamente prohibido salir.
1:20 Y aunque nunca confirmaban ni negaban la existencia de la criatura, muchos aseguraban haberla visto. Incluso, y esto fue algo que pude comprobar desde mis primeros dÃas, fue que algunas de las gallinas que se criaban ahà eran asesinadas por algo. Lo extraño era que el corral donde estaban nunca tenÃa la puerta rota, ni parecÃa haber algún sitio por donde un animal pudiera entrar. Era como si quien fuera responsable supiera abrir la puerta y luego volver a cerrarla. Ese era uno de los detalles que más alimentaban la creencia en la criatura. A mà me parecÃa muy tonto imaginar que un coyote pudiera abrir puertas y tampoco creÃa en la otra versión, la del hombre lobo o algo por el estilo. Yo siempre me jactaba de ser una persona que necesitaba evidencias contundentes para creer en algo. Esa era la razón por la que no creÃa en Dios ni en nada paranormal. Esto incluÃa criaturas misteriosas o fantasmas. Dejaba muy en claro que, si querÃan asustarme, tendrÃan que esforzarse más, porque seguramente lo que mataba a las gallinas no era más que una comadreja o una rata muy grande que podÃa colarse por algún hueco del gallinero. Solo daba pie a que la gente supersticiosa creyera en cosas como la criatura.
2:43 No todos en el internado creÃan en ella, pero sà era evidente que más de uno estaba convencido de que a cierta hora de la noche algo rondaba por los pasillos. Después de escuchar esta historia, pasó un tiempo antes de que pudiera experimentar algo. De hecho, ya la estaba olvidando. No era algo que me interesara mucho o que hubiera llamado especialmente mi atención. Dejé de pensar en eso. Una noche, recuerdo que desperté con muchas ganas de ir al baño. TenÃamos prohibido abandonar nuestras camas en medio de la noche, a menos que fuera muy urgente. Yo sentÃa que sà era urgente, pero no lo suficiente como para despertar al cuidador, que dormÃa en el mismo cuarto. Pensaba que era una regla estúpida y que si yo querÃa usar el baño a medianoche nadie podÃa detenerme, por lo que sin avisarle a nadie me levanté y salÃ. Fui al baño e hice lo mÃo, todo estaba muy oscuro pues para asegurarse de que nadie saliera a esas horas cortaban la energÃa.
3:47 Pero afortunadamente la luz de la luna iluminaba lo suficiente como para al menos no tropezar. Ya estaba de regreso cuando comencé a sentirme observado. Al principio pensé que me habÃan descubierto, que tal vez uno de los cuidadores me habÃa visto, y por eso me sentÃa asÃ. Pero pasaron unos minutos sin que se oyera ningún grito ni nada parecido. Entonces comencé a sentirme realmente incómodo, sobre todo porque al mirar a mi alrededor no podÃa ver a nadie. Me sentÃa observado, inquieto. Lo único que pensé fue en apurarme hacia los cuartos. No solo no debÃa estar ahÃ, sino que ya no querÃa estar ahÃ, y mientras más rápido caminaba, más fuerte se hacÃa esa sensación. Era como si algo o alguien se acercara cada vez más, pero pasaron unos minutos sin que se oyera ningún grito ni nada parecido.
4:44 Entonces comencé a sentirme realmente incómodo, sobre todo porque al mirar a mi alrededor no podÃa ver a nadie. Me sentÃa observado, inquieto. Lo único que pensé fue en apurarme hacia los cuartos. No solo no debÃa estar ahÃ, sino que ya no querÃa estar ahÃ. Y mientras más rápido caminaba, más fuerte se hacÃa esa sensación. Era como si algo o alguien se acercara cada vez más. Comencé a escuchar pasos. No eran pasos humanos, eran más parecidos a los de un perro. Pero se dirigÃan justo hacia mÃ. Me encantarÃa decir que tuve el valor de girarme y enfrentar lo que fuera que venÃa detrás de mÃ, pero no fue asÃ.
5:28 Comencé a correr sin mirar atrás, faltaba poco para llegar a los cuartos, y logré entrar cerrando la puerta atrás de mÃ. Estaba agitado. Lo peor fue que cuando por fin miré hacia atrás, pude ver a través de la rendija debajo de la puerta como una sombra se detenÃa justo afuera. Estaba ahÃ, de pie. No escuché gruñidos ni nada. Solo fueron aquellos pasos. Esa noche no sabÃa si contarle a alguien. Aquella cosa estuvo afuera casi cinco minutos. Luego pude ver cómo se alejaba. Volvà a la cama y me quedé pensando qué pudo haber sido. Nosotros no tenÃamos perros, solo algunos animales de granja. Más que nada para sacar provecho de ellos o para que limpiáramos los corrales como castigo.
6:16 Pero perros no, y aunque los hubiéramos tenido, dudaba que alguno pudiera perseguirme asÃ. Me quedé pensando en ello durante horas. No me detuve hasta que escuché a mis compañeros despertarse. Fue cuando me di cuenta de que no habÃa dormido el resto de la noche. Aún asÃ, no quise contarles nada. Pensaba que se burlarÃan de mÃ, que pensarÃan que la historia de la criatura me habÃa asustado más de lo que querÃa admitir. Y claramente, yo no querÃa pensar en eso. Durante el desayuno ocurrió algo extraño. Un cuidador se me acercó para decirme que estaba en problemas por haber salido del dormitorio en horas no permitidas. Intenté negarlo, pero me dijeron que no tenÃa caso, alguien me habÃa visto. Yo estaba completamente seguro de que nadie me habÃa visto durante el tiempo que estuve afuera. Al menos, no hasta que aquella cosa me siguió. No entendÃa cómo, si alguien me vio, no me detuvo. Quise seguir negándolo, pero al final supe que no valÃa la pena. Fue asà como terminé castigado limpiando el corral de los cerdos, una tarea que nadie querÃa hacer. Por eso los cuidadores siempre estaban al acecho, esperando que algún alumno cometiera la más mÃnima falta para enviarlo allÃ. Fui al corral y traté de terminar lo más rápido posible. Realmente odiaba el olor. Mientras limpiaba, escuché una respiración pesada al mismo tiempo que volvÃa a sentirme observado.
7:49 Miré a todos lados, pero no vi a nadie. Los animales comenzaron a inquietarse, sobre todo las gallinas, que parecÃan desesperadas por escapar al grado de sangrar sus picos para romper la malla sin éxito. Los cerdos también se alteraron. Yo empecé a sentir lo mismo, una creciente ansiedad, y volvà a escuchar aquellos pasos, los mismos que habÃa oÃdo la noche anterior. Sonaban como los de un perro grande caminando por el lugar. De pronto, todo quedó en una calma extraña. Los animales se tranquilizaron repentinamente. Pero eso no me hizo sentir mejor. De hecho, ese silencio brusco me inquietó aún más. Escuché la voz de alguien detrás de mÃ.
8:32 Me giré de inmediato y vi a uno de mis profesores de nombre ElÃas. Nunca habÃa hablado mucho con él. En su clase siempre intentaba sentarme atrás, y el taller que éste daba, el cual era agricultura, nunca me interesó, por lo que nuestros encuentros eran mÃnimos. No entendà bien lo que me dijo al principio, pero parecÃa esperar una respuesta. Al verme confundido, repitió su pregunta,«¿ Te estás divirtiendo?». Intenté responder con tranquilidad, disimulando lo incómodo y nervioso que me sentÃa. No recuerdo exactamente qué le dije, pero él se rió y comentó que, tal vez, para la próxima, pensarÃa dos veces antes de salir del dormitorio, porque esas no eran horas para andar merodeando en asuntos que no me concernÃan.
9:21 Sus palabras me desconcertaron. Recuerdo que le pregunté a qué se referÃa, pero no respondió. Simplemente se marchó. Todo eso me pareció muy extraño, pero pensé que tal vez él habÃa sido quien me vio regresar al dormitorio aquella noche. Aún asÃ, no podÃa dejar de pensar en lo que habÃa escuchado, aunque trataba de convencerme de que todo tenÃa una explicación lógica después de todo. Estaba rodeado de crucifijos y arte sacro en ese lugar, por lo que si lo que contaban era cierto y esa cosa tenÃa un origen demonÃaco, no deberÃa poder entrar en un lugar asà pasaron dos semanas y todo comenzó a parecer normal otra vez no le conté a nadie ni sobre lo que vivÃa en el corral ni sobre mi conversación con el profesor querÃa dejar todo ese tema atrás además no habÃa vuelto a pasar nada extraño y deseaba que asà siguiera estaba empezando a sentirme confiado incluso comenzaba a olvidarlo Fue cuando un amigo llegó con una propuesta. Estaba muy emocionado porque habÃa escuchado que un grupo de muchachos habÃa salido al bosque por la noche. Aseguraban que habÃan enterrado cerveza y otras cosas allÃ. Al principio no le creÃmos, pero él insistÃa en que su fuente era confiable e incluso nos dio el nombre del muchacho que se lo habÃa contado.
10:47 Aún asÃ, no estábamos del todo seguros, pero finalmente logró convencernos de salir esa misma noche. Según él, le habÃan dicho exactamente por dónde no habÃa vigilancia y podrÃamos salir sin problemas. La idea de ir al bosque nos emocionaba a todos. Era el lugar más prohibido de todo el internado. y salir de allà después de meses encerrados sonaba emocionante asà fue como todos aceptamos esa noche una vez que confirmamos que los cuidadores dormÃan salimos yo era el menos convencido no podÃa quitarme de la cabeza lo que me habÃa seguido la primera vez que salà del dormitorio pero pensé que si esta vez volvÃa a oÃrlo al menos tendrÃa testigos y no me sentirÃa como si estuviera enloqueciendo además me intrigaba el bosque Siempre habÃa querido explorarlo desde que llegué. Mi amigo tenÃa razón. HabÃa un lugar por donde podÃamos salir, al parecer creado por los muchachos que lo habÃan hecho antes. Caminamos un rato por el bosque.
11:51 Yo estaba atento para no perdernos, pero mi amigo aseguró que era imposible extraviarse si seguÃamos el camino marcado. Pasamos el tiempo buscando el lugar donde, supuestamente, habÃan enterrado la cerveza. Y sÃ, la encontramos. Estaba caliente y no sabÃa muy bien, pero eso no importaba. Nos estábamos divirtiendo y el tiempo voló. Eran casi las cuatro de la madrugada cuando sugerà regresar. Era muy tarde. Estuvimos de acuerdo y comenzamos el camino de vuelta. Para algunos de nosotros era la primera vez que probábamos alcohol y por ello no era raro sentirse algo mareados. Mientras caminábamos yo iba un poco más callado y entonces escuché pasos, pasos como de perro. Miré a mis amigos para asegurarme de que ellos también lo oÃan y por fortuna asà era. Mirábamos a todos lados pero no veÃamos nada. Todos podÃamos sentir que algo o alguien nos estaba vigilando. Claramente comenzamos a sentirnos incómodos pero lo peor fue cuando escuchamos un aullido seguido de gruñidos y pasos que se acercaban directamente hacia nosotros. Sin pensarlo, comenzamos a correr en dirección al internado, como si creyéramos que una vez dentro nada podrÃa hacernos daño. CorrÃamos con todas nuestras fuerzas. Siempre fui alguien lento, no destacaba en deportes ni en nada fÃsico. Asà que comencé a quedarme atrás.
13:22 Todos corrÃan para salvar sus propias vidas, y lo entiendo perfectamente. PodÃa escuchar cómo aquella cosa se acercaba cada vez más, mientras yo seguÃa corriendo con desesperación. En un momento, perdà la noción de la dirección. Según yo, estaba justo detrás de mis amigos, pero llegó un punto en el que dejé de oÃrlos. Solo podÃa escuchar los pasos de ese perro. No me atrevÃa a llamarlos por su nombre. SabÃa que eso revelarÃa mi ubicación. Continué avanzando, pensando que quizá solo se habÃan adelantado un poco y que los alcanzarÃa pronto. Pero eso nunca ocurrió. Al contrario, me sentÃa cada vez más perdido. Ya ni siquiera podÃa ver el camino por el que habÃamos llegado. Mientras intentaba orientarme, escuché los pasos muy cerca, y por si fuera poco, también gruñidos. Fue entonces cuando, en medio de la maleza, vi un par de ojos amarillos que me observaban directamente. Todo pasó muy rápido.
14:24 Tras ver esos ojos, me quedé paralizado del miedo. Esa cosa salió de golpe, abalanzándose sobre mÃ. Era un coyote. Aunque, en realidad, parecÃa más grande de lo normal, pero no tanto como un lobo. Caà al suelo en el momento en que esa cosa se lanzó sobre mÃ. Intentaba morderme, casi como si quisiera arrancarme la cara, pero sentÃa que no usaba toda su fuerza. Era como si estuviera jugando conmigo. como si sólo quisiera demostrarme que podÃa hacerlo si quisiera por mi parte empleaba toda la fuerza que tenÃa para intentar defenderme en un momento sentà que me mordió la mano lo que me hizo apartarlo desesperadamente querÃa librarme de aquella criatura tenÃa muchÃsimo miedo en un punto tomé una piedra del suelo y lo golpeé con todas mis fuerzas eso hizo que el animal se apartara de mà Me levanté de inmediato y salà corriendo de regreso al internado.
15:24 Cuando llegué, mis amigos parecieron aliviados al ver que no me habÃa perdido en el bosque. Me preguntaron qué habÃa pasado, mi mano sangraba. Les dije que no importaba. aunque si les conté de mi encuentro con el coyote todos me creyeron no sólo por mi mano pues al menos dos de mis amigos si habÃan alcanzado a verlo todos regresamos a nuestras habitaciones y yo intenté vendarme la mano como pude para detener el sangrado después de un rato lo logré al dÃa siguiente todos estábamos alterados hablábamos de lo que habÃamos visto algunos solo habÃan escuchado los pasos y los gruñidos pero dos de mis amigos dijeron haber visto a un coyote yo aseguraba que me habÃa atacado la mordida en mi mano y el hecho de haberlo vencido con mis propias manos me hacÃan pensar muchas cosas como ya dije antes no soy fuerte ni atlético más bien todo lo contrario la idea de haber podido enfrentar a un animal salvaje me parecÃa absurda Aún asÃ, ninguno de nosotros quiso profundizar demasiado. Estábamos asustados, sÃ, pero intentábamos convencernos de que probablemente solo se trataba del famoso coyote del que tanto se hablaba. Quizás esa era la razón por la cual no nos dejaban salir del internado. Esa explicación tenÃa cierto sentido, y hasta yo me la estaba creyendo.
16:51 Pero solo tuvo que pasar un dÃa para darme cuenta de que eso no era del todo cierto. En ese tiempo no habÃa vuelto a ver al profesor, pero no era algo que me preocupara. No fue hasta que tuvimos clase con él. Ãl nunca llegaba tarde, pero ese dÃa sà lo hizo. Cuando entró, me quedé helado. TenÃa un enorme moretón en la cara, muy hinchado, como si hubiera recibido un golpe muy fuerte. De inmediato recordé aquella noche. Lo peor fue cuando me miró directamente. Su expresión era seria, incluso parecÃa enojado. Fue como si él ya supiera que yo lo sabÃa. Eso fue lo que terminó de confirmármelo, aunque no querÃa creerlo. No podÃa ser verdad. Las personas no se transforman en animales. Ãl pareció darse cuenta de lo confundido y asustado que estaba. Tal vez hasta sintió lástima, porque en un momento en que nadie más lo miraba, llevó su dedo Ãndice a los labios, en señal de silencio, como si me pidiera que no dijera nada, como si fuera un secreto. claramente eso me aterrorizó no sabÃa qué pensar ni siquiera sabÃa si debÃa contárselo a mis amigos cuando terminó la clase no podÃa evitar pensar que ahora que yo lo sabÃa él harÃa algo al respecto estuve paranoico durante dÃas y él parecÃa disfrutarlo era como su
18:21 venganza por el golpe que le habÃa dado a veces simplemente aparecÃa de la nada parecÃa buscarme asegurándose de que estuviera solo algunas veces incluso sus ojos parecÃan cambiar de color a amarillo era como si disfrutara atormentarme Mis amigos fueron testigos de eso en dos ocasiones, pues cada vez parecÃa más confiado, y por ende mis amigos también alcanzaron a ver sus ojos. Jamás pudimos ver cómo se transformaba, ni quisimos investigar más de lo que ya sabÃamos. TemÃamos que al tirar de ese hilo realmente pudiera traer consecuencias, y tal vez ya no se conformarÃa solo con asustarnos.
19:04 Por suerte llegaron las vacaciones, pude ir a casa y mis padres ya no podÃan seguir pagando esa escuela, era demasiado costosa. Yo hice todo lo posible por convencerlos de que no necesitaba volver y aceptaron. Nunca regresé a ese lugar y la verdad lo agradezco profundamente. Hasta el dÃa de hoy no tengo idea de si él sigue ahà o no. No sé cuál es su historia ni si todo lo que hacÃa era simplemente para divertirse conmigo. Pero creo que ese era el punto, nunca quiso hacerme daño realmente, porque si lo hubiera querido, simplemente lo habrÃa hecho. Aún asÃ, agradezco no haberlo vuelto a ver.
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