La Bruja Que Cobró Con Un Alma - Historias De Terror - REDE
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0:05 Eran las tres y veinte cuando mi madre me despertó y me dijo que fuera con la bruja MarÃa, que era urgente. En el pueblo nadie fingÃa no conocerla. La mitad la odiaba y la otra mitad le debÃa algo. Unos decÃan que habÃa salvado animales mordidos por vÃboras, otros que habÃa curado niños con sombra, y también se contaba que un hombre que le robó una gallina amaneció sordo y con la lengua hinchada. mi madre no hablaba mucho de ella pero siempre que se escuchaban cosas raras en las casas decÃa su nombre en voz baja aquella noche la urgencia era rosa la vecina de enfrente mi madre entró corriendo a mi cuarto encendió la lámpara y me dijo que fuera por la bruja antes de que amaneciera.
0:56 Dijo que Rosa estaba mal, que se habÃa torcido toda, con las manos cerradas como garras y los ojos volteados. No habÃa médico cerca, y aunque tenÃamos teléfono, nadie se atrevÃa a llamar a una ambulancia, porque sabÃan que ese tipo de enfermedades no las curaba ningún doctor. Salà con una chamarra y una lámpara vieja. El aire de esa hora olÃa a tierra húmeda. Los perros ladraban en cadena como si alguien pasara por las calles vacÃas. En el camino los gallos todavÃa no cantaban y las luces de las casas estaban apagadas. La casa de la bruja quedaba en la orilla del pueblo, detrás del panteón. Era de adobe con techo de lámina y siempre tenÃa una vela encendida en la ventana como si fuera una señal. Cuando llegué ella ya estaba despierta, tenÃa el cabello recogido en un chongo gris y una cruz de madera colgada al revés sobre el pecho. No se sorprendió de verme, dijo mi nombre y me pidió que pasara. En la mesa habÃa un plato con agua, una vela encendida al centro y un crucifijo invertido. Al lado un frasco con aceite y cabellos enredados, flotando como raÃces negras. En el suelo, tres gallinas dormÃan dentro de una canasta. Me preguntó si Rosa seguÃa viva. Le dije que sÃ, pero que no hablaba.
2:21 Sin pedirme más explicación, tomó un frasco de vidrio y vertió dentro un poco de carbón molido y cera derretida. Luego lo tapó con un corcho y lo envolvió en una tela oscura. Dile a tu madre que no muevan a la enferma hasta que yo llegue, dijo sin levantar la vista. Cuando regresé, el patio de Rosa estaba lleno de gente, pero nadie hacÃa ruido. La bruja llegó un tiempo después. En el solar se sentÃa un frÃo que no era del aire. Doña MarÃa caminó directo hacia el lavadero y dijo que ahà habÃa tierra removida, que si habÃan encontrado algo. Mi madre le dijo que agarró una pala y empezó a escarbar, como ella le habÃa mandado decir conmigo. y que encontró una tela roja amarrada con hilo negro. La sacaron con cuidado. Era una caja pequeña de madera. Cuando la abrieron, adentro habÃa un retrato de rosa, mechones de su cabello, tierra húmeda y una figura de cera, con alfileres clavados en el pecho y las rodillas. La bruja no dijo nada por unos segundos. Luego levantó la caja y la mostró a todos. Dijo que eso no lo habÃa hecho cualquiera, que era un trabajo pagado y que venÃa de lejos, porque el hilo no era de los que se compraban ahÃ. Mi madre le preguntó si podÃa salvarla, pero ella le respondió que ya era tarde, pero que el daño se regresarÃa a quien lo pagó.
3:53 Rosa empezó a convulsionar, su respiración se cortaba, como si algo la apretara del cuello. La bruja colocó el frasco de carbón y cera sobre su pecho, lo movió en cÃrculos y murmuró oraciones que no entendÃ. El olor que salió del frasco era pesado y muy fuerte. Después apagó la vela con los dedos y dijo que el mal ya estaba cobrado. Cuando el gallo cantó, Rosa se quedó inmóvil. Los ojos le quedaron abiertos, blancos, mirando hacia el techo. Nadie lloró en ese momento. Solo se escuchó como la bruja recogÃa sus cosas y le decÃa a mi madre que no tocara el cuerpo hasta que amaneciera bien. Luego guardó la caja dentro de una bolsa negra y se la llevó bajo el brazo. antes de irse volteó a verme y dijo que ese trabajo no habÃa terminado que faltaba que el dinero hiciera el camino de regreso esa madrugada mientras todos salÃan del patio noté que la vela del plato seguÃa encendida El frasco con carbón que dejó sobre la mesa se movÃa solo, con burbujas que subÃan despacio, como si adentro respirara algo. Amaneció nublado y en el pueblo nadie habló de lo que pasó, pero al mediodÃa ya sabÃan todos que Rosa habÃa muerto. Unos decÃan que le habÃan hecho un amarre con tierra del panteón. Otros juraban haber visto a una mujer desconocida que llegó al pueblo dos dÃas antes preguntando por el terreno donde vivÃa
5:25 la enferma. Esa noche la bruja MarÃa regresó con mi madre. Llevaba la caja roja y el frasco. Dijo que el mal ya habÃa tomado rumbo. que a quien pagó por ese entierro lo iba a alcanzar en tres dÃas mi madre le preguntó si eso era seguro ella respondió que las cosas no fallan cuando se hacen bien como debe de ser pero dijo que vendrÃa en los próximos dÃas para asegurar que todo estarÃa bien y no afectarÃa a alguien del pueblo el cuerpo de Rosa fue enterrado sin velorio la familia no quiso abrir el ataúd y todos se fueron antes de que el sol bajara Solo la bruja se quedó un rato mirando hacia el cerro, donde según ella se habÃa ido la sombra. Esa fue la primera vez que yo vi morir a alguien con los ojos abiertos. Desde entonces nunca pude olvidar el color del agua que habÃa dentro de aquel frasco, ni el sonido que hacÃa cuando la bruja lo agitaba como si tuviera algo vivo adentro. Lo que nadie imaginaba esa madrugada era que el daño que se regresarÃa no se irÃa tan lejos como todos pensaban. Pasaron tres dÃas después del entierro de Rosa y el pueblo parecÃa detenido. Ni los niños jugaban en la calle ni los gallos cantaban a su hora.
6:47 En las madrugadas se escuchaban gritos de animales como si los corretearan y por las mañanas amanecÃan gallinas muertas con el cuello torcido. A veces, cuando salÃa al patio, veÃa que los pájaros no volaban, caÃan al suelo sin causa, con las alas abiertas. Nadie lo decÃa en voz alta, pero todos sabÃan que el daño seguÃa andando. Una tarde, Doña MarÃa llegó sin avisar. VenÃa descalza, con una cubeta de metal, tres velas negras, un puñado de sal gruesa y una gallina viva dentro de un costal. La amarró al pie de un árbol y me dijo que la ayudara a traer el frasco que habÃa dejado en la casa.
7:28 Lo tomé con cuidado, todavÃa tenÃa burbujas pegadas en las paredes del vidrio, aunque no hacÃa calor. Ella entró al cuarto donde velaron a Rosa, se persignó y empezó a trabajar. Derramó la sal en el suelo, formando un cÃrculo perfecto, rodeando el espacio donde estuvo el cuerpo. Luego colocó las velas en triángulo y las encendió con cerillos de madera. Sacó un huevo de gallina color crema, lo limpió con un trapo blanco y comenzó a pasarlo por el aire, sin tocar nada, mientras murmuraba rezos mezclados con palabras que no eran castellano. Alcancé a distinguir nombres, San Benito, Santa Marta, Luzbel, y entre ellos frases cortas que repetÃa tres veces. La gallina se inquietó, daba tirones en la cuerda y aleteaba fuerte.
8:22 Doña MarÃa la tomó con una mano, le sopló en el pico y siguió rezando. Luego, sin mostrar miedo, la pasó por el aire del cÃrculo y la dejó caer dentro. El animal chilló como si lo quemaran, entonces la bruja me miró y dijo, el daño no se perdió, anda suelto, no se fue con la muerta. Se sentó en el suelo y comenzó a revolver dentro de la cubeta, de ahà sacó un trapo húmedo con restos de tierra negra. Me explicó que el trabajo que habÃan encontrado en el lavadero traÃa polvo de panteón de niño y cera bendecida al revés. Dijo que eso se usa para amarrar el alma, que el cuerpo solo se enferma por fuera, pero lo que se pierde es el espÃritu. Le pregunté si eso se podÃa romper. Contestó que sÃ, pero que todo se paga.
9:14 Esa misma noche, las cosas empezaron a cambiar en mi casa. La vela del altar se apagaba sola aunque no hubiera viento. El perro, que dormÃa siempre en la puerta, empezó a gruñirle a la cocina. Lo llamé varias veces, pero no quiso entrar. El agua del frasco que la bruja habÃa dejado sobre la mesa hacÃa un ruido extraño, como si hirviera, pero al tocarlo estaba frÃo. Mi madre dijo que no mirara mucho tiempo eso, que habÃa cosas que se alimentan de la vista. A los dos dÃas, Doña MarÃa regresó. TraÃa una figura de cera blanca, pequeña, con una cruz de palma amarrada al pecho y una moneda pegada en la frente. Dijo que el camino se podÃa regresar, pero que habÃa que enterrarlo donde nadie pisara, ni sombra de animal ni paso de persona. Me pidió que la acompañara.
10:08 Caminamos detrás del panteón hasta donde el monte se abre y solo se oye el zumbido de los grillos. Ahà cavó con una cuchara grande de hierro. metió la figura echó sal y tres puñados de tierra de hormiguero me dijo que no dijera dónde quedaba eso ni siquiera a mi madre volvimos en silencio en el camino vi una nube de pájaros volando bajo como si se persiguieran uno cayó de golpe a unos metros sin una gota de sangre la bruja lo miró y murmuró ya lo sintió no entendà a qué se referÃa hasta después a los pocos dÃas una mujer forastera que se hospedaba en casa de unos parientes apareció enferma era la misma que semanas antes habÃa preguntado por los terrenos de rosa diciendo que querÃa comprar se decÃa que venÃa de durango y que traÃa dinero Ahora estaba igual que la muerta, con los ojos en blanco, sin poder hablar y con los dedos encogidos.
11:09 Su familia buscó al médico del ejido, pero no sirvió de nada. En el pueblo decÃan que el mal habÃa regresado al que lo pagó. la bruja no volvió a aparecer en esos dÃas y mi madre decÃa que asà debÃa ser porque cuando el daño se cumple el brujo se esconde yo trataba de seguir con lo mÃo pero las noches se sentÃan pesadas a veces escuchaba pasos afuera o el sonido de alguien escarbando junto al lavadero Una mañana salà temprano por leña y vi algo en la puerta. Era un paquete pequeño envuelto en tela negra. Lo tomé pensando que era basura, pero estaba amarrado con hilo rojo.
11:51 Lo abrà con cuidado y adentro habÃa tres cabellos trenzados. Eran gruesos, del mismo color que los de mi madre. Los reconocà porque ella siempre los peinaba igual. Cuando le mostré el paquete se puso pálida. lo tomó y lo echó directo al fogón sin decir una palabra el hilo rojo tardó en quemarse y el olor que salió era agrio como cuando se tuesta el cuero le pregunté qué significaba pero solo dijo que el mal habÃa dado otra vuelta y que ahora sabÃa dónde estaba buscando. Esa noche, el perro comenzó a ladrar hacia el patio, pero esta vez no ladraba con rabia, sino con miedo. Salà a ver, y en el suelo, junto a la puerta, el humo del fogón se movÃa en espiral, sin viento que lo empujara.
12:41 Desde adentro, mi madre rezaba en voz baja, repetÃa los mismos nombres que la bruja usaba. San Benito, Santa Marta, Luzbel... Esa fue la primera vez que entendà que las cosas no se quedan en el cuerpo, que lo que la bruja habÃa dicho era cierto, el daño se paga pero nunca se pierde. Y esa madrugada supe también que el camino que habÃamos ayudado a regresar no se detendrÃa ahÃ, porque aunque la mujer forastera estaba muriendo igual que Rosa, El paquete con los cabellos habÃa llegado a nuestra puerta, y eso querÃa decir que alguien más ya habÃa señalado el siguiente nombre. Después de encontrar el paquete con los cabellos, mi madre dejó de dormir. Pasaba las noches sentada junto al fogón, mirando las brasas hasta que amanecÃa. DecÃa que, si se dormÃa, el mal la iba a encontrar, que ya lo tenÃa cerca. Yo no entendÃa del todo, pero supe que tenÃa miedo de algo que no se veÃa.
13:43 Dos dÃas después, cuando la mujer forastera murió igual que Rosa, fui a buscar a Doña MarÃa. La encontré detrás de su casa, quemando hojas secas en una cazuela de barro. El humo olÃa a resina y grasa. Le enseñé el lugar donde habÃa estado el paquete y le pregunté si ella lo habÃa dejado. Me miró fijo, sin mover la cabeza. el mal siempre busca al último que lo tocó dijo le conté que mi madre desenterró la caja del lavadero que fue la que la abrió y la limpió entonces soltó la pala y me dijo que eso explicaba todo que no recordaba que mi madre la habÃa abierto y eso era muy malo porque cuando se rompe un trabajo de tierra el que mete las manos queda señalado le pedà que la ayudara que no querÃa verla asà como doña rosa ella encendió una vela blanca la puso dentro de un vaso con agua y me hizo sentar me dijo que mi madre habÃa absorbido parte del daño y que ya no bastaba con rezar debe pagar igual que el muerto murmuró luego se quedó callada viendo como la cera derretida caÃa al agua formando figuras Dijo que esa misma noche harÃamos lo necesario, pero que nadie debÃa enterarse.
15:03 Regresé a casa y le conté a mi madre. No se asustó, solo dijo que si era para acabar con todo, lo harÃa. Preparó una muda de ropa limpia, un rosario viejo y una vela de cebo. Antes de salir, apagó el altar del comedor y metió el frasco con carbón y cera en una bolsa de tela. Caminamos juntos hasta la casa de la bruja, sin hablar. doña marÃa ya tenÃa todo listo sobre la mesa habÃa tres velas colocadas al revés un tazón con agua de pozo y una hoja de papel de estraza donde escribió el nombre de mi madre con carbón el cuarto olÃa a humo a grasa derretida y a sangre seca En un rincón, una gallina estaba amarrada con un listón rojo. La bruja apagó la luz y solo quedaron las velas encendidas. Me pidió que sostuviera el frasco. Lo sentà tibio, aunque llevaba dÃas frÃo.
16:00 El lÃquido adentro se movÃa despacio, como si tuviera vida. Doña MarÃa empezó a rezar, pero no eran oraciones normales. Mezclaba rezos con palabras en latÃn, nombres de santos y frases cortas que repetÃa tres veces. entre ellas mencionó el nombre de rosa y el de la forastera diciendo que el camino debÃa cerrarse donde empezó luego tomó la gallina la pasó por encima del agua tres veces y la degolló sobre una lata el chillido del animal fue agudo como un quejido humano el olor del cebo mezclado con la sangre era tan fuerte que mareaba doña marÃa untó los dedos en la sangre y los pasó por la frente de mi madre dijo que con eso se pagaba lo que no se podÃa devolver mi madre se persignó y cuando la bruja terminó el rezo se desplomó en la silla Le corrÃa sangre por la nariz. Doña MarÃa no se inmutó, solo dijo, ya se cerró el camino.
17:02 Yo quise levantarla, pero me ordenó esperar. Encendió una última vela y la colocó dentro del frasco. El lÃquido burbujeó apenas tocó la cera. Después tapó el frasco con un trapo blanco y lo selló con cera derretida. Dijo que debÃa quedarse en la casa tres dÃas sin que nadie lo moviera. Si el agua amanecÃa tranquila, todo habrÃa terminado. Si seguÃa viva, alguien más debÃa apagar. Esa madrugada no dormÃ. Escuchaba el crujir del fuego y el goteo de la cera. Cuando empezó a amanecer, me acerqué al frasco. No burbujeaba, parecÃa tranquila, pero el agua ya no era negra. TenÃa un tono rojizo, como si hubieran mezclado sangre con ceniza.
17:49 La bruja llegó, lo miró y dijo que ya estaba. le puso una cinta alrededor y me dijo que lo guardara que ahà quedaba encerrado el resto del daño mi madre despertó al mediodÃa parecÃa débil como si hubiera pasado semanas enferma caminaba despacio y su voz se escuchaba baja los dÃas siguientes empezó a cambiar su cabello se llenó de canas en una semana la piel se le secó y se le hicieron manchas en las manos comÃa poco y dormÃa con la luz encendida A veces se quedaba mirando el fogón encendido, diciendo que sentÃa frÃo. Un mes después ya no podÃa levantarse. Los doctores del pueblo no hallaban nada, pues no tenÃa fiebre ni infección ni presión o algo. Simplemente se apagaba. una noche me pidió que trajera el frasco lo abrazó contra el pecho y me dijo que si algún dÃa lo abrÃa lo hiciera lejos de la casa al dÃa siguiente no despertó murió tranquila con la misma expresión que tenÃa rosa antes de morir pasaron los años doña marÃa siguió viviendo sola a veces la veÃa en el panteón dejando velas al revés en las tumbas siempre en silencio nadie se atrevÃa a preguntarle nada cuando mi madre cumplió diez años de muerta fui a limpiar su cuarto Entre sus cosas encontré una caja vieja de madera, amarrada con hilo azul. Dentro estaba el frasco.
19:22 La cera se habÃa endurecido, pero adentro flotaba un mechón de cabello. No era de ella, era mÃo. Me quedé un buen rato mirando el agua, que seguÃa rojiza. No olÃa mal, solo a tierra húmeda. En ese momento entendà que mi madre habÃa hecho un trato. que se ofreció para recibir el daño en mi lugar, y que por eso Doña MarÃa decÃa que el camino se habÃa cerrado. Esa tarde llevé el frasco al monte y lo enterré lejos, donde nadie pasa. Cuando tapé el hoyo, sentà que la tierra vibraba leve como si respirara, y no se lo conté a nadie. Ahora, cuando alguien en el pueblo habla de Doña MarÃa... Dicen que cobro caro por salvar a la gente, pero cada vez que escucho eso recuerdo a mi madre y el color del agua que guardo en secreto, porque al final doña MarÃa cobro caro, pero la que pago de verdad fue mi madre.
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