Nov. 2, 2025

La Bruja Que Cobró Con Un Alma - Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:05 Eran las tres y veinte cuando mi madre me despertó y me dijo que fuera con la bruja María, que era urgente. En el pueblo nadie fingía no conocerla. La mitad la odiaba y la otra mitad le debía algo. Unos decían que había salvado animales mordidos por víboras, otros que había curado niños con sombra, y también se contaba que un hombre que le robó una gallina amaneció sordo y con la lengua hinchada. mi madre no hablaba mucho de ella pero siempre que se escuchaban cosas raras en las casas decía su nombre en voz baja aquella noche la urgencia era rosa la vecina de enfrente mi madre entró corriendo a mi cuarto encendió la lámpara y me dijo que fuera por la bruja antes de que amaneciera.

0:56 Dijo que Rosa estaba mal, que se había torcido toda, con las manos cerradas como garras y los ojos volteados. No había médico cerca, y aunque teníamos teléfono, nadie se atrevía a llamar a una ambulancia, porque sabían que ese tipo de enfermedades no las curaba ningún doctor. Salí con una chamarra y una lámpara vieja. El aire de esa hora olía a tierra húmeda. Los perros ladraban en cadena como si alguien pasara por las calles vacías. En el camino los gallos todavía no cantaban y las luces de las casas estaban apagadas. La casa de la bruja quedaba en la orilla del pueblo, detrás del panteón. Era de adobe con techo de lámina y siempre tenía una vela encendida en la ventana como si fuera una señal. Cuando llegué ella ya estaba despierta, tenía el cabello recogido en un chongo gris y una cruz de madera colgada al revés sobre el pecho. No se sorprendió de verme, dijo mi nombre y me pidió que pasara. En la mesa había un plato con agua, una vela encendida al centro y un crucifijo invertido. Al lado un frasco con aceite y cabellos enredados, flotando como raíces negras. En el suelo, tres gallinas dormían dentro de una canasta. Me preguntó si Rosa seguía viva. Le dije que sí, pero que no hablaba.

2:21 Sin pedirme más explicación, tomó un frasco de vidrio y vertió dentro un poco de carbón molido y cera derretida. Luego lo tapó con un corcho y lo envolvió en una tela oscura. Dile a tu madre que no muevan a la enferma hasta que yo llegue, dijo sin levantar la vista. Cuando regresé, el patio de Rosa estaba lleno de gente, pero nadie hacía ruido. La bruja llegó un tiempo después. En el solar se sentía un frío que no era del aire. Doña María caminó directo hacia el lavadero y dijo que ahí había tierra removida, que si habían encontrado algo. Mi madre le dijo que agarró una pala y empezó a escarbar, como ella le había mandado decir conmigo. y que encontró una tela roja amarrada con hilo negro. La sacaron con cuidado. Era una caja pequeña de madera. Cuando la abrieron, adentro había un retrato de rosa, mechones de su cabello, tierra húmeda y una figura de cera, con alfileres clavados en el pecho y las rodillas. La bruja no dijo nada por unos segundos. Luego levantó la caja y la mostró a todos. Dijo que eso no lo había hecho cualquiera, que era un trabajo pagado y que venía de lejos, porque el hilo no era de los que se compraban ahí. Mi madre le preguntó si podía salvarla, pero ella le respondió que ya era tarde, pero que el daño se regresaría a quien lo pagó.

3:53 Rosa empezó a convulsionar, su respiración se cortaba, como si algo la apretara del cuello. La bruja colocó el frasco de carbón y cera sobre su pecho, lo movió en círculos y murmuró oraciones que no entendí. El olor que salió del frasco era pesado y muy fuerte. Después apagó la vela con los dedos y dijo que el mal ya estaba cobrado. Cuando el gallo cantó, Rosa se quedó inmóvil. Los ojos le quedaron abiertos, blancos, mirando hacia el techo. Nadie lloró en ese momento. Solo se escuchó como la bruja recogía sus cosas y le decía a mi madre que no tocara el cuerpo hasta que amaneciera bien. Luego guardó la caja dentro de una bolsa negra y se la llevó bajo el brazo. antes de irse volteó a verme y dijo que ese trabajo no había terminado que faltaba que el dinero hiciera el camino de regreso esa madrugada mientras todos salían del patio noté que la vela del plato seguía encendida El frasco con carbón que dejó sobre la mesa se movía solo, con burbujas que subían despacio, como si adentro respirara algo. Amaneció nublado y en el pueblo nadie habló de lo que pasó, pero al mediodía ya sabían todos que Rosa había muerto. Unos decían que le habían hecho un amarre con tierra del panteón. Otros juraban haber visto a una mujer desconocida que llegó al pueblo dos días antes preguntando por el terreno donde vivía

5:25 la enferma. Esa noche la bruja María regresó con mi madre. Llevaba la caja roja y el frasco. Dijo que el mal ya había tomado rumbo. que a quien pagó por ese entierro lo iba a alcanzar en tres días mi madre le preguntó si eso era seguro ella respondió que las cosas no fallan cuando se hacen bien como debe de ser pero dijo que vendría en los próximos días para asegurar que todo estaría bien y no afectaría a alguien del pueblo el cuerpo de Rosa fue enterrado sin velorio la familia no quiso abrir el ataúd y todos se fueron antes de que el sol bajara Solo la bruja se quedó un rato mirando hacia el cerro, donde según ella se había ido la sombra. Esa fue la primera vez que yo vi morir a alguien con los ojos abiertos. Desde entonces nunca pude olvidar el color del agua que había dentro de aquel frasco, ni el sonido que hacía cuando la bruja lo agitaba como si tuviera algo vivo adentro. Lo que nadie imaginaba esa madrugada era que el daño que se regresaría no se iría tan lejos como todos pensaban. Pasaron tres días después del entierro de Rosa y el pueblo parecía detenido. Ni los niños jugaban en la calle ni los gallos cantaban a su hora.

6:47 En las madrugadas se escuchaban gritos de animales como si los corretearan y por las mañanas amanecían gallinas muertas con el cuello torcido. A veces, cuando salía al patio, veía que los pájaros no volaban, caían al suelo sin causa, con las alas abiertas. Nadie lo decía en voz alta, pero todos sabían que el daño seguía andando. Una tarde, Doña María llegó sin avisar. Venía descalza, con una cubeta de metal, tres velas negras, un puñado de sal gruesa y una gallina viva dentro de un costal. La amarró al pie de un árbol y me dijo que la ayudara a traer el frasco que había dejado en la casa.

7:28 Lo tomé con cuidado, todavía tenía burbujas pegadas en las paredes del vidrio, aunque no hacía calor. Ella entró al cuarto donde velaron a Rosa, se persignó y empezó a trabajar. Derramó la sal en el suelo, formando un círculo perfecto, rodeando el espacio donde estuvo el cuerpo. Luego colocó las velas en triángulo y las encendió con cerillos de madera. Sacó un huevo de gallina color crema, lo limpió con un trapo blanco y comenzó a pasarlo por el aire, sin tocar nada, mientras murmuraba rezos mezclados con palabras que no eran castellano. Alcancé a distinguir nombres, San Benito, Santa Marta, Luzbel, y entre ellos frases cortas que repetía tres veces. La gallina se inquietó, daba tirones en la cuerda y aleteaba fuerte.

8:22 Doña María la tomó con una mano, le sopló en el pico y siguió rezando. Luego, sin mostrar miedo, la pasó por el aire del círculo y la dejó caer dentro. El animal chilló como si lo quemaran, entonces la bruja me miró y dijo, el daño no se perdió, anda suelto, no se fue con la muerta. Se sentó en el suelo y comenzó a revolver dentro de la cubeta, de ahí sacó un trapo húmedo con restos de tierra negra. Me explicó que el trabajo que habían encontrado en el lavadero traía polvo de panteón de niño y cera bendecida al revés. Dijo que eso se usa para amarrar el alma, que el cuerpo solo se enferma por fuera, pero lo que se pierde es el espíritu. Le pregunté si eso se podía romper. Contestó que sí, pero que todo se paga.

9:14 Esa misma noche, las cosas empezaron a cambiar en mi casa. La vela del altar se apagaba sola aunque no hubiera viento. El perro, que dormía siempre en la puerta, empezó a gruñirle a la cocina. Lo llamé varias veces, pero no quiso entrar. El agua del frasco que la bruja había dejado sobre la mesa hacía un ruido extraño, como si hirviera, pero al tocarlo estaba frío. Mi madre dijo que no mirara mucho tiempo eso, que había cosas que se alimentan de la vista. A los dos días, Doña María regresó. Traía una figura de cera blanca, pequeña, con una cruz de palma amarrada al pecho y una moneda pegada en la frente. Dijo que el camino se podía regresar, pero que había que enterrarlo donde nadie pisara, ni sombra de animal ni paso de persona. Me pidió que la acompañara.

10:08 Caminamos detrás del panteón hasta donde el monte se abre y solo se oye el zumbido de los grillos. Ahí cavó con una cuchara grande de hierro. metió la figura echó sal y tres puñados de tierra de hormiguero me dijo que no dijera dónde quedaba eso ni siquiera a mi madre volvimos en silencio en el camino vi una nube de pájaros volando bajo como si se persiguieran uno cayó de golpe a unos metros sin una gota de sangre la bruja lo miró y murmuró ya lo sintió no entendí a qué se refería hasta después a los pocos días una mujer forastera que se hospedaba en casa de unos parientes apareció enferma era la misma que semanas antes había preguntado por los terrenos de rosa diciendo que quería comprar se decía que venía de durango y que traía dinero Ahora estaba igual que la muerta, con los ojos en blanco, sin poder hablar y con los dedos encogidos.

11:09 Su familia buscó al médico del ejido, pero no sirvió de nada. En el pueblo decían que el mal había regresado al que lo pagó. la bruja no volvió a aparecer en esos días y mi madre decía que así debía ser porque cuando el daño se cumple el brujo se esconde yo trataba de seguir con lo mío pero las noches se sentían pesadas a veces escuchaba pasos afuera o el sonido de alguien escarbando junto al lavadero Una mañana salí temprano por leña y vi algo en la puerta. Era un paquete pequeño envuelto en tela negra. Lo tomé pensando que era basura, pero estaba amarrado con hilo rojo.

11:51 Lo abrí con cuidado y adentro había tres cabellos trenzados. Eran gruesos, del mismo color que los de mi madre. Los reconocí porque ella siempre los peinaba igual. Cuando le mostré el paquete se puso pálida. lo tomó y lo echó directo al fogón sin decir una palabra el hilo rojo tardó en quemarse y el olor que salió era agrio como cuando se tuesta el cuero le pregunté qué significaba pero solo dijo que el mal había dado otra vuelta y que ahora sabía dónde estaba buscando. Esa noche, el perro comenzó a ladrar hacia el patio, pero esta vez no ladraba con rabia, sino con miedo. Salí a ver, y en el suelo, junto a la puerta, el humo del fogón se movía en espiral, sin viento que lo empujara.

12:41 Desde adentro, mi madre rezaba en voz baja, repetía los mismos nombres que la bruja usaba. San Benito, Santa Marta, Luzbel... Esa fue la primera vez que entendí que las cosas no se quedan en el cuerpo, que lo que la bruja había dicho era cierto, el daño se paga pero nunca se pierde. Y esa madrugada supe también que el camino que habíamos ayudado a regresar no se detendría ahí, porque aunque la mujer forastera estaba muriendo igual que Rosa, El paquete con los cabellos había llegado a nuestra puerta, y eso quería decir que alguien más ya había señalado el siguiente nombre. Después de encontrar el paquete con los cabellos, mi madre dejó de dormir. Pasaba las noches sentada junto al fogón, mirando las brasas hasta que amanecía. Decía que, si se dormía, el mal la iba a encontrar, que ya lo tenía cerca. Yo no entendía del todo, pero supe que tenía miedo de algo que no se veía.

13:43 Dos días después, cuando la mujer forastera murió igual que Rosa, fui a buscar a Doña María. La encontré detrás de su casa, quemando hojas secas en una cazuela de barro. El humo olía a resina y grasa. Le enseñé el lugar donde había estado el paquete y le pregunté si ella lo había dejado. Me miró fijo, sin mover la cabeza. el mal siempre busca al último que lo tocó dijo le conté que mi madre desenterró la caja del lavadero que fue la que la abrió y la limpió entonces soltó la pala y me dijo que eso explicaba todo que no recordaba que mi madre la había abierto y eso era muy malo porque cuando se rompe un trabajo de tierra el que mete las manos queda señalado le pedí que la ayudara que no quería verla así como doña rosa ella encendió una vela blanca la puso dentro de un vaso con agua y me hizo sentar me dijo que mi madre había absorbido parte del daño y que ya no bastaba con rezar debe pagar igual que el muerto murmuró luego se quedó callada viendo como la cera derretida caía al agua formando figuras Dijo que esa misma noche haríamos lo necesario, pero que nadie debía enterarse.

15:03 Regresé a casa y le conté a mi madre. No se asustó, solo dijo que si era para acabar con todo, lo haría. Preparó una muda de ropa limpia, un rosario viejo y una vela de cebo. Antes de salir, apagó el altar del comedor y metió el frasco con carbón y cera en una bolsa de tela. Caminamos juntos hasta la casa de la bruja, sin hablar. doña maría ya tenía todo listo sobre la mesa había tres velas colocadas al revés un tazón con agua de pozo y una hoja de papel de estraza donde escribió el nombre de mi madre con carbón el cuarto olía a humo a grasa derretida y a sangre seca En un rincón, una gallina estaba amarrada con un listón rojo. La bruja apagó la luz y solo quedaron las velas encendidas. Me pidió que sostuviera el frasco. Lo sentí tibio, aunque llevaba días frío.

16:00 El líquido adentro se movía despacio, como si tuviera vida. Doña María empezó a rezar, pero no eran oraciones normales. Mezclaba rezos con palabras en latín, nombres de santos y frases cortas que repetía tres veces. entre ellas mencionó el nombre de rosa y el de la forastera diciendo que el camino debía cerrarse donde empezó luego tomó la gallina la pasó por encima del agua tres veces y la degolló sobre una lata el chillido del animal fue agudo como un quejido humano el olor del cebo mezclado con la sangre era tan fuerte que mareaba doña maría untó los dedos en la sangre y los pasó por la frente de mi madre dijo que con eso se pagaba lo que no se podía devolver mi madre se persignó y cuando la bruja terminó el rezo se desplomó en la silla Le corría sangre por la nariz. Doña María no se inmutó, solo dijo, ya se cerró el camino.

17:02 Yo quise levantarla, pero me ordenó esperar. Encendió una última vela y la colocó dentro del frasco. El líquido burbujeó apenas tocó la cera. Después tapó el frasco con un trapo blanco y lo selló con cera derretida. Dijo que debía quedarse en la casa tres días sin que nadie lo moviera. Si el agua amanecía tranquila, todo habría terminado. Si seguía viva, alguien más debía apagar. Esa madrugada no dormí. Escuchaba el crujir del fuego y el goteo de la cera. Cuando empezó a amanecer, me acerqué al frasco. No burbujeaba, parecía tranquila, pero el agua ya no era negra. Tenía un tono rojizo, como si hubieran mezclado sangre con ceniza.

17:49 La bruja llegó, lo miró y dijo que ya estaba. le puso una cinta alrededor y me dijo que lo guardara que ahí quedaba encerrado el resto del daño mi madre despertó al mediodía parecía débil como si hubiera pasado semanas enferma caminaba despacio y su voz se escuchaba baja los días siguientes empezó a cambiar su cabello se llenó de canas en una semana la piel se le secó y se le hicieron manchas en las manos comía poco y dormía con la luz encendida A veces se quedaba mirando el fogón encendido, diciendo que sentía frío. Un mes después ya no podía levantarse. Los doctores del pueblo no hallaban nada, pues no tenía fiebre ni infección ni presión o algo. Simplemente se apagaba. una noche me pidió que trajera el frasco lo abrazó contra el pecho y me dijo que si algún día lo abría lo hiciera lejos de la casa al día siguiente no despertó murió tranquila con la misma expresión que tenía rosa antes de morir pasaron los años doña maría siguió viviendo sola a veces la veía en el panteón dejando velas al revés en las tumbas siempre en silencio nadie se atrevía a preguntarle nada cuando mi madre cumplió diez años de muerta fui a limpiar su cuarto Entre sus cosas encontré una caja vieja de madera, amarrada con hilo azul. Dentro estaba el frasco.

19:22 La cera se había endurecido, pero adentro flotaba un mechón de cabello. No era de ella, era mío. Me quedé un buen rato mirando el agua, que seguía rojiza. No olía mal, solo a tierra húmeda. En ese momento entendí que mi madre había hecho un trato. que se ofreció para recibir el daño en mi lugar, y que por eso Doña María decía que el camino se había cerrado. Esa tarde llevé el frasco al monte y lo enterré lejos, donde nadie pasa. Cuando tapé el hoyo, sentí que la tierra vibraba leve como si respirara, y no se lo conté a nadie. Ahora, cuando alguien en el pueblo habla de Doña María... Dicen que cobro caro por salvar a la gente, pero cada vez que escucho eso recuerdo a mi madre y el color del agua que guardo en secreto, porque al final doña María cobro caro, pero la que pago de verdad fue mi madre.