Aug. 17, 2025

ENTIDAD En La Madrugada Historias De Terror - REDE

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REDE (Relatos Desclasificados)
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0:02 Regresaba tarde del trabajo como de costumbre. Siempre he sido de los últimos en salir de la oficina porque me toca cerrar las cuentas del día. Vivo a unas cuadras y suelo caminar en lugar de tomar el coche porque a esas horas no hay tráfico y el trayecto es corto. La primera vez que la vi pensé que era normal encontrar a alguien esperando transporte, aunque no es común a esas horas. Estaba sentada en la banqueta frente a mi casa, justo donde comienza la acera que separa la calle de la entrada del jardín. No levantaba la cabeza, parecía mirar al piso, con el cabello largo cayéndole hacia adelante. Me llamó la atención, pero preferí entrar sin darle importancia. Cerré la puerta y seguí mi rutina como siempre. A la noche siguiente, cuando regresé, estaba en el mismo sitio. No cambió ni un centímetro de posición. Tenía las manos sobre las rodillas y la cabeza igual de inclinada hacia abajo.

1:03 No se movió cuando pasé frente a ella ni cuando abrí el portón. Pensé que quizá era alguien que vivía cerca y que había tomado costumbre de descansar en esa esquina. Dentro de la casa me quedó la duda, pero al ser ya pasada la medianoche, preferí no salir a preguntar nada. Al tercer día empecé a sentir inquietud. Venía de la oficina, cansado, con el portafolio en la mano. Y allí estaba otra vez, la misma postura, el mismo sitio, como si nunca se hubiera ido. Esa repetición comenzó a molestarme. Se me vino a la mente que podía ser una persona con problemas o incluso alguien con malas intenciones que vigilaba las casas.

1:45 Me quedé un momento mirándola desde el otro lado de la calle. esperando que levantara la cabeza o que diera una señal de estar consciente de mi presencia, pero no hubo reacción. Caminé rápido, abrí la puerta y entré, esta vez cerrando con seguro. Pasé la noche intranquilo. Cada ruido que escuchaba afuera me hacía pensar que estaba aún en la banqueta. En la mañana miré por la ventana y ya no había nadie, como si solo apareciera en ese horario. Durante el día la calle seguía vacía y tranquila. El viernes llegué más tarde que de costumbre, casi a la una de la madrugada. Ahí estaba otra vez, idéntica, ni un cambio en su postura. El estómago se me apretó de inmediato. Sentí que no podía seguir entrando como si nada.

2:35 Me armé de valor y decidí hablarle. Crucé despacio y me detuve frente a ella. Le dije que si necesitaba ayuda, que si esperaba a alguien. No respondió. Me incliné un poco, tratando de verle el rostro. El cabello le cubría toda la cara, lacio y descuidado como si llevara días sin peinarlo. Le pregunté de nuevo, más fuerte, si se encontraba bien. Fue entonces cuando la vi. El cabello se movió apenas con el viento y me di cuenta de que no había facciones, donde debía haber ojos, nariz y boca. Solo había piel lisa, estirada y sin detalles. Me quedé helado, el aire se me atoró en la garganta y retrocedí de inmediato. Ella no hizo nada, no se movió, no reaccionó a mi sobresalto. Simplemente siguió sentada con la cabeza baja, como si no hubiera ocurrido nada. Corrí hacia la puerta, entré y cerré con cerrojo. Estuve un buen rato pegado a la ventana, espiando hacia afuera, esperando que desapareciera. No se movió en toda la noche, la observé hasta que el cansancio me venció. Cuando amaneció, salí a comprobar y la banqueta estaba vacía otra vez, sin rastro de que alguien hubiera estado ahí. Ese fin de semana no tuve que salir tan tarde, pero aún así me quedé pensando en lo que había visto. Intenté convencerme de que había sido una confusión por la oscuridad, que tal vez era

4:06 alguien real y mi vista me jugó una mala pasada. Pero la claridad de la imagen no se me borraba de la mente. Esa piel lisa, sin rasgos, era algo que no podía inventar. El lunes, cuando regresé, tenía miedo antes de doblar la esquina. Caminaba más lento, escuchando mis propios pasos en la calle desierta. Al girar la vista hacia mi casa, ahí estaba de nuevo, sentada exactamente igual. El corazón me empezó a golpear con fuerza. crucé la acera sin mirarla directamente sólo con el rabillo del ojo quise entrar lo más rápido posible pero las llaves me temblaban en la mano tardé varios segundos en atinarle al cerrojo esa noche no pude dormir cada vez que cerraba los ojos me venía la imagen de la cara sin facciones encendí la televisión para distraerme pero no funcionó caminé de un lado a otro dentro de la sala escuchando de vez en cuando ruidos en la calle Me asomaba y la veía ahí, inmóvil, como si nunca se fuera.

5:12 Pensé en llamar a la policía, pero¿ qué podía decirles? Que había una mujer sentada en la banqueta que no se movía y que parecía rara. No tenía pruebas ni podía explicarles lo que había visto en su cara sin que sonara a delirio. Seguramente vendrían, verían a alguien y me dirían que no había problema. O peor aún, no encontraría nada y quedaría como alguien que pierde la razón. Al día siguiente traté de regresar más temprano. Salí de la oficina antes de lo normal y caminé rápido hacia la casa. Por un momento me sentí aliviado al ver la banqueta vacía. Pensé que tal vez todo había terminado.

5:53 Pero a medianoche, cuando fui a asomarme por la ventana para comprobarlo, ahí estaba otra vez. Ya no importaba a qué hora llegara, siempre aparecía cuando caía la noche. Ese patrón se repitió varias veces. Día tras día, la mujer estaba en el mismo sitio, con el mismo cabello cubriéndole el rostro. Nunca habló, nunca se movió frente a mí, pero tampoco desaparecía mientras yo estuviera despierto vigilándola. Su constancia empezó a afectarme. El estómago se me revolvía de solo pensar en regresar a casa. Comía poco y dormía menos. Mi cuerpo comenzó a resentirlo, pero no podía dejar de fijarme si estaba ahí. Una madrugada escuché un ruido distinto, como si las uñas rasparan el concreto de la banqueta.

6:44 me asomé despacio y la vi moviendo los dedos contra el suelo con movimientos lentos que dejaban líneas blancas en el cemento esa fue la primera vez que la vi realizar una acción distinta a estar quieta el corazón me latía tan fuerte que pensé que me iba a desmayar Me aparté de la ventana, apagué la luz y me escondí en la recámara, con la puerta cerrada. A la mañana siguiente, revisé la acera. Estaban las marcas en el concreto, rayas largas y paralelas como hechas con uñas humanas. Las toqué para asegurarme y sentí el surco en la superficie. ya no podía negarlo estaba dejando rastros reales con el paso de los días esas marcas aumentaron cada noche aparecían nuevas extendiéndose por la banqueta como si dibujara algo que no alcanzaba a completarse eso me generó todavía más pánico porque significaba que no era sólo una presencia pasiva parecía estar marcando su espacio dejando algo inscrito frente a mi casa Comencé a considerar mudarme, dejar la vivienda, pero no tenía dónde ir de inmediato. La renta ya estaba pagada y tampoco quería explicar lo que pasaba a mis familiares o amigos. Temía que pensaran que estaba inventando cosas. Así que aguanté, noche tras noche, acumulando miedo y agotamiento. Lo peor vino la vez que escuché un golpe en la puerta.

8:11 No fue viento ni un ruido normal, fue un golpe fuerte, directo contra la madera. Me levanté de la cama con las piernas temblorosas y me acerqué en silencio. Miré por la rendija y estaba ella, de pie, frente a la entrada, con la cabeza inclinada como siempre. Cuando la vi frente a la puerta, de pie, me quedé sin aire. Ya no era solo la mujer sentada en la banqueta. Ahora estaba invadiendo mi espacio. No levantaba la cabeza, pero sus manos estaban colgando a los lados y los dedos parecían tensos, curvados como garras. Sentí que cualquier movimiento mío podía provocarla. Retrocedí despacio y cerré todas las luces. Me encerré en la recámara. Puse el mueble contra la puerta y me quedé en la oscuridad esperando. Durante horas no escuché nada más.

9:02 Ni golpes, ni rasguños, ni pasos. Me atreví a asomarme cuando ya amanecía y no había nadie en la calle. La banqueta estaba limpia, la puerta intacta. Parecía que lo había soñado, pero sabía bien lo que vi. El resto del día lo pasé inquieto. Tenía el cuerpo tenso, apenas comía algo y no podía dejar de pensar en la noche que venía. No podía llamar a nadie porque no tenía cómo explicar lo que estaba ocurriendo. Inventar una excusa para que un familiar viniera a dormir era inútil, además de que me daría vergüenza. Pensé en un hotel, pero sentía que huir no serviría. Tenía la impresión de que me encontraría en cualquier lugar. como si estuviera atada a mí más que a la casa. Esa noche regresé temprano, pero no importó. Cuando oscureció y me asomé a la ventana, ahí estaba otra vez, sentada en la banqueta. El estómago se me apretó con tanta fuerza que casi vomito. No pude quitar la vista de ella en toda la madrugada.

10:04 A cada rato sentía que iba a levantarse. El martes todo empeoró. Escuché golpes en las ventanas. Caminaba por la casa, pegando la espalda a las paredes, siguiendo el sonido que se movía de un lado a otro. Nunca vi que las ventanas se quebraran, solo eran golpes secos, como si alguien presionara con fuerza los nudillos desde afuera. La vi al otro lado del cristal de la sala, quieta, con la cabeza inclinada. No la escuché moverse, simplemente aparecía en cada sitio. Corrí hacia la recámara y cerré con llave, me tapé los oídos, pero aún así los golpes retumbaban en mi cabeza. A la mañana siguiente las ventanas no tenían marcas. Ningún vecino pareció haber escuchado nada. Sentí que estaba perdiendo la razón, pero las noches no me dejaban descansar.

10:55 El miércoles decidí enfrentarla. Pasé el día pensando cómo hacerlo. No quería quedarme esperando otra vez, consumiéndome en el miedo. Preparé una lámpara grande de mano y la dejé cargada. También agarré un cuchillo de cocina, aunque sabía que era inútil, pero necesitaba sentir que tenía algo con que defenderme. Cuando dieron las once, me asomé. Estaba en el mismo lugar de siempre, en la banqueta. Respiré hondo, abrí la puerta y salí con la lámpara encendida. Caminé hacia ella con el cuchillo en la otra mano. el corazón me golpeaba tan fuerte que escuchaba los latidos en mis oídos le grité que me dejara en paz que no tenía nada que hacer ahí la lámpara le dio de lleno en la cara y lo confirmé no tenía facciones solo piel estirada pero entonces hizo un movimiento lentamente levantó la cabeza como si me escuchara por primera vez el cabello se fue hacia atrás y vi bien la extensión de ese rostro liso sin ojos sin boca como si alguien hubiera borrado todo con una mano retrocedí con la lámpara temblando en mi mano ella también se puso de pie se levantó de la banqueta con un movimiento rígido sin apoyarse en nada los brazos le colgaban y los dedos se abrían y cerraban como si se preparara para sujetar algo Sentí que debía entrar de nuevo, pero el cuerpo no me respondía. Caminé hacia atrás con pasos torpes sin dejar

12:27 de apuntarle con la luz. Ella comenzó a avanzar. No corría ni hacía ruidos. Simplemente caminaba despacio. Pero cada paso suyo me hacía retroceder más rápido. La distancia se acortaba aunque intentara mantenerme lejos. Llegué hasta la puerta y casi tiro las llaves. Apenas logré meterlas en la cerradura. Cerré de golpe y escuché como del otro lado los golpes empezaron. Ya no eran suaves ni dispersos. Eran golpes fuertes contra la madera, como si quisiera tirarla. Me apoyé contra la puerta mientras temblaba de pies a cabeza. La golpiza duró toda la noche. En momentos parecía que la madera se astillaba.

13:09 En otros parecía que se movía el marco completo, pero la puerta resistió. Cuando salió el sol ya no se escuchaba nada. El jueves amanecí pálido, con los ojos hundidos. Apenas pude arrastrarme a la oficina y cuando intenté trabajar, mis manos temblaban tanto que no podía sostener el bolígrafo. Nadie preguntó nada porque evité hablar con mis compañeros. En cuanto dieron las seis, salí antes de que oscureciera. Ya no podía seguir así. Empecé a buscar otro lugar para mudarme. Revisé anuncios de renta en el teléfono, aunque no sabía cómo justificar a mi casero que abandonaría la casa de golpe. Mi única idea era sacar mis cosas lo antes posible.

13:52 Esa noche empaqué lo esencial. Tenía dos maletas listas en la sala, con ropa, documentos y algo de dinero. Me juré que al amanecer saldría de ahí. No importaba perder dinero o quedar mal con el dueño. No podía seguir viviendo con esa cosa siguiéndome cada noche. A medianoche escuché los pasos dentro de la casa, ya no afuera, ya no en la puerta. Los pasos venían del pasillo, lentos, arrastrados, como si alguien caminara con dificultad. agarré la lámpara y el cuchillo pero apenas podía respirar la puerta de mi recámara empezó a vibrar con golpecitos suaves repetidos como si tanteara la entrada me quedé pegado contra la pared paralizado hasta que de pronto la manija comenzó a girar sola di un salto y empujé el mueble contra la puerta pero la manija seguía moviéndose la madera crujía parecía que en cualquier momento iba a ceder El miedo me hizo correr hacia la ventana. Abrí de golpe y salté al jardín trasero. Caí mal, el tobillo me dolió al instante, pero me levanté cojeando y salí a la calle sin mirar atrás. Me fui directo a la avenida con las maletas abandonadas en la sala. Me quedé en un hotel esa noche, no dormí nada, solo estuve sentado en la cama con las luces prendidas, esperando a que amaneciera. Sentía que en cualquier momento iba a aparecer frente a mí, en la habitación, en el pasillo o sentada fuera de

15:24 la ventana. Al día siguiente regresé con un taxi y pedí ayuda al conductor para sacar mis cosas rápido. Le pagué extra por entrar conmigo. cuando abrimos la puerta todo estaba como lo dejé excepto que en la sala frente a las maletas había rayas en el piso hechas con uñas formando un círculo incompleto el chofer me preguntó qué era eso pero le dije que no sabía cargamos lo que pudimos y nos fuimos sin cerrar la puerta nunca más regresé a esa casa