ENTIDAD En La Madrugada Historias De Terror - REDE
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0:02 Regresaba tarde del trabajo como de costumbre. Siempre he sido de los últimos en salir de la oficina porque me toca cerrar las cuentas del dÃa. Vivo a unas cuadras y suelo caminar en lugar de tomar el coche porque a esas horas no hay tráfico y el trayecto es corto. La primera vez que la vi pensé que era normal encontrar a alguien esperando transporte, aunque no es común a esas horas. Estaba sentada en la banqueta frente a mi casa, justo donde comienza la acera que separa la calle de la entrada del jardÃn. No levantaba la cabeza, parecÃa mirar al piso, con el cabello largo cayéndole hacia adelante. Me llamó la atención, pero preferà entrar sin darle importancia. Cerré la puerta y seguà mi rutina como siempre. A la noche siguiente, cuando regresé, estaba en el mismo sitio. No cambió ni un centÃmetro de posición. TenÃa las manos sobre las rodillas y la cabeza igual de inclinada hacia abajo.
1:03 No se movió cuando pasé frente a ella ni cuando abrà el portón. Pensé que quizá era alguien que vivÃa cerca y que habÃa tomado costumbre de descansar en esa esquina. Dentro de la casa me quedó la duda, pero al ser ya pasada la medianoche, preferà no salir a preguntar nada. Al tercer dÃa empecé a sentir inquietud. VenÃa de la oficina, cansado, con el portafolio en la mano. Y allà estaba otra vez, la misma postura, el mismo sitio, como si nunca se hubiera ido. Esa repetición comenzó a molestarme. Se me vino a la mente que podÃa ser una persona con problemas o incluso alguien con malas intenciones que vigilaba las casas.
1:45 Me quedé un momento mirándola desde el otro lado de la calle. esperando que levantara la cabeza o que diera una señal de estar consciente de mi presencia, pero no hubo reacción. Caminé rápido, abrà la puerta y entré, esta vez cerrando con seguro. Pasé la noche intranquilo. Cada ruido que escuchaba afuera me hacÃa pensar que estaba aún en la banqueta. En la mañana miré por la ventana y ya no habÃa nadie, como si solo apareciera en ese horario. Durante el dÃa la calle seguÃa vacÃa y tranquila. El viernes llegué más tarde que de costumbre, casi a la una de la madrugada. Ahà estaba otra vez, idéntica, ni un cambio en su postura. El estómago se me apretó de inmediato. Sentà que no podÃa seguir entrando como si nada.
2:35 Me armé de valor y decidà hablarle. Crucé despacio y me detuve frente a ella. Le dije que si necesitaba ayuda, que si esperaba a alguien. No respondió. Me incliné un poco, tratando de verle el rostro. El cabello le cubrÃa toda la cara, lacio y descuidado como si llevara dÃas sin peinarlo. Le pregunté de nuevo, más fuerte, si se encontraba bien. Fue entonces cuando la vi. El cabello se movió apenas con el viento y me di cuenta de que no habÃa facciones, donde debÃa haber ojos, nariz y boca. Solo habÃa piel lisa, estirada y sin detalles. Me quedé helado, el aire se me atoró en la garganta y retrocedà de inmediato. Ella no hizo nada, no se movió, no reaccionó a mi sobresalto. Simplemente siguió sentada con la cabeza baja, como si no hubiera ocurrido nada. Corrà hacia la puerta, entré y cerré con cerrojo. Estuve un buen rato pegado a la ventana, espiando hacia afuera, esperando que desapareciera. No se movió en toda la noche, la observé hasta que el cansancio me venció. Cuando amaneció, salà a comprobar y la banqueta estaba vacÃa otra vez, sin rastro de que alguien hubiera estado ahÃ. Ese fin de semana no tuve que salir tan tarde, pero aún asà me quedé pensando en lo que habÃa visto. Intenté convencerme de que habÃa sido una confusión por la oscuridad, que tal vez era
4:06 alguien real y mi vista me jugó una mala pasada. Pero la claridad de la imagen no se me borraba de la mente. Esa piel lisa, sin rasgos, era algo que no podÃa inventar. El lunes, cuando regresé, tenÃa miedo antes de doblar la esquina. Caminaba más lento, escuchando mis propios pasos en la calle desierta. Al girar la vista hacia mi casa, ahà estaba de nuevo, sentada exactamente igual. El corazón me empezó a golpear con fuerza. crucé la acera sin mirarla directamente sólo con el rabillo del ojo quise entrar lo más rápido posible pero las llaves me temblaban en la mano tardé varios segundos en atinarle al cerrojo esa noche no pude dormir cada vez que cerraba los ojos me venÃa la imagen de la cara sin facciones encendà la televisión para distraerme pero no funcionó caminé de un lado a otro dentro de la sala escuchando de vez en cuando ruidos en la calle Me asomaba y la veÃa ahÃ, inmóvil, como si nunca se fuera.
5:12 Pensé en llamar a la policÃa, pero¿ qué podÃa decirles? Que habÃa una mujer sentada en la banqueta que no se movÃa y que parecÃa rara. No tenÃa pruebas ni podÃa explicarles lo que habÃa visto en su cara sin que sonara a delirio. Seguramente vendrÃan, verÃan a alguien y me dirÃan que no habÃa problema. O peor aún, no encontrarÃa nada y quedarÃa como alguien que pierde la razón. Al dÃa siguiente traté de regresar más temprano. Salà de la oficina antes de lo normal y caminé rápido hacia la casa. Por un momento me sentà aliviado al ver la banqueta vacÃa. Pensé que tal vez todo habÃa terminado.
5:53 Pero a medianoche, cuando fui a asomarme por la ventana para comprobarlo, ahà estaba otra vez. Ya no importaba a qué hora llegara, siempre aparecÃa cuando caÃa la noche. Ese patrón se repitió varias veces. DÃa tras dÃa, la mujer estaba en el mismo sitio, con el mismo cabello cubriéndole el rostro. Nunca habló, nunca se movió frente a mÃ, pero tampoco desaparecÃa mientras yo estuviera despierto vigilándola. Su constancia empezó a afectarme. El estómago se me revolvÃa de solo pensar en regresar a casa. ComÃa poco y dormÃa menos. Mi cuerpo comenzó a resentirlo, pero no podÃa dejar de fijarme si estaba ahÃ. Una madrugada escuché un ruido distinto, como si las uñas rasparan el concreto de la banqueta.
6:44 me asomé despacio y la vi moviendo los dedos contra el suelo con movimientos lentos que dejaban lÃneas blancas en el cemento esa fue la primera vez que la vi realizar una acción distinta a estar quieta el corazón me latÃa tan fuerte que pensé que me iba a desmayar Me aparté de la ventana, apagué la luz y me escondà en la recámara, con la puerta cerrada. A la mañana siguiente, revisé la acera. Estaban las marcas en el concreto, rayas largas y paralelas como hechas con uñas humanas. Las toqué para asegurarme y sentà el surco en la superficie. ya no podÃa negarlo estaba dejando rastros reales con el paso de los dÃas esas marcas aumentaron cada noche aparecÃan nuevas extendiéndose por la banqueta como si dibujara algo que no alcanzaba a completarse eso me generó todavÃa más pánico porque significaba que no era sólo una presencia pasiva parecÃa estar marcando su espacio dejando algo inscrito frente a mi casa Comencé a considerar mudarme, dejar la vivienda, pero no tenÃa dónde ir de inmediato. La renta ya estaba pagada y tampoco querÃa explicar lo que pasaba a mis familiares o amigos. TemÃa que pensaran que estaba inventando cosas. Asà que aguanté, noche tras noche, acumulando miedo y agotamiento. Lo peor vino la vez que escuché un golpe en la puerta.
8:11 No fue viento ni un ruido normal, fue un golpe fuerte, directo contra la madera. Me levanté de la cama con las piernas temblorosas y me acerqué en silencio. Miré por la rendija y estaba ella, de pie, frente a la entrada, con la cabeza inclinada como siempre. Cuando la vi frente a la puerta, de pie, me quedé sin aire. Ya no era solo la mujer sentada en la banqueta. Ahora estaba invadiendo mi espacio. No levantaba la cabeza, pero sus manos estaban colgando a los lados y los dedos parecÃan tensos, curvados como garras. Sentà que cualquier movimiento mÃo podÃa provocarla. Retrocedà despacio y cerré todas las luces. Me encerré en la recámara. Puse el mueble contra la puerta y me quedé en la oscuridad esperando. Durante horas no escuché nada más.
9:02 Ni golpes, ni rasguños, ni pasos. Me atrevà a asomarme cuando ya amanecÃa y no habÃa nadie en la calle. La banqueta estaba limpia, la puerta intacta. ParecÃa que lo habÃa soñado, pero sabÃa bien lo que vi. El resto del dÃa lo pasé inquieto. TenÃa el cuerpo tenso, apenas comÃa algo y no podÃa dejar de pensar en la noche que venÃa. No podÃa llamar a nadie porque no tenÃa cómo explicar lo que estaba ocurriendo. Inventar una excusa para que un familiar viniera a dormir era inútil, además de que me darÃa vergüenza. Pensé en un hotel, pero sentÃa que huir no servirÃa. TenÃa la impresión de que me encontrarÃa en cualquier lugar. como si estuviera atada a mà más que a la casa. Esa noche regresé temprano, pero no importó. Cuando oscureció y me asomé a la ventana, ahà estaba otra vez, sentada en la banqueta. El estómago se me apretó con tanta fuerza que casi vomito. No pude quitar la vista de ella en toda la madrugada.
10:04 A cada rato sentÃa que iba a levantarse. El martes todo empeoró. Escuché golpes en las ventanas. Caminaba por la casa, pegando la espalda a las paredes, siguiendo el sonido que se movÃa de un lado a otro. Nunca vi que las ventanas se quebraran, solo eran golpes secos, como si alguien presionara con fuerza los nudillos desde afuera. La vi al otro lado del cristal de la sala, quieta, con la cabeza inclinada. No la escuché moverse, simplemente aparecÃa en cada sitio. Corrà hacia la recámara y cerré con llave, me tapé los oÃdos, pero aún asà los golpes retumbaban en mi cabeza. A la mañana siguiente las ventanas no tenÃan marcas. Ningún vecino pareció haber escuchado nada. Sentà que estaba perdiendo la razón, pero las noches no me dejaban descansar.
10:55 El miércoles decidà enfrentarla. Pasé el dÃa pensando cómo hacerlo. No querÃa quedarme esperando otra vez, consumiéndome en el miedo. Preparé una lámpara grande de mano y la dejé cargada. También agarré un cuchillo de cocina, aunque sabÃa que era inútil, pero necesitaba sentir que tenÃa algo con que defenderme. Cuando dieron las once, me asomé. Estaba en el mismo lugar de siempre, en la banqueta. Respiré hondo, abrà la puerta y salà con la lámpara encendida. Caminé hacia ella con el cuchillo en la otra mano. el corazón me golpeaba tan fuerte que escuchaba los latidos en mis oÃdos le grité que me dejara en paz que no tenÃa nada que hacer ahà la lámpara le dio de lleno en la cara y lo confirmé no tenÃa facciones solo piel estirada pero entonces hizo un movimiento lentamente levantó la cabeza como si me escuchara por primera vez el cabello se fue hacia atrás y vi bien la extensión de ese rostro liso sin ojos sin boca como si alguien hubiera borrado todo con una mano retrocedà con la lámpara temblando en mi mano ella también se puso de pie se levantó de la banqueta con un movimiento rÃgido sin apoyarse en nada los brazos le colgaban y los dedos se abrÃan y cerraban como si se preparara para sujetar algo Sentà que debÃa entrar de nuevo, pero el cuerpo no me respondÃa. Caminé hacia atrás con pasos torpes sin dejar
12:27 de apuntarle con la luz. Ella comenzó a avanzar. No corrÃa ni hacÃa ruidos. Simplemente caminaba despacio. Pero cada paso suyo me hacÃa retroceder más rápido. La distancia se acortaba aunque intentara mantenerme lejos. Llegué hasta la puerta y casi tiro las llaves. Apenas logré meterlas en la cerradura. Cerré de golpe y escuché como del otro lado los golpes empezaron. Ya no eran suaves ni dispersos. Eran golpes fuertes contra la madera, como si quisiera tirarla. Me apoyé contra la puerta mientras temblaba de pies a cabeza. La golpiza duró toda la noche. En momentos parecÃa que la madera se astillaba.
13:09 En otros parecÃa que se movÃa el marco completo, pero la puerta resistió. Cuando salió el sol ya no se escuchaba nada. El jueves amanecà pálido, con los ojos hundidos. Apenas pude arrastrarme a la oficina y cuando intenté trabajar, mis manos temblaban tanto que no podÃa sostener el bolÃgrafo. Nadie preguntó nada porque evité hablar con mis compañeros. En cuanto dieron las seis, salà antes de que oscureciera. Ya no podÃa seguir asÃ. Empecé a buscar otro lugar para mudarme. Revisé anuncios de renta en el teléfono, aunque no sabÃa cómo justificar a mi casero que abandonarÃa la casa de golpe. Mi única idea era sacar mis cosas lo antes posible.
13:52 Esa noche empaqué lo esencial. TenÃa dos maletas listas en la sala, con ropa, documentos y algo de dinero. Me juré que al amanecer saldrÃa de ahÃ. No importaba perder dinero o quedar mal con el dueño. No podÃa seguir viviendo con esa cosa siguiéndome cada noche. A medianoche escuché los pasos dentro de la casa, ya no afuera, ya no en la puerta. Los pasos venÃan del pasillo, lentos, arrastrados, como si alguien caminara con dificultad. agarré la lámpara y el cuchillo pero apenas podÃa respirar la puerta de mi recámara empezó a vibrar con golpecitos suaves repetidos como si tanteara la entrada me quedé pegado contra la pared paralizado hasta que de pronto la manija comenzó a girar sola di un salto y empujé el mueble contra la puerta pero la manija seguÃa moviéndose la madera crujÃa parecÃa que en cualquier momento iba a ceder El miedo me hizo correr hacia la ventana. Abrà de golpe y salté al jardÃn trasero. Caà mal, el tobillo me dolió al instante, pero me levanté cojeando y salà a la calle sin mirar atrás. Me fui directo a la avenida con las maletas abandonadas en la sala. Me quedé en un hotel esa noche, no dormà nada, solo estuve sentado en la cama con las luces prendidas, esperando a que amaneciera. SentÃa que en cualquier momento iba a aparecer frente a mÃ, en la habitación, en el pasillo o sentada fuera de
15:24 la ventana. Al dÃa siguiente regresé con un taxi y pedà ayuda al conductor para sacar mis cosas rápido. Le pagué extra por entrar conmigo. cuando abrimos la puerta todo estaba como lo dejé excepto que en la sala frente a las maletas habÃa rayas en el piso hechas con uñas formando un cÃrculo incompleto el chofer me preguntó qué era eso pero le dije que no sabÃa cargamos lo que pudimos y nos fuimos sin cerrar la puerta nunca más regresé a esa casa
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