El Ritual Bajo La Luz Del Foco Rojo - Historias De Terror - REDE
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0:00 Esta historia comienza cuando yo solo tenÃa 18 años, casi acababa de cumplirlos, y habÃa estado planeando una excursión a un bosque junto con mis amigos, quienes a último momento todos terminaron cancelando. Me sentà un poco decepcionado. HabÃa estado planeando esa excursión durante meses. Esa fue la principal razón por la que, a pesar de todo, no quise cancelarla. Pensé que podrÃa ser un viaje interesante para mÃ, aunque tuviera que hacerlo solo. Fue asà como el dÃa marcado me fui. HabÃa un sitio destinado para que las personas acamparan o exploraran un poco bajo un sendero marcado. Pero ese no era mi plan. Yo querÃa adentrarme un poco más. Yo solÃa hacer ese tipo de cosas bastante seguido. Nunca habÃa pasado nada más allá de que alguien me dijera que no podÃa cruzar por propiedad privada o algo asÃ. Por lo cual me sentÃa muy confiado, como siempre. Ese dÃa salà del sendero apenas pude y comencé a andar por el bosque. Nada fue diferente a otras ocasiones, aunque aquel lugar sà era algo más relajante de lo usual. Incluso estaba pensando en buscar un buen sitio para acampar y quedarme ahà toda la noche. Con esta idea me puse a buscar un buen lugar. Estuve caminando un rato sin encontrar uno. Estaba tan empeñado en encontrar el sitio perfecto que ni siquiera me percaté de que el sol comenzaba
1:32 a ocultarse. Para cuando me di cuenta que no podÃa seguir buscando en ese momento, por lo que, un poco desanimado, reunà fuerzas para regresar al sendero y reunirme con el resto de las personas. Después de casi 30 minutos caminando por el camino que juraba era el correcto, No podÃa ver ningún letrero o rastro que indicara que estaba yendo en la dirección adecuada. En un principio no entré en pánico. SabÃa que esa era la última cosa que debÃa hacer. Mientras más nervioso se pone uno en esas situaciones, más fácil es perderse. Intenté mantener la calma. Aún convencido de que habÃa tomado el camino correcto, continué andando. Tras unos minutos más, me di cuenta de que, en serio, habÃa tomado el camino equivocado. No solo no encontraba el sendero principal, sino que parecÃa estar más centrado en el bosque que antes.
2:26 Por si fuera poco, la noche ya habÃa caÃdo por completo. dándole a toda esa experiencia un aire aún más aterrador. A pesar de eso, traté de mantener la calma. Estuve de pie un momento intentando orientarme, pensando que tal vez solo habÃa tomado una vuelta equivocada a algo muy común en aquellos bosques donde todo se ve igual. QuerÃa tomar un pequeño respiro y relajarme antes de continuar, cuando, de pronto, un grito puso todos mis sentidos en alerta. ParecÃa el grito de una mujer. Era desgarrador y lleno de pánico. No sé si alguien ha escuchado gritar a un ser humano asÃ, pero al menos hasta ese momento yo no lo habÃa hecho, y realmente espero que nadie tenga que escucharlo jamás. Aquel grito erizó cada vello de mi cuerpo, y sin pensarlo mucho y ni siquiera saber si era el camino correcto, comencé a caminar en dirección contraria al del grito. Si soy del todo honesto, en este punto de la historia no sé muy bien lo que sucedió.
3:32 TenÃa mucho miedo y creo que en un punto... Dejé de caminar para comenzar a correr. Pude escuchar el grito dos veces más. Lo único que me hizo detenerme y donde comienzo a recordar todo con mayor claridad, aunque creo que no pasó mucho tiempo desde los gritos, fue que comencé a escuchar rezos y cánticos que sonaban como de iglesia. solo que no eran como los que yo estaba acostumbrado a oÃr. Si bien no era creyente, me habÃa educado en la religión católica, por lo que conocÃa muy bien esos rezos y cánticos. Estaba seguro de que lo que estaba escuchando no era nada parecido. Se escuchaban como dichos en otra lengua, y tampoco parecÃan dirigidos a Dios. No sabrÃa explicar cómo lo sabÃa, pero algo en mà me lo decÃa. Lo peor de estos rezos no era su contenido, sino que parecÃa que se estaban acercando a mÃ. Una vez que pude prestar más atención, me di cuenta de que también comenzaban a escucharse pasos entre las hierbas y hojas secas del bosque. Por esa razón, sin pensarlo demasiado, me agaché y me escondà entre la hierba, pensando que, una vez que se alejaran, podrÃa continuar mi camino. Tal vez entonces podrÃa salir de ahà y alertar a la policÃa sobre los gritos de aquella mujer, que estaba convencido tenÃan que ver con todo lo que estaba ocurriendo. No escuché más gritos después de eso. Estuve oculto por menos de cinco minutos cuando aquellos pasos y rezos se hicieron
5:04 más fuertes, más claros de alguna forma. Fue entonces cuando noté que no era una sola persona, ni siquiera tres como pensaba al principio. Era un grupo de al menos veinte personas, todas con gabardinas negras y capuchas. No podÃa verles el rostro debido a la oscuridad. Caminaban rezando y cantando mientras uno de ellos agitaba un incensario. Me encontraba paralizado viendo aquello. No tenÃa ni idea de lo que mis ojos estaban presenciando. Me preguntaba si acaso le habÃan hecho algo a la mujer que habÃa escuchado gritar. HabÃa leÃdo muchas historias de terror, como para no darme cuenta de que aquello parecÃa una secta o un grupo de locos intentando realizar un ritual. QuerÃa quedarme lo más quieto posible.
5:51 Si bien me sentÃa un poco cobarde por no intentar ayudar a la mujer a la cual no veÃa por ningún lado, también sabÃa que aunque lo intentara jamás podrÃa contra 20 sujetos. Es más... Ni siquiera me sentÃa capaz de enfrentarme a uno solo. Nunca fui ese tipo de persona, y estaba muy consciente de ello. Estaba observándolos fijamente cuando, de pronto, mi teléfono sonó. No habÃa tenido cobertura en casi todo el trayecto. Mi tono era muy escandaloso y claramente llamé la atención de la secta. Fue entonces cuando vi que llevaban máscaras puestas. Eran máscaras horribles. No me refiero a máscaras de Halloween ni nada parecido. ParecÃan hechas por ellos mismos, pero estoy seguro de que el material rugoso y elástico que se veÃa era piel. Aunque siempre he querido pensar que era piel de algún animal, otra parte de mà jamás ha podido estar del todo seguro de ello. A pesar de que eso me dio mucho miedo y sentà como si mis propios nervios fueran a traicionarme, logré reunir el valor suficiente como para ponerme de pie y salir corriendo con todas mis fuerzas. Aunque ya me estaba alejando lo suficiente y no parecÃa ser perseguido por esas personas, no podÃa dejar de escuchar los cantos y los rezos. Era como si los estuvieran entonando directamente en mi oÃdo, sin importar cuánto avanzara. Estaba casi al borde del colapso, pero no dejé de correr ni un solo momento.
7:24 A pesar de querer cubrirme los oÃdos, seguà corriendo, intentando encontrar cualquier indicio de que estaba cerca del sendero. En un punto creo que tropecé, o al menos eso imagino, porque no recuerdo exactamente qué pasó, pero sà recuerdo estar en el suelo, con mucho dolor en la cabeza, perdà la conciencia, desperté exaltado. Incluso recuerdo que grité. Me calmé al mirar a mi alrededor. Todo estaba en calma, justo como habÃa estado el bosque durante mi trayecto, antes de que todo se descontrolara aquella noche. Aún asÃ, no podÃa estar completamente tranquilo. Miraba a mi alrededor pensando que en cualquier momento alguno de esos hombres aparecerÃa, pero no pasó.
8:11 Me puse de pie e intenté mantener la compostura. Estuve mirando mis dedos por mucho tiempo, no tanto para orientarme, sino porque querÃa encontrar alguna prueba, lo que fuera, que me indicara que lo vivido la noche anterior habÃa sido real, pero no habÃa nada, ni rastro, ni señal, ni huella. y al pensarlo un poco mejor me di cuenta de lo absurdo que todo sonaba. Pensé que tal vez en mi intento por escapar habÃa caÃdo. Me golpeé la cabeza y soñé todo. Era la explicación más lógica. Aunque todo se sintió tan real y una parte de mà no se tragaba esa historia, Era algo que necesitaba creer, porque simplemente no podÃa procesar lo que habÃa vivido. Caminé por muy poco tiempo más, hasta que sentà que el alma regresaba a mi cuerpo al ver el letrero del sendero.
9:05 Siendo del todo honesto, aunque habÃa caminado en esa dirección, no estaba seguro de que fuera el camino correcto. Solo querÃa alejarme lo más posible y no volver al lugar donde creÃa haber visto todo aquello. Aunque intentaba convencerme de lo contrario, todos mis miedos y preocupaciones se disiparon en el momento en que vi aquel letrero. Corrà hacia él y no tardé en ver personas haciendo su vida normal. Luego de tranquilizarme un poco, supe que tenÃa que hacer lo mismo. TenÃa que volver a casa y no mencionar nada de esto a nadie. Mis padres eran algo paranoicos y de hecho, estaban muy en contra de que hiciera ese viaje, por lo que no querÃa darles ningún motivo para decirme que les habÃa dicho. Y fue asà como aquel sueño quedó solo para mÃ. Aunque sà tenÃa un gran chichón en la cabeza, producto del golpe que habÃa sufrido en el bosque. Pasaron dos dÃas en los que en realidad no sucedió nada fuera de lo habitual. Estuve todo ese tiempo tratando de olvidar lo que habÃa pasado, aunque, para ser del todo honesto, tenÃa muchas pesadillas, sobre todo con el grito de la mujer. PodÃa despertarme hasta cinco veces en una misma noche, escuchando aquel grito retumbar en mis oÃdos. No podÃa simplemente olvidarlo, aunque deseaba hacerlo. Fue entonces, en la tercera noche, cuando algo diferente sucedió. Mis padres tuvieron que salir a cenar con sus amigos y me quedé solo en casa. Eso no era algo fuera de
10:38 lo común. De hecho, solÃa pasar con bastante frecuencia. Aquel dÃa pensé salir a correr de noche en un parque cercano. Siempre habÃa disfrutado de ese parque, especialmente porque a partir de las ocho y media solÃa estar casi vacÃo. A veces habÃa una que otra persona trotando como yo. pero la mayorÃa del tiempo estaba completamente solo. SabÃa que necesitaba despejarme, y correr siempre habÃa sido una forma efectiva de hacerlo para mÃ. Lo hice. DebÃa haber dado menos de cinco vueltas al parque cuando algo me detuvo en seco. Al principio comencé a escuchar lo que parecÃan ser susurros, pero poco a poco comenzaron a tomar forma. Pude entender mejor lo que se decÃa, y entre más escuchaba, más claro se hacÃa. Eran rezos, los mismos rezos que habÃa escuchado aquella noche en el bosque. Solo recordarlo hizo que un escalofrÃo recorriera toda mi espalda. Miré a mi alrededor sin comprender de dónde venÃan esas voces. Estaba a punto de llegar a una de las partes más oscuras del parque, pero me detuve. Algo dentro de mà me decÃa que me arrepentirÃa mucho si entraba ahÃ. Era como un sexto sentido, si es que puedo llamarlo asÃ. Aun queriendo pensar de forma racional, intenté convencerme de que tal vez solo habÃa escuchado cualquier cosa y que mi cerebro lo habÃa malinterpretado.
12:07 Después de todo, aún estaba algo asustado y paranoico. Pero, aunque no querÃa pasar por ese lugar, pensé que ya habÃa corrido suficiente. Me di media vuelta y comencé a correr en dirección contraria, hacia la salida. No habÃa dado más de unos cuantos pasos cuando los rezos se escucharon mucho más fuerte. Era como si estuvieran acercándose cada vez más a mÃ. De pronto, escuché un grito, el mismo grito de aquella mujer. Pero esta vez fue como si lo hubiera hecho directamente en mi oÃdo. Fue tan fuerte y me tomó tan por sorpresa que caà al suelo de la impresión. Inmediatamente dirigà mi vista detrás de mÃ, solo para ver cómo en la oscuridad comenzaba a distinguirse una silueta, la de un hombre con gabardina. Eso fue suficiente para mÃ. Me levanté de inmediato y comencé a correr con todas mis fuerzas. Ni siquiera me detuve al salir del parque. Seguà corriendo hasta llegar a mi casa.
13:08 La casa estaba muy silenciosa y, en verdad, lo agradecÃ. No paraba de repetirme que todo estaba bien, que solo debÃa tranquilizarme. Que todo lo vivido en el bosque no habÃa sido real y que me estaba sugestionando. Justo como cuando era niño y veÃa alguna pelÃcula de terror. SolÃa hacer eso con frecuencia. Me di una ducha y me fui a la cama. Solo querÃa dormir hasta el dÃa siguiente, pues necesitaba dejar todo ese dÃa atrás. Para mi fortuna, nunca he tenido problemas para dormir. Si lo intento, normalmente me duermo de inmediato. No sé cuánto tiempo pasó, ni siquiera escuché cuando mis padres volvieron, pero desperté por un olor putrefacto. Era como a animales muertos, y llenaba por completo mi habitación. Me provocó muchas arcadas y quise levantarme para abrir la ventana, pero cuando lo intenté, no pude moverme.
14:07 Mi cuerpo se sentÃa rÃgido como una tabla, no tenÃa control sobre mà mismo, fue una experiencia horrible, intenté gritar pero tampoco lo logré, era como si el grito se quedara atrapado en mi garganta causándome un dolor intenso, lo único que conseguà luego de un rato fue que no pudiera volver a cerrar la boca. ParecÃa que mi mandÃbula se habÃa trabado. Intentaba con todas mis fuerzas cerrarla, y mientras lo hacÃa, sentà algo más. Como si ya no estuviera solo. Alguien más estaba conmigo. Miré a todos lados, intentando ver a mis padres, creyendo que tal vez estaba a salvo. Que quizás habÃa hecho algún ruido que los alertara.
14:50 pero no vi a nadie mientras mis ojos se acostumbraban a la oscuridad pude ver en la esquina más oscura del cuarto a alguien no era un hombre con capucha era algo que parecÃa estar en cuclillas tenÃa unos ojos enormes que brillaban y de pronto se movió en cuatro patas trepó a mi cama y quedó a sólo unos centÃmetros de mi cara podÃa sentir su peso sobre mi pecho impidiéndome respirar entonces gruñó En ese momento entendà que el hedor provenÃa de aquella cosa. Apestaba de una manera indescriptible. Y luego, vomitó en mi boca. SÃ, asà como lo digo.
15:31 Fue la cosa más asquerosa que he experimentado en toda mi vida. Aunque la oscuridad no me dejaba ver bien, podÃa notar que era una sustancia negruzca, con un sabor tan horrible como su olor. creo que me desmayé porque no recuerdo nada más desperté exaltado con arcadas y un horrible malestar en el estómago todo parecÃa normal no habÃa nada en la habitación que me hiciera pensar que lo ocurrido la noche anterior habÃa sido real ni siquiera estaba sucio No habÃa absolutamente nada, excepto por unas marcas rojas en mi pecho. No eran heridas abiertas, más bien parecÃan marcas de presión, como si algo hubiera estado sobre mà durante mucho tiempo. Al ponerme de pie, sentà debilidad, y mi garganta estaba muy irritada, como si hubiera estado gritando durante horas. Miré a mi alrededor, casi con la esperanza de encontrar a aquella cosa, pero no vi nada. Fui al comedor donde mis padres estaban desayunando. Mi madre me dijo que llevaba más de 20 minutos llamándome y que no respondÃa.
16:40 Eso fue raro, porque siempre solÃa despertar antes que todos, pero ella asumió que estaba cansado, que tal vez me habÃa desvelado y por eso no quiso insistir. No quise decirles nada. Como ya mencioné antes, mis padres son bastante paranoicos. Creen en todo lo relacionado con lo paranormal, y cualquier señal de eso la quieren resolver yendo a la iglesia o culpándome por haberme alejado de Dios. Yo, por mi parte, estaba tan paranoico que no podÃa relajarme un solo instante. Cada vez que cerraba los ojos, incluso si solo parpadeaba. Recordaba aquella sustancia asquerosa bajando por mi garganta. Me daban náuseas constantes. Apenas podÃa concentrarme en la escuela. Mis amigos comenzaron a notar lo ojeroso y pálido que me veÃa.
17:30 Incluso uno de ellos dijo que me veÃa asustado. Intenté convencer a todos de que estaba bien, pero creo que no fui muy convincente. Aunque dejaron de preguntarme, noté claramente que nadie me creyó. Esa noche no pude dormir, sentÃa que si lo hacÃa, esa cosa volverÃa. Cualquier ruido me sobresaltaba, incluso un cambio en el olor del ambiente me ponÃa en alerta. Por suerte, esa noche no ocurrió nada, o al menos nada de lo que yo me haya dado cuenta, pero al amanecer volvà a escuchar ese horrible grito. Fue tan fuerte que me caà de la cama y me rompà la nariz. Tuve que ir al hospital para detener el sangrado. Una vez allÃ, los médicos notaron que me veÃa muy enfermo. Me hicieron algunos análisis y aunque los resultados indicaban que todo estaba en orden, los doctores no parecÃan convencidos. Terminaron por recetarme vitaminas, especialmente porque detectaron hematomas en mi espalda. Yo no tenÃa ni idea de cómo habÃan llegado ahÃ. Aún asÃ, como insistà en que me sentÃa bien, me dejaron ir a casa. Esa misma tarde me encontraba en casa preparando la cena. Mis padres estaban en la sala viendo televisión mientras yo picaba unos vegetales.
18:49 Estaba muy concentrado en lo mÃo. Me habÃa ofrecido a hacer la cena porque querÃa distraer mi mente de todo lo que habÃa estado pasando y estaba funcionando. Hasta que algo me hizo detenerme. Un pensamiento cruzó fugazmente por mi mente. Cortarme uno de los dedos. Al principio fue solo eso, un pensamiento pasajero. Pero se volvió tan recurrente que, sin darme cuenta, lo hice. En lugar de retirar el dedo al cortar los vegetales, lo dejé donde estaba y corté. Fue un corte muy profundo y aparatoso. Mi madre, que se desmaya fácilmente con la sangre, perdió el conocimiento al ver la cantidad que dejé en la cocina. Incluso necesitaron ponerme puntos. Todo se catalogó como un accidente. Yo mismo dije que lo habÃa sido. Pero en el fondo sabÃa exactamente lo que habÃa ocurrido. Aquello no fue un accidente, no del todo. Fue algo que yo mismo habÃa provocado y no entendÃa por qué. Tuve más de estos accidentes.
19:51 Fueron demasiados, tantos que toda esta historia bien podrÃa centrarse solo en ellos. Pero no me detendré demasiado en eso. Solo mencionaré algunos. Por ejemplo, engrapé mi dedo en tres ocasiones distintas. Una vez me corté con un cúter en la pierna, y en otra estuve a punto de meter la mano en un triturador de basura. Afortunadamente, mi padre me vio justo a tiempo. No dijo nada, ni siquiera preguntó. Pero al verme mirando fijamente la máquina, la apagó y me dijo que mejor me mantuviera alejado de esa cosa. Tal vez ya habÃa empezado a notar un patrón en todos estos accidentes, y por eso hizo lo que hizo.
20:34 Me salvó la mano entera. Otra cosa extraña era que cada vez que caminaba cerca de una carretera, sentÃa un impulso fuerte de arrojarme a los coches. De hecho, estuve a punto de ser atropellado en dos ocasiones, pero los conductores lograron frenar a tiempo. Como dije, fueron muchas situaciones, unas peores que otras. No me quiero enfocar solo en eso, porque no terminarÃa nunca. Pero además de los accidentes, mi aspecto empeoraba cada vez más. Comencé a ir con regularidad al médico. Todo lo que comÃa me hacÃa daño. Algunas noches sentÃa como mi estómago se inflaba y se endurecÃa, como si tuviera una piedra dentro. Era doloroso, pero siempre que intentaba levantarme o pedir ayuda, mi voz se quedaba atrapada en mi garganta. Y al dÃa siguiente, cuando iba al doctor, los estudios salÃan normales. No parecÃa haber ninguna enfermedad estomacal. Solo me decÃan que probablemente era estrés. Siempre me habÃa jactado de tener buena salud. Mis padres también eran saludables, y yo creÃa tener una dieta equilibrada. ComÃa de todo, sin exigencias. Pero sin importar lo que comiera, todo me hacÃa daño. comencé a adelgazar rápidamente porque no podÃa retener la comida por más de 40 minutos mis padres se preocuparon me llevaron a muchos doctores y especialistas pero nada parecÃa ayudar yo empeoraba cada dÃa Claramente no querÃa
22:08 contar desde qué momento habÃa comenzado todo esto. Yo mismo pensaba que solo estaba enfermo, enfermo de verdad. Que en cuanto los doctores identificaran la enfermedad, me recetarÃan algo y todo pasarÃa. Eso era lo que realmente querÃa creer. Pensaba que era solo cuestión de tiempo. habÃa algo que no podÃa seguir justificando ni ignorando las pesadillas cada noche sin excepción soñaba con aquella secta con sus susurros pero no eran sueños cualquiera parecÃan más reales que la propia vigilia como si estuvieran ocurriendo en mi habitación. Siempre despertaba con la sensación de que esos susurros se desvanecÃan justo antes de abrir los ojos. Era como volverme loco. Nadie más los escuchaba, solo yo. Volvà a ver a aquella criatura pálida en más de una ocasión, pero nunca fue tan asquerosa conmigo como la primera vez. Esta cosa simplemente se reÃa.
23:10 Se quedaba en la esquina de mi habitación mirándome directamente y reÃa. Era una risa desquiciada, burlona. al principio me daba miedo pero con el tiempo comencé a odiarla en más de una ocasión me levanté dispuesto a golpearla a patearla a hacer algo pero en cuanto encendÃa la luz no habÃa nada era como si simplemente se desvaneciera con la oscuridad Apenas me acercaba a la esquina donde la habÃa visto, ya no habÃa rastro de ella. La única razón por la que no perdà completamente la cordura fue que algo ocurrió que confirmó que todo esto era real. Recuerdo que un dÃa llegaron de visita una tÃa y mis primos menores. Yo no estaba en casa. A mis primos les encantaba mi habitación porque tenÃa colecciones de cosas interesantes.
24:01 Normalmente la dejaba cerrada. pero ese dÃa habÃan llegado de sorpresa y la puerta estaba abierta cuando volvà a casa mi tÃa estaba visiblemente molesta conmigo yo no entendÃa por qué pensé que como siempre los niños habÃan tomado mis cosas sin permiso pero antes de que pudiera llegar a mi cuarto Mi madre me detuvo y me preguntó qué tenÃa ahà dentro. Los niños, según me dijo, habÃan salido despavoridos, gritando que una figura querÃa llevárselos. Yo no tenÃa ni idea de lo que estaban hablando y entré a mi cuarto. Todo estaba en su lugar, nada parecÃa en desorden, aunque podÃa percibir cierto aroma, ese horrible olor que aquella cosa dejaba, ese aroma a animal muerto. Aunque era muy leve, sà podÃa notarlo. Le pregunté a mis primos sobre la criatura que habÃan visto, a lo que ellos dijeron que no la habÃan visto del todo bien, solo que estaba en la esquina del cuarto y que sus ojos eran grandes y brillaban. Aseguraron que dijo mi nombre y luego comenzó a llamarlos y a reÃrse. lo cual los asustó y por eso salieron corriendo del cuarto con lo poco que me dijeron comencé a tener cierta esperanza de que no estaba perdiendo la razón algo en realidad estaba en mi cuarto eso que escuchaba reÃrse bien podrÃa ser esa cosa aunque nunca la habÃa oÃdo hablar como ellos decÃan lo que más me dio escalofrÃos fue saber que conocÃa mi
25:33 nombre o al menos pareció preguntar por mà eso fue lo más peligroso de aquel dÃa Recuerdo muy bien una noche en la que pude dormir durante la tarde, luego de llegar de la escuela. Dormà profundamente hasta casi las seis de la noche cuando desperté algo exaltado. No fue por ningún grito ni nada en especial. Solo me sentÃa inquieto, como si estuviera esperando algo horrible. Pero con el paso de los minutos, me fui tranquilizando. Salà de mi habitación y fui a la cocina a prepararme algo de comer. No habÃa probado nada en todo el dÃa. Fue entonces cuando me di cuenta de que algo no estaba bien.
26:14 Yo estaba solo en casa. Siempre habÃa evitado a toda costa quedarme solo. Me aterraba la idea de que esas cosas pudieran hacerse presentes mientras lo estuviera. Por eso siempre intentaba estar con mis padres. Y en el momento en que vi que no estaban, mi sangre se congeló. No tenÃa idea de qué hacer. Pensé en salir de casa y esperarlos afuera, aunque se viera extraño. Pero era mejor eso que quedarme ahÃ. De por sà ya estaba nervioso. Caminé hacia la puerta y quise abrirla, pero no se movÃa. No abrÃa. ParecÃa cerrada con llave. Empecé a forzarla, pero no se podÃa. Aún estaba intentando abrirla cuando comencé a escuchar aquellos malditos sonidos de nuevo, una especie de rezos rápidos y confusos, como susurros en agua, aunque esta vez los sonidos se detuvieron casi enseguida, y luego comenzaron de nuevo, pero más lentos y más claros. Aún asÃ, no podÃa distinguir lo que decÃan. Siempre he creÃdo que era un idioma antiguo, tal vez latÃn o algo parecido. Asà es como se escuchaba. Volté para ver detrás de mÃ, y en la sala habÃa al menos 20 personas con capuchas. No se les veÃa el rostro, todo era completamente negro, me miraban directamente. Era una de esas escenas de pesadilla. QuerÃa arrancar la puerta, pero no parecÃa tener cerradura visible. Jalaba la puerta con toda mi fuerza, y de pronto se abrió.
27:47 Pero no fui yo quien lo logró. Mi padre la abrió desde el otro lado. Me encontró en el suelo. Me tiré al piso para señalar lo que habÃa visto, pero otra vez no habÃa nada ahÃ. Nada que comprobar a lo que acababa de ver. Solo quedaba yo, con la poca cordura que me quedaba. A partir de este momento, todo se vuelve muy oscuro. Recuerdo muy bien esa noche en la que todo fue un punto y aparte. Estaba dormido una de las pocas veces en que habÃa podido descansar bien. Ni siquiera puedo recordar que un sueño me causara malestar. Solo dormÃa, hasta que sentà como si algo me tomara del tobillo y me jalara con fuerza, haciéndome caer de la cama. Me azoté contra el suelo. Por suerte, no caà de cara como aquella vez que me rompà la nariz. Pero cuando abrà los ojos, pude ver que aquella cosa, que antes estaba en la esquina de mi cuarto, ahora estaba debajo de mi cama. Apenas sobresalÃa del colchón, y al notar que yo lo miraba, comenzó a reÃrse con esa risa desquiciante. Asustado, me puse de pie y me envolvà en las cobijas. No salà de ahà hasta el dÃa siguiente, cuando noté que mi cobija tenÃa sangre.
29:05 Fue entonces que me di cuenta de que tenÃa tres cortes profundos en el pie. Estaban muy hinchados e infectados. Pensé en mostrárselos a mis padres, en ir al doctor. Pero en ese momento estaba tan convencido de que si decÃa algo, todo desaparecerÃa y volverÃan a tratarme como a un loco. Pensé que no era para tanto. Lavé la herida como pude, la vendé y continué con mi vida. Dos dÃas después, el dolor era insoportable. Me hacÃa limpiezas regularmente, justo como habÃa visto en internet, pero nada parecÃa funcionar. La herida empeoraba, por lo que terminé yendo al doctor sin que mis padres lo supieran. Recuerdo mucho esa consulta.
29:50 Fue horrible. Fui a urgencias diciendo que tenÃa una herida infectada que no mejoraba. Me hicieron esperar un buen rato, hasta que me dejaron pasar. En cuanto el doctor vio mi pie, su rostro se transformó. Se notaba que estaba realmente preocupado. Me preguntó desde cuándo tenÃa la herida y por qué no habÃa ido antes. Le dije que solo habÃan pasado un par de dÃas, que no sabÃa exactamente cómo me la habÃa hecho, pero que habÃa estado intentando curarla por mi cuenta. Entonces me mostró algo que me hizo estremecer. Una parte de mi pie estaba negra. Me dijo que eso eran principios de gangrena y que se estaba extendiendo por la zona donde se encontraba. Lo más seguro, dijo, era que tenÃan que amputar el pie entero. No podÃa creer lo que estaba escuchando. No creÃa que fuera tan grave.
30:43 Claro que dolÃa, pero no tanto. Todo pasó muy rápido. Para ser honesto, no tengo muchos recuerdos de eso. Todo está medio borroso. Tal vez porque entré en shock después de escuchar la noticia. Lo siguiente que supe fue que estaba en el quirófano. Iban a amputarme el pie. Los doctores, al igual que mis padres, intentaron cuestionarme sobre con qué me habÃa cortado. Yo no querÃa decirles la verdad, pues temÃa no solo haber perdido el pie, sino que además todos me tomaran por un loco que necesitaba calmantes o que debÃa ser internado en un hospital psiquiátrico. Simplemente inventé que habÃa ido a un rÃo y que al meter el pie en el agua me habÃa cortado con algo, aunque no habÃa visto qué era. No parecÃa una historia muy creÃble, pero nadie más podÃa explicar exactamente lo que habÃa pasado, asà que terminaron creyendo mi versión. La recuperación fue dolorosa. En todo ese tiempo, aquella cosa seguÃa allÃ, en la esquina de mi habitación, observándome, riéndose de mÃ.
31:51 No sabÃa cómo iba a terminar todo esto, pero en mi mente no cabÃa otra posibilidad que la peor. Recuerdo que en un momento de desesperación decidà contarle todo a mi mejor amiga. No omità nada. Le hablé de mi viaje al bosque, de la secta, de aquella presencia oscura, y de cómo por su culpa habÃa perdido uno de mis pies. Por fortuna, mi amiga no se rió ni pensó que estaba perdiendo la razón. Me escuchó con atención, en silencio, con los ojos bien abiertos. Luego me dijo que parecÃa estar maldito, que tal vez alguien me habÃa echado el mal de ojo, o que aquellas personas de la secta me habÃan castigado por haberlos descubierto. También me mencionó que conocÃa a alguien que podrÃa ayudarme. Nunca habÃa ido con él, pero una mujer que le leÃa las cartas hablaba de un hombre que se dedicaba a romper maldiciones y otras cosas oscuras. Yo no era creyente, nunca lo fui, pero estaba tan desesperado que estaba dispuesto a aceptar cualquier cosa. Me dio la dirección del hombre y fui casi de inmediato. Desde el momento en que crucé el umbral, el tipo pareció inquieto aunque trató de disimularlo.
33:05 Me sentó en una silla y me ofreció un té con un sabor espantoso. Después me explicó que el sabor era asà solo para quienes estaban malditos, que si no lo estuviera el té sabrÃa agua. Hizo una limpia. Pasó varios huevos sobre mi cuerpo, uno tras otro se reventaban antes de terminar la limpieza. El lÃquido que salÃa de ellos era negro y despedÃa un olor podrido, como carne muerta. Al principio pensé que era parte del show, que tal vez los habÃa preparado asà para asustarme, pero su expresión era auténtica preocupación. Para cuando rompió el sexto huevo, se rindió.
33:45 Me miró a los ojos y me pidió que le contara todo desde el principio. Y asà lo hice. Cuando llegué a la parte del bosque, su rostro cambió por completo. Se puso pálido, tembloroso. Me pidió con voz temblorosa que me fuera. Confundido, le pregunté por qué. Le dije que necesitaba su ayuda, o al menos una explicación. Pero él me dijo que lo que yo habÃa visto en aquel bosque eran brujos antiguos, entidades que no toleraban a los entrometidos. Asustado, le pregunté si eso significaba que querÃan matarme. El brujo negó con la cabeza. asegurando que si hubieran querido matarme lo habrÃan hecho ese mismo dÃa nunca habrÃa salido del bosque me explicó que si aún estaba con vida era sólo porque se estaban divirtiendo conmigo esperando a ver cuánto podÃa soportar le pregunté si habÃa algo que se pudiera hacer una limpieza, una barrera, un conjuro, cualquier cosa, pero el hombre solo me pidió otra vez que me fuera, dijo que si él intervenÃa esos brujos podÃan tomarlo como una ofensa personal, que él no se metÃa con ellos y que por favor me alejara de su casa, al salir lo escuché murmurando rezos, comenzó a limpiarse a sà mismo, a echar humo por todos los rincones, Como si yo hubiera dejado una sombra en su lugar de trabajo. Quise convencerme de que solo era un loco, que no sabÃa
35:16 qué decir y querÃa asustarme aún más. Pero sus palabras explicaban demasiadas cosas. Fui a ver al menos a siete brujos más. Todos hicieron lo mismo. Algunos fueron amables, otros no tanto. Pero todos me echaron cuando les conté lo que habÃa visto en el bosque. Algunos solo me desearon suerte. Otros me pidieron que nunca regresara. Cada vez que intentaba buscar ayuda, algo peor me ocurrÃa. Comencé a perder dientes. No por golpes, no por enfermedad. Simplemente se caÃan. Hoy solo tengo tres dientes reales. Luego fue el cabello. Se caÃa a mechones dejando huecos en mi cabeza. Terminé por afeitarme para que al menos pareciera parejo. Mis riñones fallaron.
36:02 Un dÃa simplemente dejaron de funcionar. Lo más horrible es que mi cuerpo rechaza todas las donaciones. Debo dializarme. Muchos médicos han admitido que no entienden cómo sigo con vida. Dicen que mi cuerpo parece apagarse y encenderse como un viejo aparato mal conectado. Hoy en dÃa estoy parcialmente ciego. Los doctores han dejado de hablar de tratamientos. Ahora solo ofrecen palabras de consuelo. Me dicen que disfrute el tiempo que me queda, pero yo no puedo disfrutar nada. Cada vez que lo intento vuelvo a escuchar esas risas, esos rezos, o veo aquella cosa mirándome desde las sombras.
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