Desenterramos Un ATAUD Historias De Terror - REDE
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0:02 TenÃa 38 años y desde los 18 andaba en obras, asà que cuando me hablaron para esa construcción nueva en las afueras de la ciudad, acepté sin dudarlo. Era una plaza comercial, grande, con cines, locales, todo eso. Nos citaron desde temprano el primer lunes, con los planos y la maquinaria lista. La zona era puro terreno baldÃo, con monte seco, basura vieja y tramos de tierra dura como piedra. Los primeros dos dÃas fueron normales. Aplanamos, marcamos. Y empezó el trabajo con la retroexcavadora para abrir las zanjas donde irÃan los cimientos. Ãramos nueve en total. Uno manejaba la máquina y los demás andábamos alrededor sacando piedras, limpiando, preparando varillas. Yo andaba con la pala al lado de donde la cuchara empezaba a escarbar el tercer hoyo. El operador gritó que habÃa golpeado algo. Paró la máquina y bajamos todos. Al principio pensamos que era un tronco viejo, pero era más largo, más recto. Y cuando quitamos la tierra con cuidado, vimos que era de madera. Mojada, podrida, casi se deshacÃa con los dedos. TenÃa la forma de un ataúd, aunque sin barniz, sin agarraderas, sin nada escrito. La tapa estaba medio abierta por el golpe de la máquina. Uno de los muchachos la levantó con una varilla. Adentro estaba el cuerpo, resequÃsimo, como cuero viejo. No tenÃa ropa. El cráneo no estaba
1:36 por completo descubierto. TodavÃa tenÃa parte del cuero cabelludo pegado. Y lo más raro eran las manos. Las tenÃa en la cara como tapándose los ojos. Ninguno dijo nada por varios segundos. Solo veÃamos. No era una tumba registrada ni nada de eso. Nadie dijo nada al patrón, sabÃamos que si le contábamos se paraba la obra, metÃan a la policÃa, al gobierno y quién sabe cuánto tiempo nos quedábamos sin trabajo, asà que entre varios lo sacamos con cuidado, lo envolvimos en un plástico viejo que tenÃamos y lo llevamos a la parte trasera del terreno, cerca de una barda que daba a un lote abandonado. Cavamos otro hoyo ahà mismo y lo enterramos como pudimos. Algunos decÃan que mejor lo dejáramos donde estaba, pero la mayorÃa solo querÃa acabar y seguir trabajando. Le echamos tierra, piedras encima y nos fuimos como si nada. Ese dÃa no se habló más del asunto, ni en la hora de comida ni al salir. Cada quien se fue derecho a su casa, más callados de lo normal. Yo llegué ya de noche. Mi esposa me habÃa guardado comida. pero no tenÃa hambre. Me bañé, cené un poco y me acosté temprano. Estaba cansado, pero el sueño no me agarraba. Me quedé viendo el techo, escuchando a mis hijos moverse en su cuarto, los perros del vecino ladrando. no recuerdo en qué momento me quedé dormido pero desperté sin poder moverme estaba de lado con la
3:07 cara hacia la pared sentà el cuerpo como si pesara mucho intentaba mover un dedo levantar la cabeza lo que fuera pero no podÃa Al principio pensé que era un sueño. Me ha pasado una o dos veces antes, pero esta fue diferente. Escuché los pasos, claritos, uno tras otro, entrando desde la puerta del cuarto, pasando por detrás de mÃ. No eran pasos fuertes, eran lentos, casi como si arrastraran los pies. Y no era un sueño. Yo tenÃa los ojos abiertos, veÃa la pared, la cortina, todo igual. Los pasos se detuvieron justo atrás de mi cabeza. Sentà que alguien estaba ahà parado. No podÃa voltear, ni gritar. Sentà como me sudaban las manos, el pecho, la cara. La respiración me empezó a fallar. Estaba seguro de que, si eso seguÃa un poco más, me iba a dar un infarto.
4:02 Después de un rato, no sé cuánto, pude mover los dedos. Me giré de golpe después de salir de ese estado. No habÃa nadie. La puerta seguÃa cerrada. Me levanté, fui a revisar a los niños. DormÃan tranquilos. Mi esposa también. Me lavé la cara, tomé agua y me senté en el sillón sin querer volver a acostarme. Pensé que el cuerpo aquel no debÃa haberse tocado. que aunque hubiera sido por trabajo, no era algo normal. No era como excavar piedras ni sacar raÃces. No sabÃamos quién era ni por qué estaba ahÃ. Yo traté de convencerme de que era el cansancio, de que uno se sugestionaba, pero por dentro ya sabÃa que ese dÃa habÃamos hecho algo mal. Llegué a la obra como siempre, antes de las siete. Me sorprendió ver que ya habÃa dos compañeros ahÃ, sentados en el suelo, sin hablar mucho. Uno era César, el más joven, y el otro era Filiberto. No estaban platicando, solo miraban al suelo. Me acerqué, les saludé. César apenas levantó la mirada y dijo que no habÃa dormido nada. Cuando le pregunté por qué, me contó que soñó con golpes en la pared de su cuarto, que eran constantes, como si alguien golpeara desde adentro. Le pregunté si habÃa visto algo, pero solo negó con la cabeza. Filiberto dijo que él también habÃa soñado. Dijo que se despertó en la madrugada
5:32 y vio a alguien parado junto a la ventana de su sala. que no se movÃa, que no tenÃa cara, pero no quiso decir más. Se levantó y se fue directo al área donde andábamos trabajando el dÃa anterior. Faltaban más de dos para completar el grupo. El operador de la retroexcavadora llegó tarde con los ojos hinchados. Dijo que no habÃa podido dormir y uno, el que todos le decÃamos el gordo, no apareció. Preguntamos por él y uno de sus primos, que trabajaba en otra obra, nos avisó que lo habÃan llevado a una clÃnica. ParecÃa que se habÃa enfermado. Ese dÃa nadie hizo bromas. Nadie sacó el radio para poner música. Solo trabajamos en silencio, sin acercarnos a la zona de la barda. Yo sentÃa el cuerpo cortado, como si no hubiera descansado nada. Aunque habÃa dormido más que la noche anterior, me sentÃa peor. En ratos me dolÃa la cabeza y no podÃa dejar de pensar en el cuerpo, en esa forma en que tenÃa las manos.
6:36 Esa noche me acosté temprano, Pero no logré dormir seguido. Cada tanto me despertaba sin razón. Y cuando lo hacÃa, en dos ocasiones vi algo que no supe explicar. Primero fue en la cocina. Me levanté por agua y al pasar por el comedor alcancé a ver algo en el rincón. cerca del mueble viejo donde guardamos los trastes. Era una figura, alta, no se movÃa. La vi por un segundo y parpadeé. Ya no estaba. Me quedé un momento ahÃ, pero no quise buscar más. Tomé el vaso de agua y regresé a la cama. La segunda vez fue más tarde. Escuché a mi hijo toser y me levanté a verlo. Caminé por el pasillo y al pasar frente al baño, volvà a ver esa cosa. Otra vez en el rincón. No se acercaba. Solo estaba parada ahÃ. Solo la silueta. Parpadé y otra vez desapareció rápido. Me metà al cuarto del niño, dormÃa tranquilo, lo arropé y regresé a mi habitación. Lo raro fue que mi esposa me dijo que me habÃa levantado a la medianoche, que me habÃa quedado de pie junto a la pared del cuarto, mirando fijamente. Que no le respondÃa, que intentó moverme, pero no reaccioné hasta que me jaló fuerte del brazo. Yo no recordaba nada. Ella decÃa que no estaba dormido, que tenÃa los ojos abiertos, que estaba respirando normal, pero no hablaba, que solo miraba
8:06 la pared. No supe qué decirle. Me fui al trabajo confundido. Ese dÃa casi no hablé con nadie, y lo peor fue en la noche siguiente. Me dormà cansado, apenas puse la cabeza en la almohada. Pero no fue un sueño común, volvà a tener parálisis. Esta vez fue más fuerte, no podÃa mover ni la lengua. escuchaba los mismos pasos del otro dÃa pero ahora más lentos sentà que algo se sentaba a mi lado que el colchón se hundÃa empecé a sudar frÃo y entonces los escuché rezaban pero no como en la iglesia era como un rezo deformado acelerado al revés no entendÃa nada pero era claro que eran palabras El rezo venÃa de cerca, como si alguien estuviera pegado a mi oÃdo, y luego sentà un aliento, como si alguien me soplara con la boca abierta. Se le notaba un feo aroma. Intenté gritar. No pude. Lo único que logré fue cerrar los ojos y esperar. SentÃa que, si los abrÃa, iba a verlo ahÃ, a un centÃmetro de mi cara. Cuando logré moverme, salté de la cama.
9:17 Me dolÃa el pecho, como si hubiera estado apretado. Desperté a mi esposa sin querer. Le dije que tuve un sueño raro, pero no le conté todo. Revisé la casa. Todo estaba cerrado. No habÃa señales de nada, pero sabÃa que algo andaba adentro. No volvà a dormir bien desde aquella noche. Mi esposa lo notó desde el primer dÃa, pero no decÃa nada. Solo me miraba más seguido, como esperando que le dijera algo. Yo preferÃa callarme. Pensaba que con no hablarlo se iba a ir, pero no se fue. Empeoró. Una madrugada desperté por un ruido raro. Era como un suspiro largo, entrecortado. Pensé que era el niño, asà que fui a revisar. Ãl dormÃa tranquilo, sin moverse. Regresé al cuarto y encontré a mi esposa rÃgida, con los ojos medio abiertos y la boca apretada. Me acerqué y la llamé.
10:12 No reaccionaba. Le toqué el brazo y lo tenÃa helado. Tardó en moverse y cuando por fin se despertó, se puso a llorar. Me dijo que no podÃa moverse, que sentÃa a alguien en la cama, que escuchaba un murmullo bajito, como rezos. Pero no entendÃa nada. Me quedé sentado junto a ella hasta que amaneció. No se volvió a dormir. En el desayuno, ninguno de los dos habló de eso frente a los niños. Yo apenas probé el café. SentÃa que no estábamos solos, que lo que habÃamos traÃdo del suelo se nos habÃa metido a la casa. A los pocos dÃas, el niño menor empezó a hacer cosas que nunca habÃa hecho. Una madrugada lo oÃmos hablando. Pensamos que soñaba.
10:58 Mi esposa fue a verlo y lo encontró sentado en la cama, con los ojos cerrados, hablando en voz baja. No se le entendÃa. Solo murmuraba como si respondiera a alguien. Ella lo sacudió, lo abrazó. Ãl se despertó confundido. no recordaba nada eso pasó dos noches seguidas y luego durante el dÃa se quedaba viendo los rincones no jugaba como antes sólo se sentaba veÃa hacia la esquina de la sala o hacia el marco de la puerta y se quedaba callado le preguntábamos que miraba y decÃa que ahà estaba un señor yo no sabÃa qué hacer no era normal era como si lo estuvieran buscando a él Una mañana llegaron solo cinco de los nueve. Dos habÃan renunciado sin decir por qué. Uno mandó un mensaje diciendo que no querÃa meterse en cosas raras. Otro no contestó. Y ese mismo dÃa, cerca del mediodÃa, uno de los nuevos se cayó de un andamio. No estaba alto, pero se golpeó feo. Dijo que sintió que alguien lo empujó. Nadie estaba cerca. Todos lo vimos caer sin razón. El ambiente se volvió pesado. Ya nadie hablaba del ataúd, pero todos sabÃamos que habÃa empezado desde ahÃ. Me acerqué a César, que era de los que habÃan estado cuando lo enterramos la primera vez, y le pregunté si él también habÃa tenido cosas raras en su casa. Primero lo negó. Luego, bajando la voz, me confesó que su hermana también habÃa
12:31 sufrido una parálisis, que su perro no dejaba de ladrar por las noches, y que su mamá ya no querÃa que trabajara ahÃ. Esa noche me dormà tarde. Me acosté con el estómago revuelto sin poder dejar de pensar en todo. Me desperté de golpe sin saber cuánto tiempo habÃa pasado. Estaba empapado en sudor. La luz del poste entraba apenas por la ventana. Me movà un poco y sentà algo húmedo en la espalda. Me levanté. Vi el colchón hundido, como si alguien se hubiera sentado junto a mÃ. estaba mojado lo toque sin querer por reflejo estaba frÃa encendà la luz mi esposa dormÃa me fui al baño me lavé las manos me vi en el espejo tenÃa la cara pálida no sabÃa si estaba soñando o si de verdad habÃa pasado al regresar quite la sábana para no estar en esa parte mojada mi esposa se despertó pero le dije que habÃa tirado agua sin querer y me acosté sin apagar la luz A la mañana siguiente, mientras desayunábamos, mi esposa me dijo que habÃa soñado algo raro, que sentÃa que alguien se metÃa entre nosotros dos en la cama, que era una figura sin cara, delgada, que lloraba bajito, no la dejaba moverse, solo lloraba, con la cabeza agachada, como un niño regañado. DecÃa que ya le estaban dando miedo esos sueños raros. No quise decirle lo de la tierra.
14:00 No sabÃa a quién acudir. Yo no querÃa ni cerrar los ojos esa noche. Me acosté junto a mi esposa y me quedé despierto hasta que el cuerpo no aguantó más, pero no dormà mucho. A eso de las cinco, mi esposa me despertó gritando. Fui corriendo al patio. Ahà estaba nuestro hijo, acostado de lado con el cuerpo cubierto de rocÃo y tierra. TenÃa las uñas llenas de lodo, también la boca, como si hubiera estado cavando con las manos, como si se hubiera metido algo a la boca mientras dormÃa. Lo cargué de inmediato. Lo llevamos al baño. Lo lavamos. No despertaba. Solo respiraba hondo. Cuando por fin abrió los ojos, no decÃa nada. Solo nos miraba como si no supiera dónde estaba. Le temblaba la barbilla. No preguntamos. Lo abrazamos entre los dos y nos quedamos asà por más de una hora. Ese dÃa no fui a trabajar. Me encerré en la casa. En la tarde me acosté un rato, solo con el niño dormido a un lado. Me quedé mirando el techo. Cuando cerré los ojos, soñé que estaba adentro del ataúd. Era como estar ahà de verdad. SentÃa la madera contra la espalda. SentÃa el peso de la tierra encima. No podÃa mover los brazos. QuerÃa gritar, pero la boca no me respondÃa. Lo único que se oÃa eran rezos, rápidos, torcidos, como si alguien los murmurara al revés dentro de mi cabeza. Empecé a buscar a los que estuvieron el dÃa que los sacamos. Algunos ya no
15:31 querÃan saber nada. Otros me dijeron que estaba loco, pero logré juntar a cinco. Les hablé claro, les conté lo que habÃa estado soñando, lo que le pasó a mi hijo y les dije que hiciéramos un entierro digno a ese cuerpo. Al principio nadie querÃa hacerlo, pero todos estábamos teniendo malas situaciones desde que habÃa pasado lo del ataúd. SabÃamos que eso no era normal. Les pedà que me ayudaran a regresarlo, a dejarlo donde estaba. Me dijeron que si lo hacÃamos tenÃa que ser con respeto, sin hablar de más. Quedamos en ir la madrugada siguiente. Llevamos palas, lámparas, una caja grande de madera que uno de ellos consiguió, y una bolsa negra para recoger lo que encontráramos. Llegamos al terreno antes de las tres. La retroexcavadora ya no estaba, pero recordábamos el lugar exacto donde lo habÃamos enterrado. Empezamos a cavar en silencio. La tierra estaba dura, pero no tardamos mucho. A medio metro dimos con algo. Era el ataúd.
16:34 Mientras veÃamos eso, uno de los muchachos, el más joven, se alejó del grupo. Empezó a toser fuerte, se inclinó y luego se puso a vomitar. Lo ayudamos a recostarse. No quiso hablar. Solo nos hizo una seña con la mano para que siguiéramos. Recogimos todo lo que pudimos. Los metimos con cuidado. Hicimos un hoyo ya más decente en ese terreno baldÃo. Uno de los albañiles sacó un pequeño crucifijo de su camisa y lo puso encima. Otro trajo sal y la esparció en cruz. Luego todos echamos tierra. Despacio, sin prisa. Encima de todo colocamos unas ramas en forma de cÃrculo y uno de ellos dijo una oración. Al final uno clavó una cruz hecha con dos varillas amarradas con alambre. Nos fuimos sin mirar atrás. Esa noche dormà sin despertarme. Mi esposa también. El niño no habló dormido, ni se levantó, ni miró a los rincones. la casa se sintió limpia en la obra nadie volvió a tener accidentes ni pesadillas pero nadie quiso seguir trabajando ahà uno a uno fueron pidiendo cambio yo fui el último la plaza nunca se terminó el terreno quedó vacÃo por meses luego lo limpiaron echaron grava y acabaron construyendo un parque lo cercaron con rejas verdes pusieron juegos bancas hasta una fuente A la gente le gustaba llevar a sus hijos.
18:05 Se volvió un lugar tranquilo.
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