Así Comenzó El Terror Cuando El Nahual Llegó Al Pueblo - Historias De Terror - REDE
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0:05 Mi hijo siempre tuvo una imaginación muy fuerte. Todo el tiempo estaba creando criaturas, dibujando y haciendo todo tipo de cosas que te hacen pensar que tiene alma de artista. Siempre lo apoyé en todo esto, pues me parecÃa muy linda su forma de ver el mundo. Era una persona muy sensible y empática con todos, pero cuando él tenÃa cinco años, su madre y yo decidimos que ya no podÃamos seguir juntos. Como mencioné antes, mi hijo era alguien muy sensible y en contacto con sus emociones, y por ende fue un golpe mucho más duro para él de lo que imaginamos. Se encerró aún más en ese mundo que era su mente. Casi siempre se le veÃa dibujando o hablando de cosas que solo pasaban en su imaginación.
0:52 La verdad es que tanto su madre como yo lo dejamos pasar porque estábamos inmersos en nuestros propios asuntos con todo el tema del divorcio. Y para cuando nos dimos cuenta, este ya se habÃa convertido en un problema bastante grande. A veces parecÃa que nuestro hijo ya no distinguÃa muy bien la fantasÃa de la realidad. Ambos decidimos que la custodia compartida serÃa lo mejor. Y como mis padres tenÃan una pequeña zona de cabañas en el bosque, pensé que lo mejor serÃa llevarlo allà durante las vacaciones de verano. Tal vez, estando en contacto con la naturaleza y con otros niños... dejarÃa de estar tanto tiempo en su propio mundo.
1:33 A su madre le pareció una excelente idea, y desde el primer dÃa en que terminaron las clases me lo llevé a ese lugar. Durante los primeros dÃas no habÃa mucha gente en la reserva, más que mis padres y tal vez un par de familias. Era comprensible, a pesar de ser verano, la gente no solÃa quedarse durante todas las vacaciones. Por lo general, las últimas semanas eran las más concurridas. Vi esto como una buena oportunidad para empezar a pasar más tiempo con él. SentÃa que el divorcio nos habÃa distanciado un poco. Nos instalamos en la cabaña y esa misma noche quise encender una fogata afuera de nuestra sección. Mis padres nos acompañaron un rato, pero mi hijo no se unió a la conversación. Se quedó dibujando durante unos 40 minutos, mientras mis padres y yo tratábamos de que participara. No respondÃa a lo que hablábamos. Estaba a punto de rendirme, pero escuchamos algo. No le dimos importancia.
2:33 ParecÃa que algo se movÃa entre los matorrales, un sonido muy común en el bosque, causado por alguna zarigüeya o mapache que se acercaba a la zona de campamentos con la esperanza de encontrar comida dejada por los campistas. Miré brevemente hacia donde provenÃa el ruido, pero no le presté atención y volvà mi vista a la fogata. Pasaron unos dos o tres minutos antes de que mi hijo despegara la vista de su cuaderno y mirara en esa dirección. No le di mucha importancia, pero me sacudió el brazo y sorprendido, me preguntó qué era esa cosa. No lo dijo con miedo, sino con emoción. Miré, pero no habÃa nada.
3:15 Todo estaba muy oscuro y el resplandor de la fogata hacÃa que un poco más adentro del bosque no se pudiera ver gran cosa. Le dije que no veÃa nada, pero me describió que lo que fuera que veÃa tenÃa orejas grandes e incluso las dibujó en su cuaderno. Pensé que se trataba de un conejo y se lo dije. Mi hijo negó con la cabeza diciendo que no era un conejo, que era mucho más grande y parecÃa un niño. Volvà a mirar en la misma dirección para cerciorarme, pero de nuevo no vi nada. Me acerqué un poco más y lo único que distinguà fueron los arbustos alejados de la luz de la fogata, moviéndose levemente. No eran lo suficientemente grandes como para que un niño, ni siquiera de la edad de mi hijo, pudiera ocultarse detrás y parecÃa más bien que un roedor pequeño estaba ahÃ. Ese dÃa lo dejé pasar y traté de seguirle el juego a mi hijo, con la esperanza de crear un vÃnculo con él.
4:17 Le dije que tal vez era una criatura del bosque que habÃa notado que su corazón era muy puro y por eso querÃa acercarse a él. Mi hijo sonrió y después apagamos la fogata. Le propuse regresar a nuestra cabaña y durante todo el trayecto me hizo preguntas sobre las criaturas del bosque y por qué solo se acercaban a personas con corazones puros. No sabÃa si era correcto seguir alimentando su fantasÃa, pero una parte de mà sabÃa que habÃa logrado un progreso. No solo dejó de estar dibujando durante un buen rato, sino que estaba hablando conmigo. Por eso inventé varias historias, de las que al dÃa de hoy ya he olvidado. Esto también ocasionó que mi hijo mirara por la ventana desde su cama durante varias horas, esperando que aquella criatura volviera a visitarlo. La verdad es que no quise darle tanta importancia. Estaba seguro de que en cuanto comenzaran a llegar más niños a la reserva, él dejarÃa de comportarse de esa manera. A la mañana siguiente desperté. Mi hijo ya estaba despierto y parecÃa que llevaba varias horas dibujando. Esto no era raro en él, pero en cuanto me vio despertar, corrió hacia mi cama y comenzó a gritar emocionado, diciendo que las criaturas habÃan vuelto y que ahora eran más de una. Me contó que habÃan estado en su ventana durante un buen rato.
5:43 Sin saber muy bien qué hacer, le sonreà y le pregunté qué le habÃan dicho. Ãl me respondió que no hablaban, solo hacÃan sonidos como los de animales. Instintivamente miré los dibujos que habÃa hecho. ParecÃan ser niños. No podÃa asegurarlo porque, como mencioné antes, mi hijo tenÃa cinco años. Y los dibujos y proporciones que hacen a esa edad no son del todo precisos. Algo que no podÃa ignorar de toda esta situación era que las criaturas que mi hijo imaginaba eran antropomórficas. Es decir, parecÃan tener zapatos y estaban paradas como personas. También tenÃan cola y la cabeza de algún animal.
6:25 Un mapache, un ratón, zarigüeyas, perros, gatos. Y la única que parecÃa ser distinta era la que tenÃa cabeza de conejo. Esta última era la única que no se repetÃa en sus dibujos y siempre la dibujaba con los ojos rojos. No voy a mentir, la verdad es que fue un poco aterrador, pero como padre creo que todos los que tienen hijos saben que a veces dibujan o hacen cosas que pueden parecer extrañas o dar miedo, pero sin ninguna mala intención. Y por esa razón no le di mucha importancia y le dije que era hora de desayunar. Durante el desayuno, mi hijo continuó hablándome de esas criaturas, pero básicamente todo lo que contaba no parecÃa tan mágico. No sé cómo describirlo, pero me narraba que las vio acercarse a su ventana, que hacÃan ruidos como de animales y que le habÃan llevado regalos de bienvenida, como ramas y piedras bonitas del bosque. Sé que esto puede sonar un poco ridÃculo, Pero los estándares de mi hijo solÃan ser más elevados. Me refiero a que en sus historias las criaturas solÃan volar, hacer magia, hablar y regalarle helado o dulces.
7:40 Me resultó extraño este cambio tan drástico en su manera de inventar historias. Pero de nuevo, esa mañana solo le seguà la corriente, tratando de que volviera a platicar conmigo como antes. Cuando salÃ, me sorprendió un poco ver muchas ramas y piedras en mi entrada. Algunas incluso estaban trenzadas, pero parecÃa más una manualidad hecha por un niño pequeño. Pensé que quizás habÃa sido mi hijo. Le pregunté, pero él me respondió que habÃan sido las criaturas del bosque. Supuse que sà habÃa sido él y tal vez solo querÃa volver todo el asunto un poco real, por lo que solo le hice la observación de no dejar las piedras tan lisas en la entrada, pues alguien podrÃa tropezar.
8:27 Alrededor del mediodÃa llegó una familia con trillizos de la misma edad que mi hijo. Los padres se veÃan cansados, y siguiendo mi plan, me acerqué y les pregunté si les parecerÃa bien que mi hijo jugara con los suyos un rato en el área infantil. Ellos parecieron encantados de que yo los vigilara, por lo que aceptaron. Mientras los padres instalaban su campamento, me llevé a mi hijo y a los trillizos a la zona de juegos. Mi hijo estaba algo nervioso, pues no era muy sociable, pero los trillizos eran amables y rápidamente lo incluyeron en sus juegos. Yo los vigilaba desde una distancia segura, y en un momento vi que todos se metieron bajo una pequeña estructura de toboganes. No me pareció raro porque seguÃa escuchándolos hablar.
9:17 Continué con lo mÃo hasta que de repente todos los niños salieron corriendo de debajo de la estructura y se acercaron a mÃ. preguntándome si era cierto que en el bosque vivÃan criaturas con caras de animales. Al parecer mi hijo les habÃa estado contando sobre ellas y también les dijo que yo le habÃa jurado que esas criaturas solo se acercaban a personas con un corazón muy puro. Balbuceé durante un rato sin estar seguro de si a los padres de los niños les gustarÃa que les contaran ese tipo de historias, pero les dije que sÃ, que eso era lo que le habÃa dicho a mi hijo. Todos los niños se emocionaron y comenzaron a preguntar dónde estaban esas criaturas y cómo podÃan verlas. Mi hijo les explicó que no podÃan verlas hasta la noche porque era la hora en la que salÃan del bosque. Pasaron aproximadamente tres dÃas en los que mi hijo jugó a diario con los trillizos y se volvieron muy unidos. Mis predicciones resultaron ciertas.
10:20 Mi hijo comenzó a abrirse más al mundo y a hablar con más fluidez, pero tanto él como los otros niños parecÃan estar obsesionados con la idea de las criaturas del bosque. Todos afirmaban haberlas visto desde sus respectivas cabañas y hablaban constantemente de ellas. Me sorprendió que las percepciones de los trillizos fueran muy distintas a las de mi hijo. Mientras él los veÃa como seres extraordinarios y probablemente inofensivos, ellos los veÃan con mucho miedo. DecÃan que eran feos y que querÃan llevárselos al bosque. Hubo algunas discusiones por qué mi hijo defendÃa a las criaturas, mientras que los trillizos insistÃan en que eran horribles y malvadas. Los niños lograban arreglar sus diferencias y seguÃan siendo amigos. Durante ese tiempo comencé a hablar más con los padres de los trillizos y noté que ellos también escuchaban a sus hijos hablar de las criaturas, pero al igual que yo, lo veÃan como un simple juego infantil. Pensábamos que era una etapa pasajera y pronto la olvidarÃan, pero esta percepción cambió una noche en la que un grito desgarrador me despertó.
11:32 ProvenÃa de la cabaña de al lado, la de los padres de los trillizos. Me levanté y vi que mi hijo, si bien aún seguÃa en la cama, estaba de rodillas mirando fijamente por la ventana. Era muy de madrugada como para que estuviera despierto, pero asumà que el grito lo habÃa despertado y que estaba curioso por lo que sucedÃa afuera. Le pedà que se apartara de la ventana, pues no sabÃa si lo que estaba ocurriendo era apropiado para que él lo viera. No me quedé a comprobar si obedecÃa. Salà corriendo para ver si podÃa ayudar. Para ese momento en la reserva, solo habÃa otra familia de ancianos y mis propios padres, que también eran mayores, por lo que me sentà responsable de asegurarme de que todo estuviera bien.
12:20 Al salir aún se escuchaban los gritos, provenÃan desde el interior de la cabaña donde se estaba quedando la familia de los trillizos. Me acerqué y toqué la puerta, pero en lugar de abrir, los gritos se intensificaron. Escuché al esposo tratando de calmar a su esposa, mientras ella le suplicaba que no abriera la puerta porque las criaturas podrÃan seguir afuera. Intenté tranquilizarlos diciendo que era yo y que solo querÃa asegurarme de que estuvieran bien. Pero la mujer seguÃa muy alterada. Volvà a tocar la puerta, preocupado al escuchar que los niños también lloraban. El esposo abrió la puerta y me miró por un momento. Le pregunté si todo estaba bien y me dijo que no estaba seguro.
13:04 Explicó que se habÃa despertado por los gritos de su esposa, creyendo que habÃa tenido un sueño. Pero ella insistÃa en que no habÃa sido un sueño. Le preguntamos qué habÃa visto. pensando que podÃa ser un intruso o un animal. Pero ella negó esa posibilidad. Dijo que creyó que eran niños jugando, pues escuchó risas y pensó que ya habÃa amanecido. Pero al despertar por completo, notó que aún era de madrugada. Vio que las figuras no eran niños comunes, llevaban lo que parecÃan máscaras de animales, tan realistas que parecÃan parte de ellos. Dijo también que, en cuanto a los niños con máscara, notaron que los miraba. Uno de ellos la saludó.
13:51 Y fue ahà cuando comenzó a gritar. Ni su esposo ni yo sabÃamos qué responderle, porque todo eso sonaba tan fantasioso. Como bien decÃa su esposo, los niños ya habÃan estado mencionando estas criaturas durante varios dÃas, por lo que bien podrÃa haber sido un sueño y ella lo habÃa confundido con la realidad. No sabÃa cómo actuar en esa situación. Pensé que lo mejor era tranquilizarla y quizás al dÃa siguiente podrÃamos retomar el tema. Me despedà del esposo y regresé a mi cabaña, sumido en mis pensamientos. Pero al faltarme solo unos pocos metros para llegar, escuché el sonido de unos mapaches. Me giré rápidamente. La oscuridad me dificultaba ver.
14:36 Las zonas cercanas a las cabañas aún tenÃan algo de luz, pero más adentro del bosque ya casi no se veÃa nada. Pero a lo lejos podÃa distinguir unas siluetas. ParecÃan ser tres niños. Esto me pareció extraño. Yo sabÃa exactamente quiénes se encontraban en esa reserva, y no habÃa más niños allÃ. Las figuras parecÃan tener alrededor de nueve o diez años, y sus cabezas se veÃan un poco grandes. No podrÃa asegurar hasta el dÃa de hoy que eran cabezas de animales, pues la oscuridad no me permitió ver más detalles. Tuve la peor sensación de mi vida. Recordé que habÃa cerrado la puerta de mi cabaña antes de ir a ver qué ocurrÃa con mis vecinos. Pero ahora, al girarme, me di cuenta de que estaba abierta. Corrà hacia mi cabaña y al entrar el terror que todo padre teme se hizo realidad. Mi hijo no estaba en su cama. Lo busqué por toda la cabaña llamándolo, pero no habÃa rastro de él. Salà corriendo hacia las cabañas vecinas, gritando por ayuda, y pronto todos nos unimos a la búsqueda. Pedimos ayuda a los guardabosques, pero no encontrábamos nada. Nos adentramos en el bosque y encontramos algunas huellas, pero no eran de mi hijo. Eran más grandes, si parecÃan pertenecer a niños, pero mayores que él. Nadie podÃa explicarlo. Era una reserva de campamentos, no era un lugar de acceso público. por
16:10 lo que no se extrañó aún más. Algunas personas empezaron a dudar de mÃ, pensando que yo habÃa tenido algo que ver en la desaparición de mi hijo, pero habÃa testigos que podÃan garantizar que me habÃan visto durante las horas de su desaparición. La vecina también dio su declaración acerca de lo que ella aseguraba haber visto, pero al ser algo tan irreal, intentaron investigar durante más tiempo, pero eventualmente el caso fue olvidado Nadie más lo buscó. Pensaban que, si mi hijo habÃa salido por su cuenta y se habÃa adentrado en el bosque, al haber pasado tantos dÃas, no habÃa posibilidad de que siguiera con vida. Pero todos estos años yo he seguido buscando, sin rendirme. Consulté a varias personas, algunos que me aseguraban saber el paradero de mi hijo. La mayorÃa resultaron ser charlatanes, y unos pocos me aseguraron que mi hijo habÃa sido llevado por brujos con la capacidad de cambiar su forma. Me dijeron que por desgracia ya no podÃan sentir su presencia en este plano.
17:17 Ya no sé si creerles, pero lo que sà sé es que no dejaré de buscarlo, al menos hasta encontrarlo, ya sea vivo o muerto.
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