RELATOS ATERRADORES DE MORGUES Y EL TURNO DE NOCHE / TEMP.6
0:01 Hola, buenas noches, criptomaniacos. Buenas noches, buenos dÃas o buenas tardes, cual sea el horario en el que estén escuchando este podcast. Saludos a toda la familia de criptomaniacos que nos están escuchando en YouTube, en Spotify, en Facebook también, y que estén listos para este capÃtulo lleno de historias, en un lugar muy tétrico, como lo es la morgue. Antes de comenzar, créanme que me apoyarÃan mucho con un pulgar arriba, en Spotify por ejemplo, con las estrellas, y también en Facebook pude recomendando los relatos, recomendando el sitio. Gracias por ser parte de la comunidad, gracias por ser parte de la familia, y ahora sÃ, comenzamos con este podcast de historias. Este siguiente relato, criptomaniacos, me lo manda Mario Ezequiel. Mario es un forense, el cual trabajó durante 10 años de su vida en una misma morgue. Asà que como pensaremos, él tenÃa mucha experiencia allá, pero toda esa experiencia salió por la ventana una noche. Todo aquel temple con el cual habÃa trabajado años y años, se fue. teniendo que estar abriendo cuerpos teniendo que tolerar aquellos pasillos de absoluto silencio en
1:34 aquellas horas de la madrugada todas aquellas experiencias que lo dotaban para no tener miedo durante los turnos de noche se fue de su cuerpo en una ocasión cuando empezó a escuchar ruidos extraños Mario nos cuenta lo siguiente Ãl se encontraba como rutinariamente, todas las otras noches, trabajando en un cuerpo. Después de terminar, tomó aquel cuerpo junto con la mesa y fue llevado a una parte donde se destinaba a una camioneta que serÃa llevado a una funeraria. Obviamente todos sabemos que después de que una persona fallece, a esta se le tiene que abrir el cuerpo, se le tiene que hacer una autopsia, una necropsia, y después se les entrega a los familiares. Para mala suerte de Mario, él tenÃa el turno de noche, asà que él se iba hasta que el sol salÃa. Ya no tenÃa nada más que hacer más que llenar algunos reportes. Asà que la noche se le iba a hacer pesada, tener que estar escribiendo una y otra y otra vez. Mientras estaba escribiendo, llenando reportes aquà y allá, En cierto punto, su celular deja de reproducir música. Ãl tenÃa su celular puesto con música para no sentirse tan solo, pero llega el tiempo en donde la música se acaba y te pide otra vez que selecciones alguna canción. Al momento de tomar su celular,
3:09 en esos breves instantes de silencio, Mario escucha que hay un ruido extraño que se está escuchando por allá en los pasillos. En ese momento él se levanta, sale de su oficina y empieza a caminar por aquel largo pasillo siguiendo aquellos ruidos extraños. Ãl tiene muy bien en la cabeza en cuenta que hay un guardia de seguridad en el edificio, pero por lo regular este guardia siempre se encuentra abajo. siempre está en la primera puerta, en la puerta de entrada, de vez en cuando hace algunos rondines, pero por lo regular solamente lo hace en el primer piso, Mario se encuentra en el segundo, y lo que él está escuchando en ese preciso momento, son pisadas, y como algo se mueve, como si algo estuvieran arrastrando, algo muy pesado, algo metálico, Mario sigue caminando, Y los ruidos lo llevan a lo que parece ser un refrigerador enorme. Y se los estoy abreviando para que lo entiendan lo más coloquial posible.
4:22 Mario explica que hay un cuarto designado para almacenar ciertos cuerpos. Estos cuerpos que no son entregados tal vez a una familia. Tal vez que son entregados a varias universidades de medicina. Entonces tienen que almacenar los cuerpos ahÃ, en un lugar muy frÃo. para después con mucho cuidado llevárselos a estas universidades pero lo extraño es lo siguiente Mario recuerda muy bien, como ya explica anteriormente, lleva años en esa morgue. Recuerda muy bien que ese cuarto, concretamente ese cuarto, no se encuentra disponible. Es decir, que no está en funcionamiento. Ni siquiera el refrigerador está en funcionamiento, no está sirviendo. Asà que le llama la atención quién se encuentra adentro. Mario va, abre la puerta, la puerta está rechina, de modo que se hace ver que casi nadie la usa, y se encuentra con que adentro del refrigerador, de ese almacén de cuerpos, solamente hay dos cadáveres, Uno de una mujer más o menos joven, como de algunos treinta y tantos, y otro de un cuerpo de un anciano, ya de alguien de la tercera edad, tal vez de algunos ochenta, noventa años.
5:42 Mario nota que el refrigerador no está produciendo aire frÃo, pero sin embargo, a pesar de no escuchar el motor, Mario siente frÃo. Al momento de entrar, Mario empieza a expulsar ese leve vapor por la boca, algo sorprendido, porque al fijarse muy bien, nota que todo está apagado. Entonces él piensa que tal vez con el uso de años, pues el cuarto permanece frÃo, al ver que no hay nada extraño, y tal vez al pensar que estaba confundiendo las cosas ya sea por el cansancio. Mario decide salir del refrigerador e irse de nuevo a su oficina. Pasan los minutos, tal vez alguna hora, y Mario vuelve a escuchar ruidos extraños proveniendo de aquel cuarto. Otra vez se levanta.
6:40 y esta vez camina un poco más lento, lo hace para cerciorarse de que no se esté confundiendo, al momento de que llega enfrente de aquel cuarto helado, se detiene, tal vez algunos minutos, y se cerciora de que lo que está escuchando proviene de ahà dentro, alza su mano, gira la perilla, la manija, empuja la puerta, y para su sorpresa cuando la puerta se va abriendo, todo el ruido se calma, Y enfrente de él... Solamente ve... A la mujer... Y al anciano... Ambos cuerpos ahÃ... Es en este momento que Mario cierra la puerta... Y regresa rápidamente a su oficina... Para buscar... Algún papeleo... Algo que le diga...
7:29 Quienes son aquellas dos personas... O bueno... Aquellos dos cuerpos sin vida... Que se encuentran en aquel cuarto frÃo... Pero por más que busca... Entre dÃas, meses con antelación, incluso un año de antelación, no logra dar con que en aquel cuarto frÃo esté en funcionamiento y que dentro de éste hubiera cuerpos. No logra encontrar ninguna información al respecto de eso. Sobre todo porque en los mismos cuerpos tiene que haber unas etiquetas. En sus pies, creo que todos las hemos visto. Bueno, aquellos cadáveres no la tenÃan. ParecÃa ser que nadie los habÃa revisado. ParecÃa ser que ni siquiera nadie tenÃa contemplado que se encontraban ahÃ. Mario decide hablar esto con uno de sus superiores, pero ya en la mañana, cuando estén llegando. Asà que por última vez, pasa por aquel pasillo, pero esta vez no se dirige a él por escuchar ruidos extraños, sino que se dirigÃa a la cafeterÃa. Quiere ir por algo, un café algo potente, ya que eran las cuatro y media de la mañana, el horario donde a uno le cae más cansancio. Y justo cuando estaba pasando por enfrente de aquel cuarto frÃo, Mario me explica. que empiece a escuchar pasos y también voces,
9:00 como si adentro de ahà estuvieran platicando. Mario es un hombre de ciencia, por lo mismo estudió forense, asà que para él creer en estos hechos paranormales no es algo fácil. A pesar de estar viviendo esto, él creÃa en su cabeza que tenÃa alguna explicación lógica, tal vez que adentro de aquel cuarto habÃan hablado mucho y era algún eco. Tal vez algo, alguna explicación que tuviera algo que razonar. Pero era muy difÃcil. Mario va, hace lo que tiene que hacer en la cafeterÃa, y al momento de que vuelve para ir a la oficina, escucha como claramente, desde adentro de aquel cuarto frÃo, lo llaman por su nombre. Mario, Mario.
9:56 En ese momento él se va. Ãl está seguro que esto no puede ser eco, que tal vez está sugestionado, que tal vez no ha sido el único, asà que se plantea algo, a la mañana siguiente le iba a preguntar a sus compañeros, que si alguno de ellos también habÃa visto algo o habÃa escuchado extraños ruidos provenir de aquel cuarto frÃo, cuando amanece y ve a sus compañeros entrar, les pregunta, Oigan, disculpen,¿ ustedes no han escuchado algún ruido extraño? Algunos ruidos asÃ, como que van caminando, como que voces en aquel cuarto frÃo que está en el segundo piso.
10:40 Y es en ese momento que sus compañeros se le quedan viendo. Me cuenta Mario, Alex, se me quedaron viendo como si yo estuviera loco. Me dijeron que en ese cuarto no habÃa ningún cadáver y que no deberÃa de estar frÃo, pues los refrigeradores de aquel cuarto, los que los mantienen helado, No están en funcionamiento... En aproximadamente... Seis meses... Tal vez más... Yo sabÃa esto Alex... Yo sabÃa que los refrigeradores no estaban... En funcionamiento desde hace muchos años... Pero jamás habÃa entrado a aquel cuarto... También Mario me explica que... Hay que resaltar algo... Que a él... En todos esos años... Jamás le habÃa tocado cubrir un turno nocturno completo. Ãl se iba por eso de la medianoche.
11:37 Jamás se quedaba hasta amanecer. Esas eran sus primeras ocasiones en las que lo hacÃa. Después de vivir esto, y después de no encontrarle ninguna respuesta lógica, Mario, aterrado por lo que habÃa vivido, decide que lo mejor... serÃa no volver a pasar enfrente de aquel cuarto frÃo, y es asà como cambia su ruta, siguió trabajando por ahà de esos 5 años, 6 años según me explica, Pero me dijo... Alex no volvÃa a pasar cerca de aquel pasillo... TenÃa que tomar algunas escaleras... Rodearlo... Pero jamás volvÃa a pasar... Enfrente de él... Al menos cuando me quedaba... De turno completo de noche... Y siempre ponÃa música... Porque sabÃa exactamente... Que en aquel cuarto... Se escuchaban... Pisadas voces... Y como si esto no fuera suficiente durante el dÃa... Cuando abrà aquel cuarto, no veÃa a nadie. Mario buscó los cadáveres que habÃa visto en la noche. Ese que en el dÃa parecÃa que no existÃan, simplemente ya no estaban ahÃ. Pero cuando caÃa la noche, aquellos cadáveres, como por arte de magia, aparecÃan.
13:01 Y también como por arte de magia o tal vez por algo tenebroso, todo el cuarto frÃo empezaba a helarse, sin necesidad de que los motores, el enfriamiento estuviera trabajando. Mario me cuenta que esa ha sido su peor experiencia... Lidiando dentro... De una morgue... Bueno criptomaniacos... Esa ha sido nuestra primera historia... Espero les haya gustado... También los invito a que me apoyaran mucho con un pulgar arriba... Y si es que son nuevos... que se suscriban al canal de YouTube, o si es la primera vez que me están escuchando en Spotify, agradecerÃa mucho también que dejaran algún comentario, sugeriendo también que otros temas quieren que hable, tal vez algún podcast de alguna hora sobre brujerÃa, nahualismo, abordando ciertos temas, no solamente relatos. También a las personas que me están escuchando en YouTube, siéntanse también libres de sugerirme qué temas les gustarÃa que tratáramos. Ahora sÃ, sin más, seguimos con los relatos. Bueno, criptomaniacos, tenemos la siguiente historia que viene de parte de Andrea Navarro. Andrea nos cuenta que vivió esta experiencia cuando trabajaba como secretaria. Ella atendÃa lo que vendrÃa siendo una funeraria y una morgue al mismo tiempo.
14:33 Estos dos sitios se encontraban juntos, casi pegados. Obviamente eran como del mismo dueño. Andrea administraba pues los funerales que iban a suceder un dÃa en concreto y también atendÃa los cuerpos que iban a llegar. Algunos asuntos familiares que tenÃan con algunos cuerpos y otros asuntos con escuelas, centros de estudio, como sabrán, como expliqué en el anterior relato, a muchas murgues se le solicitan diferentes cuerpos, asà como también huesos. Andrea dice que en unas muy contadas ocasiones ella se quedó durante el turno de noche Más bien ahà no existe turno de noche, era cuando tenÃan mucho trabajo en cualquier empleo Uno se tiene que quedar a laborar horas extras y a veces te las pagan y a veces no, pero son gajes del oficio Andrea nos cuenta que tristemente, curiosamente en un mes de octubre sucedió esto HabÃan habido muchos accidentes, habÃa habido muchos cadáveres, de hecho la morgue se encontraba casi completa en ese mes en concreto, y los funerales, obviamente, estaban pronosticados en ese mismo sitio. Algo muy extraño que solamente sucede un par de veces contadas, al transcurrir años, Andrea nos cuenta que nada parecido ha vuelto a suceder. Pero en aquella ocasión sucedió.
16:10 TenÃa mucho trabajo, tenÃa que administrar muchas cosas, entonces eso derivó en que se quedara hasta altas horas de la noche, por eso de las doce y media, ahà en las oficinas que se encontraban hasta arriba. Para salir y bajar desde el piso de arriba, que era un cuarto piso, y descender hasta el primer piso, y finalmente salir de la morgue y la funeraria, tenÃa que bajar por tres pisos. No habÃa ascensor. Entonces ya se imaginarán las escaleras. Lo tétrico de esto, según explica Andrea, es que cuando ella va caminando por las escaleras tiene que pasar por ciertos cuartos que son muy tenebrosos, que es donde se encuentran los forenses. Esos dos pasillos, el segundo y el tercero, siempre están helados, y es por algo en concreto. Y es que los cuartos donde mantienen a los cadáveres tienen que estar muy frÃos. Obviamente los forenses al entrar y salir, dejan que este frÃo salga. Y como esto lo hacen todos los dÃas, esos pasillos en concreto se mantienen con una cierta aura helada. Además también que ahà se encuentran todos los cadáveres. Andrea nos platica lo siguiente, ella habÃa salido de noche y estaba bajando por las escaleras en absoluto silencio, ya nadie se encontraba ahà a excepción de
17:40 ella y el guardia de seguridad que se encontraba hasta abajo en el primer piso. Ella continúa caminando, bajando, hasta que llega al segundo piso. Y es ahà cuando ella nota algo. Andrea me dice lo siguiente. Alex, cuando llegué al piso, al segundo piso, me di la vuelta para seguir bajando. Sentà algo, una mirada muy penetrante, como de alguien que te observa a lo lejos. Volté y lo pude ver. Era un niño, Alex. Un niño parado en medio del pasillo oscuro. Si te preguntas cómo lo pude ver, era porque atrás de él habÃa una especie de ventanal.
18:26 Por este entraba la luz de la luna y podÃa ver su silueta. Yo me le quedé mirando, parada, estupefacta. Simplemente me agarró desprevenida. Este niño no me decÃa nada. Ni siquiera movÃa su boca, sus ojos, ni siquiera parpadeaba. Aquel niño solamente me miraba. Yo soy una persona que cree mucho en lo paranormal, y creo en Dios, en el diablo, en fantasmas. No me importa si las demás personas no creen en eso, al menos yo sÃ. Y sé que al estar trabajando en una morgue, a veces algunos espÃritus no se van muy fácil. Lo mejor que uno puede hacer es darse la media vuelta e irse.
19:12 Y eso fue lo que hice en aquella ocasión. Me di la media vuelta y continué bajando. Porque es más que obvio, Alex. que un niño no puede estar en horas de la madrugada ahà dentro de una morgue, mucho menos por cómo iba vestido, porque eso no te lo dije, el niño iba vestido con una bata blanca, una bata muy caracterÃstica y que era inconfundible, yo la reconocà al instante, era una bata como la que traÃan los cadáveres, como las que portan los cadáveres ahà en la morgue, simplemente seguà bajando, a la par que rezaba, pero rezaba en mi mente, por alguna razón, tal vez por el miedo, no podÃa mover mis labios, llegué donde estaba el guardia, y le dije, vi a un niño ahà en el pasillo, yo seguà bajando, verdad que ese niño no está vivo, lo que me sorprendió Alex, es que el guardia con total normalidad, Y ojo, no me lo dijo cÃnicamente. Me llevaba muy bien con él. Era un señor respetuoso. Ãl me dijo, sÃ, señorita. Ese niño por ahà aparece. Ãltimamente han aparecido muchas personas. Por eso mismo... Cuando yo hago mi roundin, no lo hago en el segundo piso, simplemente sigo subiendo. Como ahà es donde llevan a los cuerpos
20:46 que recientemente han perdido la vida, es muy común verlos caminar en los pasillos de la morgue. Esas palabras nunca se me olvidarán, Alex. Y desde aquel momento, no importa el exceso que tenga de trabajo, procuro terminarlo todo, o si es necesario llegar el dÃa siguiente más temprano para acabarlo. Pero eso sÃ, jamás me vuelvo a quedar sola. ni siquiera acompañada, en una morgue cuando cae la noche. Francamente esta historia es muy impactante, porque Andrea cierra con algo, algo que no mencioné, y es que al final de cuentas, uno se acostumbra a todo, menos a no comer. Algunas personas tienen trabajos en donde ven muchas cosas paranormales, pero como es su trabajo, les toca aguantarse. Tales son los veladores, los cuidadores de cementerio criptomaniacos. Como ya dije, los veladores que los mandan a cuidar casas abandonadas, edificios del gobierno que ya no están en funcionamiento. Y ellos ven y tienen que tolerar ciertas apariciones paranormales. simplemente son gajes del oficio a ti que me estás escuchando te pregunto¿ tú soportarÃas este tipo de trabajos? pongámosle que si te están pagando un buen dinero serÃa muy interesante que lo analizaras
22:20 y que me lo compartieras abajo en la caja de comentarios seguimos con la tercera historia Tenemos esta tercera historia, criptomaniacos, y como no podrÃa ser de ningún otro modo, es un velador, un vigilante nocturno, quien nos cuenta su aterradora anécdota. Ãl quiere permanecer en el anonimato absoluto, entonces vamos a respetarlo. Ãl empieza platicando su relato, me dice Alex, en muchos lugares yo he sido velador, y he sido velador nocturno. Por lo tanto, cuando me ofrecieron el trabajo de velador nocturno en una morgue, a mà ni se me hizo raro, ni me inmuté. Y ni siquiera pensé en eso que todas las otras personas piensan. Oye, no, voy a estar trabajando con cuerpos sin vida, voy a estar trabajando en prácticamente un cementerio, ¿no? Lo cual es mucho peor porque son cuerpos que recientemente han partido. Algunos dicen que en las morgues se pueden escuchar cosas más extrañas que en los mismos cementerios, pues las almas andan caminando ahÃ. Me dice que él no pensó eso. Ãl es una persona bastante escéptica, que si bien le gusta el tema de lo paranormal, no se lo toma con tanta profundidad. Y es por eso que tomó el empleo, sin pensarlo dos veces, además de porque la paga era muy pero muy buena.
23:54 Comenzó su trabajo la primera noche. El guardia con el que iba a estar le hizo un recorrido por toda la morgue, Era un edificio de algunos tres pisos, tres pisos y medio, arriba habÃa una pequeña terraza que cubrÃa todo el edificio y habÃa unas mesas en donde a veces los forenses y demás personal iban y comÃan ahà al aire libre. Este guardia nos empieza a contar que cuando empieza a hacer todo su recorrido, empieza a recibir también las instrucciones, instrucciones muy metódicas de lo que tiene que hacer. Primero, asegurarse de que todas las puertas estén cerradas, de que no haya utensilios afuera en los pasillos. A veces algunos forenses dejan algunas mesas con utensilios afuera. por diferentes circunstancias también las carpetas y demás cosas simplemente tomar una fotografÃa y anotarlo en la bitácora por si alguien pregunta más futuro y también otra regla que tenÃan es que todas las ventanas sin excepción porque no tenÃan protección no tenÃan barrotes tenÃan que estar absolutamente cerradas ninguna ventana tenÃa que estar abierta Cuando le hicieron su recorrido, todavÃa habÃa personal, el personal ya se estaba yendo, y como a él le tocaba hacer el primer rondÃn, entonces tenÃa
25:26 que ir checando esto, y obviamente por ser el primer rondÃn, él se encontró con todo abierto, algunas... La mayorÃa de las puertas abiertas, las ventanas abiertas... Entonces él, uno por uno, tuvo que ir cerrando. Me explica Alex, esto hasta lo vi beneficioso porque... El trabajo de velador en la noche... Suele ser algo aburrido. Al menos asà tenÃa algo que checar cada vez que hacÃa rondÃn. Entonces él va, cierra todas las ventanas, todas las puertas... E incluso cuando vuelva a hacer el rondÃn, esta vez de vuelta a su sitio, checa de nueva cuenta todas las ventanas, todas las puertas que estén cerradas y con el seguro puesto. Todo cambia cuando a las horas... vuelve a hacer el rondÃn a él le tocaba checar los pisos de más arriba a su compañero los pisos de abajo se repartieron dos y dos primer piso y sótano uno segundo piso y tercero otro a él le tocaba el segundo y el tercero cuando llega el tercero me platica que vio algo que le pareció muy extraño Y es que él vio una ventana abierta de par en par, una ventana que él recuerda muy bien, habÃa cerrado hace apenas algunas horas atrás, en su primer rondÃn. Ãl se acerca y empieza a preguntarse, ¿no?, a sà mismo, bueno, yo estoy seguro de que esa ventana la cerré.¿ Cómo es posible que otra vez esté abierta?
27:00 Ãl recuerda, bueno, perdà de vista a mi compañero hace algunos minutos, tal vez él fue, tal vez él caminó hacia arriba, quién sabe, estaba mascando un chicle, tal vez querÃa tirar alguna envoltura, abrió la ventana, la tiró y se olvidó cerrarla. Ãl estaba pensando esto en la marcha. Mientras caminaba aquella ventana, agarraba ambos ventanales, lo cerraba y ponÃa el seguro inmediatamente. Siguió caminando, siguió haciéndose un rondÃn con total normalidad, checando nuevamente cada ventana, cada puerta, y cuando él se dirigÃa otra vez a su escritorio en la primera planta, vuelve y se encuentra con aquella ventana, aquella ventana que sigue abierta. Hace apenas minutos la habÃa cerrado.
27:51 Ãl vuelve otra vez, algo extrañado pero también algo malhumorado, ya que inmediatamente piensa que tal vez su compañero es un graciosito al que le gusta espantar a la gente. No lo conocÃa de tanto, apenas esa noche se estaban conociendo, asà que también se le hacÃa extraño. Agarra los dos ventanales, los junta, pone el seguro y regresa al escritorio. En la morgue se escucha silencio absoluto. Asà que se le hace raro no escuchar las pisadas de su compañero si es que subió atrás de él. Llega con su compañero y para su sorpresa cuando él va llegando su compañero también va llegando pero del otro extremo. Lo cual hacÃa más difÃcil la teorÃa de que lo habÃa seguido. Entonces por pura curiosidad le pregunta... Oye disculpa,¿ tú me seguiste?
28:48 Su compañero le dice no, yo no te seguà a ningún lado,¿ por qué? Ãl no dice nada, simplemente le empieza a decir que se imaginó alguna cosa, pero es algo que no tiene sentido, que no hay por qué preocuparse, simplemente se confundió en algo. Ãl empieza a pensar que tal vez no le puso el seguro bien a la ventana y que por eso estaba abierta. Pasan las horas, toca de nuevo hacer el rondÃn y me explica Alex, yo iba subiendo la escalera, dando vuelta quedando enfrente del pasillo y vuelvo a observar la ventana. Esa ventana que, de nueva cuenta, se encuentra abierta.« Esta vez estoy muy extrañado y notablemente aterrorizado», explica él,« porque él recuerda muy bien que su compañero estuvo en todo momento con él porque cenaron, cenaron tarde». Y luego los dos se levantaron y fue cada uno a su sitio hacia el rondÃn Asà que no habÃa manera de que su compañero hubiera subido y hubiera abierto aquella ventana Los pensamientos empiezan a correr por su mente Va, agarra ambos ventanales, los vuelve a juntar, los vuelve a cerrar, pone el seguro y esta vez lo hace con fuerza Se saca una liga de su pantalón y le pone una, dos, tres, cuatro ligas bien entrelazadas para que no se vuelva a abrir.
30:14 Lo que él querÃa pensar en aquel momento es que tal vez el aire la abrÃa, tal vez el seguro no se ponÃa bien y se abrÃa, porque el seguro era de gancho, entonces se agarraba muy bien de ambos ventanales. Ãl creyendo que esto ya no va a volver a suceder, continúa con su rondÃn, sube al tercer piso, baja al segundo, y cuando ya se dirigÃa de nuevo a su escritorio, se vuelve a encontrar con que aquella ventana está abierta. El terror lo invade y simplemente no lo puede creer. Ãl dice que decide subir al tercer piso y quedarse ahà un momento.¿ Cómo era posible que una ventana, aún con ligas, con seguro, se abriera? Y él estaba más que seguro que su compañero no habÃa sido... él no era el culpable, habÃa sucedido algo más, cuando él decide bajar, y tal vez enfrentarse a su miedo, él ve algo, que lo aterra por completo, y es que cuando él va descendiendo, gira, y ve el ventanal, ahà que queda de frente, ve como hay una persona, enfrente de aquella ventana, observando hacia afuera, dándole la espalda, Nuestro guardia de seguridad se queda inmóvil solamente viéndolo, mientras que aquella persona camina hacia delante de la ventana y se tira al fondo de esta. Lo que hace nuestro guardia de seguridad simplemente
31:46 es correr, correr de frente, pasar por aquella parte, pasar enfrente de la ventana y seguir corriendo hasta llegar al escritorio. Y una vez ahÃ, le dice todo a su compañero. Vi a una persona, no sé si era hombre o mujer, lo vi de espaldas, tenÃa un pelo corto, pero era muy delgado, se lanzó por la ventana y escuché como impactaba en el suelo. Una persona se quitó la vida enfrente de mÃ, aterrado decÃa esto y lo repetÃa y lo repetÃa. Su compañero, de una forma muy asombrosa, no se inmutó, simplemente se le quedó viendo. Y le dijo, me puedes llevar a donde viste aquella persona. Ambos guardias subieron al segundo piso y vieron la ventana abierta. Para cuando se asomaron, abajo de esta, no se encontraba nadie.
32:49 es más habÃa unas plantas un camino pavimentado no habÃa ninguna marca de que alguien hubiera impactado ahà es en ese momento que este guardia me dice Alex yo no sabÃa que era lo que habÃa visto como era posible habÃa visto una persona hace apenas unos minutos caer al fondo y ahora simplemente ya no estaba su compañero le empieza a decir que esto es muy habitual Que no pensó que se le aparecerÃa de un momento a otro. Que esto tarda, tarda tiempo. Pero que hay una persona que se cree. Hace muchos años se quitó la vida.
33:31 Precisamente en aquella ventana. La abrió de par en par y se aventó por ella. Algunas personas no saben si este fue tal vez una persona que trabajaba en la morgue o tal vez una persona que de manera sorpresiva habÃa resucitado. El caso es que tanto forenses, personal de limpieza... y sobre todo veladores, habÃan visto a este ser aventarse por la ventana en repetidas ocasiones y en diferentes dÃas. Simplemente es algo que sucede, pero lo más extraño es que solamente le sucedÃa a las personas que llevaban más tiempo trabajando en aquel sitio. Al parecer nuestro amigo tuvo mucha mala suerte, porque él en el primer dÃa pudo verlo.
34:20 Ãl es honesto con todos nosotros, conmigo y con ustedes criptomaniacos. Dice que no soportó esto y a pesar de ser una persona escéptica, decidió renunciar a la mañana siguiente porque no soportaba la idea de tener que lidiar con eso dÃa con dÃa. Esa fue la historia, criptomaniacos.¿ Qué tal les pareció? Espero les haya gustado mucho. A continuación, les voy a compartir unos relatos que hice en un en vivo. Estos no son relatos que yo anteriormente haya contado en videos, sino solamente son relatos que compartà en un en vivo y que creo que la mayorÃa de ustedes, pues, aún no ha escuchado, ya que los en vivos no suelen recomendarse mucho. Asà que espero que les guste, y también espero que hayan disfrutado estos relatos de morgues y forenses.
35:12 También me gustarÃa que me compartieran en los comentarios, ya sea si me están escuchando de Spotify, de Facebook, de YouTube,¿ qué les parece este nuevo formato? Trato de innovar un poquito en el canal, no quiero que solamente sean historias, sino también una plática amena con ustedes. Esperen también más adelante un podcast de unos temas terrorÃficos que les traigo ganas ya y espero que a ustedes también les guste. Nos vemos en otro capÃtulo y espero disfruten las siguientes historias. Les deseo buenas noches y unas aterradoras pesadillas. Mi nombre es MatÃas. TenÃa 26 años cuando mi hermano Diego y yo fuimos a acampar a los montes Apalaches. Fue su idea.
36:08 Siempre quiso conocer los senderos que se perdÃan entre los árboles gigantescos. Yo, sinceramente, preferÃa algo más tranquilo, pero no podÃa decirle que no. Era nuestro primer viaje juntos después de años. Llegamos una mañana de otoño, el clima estaba perfecto, fresco pero soleado, y comenzamos la caminata por uno de los senderos marcados. TenÃamos provisiones, brújula, mapa, linternas, todo bajo control, o eso creÃamos. El primer dÃa fue normal, armamos la tienda cerca de un claro y dormimos bien, Pero la segunda tarde, el cielo se tornó gris. De forma repentina, una tormenta se alzó con una furia que no habÃa sido pronosticada. El viento soplaba con tanta fuerza que tuvimos que levantar campamento apresuradamente. La lluvia no cayó en gotas.
37:20 Era como si el cielo se estuviera arrojando. Era como si el cielo estuviera arrojando agua encubetadas, truenos, relámpagos, árboles que crujÃan. En medio de ese caos, perdimos el rombo. El sendero desapareció bajo el lodo. Todo era bosque denso y húmedo. La brújula comenzó a fallar. marcando direcciones contradictorias. No entendÃamos más y entre los árboles pensamos que podÃamos orientarnos, pero todos nos parecÃan igual. Y entonces la tormenta cesó, asà de pronto como comenzó. El cielo se despejó, pero la sensación ahora era distinta. El ambiente estaba quieto. No se oÃa ni un pájaro, solo el crujido de nuestras botas y la respiración agitada. Diego y yo decidimos que para descansar y bajar un poco la guardia, tenÃamos que recostarnos en uno de los árboles. Fue cuando lo escuchamos, fue cuando lo escuchamos, un silbido, agudo, pero distante. Pensamos
38:50 que era el viento, hasta que escuchamos otro, a nuestra izquierda, después otro, detrás de nosotros. No era viento, eran silbidos, pero eran silbidos humanos, pero no sonaban como los de una persona normal. TenÃan un ritmo, una especie de patrón, como una llamada. Diego me miró y noté que tenÃa los ojos muy abiertos. En completo silencio se llevó el dedo a los labios. Del bosque salieron sombras. Al principio pensé que eran animales, pero tenÃan forma humana. Caminaban encurvados, con movimientos erráticos. Algunos eran muy altos, demasiado altos. Otros parecÃan delgados como ramas. Sus ojos no eran ojos. Estaban vacÃos.
39:57 Eran huecos. Uno se acercó más que los otros. VestÃa ropas desislachadas. Y una piel grisácea colgaba de su rostro. Como si éste no le perteneciera. Nos observaba. O más bien... nos sentÃa, retrocedimos despacio, sin hacer ni un solo ruido, hasta que un crujido, bajo mi pie nos delató, entonces, todos voltearon al mismo tiempo, fue como si el bosque respirara, corrimos, corrimos con toda el alma, no sé cómo, pero salimos de ahÃ, no mirábamos atrás, SentÃamos que algo nos seguÃa, algo que se arrastraba entre los árboles. Horas después, o lo que creÃmos que eran horas, llegamos a una carretera y pedimos ayuda. Una patrulla nos recogió. Pensamos que todo habÃa terminado hasta que el oficial nos preguntó,«¿ Ustedes son los hermanos desaparecidos?». Yo le contesté,¿ cómo que desaparecidos? SÃ, los están buscando desde hace dos dÃas. Nos miramos confundidos.
41:24 Para nosotros, solo habÃan pasado unas pocas horas desde la tormenta. Pero nos enseñaron los carteles, las fechas, las llamadas de nuestros padres. Dos dÃas, dos dÃas perdidos en el bosque. Le contamos lo de la tormenta, pero el oficial negó con la cabeza. No ha llovido en esta zona en toda la semana, nos dijo. No hay forma de que una tormenta como la que tú me estás explicando hubiera existido hace dos dÃas. Volvimos a casa. No dijimos mucho más.¿ Quién nos creerÃa? Desde entonces, Diego no ha vuelto a acampar Yo tampoco. A veces, cuando todo está en silencio por la noche, creo que escucho un silbido a la distancia y me paralizo, porque sé lo que vi en esos bosques, y aquello que los habita no es humano.
42:40 Nunca he sido de creer en cosas sobrenaturales. Siempre fui el tipo de persona que necesita pruebas, lógica. Pero esa noche, en los Montes Apalaches, algo cambió para mà y para toda mi vida. Ãbamos de regreso a casa después de pasar el fin de semana en una cabaña en Carolina del Norte. Era tarde. cerca de las 10, y conducÃamos por una carretera secundaria que se retorcÃa entre las montañas, con los árboles altos a ambos lados, oscuros como una boca sin fondo. Ãbamos mi esposa, nuestro hijo, dormidos en el asiento trasero. Yo iba al volante, iba manejando, mientras que ellos dormÃan. De pronto, sin ninguna advertencia, el motor del carro se apagó. Las luces del tablero parpadearon un segundo y todo se detuvo. El auto simplemente se apagó definitivo.
43:56 Intenté encenderlo de nuevo, pero no respondió. Mi esposa confundida me preguntó qué pasaba. Le dije que probablemente era la baterÃa o el alternador. algo mecánico, me bajé del auto con mi linterna, abrà el cofre y revisé, no vi nada extraño, los cables estaban en su sitio, todo se sentÃa normal, pero el carro no encendÃa, fue entonces cuando escuchamos los pasos, lentos, pesados, como si algo caminara descalzo sobre el asfalto, Me giré hacia el camino. Mi esposa, ahora también fuera del carro, se quedó paralizada. En medio de la carretera, iluminado solo por la luna, estaba algo.
44:52 TenÃa la forma de un hombre, pero su cuerpo era alargado, demasiado delgado. Sus piernas estaban torcidas, como las de un animal, y donde deberÃan estar los ojos... Solo habÃan dos orbes rojos, brillando. Nos miraba, y entonces habló, pero no era una voz humana. Era como si usara palabras humanas para hacerse entender, pero sin saber hacerlo. Como formar frases, como un animal imitando. Ayuda, carro, frÃo, niños.
45:39 Eso fue lo que dijo aquella criatura. Mi esposa gritó y corrió hacia el auto. Yo no me movÃ. Algo dentro de mà me decÃa que si corrÃa, él también lo harÃa. Y no sabÃa si llegarÃa al auto antes que él. La criatura inclinó su cabeza. como estudiándome, y dio un paso hacia adelante. En ese instante, los niños se despertaron dentro del auto y comenzaron a llorar. Fue como si eso le gustara. La criatura sonreÃa, de una forma mórbida y también bastante perturbadora. Dio un segundo paso y un tercero, Mi cuerpo reaccionó por instinto. Me metà de golpe al carro, cerré la puerta y apreté el seguro.
46:39 Mi esposa lloraba. El ser ahora rodeaba el auto. PodÃamos verlo por las ventanas. Su silueta, su boca, su boca torcida, parecÃa imitar una sonrisa humana, pero no era más que una mueca grotesca. Lo escuchamos arañar el vidrio con una uña larga. Murmuraba cosas y estas no tenÃan sentido. Hogar, carne, papá. Fueron las siguientes palabras que aquella cosa dijo. Fue entonces cuando las luces aparecieron. Dos camionetas con los faros encendidos descendÃan por la carretera. Eran vehÃculos de montaña, ruidosos, con placas del Estado. Se detuvieron al vernos, como si alguien les hubiera dado una orden silenciosa. La criatura se retiró inmediatamente.
47:44 Caminó hacia el bosque sin apurarse. Y justo antes de perderse entre los árboles, se giró una vez más y nos miró. Luego desapareció. Los hombres de las camionetas eran locales. Dijeron que nos vieron desde lejos y pensaron que necesitábamos ayuda. Les agradecimos entre balbuceos, aún temblando. Lo más extraño fue lo siguiente... Al intentar encender el carro de nuevo, funcionó como si nunca hubiera estado o hubiera tenido una falla.
48:30 Esa noche seguimos nuestro camino sin detenernos ni una vez. Al llegar a casa, revisé el auto con un mecánico. No habÃa ningún problema, ninguno. Después comencé a leer sobre lo que habÃamos visto. Encontré historias de los pueblos indÃgenas de la zona, antiguas advertencias sobre seres llamados skinwalkers, brujos que pueden adoptar la forma de animales o personas, que cazan de noche y se alimentan del miedo. Muchos relatos coincidÃan en algo. Lo ves justo cuando tu mente está entre el sueño y el miedo. Y si te hablan, estás marcado. No dormà bien durante semanas. A veces por la madrugada me despierto con un sonido en mi ventana.
49:30 Algo como uñas raspando en el vidrio. Ruego a Dios que esto solamente sean pesadillas. Gracias por ver el video. Hola Alex, no suelo contar esto porque todavÃa me cuesta dormir algunas noches, desde que me pasó. Creo que es justo que alguien más lo sepa, y en esta ocasión, quiero compartirlo con tu comunidad, aunque sea para, de alguna manera, no volverme loco. Trabajo como velador nocturno en un supermercado de cadena grande, de esos que están abiertos las 24 horas solo en papel, pero que en realidad cierran a las 10 de la noche. Desde entonces, nos quedamos un compañero y yo haciendo rondines hasta que amanece. Esto ocurrió hace apenas un año, y no te exagero, Desde esa noche, nunca volvà a pasar por el área de cajas. Era una madrugada cualquiera, como eso de las 2.20 de la mañana. Mi compañero estaba en el área de monitores, revisando las cámaras
51:03 como de costumbre, y yo hacÃa mi primer rondÃn por los pasillos. Llevaba mi lámpara, aunque en la mayorÃa del lugar estaba bien iluminado, pero en esas horas todo luce distinto, como que más muerto. Caminé entre los estantes de abarrotes y llegué hasta la zona de cajas. Fue entonces cuando la vi. Estaba parada frente a la caja número 3. No tendrÃa más de 7 años. VestÃa un camisón blanco hasta las rodillas. Descalza. TenÃa cabello largo negro. tan enmarañado que parecÃa una sombra colgándole desde la cabeza. Y sus ojos, Alex, sus ojos eran lo peor. Eran oscuros, profundos, pero con una expresión vacÃa, como si me miraran desde otro lado. Lo peor es que no parpadeaba. Me detuve en seco, no supe si avanzar o gritarle, solo la miraba y ella, inmóvil, parecÃa esperar algo. Di un paso hacia atrás y apenas movà el pie. La niña la dio la cabeza de una forma antinatural, como si no tuviera huesos. Entonces sentà que tenÃa que irme. No corrÃ, no quise darle la espalda,
52:35 pero sà me retiré poco a poco hasta regresar al cuarto de monitores. Ahà estaba Mario, mi compañero, viendo las cámaras. Le dije, oye, tú viste a la niña en el área de cajas. Mario se giró con cara de fastidio, creyendo que le hacÃa una broma.¿ De qué hablas? Solo te vi a ti en las cajas. Me le quedé viendo confundido. Te juro que hay una niña parada ahÃ. No es broma, Mario. Te lo juro por mi madre. Entonces él retrocedió la grabación. En efecto, se me veÃa a mà con la lámpara, mirando hacia la caja número 3.
53:20 pero no habÃa nadie más, ni rastro de la niña, nada, Mario se quedó callado un momento, luego sin decir mucho se levantó y me dijo, vamos a hacer el rondÃn juntos, quiero verlo con mis propios ojos, volvimos al área de cajas, Alex el lugar estaba completamente en silencio, Solo se escuchaban nuestros pasos sobre el piso encerrado. Llegamos hasta la caja número 3 y no habÃa nadie. Yo ya estaba empezando a pensar que me habÃa imaginado todo. cuando Mario me agarró del brazo y se quedó inmóvil, ahà está, me susurró, levanté la mirada, y Alex, te juro que no estoy loco, ahà estaba de nuevo, la niña, la misma ropa, mismo cabello, mismos ojos oscuros como pozos sin fondo, esta vez tenÃa la cabeza recta, pero sus manos colgaban flácidas a los lados, como si no tuviera fuerza para moverlas. La vimos los dos, lo sé, porque los dos dejamos de respirar por un segundo, y en un parpadeo desapareció. No caminó, no corrió, no se desvaneció lentamente, simplemente dejó de estar, como si nunca hubiera existido. Nos quedamos ahà parados temblando. Mario me vio
54:56 con la cara blanca.« Ahora te creo», dijo simplemente.« Hay algo en este lugar». A partir de esa noche, hicimos lo que pudimos. Reportamos el incidente como una presencia extraña no identificada, sin muchos detalles. Claro,¿ quién nos iba a creer? Pero algo cambió. El gerente pidió modificar el recorrido de seguridad. Desde entonces, nadie pasa por el área de cajas después de la medianoche. Le dijeron a los nuevos que era por protocolos de ahorro de energÃa. Mentira, es por la niña.
55:37 Yo sigo trabajando ahÃ, Alex, pero nunca más me acerqué a esa caja. Cada vez que paso cerca, aunque sea de lejos, siento esa mirada, esa presencia, como si me estuvieran esperando. No sé quién fue esa niña, ni qué hace ahÃ. Algunos empleados antiguos dicen que en los 80 una niña perdió la vida justo enfrente del supermercado. que la tienda se construyó justo donde cayó, a decir verdad no lo sé, pero si alguna vez, y esto se dio como una advertencia, más que nada para las personas que se quedan durante el turno nocturno, si alguna vez, ven a una niña sola, entre las cajas en la madrugada, no se acerquen, porque si la ves, significa que ella te vio primero, Esa fue mi historia, Alex. Gracias por compartirla. Alex...
57:09 Nunca quise volver a hablar de esto... Pero ya ha pasado tiempo... Y a veces siento que si no lo cuento... Esto me va a hacer más daño a mÃ... Me pasó hace unos años... En un pueblo... Donde estuve trabajando un tiempo... No voy a decir el nombre... Pero era de esos lugares donde todos se conocen... Y los rumores... Se esparcen muy rápido... Yo tenÃa 22 años... y apenas habÃa conseguido ese trabajo en una farmacia que quedaba justo a la orilla de la avenida principal. Era mi primer turno de noche. El jefe me lo ofreció con cierta insistencia, casi como si me estuviera probando. A mà no me importó, necesitaba el dinero, pero recuerdo que cuando me dieron la bata y las llaves, una de las cajeras, Una señora de unos cincuenta y tantos me miró seria y me dijo,«¿ Turno de noche?¡ Qué valiente!» No entendà en ese momento qué es lo que quiso decir, y a decir verdad, no pregunté, no le di importancia. Esa noche llegué a las diez, cerré la puerta como me indicaron, y me quedé atendiendo por la ventanilla de servicio. Todo parecÃa normal.
58:32 De vez en cuando llegaba un cliente pidiendo medicamentos para el insomnio o cosas para el estómago. Hasta ahà todo bien. Eran cerca de las 2.30 de la mañana cuando lo vi por primera vez. Estaba parado en medio de la avenida. Un niño, tendrÃa unos 7 u 8 años, vestido con una camisita blanca y unos pantaloncitos oscuros. Desde donde yo estaba, lo podÃa ver a través del ventanal lateral, justo donde daba la vista a la calle. Al principio pensé que era una alucinación por el sueño o el cansancio. Pero ahà estaba.¿ MovÃa las manos como si estuviera jugando con algo invisible?¿ Una pelota? Tal vez, no lo sé. Lo más raro era que no parecÃa asustado ni nada. Y dime, Alex,¿ qué niño está jugando solo a esa hora en medio de la calle? Antes de que pudiera siquiera abrir la boca, vi como un auto venÃa a toda velocidad. Era un sedán blanco, ni luces llevaba encendidas. Me paré de golpe, grité desde adentro, pero el niño no se movió. El auto lo cruzó y el cuerpo del niño desapareció. Salà corriendo, desesperado, temblando.
1:00:04 Crucé la puerta automática, sin pensar en cerrarla. No habÃa nada, ni auto, ni niño, nada. El aire estaba helado y el silencio era absoluto. Volvà adentro, cerré como pude, todavÃa en shock, y me quedé parado frente al mostrador. Mi corazón no paraba, no podÃa ni respirar bien. Fue entonces que, cuando giré la cabeza para mirar otra vez hacia la calle, lo vi de nuevo. Estaba de pie, en el mismo lugar, exactamente en el mismo lugar. Pero ahora, ahora tenÃa el rostro diferente. Alex te juro que ese niño ya no tenÃa ojos, solo unas cuencas oscuras, muy horribles. Su boca estaba abierta, como si estuviera pidiendo ayuda, pero no salÃa ni un solo sonido, solo me miraba, me miraba fijo, como si estuviera enojado porque habÃa visto el accidente. Me quedé helado, no podÃa moverme, ni gritar, ni correr. Solo lo observaba, y él a mÃ. Fue entonces cuando una ráfaga de aire frÃo se metió por la rendija de la puerta, como si alguien la hubiera abierto un segundo.
1:01:31 Me dio un escalofrÃo que me hizo caer de rodillas. No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando me atrevà a pararme, ya no estaba. No volvà a ver al niño esa noche, pero tampoco pude seguir trabajando. Cerré la farmacia antes de que amaneciera. Llamé al jefe al dÃa siguiente y le dije que renunciaba, que no pensaba volver a ese lugar ni un minuto más. Lo curioso es que no me preguntó por qué, solo dijo, está bien, pensé que no aguantarÃas más de una noche. Nunca supe quién era ese niño, pero con el tiempo, escuché algunos rumores, que hace años, en aquella farmacia, un niño habÃa tenido un accidente, en plena madrugada. que habÃa salido corriendo a buscar a su papá, que trabajaba en un taller cercano, y que habÃa fallecido al instante, dicen que su espÃritu se quedó ahÃ, buscando ayuda, o tal vez venganza. No sé, Alex, pero desde esa noche, cada vez que paso cerca de una farmacia, evito mirar hacia la calle, porque tengo miedo de volver a ver esa mirada vacÃa, esa cara sin ojos que no se borra de mi memoria. Alex, no soy de asustarme fácil,
1:03:32 o al menos eso creÃa. Nunca he sido supersticiosa ni de las que creen en cosas paranormales. Pero lo que vivà una noche en la biblioteca de la universidad me dejó marcada. Si te lo cuento, no es para que me creas necesariamente, sino para que, si algún dÃa... Les toca a ti o a tu comunidad quedarse esta tarde en un lugar como este. Te vayas antes de que sea demasiado tarde. Era una tarde tranquila. Me llamo Valeria. Soy estudiante de idiomas. Y ese dÃa me tocaba ayudar en la biblioteca como parte de mi servicio. Tengo que salir a las 8 pm. Pero justo antes de terminar... Mi asesor me mandó un correo pidiéndome unas correcciones urgentes para una tesis que debÃa entregar al dÃa siguiente. Decidà quedarme un poco más. A eso de las 9.30, ya no quedaba nadie, ni estudiantes, ni personal. Me puse mis audÃfonos y me enfoqué en mi trabajo. Frente a una de las computadoras del módulo central, todo estaba en silencio. salvo por el zumbido de las luces y el eco lejano de algún auto pasando por la calle. Fue entonces cuando escuché un golpe seco, como si un libro hubiera caÃdo al suelo.
1:05:06 Me quité los audÃfonos y volvió a sonar aún más fuerte. venÃa del pasillo de historia universal fui a revisar esperando encontrar algún estudiante distraÃdo pero no habÃa nadie revisé los estantes todo en orden ni un solo libro fuera de lugar regresé a mi lugar algo confundida y apenas me senté cuando volvió a sonar otro golpe esta vez en el área de ciencias sociales me levanté de nuevo Fui a revisar y nada. Esto se repitió al menos como unas cinco veces. En cada ocasión los sonidos venÃan de diferentes secciones de la biblioteca. Y siempre que llegaba, no solo no habÃa nadie, sino que los libros estaban exactamente como debÃan estar, como si nunca se hubieran movido. Empecé a incomodarme. Lo primero que pensé fue que alguien estaba junto conmigo, tal vez algún estudiante rezagado con ganas de molestar.
1:06:16 Asà que mandé un mensaje a Sandra, una compañera que también trabajaba en la biblioteca.â¿ Te ha pasado que se caen libros solos?â le pregunté. Tardó un poco en contestar, pero cuando lo hizo, solo escribió algo que me dejó helada.« Valeria, vete de ahÃ. No te quedes después de las 10. Te lo digo en serio». Me quedé viendo el mensaje, con una especie de cosquilleo en la nuca. Mi reloj marcaba las 10.05. Me levanté de inmediato para salir, pero cuando llegué a la puerta principal, me di cuenta de algo muy extraño.
1:07:00 Estaba cerrada, con seguro, y yo no lo habÃa puesto. Estaba completamente segura de eso. CorrÃa al pequeño escritorio donde siempre dejamos las llaves. No estaban, ni encima, ni en los cajones, ni en los lugares donde solemos dejarlas como reserva. Era como si alguien las hubiera escondido a propósito. Volvà a escribirle a Sandra, no encuentro las llaves,¿ puedes venir? Ella respondió con un simple, ya voy para allá. Mientras le esperaba, algo cambió en la atmósfera del lugar. Ya no eran solo libros cayendo. Ahora escuchaba pasos, pasos rápidos, como si alguien corriera de un pasillo a otro. Pero no eran pasos normales, Alex. TenÃan algo inquietante. no pesados como los de un adulto, no, eran ligeros, casi juguetones, pero veloces como los de un niño corriendo descalzo. No quise moverme, me senté cerca de la entrada, abrazando mi mochila, sin perder de vista los pasillos. Me sentÃa observada, como si algo o alguien estuviera esperando que me levantara, que
1:08:33 me acercara, como si jugara conmigo. En un momento, escuché una risa, baja, muy muy baja, pero aguda, como femenina, como la de una niña, una niña que se divertÃa mucho con lo que estaba haciendo. Yo no me atrevà a moverme, me quedé allÃ, casi sin respirar, hasta que después de lo que me pareció una eternidad, Sandra llegó, abrió con sus llaves desde afuera, Me miró con una expresión rara. No me preguntó nada. Solo dijo, vamos y vámonos rápido. Salimos de ese lugar. Afuera, el aire me supo libertad. Le pregunté si ella también habÃa escuchado cosas cuando trabajó por la noche. Y me dijo que sÃ, que por eso nadie quiere ese turno, que desde hace años, después de cierta hora, algo empieza a manifestarse entre los pasillos, que varias personas han reportado cosas similares, pero que la universidad prefiere no decir nada. Desde entonces, nunca más me quedé después de las 10. Quedé sumamente sorprendida con esto. Porque incluso en la biblioteca, un lugar que es silencioso, que es para alimentar el conocimiento, pueden ocurrir cosas realmente aterradoras.
1:10:12 Esa fue mi historia. Saludos a ti Alex y a toda la comunidad de la cripta embrujada.¿ Qué pasa? Alex, te voy a contar algo que vivà durante mis últimos meses como guardia de seguridad en una tienda departamental. Fue en la sucursal del centro, esa que tiene tres pisos, y donde el turno de la noche... Es una mezcla de tedio, pasillos oscuros y ruidos que nunca sabes si son reales o producto del cansancio. Esa noche, como siempre, yo estaba en la puerta principal, monitoreando las cámaras y esperando que mi compañero, Miguel, que vigilaba desde el segundo piso, hiciera su recorrido. Eran como las dos de la mañana cuando, a través de los monitores, vi a alguien caminar por el área de perfumerÃa parecÃa Miguel la silueta era igual alto,
1:11:42 flaco caminando con el paso lento de quien ya sabe de memoria cada rincón pero lo que me sacó de onda fue que no lo vi subir no escuché el ascensor ni pasos en la escalera solo lo vi rondando cuando intenté seguirlo por la cámara desapareció tras una columna Cambié de ángulo, de cámara. Nada Se habÃa desvanecido. La hablé por radio.« Miguel,¿ bajaste al primer piso?» Tardó unos segundos en contestar.«¿ Eh? No. Aquà ando en ropa. Estoy revisando los vestidores».«¿ Estás seguro? Acabo de verte pasar por perfumerÃa. Pues viste mal», dijo riéndose.« Yo no he bajado». Salà de la caseta y recorrà todo el primer piso con linterna en mano. Pasé por los pasillos, el área de juguetes, zapaterÃa, electrónica. No habÃa nadie.
1:12:47 Todo estaba en silencio. Volvà al puesto y me quedé pensando si me habÃa confundido. Quizá estaba tan acostumbrado a verlo moverse. que mi mente jugó conmigo, pero eso fue solo el comienzo. Otra noche, un par de semanas después, me encontraba en el baño del segundo piso. Era raro que yo subiera, pero ese dÃa me sentÃa mal del estómago y preferà usar el de empleados. Mientras me lavaba las manos, vi por el espejo a un guardia entrar al baño. Llevaba el mismo uniforme que nosotros, camisa azul, pantalón negro, hasta la placa metálica en el pecho. Lo vi abrir la puerta del cubÃculo más alejado. Pensé que era Miguel, asà que le dije algo, pero este no respondió.
1:13:42 Me acerqué, toqué la puerta y habÃa silencio absoluto. Lo más sorprendente y aterrador, Alex, es que abrà y no habÃa nadie. Te juro que me dio un vuelco el corazón. Revisé cada cubÃculo y Me asomé por las ventanas... Nada... Estaba completamente solo... Le conté a Miguel... Y claro... Me dijo que él también habÃa visto cosas... Que a veces mientras vigilaba desde arriba... VeÃa a un guardia patrullando el pasillo de abajo... Una vez incluso creyó que era yo...
1:14:22 Bajó a saludarme... Y se encontró solo... No es la primera vez me dijo... El jefe de turno anterior también renunció por algo asÃ, dijo que cada noche veÃa a un guardia caminando entre los anaqueles, y cuando iba a buscarlo, desaparecÃa. Y no era solo eso. Algunas noches las cámaras captaban movimientos, pero cuando ibas a revisar, no habÃa nadie. Puertas que se abrÃan solas, luces que parpadeaban justo después de que se veÃa pasar esa sombra con uniforme. Comenzó a correrse el rumor de que un antiguo guardia habÃa fallecido ahÃ.
1:15:10 Hace muchos años, por causas que nadie quiso explicar, dicen que tuvo un ataque al corazón durante su turno, y que no lo encontraron hasta el dÃa siguiente, tirado en los probadores. Desde entonces, su espÃritu seguÃa rondando la tienda, y cada vez que alguien lo ve, Está vestido igual que nosotros. Lo confundes con un compañero hasta que te das cuenta de que no responde, de que no tiene rostro o que simplemente desaparece ante tus ojos. Yo aguanté varios meses después de eso. pero te confieso que cada noche era más difÃcil. Una noche en particular, cerca de las 3, estaba haciendo un rondÃn por el tercer piso, donde están los muebles, todo estaba en silencio, solo se escuchaba el zumbido de las lámparas. Entonces lo vi, un guardia de espaldas caminando entre los sillones, Pensé en mi cabeza, otra vez él, pero esta vez no fui tras él, me quedé quieto, escondido tras una columna. Vi cómo avanzaba con calma, sin apurarse, sin miedo, como si fuera su tienda, como si patrullara como en vida. De pronto se detuvo, y sin girar el cuerpo, su cabeza se volteó hacia mÃ.
1:16:43 Alex tenÃa una cara horrible. ParecÃa como si estuviera quemado. Sentà un frÃo recorrerme la espalda, cerré los ojos un instante y cuando volvà a mirar, ya no estaba. Al dÃa siguiente presenté mi renuncia. Hoy en dÃa, Alex, cuando paso por esa tienda, me persino. A veces me quedo observando las luces encendidas del tercer piso, preguntándome si alguien más lo está viendo. Mis compañeros que siguen ahà dicen que todavÃa se aparece, que algunas noches el otro guardia camina entre los pasillos, patrulla como si aún estuviera en turno que cumplir. Y si te estoy honesto, creo que lo único que calma su presencia es la oración. Muchos empezaron a rezar antes de comenzar el turno. A mà me funcionó en las últimas noches antes de irme. Cada vez que sentÃa que algo me observaba o escuchaba pasos sin dueño, empezaba a rezar. Y el ambiente se calmaba, aunque esa perturbadora sensación nunca se iba del todo. Aún hasta hoy, pienso en que aquel guardia sigue caminando eternamente.
1:18:09 Esa fue mi historia, Alex. Saludos a todos desde Ciudad de México. Gracias por ver el video. Hola Alex, no suelo contar esto porque todavÃa me cuesta dormir algunas noches, desde que me pasó. Creo que es justo que alguien más lo sepa, y en esta ocasión, quiero compartirlo con tu comunidad, aunque sea para, de alguna manera, no volverme loco. Trabajo como velador nocturno en un supermercado de cadena grande, de esos que están abiertos las 24 horas solo en papel, pero que en realidad cierran a las 10 de la noche. Desde entonces, nos quedamos un compañero y yo haciendo rondines hasta que amanece. Esto ocurrió hace apenas un año, y no te exagero, Desde esa noche, nunca volvà a pasar por el área de cajas. Era una madrugada cualquiera, como eso de las 2.20 de la mañana. Mi compañero estaba en el área de monitores, revisando las cámaras
1:19:40 como de costumbre, y yo hacÃa mi primer rondÃn por los pasillos. Llevaba mi lámpara, aunque la mayorÃa del lugar estaba bien iluminado, pero en esas horas todo luce distinto. como que más muerto. Caminé entre los estantes de abarrotes y llegué hasta la zona de cajas. Fue entonces cuando la vi. Estaba parada frente a la caja número 3. No tendrÃa más de siete años. VestÃa un camisón blanco hasta las rodillas, descalza. TenÃa cabello largo negro y tan enmarañado que parecÃa una sombra colgándole desde la cabeza. Y sus ojos, Alex, sus ojos eran lo peor. Eran oscuros, profundos, pero con una expresión vacÃa, como si me miraran desde otro lado.
1:20:39 Lo peor es que no parpadeaba. Me detuve en seco, no supe si avanzar o gritarle. Solo la miraba y ella, inmóvil, parecÃa esperar algo. Di un paso hacia atrás y apenas movà el pie. La niña la dio la cabeza de una forma antinatural, como si no tuviera huesos. Entonces sentà que tenÃa que irme. No corrÃ, no quise dar en la espalda. pero sà me retiré poco a poco hasta regresar al cuarto de monitores. Ahà estaba Mario, mi compañero, viendo las cámaras. Le dije, oye,¿ tú viste a la niña en el área de cajas? Mario se giró con cara de fastidio, creyendo que le hacÃa una broma.¿ De qué hablas? Solo te vi a ti en las cajas.
1:21:38 Me le quedé viendo confundido. Te juro que hay una niña parada ahÃ. No es broma, Mario. Te lo juro por mi madre. Entonces él retrocedió la grabación. En efecto, se me veÃa a mà con la lámpara, mirando hacia la caja número 3. Pero no habÃa nadie más. Ni rastro de la niña. Nada. Mario se quedó callado un momento. Luego sin decir mucho se levantó y me dijo, vamos a hacer el rondÃn juntos, quiero verlo con mis propios ojos. Volvimos al área de cajas. Alex, el lugar estaba completamente en silencio. Solo se escuchaban nuestros pasos sobre el piso encerrado.
1:22:27 Llegamos hasta la caja número 3 y no habÃa nadie. Yo ya estaba empezando a pensar que me habÃa imaginado todo. cuando Mario me agarró del brazo y se quedó inmóvil, ahà está, me susurró, levanté la mirada, y Alex, te juro que no estoy loco, ahà estaba de nuevo, la niña, la misma ropa, mismo cabello, mismos ojos oscuros como pozos sin fondo, esta vez tenÃa la cabeza recta, pero sus manos colgaban flácidas a los lados, como si no tuviera fuerza para moverlas. La vimos los dos, lo sé, porque los dos dejamos de respirar por un segundo, y en un parpadeo desapareció. No caminó, no corrió, no se desvaneció lentamente, simplemente dejó de estar, como si nunca hubiera existido. nos quedamos ahà parados temblando, Mario me vio con la cara blanca, ahora te creo, dijo simplemente, hay algo en este lugar, a partir de esa noche hicimos lo que pudimos, reportamos el incidente como una presencia extraña no identificada, sin muchos detalles, Claro,¿ quién nos iba a creer? Pero algo cambió. El gerente pidió modificar el recorrido de seguridad. Desde entonces, nadie pasa
1:24:01 por el área de cajas después de la medianoche. Le dijeron a los nuevos que era por protocolos de ahorro de energÃa. Mentira, es por la niña. Yo sigo trabajando ahÃ, Alex, pero nunca más me acerqué a esa caja. Cada vez que paso cerca, aunque sea de lejos, siento esa mirada, esa presencia, como si me estuvieran esperando. No sé quién fue esa niña, ni qué hace ahÃ. Algunos empleados antiguos dicen que en los 80 una niña perdió la vida justo enfrente del supermercado, que la tienda se construyó justo donde cayó.
1:24:47 A decir verdad no lo sé. Pero si alguna vez, y esto se dio como una advertencia, más que nada para las personas que se quedan durante el turno nocturno, si alguna vez ven a una niña sola entre las cajas en la madrugada, no se acerquen, porque si la ves, significa que ella te vio primero. Esa fue mi historia Alex, gracias por compartirla. Gracias por ver el video. Alex... Nunca quise volver a hablar de esto... Pero ya ha pasado tiempo...
1:25:51 Y a veces siento que si no lo cuento... Esto me va a hacer más daño a mÃ... Me pasó hace unos años... En un pueblo... Donde estuve trabajando un tiempo... No voy a decir el nombre... Pero era de esos lugares donde todos se conocen... Y los rumores... Se esparcen muy rápido... Yo tenÃa 22 años... y apenas habÃa conseguido ese trabajo en una farmacia que quedaba justo a la orilla de la avenida principal. Era mi primer turno de noche. El jefe me lo ofreció con cierta insistencia, casi como si me estuviera probando. A mà no me importó, necesitaba el dinero, pero recuerdo que cuando me dieron la bata y las llaves, una de las cajeras... Una señora de unos cincuenta y tantos me miró seria y me dijo,«¿ Turno de noche?¡ Qué valiente!» No entendà en ese momento qué es lo que quiso decir, y a decir verdad, no pregunté, no le di importancia. Esa noche llegué a las diez, cerré la puerta como me indicaron, y me quedé atendiendo por la ventanilla de servicio. Todo parecÃa normal.
1:27:09 De vez en cuando llegaba un cliente pidiendo medicamentos para el insomnio o cosas para el estómago. Hasta ahà todo bien. Eran cerca de las 2.30 de la mañana cuando lo vi por primera vez. Estaba parado en medio de la avenida. Un niño, tendrÃa unos 7 u 8 años, vestido con una camisita blanca y unos pantaloncitos oscuros. Desde donde yo estaba, lo podÃa ver a través del ventanal lateral, justo donde daba la vista a la calle. Al principio pensé que era una alucinación por el sueño o el cansancio. Pero ahà estaba.¿ MovÃa las manos como si estuviera jugando con algo invisible?¿ Una pelota? Tal vez. No lo sé. Lo más raro era que no parecÃa asustado ni nada. Y dime, Alex,¿ qué niño está jugando solo a esa hora en medio de la calle? Antes de que pudiera siquiera abrir la boca, vi como un auto venÃa a toda velocidad. Era un sedán blanco, ni luces llevaba encendidas. Me paré de golpe, grité desde adentro, pero el niño no se movió. El auto lo cruzó y el cuerpo del niño desapareció. Salà corriendo, desesperado, temblando.
1:28:41 Crucé la puerta automática, sin pensar en cerrarla. No habÃa nada, ni auto, ni niño, nada. El aire estaba helado y el silencio era absoluto. Volvà adentro, cerré como pude, todavÃa en shock, y me quedé parado frente al mostrador. Mi corazón no paraba, no podÃa ni respirar bien. Fue entonces que, cuando giré la cabeza para mirar otra vez hacia la calle, lo vi de nuevo. Estaba de pie, en el mismo lugar, exactamente en el mismo lugar. Pero ahora, ahora tenÃa el rostro diferente. Alex te juro que ese niño ya no tenÃa ojos, solo unas cuencas oscuras, muy horribles. Su boca estaba abierta, como si estuviera pidiendo ayuda, pero no salÃa ni un solo sonido, solo me miraba, me miraba fijo, como si estuviera enojado porque habÃa visto el accidente. Me quedé helado, no podÃa moverme, ni gritar, ni correr. Solo lo observaba, y él a mÃ. Fue entonces cuando una ráfaga de aire frÃo se metió por la rendija de la puerta, como si alguien la hubiera abierto un segundo.
1:30:08 Me dio un escalofrÃo que me hizo caer de rodillas. No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando me atrevà a pararme, ya no estaba. No volvà a ver al niño esa noche, pero tampoco pude seguir trabajando. Cerré la farmacia antes de que amaneciera, llamé al jefe al dÃa siguiente y le dije que renunciaba, que no pensaba volver a ese lugar ni un minuto más. Lo curioso es que no me preguntó por qué, solo dijo, está bien, pensé que no aguantarÃas más de una noche. Nunca supe quién era ese niño, pero con el tiempo, escuché algunos rumores, que hace años, en aquella farmacia, un niño habÃa tenido un accidente, en plena madrugada. que habÃa salido corriendo a buscar a su papá, que trabajaba en un taller cercano, y que habÃa fallecido al instante, dicen que su espÃritu se quedó ahÃ, buscando ayuda, o tal vez venganza. No sé, Alex, pero desde esa noche, cada vez que paso cerca de una farmacia, evito mirar hacia la calle, porque tengo miedo de volver a ver esa mirada vacÃa, esa cara sin ojos que no se borra de mi memoria.
1:31:48 Gracias por ver el video. Alex, no soy de asustarme fácil, o al menos eso creÃa. Nunca he sido supersticiosa ni de las que creen en cosas paranormales, pero lo que vivà una noche en la biblioteca de la universidad me dejó marcada. Si te lo cuento, no es para que me creas necesariamente, sino para que, si algún dÃa... Les toca a ti o a tu comunidad quedarse esta tarde en un lugar como este. Te vayas antes de que sea demasiado tarde. Era una tarde tranquila.
1:32:46 Me llamo Valeria. Soy estudiante de idiomas. Y ese dÃa me tocaba ayudar en la biblioteca como parte de mi servicio. Tengo que salir a las 8 pm. Pero justo antes de terminar... Mi asesor me mandó un correo pidiéndome unas correcciones urgentes para una tesis que debÃa entregar al dÃa siguiente. Decidà quedarme un poco más. A eso de las 9.30, ya no quedaba nadie, ni estudiantes, ni personal. Me puse mis audÃfonos y me enfoqué en mi trabajo. Frente a una de las computadoras del módulo central, todo estaba en silencio. salvo por el zumbido de las luces y el eco lejano de algún auto pasando por la calle. Fue entonces cuando escuché un golpe seco, como si un libro hubiera caÃdo al suelo. Me quité los audÃfonos y volvió a sonar aún más fuerte. venÃa del pasillo de historia universal fui a revisar esperando encontrar algún estudiante distraÃdo pero no habÃa nadie revisé los estantes todo en orden ni un solo libro fuera de lugar regresé a mi lugar algo confundida y apenas me senté cuando volvió a sonar otro golpe esta vez en el área de ciencias sociales me levanté
1:34:17 de nuevo Fui a revisar y nada. Esto se repitió al menos como unas cinco veces. En cada ocasión, los sonidos venÃan de diferentes secciones de la biblioteca. Y siempre que llegaba, no solo no habÃa nadie, sino que los libros estaban exactamente como debÃan estar, como si nunca se hubieran movido. Empecé a incomodarme. Lo primero que pensé fue que alguien estaba junto conmigo, tal vez algún estudiante rezagado con ganas de molestar. Asà que mandé un mensaje a Sandra, una compañera que también trabajaba en la biblioteca.¿ Te ha pasado que se caen libros solos? Le pregunté. Tardó un poco en contestar, pero cuando lo hizo, solo escribió algo que me dejó helada.« Valeria, vete de ahÃ. No te quedes después de las 10. Te lo digo en serio». Me quedé viendo el mensaje, con una especie de cosquilleo en la nuca. Mi reloj marcaba las 10.05. Me levanté de inmediato para salir, pero cuando llegué a la puerta principal, me di cuenta de algo muy extraño. Estaba cerrada, con seguro.
1:35:40 Y yo no lo habÃa puesto. Estaba completamente segura de eso. Corrà al pequeño escritorio donde siempre dejamos las llaves. No estaban. Ni encima, ni en los cajones, ni en los lugares donde solemos dejarlas como reserva. Era como si alguien las hubiera escondido a propósito. Volvà a escribirle a Sandra.« No encuentro las llaves. Puedes venir». Ella respondió con un simple, ya voy para allá. Mientras le esperaba, algo cambió en la atmósfera del lugar. Ya no eran solo libros cayendo, ahora escuchaba pasos, pasos rápidos, como si alguien corriera de un pasillo a otro. Pero no eran pasos normales, Alex, tenÃan algo inquietante. no pesados como los de un adulto, no, eran ligeros, casi juguetones, pero veloces como los de un niño corriendo descalzo. No quise moverme, me senté cerca de la entrada, abrazando mi mochila, sin perder de vista los pasillos.
1:37:02 Me sentÃa observada, como si algo o alguien estuviera esperando que me levantara, que me acercara, como si jugara conmigo. En un momento, escuché una risa, baja, muy muy baja, pero aguda, como femenina, como la de una niña, una niña que se divertÃa mucho con lo que estaba haciendo. Yo no me atrevà a moverme, me quedé allÃ, casi sin respirar, hasta que después de lo que me pareció una eternidad, Sandra llegó. Abrió con sus llaves desde afuera.
1:37:44 Me miró con una expresión rara. No me preguntó nada. Solo dijo, vamos y vámonos rápido. Salimos de ese lugar. Afuera, el aire me supo libertad. Le pregunté si ella también habÃa escuchado cosas cuando trabajó por la noche. Y me dijo que sÃ, que por eso nadie quiere ese turno, que desde hace años, después de cierta hora, algo empieza a manifestarse entre los pasillos, que varias personas han reportado cosas similares, pero que la universidad prefiere no decir nada.
1:38:24 Desde entonces, nunca más me quedé después de las 10. Quedé sumamente sorprendida con esto. Porque incluso en la biblioteca, un lugar que es silencioso, que es para alimentar el conocimiento, pueden ocurrir cosas realmente aterradoras. Esa fue mi historia. Saludos a ti Alex y a toda la comunidad de la cripta embrujada. Gracias por ver el video. Alex, te voy a contar algo que vivà durante mis últimos meses como guardia de seguridad en una tienda departamental. Fue en la sucursal del centro, esa que tiene tres pisos, y donde el turno de la noche... Es una mezcla de tedio, pasillos oscuros y ruidos que nunca sabes si son reales o producto del cansancio. Esa noche, como siempre, yo estaba
1:39:54 en la puerta principal, monitoreando las cámaras y esperando que mi compañero, Miguel, que vigilaba desde el segundo piso, hiciera su recorrido. Eran como las 2 de la mañana cuando, a través de los monitores, vi a alguien caminar por el área de perfumerÃa parecÃa Miguel la silueta era igual alto, flaco caminando con el paso lento de quien ya sabe de memoria cada rincón pero lo que me sacó de onda fue que no lo vi subir no escuché el ascensor ni pasos en la escalera solo lo vi rondando cuando intenté seguirlo por la cámara desapareció tras una columna Cambié de ángulo, de cámara.
1:40:43 Nada. Se habÃa desvanecido. Le hablé por radio.« Miguel,¿ bajaste al primer piso?» Tardó unos segundos en contestar.«¿ Eh? No. Aquà ando en ropa. Estoy revisando los vestidores».«¿ Estás seguro? Acabo de verte pasar por perfumerÃa. Pues viste mal», dijo riéndose.« Yo no he bajado». Salà de la caseta y recorrà todo el primer piso con linterna en mano. Pasé por los pasillos, el área de juguetes, zapaterÃa, electrónica. No habÃa nadie.
1:41:24 Todo estaba en silencio. Volvà al puesto y me quedé pensando si me habÃa confundido. Quizá estaba tan acostumbrado a verlo moverse. que mi mente jugó conmigo, pero eso fue solo el comienzo. Otra noche, un par de semanas después, me encontraba en el baño del segundo piso. Era raro que yo subiera, pero ese dÃa me sentÃa mal del estómago y preferà usar el de empleados. Mientras me lavaba las manos, vi por el espejo a un guardia entrar al baño. Llevaba el mismo uniforme que nosotros, camisa azul, pantalón negro, hasta la placa metálica en el pecho. Lo vi abrir la puerta del cubÃculo más alejado. Pensé que era Miguel, asà que le dije algo, pero este no respondió.
1:42:18 Me acerqué, toqué la puerta y habÃa silencio absoluto. Lo más sorprendente y aterrador, Alex, es que abrà y no habÃa nadie. Te juro que me dio un vuelco el corazón. Revisé cada cubÃculo. Me asomé por las ventanas. Nada. Estaba completamente solo. Le conté a Miguel y, claro, me dijo que él también habÃa visto cosas. Que a veces mientras vigilaba desde arriba, veÃa a un guardia patrullando el pasillo de abajo. Una vez incluso creyó que era yo, bajó a saludarme y se encontró solo. No es la primera vez, me dijo. El jefe de turno anterior también renunció por algo asÃ. Dijo que cada noche veÃa a un guardia caminando entre los anaqueles y cuando iba a buscarlo, desaparecÃa.
1:43:20 Y no era solo eso. Algunas noches las cámaras captaban movimientos, pero cuando ibas a revisar, no habÃa nadie. Puertas que se abrÃan solas, luces que parpadeaban justo después de que se veÃa pasar esa sombra con uniforme. Comenzó a correrse el rumor de que un antiguo guardia habÃa fallecido ahÃ. Hace muchos años, por causas que nadie quiso explicar, dicen que tuvo un ataque al corazón durante su turno y que no lo encontraron hasta el dÃa siguiente, tirado en los probadores. Desde entonces, su espÃritu seguÃa rondando la tienda y cada vez que alguien lo ve, Está vestido igual que nosotros. Lo confundes con un compañero hasta que te das cuenta de que no responde, de que no tiene rostro o que simplemente desaparece ante tus ojos. Yo aguanté varios meses después de eso. pero te confieso que cada noche era más difÃcil. Una noche en particular, cerca de las 3, estaba haciendo un rondÃn por el tercer piso, donde están los muebles, todo estaba en silencio, solo se escuchaba el zumbido de las lámparas. Entonces lo vi, un guardia de espaldas caminando entre los sillones, pensé en mi cabeza, otra
1:44:55 vez él, pero esta vez no fui tras él, me quedé quieto, escondido tras una columna, vi cómo avanzaba con calma, sin apurarse, sin miedo, como si fuera su tienda, como si patrullara como en vida, de pronto se detuvo y sin girar el cuerpo, su cabeza se volteó hacia mÃ, Alex tenÃa una cara horrible. ParecÃa como si estuviera quemado. Sentà un frÃo recorrerme la espalda, cerré los ojos un instante y cuando volvà a mirar, ya no estaba. Al dÃa siguiente, presenté mi renuncia. Hoy en dÃa, Alex, cuando paso por esa tienda, me persino. A veces me quedo observando las luces encendidas del tercer piso, preguntándome si alguien más lo está viendo. Mis compañeros que siguen ahà dicen que todavÃa se parece, que algunas noches el otro guardia camina entre los pasillos, patrulla como si aún estuviera en turno que cumplir. Y si te estoy honesto, creo que lo único que calma su presencia es la oración. Muchos empezaron a rezar antes de comenzar el turno. A mà me funcionó en las últimas noches antes de irme. Cada vez que sentÃa que algo me observaba o escuchaba pasos
1:46:26 sin dueño, empezaba a rezar. Y el ambiente se calmaba, aunque esa perturbadora sensación nunca se iba del todo. Aún hasta hoy, pienso en que aquel guardia sigue caminando eternamente. Esa fue mi historia, Alex. Saludos a todos desde Ciudad de México.
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