Maraton de Relatos de Turno de Noche 2 horas de recopilacion de horror
0:18 Hola Alex, no suelo contar esto porque todavÃa me cuesta dormir algunas noches, desde que me pasó. Creo que es justo que alguien más lo sepa. Y en esta ocasión, quiero compartirlo con tu comunidad, aunque sea para, de alguna manera, no volverme loco. Trabajo como velador nocturno en un supermercado de cadena grande, de esos que están abiertos las 24 horas solo en papel, pero que en realidad cierran a las 10 de la noche. Desde entonces, nos quedamos un compañero y yo haciendo rondines, hasta que amanece. Esto ocurrió hace apenas un año, y no te exagero, desde esa noche nunca volvà a pasar por el área de cajas. Era una madrugada cualquiera, como eso de las 2.20 de la mañana. Mi compañero estaba en el área de monitores, revisando las cámaras como de costumbre, y yo hacÃa mi primer rondÃn por los pasillos. Llevaba mi lámpara, aunque la mayorÃa del lugar estaba bien iluminado, pero en esas horas todo luce distinto, como que más muerto. Caminé entre los estantes de abarrotes y llegué hasta la zona de cajas. Fue entonces cuando la vi. Estaba parada frente a la caja número 3. No
1:49 tendrÃa más de siete años. VestÃa un camisón blanco hasta las rodillas, descalza, TenÃa cabello largo negro, tan enmarañado que parecÃa una sombra colgándole desde la cabeza. Y sus ojos, Alex, sus ojos eran lo peor. Eran oscuros, profundos, pero con una expresión vacÃa, como si me miraran desde otro lado. Lo peor es que no parpadeaba. Me detuve en seco. No supe si avanzar o gritarle. Solo la miraba y ella, inmóvil, parecÃa esperar algo. Di un paso hacia atrás y apenas movà el pie. La niña la dio la cabeza de una forma antinatural, como si no tuviera huesos. Entonces sentà que tenÃa que irme. No corrÃ, no quise dar en la espalda, pero sà me retiré poco a poco hasta regresar al cuarto de monitores. Ahà estaba Mario, mi compañero, viendo las cámaras. Le dije, oye,¿ tú viste a la niña en el área de cajas? Mario se giró con cara de fastidio, creyendo que le hacÃa una broma.¿ De qué hablas? Solo te vi a ti en las cajas.
3:18 Me le quedé viendo confundido. Te juro que hay una niña parada ahÃ, no es broma, Mario, te lo juro por mi madre. Entonces él retrocedió la grabación. En efecto, se me veÃa a mà con la lámpara, mirando hacia la caja número 3. Pero no habÃa nadie más. Ni rastro de la niña. Nada. Mario se quedó callado un momento. Luego, sin decir mucho, se levantó y me dijo,« Vamos a hacer el rondÃn juntos. Quiero verlo con mis propios ojos». Volvimos al área de cajas. Alex, el lugar estaba completamente en silencio. Solo se escuchaban nuestros pasos sobre el piso encerrado.
4:07 Llegamos hasta la caja número 3 y no habÃa nadie. Yo ya estaba empezando a pensar que me habÃa imaginado todo. Cuando Mario me agarró del brazo y se quedó inmóvil. Ahà está, me susurró. Levanté la mirada y Alex... te juro que no estoy loco, ahà estaba de nuevo, la niña, la misma ropa, mismo cabello, mismos ojos oscuros como pozos sin fondo, esta vez tenÃa la cabeza recta, pero sus manos colgaban flácidas a los lados, como si no tuviera fuerza para moverlas, la vimos los dos, lo sé, porque los dos dejamos de respirar por un segundo, y en un parpadeo desapareció, no caminó, no corrió, no se desvaneció lentamente, simplemente dejó de estar, como si nunca hubiera existido, nos quedamos ahà parados temblando, Mario me vio con la cara blanca, ahora te creo, dijo simplemente, hay algo en este lugar, a partir de esa noche, hicimos lo que pudimos, Reportamos el incidente como una presencia extraña no identificada, sin muchos detalles. Claro,¿ quién nos iba a creer? Pero algo cambió. El gerente pidió modificar el recorrido de seguridad. Desde entonces, nadie pasa
5:42 por el área de cajas después de la medianoche. Le dijeron a los nuevos que era por protocolos de ahorro de energÃa. Mentira, es por la niña. Yo sigo trabajando ahÃ, Alex, pero nunca más me acerqué a esa caja. Cada vez que paso cerca, aunque sea de lejos, siento esa mirada, esa presencia, como si me estuvieran esperando. No sé quién fue esa niña, ni qué hace ahÃ. Algunos empleados antiguos dicen que en los 80 una niña perdió la vida justo enfrente del supermercado. que la tienda se construyó justo donde cayó, a decir verdad no lo sé, pero si alguna vez, y esto se dio como una advertencia, más que nada para las personas que se quedan durante el turno nocturno, si alguna vez, ven a una niña sola, entre las cajas en la madrugada, no se acerquen, porque si la ves, significa que ella te vio primero, Esa fue mi historia, Alex.
6:56 Gracias por compartirla. Alex, nunca quise volver a hablar de esto, pero ya ha pasado tiempo, y a veces siento que si no lo cuento, esto me va a hacer más daño a mÃ. Me pasó hace unos años, en un pueblo donde estuve trabajando un tiempo, no voy a decir el nombre, pero era de esos lugares donde todos se conocen y los rumores se esparcen muy rápido. Yo tenÃa 22 años.
7:55 y apenas habÃa conseguido ese trabajo en una farmacia que quedaba justo a la orilla de la avenida principal. Era mi primer turno de noche. El jefe me lo ofreció con cierta insistencia, casi como si me estuviera probando. A mà no me importó, necesitaba el dinero, pero recuerdo que, cuando me dieron la bata y las llaves, una de las cajeras, una señora de unos cincuenta y tantos, me miró seria y me dijo, turno de noche, qué valiente, no entendà en ese momento qué es lo que quiso decir, y a decir verdad, no pregunté, no le di importancia, esa noche llegué a las 10, cerré la puerta como me indicaron, y me quedé atendiendo por la ventanilla de servicio, todo parecÃa normal, de vez en cuando llegaba un cliente pidiendo medicamentos para el insomnio, o cosas para el estómago, hasta ahà todo bien, eran cerca de las 2.30 de la mañana, cuando lo vi por primera vez, estaba parado en medio de la avenida, un niño, tendrÃa unos 7 u 8 años, vestido con una camisita blanca, y unos pantaloncitos oscuros, desde donde yo estaba, lo podÃa ver a través del ventanal lateral, justo donde daba la vista a la calle. Al principio
9:28 pensé que era una alucinación por el sueño o el cansancio, pero ahà estaba.¿ MovÃa las manos como si estuviera jugando con algo invisible, una pelota? Tal vez, no lo sé. Lo más raro era que no parecÃa asustado ni nada. Y dime, Alex,¿ qué niño está jugando solo a esa hora en medio de la calle? antes de que pudiera siquiera abrir la boca, vi como un auto venÃa a toda velocidad, era un sedán blanco, ni luces llevaba encendidas, me paré de golpe, grité desde adentro, pero el niño no se movió, el auto lo cruzó y el cuerpo del niño desapareció, salà corriendo, desesperado, temblando, crucé la puerta automática, sin pensar en cerrarla, No habÃa nada, ni auto, ni niño, nada.
10:31 El aire estaba helado y el silencio era absoluto. Volvà adentro, cerré como pude, todavÃa en shock, y me quedé parado frente al mostrador. Mi corazón no paraba, no podÃa ni respirar bien. Fue entonces que, cuando giré la cabeza para mirar otra vez hacia la calle... lo vi de nuevo, estaba de pie, en el mismo lugar, exactamente en el mismo lugar, pero ahora, ahora tenÃa el rostro diferente, Alex te juro, que ese niño ya no tenÃa ojos, solo unas cuencas oscuras, muy horribles, su boca estaba abierta, como si estuviera pidiendo ayuda, pero no salÃa ni un solo sonido, solo me miraba, Me miraba fijo, como si estuviera enojado porque habÃa visto el accidente. Me quedé helado, no podÃa moverme, ni gritar, ni correr. Solo lo observaba, y él a mÃ.
11:40 Fue entonces cuando una ráfaga de aire frÃo se metió por la rendija de la puerta, como si alguien la hubiera abierto un segundo. Me dio un escalofrÃo que me hizo caer de rodillas. No sé cuánto tiempo pasó. pero cuando me atrevà a pararme, ya no estaba, no volvà a ver al niño esa noche, pero tampoco pude seguir trabajando, cerré la farmacia antes de que amaneciera, llamé al jefe al dÃa siguiente, y le dije que renunciaba, que no pensaba volver a ese lugar ni un minuto más, lo curioso es que no me preguntó por qué, solo dijo, está bien, pensé que no aguantarÃas más de una noche, nunca supe quién era ese niño, pero con el tiempo, escuché algunos rumores, que hace años, en aquella farmacia, un niño habÃa tenido un accidente, en plena madrugada, que habÃa salido corriendo a buscar a su papá, que trabajaba en un taller cercano, y que habÃa fallecido al instante, Dicen que su espÃritu se quedó ahÃ, buscando ayuda, o tal vez venganza. No sé, Alex, pero desde esa noche, cada vez que paso cerca de una farmacia, evito mirar hacia la calle, porque tengo miedo de volver a ver esa
13:12 mirada vacÃa, esa cara sin ojos, que no se borra de mi memoria. Alex, no soy de asustarme fácil, o al menos eso creÃa. Nunca he sido supersticiosa ni de las que creen en cosas paranormales. pero lo que vivà una noche en la biblioteca de la universidad me dejó marcada.
14:04 Si te lo cuento, no es para que me creas necesariamente, sino para que, si algún dÃa les toca a ti o a tu comunidad quedarse esta tarde en un lugar como este, te vayas antes de que sea demasiado tarde. Era una tarde tranquila, Me llamo Valeria, soy estudiante de idiomas, y ese dÃa me tocaba ayudar en la biblioteca como parte de mi servicio. Tengo que salir a las 8 pm, pero justo antes de terminar, mi asesor me mandó un correo pidiéndome unas correcciones urgentes para una tesis que debÃa entregar al dÃa siguiente. Decidà quedarme un poco más. A eso de las 9.30, ya no quedaba nadie, ni estudiantes, ni personal, Me puse mis audÃfonos y me enfoqué en mi trabajo.
15:01 Frente a una de las computadoras del módulo central, todo estaba en silencio, salvo por el zumbido de las luces y el eco lejano de algún auto pasando por la calle. Fue entonces cuando escuché un golpe seco, como si un libro hubiera caÃdo al suelo. Me quité los audÃfonos y volvió a sonar aún más fuerte. VenÃa del pasillo de historia universal. Fui a revisar, esperando encontrar algún estudiante distraÃdo, pero no habÃa nadie. Revisé los estantes, todo en orden, ni un solo libro fuera de lugar. Regresé a mi lugar algo confundida, y apenas me senté cuando volvió a sonar otro golpe, esta vez en el área de ciencias sociales.
15:57 Me levanté de nuevo. Fui a revisar y nada. Esto se repitió al menos como unas cinco veces. En cada ocasión, los sonidos venÃan de diferentes secciones de la biblioteca. Y siempre que llegaba, no solo no habÃa nadie, sino que los libros estaban exactamente como debÃan estar, como si nunca se hubieran movido. Empecé a incomodarme. Lo primero que pensé fue que alguien estaba junto conmigo, tal vez algún estudiante rezagado con ganas de molestar. Asà que mandé un mensaje a Sandra, una compañera que también trabajaba en la biblioteca.¿ Te ha pasado que se caen libros solos? Le pregunté.
16:44 Tardó un poco en contestar, pero cuando lo hizo, solo escribió algo que me dejó helada. Valeria, vete de ahÃ. no te quedes después de las 10, te lo digo en serio. Me quedé viendo el mensaje, con una especie de cosquilleo en la nuca, mi reloj marcaba las 10.05, me levanté de inmediato para salir, pero cuando llegué a la puerta principal, me di cuenta de algo muy extraño, estaba cerrada, con seguro, y yo no lo habÃa puesto, estaba completamente segura de eso, CorrÃa al pequeño escritorio donde siempre dejamos las llaves. No estaban, ni encima, ni en los cajones, ni en los lugares donde solemos dejarlas como reserva. Era como si alguien las hubiera escondido a propósito. Volvà a escribirle a Sandra, no encuentro las llaves,¿ puedes venir? Ella respondió con un simple, ya voy para allá. Mientras le esperaba, algo cambió en la atmósfera del lugar. Ya no eran solo libros cayendo.
18:05 Ahora escuchaba pasos, pasos rápidos, como si alguien corriera de un pasillo a otro. Pero no eran pasos normales, Alex. TenÃan algo inquietante. No pesados como los de un adulto. No, eran ligeros. casi juguetones, pero veloces como los de un niño corriendo descalzo. No quise moverme, me senté cerca de la entrada, abrazando mi mochila, sin perder de vista los pasillos. Me sentÃa observada, como si algo o alguien estuviera esperando que me levantara, que me acercara, como si jugara conmigo.
18:55 En un momento, Escuché una risa, baja, muy muy baja, pero aguda, como femenina, como la de una niña, una niña que se divertÃa mucho con lo que estaba haciendo. Yo no me atrevà a moverme, me quedé allÃ, casi sin respirar, hasta que después de lo que me pareció una eternidad, Sandra llegó, abrió con sus llaves desde afuera, me miró con una expresión rara, No me preguntó nada, solo dijo, vamos, y vámonos rápido. Salimos de ese lugar. Afuera, el aire me supo libertad. Le pregunté si ella también habÃa escuchado cosas cuando trabajó por la noche, y me dijo que sÃ, que por eso nadie quiere ese turno, que desde hace años, después de cierta hora, algo empieza a manifestarse entre los pasillos. que varias personas han reportado cosas similares, pero que la universidad prefiere no decir nada.
20:03 Desde entonces, nunca más me quedé después de las 10. Quedé sumamente sorprendida con esto. Porque incluso en la biblioteca, un lugar que es silencioso, que es para alimentar el conocimiento, pueden ocurrir Cosas realmente aterradoras. Esa fue mi historia. Saludos a ti Alex y a toda la comunidad de la cripta embrujada. Alex, te voy a contar algo que vivà durante mis últimos meses como guardia de seguridad en una tienda departamental, fue en la sucursal del centro, esa que tiene tres pisos, y donde el turno de la noche es una mezcla de tedio, pasillos oscuros y ruidos que nunca sabes si son reales o producto del cansancio, esa noche como siempre yo estaba en la puerta principal monitoreando
21:37 las cámaras y esperando que mi compañero, Miguel, que vigilaba desde el segundo piso, hiciera su recorrido. Eran como las dos de la mañana cuando, a través de los monitores, vi a alguien caminar por el área de perfumerÃa. ParecÃa Miguel, la silueta era igual, alto, flaco, caminando con el paso lento, de quien ya sabe de memoria cada rincón. Pero lo que me sacó de onda fue que no lo vi subir. No escuché el ascensor ni pasos en la escalera. Solo lo vi rondando. Cuando intenté seguirlo por la cámara, desapareció tras una columna. Cambié de ángulo, de cámara. Nada. Se habÃa desvanecido. La hablé por radio. Miguel,¿ bajaste al primer piso?
22:31 Tardó unos segundos en contestar. ¿Eh? No, aquà ando en ropa. Estoy revisando los vestidores.¿ Estás seguro? Acabo de verte pasar por perfumerÃa. Pues viste mal, dijo riéndose. Yo no he bajado. Salà de la caseta y recorrà todo el primer piso con linterna en mano. Pasé por los pasillos, el área de juguetes, zapaterÃa, electrónica. No habÃa nadie. Todo estaba en silencio. Volvà al puesto y me quedé pensando si me habÃa confundido. Quizá estaba tan acostumbrado a verlo moverse que mi mente jugó conmigo. Pero eso fue solo el comienzo. Otra noche, un par de semanas después, me encontraba en el baño del segundo piso. Era raro que yo subiera, pero ese dÃa me sentÃa mal del estómago y preferà usar el de empleados. Mientras me lavaba las manos, vi por el espejo a un guardia entrar al baño. Llevaba el mismo uniforme que nosotros, camisa azul, pantalón negro, hasta la placa metálica en el pecho. Lo vi abrir la puerta del cubÃculo más alejado. Pensé que era Miguel, asà que le dije algo, pero este no respondió. Me acerqué, toqué la puerta.
24:02 y habÃa silencio absoluto, lo más sorprendente y aterrador Alex, es que abrÃ, y no habÃa nadie, te juro que me dio un vuelco el corazón, revisé cada cubÃculo, me asomé por las ventanas, nada, estaba completamente solo, le conté a Miguel, y claro, me dijo que él también habÃa visto cosas, que a veces mientras vigilaba desde arriba, veÃa a un guardia patrullando el pasillo de abajo una vez incluso creyó que era yo bajó a saludarme y se encontró solo no es la primera vez me dijo el jefe de turno anterior también renunció por algo asà dijo que cada noche veÃa a un guardia caminando entre los anaqueles y cuando iba a buscarlo desaparecÃa y no era solo eso Algunas noches las cámaras captaban movimientos, pero cuando ibas a revisar, no habÃa nadie. Puertas que se abrÃan solas, luces que parpadeaban justo después de que se veÃa pasar esa sombra con uniforme. Comenzó a correrse el rumor de que un antiguo guardia habÃa fallecido ahÃ, hace muchos años, por causas que nadie quiso explicar. Dicen que tuvo un
25:32 ataque al corazón durante su turno, y que no lo encontraron hasta el dÃa siguiente, tirado en los probadores. Desde entonces, su espÃritu seguÃa rondando la tienda, y cada vez que alguien lo ve, está vestido igual que nosotros. Lo confundes con un compañero hasta que te das cuenta de que no responde, de que no tiene rostro, o que simplemente... desaparece ante tus ojos. Yo aguanté varios meses después de eso, pero te confieso que cada noche era más difÃcil. Una noche en particular, cerca de las tres, estaba haciendo un rondÃn por el tercer piso, donde están los muebles, todo estaba en silencio, solo se escuchaba el zumbido de las lámparas.
26:27 Entonces lo vi, un guardia, de espaldas, caminando entre los sillones, pensé en mi cabeza, otra vez él, pero esta vez no fui tras él, me quedé quieto, escondido tras una columna, vi como avanzaba con calma, sin apurarse, sin miedo, como si fuera su tienda, como si patrullara como en vida, de pronto se detuvo, y sin girar el cuerpo, Su cabeza se volteó hacia mÃ. Alex tenÃa una cara horrible. ParecÃa como si estuviera quemado. Sentà un frÃo recorrerme la espalda.
27:09 Cerré los ojos un instante y cuando volvà a mirar, ya no estaba. Al dÃa siguiente, presenté mi renuncia. Hoy en dÃa, Alex, cuando paso por esa tienda, me persino. A veces me quedo observando las luces encendidas del tercer piso, preguntándome si alguien más lo está viendo. Mis compañeros que siguen ahà dicen que todavÃa se parece, que algunas noches el otro guardia camina entre los pasillos, patrulla como si aún estuviera en turno que cumplir. Y si te soy honesto, creo que lo único que calma su presencia es la oración.
27:54 Muchos empezaron a rezar antes de comenzar el turno. A mà me funcionó en las últimas noches antes de irme. Cada vez que sentÃa que algo me observaba o escuchaba pasos sin dueño, empezaba a rezar y el ambiente se calmaba, aunque esa perturbadora sensación nunca se iba del todo. Aún hasta hoy, pienso en que aquel guardia sigue caminando Eternamente. Esa fue mi historia, Alex. Saludos a todos desde Ciudad de México. Mi nombre es Teodoro GarcÃa. Mi experiencia sucedió por eso del año 96. En aquel tiempo yo habÃa dejado recientemente el ejército mexicano. HabÃa estado desempeñándome ahà durante muchos años, creo que incluso una década.¿ Por qué me di de baja?
29:16 Por el simple motivo que tenÃa familia. A veces de militar, nunca a la vez. y querÃa estar presente, ya que mis hijas habÃan cumplido 10 y 9 años, estaban a punto de entrar a la adolescencia, y su madre me pedÃa estar con ella, a final de cuentas, para un ex militar como yo, es fácil conseguir empleo, ya sea de custodio, de velador, vigilante, no con una empresa, sino directamente para algunas personas, ya sea para algunos ganaderos, algunas personas que tienen terrenos, les da más confianza un exmilitar que contratar veladores a otras empresas, o al menos esa ha sido mi experiencia. Tan pronto empecé a buscar trabajo. Un hombre me ofreció un trabajo precisamente de cuidador. Me dijo que ahà tenÃan una arma, un revólver, que él usara si es que veÃa a algún intruso, alguien que quisiera robar adentro.
30:21 que por el momento solamente estaba un anciano este anciano tenÃa experiencia habÃa sido cazador antes era un anciano al cual no le titubeaba la mano para jalar el gatillo y era de esa manera que mantenÃa resguardada toda el área y todo el almacén pero por lo mismo como ya estaba anciano no podÃa cuidar durante todo el dÃa y durante ciertas noches asà que ocupaba a alguien que cuidara durante la noche ahà entraba yo Yo le dije que sà inmediatamente cuando me mencionó el salario. Era un salario muy alto. Y para lo que iba a hacer, la verdad es que no era mucho. Llegué al almacén.
31:02 Era un almacén enorme, Alex. Grande. Ahà habÃa algunos camiones. Y habÃa mucho material. Más que nada de metales. Pero la bodega en aquel entonces se encontraba completamente abandonada. Según tenÃa entendido, el señor me dijo que iba a tener una remodelación, ya que le hacÃa falta. Y sÃ, en el techo habÃa varios agujeros y la lámina en las paredes. Se veÃa que ya estaba desgastada. En algunas esquinas se veÃa también que tenÃa hoyos, asà que muy probablemente por ahà iban a intentar meterse. Me presenté con el anciano.
31:43 Aquel hombre nos dejó. Yo ya estaba listo para chambear. Este hombre me dijo... con palabras muy precisas, que escuchara al anciano, y que le hiciera caso en todo, que él me iba a decir, cómo era la chamba, y que era lo que se tenÃa que hacer, con mucho detalle, el anciano me dijo, que solamente correspondÃa, en hacer rondines, en vigilar las ventanas, en vigilar los camiones, ya que estos tenÃan, pues buen material, que algunas personas, iban a querer robarse, Ya habÃa sucedido un par de veces anteriormente, pero después empezó a decirme que habÃa unas cosas que tenÃa que hacer al pie de la letra y que podÃa que estas cosas me parecieran extrañas, pero me pidió que le hiciera caso. Curiosamente Alex no era nada respecto a la vigilancia, sino que me dijo que tenÃa que tener cuidado que cada vez que saliera de la caseta de vigilancia lo hiciera protegido. Yo pensé que se referÃa a que cada vez que saliera tenÃa que llevar listo el revólver, pero no. Aquel anciano me dijo que tenÃa que salir con un rosario. Al abrir la caseta me encontré con que ésta estaba rodeada tanto en ventanas como en paredes, rodeada de puro rosario. HabÃa rosarios grandes y pequeños colgados en ventanas y paredes, también en algunos cajones.
33:19 Este hombre me dijo que cada vez que saliera me pusiera uno en el cuello o que me lo pusiera en la muñeca, pero que no saliera sin ninguno de ellos. Yo solamente me sonreà un poco y le pregunté,¿ por qué? El anciano me dijo, es que aquà en la noche se aparecen unos seres, unas cosas, si no sales con un rosario, Tal vez te los topes. Y créeme que eso no te gustará. Yo me aventé la carcajada, Alex. Enseguida pensé que tal vez era un anciano muy supersticioso. Tal vez un anciano de rancho. Pues en mi imprudencia, pensé que era de ese tipo de personas que creÃan fantasmas, duendes, etc. Personalmente, en aquellos años, como era bastante joven, yo no creÃa en esto. El anciano me miró y me dijo... Muy seriamente Te estoy hablando en serio muchacho CuÃdate por favor No salgas Sin un rosario Yo asentà con la cabeza El anciano se fue Y me dejó completamente solo en aquel almacén Pasaron las horas Y ya tenÃa que hacer mi primer rondÃn Antes de salir de la caseta Era imposible no ver La gran cantidad de rosarios Que me rodeaban Asà que simplemente me puse a pensar agarré un rosario muy pequeño que era destinado a una muñeca. Solamente
34:51 tenÃa que ponérmelo ahà en el brazo. Las palabras de aquel anciano retumbaron mucho en mi cabeza, asà que decidà ponérmelo. Salà del almacén y empecé a caminar por todo este, aluzando con mi lámpara. El único sitio que contaba con electricidad era mi caseta. Todo el almacén se encontraba en penumbra, salvo por ciertas lámparas de baterÃa que se encontraban cada ciertos metros. Pero aún asÃ, no alumbraban mucho. Creo que la luz de la luna me apoyaba más. Justo cuando estaba pasando por una de las ventanas, me di cuenta de algo. En estas ventanas habÃa un par de huellas.
35:35 Manos que parecÃan recientes. Cuando recién llegué, el anciano me llevó a dar un rondÃn. Todo, absolutamente todo. Estaba... cubierto por polvo tanto ventanas paredes como aparatos y yo no recuerdo haber visto aquellas huellas al acercarme e iluminarlas pude ver que eran recientes álex lo cual significaba que no estaba solo empecé a iluminar para todos lados y empecé a buscar desesperadamente si es que habÃa alguien pero por más que busqué ya sea dentro de los camiones abajo de los compartimentos En todo el almacén. No hallé a nadie.
36:20 Creà que tal vez aquellas huellas pertenecen al anciano. Tal vez habÃa recargado antes de irse. Algo que no tenÃa sentido pues. Tan pronto Biasileo de la caseta se habÃa ido. No se habÃa adentrado al almacén. Decidà no darle importancia a esto. Tal vez se me habÃan pasado. Y volvà a la caseta. Pasaron las horas. Y nuevamente salÃ. En este lapso de tiempo. Yo cené. Estuve anotando algunas cosas, leyendo revistas. Se me olvidó por completo que traÃa el rosario en la muñeca. Salà nuevamente. Y justamente cuando estaba pasando por aquellas ventanas, pude ver que habÃa otras huellas.
37:02 Esta vez parecÃan pezuñas. Esas huellas no estaban ahà antes. Pero lo que me sorprendió más fue que las huellas anteriores, Alex, no las habÃa tocado yo. Simplemente las dejé tal y como los habÃa visto. Aquellas huellas ya no estaban. Para explicarme mejor, aquellas huellas se habÃan borrado como si no hubieran existido. HabÃa polvo encima de la ventana, como si nunca se hubieran marcado. Para borrar una huella de una ventana llena de polvo, tienes que tumbar todo el polvo. Bueno, en esa ocasión esto no pasó. El lugar donde habÃa visto aquella huella estaba otra vez cubierta de polvo, y creo que muchas personas saben, que eso solamente puede ocurrir, cuando han pasado varios dÃas, en su lugar, a unos centÃmetros más hacia la derecha, se encontraban marcadas unas pezuñas, y unas marcas, como si estuvieran contando algo, inmediatamente, otra vez empecé a luzar, en todas las direcciones, pero no lograba encontrar a nadie, estaba muy confundido, No sabÃa qué estaba pasando en ese momento. Me metà de nuevo a mi caseta y al recostarme, pensando en lo que habÃa visto, me caló algo en la muñeca. Fue asà que pude ver que traÃa el rosario ahà en la muñeca y precisamente la cruz me habÃa calado un poco cuando me habÃa reclinado. Me enderecé, vi el rosario y me lo quité.
38:37 Después me recosté de nuevo, pensando y pensando. Al pasar las horas, nuevamente me tocó salir a dar el rondÃn. Pero esta vez, se me olvidó llevarme el rosario. Salà por el almacén. Justamente cuando iba llegando a aquellas ventanas, me encontré con algo. Esta vez ya no eran huellas. Esta vez pude ver algo. HabÃa un par de siluetas. Algo pequeñas. Yo creà en primer momento que se trataban de niños. porque escuchaba risitas, porque estas cosas, medÃan a lo mucho un metro veinte, y estaban ahÃ, en la ventana, jugando con esta, iluminé rápidamente con mi linterna, y lo que pude ver Alex, me dejó petrificado del miedo, aquellas cosas no eran niños, tenÃan pezuñas, como los de una cabra, pero sin pelaje, su cuerpo, estaba encorvado, eran orejones, unas orejas puntiagudas, muy grandes, sus ojos eran completamente negros, y una vez que me vieron, no sé si me sonrieron o abrieron la boca, el caso es que pude ver, que tenÃan muchos colmillos, como te expliqué anteriormente, yo fui militar, rápidamente sacé el revólver, y no lo pensé dos veces, accioné el gatillo, hasta acabarme todo el parque, pero desde
40:11 la primera detonación aquellas cosas desaparecieron, como si hubieran corrido de manera muy rápida, o es que ahà mismo habÃan desaparecido, volvà a la caseta, esta vez estaba escuchando la alarma, posiblemente se habÃa accionado, con todo el ruido que habÃa pasado, pasaron como tres minutos e inmediatamente el señor me marcó por teléfono, me preguntó si algo malo habÃa pasado, Yo simplemente le conté lo que habÃa visto. No me guardé nada. Aquel señor simplemente me dijo después de un silencio prolongado. Mira, Teo, por eso te dije que escucharas al señor. Ãl tenÃa mucho tiempo ahà trabajando. Aquel almacén sà tiene algunas cosas paranormales.
40:57 Por eso mismo lo han dejado abandonado. Los empleados que ahà trabajaban siempre vivÃan cosas y veÃan cosas inexplicables es por eso que ya no lo uso pero me sirve como un almacén para ir a dejar algunas cosas que están de más de otras fábricas que tengo la próxima vez que vayas a dar el rondÃn no salgas sin el rosario yo no podÃa creer lo que me estaban diciendo por teléfono Alex me habÃan mandado a un lugar que se encontraba maldito con entidades oscuras no sé si esos eran demonios o eran duendes Pero en definitiva, aquel lugar tenÃa algo siniestro. Le pregunté si en el lugar habÃa pasado algo, pero él me dijo que no, que no sabÃa por qué. Pero desde que se habÃa levantado aquel enorme almacén en ese lugar, habÃan estado sucediendo cosas raras.
41:53 Para ya no alargar más la historia, Alex, yo seguà trabajando ahÃ, pero en ningún otro rondÃn que di durante los años que estuve ahÃ, jamás volvà a salir sin el rosario. envuelto en mi mano. Gracias por compartir mi historia. Saludos Alex. Hola Alex y hola comunidad de la cripta.
42:40 Mi nombre es Hugo. Por favor Alex, no digas mi apellido. Quiero mantener cierto anonimato. Te quiero compartir a ti y a todos tus oyentes una experiencia que tuve mientras trabajaba en un hotel turÃstico. Yo soy de Veracruz y en aquel momento yo estaba trabajando como guardia de seguridad durante la noche. En este hotel se hospedan diferentes personas de diferentes nacionalidades, y como era mi trabajo, necesitaba dar rondines en todos los pasillos, en todos los pisos, y sobre todo también en el techo y en el sótano de este hotel. A pesar de que me desempeñé en ese lugar, cerca de algunos cuatro años, hubo un lugar en concreto, en el cual creo que entré tan solo... como unas cuatro veces, asà es, de cuatro años, solamente visité este lugar cuatro veces, y no habÃa razón alguna, al menos no me daban una razón coherente, verás, en aquel hotel habÃa un piso más, respectivamente en el sótano, nosotros tenÃamos un enorme sótano que servÃa como almacén y también que se extendÃa en toda el área del hotel, que servÃa también como algún estacionamiento. HabÃa una pequeña área, en el
44:11 cual constaban de cuatro habitaciones en el sótano. Esta área era accesible solamente por una puerta. En esta área habÃa cuatro habitaciones y un baño. TenÃa entendido que esta era como, podrÃamos decirlo, algunas habitaciones privadas. Tal vez para artistas, funcionarios, que querÃan privacidad, que no querÃan socializar con más personas. Y de hecho, este pasillo por lo que logré ver, era muy lujoso. No entré a ninguna de las habitaciones, pero me imagino cómo habÃan estado. Jamás se me dio permiso, ni la autorización, ni la llave para entrar. Esta área solamente se mantenÃa abierta, por eso de la una de la tarde hasta las diez de la noche. Y esto era debido a que ese baño a veces era usado por los empleados. El baño tenÃa cañerÃa, todo servÃa, también la luz. Pero lo extraño es que toda el área, desde los escalones, el pasillo y las habitaciones, no tenÃan luz.
45:22 La luz estaba cortada, tenÃas que bajar con una linterna y entrar al baño y encender la luz de éste. Algunos decÃan que era porque en esa área espantaban, otros decÃan que habÃa ocurrido algo que el hotel querÃa ocultar. Otros decÃan que simplemente era un área que no era muy reservada, entonces por eso decidieron clausurarla. Los motivos nunca fueron claros. El caso es que a pesar de ser velador, no se me daba acceso a esta área durante las noches. A excepción de una sola vez. Una sola vez entré a esta área de noche. Y esa fue la experiencia más mórbida y aterradora que vivà en toda mi vida.
46:14 Resulta ser que habÃa ocurrido un accidente ahà en el hotel. Una cañerÃa habÃa explotado. Y resulta que esta cañerÃa precisamente pasaba por una de las paredes de aquel baño. Aquel baño tenÃa algunos registros y estos tenÃan una tapa que daban acceso hacia estos. Por lo tanto, tenÃa que llevar al plomero hasta estos baños durante la noche para que arreglara toda la fuga, más que nada para taparla, en lo que se daba una solución en el piso afectado. Yo recibà mi orden, llevé al plomero, bajamos las escaleras con ayuda de la linterna, llegamos al baño, encendà la luz.
46:57 y él se puso a hacer su chamba. Yo solamente estaba ahÃ, parado, en los lavabos, viéndome en el espejo, revisando el celular jugando con este, hasta que finalmente terminó. No le llevó mucho tiempo, tal vez como unos 15 minutos máximo. El plomero se fue, pero yo tenÃa ganas de entrar al baño, y no querÃa entrar con él ahÃ, simplemente no me daba confianza. Lo acompañé Lo subà hasta el primer piso y una vez que estaba ahà él, se fue a recepción y yo bajé nuevamente. QuerÃa hacer del baño.
47:37 Una vez terminé, fui y me enjuagué las manos y en ese momento noto un ruido extraño. Un ruido que proviene del pasillo de afuera. El baño quedaba enfrente de las escaleras. Era un pasillo recto que llevaba hacia estas. Por lo tanto yo pensé que tal vez algún empleado habÃa bajado. HabÃa visto que el baño estaba encendido Y se habÃa regresado Lo cual no tenÃa mucha lógica Porque este baño es muy grande Si hubiese querido entrar al baño Hubiera entrado No sé por qué se estaba yendo Tal vez me estaban buscando Salà rápidamente del baño Para ver qué era lo que ocurrÃa Pues escuchaba Esos pasos correr de un lado hacia el otro Como si alguien estuviera jugando Al momento de que salà del baño Vi una silueta pequeña que se estaba acercando hacia mÃ... era un niño... un niño muy delgado... tanto asà que podÃa verle...
48:36 las cuencas de sus ojos... sus pómulos... parecÃa enfermo... parecÃa muy desganado... yo le pregunté... niño...¿ qué haces aquÃ? mientras lo iluminaba con mi lámpara... este niño me dijo... que ahà dormÃa... yo empecé a verlo... de pies a cabeza Alex... Este niño parecÃa no haber comido ni haber bebido nada durante dÃas. Su aspecto era muy preocupante. Lo tomé del brazo y solamente era hueso, hueso con piel. Rápidamente traté de llevarlo hacia arriba para ver qué era lo que podÃamos hacer con él. Yo le iba preguntando,¿ cómo que aquà duermes?¿ Cómo que de aquà eres? El niño me estaba diciendo que sÃ. que ahà habÃa vivido toda su vida yo pensé que tal vez se trataba de un niño de escasos recursos que por la razón que fuese se habÃa colado al pasillo y tal vez habÃa estado viviendo en alguna de las habitaciones quien sabe recuerdo muy bien que mientras lo iba jalando de su brazo yo sentÃa su muñeca muy frÃa como si estuviera tocando una barra de hielo lo extraño es que en esa parte no hay calefacción y no hay ni tampoco aire acondicionado, asà que el ambiente no estaba frÃo. Mientras Ãbamos subiendo los escalones, aquel niño me estaba diciendo que no se
50:08 podÃa ir. Yo le dije,¿ cómo que no te puedes ir? Ahorita te saco.¿ Dónde están tus padres? Una vez abrà la puerta y salimos a la luz. Mi mano se cerró por completo, Alex. Volté para ver si el niño se me habÃa escapado, aunque no sentà en ningún momento algún tirón. simplemente era como si su brazo se hubiera evaporado iluminé con mi lámpara las escaleras y a pesar de que éstas eran rectas y daban una vista del pasillo no pude verlo era como si éste se hubiera bajado muy rápido pero sin hacer ni un solo ruido o tal vez habÃa desaparecido inmediatamente fui por mis compañeros y les dije que habÃa visto un niño en aquel pasillo Al verme tan alterado, me creyeron. Yo, otros dos veladores, y otros dos chicos que se dedican ahà a subir equipaje, y una de las chicas que se dedica a cocina, vinieron conmigo. Ya sé, éramos muchas personas, pero tenÃan curiosidad. Además, casi nadie entraba a aquel pasillo, salvo solamente a los baños, muy de vez en cuando. Revisamos todas las puertas, Alex.
51:25 Todas tenÃan llave. Revisamos el baño. No habÃa nadie. Después de esto, las historias, los cuentos, que se contaban acerca de aquel pasillo, de aquella área, aumentaron. Yo no sé qué creer, a pesar de que le pregunté a las personas que llevan más tiempo trabajando en aquel hotel. Simplemente me dijeron que no sabÃan nada. Tal vez en aquel pasillo ocurrió algo. En aquella área, En alguna de aquellas cuatro habitaciones sucedió algo. Sucedió algo tan mórbido que ahora una alma habita aquella zona. En ese momento todo cobraba sentido porque siempre aquellas habitaciones nunca estaban disponibles. Tal vez era porque algunos clientes habÃan visto a aquel niño. Mi nombre es Ramiro Vicencio, esta es mi experiencia Alex, te quiero contar algo que me sucedió cuando estaba trabajando como velador,
52:57 yo trabajé durante algún tiempo, no recuerdo si algunos 8 o 9 años, posiblemente tal vez una década, trabajé mucho con este señor, era un señor que era muy bonachón aquà en mi colonia, Le habÃa habido muy bien en algunos negocios en los cuales él habÃa incursionado. Ãl tenÃa un negocio enorme, Alex. Era un terreno muy amplio, tal vez una cuadra completa. En este desempeñaba actividades como hojalaterÃa a diferentes autos. También vendÃa autos, algunos usados y otros seminuevos. Y también tenÃa un depósito de chatarra, o como se le dice aquà en México, el fierro viejo. Estos tres negocios los tenÃa juntos en un solo terreno, asà que ya te imaginarás, el terreno era muy amplio y habÃa mucha gente durante el dÃa, pero durante la noche, cuando todos ellos se iban, solamente me quedaba yo y don Emiliano. Don Emiliano era un señor ya mayor, como de algunos 72 años, habÃa tenido una vida pues envuelta en excesos, le gustaba el licor, le gustaba fumar y algunas otras cosas, asà que puede que en tu comunidad conozcan algunas personas de 72 años que
54:29 luzcan muy bien, que se vean fÃsicamente bien, pero por la vida de don Emiliano créeme que este no era el caso, Don Emiliano tenÃa un pésimo aspecto y muy apenas se movÃa. Siempre caminaba encorvado y siempre estaba cansado. Pero como tenÃa una enorme amistad de años con este señor, propietario del lugar, pues le daba trabajo de velador. Asà que me tocaba ser su compañero. Nosotros dos platicábamos durante toda la noche y llevábamos a cabo los rondines. Como te expliqué, Don Emiliano... Como no tenÃa mucha fuerza, él siempre llegaba con su bicicleta. Era una bicicleta algo vieja y oxidada, pero que le servÃa muy bien para dar los rondines en el extenso territorio. Yo los daba a pie, pues todavÃa era joven en aquel tiempo. Un cierto dÃa, cuando nosotros Ãbamos llegando, ya cuando todos estaban cerrando, fueron y le dejaron un auto, el cual parecÃa chocado, pero de diferentes partes. a este señor se lo botaron ahà en la sección de chatarra y lo botaron sin ningún cuidado Alex solamente lo lanzaron del camión este cayó y lanzó mucho polvo e hizo mucho ruido según lo que nos dijo el señor el plan era deshuesarlo pues no
55:59 tenÃa nada útil que se le pudiera sacar asà que era venta a final de cuentas nos dieron un pequeño espacio por donde podÃamos pasar Eso hasta que el dÃa siguiente vinieran los chicos y lo movieran. Se fueron todos y nosotros nos quedamos ahÃ. Como era de costumbre, primero platicamos, tomamos café. Y el primer rondÃn que se daba era en punto de las doce de la noche. A este le tocaba a Don Emiliano, ya que él se dormÃa por eso de las cuatro y media y yo hacÃa los siguientes. Don Emiliano agarra su bicicleta. y se fue, en el terreno de chatarra no hay luz, asà que don Emiliano siempre le ponÃa una lámpara en su bicicleta, para que esta iluminara todo su camino, yo solamente veÃa a lo lejos, como la luz de la lámpara se perdÃa y daba vuelta, don Emiliano siempre salÃa del otro extremo después de unos 3 o 4 minutos, era lo que tardaba en dar toda la vuelta, hasta que yo pudiera verlo de nuevo. Pero aquella noche, lo vi que dio la vuelta, pero pasaron los tres, los cuatro minutos, los cinco, seis, siete, y Don Emiliano no salÃa del camino. Se me hizo extraño, asà que solamente ponÃa mi mirada en ese extremo del camino,
57:33 esperando algo, cuando en eso, veo que Don Emiliano sale corriendo, gritando despavorido, a su encuentro, fue una pequeña perrita que tenemos también ahÃ, cuidando el terreno, es una perrita criolla, no crean que es grande o de una raza poderosa, la perrita fue a encontrarlo, e inmediatamente yo vi, como esta se pasó de largo, ladrándole a algo, don Emiliano venÃa corriendo, yo lo veÃa muy asustado, jamás lo habÃa visto correr, En todo el tiempo que habÃa trabajado con él... El viejo... Realmente venÃa... Espantado... Aterrado... Yo fui... Traté de controlarlo pero... Ãl no podÃa dejar de tartamudear y gritar...
58:23 Lo único que le entendà a Alex en aquella noche... Fueron las siguientes palabras... Tiene una boca muy grande... Sus dientes... Son horribles... Yo estaba muy extrañado... Pero justamente en ese momento... Escuché como la perrita chillaba. Inmediatamente agarré la linterna y lo primero que pensé es que tal vez algún intruso se habÃa metido. Alguna persona que habÃa espantado a Don Emiliano y que ahora le estaba haciendo daño a nuestra perrita. Fui inmediatamente, pero cuando quise dar la vuelta la perrita ya venÃa corriendo con la cola entre las patas yendo directamente hacia la caseta de vigilancia. de igual manera chillando, busqué por todos lados pero no vi nada, tuve que llamar a una ambulancia, pues don Emiliano se agarraba el pecho, parecÃa que le iba a dar un ataque, también tuve que hablarle al señor y explicarle lo que estaba pasando, él se dejó venir, incluso alcanzó la ambulancia, yo le expliqué que habÃa dado el rondÃn y no habÃa visto nada, no sé qué era lo que habÃa visto Emiliano, La perrita también estaba de una manera muy extraña. Solamente estaba arrinconada en una esquina de la caseta, con la cabeza hacia abajo y la cola entre las patas. Aquella noche fue muy confusa. El señor me hizo compañÃa hasta que amaneció.
59:54 Ãl esperó a sus empleados, con el pendiente tal vez de que, quien sea que habÃa entrado, tal vez volverÃa. A la noche siguiente, Alex, yo me presenté. Me dijo que en esta noche yo estarÃa solo. Que iba a hablar con Emiliano a ver si querÃa seguir trabajando o... De lo contrario, tendrÃa que contratar a otro más. Yo le dije que sÃ, que no habÃa ningún problema. Yo podÃa arreglármela solo. Pero en mi primer rondÃn, Alex, justamente cuando estaba dando vuelta, pasé por el lugar donde yo creÃa Emiliano habÃa sufrido un ataque. E hice lo que no hice la noche anterior. Busqué el vehÃculo que acababa de llegar y lo encontré. Créeme, desearÃa jamás haberlo hecho.
1:00:46 En la ventana pude ver a alguien. Era una mujer con su pelo largo, todo descontrolado, sus harapos, sus manos puestas sobre el vidrio de la ventana y su rostro Estaba pegado también al vidrio, como si esta me estuviera observando. La iluminé con la lámpara. Pude ver unos ojos blancos y lo que más resaltaba en la oscuridad era su boca. En ese momento, las palabras de Don Emiliano tuvieron sentido en mi cabeza. Su boca era horrible. TenÃa unos dientes grandes y cuadrados, pero estos estaban amarillos e incluso verdosos.
1:01:33 como si la boca se le estuviera pudriendo, era una boca enorme, más grande que incluso su propia cabeza, de oreja a oreja, aquella mujer tenÃa una piel muy asquerosa también, muy verdosa, como si fuera algún tipo de cadáver, como si fuera algo repilante, en ese momento lo único que hice fue irme corriendo, mientras dejaba tirada la lámpara, llegué a la caseta, y la perrita ya estaba chillando otra vez tal vez ella sentÃa ella podÃa saber cuando aquella cosa se materializaba dentro del auto llamé al señor nuevamente que parecÃa ya estaba esperando mi llamada la atendió rápidamente él me preguntó qué está pasando volvió yo le dije no creo que lo que vio don Emiliano no fue una persona viva creo que lo que vio fue otra cosa Lo acabo de ver yo también. Este señor se dejó venir de su casa. Cuando llegó le expliqué lo que habÃa visto. Juntos fuimos al auto, pero en esa ocasión ya no habÃa nada. Yo le juraba una y otra vez que lo que habÃa visto era real, y como tenÃamos muchos años de conocerlo, asà como también a don Emiliano, me dio el voto de confianza. Esa mañana cuando llegaron los demás trabajadores, les pidió que movieran el auto.
1:03:01 que lo pusieran en un garage que tiene en su casa, que siempre está cerrado, y que después lo deshuesaran ahà mismo, que no lo trajeran para acá, sino solamente las piezas. Le agradecà tanto a aquel hombre lo que habÃa hecho por nosotros. Don Emilio volvió al pasar algunas dos semanas. El pobre viejo ya se encontraba delicado de su salud. Pasaron algunos meses y él falleció. Ahà en su casa, Creo que el susto tuvo algo que ver con eso. Ya era una persona muy grande y que no tenÃa pues buena salud como para andar soportando ese tipo de apariciones.
1:03:43 O al menos eso es lo que yo creo. Afortunadamente, aquel aterrador espÃritu no volvió a presentarse en el trabajo. Gracias por compartir mi experiencia Alex. me llamo juan soy albañil desde que tengo memoria y he trabajado en toda clase de obras casas bodegas hasta iglesias abandonadas pero nunca nunca habÃa sentido el miedo que vivà en esa construcción maldita a las afueras de la ciudad Todo empezó cuando acepté un trabajo para levantar una casa de dos pisos, en una zona retirada, casi a medio kilómetro del último poste de luz. El terreno estaba aislado, solo campo y carretera por todos lados. Me venÃa bien el trabajo, pero el problema era la distancia. Desde mi casa me hacÃa casi dos horas de ida y dos de vuelta. Un dÃa, hablando con el encargado, Le pedà permiso para quedarme a dormir en la obra. Me dijo que sÃ, que no habÃa problema mientras no dejara herramientas tiradas ni hiciera mi desorden.
1:05:17 Asà que una noche, después de una jornada pesada, decidà quedarme. Ya era tarde. HabÃa cenado una torta que me compré en la tiendita del último rancho por donde pasé. Y me acomodé en el piso de arriba con una cobija que siempre cargo por si acaso. La casa apenas tenÃa los muros y el techo. Las ventanas no tenÃan cristales y las escaleras estaban firmes, aunque crujÃan un poco al pisarlas. No habÃa electricidad aún, asà que me alumbraba con mi lámpara de mano. Al principio, todo normal. El viento silbaba a través de las paredes abiertas y el silencio del campo me ayudó a quedarme dormido. más rápido de lo que pensé, pero algo, algo me despertó minutos después, no sé qué hora era, pero la luna estaba alta, y la lámpara ya se habÃa apagado sola, fue un sonido, no, una respiración, lenta y profunda, como si algo o alguien, estuviera inhalando con esfuerzo, pensé que era mi imaginación, me incorporé despacio, tratando de convencerme de que era el viento.
1:06:39 Pero no. Esa respiración venÃa desde abajo, del primer piso. Era húmeda, pesada, como si tuviera flemas o un pecho podrido. Agarré la lámpara, aún con la baterÃa baja, y me asomé por las escaleras. El sonido seguÃa ahÃ. Cada paso que bajaba, el aire se volvÃa más denso, más frÃo. El corazón me palpitaba como si quisiera salirse. Cuando llegué a la mitad de la escalera lo vi. Allà estaba, parado en medio de la sala vacÃa. Era un anciano, pero su cuerpo era una silueta delgada, encorvada, como si el tiempo lo hubiera castigado. Lo más horrible era su rostro.
1:07:31 Su mandÃbula colgaba, completamente desencajada. como si alguien lo hubiera arrancado y vuelto a poner mal. Su boca, Dios mÃo, Alex, su boca era enorme. Le caÃa casi hasta el pecho, negra como un túnel. Respiraba por esa boca, como si estuviera succionando el aire de la casa. Y entonces, él me vio. Sus ojos eran blancos, sin pupilas. Se movieron lentos hacia mÃ, y aunque no habló, Sentà que me decÃa algo. Algo que meló la sangre. Algo que no necesitaba palabras. No esperé más. Me di la vuelta y subà corriendo los escalones. Atrás de mà escuché un grito.
1:08:22 No fue un grito humano. Era como un lamento mezclado con el chirrido de un metal oxidado. No pensé en nada más. Me lancé por la ventana del segundo piso. Caà sobre la tierra. y rodé por el terreno sin importarme los raspones. Corrà como si el infierno me persiguiera. La carretera estaba oscura, pero seguà corriendo sin mirar atrás. Después de unos quince minutos, vi las luces de una gasolinera a lo lejos. Cuando llegué, me derrumbé enfrente de unos taxistas que tomaban café en un carrito al lado de la estación. Me miraron como si estuviera loco, Entre jadeos, les conté todo. Uno de los trabajadores de la gasolinera se acercó y me ofreció un poco de agua. No dijo nada al principio, solo me miró con una mezcla de lástima y resignación.¿ Lo viste, verdad? Me dijo uno de los taxistas, un señor gordito con bigote canoso. Yo asentÃ, aún temblando. Ese ente aparece seguido por este tramo, dijo otro.
1:09:35 Lo han visto camioneros, choferes, incluso ciclistas. Dicen que no es un fantasma. Dicen que es un demonio. Lo llaman la boca del kilómetro maldito. Siempre es lo mismo, dijo otro taxista. Lo ves y luego sientes que te jala, que te quiere meter en su boca. Algunos han chocado al verlo en la carretera. Otros no lo han contado. Yo no sabÃa qué decir. Apenas podÃa mantenerme en pie. Hay una forma de orientarlo, me dijo el empleado de la gasolinera. Solo una. Cuando lo veas, no corras, no grites.
1:10:19 Reza un Padre Nuestro, sin detenerte. Dicen que eso lo detiene, lo debilita. O al menos, eso es lo que algunos automovilistas me han contado desde esa noche. Jamás volvà a quedarme a dormir en esa obra. A la mañana siguiente recogà todas mis cosas. Le hablé al patrón y le dije que preferÃa hacer el viaje largo todos los dÃas. No me importaba perder horas ni gastar en gasolina. Lo que vi esa noche me marcó para siempre. TodavÃa trabajo como el bañil. Sigo levantando casas, arreglando techos, picando cemento.
1:11:02 pero cada vez que alguien me ofrece quedarme a dormir en una obra, aunque sea a unos pasos de mi casa, me niego rotundamente, porque sé que allá afuera, en el silencio de la noche, y entre paredes sin terminar, hay cosas que no deberÃan existir, y a veces, cuando paso cerca de aquel kilómetro, rezo un Padre Nuestro, aunque no lo vea, solamente por si acaso, Mi nombre es Ãngel Medina.
1:11:54 Quiero platicarte una experiencia que me sucedió cuando apenas era un chico. TenÃa 18 años y trabajaba en un lavadero de coches. desde hace casi un año no era un mal trabajo me ayudaba a mantenerme ocupado me daba algo de dinero y al menos no estaba metido en cosas raras como muchos chavos de mi edad el lugar tenÃa lo suyo una estructura amplia techos de lámina una pequeña oficina área de lavado dos baños y un almacén donde guardábamos todo cubetas, jabón, trapos lÃquidos especiales para los vidrios etc. Hasta entonces, todo habÃa sido tranquilo. Jamás habÃa vivido nada raro. Hasta esa noche.
1:12:44 Era un jueves. El patrón me pidió que me quedara un rato más para acomodar el almacén. HabÃan llegado varios productos nuevos y todo estaba hecho un desastre. Como vivÃa cerca y no tenÃa compromisos, le dije que sÃ. Empecé a trabajar en eso como a las siete. La luz del almacén era apenas suficiente, una sola bombilla colgando del techo. Me puse a mover cajas, barrer, colocar etiquetas. Me perdà entre los trapos y botes de shampoo para carro. Cuando terminé, eran casi las nueve de la noche. Me puse la chamarra y salà a cerrar. Empecé por las cortinas metálicas del frente, bajé una, puse su candado, luego la otra y Fui al área trasera donde estaba la otra salida y bajé la última. Apenas habÃa cerrado el último candado, cuando de repente escuché un golpeteo, unos golpes secos, fuertes, como si alguien estuviera golpeando una pared desde adentro. Me quedé helado. Por un momento, pensé que tal vez era uno de mis compañeros que se habÃa quedado encerrado. Saqué mi celular, encendà la linterna y subà de nuevo la cortina, cuando entré, el silencio era total, caminé despacio, revisando cada rincón, y nada, el almacén, estaba tal como lo habÃa dejado,
1:14:16 fui a los baños, igualmente estaban vacÃos, caminé entre los carros, silencio total, ni una sombra, volvà a salir, cerré de nuevo, y entonces, otra vez, el mismo sonido, la misma fuerza. Esta vez los golpes sonaban más cerca, más urgentes, como si algo o alguien estuviera tratando de salir. Volvà a entrar, con el corazón acelerado, la linterna temblando en mi mano, revisé todo otra vez, pero ni un alma. Lo hice una tercera vez, y lo mismo, apenas cerraba, los golpes volvÃan.
1:15:01 Siempre desde adentro. La tercera vez ya no entré. Algo dentro de mà me gritaba que me fuera. Me alejé caminando sin mirar atrás, y mientras avanzaba, por la calle totalmente vacÃa, todavÃa escuchaba los golpes retumbando desde adentro del lavadero. Esa noche apenas dormÃ. Cada vez que cerraba los ojos, volvÃa a escuchar ese sonido. Soñaba con paredes agrietadas, con algo atrapado del otro lado. A la mañana siguiente, fui directo con el patrón y le conté todo. Me escuchó en silencio, no me interrumpió, pero conforme pasó el tiempo, su rostro fue cambiando. Puso una cara rara, como si ya supiera lo que le iba a decir. Quizá fue alguna tuberÃa, me dijo, sin mirarme directamente. A veces el agua hace ruidos raros, pero para que no te preocupes, ya no te voy a pedir que te quedes hasta tarde.
1:16:06 Vete siempre con los demás. Trató de hacer como que no era nada, pero se le notaba incómodo, nervioso, como si ocultara algo. Más tarde, le conté a mis compañeros, les dije lo que habÃa escuchado y también cómo se puso el patrón. Se miraron entre ellos y como si esperaran que eso pasara.¿ No sabÃas? Me dijo Diego, que llevaba más tiempo que todos. Este local, antes era una casa vieja, muy vieja. Se decÃa que el dueño vivÃa solo, que no hablaba con nadie. Un dÃa, lo encontraron sin vida, en unas circunstancias que fueron muy extrañas. ¿Extrañas? ¿Cómo? Pregunté.
1:16:57 Hay quienes dicen que escuchaban golpes en la pared. Algunos vecinos que estaban cerca de ahà lo vieron por la ventana cuando él se daba de golpes contra la pared, que tenÃa episodios raros. Por lo que se sabe de su historia, su familia habÃa fallecido recientemente. Tal parecÃa ser que aquel hombre no pudo superarlo. Lo que es cierto es que cuando derrumbaron la casa, los trabajadores escuchaban cosas en la noche golpes siempre en la misma pared justo donde ahora está el almacén¿ y el patrón lo sabÃa?
1:17:39 claro que sà respondió otro él compró el terreno pero nunca ha dicho nada supongo que no quiere que la gente se asuste después de eso entendà todo no volvà a quedarme hasta tarde aunque me ofrecieran mucho más dinero aunque faltara mucho por hacer, me iba siempre con los demás, justo cuando el sol comenzaba a caer, seguà trabajando allÃ, llevé una vida más o menos normal, pero cada vez que pasaba cerca del almacén, sentÃa ese escalofrÃo, ese mismo que sentà cuando los golpes comenzaron, y cada noche, cuando la última cortina bajaba, sabÃa que era mejor alejarme, porque hay cosas que no quieren ser vistas, cosas que no se fueron, incluso después de haber fallecido. Me llamo Julio RodrÃguez y trabajo como repartidor de pizzas desde hace algunos años.
1:19:05 La mayorÃa de mis compañeros detestan el turno nocturno, pero yo siempre lo preferÃ. Las calles son más tranquilas, no hay tanto calor y si tienes suerte puedes ganar el doble en propinas. Aquel sábado por la noche todo marchaba perfecto. Eran alrededor de la una de la mañana y Ella habÃa entregado cinco pedidos. Me sentÃa cansado, sÃ, pero estaba satisfecho. La moto, aunque vieja, se habÃa portado bien. Las calles estaban vacÃas, el viento era fresco y la ciudad dormÃa. Decidà hacer una breve pausa antes de regresar a la pizzerÃa.
1:19:49 Me detuve en una plaza que conocÃa bien, una de esas que se ven preciosas de dÃa. Llena de familias, niños jugando en los columpios, vendedores de globos, ancianos caminando. Pero esa noche estaba completamente desierta. Apagué la moto frente a una de las bancas de piedra. Me quedé sentado sobre ella, abrà un jugo que llevaba en la mochila y saqué los billetes que habÃa juntado para contarlos. Me gustaba saber cuánto llevaba acumulado antes de terminar el turno. y entonces la vi, en una de las bancas, justo frente a mÃ, se sentaba una niña, al principio no me pareció raro, pensé que tal vez era una chiquilla que se habÃa escapado de casa, o que se habÃa perdido, llevaba un uniforme escolar, de esos tÃpicos de primaria, pero estaba sucio, bastante sucio, parecÃa manchado de tierra, con las mangas rotas,¿ No era normal que una niña estuviera sola a esa hora? Menos aún vestida asÃ. Lo que más me inquietó no fue solo su presencia, sino la manera en que me miraba. No apartaba la vista de mÃ.
1:21:07 Su cabeza apenas se movÃa, pero su mirada era fija, intensa, como si no parpadeara. Me sentà incómodo. Le di otro trago al jugo e intenté ignorarla. Pensé... Quizás tiene algún problema... Quizás esté esperando a alguien... Pero habÃa algo... Algo en su silencio que me ponÃa nervioso... Entonces... Algo en su rostro cambió... La tenue luz del farol me permitió verla mejor... Y fue ahÃ... Cuando noté lo imposible... Sus ojos Alex...
1:21:47 Eran completamente blancos... No habÃa pupilas... ni iris, ni nada, solo blanco, como si estuviera ciega, pero no de una forma normal, era otra cosa, algo antinatural, y lo peor de todo es que seguÃa mirándome, con una expresión neutra, como si supiera algo que yo no, una sensación me invadió de pronto, un instinto primitivo de peligro, como si todo mi cuerpo me gritara que tenÃa que irme de ahÃ. Giré la llave de la moto, pero esta no encendió. Le di al pedal, una vez, dos, tres, nada, solo un sonido seco, completamente apagado. Miraba la moto, desesperado, sudaba, el corazón me palpitaba fuerte en el pecho, y de pronto, algo me obligó a levantar la vista. La banca estaba vacÃa.
1:22:51 La niña ya no estaba ahÃ.¿ Pero qué habÃa pasado? Instintivamente miré a mi alrededor. Y entonces la vi. Estaba frente a mÃ. Parada. A menos de un metro de distancia. Sentà como si el tiempo se congelara. Su rostro estaba ahora totalmente iluminado por la luz del farol. Su piel era pálida. casi translúcida tenÃa el cabello húmedo desordenado y caÃa sobre sus hombros como si acabara de salir de un pozo su uniforme estaba más sucio de lo que pensé con manchas oscuras imposibles de identificar y sus ojos seguÃan ahà blancos completamente vacÃos me observó unos segundos más y luego con una voz suave, como la de una niña cualquiera, pero con un tono inquietantemente plano. Me preguntó,¿ quieres jugar conmigo? No grité, no pude, la voz no me salÃa, las piernas me temblaban, salté de la moto y corrÃ, corrà sin rumbo, como el alma que lleva el diablo. Tomé la calle más cercana y no paré hasta que vi luces. Llegué a un bar que seguÃa abierto.
1:24:18 Me metà sin decir nada, con el rostro blanco y el corazón golpeándome las costillas. Me senté en una esquina, intentando recuperar el aliento. Varios me miraban raro, pero nadie dijo nada. Pasaron unos minutos hasta que escuché a un grupo de jóvenes decir, que se irÃan por la ruta que pasaba justo enfrente de la plaza. Sin pensarlo, me unà a ellos. No les expliqué nada, solo caminé detrás, como si los conociera. Volvimos al lugar. La plaza estaba igual de vacÃa que antes. Mi moto seguÃa ahÃ, en el mismo lugar donde la dejé. La niña por otro lado.
1:25:04 Ya no estaba. Me acerqué despacio. Miré a todos lados con el miedo aún en el estómago. Subà a la moto, puse la llave, la giré, y esta vez, encendió al primer intento. Me fui de ahà cuando pude, rápido, como si el lugar pudiera tragarme si me quedaba un segundo más. Desde esa noche, jamás volvà a detenerme en esa plaza, ni para descansar, ni para beber algo. ni para revisar el celular, pasaba por ahÃ, sÃ, pero sin mirar, con la vista al frente, acelerando solamente, de dÃa, esa plaza era otra historia, llena de familias, vendedores de algodones, niños en bicicleta, ancianos leyendo el periódico, pero por la noche, por la noche algo cambiaba, algo se apoderaba del lugar, Algo que no deberÃa estar ahÃ. Algo que usa el rostro de una niña, que pregunta con una voz tierna si quieres jugar, pero que no tiene alma. Y yo, yo sé bien lo que vi, porque hay miradas que se te quedan grabadas en el cuerpo, como cicatrices, y los ojos de esa niña todavÃa me siguen en sueños.
1:26:53 La siguiente historia viene de parte de Jesús Ville. No fui un hombre de asustarme fácil. A mis 50 años ya habÃa pasado por tormentas, riñas, enfermedades y entierros. Toda mi vida la trabajé en el campo, cuidando ganado, arando la tierra, viviendo con lo justo, Pero hubo una noche, en un rancho del norte de México, que me hizo entender que hay cosas allá afuera que no son de este mundo. Todo comenzó cuando don Aurelio, un ganadero del pueblo, me buscó desesperado. TenÃa fama de duro, de no creer en tonterÃas, pero esa tarde traÃa la cara pálida, el cigarro temblándole entre los dedos. Se me están llevando las vacas, Don Chuy.
1:27:50 Me dijo esto con los ojos rojos por no dormir. Y no sé qué chingado sea. Los perros no le hacen nada. Incluso se hacen del baño del miedo. Pensé que exageraba. Dije que tal vez eran coyotes o algún ladrón de ganado, pero me lo negó. Me juró que cada mañana hallaba a sus cinco perros metidos en sus casitas. temblando, con la cola entre las patas, y los cinco en sus casitas, se habÃan hecho del baño, como si hubieran visto al diablo, acepté el trabajo porque necesitaba el dinero, tomé mi escopeta, vieja, pero con los tiros contados, y me fui al rancho esa misma noche, las dos primeras noches no vi nada, pero habÃa algo raro en el aire, los caballos estaban nerviosos, Relinchaban mirando al monte. Las vacas agrupaban como buscando protección y los perros no se alejaban de mi lado. Algo que jamás habÃa visto en animales entrenados para patrullar. Pero fue en la tercera noche cuando todo cambió. Pasaban de las tres de la mañana cuando lo vi. Primero, solo dos puntos rojos flotando entre la maleza.
1:29:16 Pensé que era el reflejo de algún animal, pero esos puntos se movÃan de forma inteligente, como si observaran, como si eligieran. Me levanté, cargué la escopeta con manos temblorosas. Los perros empezaron a gruñir. Uno incluso se hizo del baño mientras miraba aquella oscuridad. Entonces, la cosa salió del monte. Era un perro, pero no uno común. medÃa casi lo mismo que yo tenÃa un hocico largo alargado de una forma antinatural con colmillos que brillaban a la luz de la luna su pelaje era negro negro como el humo y sus ojos seguÃan brillando con ese rojo que no era reflejo era fuego apunté el sudor me bajaba por la espalda los perros se acercaron a mà gruñendo también, pero ninguno se atrevÃa a dar un paso más, y entonces aquella cosa habló, déjame llevarme a uno, dijo con una voz grave, áspera, profunda, como si viniera desde adentro de una cueva vieja, cada palabra retomó en mi pecho, los perros salieron corriendo, literalmente huyeron, como si supieran que aquello no debÃa existir, Me quedé helado. No supe si
1:30:47 lo habÃa imaginado, pero no. Esa voz que habÃa escuchado no era cosa de la mente. Era real. Esa voz no era cosa de la mente. Era real. El miedo me ganó. Apreté el gatillo. El tiro tronó como un rayo y el olor a pólvora se mezcló con el de la maleza y el estiércol. Pero la bestia esquivó la bala. como si hubiera anticipado mi movimiento, corrió hacia el monte y desapareció, el disparo despertó a don Aurelio, lo vi salir de la casa, envuelto en su zarape, con una linterna en mano, le conté todo, cada detalle, pero en cuanto le dije que la cosa habló, me miró con lástima, ya estás viejo don Chuy, me dijo, seguro lo que tuviste fue un sueño, o un coyote grande no le respondà a Alex solo tomé mi escopeta mis cosas y me fui de ese lugar no volvà a trabajar en ese rancho ni en ninguno otro de noche los dÃas siguientes no pude dormir me sentaba junto a la cama escopeta en mano apuntando a la puerta esperando volver a ver aquellos ojos miraba por las ventanas cada rato Escuchaba cualquier ruido como si fueran pasos en el techo. Me volvà un perro de los nervios. Pero
1:32:21 la criatura nunca volvió. Nunca vino por mÃ. Solo se habÃa querido llevar uno. Con el tiempo logré dormir otra vez. Aunque nunca igual. Aprendà que hay cosas que uno no debe enfrentar. Que lo salvaje a veces no es de este mundo. Desde entonces... Cada vez que oigo a un perro llorar en la noche, me viene esa voz a mi cabeza. Déjame llevarme uno. Y sé que en algún monte, no muy lejos, esa cosa todavÃa anda suelta. El siguiente relato viene de parte de Adolfo Suárez. Nunca pensé que renunciarÃa a este trabajo por miedo. No era el mejor empleo del mundo, pero me ayudaba a pagar la renta.
1:33:38 TenÃa 26 años Alex en aquel tiempo. Trabajaba de noche en una tienda de autoservicio a la salida de la ciudad. El turno era tranquilo, monótono. A veces no entraba un solo cliente en horas. Esa noche, la del 17 de diciembre, todo empezó como cualquier otra. Eran poco más de las dos de la madrugada. HabÃa despachado a una pareja de traileros y a un hombre mayor que siempre venÃa por cigarrillos. Afuera, el frÃo calaba los huesos. y el viento golpeaba con fuerza las puertas automáticas, haciéndolas vibrar cada tanto. Estaba como dando unas latas, cuando vi que la luz parpadeó, una, dos, tres veces. Pensé que era una falla común, de esas que ocurren en invierno por el clima húmedo y el viento.
1:34:36 Me acerqué al panel eléctrico, detrás del mostrador, pero todo parecÃa en orden. Volvió la luz y aunque algo más tenue. Entonces, escuché unos golpecitos. Alcé la vista y vi a una niña del otro lado del cristal. Estaba completamente sola. Usaba un vestidito blanco. Su cabello negro caÃa hasta su espalda. Pero lo más inquietante era su sonrisa. Una sonrisa amplia, antinatural. como dibujada a la fuerza, y no parpadeaba. Me miraba fijo, sin moverse, más que para tocar con su manita el cristal de nuevo. Me acerca la puerta.¿ Estás bien? Le pregunté a través del vidrio. La niña no respondió. Solo inclinó un poco la cabeza, como si me estudiara, y entonces habló. con una voz suave, pero completamente vacÃa.« Estoy perdida.¿ Puedes ayudarme a buscar a mi madre?» Me helé, no por el frÃo, sino por algo que no supe explicar.
1:35:53 Era como si mi mismo instinto gritara que no debÃa abrir esa puerta.« No puedo salir», le dije.« Pero si quieres, puedes entrar a esperarla aquû. Ella negó con la cabeza. sin dejar de sonreÃr, no, tienes que venir conmigo, por favor, me dio un escalofrÃo, esa sonrisa no se deshacÃa, como si estuviera pegada a su cara, me disculpé, retrocedà unos pasos, y me coloqué detrás del mostrador, la niña repitió su pedido, dos o tres veces más, su voz seguÃa siendo tranquila, pero cada vez más, Sonaba más desesperada, como si supiera qué botones presionar.« Tengo frÃo, me duelen los pies.¿ No vas a ayudarme?». Quise responder, pero no me salÃa la voz.
1:36:51 Me escondà tras la pantalla del monitor, rogando que se fuera. Y lo hizo. Caminó lentamente hasta el otro lado de la carretera, pero no se perdió entre los árboles. ni siguió su camino, no, se quedó allÃ, parada, en el borde del pavimento, mirándome fijamente desde la oscuridad, la sonrisa todavÃa la tenÃa, inmóvil, media hora después, llegaron dos clientes, una pareja joven, me sentà tan aliviado, que casi corro a saludarlos, disculpen, les dije antes de que pidieran nada, Vieron a una niña ahà afuera. Ambos me miraron confundidos. ¿Niña?
1:37:41 Repitió el hombre. No, solo está oscuro. No se ve nada. Seguros, estaba justo ahÃ, parada. La tuvieron que haber visto. Negaron con la cabeza. Yo salà del mostrador. Caminé hasta la entrada. La niña seguÃa ahÃ. SeguÃa mirándome, pero ellos no la veÃan. Cuando se fueron, la tienda quedó otra vez en silencio, las luces parpadearon una vez más, y esta vez se apagaron por completo. Todo quedó en tinieblas, salvo por la luz roja, tenue de la nevera, y el brillo del letrero abierto, que aún parpadeaba. Entonces la vi moverse. La niña cruzaba la calle, caminando directamente hacia la tienda. Ya no sonreÃa. Su expresión se habÃa endurecido, como si supiera que no tenÃa que fingir más. Me escondÃ. No sé cómo no me caà del miedo, pero logré llegar al baño y encerrarme. La tienda estaba completamente a oscuras. Me senté en el suelo, junto a la puerta, tratando de no hacer ruido. Y entonces, la escuché. Primero, golpeó la puerta.
1:39:06 No era la puerta de la entrada. Era la del baño. Ãbreme, por favor. No respondÃ. Apenas y respiraba. Cerré los ojos, apreté los dientes y recé. No sé cuánto tiempo pasó. A lo lejos escuché un pitido eléctrico. Las luces volvieron poco a poco. Luego el timbre de la puerta se activó. supuse que era porque se abrÃa o cerraba sola con el sistema, pero no escuché pasos, nada, me quedé ahÃ, hasta que vi por el pequeño tragaluz del baño, que empezaba a amanecer, salà con las piernas temblorosas, recorrà la tienda, no habÃa nadie Alex, ni una huella, ni rastro de la niña, tomé mis cosas, dejé las llaves, Y no miré atrás. Ese mismo dÃa renuncié. Nunca le conté a nadie, al menos hasta ahora, de aquella experiencia que me sucedió.
1:40:32 El siguiente relato viene de parte de Sarai Ortiz. Esa tarde me quedé más tiempo de lo habitual en la escuela, corrigiendo exámenes en el turno vespertino. Ya era viernes y no me gustaba acumular trabajo para el fin de semana. Afuera el cielo comenzaba a oscurecer y uno a uno los últimos maestros y alumnos fueron yéndose, dejando la escuela en ese silencio peculiar que solo se siente cuando un lugar lleno de voces se queda vacÃo. Eran cerca de las 9.50 de la noche cuando terminé de revisar la última hoja.
1:41:16 Me estiré en la silla y suspiré. El único sonido era el zumbido lejano de las luces y el portón principal donde el velador Don Ignacio hacÃa su ronda habitual. Guardé los exámenes en mi bolso. Apagué las luces del salón de maestros y me dirigà hacia las escaleras. Al bajar del tercer piso al segundo, justo cuando puse el pie en el primer escalón, algo me hizo detenerme. Del pasillo largo del segundo piso, vi a un niño cruzar corriendo de un lado a otro rápido. y también silencioso, me congelé, no me asusté, al menos no en ese momento, me sentà confundida, un niño, a esa hora, oye, le grité pero ya habÃa desaparecido al fondo del pasillo, me apresuré a seguirlo, llevaba un uniforme escolar, pero no logré ver su rostro, lo vi doblar en la esquina y meterse en el aula de tercero B, Caminé hasta la puerta, un poco agitada, y al intentar abrirla me di cuenta de que estaba cerrada con llave. Me quedé mirando la cerradura por un momento, perpleja.¿ Cómo pudo entrar si la puerta estaba cerrada? Volvà sobre mis pasos y bajé hasta la entrada, donde estaba don Ignacio, sentado con su termo
1:42:49 de café, ojeando una revista. Don Ignacio, Necesito la llave del salón de tercero B. A esta hora, me miro extrañado. Pasó algo. Vi a un niño entrar ahÃ. Bueno, no sé si entró, porque la puerta está cerrada. Pero lo vi correr por el pasillo y doblar hacia ese salón. El velador me miró fijamente durante un segundo. No dijo nada, pero se levantó. Sacó un llavero enorme de su cinturón. y me hizo una seña para que lo guiara, subimos juntos, y al llegar, abrió la puerta, el salón estaba vacÃo, ni rastro de nadie, ninguna silla movida, ningún cuaderno fuera de lugar, silencio total, aquà no hay nadie señorita, no, no, yo lo vi, vi a un niño entrar aquÃ, le insistà a don Ignacio, pero él guardó las llaves, y mientras salÃamos del salón, Dijo algo que me dejó pensando todo el camino a casa. ¿Sabe, maestra? A veces en las noches se escuchan cosas. Pasos, risas, como si siguieran jugando.
1:44:06 Yo pensé que era el eco del dÃa, o algún sonido que se queda atrapado en los pasillos. Pero ahora que me cuenta esto, la verdad no sé qué pensar. No supe qué responder. Me fui a casa sintiéndome confundida, inquieta. con una presión en el pecho que no sabÃa explicar. A la mañana siguiente, llegué temprano como siempre, antes de que los alumnos comenzaran a llegar. Cuando abrà la puerta de mi salón, sentà un escalofrÃo. Todo estaba hecho un desastre. Las reglas tiradas en el suelo, plumones sin tapa regados por el escritorio, los mesa bancos movidos del lugar, cuadernos abiertos en páginas al azar, pestañeé varias veces tratando de encontrar una explicación lógica nadie tenÃa acceso a ese salón nadie habÃa entrado antes que yo ya basta dije en voz alta y sin pensar no sé que seas ni por qué estás aquà pero no me gusta esto no me asustas pero no quiero verte hoy tengo que quedarme otra vez y no quiero ningún jueguito tuyo Déjame trabajar en paz Me sentà un poco tonta Hablándola al aire Como si estuviera regañando Un niño invisible Pero en el fondo Esperaba que Si habÃa algo ahà Al menos me
1:45:39 escuchara Y funcionó Esa noche me quedé nuevamente Esta vez más alerta Más tensa Esperando alguna señal Pero no pasó nada Ni un ruido ni una sombra, ni un paso lejano, solo el silencio natural de una escuela dormida, desde entonces, cada vez que paso por el pasillo del segundo piso, no puedo evitar mirar de reojo al fondo, donde lo vi correr aquella noche, ya no he vuelto a quedarme tan tarde, y si alguna vez tengo que hacerlo, me aseguro de terminar antes de las nueve, no por miedo, sino por respeto, porque a veces, en esta escuela, no todos los niños salen al sonar la campana. La siguiente historia viene de parte de Jimena Fuengo. TenÃa apenas tres semanas trabajando como mesera en aquel restaurante. TenÃa 20 años en aquel tiempo, y aunque el trabajo era sencillo, las noches
1:47:10 largas me pesaban. Esa noche, como muchas entre semana, el lugar estaba prácticamente vacÃo. Eran poco más de las 10 y ya no quedaba ningún cliente. Solo faltaba una hora para cerrar. Y, sinceramente, mi mente estaba en otro lado. Mi abuela, quien me habÃa criado desde niña, estaba muy enferma. Esa noche me costaba concentrarme. Entre limpiar mesas y revisar las comandas, pensaba en ella. En su respiración débil. En cómo su mirada se habÃa ido apagando en los últimos dÃas. Entonces... La puerta del restaurante se abrió y entró un hombre. Era alto, muy delgado. VestÃa con un traje negro que parecÃa de otra época. Lo primero que me llamó la atención fue su rostro, pálido, con pómulos muy marcados y mejillas hundidas.
1:48:13 Una expresión neutra, pero inquietante, como si supiera algo que yo no. Me enderecé, intentando sacudirme la melancolÃa y me dirigà hacia su mesa, buenas noches, bienvenido, le dije con mi voz amable, le gustarÃa algo de comer, el hombre no me respondió de inmediato, solo me miraba, sus ojos eran oscuros, no negros, sino opacos, sin brillo, como si no reflejaran nada, y lo más extraño, Era que no habÃa parpadeado ni una sola vez desde que entró. No, respondió al fin, con una voz pausada, profunda, como si le costara hablar. No tengo hambre. Me quedé en silencio, esperando que dijera algo más. Sentà una incomodidad extraña en el pecho. Y entonces empezó a hacerme preguntas.¿ Cómo estás?¿ Estás cansada? me preguntó con un tono casi paternal, pero que no traÃa ningún consuelo. Estoy bien, respondÃ, con una sonrisa tensa.¿ Y tu familia? Está bien tu abuela. Mi estómago se encogió. ¿Cómo? Balbucé, pero me interrumpÃ. Tal vez lo habÃa dicho en voz alta en algún momento. Tal vez uno de mis compañeros le habÃa contado, aunque no
1:49:45 tenÃa sentido.¿ Por qué pregunta eso? añadà intentando mantener la compostura, solo creo que deberÃas despedirte, antes de que sea demasiado tarde, la forma en la que me lo dijo, no fue como una sugerencia, fue una sentencia, frÃa, definitiva, quise decir algo, preguntarle quién era, pero mi cuerpo se puso tenso, lo único que atiné a hacer fue alejarme, Mis manos temblaban cuando fui a la cocina y le conté a uno de mis compañeros lo que acababa de pasar, y una vez que terminé de contarle le dije,¿ Quién es ese tipo?¿ Lo viste? Le pregunté a VÃctor, el cocinero que me escuchaba con cara de asombro.¿ Pero qué tipo? Me contestó él.
1:50:37 El hombre de traje está sentado allá en la mesa del fondo. Le expliqué mientras estaba señalando la mesa. Le dije mientras estaba señalando la mesa. Salimos juntos al comedor, pero Alex para este momento ya no habÃa nadie. La silla donde habÃa estado sentado ahora estaba vacÃa. Ninguna puerta se abrió, ninguna campana sonó. Nadie lo vio salir, simplemente desapareció. VÃctor me miró confundido y yo apenas podÃa hablar. Recogà mis cosas temprano esa noche y me sentÃa como si me hubieran drenado el alma, en el camino a casa, las palabras de ese hombre resonaban en mi cabeza, como un eco oscuro, despÃdete, antes de que sea demasiado tarde, no dormÃ, me quedé viendo al techo, con el corazón pesado, a las 6.12 de la mañana, mi madre me llamó, mi abuela, habÃa fallecido, no lloré de inmediato, Solo me quedé allÃ, con el teléfono en la mano, recordando la mirada vacÃa de aquel hombre, su voz, sus palabras. No habÃa forma de que supiera. Nadie lo sabÃa más que yo. No creo que aquel hombre haya sido un loco, ni mucho menos un vidente. Yo creo que esa noche hablé con la misma muerte y vino a avisarme lo que sucederÃa.
1:52:10 Creo yo Solamente por cortesÃa. Mi nombre es Esli, soy de Michoacán y quiero contarte una historia real. que le ocurrió a mi mamá cuando era niña, y que, muchos años después, volvió a repercutir en una de mis tÃas.
1:52:51 Cuando mi madre era pequeña, vivÃa con mis abuelos en un rancho. Todas las noches, mis abuelitos salÃan al patio para sentarse bajo un árbol, platicar un rato y disfrutar del viento fresco. Una noche cualquiera, Todos estaban afuera, como de costumbre, pero mi mamá entró a la casa porque necesitaba algo del cuarto. Al estar adentro, volteó hacia la ventana y se dio cuenta de que alguien la estaba observando desde afuera. Era una mujer, pero no una mujer común.
1:53:32 Era completamente calva, de piel muy pálida. y llevaba un maquillaje exagerado, casi grotesco, que le daba un aspecto aterrador. VestÃa un vestido tejido a mano, muy antiguo, como de otra época. Mi mamá y aquella figura se quedaron mirándose unos segundos, hasta que ella reaccionó del susto y salió corriendo al patio para contarle a mis abuelos lo que habÃa visto. Ellos corrieron a revisar, pero no encontraron a nadie. Nadie le creyó y con el tiempo, el recuerdo quedó guardado como una experiencia extraña que nunca pudieron explicar. Pasaron los años, mi madre creció y esa historia quedó como un susurro del pasado, hasta que algo parecido le sucedió a una tÃa en su propia casa después de haberse casado.
1:54:36 Una noche, Su esposo salió a dar una vuelta, como suelen hacer los hombres de rancho. Ella se quedó sola en la casa, planchando la ropa. En la sala tenÃan un cuadro grande de la Virgen de Guadalupe, colgado en la pared, mientras planchaba. Llevó algunas prendas al cuarto contiguo, y al regresar, lo que vio la dejó helada, en lugar del rostro de la Virgen. Estaba la misma mujer espeluznante que habÃa visto mi mamá años atrás. El mismo rostro pálido, calvo, con ese maquillaje grotesco. La misma mirada clavada que parecÃa atravesarlo todo. Asustada, esperó a que su esposo regresara y le contó lo ocurrido. Ãl, al escucharla, no lo dudó. Bajó al cuarto de inmediato y lo guardaron dentro de una vieja van que tenÃan estacionada, aunque esta ya no servÃa. Ambos dijeron, mañana en la mañana, lo quemamos. Al dÃa siguiente, cuando fueron a buscarlo para finalmente deshacerse de él, no quedaba nada. El cuadro se habÃa reducido a polvo. No habÃa restos de la imagen, ni del marco, ni de la madera. Solo cenizas. Desde entonces,
1:56:06 nadie volvió a ver a esa mujer. Pero la historia quedó marcada en la familia, como algo imposible de olvidar. Esta siguiente experiencia pertenece a Claudia Revilla. Claudia es una cajera de Oxxo, y en esta ocasión nos quiere contar una experiencia que le sucedió, que realmente es triste. Claudia se arrepiente hasta el dÃa de hoy de no haber actuado a tiempo, porque puede que tal vez una vida se hubiera salvado. Comienza de la siguiente manera su experiencia.
1:57:00 E iba laborando aquà cerca de algunos 3 o 4 años. Asà que al trabajar en un OXXO. Puesto en una colonia pues. Más o menos urbanizada. ConocÃa muy bien a los clientes. Que iban a comprar con frecuencia. Eran los vecinos de ahÃ. En una ocasión. Claudia ve que entra una niña y su padre. Ella para este tiempo. TenÃa el horario nocturno. y ve que la niña y el padre empiezan a caminar por los pasillos, a ver los diferentes productos, los diferentes precios, y después de agarrar un par de cosas, van con ella y le pagan, la niña parece estar en un pésimo estado, no tan solo por la forma en la que la ve, asà vestida, con harapos, sino también en su complexión, es alguien de complexión muy delgada, y se notaba también por su higiene, que no se habÃa duchado en algunos dÃas. Ella asumió que tal vez era una familia de escasos recursos y tal vez el acceso al agua, pues no la tenÃan como tantos otros.
1:58:18 Pero lo siguiente es que esta familia, tanto el padre como la madre, empiezan a ir todas las noches, y obviamente Claudia empieza a ver que el hombre compra mucha cerveza Y algunas cosas que digamos pueden ser sospechosas Hasta que llega el momento en que ya no va el padre ni la madre Sino que solamente va la niña Esta niña va por todo Compra todos los vÃveres Va con Claudia y le paga Claudia asumió que tal vez esto solamente pasarÃa una o dos veces cuando mucho Se notaba que la familia acababa de llegar a los suburbios Algunas vecinas los conocÃan de vista, pero decÃan que solamente se la pasaban encerrados en su casa y casi no salÃan.
1:59:08 Después cada noche la niña iba, en absoluta soledad, por eso de las 12 de la noche. Incluso Claudia ya habÃa cerrado para cuando llegaba la niña y solamente por ella abrÃa de nuevo la tienda. Hasta que llegó el dÃa en el que Claudia no se pudo contener y Le preguntó, oye,¿ y tus papás por qué no vienen? Empezó a platicar con esta niña, y esta niña a grandes rasgos le explicó que, al menos con sus palabras, le dio a entender que sus padres pues no se preocupaban por ella, ni mucho menos por sus hermanos. Ella no iba a la escuela, y el único método que tenÃa para generar dinero era vender algunos dulces. entre los autos cuando se ponÃa el semáforo en rojo, a Claudia por supuesto esto le disgustó, pero no podÃa meterse, no querÃa problemas, siguieron pasando las semanas, hasta que esta niña, llega con marcas de agresión en su cara, y en su cuerpo, Claudia obviamente y de la mano de otras vecinas, se dan cuenta de esto, y hacen un alboroto, llaman a las autoridades y todo se va hacia la casa de esta familia obviamente los responsables eran los padres tanto la madre como el padre pero al final de cuentas y a
2:00:40 pesar de que se hizo una investigación y a pesar de que se habÃan llevado a los niños simplemente pasaron algunas dos semanas y los niños volvieron a la casa los niños habÃan vuelto y todo siguió perfectamente normal como antes Aquellos padres no se preocupaban por ellos y simplemente los hacÃan trabajar. Aunque las visitas a Loxo fueron disminuyendo, la niña cada vez iba menos hasta que inevitablemente dejó de ir. Claudia pensó que era tal vez porque el padre sabÃa que ella habÃa sido parte de toda esa multitud que lo habÃan acusado a él y a su esposa de las agresiones de su hija. Y dijo tal vez por eso no la deja venir. Tal vez porque ya no quiere que nosotros lo acusemos. Y siguieron pasando las semanas. Y esta niña ya no se presentó. Hasta que una noche. Cuando Claudia se encontraba completamente sola. Cuando estaba esperando a su compañero. Vio a la niña. Que andaba ahÃ. Entre los pasillos de la tienda. Claudia obviamente le llama la atención y la llama para que venga otra vez con ella, pero la niña no va. A diferencia de dÃas anteriores, la niña en este momento se presenta como alguien muy sonriente. La niña está a carcajadas
2:02:15 riéndose como si estuviera jugando. Corre entre los pasillos y Claudia a pesar de que va por ella a buscarla, no la encuentra. Solamente ve su cuerpecito correr de un lado para el otro Mientras está riendo Esto le pasó dos noches seguidas Y extrañamente Claudia asegura Que en ningún momento la vio entrar a la tienda Y tampoco la vio salir de esta Ni siquiera escuchó la puerta sonar Pero cuando fueron las vecinas con las que Claudia platicaba habitualmente Esta les preguntó Sobre qué habÃa pasado con aquella familia y la niña sobre todo, que habÃa pasado con ella, que la habÃa visto algunas noches, pero que se comportaba de una manera extraña, a pesar de andar, risa y risa.
2:03:10 Las vecinas no supieron qué responderle, solamente le dijeron que aquella casa simplemente se habÃa cerrado a calicanto, y que nadie habÃa salido de ella, ni mucho menos entrado. ParecÃa como si estuvieran resguardados todos en la familia. Pasaron de más semanas y finalmente el horror se disparó en aquella colonia. Empezó a emanar un hedor muy nauseabundo desde aquella casa. Al llamar a las autoridades y también al vecino central a esta se dieron cuenta de que dentro de la casa habÃa un cuerpo el cual se encontraba en estado de Descomposición... No era más ni nada menos... Que el cuerpo de aquella niña... El cual ya llevaba... Mucho tiempo...
2:04:06 Ya sin vida... Y por si se lo preguntan... Exactamente... Los dÃas en que esta nena perdió la vida... Fueron los mismos dÃas... En los que Claudia... Pudo verla en el oxo... Claudia cree que cuando esta niña perdió la vida... Fue a Loxo a despedirse de ella, de alguna extraña manera, pues fue la única amiga que tuvo. Tanto la madre como el padre, asà como también los otros dos hermanos menores, simplemente desaparecieron. Y a pesar de que se puso una búsqueda contra estos, jamás pudieron encontrarlos. Lo siguiente, criptomaniacos, es un relato de absoluto terror y muy real, porque creo que esto le puede pasar a cualquier persona. No vamos a indagar en temas paranormales. Este es un terror muy terrenal.
2:05:17 Para desgracia, Verónica Gómez atravesó por una experiencia que creo que ninguno de nosotros quisiéramos, pero que lastimosamente estamos muy susceptibles A que algún dÃa pase... Verónica nos explica que es cajera de Oxxo... Y en una cierta noche cuando le tocaba el turno nocturno... Para su mala suerte su compañero con el que... TenÃa que hacer ese turno... Se reportó enfermo... Por esto mismo no pudo estar con ella... Pero Verónica es una persona que lleva en este negocio años... Sabe perfectamente que el turno de noche... Y sobre todo entre semana... Prácticamente no hay nada... Asà que le dijo que no tenÃa problema... Que no se preocuparan por ella...
2:06:09 E incluso el gerente... De ahà mismo de Loxo... Le preguntó si querÃa que le mandaran alguien más... Aunque llegara un poco tarde... Pero Verónica le dijo que no... Que estaba de más... Que el turno iba a estar tranquilo... Y aún mejor pues al estar sola... No tiene que ser inventario... No tiene que hacer otras cosas que, por ejemplo, le ponen a hacer cuando hay un compañero. Asà que decidió pasar aquella noche sola. Este Oxxo donde estaba ella, se ubicaba en un lugar céntrico. Por lo tanto, a este no se cierra. No se bajan cortinas. Y absolutamente las 24 horas los 7 dÃas de la semana, uno puede entrar a la tienda con completa libertad. Pero a las tres y media de la noche, a las cuatro, por más céntrico que sea algún lugar, simplemente hay un horario en donde no hay nadie. Y esas horas eran precisamente donde ninguna alma se veÃa caminando por las calles. Verónica se concentraba en su celular y estaba viendo algunos videos. Cuando en eso, ella ve que una camioneta va y se estaciona.
2:07:30 Ahà mismo en el estacionamiento de Luxo Ella espera que tal vez sea un cliente Tal vez algún trabajador que acaba de salir O tal vez algún trabajador que iba a entrar muy temprano Asà que simplemente se alista Guarda las chucherÃas que estaba comiendo Y sigue viendo el celular Esperando que aquel cliente entre a la tienda Pero extrañamente Ninguna persona entra Es entonces cuando Verónica se le queda viendo la camioneta y ve que esta no se mueve. La camioneta simplemente se queda ahà parada. Bueno, razones para esto hay muchas. Hay algunos vehÃculos que simplemente se estacionan ahà para llamar por teléfono, para contestar un mensaje y simplemente luego se arrancan y se van. Es muy común.
2:08:28 Pero lo extraño es que ella nota A pesar de que haya mucha oscuridad Que la persona que está dentro de aquella camioneta No está haciendo ningún movimiento Parece que solamente está sentado ahà Observándola A Verónica esto le empieza a incomodar un poco Y tal vez creyendo que son ideas que ella se está armando en la cabeza Empieza a hacer otras cosas ahà mismo en el mostrador Empieza como que a restarle importancia al asunto Tal vez es una persona que simplemente se estacionó ahà y está dormitando Razones habÃa muchas Pero pasan 10 minutos, 20 minutos, 30 minutos, 40 minutos Y la camioneta no se va La camioneta sigue ahà Y para este momento No habÃa entrado ni un solo cliente a la tienda Y Verónica sabÃa Que ella Era la única persona que se podÃa ver adentro de esta... Justamente cuando...
2:09:39 Ella tenÃa la sensación de que tal vez... Lo mejor serÃa cerrar la cortina... Escucha como la puerta se abre... Y ve como un hombre entra... Es un hombre alto... De 1.85... De cuerpo robusto... Verónica es una persona de complexión muy delgada y muy bajita... Ella dice que mide 1.57... Asà que prácticamente para ella Ãl era enorme Verónica como siempre va Y se pone atrás del escritorio De la caja Y ve como este hombre camina por los pasillos Una y otra y otra vez Como que buscando algo Y al mismo tiempo nada Agarra una cosa Va y la pone de nuevo en su lugar Luego agarra otra Y de nuevo la pone en su lugar... Y ella nota que de reojo... Aquel hombre la está observando... Como si... De vez en cuando volteara y la mirara... Ella siente... Aquella mirada clavada... Verónica cada momento que pasa... Se está poniendo más nerviosa... Y más nerviosa... Finalmente este hombre se acerca a la caja... Le lleva un par de cosas... Y le pregunta que cuánto es Verónica empieza a cobrarle Y de una manera muy forzada Aquel hombre empieza como que
2:11:09 a hacer plática Una plática muy forzada Y entre plática y plática Este le pregunta Que si está sola O si está con otro compañero suyo Verónica le contesta obviamente que no está sola Y que su compañero está en el almacén Pero que muy pronto iba a salir aquà El hombre toma todas sus cosas, sale del oxo y sube a su camioneta, pero no se va. El hombre se queda ahÃ, no enciende la camioneta, solamente está ahÃ. Para este momento Verónica tiene todavÃa aún más miedo, porque sabÃa perfectamente que cualquier cosa que el hombre estuviera planeando la involucraba a ella. Si hubiera sido un asalto, él ya lo hubiera asaltado. Pero no. ParecÃa cerciorarse de que ella efectivamente estuviera sola. ParecÃa como si se estuviera cerciorando de que Verónica no tuviera quien pedirle ayuda o defenderse.
2:12:19 La cosa era con ella, no con dinero. Después el hombre se vuelve a salir de la camioneta. Entra a loxo. Mirando nuevamente a Verónica, va hacia la parte de las bolsas de hielo y le grita que va a ocupar cerca de algunas 6-7 bolsas y que si por favor puede mandar a su compañero a que le ayude. Verónica para este momento entra a la bodega y empieza a gritar el nombre de Carlos que era su compañero y empieza como que a actuar. Carlos ocupó que vengas con un cliente. Carlos te ocupo acá. Pero al final de las cosas. Ella tiene que salir sola. Y le dice.
2:13:05 Que no puede mandar a su compañero. Ya que él se encuentra muy pero muy ocupado. Cargando mercancÃas dentro de la bodega. Y que se encuentra rodeado por esta mercancÃa. Es que se encuentra encerrado. Que él está haciendo su trabajo. Pero que tristemente no lo puede apoyar en este momento. El hombre en ese momento le dice. Ok. Ok. Entonces nada más ocupó una. Mientras sonrÃe. Y mientras la mira. Esta vez más descaradamente. Esta vez con los ojos clavándoselos. Como sabiendo que. Eso es una mentira. Como sabiendo. Que Verónica.
2:13:48 Se encuentra completamente sola. El hombre va a la camioneta. Y nuevamente se queda ahà parado. No se va Después de esto Se sale de nuevo de la camioneta Entra a Loxo Y le pide a Verónica que se dé favor Puede darle un botellón de agua Por polÃtica de la tienda Los empleados son los que tienen que salir Quitar el candado a los botellones de agua Y dárselos al cliente Y para mala suerte de Verónica Los botellones Se encuentran afuera Y es en ese momento que ella se da cuenta que precisamente los botellones se encuentran a un lado de aquella camioneta. Muy cerca de ella. Ella nota también que el hombre empieza a ver de reojo las cámaras de vigilancia. Sea como sea, ella está más que segura y más que dispuesta a no salir de la tienda. Asà que solamente le da la llave. Y le explica a este hombre que por polÃticas de la empresa, ella no puede salir en el turno nocturno. Asà que le va a tocar a él quitar el candado y llevarse el garrafón. Que después le traiga la llave. Pero aquel hombre hace notar un disgusto. Su cara como que se enoja. Y le empieza a decir que por favor ella se lo dé. Que él no le entiende a ese...
2:15:22 A esos paquetes en los que vienen los botellones. Son como unas puertas raras. Que él no sabe sacar un botellón de ahÃ. Que por favor. Ella saliera. Y se lo entregara. El escritorio de Loxo. El mostrador. En el cual está Verónica. Tiene una puerta pequeña de madera. Por la cual. Solamente pueden acceder los empleados. Asà que el hombre. No puede atrapar a Verónica con mucha facilidad si se encuentra detrás del mostrador. Y ella sabÃa muy bien. Tampoco podÃa disgustarlo a tal grado. Porque para él serÃa muy sencillo romperla. Forzarla y entrar. Asà que le hace creer que se iba a salir. Verónica hace un movimiento. Para que el hombre primero salga. Y ella va enseguida. Justamente cuando el hombre habÃa salido. Verónica simplemente cierra la puerta Y baja rápidamente la cortina Por suerte La cortina de la puerta Se encuentra por dentro Y no por fuera Justamente cuando va bajando la cortina Que lo hizo todo en fracción de segundos Aquel hombre volvió Con un bat De aluminio Y empezó a pegarle a la puerta Empezó a agredir a Verónica Empezó a gritarle de diferentes cosas Que iba a entrar Y que iba a ser suya
2:16:54 Verónica en este momento No titubea Y marca automáticamente a las autoridades Algo que debió de hacer Hace mucho tiempo ya Pero el hombre al ver que era inútil Y que no podÃa entrar Simplemente se metió a su camioneta Y se fue por donde vino Verónica nos explica Que esa fue la última ocasión en la que pasó sola, un turno de noche.
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