MARATON DE HORROR DE PUEBLOS / RELATOS DE TERROR DE GRANJEROS, RANCHOS, BRUJAS Y NAHUALES VOL.6
0:11 Saludos a toda la comunidad, mi nombre es Verónica Correa, mi experiencia es la siguiente, cuando yo tenÃa aproximadamente algunos 7 años, que te digo, ya fue hace mucho tiempo Alex, acostumbraba todas las noches cuando me encontraba en mi pueblo, a salir en compañÃa de mi abuelo, Mi abuelo todas las noches iba por sus vacas y sus borregos. Ãl los llevaba durante el dÃa allá a pastar por los montes lejanos al pueblo, y ahà los dejaba. Las vacas y los borregos son animales muy inteligentes, al menos los de él.
0:56 No se dejaba que demás personas los agarraran. ni tampoco que se los llevaran. Y también está decir que tampoco eran animales que fueran brusco con las personas. Es decir, no eran bravos, no perseguÃan a la gente, ni nada de eso. Y es más, las tenÃa marcadas. Los habitantes del pueblo conocÃan muy bien su ganado y sabÃan que no tenÃa nada de qué preocuparse. Yo siempre lo acompañaba cuando iba por este, por eso de las ocho de la noche, cuando los animales ya estaban llenos de comer tanto pasto. Yo y mi abuelo nos arreglábamos, él iba en su caballo y yo iba en un potrillo. Un caballo que estaba en proceso de crecimiento, obviamente. Yo lo habÃa atendido desde que era pequeña, asà que el caballito me hacÃa mucho caso. Y me cargaba con mucha facilidad, ya que yo tenÃa siete años. Prácticamente no pesaba nada.
1:49 Y comenzamos ese viaje como todas las noches. Por aquel camino muy solitario. Era un camino de terracerÃa, para las ocho de la noche. Ya habÃa penumbra total. No habÃa ni un solo faro de luz. La única luz que tenÃamos era la luz de la luna, pero no nos importaba. Ãramos personas de rancho y habÃamos crecido con ese ambiente. No nos incomodaba la negrura de la noche. Para nosotros era muy común. Pero una vez que llegamos a donde estaban las vacas y los becerros, que algunos cuantos ya se encontraban pues recostados en el pasto, Haciendo digestión, yo me percaté de algo que era muy inusual. Vi que entre las sombras de las vacas habÃa una sombra que se la pasaba bailando. Era la sombra de un humano, un humano como pequeño. Si te pudiera dar algún tipo de orientación te dirÃa que era una sombra como de una persona que no medirÃa más de 1.40 metros. pero tampoco menos de 1.20, pero era la sombra de un humano, para darte más caracterÃsticas, era simplemente como una sombra, no podÃa haber ropa, no podÃa haber pelo, solamente una sombra, bailando entre las vacas, entre los becerros, entre el monte, yo obviamente se la señale rápidamente a mi abuelo, y se
3:20 la señale con curiosidad, no con miedo, le dije, mire abuelo, Allá adelante,¿ qué es?¿ Un niño o una persona? Anda entre las vacas.¿ Qué querrá? Mi abuelo simplemente forzó su mirada y empezó a ver por todo el alrededor, pero él no veÃa a nadie. Nos quedamos ahà parados como unos 15 minutos y él me preguntaba una y otra vez,¿ a quién ves?¿ Por dónde lo ves? Y yo le respondÃa, ay abuelito, mire ahÃ. Pero al parecer él no lo podÃa ver. Yo no era una chica que dijera mentiras, asà que mi abuelo sabÃa que no le estaba mintiendo.
4:02 Ãl simplemente me dijo, voy a chiflarle a las vacas para que ellas se vengan, y tú te vienes conmigo atrás. No te vayas adelante. Ellas seguÃan. Yo tenÃa la costumbre, Alex, de siempre irme adelante mientras que mi abuelo se iba hasta atrás. Me gustaba dirigir a los animales, a pesar de que estos no lo ocuparan. Ahà me gustaba ir adelante siempre. Asà que noté algo rara la actitud de mi abuelo, pero, a final de cuentas, le hice caso. No querÃa desobedecerlo. Separaron todos los animales y comenzaron a caminar por aquel camino. Yo me fui con mi abuelo, y cuando estábamos cabalgando, él me preguntó nuevamente,¿ ves aquella sombra?
4:47 Yo le dije que sÃ. Aquella sombra que habÃa visto entre el monte, no se habÃa quedado allá. VeÃa que la persona venÃa con los animales, igualmente, corriendo de un lado para el otro, incluso dando saltos como si estuviera haciendo algún tipo de baile. Mi abuelo en ese momento me dijo, mi niña, vamos a ponernos a rezar, tú te sabes rezos, ¿verdad? Yo le dije que sÃ, pero¿ por qué Ãbamos a ponernos a rezar en ese momento? Ãl simplemente me dijo con una sonrisa, que era para que no nos pasara nada en el camino, y para darle gracias a Dios de que este dÃa habÃa salido muy bueno en cosas de venta. Yo le hice caso, pues era muy inocente. Ahora me doy cuenta que mi abuelito me decÃa esto para que no me alertara, ni mucho menos tuviera miedo. Empezamos a rezar los dos juntos.
5:46 Y después de un par de rezos, nos quedamos callados y después comenzamos a platicar entre nosotros. Cuando él de nuevo me dijo,« Mi niña, sigues viendo aquella sombra». Yo le dije que en ese momento no, pero cuando pasaron unos minutos, la pude ver nuevamente. Le dije otra vez a mi abuelo, mire, ahà está, ahora está hasta adelante, entre los primeros bueyes que van allá. Mi abuelo me dijo de nuevo, vamos a ponernos a rezar otra vez, hija, ándale, para darle gracias a Dios. Nos pusimos a rezar nuevamente, Alex, y asà llegamos a la casa. Yo sabÃa que algo extraño habÃa pasado aquel dÃa, pues... Mi abuelo no me dejó ir con él las noches siguientes. Ãl me decÃa que simplemente era muy tarde y no querÃa que me pasara algo allá por la noche. Yo obviamente me sentà muy triste, pero al paso de una semana volvà a ir con él. Y esta vez pasó como una noche normal.
6:52 Yo encabecé a los animales y aquella sombra jamás la volvà a ver. Esto quedó simplemente como una experiencia curiosa, pero al pasar los años y preguntarle a mi abuelo sobre esta experiencia que habÃamos tenido ambos en aquel camino, en aquel monte... Me dijo que no me habÃa llevado por mi propia seguridad. Ãl sabÃa muy bien que demás ganaderos y también habitantes del rancho decÃan que por esos montes se veÃan cosas extrañas. Extrañas apariciones de entes, sumamente oscuros.
7:33 Algunos otros habitantes iban más allá diciendo que en aquellos caminos y en aquel monte se aparecÃa el mismÃsimo diablo. que aquella sombra que vi, probablemente no era una persona, él simplemente no me quiso alertar aquella noche, y que por los dÃas siguientes, se trajo todo su ganado más para acá, ya no fue ni lo llevó a aquellos montes tan lejanos, en los cuales crecÃa un pasto muy verde y también algunos secos, que le sirve al ganado para alimentarse, pero... no importaba, porque cuando tú metÃas a tu ganado en aquella zona, aquel monte se cobraba una parte de tu ganado. Y bien se lo habÃan dicho a mi abuelo, pero él no creÃa en esto. Bastó con la experiencia que vivà yo con él, y también que al pasar dos dÃas, dos de sus vacas fallecieron.
8:29 Que tomó en cuenta que aquellas cosas que se decÃan de aquel monte... No eran leyendas. Aquel sitio, verdaderamente, estaba embrujado. Mi nombre es Joel Anastasio. Mi experiencia... La vivà junto con mi compadre. Esta historia tiene aproximadamente algunos siete años, cuando en ese entonces yo y él aún vivÃamos en nuestro pueblo. Casi era como de madrugada. Nos habÃamos quedado en la parcela cerca de algunas cuatro o cinco horas más, debido a que tenÃamos mucho trabajo acumulado y también tenÃamos uno que otro problema. VenÃamos por aquel camino de terracerÃa, con monte a ambos lados. Era una costumbre para nosotros igualmente cada fin de semana. No tenÃamos miedo, Alex. Y tampoco somos supersticiosos, asà que... No quiero que piensen que somos de las personas de los ranchos que... Creen brujas, fantasmas, leyendas.
9:50 Para nada, nosotros no somos de ese tipo de personas. Por aquel camino solamente estábamos platicando acerca de nuestras familias... de los problemas que traÃamos en aquel momento y de cómo nos habÃa ido en las ventas. Y por aquel camino, en el que gobernaba una oscuridad absoluta, solamente se escuchaba nuestra plática, el viento y los grillos. Cuando en eso, que Ãbamos cabalgando cada uno en su caballo, vemos ahà a la lejanÃa... allá por donde se pierde el camino... que se va acercando una silueta... es una silueta también... más o menos grande... y conforme pasan los minutos... y aquella silueta se va acercando... distinguimos que es un jinete...
10:36 igual viene con su caballo... y él encima con un sombrero... pensamos tal vez que era algún... conocido del pueblo... pues allá todos nos conocemos... pero conforme se va acercando, vemos que viene en absoluto silencio, algo extraño, nosotros seguimos platicando, y en ese momento nos percatamos que los caballos que traÃamos, se comportan de una manera muy extraña, o sea, empiezan como que a no querer caminar, empiezan como a ponerse nerviosos, Hacemos lo que podemos para que estos sigan... Pero es notable que están nerviosos... Que están asustados... Y estos caballos... Créeme...
11:19 Casi jamás se ponÃan asÃ... Aquel jinete extraño... Casi estaba al borde de chocar con nosotros... E hizo un movimiento extraño... Porque obviamente si tú ves... A dos personas que vienen a caballo... Y vienen platicando entre sÃ... Obviamente tú pasas por un lado. Bueno, este jinete no lo hizo. Este jinete siguió adelante. Tanto asà que pasó en medio de nosotros. Los caballos se hicieron a un lado y lo dejaron pasar. Y justamente cuando estaba pasando, en medio de nosotros, lo reconocimos. Aquel caballo estaba transportando a un viejo conocido, un viejito llamado Don Chencho. Don Chencho siempre traÃa ese caracterÃstico sombrero.
12:02 y esa caracterÃstica chamarra que lo reconocÃa fácilmente a la distancia. Su cara, su barba, lo reconocimos inmediatamente. El caso aquÃ, Alex, el caso extraño, es que Don Chencho para ese momento llevaba de fallecido cerca de cinco años. Pero en aquel momento, en aquel instante, te puedo decir que esto no lo recordamos y no sé por qué. Tal vez fue un momento que nos agarró desprevenidos. No nos acordamos que Don Chencho para ese momento no estaba vivo. Entonces le hablamos. Le dijimos, Don Chencho,¿ para dónde va?¿ Y por qué va tan solo? Te digo, te repito, eran como la una de la madrugada. Don Chencho simplemente se detuvo, se volteó y nos saludó. Nos dijo que iba a ver a su madre, que al rato volvÃa al pueblo, pero que fuéramos con cuidado. Solamente lo saludamos, nos echamos unas risas, y seguimos. Mira cómo son las cosas. No recordábamos que él habÃa fallecido, pero recordábamos muy bien todas aquellas actitudes, aquellos hábitos que tenÃa Don Chencho. Y es que él siempre iba al cementerio a visitar a su madre, y cada vez que iba al cementerio, siempre decÃa lo mismo, voy a ver a mi mamá. Obviamente la señora ya estaba enterrada, y el camino precisamente llevaba al cementerio del pueblo, pero pasaron como unos dos minutos cuando caÃmos en cuenta.
13:33 Nos volteamos, como si al mismo tiempo nos hubiéramos dado cuenta los dos, y nos dijimos al instante. Don Chencho no está vivo. Cuando volteamos otra vez a ver el camino, que porque era recto, era más que obvio que tenÃamos que verlo ahà a la distancia pues no le habÃamos dejado tanto tiempo como para perderlo de vista. Vimos que la silueta ya no se encontraba. Don Chencho habÃa desaparecido. Inmediatamente en ese momento Alex nos recorrió un escalofrÃo a los dos por todo el cuerpo y empezamos a galopar. Empezamos a hacer que los caballos corrieran y recordamos el instante en el que los caballos se ponÃan nerviosos. Era más que obvio que ellos estaban sintiendo algo. Ellos tenÃan miedo porque sabÃan que aquella noche no estábamos interactuando con algo terrenal. Esa noche vimos el fantasma de Don Chencho, que incluso en ese momento, a pesar de pasar los años, él seguÃa yendo al cementerio a visitar a su madre.
14:40 Después de esta experiencia, Alex, tanto yo como mi compadre, No volvimos a quedarnos tantas horas en la parcela. Tan pronto eran las ocho o nueve pasadas. DecidÃamos irnos. TenÃamos miedo de volver a encontrarnos con Don Chencho. Me llamo Artemio, tengo 74 años y he sido ganadero toda mi vida. Nacà y crecà en un ranchito a las afueras de Moctezuma, allá en el Monte Bravo de Sonora, donde el sol raja la tierra y los coyotes aúllan como si cantaran con los muertos. Desde que tengo uso de razón, me levanto todos los dÃas a las cuatro y media de la mañana, El cuerpo se acostumbra y uno se siente extraño si no escucha el chillido de las gallinas o el balido de los borregos cuando el alba apenas bosteza.
15:58 Esa mañana, una de tantas en agosto, me levanté como siempre. Me puse los huaraches, mi sombrero viejo, tomé el bastón que uso desde que me fregué la rodilla en un accidente con una vaca brava, y salà al corral con una taza de café bien potente, humeando todavÃa en la mano. El aire estaba más denso que de costumbre. no soplaba ni tantito viento, y los animales andaban muy inquietos. Las vacas no mugÃan como siempre, más bien respiraban agitadas, como si algo las estuviera espantando. Me acercé al gallinero, y hasta las gallinas estaban calladas con las plumas erizadas. Fue entonces que lo vi, ahÃ, entre los matorrales, a unos metros del corral. Estaba lo que parecÃa ser una cabra, pero habÃa algo mal, algo que no cuadraba. Una serpiente enorme, oscura como la noche más cerrada, la tenÃa envuelta. No era una de esas serpientes pequeñas que uno puede acabar con ellas fácilmente con un asadón. No, aquella era una condenada culebra que casi medÃa tres metros. Gruesa como un brazo, con una piel tan oscura que brillaba como si fuera
17:29 de obsidiana. Mi primer pensamiento fue que esa cabra era mÃa. Me acerqué para espantar a la vÃbora, con el bastón alzado como garrote. Pero en cuanto conté bien a mis animales, me di cuenta que todos estaban ahÃ, asustados, sÃ, pero ninguno faltaba. Esa cabra no era mÃa. PodÃa haberme regresado a la casa y dejar que la naturaleza siguiera su curso, pero no sé qué me picó. Tal vez fue por la compasión o simplemente las ganas de no dejar que un bicho tan maligno hiciera lo que quisiera en mis tierras.
18:11 Asà que empecé a pegarle, con fuerza. Le daba en la espalda, en la cabeza... Y esa condenada serpiente apenas si se movÃa, seguÃa apretando a la cabra, como si mis golpes fueran zumbidos de mosco. Me entró una desesperación muy fea a Alex. Entonces, sin pensarlo mucho, me quité el sombrero y empecé a rezar. Me sabÃa unas oraciones viejas que mi madre me enseñó para espantar cosas malas. Rezaba en voz alta, con fuerza, como si fuera a gritos. Y fue en ese momento que pasó algo que no me explico. La serpiente empezó a revolcarse, como si le estuvieran quemando la piel. Se retorcÃa, hacÃa un sonido como un chillido grave y profundo. Poco a poco fue soltando a la cabra. La dejó tirada en el suelo, jadeando.
19:12 Y luego se fue arrastrando hacia el monte, sacudiéndose, como si mis rezos le dolieran. Yo estaba helado, pero no estaba preparado para lo que vendrÃa después. La cabra, que hasta ese momento estaba medio difunta, se levantó como si nada, me miró fijamente y con una voz ronca y profunda. como de un hombre viejo con tos, me dijo, gracias por la ayuda, me quedé parado como piedra, no supe si gritar o salir corriendo, pero no hice ni una cosa ni otra, solo me quedé ahÃ, viendo como aquella cabra se echaba a correr hacia el monte. Y entonces la vi, a ella, donde se habÃa metido la serpiente, justo en la entrada del monte. Ahà estaba ahora una mujer, flaca, alta, con un vestido negro que parecÃa hecho de una sombra.
20:16 Su cara era pálida. Sin expresión, pero sus ojos, sus ojos estaban llenos de un odio que nunca habÃa visto en ningún ser humano alguno. Nos miramos por unos segundos, sentà como se me helaba la sangre. Empecé a rezar de nuevo, más fuerte todavÃa. Ella frunció el ceño, como si le molestara el sonido, como si cada palabra le quemara por dentro. Dio media vuelta y se metió al monte, desapareciendo entre las ramas, como si se deshiciera en humo. Esa fue la última vez que la vi. Al dÃa siguiente, noté algo raro. Las vacas que andaban enfermas, con la panza inflada y sin ganas de comer, amanecieron bien. Los borregos, que habÃan estado flacos por semanas, estaban gorditos. Las gallinas pusieron más huevos que nunca. La tierra de mi parcela, que habÃa estado seca y dura, ahora estaba suave, como si la hubiera regado una lluvia bendita. Todo me empezó a ir mejor, como nunca si te puedo decir, como si de pronto todo se hubiera acomodado. Desde entonces creo, con todo mi corazón, que esa cabra que salvé era un Nahual, y que me recompensó por ayudarla. Pero también
21:47 creo que la serpiente no era un simple animal, era otro Nahual, y ese, ese sà me guardó rencor. Aunque nunca regresó, sé que sigue allá en el monte, mirándome con los mismos ojos que aquella mujer vestida de negro. No sé por qué no volvió, pero tal vez fue por los rezos, o tal vez porque el otro Nahual me protege. Yo solo sé que esa mañana, antes del amanecer, fui testigo de una pelea entre dos Nahuales, y no fue con garras ni dientes, fue con poder, con algo más viejo que la tierra misma. algo que todavÃa ronda por aquÃ, entre la oscuridad de los cerros y el canto lejano de los coyotes. Cada mañana que me levanto, sigo rezando, porque allá afuera hay cosas que no entendemos, pero que sienten, que miran, y sobre todo, que recuerdan.
23:09 Hola Alex, quiero contarte una experiencia paranormal que me sucedió hace aproximadamente algunos 15 años. Esta experiencia marcó mi vida y a decir verdad, me hizo una mejor persona, porque si te soy honesto, yo mismo me lo busqué, que me pasara algo asÃ. En aquel tiempo todo iba bien, tenÃa mi familia tenÃa mi casa tenÃa mi trabajo y de una forma repentina al pasar algunos años como que la mala suerte o algún ente o el destino se ensañó conmigo y con mi familia tal vez es lo que yo siento primero mi esposa ella falleció le cayó una enfermedad y pues tristemente no duró mucho tiempo con los otros después mis hijos crecieron y ellos tenÃan pues sus ambiciones Alex y yo no querÃa cortárselas querÃan estudiar una universidad querÃan tener una carrera y obviamente yo los iba a apoyar en eso ellos se fueron y yo trabajé lo más duro que podÃa para mandarle para sus colegiaturas para ayudarles a pagar algún lugar de renta yo estando en el pueblo y ellos estando en la ciudad las cosas pintaban un poco mal en aquel momento me sentÃa normal a pesar de estar solo Soy un hombre chapado
24:42 a la antigua, Alex. Por lo tanto, no le tengo miedo a la soledad. Pero me sentÃa vacÃo, como si esto no fuera poco. Al tener una casa tan grande y verla completamente vacÃa, el destino empezó a golpearme ahora de manera monetaria. Mis parcelas se vieron plagadas de bichos que cada uno de ellos iba mermando todo mi esfuerzo. Compré mucho material para encargarme de las plagas, pero no podÃa, como si esto no fuera poco. Mis animales, mis vacas, mis becerros, también empezaron a enfermarse de una extraña manera.
25:23 Uno a uno fue cayendo, haciendo que ya no tuviera ganado. La situación económica decayó tanto, que yo me vi en la necesidad de ya no dedicarme solamente a la parcela, como lo habÃa hecho por generaciones al ganado, pues ya no tenÃa. Mi padre me habÃa enseñado, mi abuelo también, pero no sé qué era lo que pasaba. No lograba sacar dinero, y lo poco que sacaba se lo mandaba a mis hijos. Incluso recuerdo dÃas que solamente comÃa tortilla y un poco de arroz. Debido a esto, comencé a taxiar.
26:05 Empezaba a llevar gente del pueblo a la terminal y de la terminal al pueblo y en uno de aquellos viajes me encontré con una persona extraña en un principio. Este hombre venÃa al pueblo, decÃa que era foráneo. pero que venÃa acá precisamente a encontrarse con algunos otros familiares. En el camino fuimos hablando, y tal vez lo que me aquejaba ya era bastante, asà que empecé a desahogarme con él. La empecé a contar de todas mis penurias y de cómo me sentÃa. Creo que este fue el peor error que yo pude haber cometido. No sé qué fue lo que pasó. Yo no soy propio de hacer esas cosas. De hecho, soy muy reservado. Pero le conté todo. Todo, absolutamente todo. Y es asà como cuando llegamos al pueblo, él me invitó a su religión. Ãl me dijo que no era una religión convencional. Ãl me dijo que esta religión nos enseñaba a amarnos unos con nosotros. Que le rezaban a una especie de Dios diferente, pero que era muy complaciente. La verdad, yo al principio no lo tomé en serio. Yo soy católico, asà que no pensaba cambiarme religión por nada. Pero al pasar los dÃas y ver a este hombre de vez en cuando en la plaza, decidà ir a una misa que ellos dan. Al llegar al lugar, me sorprendà con que no era una capilla,
27:38 no era un templo, no era nada con lo que yo hubiera imaginado, era una simple casa. Era una casa de uno de los miembros, y me empezaron a explicar que sus reuniones, sus misas, las hacÃan cada dÃa, o mejor dicho, cada noche, a final del dÃa, en una casa de algún miembro diferente. No tenÃan un templo, no tenÃan un lugar especÃfico, porque decÃan que ellos no creÃan en eso. Bueno, cada religión tiene sus reglas, asà que no le vi nada de malo. La misa, Alex, más allá de unas extrañas oraciones que dijeron, se concentraba en hablar.
28:22 Y como yo era el nuevo, o tal vez como yo era el que iba algo pensativo, el que iba con ciertas dudas, casi toda la plática se centraba en mÃ. Yo empecé a decirles todos mis problemas nuevamente. Y cada uno de ellos era muy amable. Cada uno de ellos me dio consejos. yo pensé que estaba encontrando amigos cuando en verdad si te soy honesto años después me di cuenta que en verdad lo que me estaban haciendo era un lavado de cerebro me estaban diciendo palabras bonitas solamente para cuando yo estuviera bien adentro no pudiera echarme para atrás las reuniones continuaron y al pasar cerca de tres semanas este hombre me llevó a su casa o donde él se estaba quedando, justo en aquella misa, todo estuvo como que algunos pasos por encima, primero llevaron un animal, era un cordero, le quitaron la vida, y luego me dieron una parte del cordero, yo pensé que era para llevármela, tal es para coserla, o tal es para que me la cosieran ahÃ, pero no Alex, se la empezaron a comer cruda, yo ya me encontraba adentro, y todos me estaban viendo con ojos extraños, porque no comÃa el cordero, a regañadientes, y con algo de miedo, lo empecé a hacer,
29:54 solamente di como unos cuatro bocados, ya no pude más, Ellos dijeron que no habÃa problema, que era la primera vez, y que seguramente después serÃa más participativo, porque todos participaron. Yo me negué cuando este borrego falleció. Esa noche llegué a mi casa y noté algo extraño. Ya no me sentà solo. Esa atmósfera solitaria que tenÃa mi casa ya no estaba ahÃ. Me sentÃa acompañado. Pero ese acompañamiento no me sentaba nada bien. Me sentÃa observado desde cualquier esquina a donde volteara. SentÃa una presencia que me iba observando, vigilando en absolutamente todo momento. Cuando me desperté por la madrugada, vi una silueta ahà al pie de la cama observándome.
30:52 Era una silueta completamente oscura. Sus ojos solamente brillaban con la luz. yo me desperté de inmediato completamente acelerado fui a mi lámpara y encendà la luz aquella silueta ya no estaba los dÃas siguientes ya no fui a las siguientes reuniones pero algo inexplicable empezó a suceder ahora aquella silueta no solamente era una eran varias yo veÃa varias siluetas varias personas que se movÃan en mi casa veÃa solamente espaldas por el rabÃo del ojo VeÃa personas que entraban a los cuartos, caminaban por los pasillos, pero yo al ir buscándolos, ya no los veÃa. Estaba tan seguro que esto no era obra de mi imaginación porque los veÃa claramente. Empecé a ir de nuevo a misa, a la católica. Empecé a rezar lo que podÃa. Le pedÃa mucho a Dios y le pedÃa perdón. por haberme involucrado con ese tipo de gente pasaron las semanas las apariciones continuaron hasta que en ese momento las personas de esta secta porque si no hay otro modo de llamarlo esta secta fueron a mi casa tocaron a mi puerta y me dijeron que saliera que me extrañaban que mi iniciación aún no estaba completa Obviamente yo me retracté, y ahÃ,
32:23 al pie de mi casa, manteniéndome siempre adentro, empezó a armarse un alboroto. Mis vecinos, que le doy tanta gracias a Dios de que éramos muy unidos, salieron. Aquellas personas que eran ocho o nueve, se tuvieron que retirar, porque mis vecinos estaban saliendo, ya con palos en la mano y machetes, solamente a correrlos, las sombras que veÃa en mi casa. Empezaron a aumentar para mi mala suerte. Empezaba a ver, y ahora no solamente ver, ahora estas sombras me tocaban. SentÃa cómo se me recargaban en el hombro, cómo me abrazaban por detrás, cómo se acostaban a mi lado mientras yo estaba durmiendo. Ya no podÃa dormir en mi casa. Tuve que dormir en la iglesia. le pedà permiso al padre yo no querÃa meterme en otra casa pues sabÃa que tal vez aquellas cosas me seguirÃan al menos dentro de la iglesia estas no se presentaron pasaron los dÃas y yo tomé la decisión de mudarme vendà mi terreno en aquel pueblo me vine con mis hijos y aquà con ayuda de ellos hicimos mancuerna compramos un terreno e ellos hicieron una casa Y yo hice solamente un pequeño cuarto para mÃ. Hoy te escribo esto. Y te puedo decir que, si bien anteriormente tenÃa un terreno extenso, tenÃa mi propia casa, ahora no me va tan mal.
33:55 Ya soy una persona de la tercera edad, pero me mantengo. Además, mis hijos me dan dinero y vivo cerca de ellos. La soledad ahora ya no es un problema y aquellas sombras, por suerte, dejaron de manifestarse. Esa fue mi experiencia con una secta, Alex. Espero te haya servido. Y si la sacas en tu canal, les mando saludos a toda la comunidad de La Cripta Embrujada. Mi nombre es Joel Anastasio.
34:42 Mi experiencia, la vivà junto con mi compadre. Esta historia tiene aproximadamente algunos siete años, cuando en ese entonces yo y él aún vivÃamos en nuestro pueblo. Casi era como de madrugada. Nos habÃamos quedado en la parcela cerca de algunas cuatro o cinco horas más. Debido a que tenÃamos mucho trabajo acumulado... Y también tenÃamos uno que otro problema... VenÃamos por aquel camino de terracerÃa... Con monte a ambos lados... Era una costumbre para nosotros igualmente cada fin de semana... No tenÃamos miedo Alex... Y tampoco somos supersticiosos, asà que...
35:25 No quiero que piensen que somos de las personas de los ranchos que... Creen brujas, fantasmas, leyendas... Para nada, nosotros no somos de... Ese tipo de personas... Por aquel camino solamente estábamos platicando acerca de nuestras familias... De los problemas que traÃamos en aquel momento... Y de cómo nos habÃa ido en las ventas... Y por aquel camino... en el que gobernaba una oscuridad absoluta. Solamente se escuchaba nuestra plática, el viento y los grillos.¿ Cuándo en eso que Ãbamos cabalgando cada uno en su caballo? vemos ahà a la lejanÃa... allá por donde se pierde el camino... que se va acercando una silueta... es una silueta también... más o menos grande...
36:10 y conforme pasan los minutos... y aquella silueta se va acercando... distinguimos que es un jinete... igual viene con su caballo... y él encima con un sombrero... pensamos tal vez que era algún... conocido del pueblo... pues allá todos nos conocemos... pero conforme se va acercando, vemos que viene en absoluto silencio, algo extraño, nosotros seguimos platicando, y en ese momento nos percatamos que los caballos que traÃamos, se comportan de una manera muy extraña, o sea, empiezan como que a no querer caminar, empiezan como a ponerse nerviosos, Hacemos lo que podemos para que estos sigan, pero es notable que están nerviosos, que están asustados. Y estos caballos... Créeme, casi jamás se ponÃan asÃ. Aquel jinete extraño casi estaba al borde de chocar con nosotros. E hizo un movimiento extraño porque obviamente si tú ves a dos personas que vienen a caballo y vienen platicando entre sÃ, obviamente tú pasas por un lado. Bueno, este jinete no lo hizo. Este jinete siguió adelante. Tanto asà que pasó en medio de nosotros. Los caballos se hicieron a un lado y lo dejaron pasar. Y justamente cuando estaba pasando, en medio de nosotros, lo reconocimos. Aquel caballo estaba transportando a un viejo conocido, un viejito llamado Don Chencho. Don Chencho siempre traÃa ese caracterÃstico sombrero y
37:44 esa caracterÃstica chamarra que lo reconocÃa fácilmente a la distancia. Su cara, su barba, lo reconocimos inmediatamente. El caso aquÃ, Alex, el caso extraño, es que Don Chencho para ese momento llevaba de fallecido cerca de cinco años. Pero en aquel momento, en aquel instante, te puedo decir que esto no lo recordamos y no sé por qué. Tal vez fue un momento que nos agarró desprevenidos. No nos acordamos que Don Chencho para ese momento no estaba vivo. Entonces le hablamos. Le dijimos, Don Chencho,¿ para dónde va?¿ Y por qué va tan solo? Te digo, te repito, eran como la una de la madrugada. Don Chencho simplemente se detuvo, se volteó y nos saludó. Nos dijo que iba a ver a su madre, que al rato volvÃa al pueblo, pero que fuéramos con cuidado. Solamente lo saludamos, nos echamos unas risas y seguimos. Mira cómo son las cosas. No recordábamos que él habÃa fallecido, pero recordábamos muy bien todas aquellas actitudes, aquellos hábitos que tenÃa Don Chencho. Y es que él siempre iba al cementerio a visitar a su madre. Y cada vez que iba al cementerio, siempre decÃa lo mismo.
39:01 Voy a ver a mi mamá. Obviamente la señora ya estaba enterrada. Y el camino, precisamente, llevaba al cementerio del pueblo. Pero pasaron como unos dos minutos cuando caÃmos en cuenta. Nos volteamos, como si al mismo tiempo nos hubiéramos dado cuenta los dos, y nos dijimos al instante. Don Chencho no está vivo. Cuando volteamos otra vez a ver el camino, que porque era recto, era más que obvio que tenÃamos que verlo ahà a la distancia pues no le habÃamos dejado tanto tiempo como para perderlo de vista. Vimos que la silueta ya no se encontraba. Don Chencho habÃa desaparecido.
39:42 Inmediatamente en ese momento Alex nos recorrió un escalofrÃo a los dos por todo el cuerpo y empezamos a galopar. Empezamos a hacer que los caballos corrieran y recordamos el instante en el que los caballos se ponÃan nerviosos. Era más que obvio que ellos estaban sintiendo algo. Ellos tenÃan miedo porque sabÃan que aquella noche no estábamos interactuando con algo terrenal. Esa noche vimos el fantasma de Don Chencho, que incluso en ese momento, a pesar de pasar los años, él seguÃa yendo al cementerio a visitar a su madre. Después de esta experiencia, Alex, tanto yo como mi compadre, No volvimos a quedarnos tantas horas en la parcela. Tan pronto eran las ocho o nueve pasadas. DecidÃamos irnos. TenÃamos miedo de volver a encontrarnos con Don Chencho. Hola, les y comunidad de la cripta. Quiero platicarles una experiencia que me sucedió a mi hermana y a mÃ. En aquel tiempo, tendrÃamos como entre 18 y 17 años, y desarrollábamos una actividad que
41:14 año con año hacÃamos. Cuando era año nuevo, allá en nuestro pueblo, Se festejaba con muchos fuegos artificiales y también hacÃan, diferentes familias e incluso iglesias, muñecos como de paja, representando el año viejo. A este muñeco lo llenaban de fuegos artificiales y a veces pues simplemente de paja y lo quemaban. Lo hacÃan en diferentes claros o a veces en algunas plazas o arriba de los techos de las casas. Esto combinado con los fuegos artificiales, hacÃa que todo el escenario pareciera profundamente hermoso. Claro, tú solamente lo disfrutabas si estabas a una distancia adecuada para verlo. Cosa que yo y mi hermana siempre buscábamos año con año. No pasábamos exactamente las doce con mi familia. Yo y mi hermana agarrábamos ambas nuestros caballos. y nos Ãbamos a la punta de un cerro, era el más cercano del pueblo. Esto lo hacÃamos año con año como ya expliqué, asà que mis padres, en un principio si bien nos acompañaron, ya después no lo hacÃan, e incluso durante un tiempo, ambas fuimos con nuestros propios novios, pero en aquella noche estábamos solteras las dos.
42:36 y no quisimos que nadie nos acompañara, simplemente querÃamos estar solas, asà de paso en el camino, Ãbamos a platicar de algunas cosas que tenÃamos pendiente, problemas familiares como los que tiene cualquier familia, eran las 11.40, lo recuerdo muy bien, y estábamos entrando a aquel cerro, el camino de tierra, rodeado por árboles, y de vez en cuando un claro que nos permitÃa ver, allá a la lejanÃa como se veÃa el pueblo, todo iluminado, y cada cuanto se reventaba un fuego artificial, probablemente de algunos niños que nos esperaban. Ãbamos cada uno en su caballo, simplemente platicando. Nosotros somos del pueblo, asà que no tenÃamos miedo. Cuando en eso vemos que en la punta del cerro se encuentra algo, vemos luz, vemos algo que brilla allá a la distancia, Alex, Asà que lo que suponemos es que ni vamos a pasar las olas aquella noche. Algún grupo de jóvenes, como ya nos habÃa tocado algunas veces, a veces subÃan al cerro para encender pirotecnia, pero ellos por su lado y nosotros por el nuestro. Aunque a veces nos juntábamos, si esto era asà entonces le Ãbamos a pasar todavÃa mejor. porque por lo regular son puros chicos jóvenes, tal vez de nuestra edad si tenÃamos suerte, continuamos galopando, cuando en eso vemos que ahora no es solamente una luz la que brilla,
44:07 sino varias, en un principio pensamos que tal vez se trataban de antorchas o algo parecido, se veÃan luces estáticas, como de fuego, No le prestamos atención y seguimos. Justamente en el último tramo, que nos quedaba poco para llegar a aquellas luces, volteamos hacia el pueblo y vimos que todos estaban accionando los fuegos artificiales. Al checar nuestra hora, ya eran en punto de las doce. Ya era año nuevo. Como nosotras estábamos embobadas viendo todo el espectáculo del pueblo, los caballos siguieron andando. y poco a poco fuimos acercándonos, para ese momento empezamos a escuchar risas y voces también, pero extrañamente solamente de mujeres, unas risas muy astruendosas y unos gritos también, pero no eran gritos de horror o de miedo, sino como de satisfacción, como si se estuvieran contando chistes, por esto mismo no le prestamos atención, pensamos que era algún grupo de chicas, Nosotros seguÃamos viendo todo, todo el panorama del pueblo, los fuegos artificiales, y veÃamos ahà a la lejanÃa los muñecos de paja que se estaban quemando. Cuando menos acordamos, ya estábamos llegando a la punta del cerro y nos dimos cuenta que lo que veÃamos a lo lejos que estaba en la punta no eran antorchas, no eran fuegos artificiales, Es más, Alex, no
45:43 eran ni siquiera humanos. Lo que vimos fueron unas bolas de fuego que solamente estaban ahÃ, levitando en el aire, sin moverse. Nosotras quedamos estupefactas, quedamos petrificadas observándolas, las voces y las risas que escuchábamos. provenÃan de aquellas bolas aquellas figuras tenÃan voz inmediatamente pensamos que eran brujas era una leyenda que se contaba en el pueblo que a veces las brujas se convierten en bolas de fuego y están volando por los cerros e incluso por algunas casas donde los niños aún no se han bautizado. Pero yo siempre taché esto como un relato de terror, como una leyenda, como una historia que se le contaban a los más pequeños para infundirles miedo. Jamás pensé que lo verÃa con mis propios ojos. Tuvimos tan mala suerte aquella noche, que aquellas bolas empezaron a volar, y para nuestra mala suerte, en nuestra dirección. Rápidamente volteamos los caballos y empezamos a correr junto con ellos. Los caballos empezaron a correr, dirigiéndose hacia abajo del cerro. Nosotras estábamos gritando como locas, al menos en un principio, pero logramos centrarnos. TenÃamos que bajar el cerro lo más rápido posible y solamente escuchaba las carcajadas.
47:10 Solamente escuchábamos como algo sobrevolaba encima de nosotras. Por suerte, no nos hicieron nada, solamente nos asustaron. Bajamos del cerro y llegamos a nuestra casa. Les explicamos a nuestros parientes, padres, tÃos, lo que habÃamos visto, con lo que nos habÃamos encontrado. Mi abuela, que para ese tiempo aún estaba viva, nos curó de espanto pues, según varias personas, varios familiares, nos veÃamos pálidas y con una mirada perdida. Poco a poco fuimos recobrando de nuevo el semblante y desde aquella noche no volvimos a subir al cerro. Aquella tradición que tenÃamos año con año terminó con aquella experiencia. Hola a todos, mi nombre es Diana Mondragón y les quiero contar una experiencia que vivà cuando vivÃa en mi natal rancho, cuando aún estaban mis padres vivos y yo apenas era una chiquilla de algunos 14 años. En aquel tiempo yo era muy reservada TenÃa mis amigos, también amigas, pero era un grupo selecto,
48:43 un grupo muy pequeño. De hecho, esas mismas amigas y amigos tenÃan grupos más grandes de más amigos, a los cuales yo no era incluida. No porque me hicieran el fuchi, sino es que simplemente no me hallaba jugando con personas las cuales no conocÃa. Siempre he sido asà y hasta la fecha. Me cuesta trabajo confiar en las personas y me cuesta trabajo interactuar con estas. Es por eso que cuando vi a un pequeño niño solitario, me identifiqué de pronto. Verás, Alex, en aquel pueblo todo se conoce, y cuando una persona nueva llega, es más que notorio. En aquel tiempo habÃa llegado una familia. Este niño era el único niño de la familia. y a veces se encontraba jugando solo en el recreo de la escuela, en la plaza o en el parque. Se notaba que no tenÃa amigos y era más que obvio porque era nuevo. Pensé que solamente era cuestión de algún tiempo, tal vez meses o años, para que se integrara a los demás niños ahà del pueblo, y pues que más temprano que tarde. andarÃa jugando con los demás pero esto no pasaba aquel chico siempre estaba solo ya iba para el año ahà y nadie se le acercaba excepto los adultos y uno que otro maestro
50:14 los niños no lo hacÃan Yo tenÃa cierta curiosidad por esto y empecé a preguntarles. Lo que me sorprendió fue que muchos dijeron que ese niño les daba miedo, que tenÃa un aura extraña y que no confiaban en él. Yo por otro lado lo vi con lástima. pensé que era un niño que solamente querÃa ser amigos y aunque era la primera vez que lo hacÃa fui con él y empecé a hablarle el niño era amigable era buena persona empezamos a hablar dÃa tras dÃa y se podrÃa decir que al pasar algunos meses nos hicimos amigos aunque una tarde Cuando lo estaba buscando por el horario escolar, ahà por los pasillos de la escuela, me lo encontré.
51:04 Pero me lo encontré de una forma muy extraña. Aquel niño tenÃa un semblante diferente. Era como si su rostro hubiera cambiado. TenÃa un aura depresiva. como si estuviera triste inmediatamente a mà también me puso triste el niño tenÃa como los ojos grises su piel era algo pálida como sin vida empezamos a hablar como cotidianamente lo hacÃamos yo traté de hablarle bien pero éste rara vez me respondÃa me respondÃa a veces cortantemente sin intenciones de seguir con la plática yo entendà esto Tal vez estuve platicando con él un minuto, poco más, y ya me sentÃa profundamente triste cuando dejé de hablar con él. Seguà caminando, y justamente cuando estaba dando una vuelta al salón para salir al patio, me lo encontré de nuevo. VenÃa de frente corriendo, con una sonrisa, como si hubiera estado jugando. Entonces yo me quedé helada. Inmediatamente le dije,¿ Cómo es que estás aquÃ?
52:15 Si te vi allá atrás. El chico se me quedó viendo algo asombrado y me dijo, ¿No? Yo vengo de la cooperativa. Yo no estaba por allá. Inmediatamente ambos corrimos y nos quedamos observando el pasillo. Este se encontraba solitario, no habÃa nadie. Y era raro que alguien anduviera por esa zona de los salones porque, en recreo, todos querÃamos andar en el patio. Yo me asusté bastante. Y entonces el chico me vio y se puso serio. Me dijo, por favor, no dejes de ser mi amiga. Te encontraste con mi hermano. A veces algunos lo hacen y cuando se lo encuentran, dejan de hablarme. Yo no supe qué decir, estaba confundida con lo que me estaba diciendo, y después de aquello, empecé a platicar con más amigos mÃos, con esos escasos amigos que tenÃa. Ellos me dijeron que aquel muchacho les inspiraba miedo porque a la lejanÃa, cuando estaba en la plaza o en el monte... o caminando por un camino de terracerÃa que son muy caracterÃsticos de aquellos pueblos de antes, siempre decÃan que lo veÃan acompañado de otro niño que se parecÃa mucho a él, que vestÃa la misma ropa, el mismo peinado, incluso la misma cara.
53:38 Siempre veÃan a este niño cuando se encontraban lejos, cuando lo veÃan ahà a la distancia, pero curiosamente jamás se lo encontraban cuando estaban cerca de él. Algunos decÃan que este niño era acompañado por fantasmas, pues en algunas ocasiones... VeÃan que el niño que iba siempre al lado de él o atrás, iba flotando, como que cuidándolo. Yo estaba profundamente aterrada con esto, Alex. Y después, cuando fui a su casa, algunas semanas después, porque me encontraba con suficiente miedo para no ir a su casa en algunos dÃas, su madre me contó que anteriormente este niño habÃa tenido un hermano. Me lo contó porque obviamente ahà tenÃan fotografÃas, y yo pregunté, ya para este entonces tenÃa 15 años. La señora me dijo que habÃa tenido un hermano gemelo, pero que hace aproximadamente un año y medio, máximo dos, habÃa perdido la vida, y pues este chico todavÃa aún no lo superaba. De hecho, él le decÃa a su madre que su hermano todavÃa lo acompañaba, que lo veÃa todos los dÃas y que incluso lo acompañaba cuando dormÃa. En ese momento Alex supe que lo que habÃa visto era el espectro de aquel hermano. Aún estaba acompañándolo. El chico decÃa la verdad. Yo me disculpé con él, pero le
55:09 dije que no podÃa seguir acompañándolo. Le dije lo que habÃa visto y que le tenÃa miedo. El otro chico solamente agachó la cabeza y me dijo que estaba bien, no podÃa creer lo que habÃa visto, no podÃa creer la situación en la que estaba, pero pasaron los años y aquel muchacho y yo, nuevamente nuestros destinos se cruzaron, me dijo que habÃa estado yendo al psicólogo. y que habÃa aprendido a soltar a su hermano. Obviamente ya para este momento ya éramos adultos de 21 años. Estábamos en la universidad, yo me alegré por él, y por lo que restó de la carrera, tuvimos como una amistad algo cercana, a pesar de que me dijo que habÃa ido al psicólogo.
55:56 yo sé que eso no era obra de su cabeza sabÃa que aquello era algo de verdad realmente lo seguÃa un espÃritu porque yo lo pude ver de cerca e incluso pude platicar con él esa fue mi experiencia álex espero que la puedas compartir con tu comunidad El siguiente relato viene por parte de Claudia Berenice. Nunca me gustó hablar de esto, ni con mi familia, ni con mis amigos, ni siquiera conmigo misma. Pero hay noches en las que cierro los ojos y lo vuelvo a ver, a él, al que estaba sentado en medio del camino, y en ese momento recuerdo que lo que vimos esa noche fue real.
57:03 Tan real como la tierra seca del monte, o el sonido del motor de la camioneta vieja que usábamos. Alex, empezaré a contarte por el principio. TenÃa 22 años cuando pasó. Mi hermano Emiliano y yo trabajábamos en el negocio familiar. RepartÃamos alimento para caballo, alimento para cerdos, para gallinas y otras cosas que se necesitaban en los ranchos de por acá. VivÃamos en las afueras de un pueblito de Sonora, donde las luces se apagan temprano y el monte se traga cualquier ruido después de las nueve de la noche. Esa noche en particular estábamos regresando de nuestro último encargo. Ya habÃamos dejado las pacas en un rancho casi a una hora del pueblo, y venÃamos de regreso por un camino de terracerÃa, que siempre me dio mala espina. El monte a los lados se veÃa más cerrado de lo normal, como si se nos viniera encima. Eran las once de la noche, y venÃamos platicando como siempre. Emiliano bromeaba sobre cómo habÃa tropezado con una cuerda y casi me caÃa al comedero. Yo le aventé una envoltura de barrita que habÃa comido hace rato. Nos reÃmos. Era de esas veces que uno se siente a salvo, aunque esté rodeado de oscuridad.
58:29 Pero entonces lo vimos. Al dar la vuelta en una curva del camino, una de esas estrechas donde no hay espacio para rodear ni a un perro echado, ahà estaba, sentado justo en medio del camino de tierra, un hombre. Al principio pensé que estaba herido, o tal vez borracho. Estaba completamente desnudo y tenÃa la piel... No sé cómo explicarlo. Roja, como si éste se hubiera quemado, pero no con fuego, sino como si ese fuera su color natural. Un rojo oscuro, reseco, parecÃa que tenÃa costras por todo el cuerpo. Estaba sentado, con la espalda hacia nosotros, completamente inmóvil. Mi hermano frenó de golpe y dijo medio confundido,¿ y este cabrón? Tocó el claxon varias veces pero nada, el tipo no se movÃa ni siquiera un poco, ha de estar pedÃsimo, le dije aunque por dentro algo no me cuadraba. Emiliano, ya con la mano en la manija de la puerta, me dijo que se bajarÃa. Yo le advertà que no lo hiciera, con el corazón empezando a latirme muy rápido. Solo voy a decirle que se mueva, no le voy a decir nada más. Al final de cuentas, me convenció y se bajó.
59:58 Fue en ese momento que todo cambió. El hombre empezó a moverse, lento, como si lo acabaran de descongelar. Se fue alzando, vértebra por vértebra. Se puso de pie, y ahà fue cuando lo supimos. Eso no era un hombre. MedÃa más de dos metros. El cuerpo era huesudo pero fuerte, con músculos tensos como cables. TenÃa la espalda ancha y las piernas largas, como si fueran de chivo, cuando se dio vuelta. Vi su cara, y todavÃa la veo cuando cierro los ojos. Era una cara grotesca, distorsionada. La piel le colgaba en algunos lados y los ojos le brillaban.
1:00:50 Pero lo peor fueron los cuernos. Unos cuernos cortos, pero ahà estaban. Dos pequeños cuernos negros saliéndole de la frente. Mi hermano se quedó paralizado por un segundo. Luego echó a correr y se subió a la camioneta.«¡ Reversa, reversa, reversa!» Puse la camioneta en reversa y empecé a maniobrar como podÃa. La camioneta temblaba con cada piedra, cada bache, pero no me importaba. La criatura no nos persiguió, solo se quedó ahÃ, de pie, viéndonos. Como si supiera que ya nos habÃa marcado para siempre. Manejamos hasta la casa de mi tÃa, que vivÃa a unos 20 minutos del camino. nos bajamos temblando le pedimos que por favor llamar a nuestros padres que no podÃamos regresar solos mis papás llegaron media hora después pero también venÃan pálidos mi papá venÃa manejando con la cara dura y mi mamá apenas podÃa hablar¿ también lo vieron?
1:02:02 les preguntó Emiliano pero no ellos no lo habÃan visto Lo que pasó fue que casi a la misma hora, un ranchero y su compadre, que venÃan por ese mismo camino, fueron atacados. El compadre llegó corriendo al pueblo, gritando que algo se habÃa llevado a su amigo. DecÃa que una criatura los habÃa emboscado, que ésta habÃa salido del monte y se habÃa llevado a su compadre, como si fuera un costal. La gente se organizó. Salieron con rifles, linternas, perros. Buscaron por toda la noche, pero no encontraron nada. El ranchero finalmente apareció, pero una semana después. Solo, descalzo, caminando por un arroyo seco. No hablaba, no comÃa, no respondÃa.
1:02:59 TenÃa la mirada clavada en el vacÃo, como si hubiera visto algo que le arrancó el alma. Desde entonces se quedó asÃ. Vive con su hermana. No sale, no trabaja, solo mira por la ventana. Después de eso, el camino quedó maldito. Nadie pasa por ahà de noche. Algunos dicen que lo que vimos fue un demonio. Otros, que era el mismÃsimo diablo caminando por el monte. Yo no sé qué era, pero lo vi. Sentà su presencia. El calor denso. El miedo seco. El olor a carne quemada. A veces me pregunto...¿ Por qué no nos atacó a nosotros?¿ Fue casualidad?¿ Fue suerte?¿ O tal vez, tal vez ya tenÃa a alguien más en mente? Esa fue mi experiencia. Gracias por compartirla, Alex.
1:04:13 Me llamo Julián Ortega, soy veterinario, y hace unos años decidà dejar la ciudad para empezar una vida más tranquila, en un pequeño pueblo de Coahuila, llamado El Mezquite. Llegué con la idea de abrir una clÃnica modesta. atender al ganado y a las mascotas de los vecinos y disfrutar del silencio de la provincia. No me imaginaba que una noche ese mismo silencio iba a llenarse de voces que no deberÃan existir. HabÃa pasado un dÃa caluroso, uno de esos en que el sol castiga sin piedad y el aire se siente como si uno respirara vapor. Cerré la veterinaria cerca de las ocho y me preparé para dormir temprano.
1:05:04 No habÃa planes, no habÃa ruido, solo el canto de los grillos y el zumbido lejano de los transformadores eléctricos. Me acababa de meter a la cama cuando en eso alguien tocó mi puerta. Eran golpes rápidos, insistentes, como si algo urgente estuviera pasando. Me levanté de inmediato. Me puse mi camisa encima de la pijama y abrà la puerta. Ahà estaban. Dos jóvenes, muchachos. Más bien, no tendrÃan más de quince años. Ambos estaban alterados, sudados, con las camisas pegadas al cuerpo y los ojos bien abiertos por el susto.« Señor, nuestro caballo se cayó. No se mueve». dijo uno de ellos jadeando, por favor, venga, está tirado en el camino, cerca del arroyo seco, no lo dudé, tomé mi maletÃn de urgencias, y nos subimos a la camioneta. Durante el trayecto, noté algo que me dejó inquieto. Los dos muchachos estaban increÃblemente delgados. No como quienes exaltan un par de comidas, sino flacos de verdad, con los pómulos marcados, las manos huesudas.
1:06:30 Me pareció raro. Intenté conversar un poco,¿ Cómo se llama su caballo? Les pregunté. Morito respondió uno sin mucho ánimo.¿ Y sus padres?¿ Saben que salieron hasta acá a estas horas? Ambos se quedaron callados, se miraron entre sÃ, luego uno de ellos solamente miró por la ventana.«¿ Que acaso no viven con ustedes?», les pregunté yo.« No tenemos», dijo el más callado de los dos, casi en susurro. El camino de tierra era oscuro. pero recordaba más o menos la zona que describÃan. Cuando llegamos, los faros de la camioneta iluminaron el cuerpo del caballo tirado en el suelo, junto al sendero, asà que rápidamente supuse que era ese. Bajé rápido, el animal respiraba, pero estaba muy débil, con espuma en la boca, tenÃa signos claros de deshidratación y golpe de calor.
1:07:36 Me arrodillé junto a él y comencé a administrarle lÃquidos con una jeringa grande que siempre llevo a todas partes. Además de aplicarle suero, vi a entravenosa. Mientras trabajaba, los chicos se quedaron parados a unos metros de ahÃ. En silencio, apenas y se movÃan. De vez en cuando me miraban, pero sin decir ni una sola palabra. No mostraban mucha emoción, ni desesperación, ni alivio. Solo estaban presentes. Lo que más me inquietaba era su aspecto. No solo la delgadez, sino la ropa. Llevaban pantalones rotos, camisas deshilachadas, como si nadie los cuidara. Como si vivieran solos.¿ Dónde viven ustedes? Muy lejos de aquÃ. Pregunté otra vez, pero hubo silencio. me puse de pie cuando el caballo empezó a reaccionar ya movÃa la cabeza y trataba de incorporarse pero estaba débil sabÃa que no iba a poder caminar por su cuenta asà que decidà pedir ayuda voy a buscar a don casimiro les dije vive aquà cerca él tiene un remolque y me puede ayudar a mover el animal sin lastimarlo uno de los muchachos asintió en silencio Yo me subà a la camioneta y manejé hasta la casa de Casimiro,
1:09:06 a unos 10 minutos de ahÃ. Ãl era un viejo amigo, muy buena gente, y siempre estaba dispuesto a ayudarme. Cuando le conté lo que pasaba, no dudó en subirse conmigo y llevar el remolque. Salimos de inmediato, pero cuando volvimos al lugar, ya no habÃa nadie. Ni rastro del caballo, ni huellas frescas, ni mucho menos de los dos muchachos. Nada. Nos bajamos con las linternas. Buscamos por todos lados. Llamamos en voz alta. Pero solamente habÃa silencio absoluto. Solo el viento soplaba entre los arbustos. No puede ser. Aquà estaban.
1:09:51 El caballo apenas se podÃa mover. Casimiro me miró con una expresión seria. Muy seria.¿ Los viste? Me preguntó con la voz baja.¿ A quién? Pues a los niños. Asentà con la cabeza Casimiro se pasó la mano por la barba Como si ya supiera la respuesta Luego suspiró profundo Hace años Unos veinte o más VivÃan unos niños por esta zona Huérfanos Nadie los cuidaba ComÃan lo que podÃan Y dormÃan al aire libre TenÃan un caballo muy viejo DecÃan que era lo único que les quedaba Una noche como esta, en este mismo calor, el caballo se cayó.
1:10:40 Los niños lo esperaron ahÃ, sentados, sin saber qué hacer. Nadie vino, nadie los ayudó.¿ Y qué les pasó? Pues fallecieron ahà mismo. De hambre, de sed, el caballo también. Me quedé helado. Quise decir algo, pero no pude. Cada año, el mismo dÃa, alguien los ve. Siempre alguien que todavÃa cree que puede ayudar. Creo que yo era ese alguien. El resto de la noche no pude dormir, Alex. Me quedé en casa de Casimiro, con la mente dando vueltas, pensando en los ojos de esos muchachos, en la tristeza contenida que llevaban. En su silencio, no volvió a verlos nunca más. Pero desde entonces, cada año, cuando llega la misma fecha, dejó agua y comida en aquel camino del arroyo.
1:11:41 Tal vez no les sirva, tal vez ya no están ahÃ, pero si por algún momento regresaran, al menos sabrán que alguien los recuerda, que alguien sà quiso ayudar, y que esta vez, aunque ya era tarde, alguien escuchó sus golpes en la puerta. La bruja del cerro. No sé si alguien me crea, pero lo voy a contar porque ya tengo mis años y, aunque muchos se rÃan, esa noche yo estuve ahà y yo sé lo que vi. Toda mi vida he vivido solo. Mi casita está a las afueras del pueblo, al pie de unos cerros donde casi no pasa nadie. Es tranquila la zona. Con decir que hasta los perros ladran por costumbre, no porque vean algo.
1:12:50 Desde que falleció mi vieja, yo me quedé en la casa y unos cuantos animales. Unas gallinas, tres chivos y un perro que le puse chivo. No me pregunten por qué. Mis hijos ya están en Monterrey. Me mandan algo de dinero cuando pueden, pero yo me las arreglo con lo que tengo. Hasta hace un tiempo, todo estaba en paz. Hasta aquella maldita noche. Me despertaron los chillidos de mis chivos. No era un alarido normal. Era como si estuvieran siendo mordidos o que algo les pasaba. Agarré el machete y salà con la lámpara de mano. No me gusta andar asustándome por cualquier cosa. Pero esa noche el aire estaba raro, pesado, frÃo.
1:13:44 Y entonces la vi. Una mujer estaba sentada arriba de uno de mis chivos. pero no era una mujer normal. TenÃa la cara alargada, una sonrisa que le llegaba hasta las orejas, como si se burlara de mÃ. Su piel parecÃa de cenizas, y los ojos, no sé cómo explicarlo, eran como pozos, vacÃos. Nada más me miraba, no se movÃa, solo me veÃa. y el chivo debajo de ella temblaba como si estuviera a punto de reventarse del miedo. Yo me le quedé viendo, machete en mano, esperando cualquier movimiento.
1:14:30 Entonces habló, vete de esta casa, viejo, o uno por uno, tus animalitos se van a ir. Asà con esa voz chillona, burlona, como de una niña enojada. Luego se bajó del chivo, caminó lento hacia el monte y se perdió entre los arbustos. Yo me acerqué con el machete listo, pero no encontré rastro de nada, solo el chivo babeando del miedo. Desde esa noche, uno a uno, mis animales comenzaron a perder la vida. Primero una gallina, luego otra. Un chivo amaneció con el cuello prácticamente muy frágil. Ya no tenÃa vida.
1:15:22 Ni huellas, ni sangre. Como si alguien lo hubiera torcido con las manos. mi perro ladraba por las madrugadas pero cuando salÃa no habÃa nada fui al pueblo a contar lo que pasaba algunos me miraban raro pero otros no tanto una señora me dijo don aurelio por las noches se ven bolas de fuego sobre los cerros y siempre agarran para el rumbo de su casa Son brujas, Don. Esas no avisan, y cuando lo hacen, es porque ya lo tienen marcado. Ahà me cayó el veinte, Alex. Esa mujer, esa cosa, era una bruja. Esa misma tarde me fui directo con el padre del pueblo. Le pedà agua bendita.
1:16:18 No me preguntó nada, solo me la dio. Esa noche rodé mi casa con sal, agua bendita, y me puse a rezar. No soy muy religioso, pero esa vez me aferré a cada palabra del Padre Nuestro. Puse cruces en las ventanas y dormà con una vela encendida. Pasó una noche, luego otra, y luego otra. Mis animales estaban bien, ni un susto. Ninguno de ellos falleció. Pero no todo volvió a la calma. Algunas madrugadas, al amanecer, encontraba marcas de manos pequeñas en la tierra, como si alguien hubiera caminado en cuatro patas alrededor del corral. Mi perro se quedaba llorando junto a la puerta, sin atreverse a ladrar. Una semana después, vi por última vez a esa mujer. Estaba parada al pie del cerro, observando mi casa desde lejos.
1:17:22 No se acercó, solo me levantó una mano y se fue metiendo entre el monte. Desde entonces nunca volvió, nunca supe su nombre. ni de dónde venÃa, pero los del pueblo decÃan que por esos rumbos vivÃa una bruja hace años y que desapareció. Aunque nadie sabe si de verdad se fue o sigue rondando con otra cara, yo me quedé. Sigo aquÃ, cuidando lo que es mÃo, con machete en mano y agua bendita cerca. Porque uno nunca sabe cuándo van a regresar esas cosas. Y créanme, existen. Hola a todos, mi nombre es MarÃa Salamanca, la experiencia que les quiero contar es una historia que me contó mi abuelo, esto le pasó hace muchos años ya, mi abuelo tenÃa la corta edad de 14 años cuando le sucedió esto y como todo joven de 14 años, estaba buscando ya una novia y Y esa novia era mi abuela. Ambos en ese tiempo tenÃan la misma edad. Mi abuelo trataba de hacer puntos para ganarse a la familia de mi abuela. O sea que ayudaba a su padre, ayudaba a su madre. Cada
1:18:53 que podÃa, claro. Era muy hacendoso y muy caballeroso enfrente de ellos. Tanto asà que habÃa agarrado la rutina de ir por mi abuela y por su madre, o sea mi bisabuela, a encontrarlas por el camino cuando ellas venÃan de la iglesia. Esto pasó en un pueblito, no habÃa carreteras, no habÃa autos ni siquiera. Luz eléctrica tan solo en unas cuantas partes contadas. Lo que se movÃa mucho eran las veladoras, en todas las casas, y también en ciertos caminos que eran alumbrados por estos faroles, que dentro de ellos habÃa una veladora grande. mi abuelo siempre iba por ellas por eso de las 8 de la noche ya estaba oscuro le pedÃa prestado un caballo a mi padre y salÃa a galope para encontrarlas lo más rápido que pudiera y traerlas de nuevo al pueblo él acostumbraba a bajarse del caballo y como no dárselo a las damas para que ellas no caminaran él se venÃa abajo y ellas arriba Mientras iban platicando por todo el camino, Pasi resulta que aquel dÃa, la noche anterior, habÃa llovido a cántaros.
1:20:16 Y durante todo el dÃa, si bien no habÃa llovido como en la noche, habÃa estado chispeando o pringando como se dicen en algunos estados. Era una lluvia tenue, pero que no paró en todo el dÃa. Por lo que al ver que estaba pringando, mi abuelo se subió al caballo nuevamente a las 8, se despidió de sus padres y comenzó a galopar. rápidamente hasta aquel camino, con lo que él no contó, es que el rÃo que se encontraba a un lado del camino, se habÃa desbordado, antes de llegar a aquel punto, una gran parte del camino, estaba sumergida en el agua, y también se habÃa deslavado, ciertas colinas, piedra y arena, habÃan tapado por completo el camino, a mi abuelo no le quedó de otra, que rodear todo eso él conocÃa muy bien el campo por lo que empezó a hacer cálculos bueno si recorro esta distancia puede que rodee todo este deslave toda esta inundación y pueda llegar con ellas más adelante como algunos 15 minutos mi abuelo confió en su destino y siguió galopando con su caballo Cuando él cree que rodeó lo suficiente, cuando él cree que ya se encontraba cerca o al menos en el punto, empieza a voltear a su alrededor. Ãl dice que aquella
1:21:46 noche estaba muy oscuro. Si de por sÃ, en aquel tiempo no habÃa alumbrado en donde él estaba, en ese camino que él se encontraba, solamente tenÃa la luz de la luna. Aquella precisa noche, ni siquiera tenÃa la luz de la luna. Estaba todo nublado mientras las gotas caÃan. Las nubes opacaban por completo todo el panorama. Y pese a que a él, traÃa un farol de estos. Alumbraba alrededor, pero no alumbraba más allá de unos 4 o 5 metros. Estaba en la penumbra total. Ãl dice que se ubicó y se detuvo, porque él pareció ver aquel árbol que siempre veÃa cuando venÃa en camino con mi abuela y su madre.
1:22:38 HabÃa un árbol muy caracterÃstico, un árbol frondoso y grande, a un lado del camino. Ãl pareció verlo, por lo que él pensó en ese momento que era bueno quedarse en ese sitio. Estaba inundado todavÃa, pero a lo mejor ellas vendrÃan por ahÃ. Si bien no estaba tan inundado como otras partes, si él se bajaba, el agua le llegaba por debajo de la rodilla, asà que sà estaba algo inundado, pero todavÃa era pasable. De pronto nota que su caballo... Actúa de manera rara... Empieza a mover la cabeza... A dar cabezazos... A relinchar... A ponerse nervioso... Mi abuelo como puede lo controla... Y entre todo ese alboroto que tenÃa con el caballo... El caballo impaciente... Se querÃa mover de aquel lugar... Empieza a ver dos figuras... Abajo del árbol...
1:23:38 Balanceándose de un lado hacia otro... Ãl en un principio pensó que se trataba de mi abuela y mi bisabuela, pero al prestarle más atención, vio que no se trataban de personas adultas, sino que se trataban de dos niños. Dos niños que se estaban columpiando, con dos columpios, en aquella rama del árbol. Y como si estos niños se hubieran dado cuenta que los estaban observando, ellos le preguntaron, Ignacio,¿ a quién buscas?, Mi abuelo estaba asustado, pero enseguida se calma, porque la habÃan llamado por su nombre, Ignacio. Posiblemente esos niños eran del pueblo, y como ahà casi todos se conocÃan, seguramente él por portar con el farol, lo podÃan ver sin ningún problema. Pero ellos, al estar en la oscuridad, mi abuelo no podÃa verlos. Solamente veÃa las sombras. Ãl les preguntó, chamacos,¿ no han visto a doña Fátima y a su hija? Las estoy buscando. Los niños no contestaron.
1:24:48 Continuaron meciéndose, como simplemente no importándoles la pregunta. Mi abuelo continuó gritándoles, pero esta vez preguntándoles,¿ con quién vienen? Eran chicos de algunos ocho años, siete años. Se subÃan al columpio e incluso sus piernas. No llegaban al suelo... Era obvio que esos niños no podÃan andar solos... Pero estos niños de igual manera... No contestaron, se quedaron callados... Continuaron balanceándose... En ese momento... Mi abuelo empieza a notar que cierta parte del caballo se siente extraña y al mirar hacia abajo, nota que las piernas traseras del caballo están más sumergidas en el agua de lo que deberÃan de estar. El caballo...
1:25:48 Poco a poco se estaba sumergiendo más y más, por lo que mi abuelo pensó en ese momento que tal vez la inundación estaba aflojando mucho la tierra y el caballo se estaba quedando atascado. Por esto mismo tal vez es que él estaba desesperado. Mi abuelo empieza a mirar por su alrededor. Y ve que precisamente a un lado de él hay como una montaña entre escombros, roca y tierra. Se ve que está maciza, por lo que sin pensarlo salta a ella para quitarle algo de peso al caballo y este no se siga hundiendo. Salta inmediatamente y cae justamente encima. De pronto empieza a improvisar,¿ qué puedo hacer?
1:26:36 Quiero sacar al caballo, no lo puedo dejar ahÃ. Empieza a meter su mano en el agua y curiosamente, algo que para ese momento no tenÃa sentido, pero agradeció mucho haberse lo encontrado. Una tabla, se notaba que ya estaba podrida, pero resistente, lo suficiente para sacarlo de aquel apuro. Por suerte, mi abuelo terminó sacando al caballo, y una vez que lo hizo, tomó la decisión de ir caminando lo más lento posible, tanteando el piso, para ir guiando al caballo por el camino correcto. Al cabo, si él sentÃa que se hundÃa, rápidamente podÃa quitar la pierna, el caballo no podÃa.
1:27:18 Pero tan solo él al meter una de sus botas en el agua y ésta llegarle por debajo de la rodilla, sintió inmediatamente como algo lo tomó y lo mantuvo en aquel lugar. Algo lo estaba apretando, algo lo sostenÃa del pie. Algo... No lo dejaba moverse... Ãl empezó a creer que tal vez era una vÃbora... Pero no podÃa ser esto... Tal vez algún mecate que habÃa traÃdo el agua... El caso es que estaba atorado con algo... Y después... Sintió que esto mismo... Lo tomaban por la otra pierna... Por debajo del agua no podÃa ver que era... Y fue en ese momento que él decidió... Simplemente... Poner el farol y engancharlo al caballo... Y él con sus manos empezó a tocar aquella cosa que lo sostenÃa. Mi abuelo entró en absoluto pánico cuando se dio cuenta que eran manos. Una mano lo estaba sosteniendo por cada pie y lo estaba sosteniendo fuerte. Era una mano dura, esqueletuda y no lo dejaba ir. mi abuelo no sabe qué es lo que hizo obviamente entró en pánico como ya dije empezó a moverse muy rápidamente empezó a gritar empezó a saltar con todas las fuerzas que él podÃa se enganchó al caballo y como pudo se subió a él él le dio
1:28:50 la orden al caballo para que volviera y corriendo lo más rápido posible al caballo le costó pero finalmente salieron de ahà mi abuelo llegó a su casa pálido totalmente asustado y mojado mi bisabuela fue lo vio lo trató y le preguntó que le habÃa pasado pero él no podÃa hablar solamente tartamudeaba y le hacÃa con su dedo que viera sus piernas ya que durante todo el camino le ardÃan y le dolÃan Tanto su padre como su madre le alzaron su pantalón, le quitaron la bota y vieron en sus piernas, en sus pantorrillas, las marcas como de rasguños y también la marca de una mano en cada una de sus piernas. Era una marca roja. Todas estas marcas, al paso de los dÃas, se convirtieron en moretones.
1:29:46 Y al paso de los dÃas también, mi abuelo se dio cuenta en dónde realmente se habÃa metido. Para empezar, mi abuela y mi bisabuela habÃan optado por quedarse en la iglesia y ellos esperaban que mi abuelo llegara hasta la iglesia y pues a él lo iban a entretener, ya que por eso de las 10 iba a pasar una carreta que los iba a llevar al pueblo. Mi abuelo me cuenta que iba a llegar hasta la iglesia, si no las veÃa por ahÃ, él iba a optar por seguir hasta la iglesia. Pero pasa y resulta que mi abuelo se habÃa desviado mucho. Aquel árbol que usaba como referencia era el árbol equivocado. No se encontraba en el mismo sitio. Se habÃa desorientado y habÃa terminado justamente en el centro de un cementerio. Este cementerio no era oficial.
1:30:51 Este cementerio habÃa sido usado por generaciones anteriores, pero sin papeles y nada de arreglos, e incluso las lápidas, o las tumbas, no eran como tales las de un cementerio. era solamente algunas cruces de madera, de madera ya podrida, y lo que hacÃan para diferenciar las tumbas, eran estas pequeñas montañas de tierra, junto con escombro y grava, piedras, para diferenciar una de otra, pequeños bultos con cruces, En aquel tiempo ya se encontraba otro cementerio, el cual ya se encontraba en el pueblo, pero aquellas tumbas, aquellos cuerpos no habÃan sido movidos, como expliqué anteriormente, fueron usados hace mucho tiempo por generaciones anteriores, por lo que aquellas generaciones de sus hijos ya no se encontraban en el pueblo, y precisamente en aquel árbol, el cual habÃa confundido Se parecÃa al otro, pero en definitiva no era el mismo.
1:32:02 A los pies de este se encontraban las tumbas de dos niños jóvenes que habÃan perdido la vida hace ya muchos años, cuando habÃa tormenta. Mi abuelo jamás volvió a salir del pueblo. TenÃa miedo de desorientarse de nuevo y acabar en un lugar, el cual serÃa como aquel cementerio donde las manos de aquellos fallecidos salÃan de las tumbas.
1:32:52 El Diablo, en Semana Santa. A mis años ya no deberÃa andar contando estas cosas, pero hay cosas que se clavan en el alma, y no se van, aunque rece toda la vida. Y eso fue lo que me pasó hace ya varios años, una noche de Semana Santa, que todavÃa me eriza la piel, no más de recordarla. Mi nombre es Tomasa, hola Alex y hola a toda tu comunidad, quisiera compartirles mi experiencia paranormal. Vivo en un ranchito, que está a las orillas del pueblo, cerca del panteón viejo.
1:33:34 Mis hijos ya se fueron a la ciudad, y aunque a veces vienen a verme, la mayor parte del tiempo estoy sola. Pero nunca le he tenido miedo a la soledad, hasta que vi al maligno con mis propios ojos. Era Jueves Santo. HabÃa ido al centro a dejar unas veladoras a la iglesia y a traer unas cosas de la tienda. Me entretuve más de la cuenta platicando con unas vecinas y cuando me di cuenta ya era de noche. Como no habÃa conseguido que irme de un aventón, agarré el camino de terracerÃa que va bordeando los mezquites para regresar a mi casa. Ese camino siempre ha sido solitario pero me lo sé de memoria y nunca me habÃa pasado nada, al menos hasta esa noche. Al principio solo sentà que el aire cambió, se puso más frÃo, como si algo hubiera apagado el calor del dÃa. Y luego vino el silencio.
1:34:42 Un silencio de esos que duelen en los oÃdos. Ni los grillos sonaban. Fue entonces que lo vi. VenÃa caminando en dirección contraria a la mÃa. Por el mismo camino. Era un hombre alto, flaco, con un sombrero negro bien grande. TenÃa una camisa blanca, pero vieja, como amarillenta. Caminaba lento, muy recto, como si flotara en vez de pisar. Lo saludé, porque asà me habÃan enseñado. Buenas noches. Pero él no me respondió. pero eso sà se detuvo, se detuvo y me miró, y entonces yo sentà algo extraño, no pude explicar cómo, pero supe que no era un hombre, habÃa algo en su cara, o más bien en la falta de ella, porque no tenÃa rasgos, era como una sombra con sombrero, pero los ojos, Dios mÃo, Los ojos sà estaban ahÃ, rojos, pequeños, como dos puntos rojos. Me quedé paralizada, no podÃa moverme ni rezar. La lengua se me pegó el paladar. Entonces ese hombre, o lo que fuera... Me habló.
1:36:09 Su voz era seca, como la tierra cuando no llueve.¿ No deberÃas andar sola en Semana Santa? Doña, yo siempre ando buscando almas como la tuya. Ãl me sonrió después de una manera tétrica. No fue una sonrisa amable, era una cosa torcida, maldita, como si le doliera sonreÃr porque lo disfrutara. Me temblaban las piernas. Después me dijo,«¿ Quiere que la acompañe a su casa?». Por un segundo, juro que vi como sus pies no tocaban el suelo. Eran patas, como de cabra. Pero solo por un instante pude percibirlas.
1:36:56 Fue ahà cuando pude reaccionar. Saqué del mandado el rosario que siempre cargo conmigo y lo levanté con la mano temblorosa. No dije nada, solo la levanté. Y el hombre se detuvo. Su sonrisa desapareció. Me miró con un odio tan profundo que pensé que me iba a arrancar el alma ahà mismo, pero no lo hizo. Solo se giró y se fue caminando hacia el monte, despacio, perdiéndose entre los árboles. Yo no supe ni cómo corrÃ. Llegué a mi casa con las piernas reventadas del cansancio. Esa noche no dormÃ. Rezaba una y otra y otra vez con el rosario apretado en la mano. Hasta que amaneció. Al dÃa siguiente fui con el padre... Le conté lo que pasó... Ãl no se sorprendió mucho... Solo me dijo... El diablo anda suelto en Semana Santa... Doña Tomasa... Sobre todo cuando una anda sola...
1:38:02 Tenga cuidado... Desde entonces... No volvà a salir después... De que se mete el sol... Menos en esas fechas... Y si algún dÃa van caminando por un camino solo... Y ven a un hombre delgado con sombrero, que no tiene cara, pero lo mira con ojos rojos. No lo saluden, saquen su rosario y recen, porque hay cosas allá afuera que no perdonan. Aquella vez yo me encontré con el maligno. Gracias Alex, y espero que puedas compartir mi historia. No soy mucho de contar estas cosas, y espero que lo entiendas, Alex, porque la gente luego se burla o dice que uno anda inventando por andar desvelado, pero juro por lo que más quiero que esto me pasó. Me llamo Pedro, soy albañil desde que era muy joven. Y esto me ocurrió hace unos como ocho años, cuando estaba levantando una bodega en un terreno al final del ejido, pegado casi al monte.
1:39:29 Me habÃa quedado más tarde de lo normal ese dÃa, porque el patrón me ofreció un pago extra, si dejaba bien amontonado el material. Tabiques, costales de cal, varilla. Ya estaba todo oscuro cuando acabé. pero como traÃa mi caballo, no me preocupé, tomé mis cosas, me subÃ, y agarré el camino de terracerÃa, de regreso al pueblo, ese camino lo conozco de ida y vuelta, pero de noche, se pone bravo, no hay ni una sola luz, no más el reflejo de la luna, si tiene suerte, y puro monte a ambos lados, denso, como si las ramas quisieran tragarse el camino. Iba ya a medio trayecto, escuchando sólo el trote de mi caballo y el viento entre los mezquites, cuando en eso veo una figura adelante. VenÃa caminando en dirección contraria a la mÃa, hacia mà directamente. De lejos se veÃa como un hombre, un campesino por la ropa, sombrero de palma, camisa abierta, pantalón de manta. Caminaba despacio, como si no tuviera prisa. No me alarmé. Por esos rumbos todavÃa se ve gente que camina, pues, por la noche.
1:40:57 Aunque es raro, cuando nos cruzamos, el tipo levantó la mano y dijo, buenas noches. Y yo le respondÃ, buenas noches, compa. Pasamos uno junto al otro, como si nada. Pero cuando ya lo habÃa dejado atrás por unos pasos, algo me cayó como agua helada por la espalda.¿ Hacia dónde iba ese hombre? Por aquel camino. No hay nada. Sólo la construcción donde yo estaba, y más monte. No hay casas, ni veredas, ni ranchos. Volté inmediatamente, y ya no habÃa nadie.
1:41:38 Ni rastro, ni sombra, ni sonido. Sólo el camino vacÃo, bañado por la luna. Aquel hombre habÃa desaparecido como si se le hubiera tragado la tierra. El frÃo me agarró de golpe. Sentà que me apretaban el pecho con una mano invisible. Le pegué los talones al caballo y me fui galopando, como si el mismo diablo viniera siguiéndome. No paré hasta ver las primeras luces del pueblo. Esa noche no dormÃ, al dÃa siguiente, cuando lo conté en la obra, uno de los más viejos me dijo, que acaso no te han contado del difunto Pascual, era un peón que falleció hace años ahà mismo, en una zanja de esa zona, dicen que todavÃa camina por las noches. como si éste todavÃa no se enterara que ya no está con nosotros, desde entonces Alex, no vuelvo a quedarme hasta la tarde en la obra, cuando el sol empieza a bajar, recojo mis cosas y me voy, porque ya sé que ese camino, cuando oscurece, no lo camina nomás la gente viva, Esa experiencia me enseñó que la próxima vez que vea una silueta asÃ, siga de largo. Aunque me salude, esta vez no pienso voltear. Gracias por permitirme compartir mi historia, Alex.
1:43:13 Y saludos a toda la comunidad de la cripta embrujada.
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