Aug. 14, 2025

MARATON DE HORROR DE PUEBLOS / RELATOS DE TERROR DE GRANJEROS, RANCHOS, BRUJAS Y NAHUALES VOL.6

MARATON DE HORROR DE PUEBLOS / RELATOS DE TERROR DE GRANJEROS, RANCHOS, BRUJAS Y NAHUALES VOL.6
MARATON DE HORROR DE PUEBLOS / RELATOS DE TERROR DE GRANJEROS, RANCHOS, BRUJAS Y NAHUALES VOL.6
La Cripta Embrujada
MARATON DE HORROR DE PUEBLOS / RELATOS DE TERROR DE GRANJEROS, RANCHOS, BRUJAS Y NAHUALES VOL.6
Un Maraton de terror que te aterrorizara esta noche con leyendas y relatos de pueblos

0:11 Saludos a toda la comunidad, mi nombre es Verónica Correa, mi experiencia es la siguiente, cuando yo tenía aproximadamente algunos 7 años, que te digo, ya fue hace mucho tiempo Alex, acostumbraba todas las noches cuando me encontraba en mi pueblo, a salir en compañía de mi abuelo, Mi abuelo todas las noches iba por sus vacas y sus borregos. Él los llevaba durante el día allá a pastar por los montes lejanos al pueblo, y ahí los dejaba. Las vacas y los borregos son animales muy inteligentes, al menos los de él.

0:56 No se dejaba que demás personas los agarraran. ni tampoco que se los llevaran. Y también está decir que tampoco eran animales que fueran brusco con las personas. Es decir, no eran bravos, no perseguían a la gente, ni nada de eso. Y es más, las tenía marcadas. Los habitantes del pueblo conocían muy bien su ganado y sabían que no tenía nada de qué preocuparse. Yo siempre lo acompañaba cuando iba por este, por eso de las ocho de la noche, cuando los animales ya estaban llenos de comer tanto pasto. Yo y mi abuelo nos arreglábamos, él iba en su caballo y yo iba en un potrillo. Un caballo que estaba en proceso de crecimiento, obviamente. Yo lo había atendido desde que era pequeña, así que el caballito me hacía mucho caso. Y me cargaba con mucha facilidad, ya que yo tenía siete años. Prácticamente no pesaba nada.

1:49 Y comenzamos ese viaje como todas las noches. Por aquel camino muy solitario. Era un camino de terracería, para las ocho de la noche. Ya había penumbra total. No había ni un solo faro de luz. La única luz que teníamos era la luz de la luna, pero no nos importaba. Éramos personas de rancho y habíamos crecido con ese ambiente. No nos incomodaba la negrura de la noche. Para nosotros era muy común. Pero una vez que llegamos a donde estaban las vacas y los becerros, que algunos cuantos ya se encontraban pues recostados en el pasto, Haciendo digestión, yo me percaté de algo que era muy inusual. Vi que entre las sombras de las vacas había una sombra que se la pasaba bailando. Era la sombra de un humano, un humano como pequeño. Si te pudiera dar algún tipo de orientación te diría que era una sombra como de una persona que no mediría más de 1.40 metros. pero tampoco menos de 1.20, pero era la sombra de un humano, para darte más características, era simplemente como una sombra, no podía haber ropa, no podía haber pelo, solamente una sombra, bailando entre las vacas, entre los becerros, entre el monte, yo obviamente se la señale rápidamente a mi abuelo, y se

3:20 la señale con curiosidad, no con miedo, le dije, mire abuelo, Allá adelante,¿ qué es?¿ Un niño o una persona? Anda entre las vacas.¿ Qué querrá? Mi abuelo simplemente forzó su mirada y empezó a ver por todo el alrededor, pero él no veía a nadie. Nos quedamos ahí parados como unos 15 minutos y él me preguntaba una y otra vez,¿ a quién ves?¿ Por dónde lo ves? Y yo le respondía, ay abuelito, mire ahí. Pero al parecer él no lo podía ver. Yo no era una chica que dijera mentiras, así que mi abuelo sabía que no le estaba mintiendo.

4:02 Él simplemente me dijo, voy a chiflarle a las vacas para que ellas se vengan, y tú te vienes conmigo atrás. No te vayas adelante. Ellas seguían. Yo tenía la costumbre, Alex, de siempre irme adelante mientras que mi abuelo se iba hasta atrás. Me gustaba dirigir a los animales, a pesar de que estos no lo ocuparan. Ahí me gustaba ir adelante siempre. Así que noté algo rara la actitud de mi abuelo, pero, a final de cuentas, le hice caso. No quería desobedecerlo. Separaron todos los animales y comenzaron a caminar por aquel camino. Yo me fui con mi abuelo, y cuando estábamos cabalgando, él me preguntó nuevamente,¿ ves aquella sombra?

4:47 Yo le dije que sí. Aquella sombra que había visto entre el monte, no se había quedado allá. Veía que la persona venía con los animales, igualmente, corriendo de un lado para el otro, incluso dando saltos como si estuviera haciendo algún tipo de baile. Mi abuelo en ese momento me dijo, mi niña, vamos a ponernos a rezar, tú te sabes rezos, ¿verdad? Yo le dije que sí, pero¿ por qué íbamos a ponernos a rezar en ese momento? Él simplemente me dijo con una sonrisa, que era para que no nos pasara nada en el camino, y para darle gracias a Dios de que este día había salido muy bueno en cosas de venta. Yo le hice caso, pues era muy inocente. Ahora me doy cuenta que mi abuelito me decía esto para que no me alertara, ni mucho menos tuviera miedo. Empezamos a rezar los dos juntos.

5:46 Y después de un par de rezos, nos quedamos callados y después comenzamos a platicar entre nosotros. Cuando él de nuevo me dijo,« Mi niña, sigues viendo aquella sombra». Yo le dije que en ese momento no, pero cuando pasaron unos minutos, la pude ver nuevamente. Le dije otra vez a mi abuelo, mire, ahí está, ahora está hasta adelante, entre los primeros bueyes que van allá. Mi abuelo me dijo de nuevo, vamos a ponernos a rezar otra vez, hija, ándale, para darle gracias a Dios. Nos pusimos a rezar nuevamente, Alex, y así llegamos a la casa. Yo sabía que algo extraño había pasado aquel día, pues... Mi abuelo no me dejó ir con él las noches siguientes. Él me decía que simplemente era muy tarde y no quería que me pasara algo allá por la noche. Yo obviamente me sentí muy triste, pero al paso de una semana volví a ir con él. Y esta vez pasó como una noche normal.

6:52 Yo encabecé a los animales y aquella sombra jamás la volví a ver. Esto quedó simplemente como una experiencia curiosa, pero al pasar los años y preguntarle a mi abuelo sobre esta experiencia que habíamos tenido ambos en aquel camino, en aquel monte... Me dijo que no me había llevado por mi propia seguridad. Él sabía muy bien que demás ganaderos y también habitantes del rancho decían que por esos montes se veían cosas extrañas. Extrañas apariciones de entes, sumamente oscuros.

7:33 Algunos otros habitantes iban más allá diciendo que en aquellos caminos y en aquel monte se aparecía el mismísimo diablo. que aquella sombra que vi, probablemente no era una persona, él simplemente no me quiso alertar aquella noche, y que por los días siguientes, se trajo todo su ganado más para acá, ya no fue ni lo llevó a aquellos montes tan lejanos, en los cuales crecía un pasto muy verde y también algunos secos, que le sirve al ganado para alimentarse, pero... no importaba, porque cuando tú metías a tu ganado en aquella zona, aquel monte se cobraba una parte de tu ganado. Y bien se lo habían dicho a mi abuelo, pero él no creía en esto. Bastó con la experiencia que viví yo con él, y también que al pasar dos días, dos de sus vacas fallecieron.

8:29 Que tomó en cuenta que aquellas cosas que se decían de aquel monte... No eran leyendas. Aquel sitio, verdaderamente, estaba embrujado. Mi nombre es Joel Anastasio. Mi experiencia... La viví junto con mi compadre. Esta historia tiene aproximadamente algunos siete años, cuando en ese entonces yo y él aún vivíamos en nuestro pueblo. Casi era como de madrugada. Nos habíamos quedado en la parcela cerca de algunas cuatro o cinco horas más, debido a que teníamos mucho trabajo acumulado y también teníamos uno que otro problema. Veníamos por aquel camino de terracería, con monte a ambos lados. Era una costumbre para nosotros igualmente cada fin de semana. No teníamos miedo, Alex. Y tampoco somos supersticiosos, así que... No quiero que piensen que somos de las personas de los ranchos que... Creen brujas, fantasmas, leyendas.

9:50 Para nada, nosotros no somos de ese tipo de personas. Por aquel camino solamente estábamos platicando acerca de nuestras familias... de los problemas que traíamos en aquel momento y de cómo nos había ido en las ventas. Y por aquel camino, en el que gobernaba una oscuridad absoluta, solamente se escuchaba nuestra plática, el viento y los grillos. Cuando en eso, que íbamos cabalgando cada uno en su caballo, vemos ahí a la lejanía... allá por donde se pierde el camino... que se va acercando una silueta... es una silueta también... más o menos grande... y conforme pasan los minutos... y aquella silueta se va acercando... distinguimos que es un jinete...

10:36 igual viene con su caballo... y él encima con un sombrero... pensamos tal vez que era algún... conocido del pueblo... pues allá todos nos conocemos... pero conforme se va acercando, vemos que viene en absoluto silencio, algo extraño, nosotros seguimos platicando, y en ese momento nos percatamos que los caballos que traíamos, se comportan de una manera muy extraña, o sea, empiezan como que a no querer caminar, empiezan como a ponerse nerviosos, Hacemos lo que podemos para que estos sigan... Pero es notable que están nerviosos... Que están asustados... Y estos caballos... Créeme...

11:19 Casi jamás se ponían así... Aquel jinete extraño... Casi estaba al borde de chocar con nosotros... E hizo un movimiento extraño... Porque obviamente si tú ves... A dos personas que vienen a caballo... Y vienen platicando entre sí... Obviamente tú pasas por un lado. Bueno, este jinete no lo hizo. Este jinete siguió adelante. Tanto así que pasó en medio de nosotros. Los caballos se hicieron a un lado y lo dejaron pasar. Y justamente cuando estaba pasando, en medio de nosotros, lo reconocimos. Aquel caballo estaba transportando a un viejo conocido, un viejito llamado Don Chencho. Don Chencho siempre traía ese característico sombrero.

12:02 y esa característica chamarra que lo reconocía fácilmente a la distancia. Su cara, su barba, lo reconocimos inmediatamente. El caso aquí, Alex, el caso extraño, es que Don Chencho para ese momento llevaba de fallecido cerca de cinco años. Pero en aquel momento, en aquel instante, te puedo decir que esto no lo recordamos y no sé por qué. Tal vez fue un momento que nos agarró desprevenidos. No nos acordamos que Don Chencho para ese momento no estaba vivo. Entonces le hablamos. Le dijimos, Don Chencho,¿ para dónde va?¿ Y por qué va tan solo? Te digo, te repito, eran como la una de la madrugada. Don Chencho simplemente se detuvo, se volteó y nos saludó. Nos dijo que iba a ver a su madre, que al rato volvía al pueblo, pero que fuéramos con cuidado. Solamente lo saludamos, nos echamos unas risas, y seguimos. Mira cómo son las cosas. No recordábamos que él había fallecido, pero recordábamos muy bien todas aquellas actitudes, aquellos hábitos que tenía Don Chencho. Y es que él siempre iba al cementerio a visitar a su madre, y cada vez que iba al cementerio, siempre decía lo mismo, voy a ver a mi mamá. Obviamente la señora ya estaba enterrada, y el camino precisamente llevaba al cementerio del pueblo, pero pasaron como unos dos minutos cuando caímos en cuenta.

13:33 Nos volteamos, como si al mismo tiempo nos hubiéramos dado cuenta los dos, y nos dijimos al instante. Don Chencho no está vivo. Cuando volteamos otra vez a ver el camino, que porque era recto, era más que obvio que teníamos que verlo ahí a la distancia pues no le habíamos dejado tanto tiempo como para perderlo de vista. Vimos que la silueta ya no se encontraba. Don Chencho había desaparecido. Inmediatamente en ese momento Alex nos recorrió un escalofrío a los dos por todo el cuerpo y empezamos a galopar. Empezamos a hacer que los caballos corrieran y recordamos el instante en el que los caballos se ponían nerviosos. Era más que obvio que ellos estaban sintiendo algo. Ellos tenían miedo porque sabían que aquella noche no estábamos interactuando con algo terrenal. Esa noche vimos el fantasma de Don Chencho, que incluso en ese momento, a pesar de pasar los años, él seguía yendo al cementerio a visitar a su madre.

14:40 Después de esta experiencia, Alex, tanto yo como mi compadre, No volvimos a quedarnos tantas horas en la parcela. Tan pronto eran las ocho o nueve pasadas. Decidíamos irnos. Teníamos miedo de volver a encontrarnos con Don Chencho. Me llamo Artemio, tengo 74 años y he sido ganadero toda mi vida. Nací y crecí en un ranchito a las afueras de Moctezuma, allá en el Monte Bravo de Sonora, donde el sol raja la tierra y los coyotes aúllan como si cantaran con los muertos. Desde que tengo uso de razón, me levanto todos los días a las cuatro y media de la mañana, El cuerpo se acostumbra y uno se siente extraño si no escucha el chillido de las gallinas o el balido de los borregos cuando el alba apenas bosteza.

15:58 Esa mañana, una de tantas en agosto, me levanté como siempre. Me puse los huaraches, mi sombrero viejo, tomé el bastón que uso desde que me fregué la rodilla en un accidente con una vaca brava, y salí al corral con una taza de café bien potente, humeando todavía en la mano. El aire estaba más denso que de costumbre. no soplaba ni tantito viento, y los animales andaban muy inquietos. Las vacas no mugían como siempre, más bien respiraban agitadas, como si algo las estuviera espantando. Me acercé al gallinero, y hasta las gallinas estaban calladas con las plumas erizadas. Fue entonces que lo vi, ahí, entre los matorrales, a unos metros del corral. Estaba lo que parecía ser una cabra, pero había algo mal, algo que no cuadraba. Una serpiente enorme, oscura como la noche más cerrada, la tenía envuelta. No era una de esas serpientes pequeñas que uno puede acabar con ellas fácilmente con un asadón. No, aquella era una condenada culebra que casi medía tres metros. Gruesa como un brazo, con una piel tan oscura que brillaba como si fuera

17:29 de obsidiana. Mi primer pensamiento fue que esa cabra era mía. Me acerqué para espantar a la víbora, con el bastón alzado como garrote. Pero en cuanto conté bien a mis animales, me di cuenta que todos estaban ahí, asustados, sí, pero ninguno faltaba. Esa cabra no era mía. Podía haberme regresado a la casa y dejar que la naturaleza siguiera su curso, pero no sé qué me picó. Tal vez fue por la compasión o simplemente las ganas de no dejar que un bicho tan maligno hiciera lo que quisiera en mis tierras.

18:11 Así que empecé a pegarle, con fuerza. Le daba en la espalda, en la cabeza... Y esa condenada serpiente apenas si se movía, seguía apretando a la cabra, como si mis golpes fueran zumbidos de mosco. Me entró una desesperación muy fea a Alex. Entonces, sin pensarlo mucho, me quité el sombrero y empecé a rezar. Me sabía unas oraciones viejas que mi madre me enseñó para espantar cosas malas. Rezaba en voz alta, con fuerza, como si fuera a gritos. Y fue en ese momento que pasó algo que no me explico. La serpiente empezó a revolcarse, como si le estuvieran quemando la piel. Se retorcía, hacía un sonido como un chillido grave y profundo. Poco a poco fue soltando a la cabra. La dejó tirada en el suelo, jadeando.

19:12 Y luego se fue arrastrando hacia el monte, sacudiéndose, como si mis rezos le dolieran. Yo estaba helado, pero no estaba preparado para lo que vendría después. La cabra, que hasta ese momento estaba medio difunta, se levantó como si nada, me miró fijamente y con una voz ronca y profunda. como de un hombre viejo con tos, me dijo, gracias por la ayuda, me quedé parado como piedra, no supe si gritar o salir corriendo, pero no hice ni una cosa ni otra, solo me quedé ahí, viendo como aquella cabra se echaba a correr hacia el monte. Y entonces la vi, a ella, donde se había metido la serpiente, justo en la entrada del monte. Ahí estaba ahora una mujer, flaca, alta, con un vestido negro que parecía hecho de una sombra.

20:16 Su cara era pálida. Sin expresión, pero sus ojos, sus ojos estaban llenos de un odio que nunca había visto en ningún ser humano alguno. Nos miramos por unos segundos, sentí como se me helaba la sangre. Empecé a rezar de nuevo, más fuerte todavía. Ella frunció el ceño, como si le molestara el sonido, como si cada palabra le quemara por dentro. Dio media vuelta y se metió al monte, desapareciendo entre las ramas, como si se deshiciera en humo. Esa fue la última vez que la vi. Al día siguiente, noté algo raro. Las vacas que andaban enfermas, con la panza inflada y sin ganas de comer, amanecieron bien. Los borregos, que habían estado flacos por semanas, estaban gorditos. Las gallinas pusieron más huevos que nunca. La tierra de mi parcela, que había estado seca y dura, ahora estaba suave, como si la hubiera regado una lluvia bendita. Todo me empezó a ir mejor, como nunca si te puedo decir, como si de pronto todo se hubiera acomodado. Desde entonces creo, con todo mi corazón, que esa cabra que salvé era un Nahual, y que me recompensó por ayudarla. Pero también

21:47 creo que la serpiente no era un simple animal, era otro Nahual, y ese, ese sí me guardó rencor. Aunque nunca regresó, sé que sigue allá en el monte, mirándome con los mismos ojos que aquella mujer vestida de negro. No sé por qué no volvió, pero tal vez fue por los rezos, o tal vez porque el otro Nahual me protege. Yo solo sé que esa mañana, antes del amanecer, fui testigo de una pelea entre dos Nahuales, y no fue con garras ni dientes, fue con poder, con algo más viejo que la tierra misma. algo que todavía ronda por aquí, entre la oscuridad de los cerros y el canto lejano de los coyotes. Cada mañana que me levanto, sigo rezando, porque allá afuera hay cosas que no entendemos, pero que sienten, que miran, y sobre todo, que recuerdan.

23:09 Hola Alex, quiero contarte una experiencia paranormal que me sucedió hace aproximadamente algunos 15 años. Esta experiencia marcó mi vida y a decir verdad, me hizo una mejor persona, porque si te soy honesto, yo mismo me lo busqué, que me pasara algo así. En aquel tiempo todo iba bien, tenía mi familia tenía mi casa tenía mi trabajo y de una forma repentina al pasar algunos años como que la mala suerte o algún ente o el destino se ensañó conmigo y con mi familia tal vez es lo que yo siento primero mi esposa ella falleció le cayó una enfermedad y pues tristemente no duró mucho tiempo con los otros después mis hijos crecieron y ellos tenían pues sus ambiciones Alex y yo no quería cortárselas querían estudiar una universidad querían tener una carrera y obviamente yo los iba a apoyar en eso ellos se fueron y yo trabajé lo más duro que podía para mandarle para sus colegiaturas para ayudarles a pagar algún lugar de renta yo estando en el pueblo y ellos estando en la ciudad las cosas pintaban un poco mal en aquel momento me sentía normal a pesar de estar solo Soy un hombre chapado

24:42 a la antigua, Alex. Por lo tanto, no le tengo miedo a la soledad. Pero me sentía vacío, como si esto no fuera poco. Al tener una casa tan grande y verla completamente vacía, el destino empezó a golpearme ahora de manera monetaria. Mis parcelas se vieron plagadas de bichos que cada uno de ellos iba mermando todo mi esfuerzo. Compré mucho material para encargarme de las plagas, pero no podía, como si esto no fuera poco. Mis animales, mis vacas, mis becerros, también empezaron a enfermarse de una extraña manera.

25:23 Uno a uno fue cayendo, haciendo que ya no tuviera ganado. La situación económica decayó tanto, que yo me vi en la necesidad de ya no dedicarme solamente a la parcela, como lo había hecho por generaciones al ganado, pues ya no tenía. Mi padre me había enseñado, mi abuelo también, pero no sé qué era lo que pasaba. No lograba sacar dinero, y lo poco que sacaba se lo mandaba a mis hijos. Incluso recuerdo días que solamente comía tortilla y un poco de arroz. Debido a esto, comencé a taxiar.

26:05 Empezaba a llevar gente del pueblo a la terminal y de la terminal al pueblo y en uno de aquellos viajes me encontré con una persona extraña en un principio. Este hombre venía al pueblo, decía que era foráneo. pero que venía acá precisamente a encontrarse con algunos otros familiares. En el camino fuimos hablando, y tal vez lo que me aquejaba ya era bastante, así que empecé a desahogarme con él. La empecé a contar de todas mis penurias y de cómo me sentía. Creo que este fue el peor error que yo pude haber cometido. No sé qué fue lo que pasó. Yo no soy propio de hacer esas cosas. De hecho, soy muy reservado. Pero le conté todo. Todo, absolutamente todo. Y es así como cuando llegamos al pueblo, él me invitó a su religión. Él me dijo que no era una religión convencional. Él me dijo que esta religión nos enseñaba a amarnos unos con nosotros. Que le rezaban a una especie de Dios diferente, pero que era muy complaciente. La verdad, yo al principio no lo tomé en serio. Yo soy católico, así que no pensaba cambiarme religión por nada. Pero al pasar los días y ver a este hombre de vez en cuando en la plaza, decidí ir a una misa que ellos dan. Al llegar al lugar, me sorprendí con que no era una capilla,

27:38 no era un templo, no era nada con lo que yo hubiera imaginado, era una simple casa. Era una casa de uno de los miembros, y me empezaron a explicar que sus reuniones, sus misas, las hacían cada día, o mejor dicho, cada noche, a final del día, en una casa de algún miembro diferente. No tenían un templo, no tenían un lugar específico, porque decían que ellos no creían en eso. Bueno, cada religión tiene sus reglas, así que no le vi nada de malo. La misa, Alex, más allá de unas extrañas oraciones que dijeron, se concentraba en hablar.

28:22 Y como yo era el nuevo, o tal vez como yo era el que iba algo pensativo, el que iba con ciertas dudas, casi toda la plática se centraba en mí. Yo empecé a decirles todos mis problemas nuevamente. Y cada uno de ellos era muy amable. Cada uno de ellos me dio consejos. yo pensé que estaba encontrando amigos cuando en verdad si te soy honesto años después me di cuenta que en verdad lo que me estaban haciendo era un lavado de cerebro me estaban diciendo palabras bonitas solamente para cuando yo estuviera bien adentro no pudiera echarme para atrás las reuniones continuaron y al pasar cerca de tres semanas este hombre me llevó a su casa o donde él se estaba quedando, justo en aquella misa, todo estuvo como que algunos pasos por encima, primero llevaron un animal, era un cordero, le quitaron la vida, y luego me dieron una parte del cordero, yo pensé que era para llevármela, tal es para coserla, o tal es para que me la cosieran ahí, pero no Alex, se la empezaron a comer cruda, yo ya me encontraba adentro, y todos me estaban viendo con ojos extraños, porque no comía el cordero, a regañadientes, y con algo de miedo, lo empecé a hacer,

29:54 solamente di como unos cuatro bocados, ya no pude más, Ellos dijeron que no había problema, que era la primera vez, y que seguramente después sería más participativo, porque todos participaron. Yo me negué cuando este borrego falleció. Esa noche llegué a mi casa y noté algo extraño. Ya no me sentí solo. Esa atmósfera solitaria que tenía mi casa ya no estaba ahí. Me sentía acompañado. Pero ese acompañamiento no me sentaba nada bien. Me sentía observado desde cualquier esquina a donde volteara. Sentía una presencia que me iba observando, vigilando en absolutamente todo momento. Cuando me desperté por la madrugada, vi una silueta ahí al pie de la cama observándome.

30:52 Era una silueta completamente oscura. Sus ojos solamente brillaban con la luz. yo me desperté de inmediato completamente acelerado fui a mi lámpara y encendí la luz aquella silueta ya no estaba los días siguientes ya no fui a las siguientes reuniones pero algo inexplicable empezó a suceder ahora aquella silueta no solamente era una eran varias yo veía varias siluetas varias personas que se movían en mi casa veía solamente espaldas por el rabío del ojo Veía personas que entraban a los cuartos, caminaban por los pasillos, pero yo al ir buscándolos, ya no los veía. Estaba tan seguro que esto no era obra de mi imaginación porque los veía claramente. Empecé a ir de nuevo a misa, a la católica. Empecé a rezar lo que podía. Le pedía mucho a Dios y le pedía perdón. por haberme involucrado con ese tipo de gente pasaron las semanas las apariciones continuaron hasta que en ese momento las personas de esta secta porque si no hay otro modo de llamarlo esta secta fueron a mi casa tocaron a mi puerta y me dijeron que saliera que me extrañaban que mi iniciación aún no estaba completa Obviamente yo me retracté, y ahí,

32:23 al pie de mi casa, manteniéndome siempre adentro, empezó a armarse un alboroto. Mis vecinos, que le doy tanta gracias a Dios de que éramos muy unidos, salieron. Aquellas personas que eran ocho o nueve, se tuvieron que retirar, porque mis vecinos estaban saliendo, ya con palos en la mano y machetes, solamente a correrlos, las sombras que veía en mi casa. Empezaron a aumentar para mi mala suerte. Empezaba a ver, y ahora no solamente ver, ahora estas sombras me tocaban. Sentía cómo se me recargaban en el hombro, cómo me abrazaban por detrás, cómo se acostaban a mi lado mientras yo estaba durmiendo. Ya no podía dormir en mi casa. Tuve que dormir en la iglesia. le pedí permiso al padre yo no quería meterme en otra casa pues sabía que tal vez aquellas cosas me seguirían al menos dentro de la iglesia estas no se presentaron pasaron los días y yo tomé la decisión de mudarme vendí mi terreno en aquel pueblo me vine con mis hijos y aquí con ayuda de ellos hicimos mancuerna compramos un terreno e ellos hicieron una casa Y yo hice solamente un pequeño cuarto para mí. Hoy te escribo esto. Y te puedo decir que, si bien anteriormente tenía un terreno extenso, tenía mi propia casa, ahora no me va tan mal.

33:55 Ya soy una persona de la tercera edad, pero me mantengo. Además, mis hijos me dan dinero y vivo cerca de ellos. La soledad ahora ya no es un problema y aquellas sombras, por suerte, dejaron de manifestarse. Esa fue mi experiencia con una secta, Alex. Espero te haya servido. Y si la sacas en tu canal, les mando saludos a toda la comunidad de La Cripta Embrujada. Mi nombre es Joel Anastasio.

34:42 Mi experiencia, la viví junto con mi compadre. Esta historia tiene aproximadamente algunos siete años, cuando en ese entonces yo y él aún vivíamos en nuestro pueblo. Casi era como de madrugada. Nos habíamos quedado en la parcela cerca de algunas cuatro o cinco horas más. Debido a que teníamos mucho trabajo acumulado... Y también teníamos uno que otro problema... Veníamos por aquel camino de terracería... Con monte a ambos lados... Era una costumbre para nosotros igualmente cada fin de semana... No teníamos miedo Alex... Y tampoco somos supersticiosos, así que...

35:25 No quiero que piensen que somos de las personas de los ranchos que... Creen brujas, fantasmas, leyendas... Para nada, nosotros no somos de... Ese tipo de personas... Por aquel camino solamente estábamos platicando acerca de nuestras familias... De los problemas que traíamos en aquel momento... Y de cómo nos había ido en las ventas... Y por aquel camino... en el que gobernaba una oscuridad absoluta. Solamente se escuchaba nuestra plática, el viento y los grillos.¿ Cuándo en eso que íbamos cabalgando cada uno en su caballo? vemos ahí a la lejanía... allá por donde se pierde el camino... que se va acercando una silueta... es una silueta también... más o menos grande...

36:10 y conforme pasan los minutos... y aquella silueta se va acercando... distinguimos que es un jinete... igual viene con su caballo... y él encima con un sombrero... pensamos tal vez que era algún... conocido del pueblo... pues allá todos nos conocemos... pero conforme se va acercando, vemos que viene en absoluto silencio, algo extraño, nosotros seguimos platicando, y en ese momento nos percatamos que los caballos que traíamos, se comportan de una manera muy extraña, o sea, empiezan como que a no querer caminar, empiezan como a ponerse nerviosos, Hacemos lo que podemos para que estos sigan, pero es notable que están nerviosos, que están asustados. Y estos caballos... Créeme, casi jamás se ponían así. Aquel jinete extraño casi estaba al borde de chocar con nosotros. E hizo un movimiento extraño porque obviamente si tú ves a dos personas que vienen a caballo y vienen platicando entre sí, obviamente tú pasas por un lado. Bueno, este jinete no lo hizo. Este jinete siguió adelante. Tanto así que pasó en medio de nosotros. Los caballos se hicieron a un lado y lo dejaron pasar. Y justamente cuando estaba pasando, en medio de nosotros, lo reconocimos. Aquel caballo estaba transportando a un viejo conocido, un viejito llamado Don Chencho. Don Chencho siempre traía ese característico sombrero y

37:44 esa característica chamarra que lo reconocía fácilmente a la distancia. Su cara, su barba, lo reconocimos inmediatamente. El caso aquí, Alex, el caso extraño, es que Don Chencho para ese momento llevaba de fallecido cerca de cinco años. Pero en aquel momento, en aquel instante, te puedo decir que esto no lo recordamos y no sé por qué. Tal vez fue un momento que nos agarró desprevenidos. No nos acordamos que Don Chencho para ese momento no estaba vivo. Entonces le hablamos. Le dijimos, Don Chencho,¿ para dónde va?¿ Y por qué va tan solo? Te digo, te repito, eran como la una de la madrugada. Don Chencho simplemente se detuvo, se volteó y nos saludó. Nos dijo que iba a ver a su madre, que al rato volvía al pueblo, pero que fuéramos con cuidado. Solamente lo saludamos, nos echamos unas risas y seguimos. Mira cómo son las cosas. No recordábamos que él había fallecido, pero recordábamos muy bien todas aquellas actitudes, aquellos hábitos que tenía Don Chencho. Y es que él siempre iba al cementerio a visitar a su madre. Y cada vez que iba al cementerio, siempre decía lo mismo.

39:01 Voy a ver a mi mamá. Obviamente la señora ya estaba enterrada. Y el camino, precisamente, llevaba al cementerio del pueblo. Pero pasaron como unos dos minutos cuando caímos en cuenta. Nos volteamos, como si al mismo tiempo nos hubiéramos dado cuenta los dos, y nos dijimos al instante. Don Chencho no está vivo. Cuando volteamos otra vez a ver el camino, que porque era recto, era más que obvio que teníamos que verlo ahí a la distancia pues no le habíamos dejado tanto tiempo como para perderlo de vista. Vimos que la silueta ya no se encontraba. Don Chencho había desaparecido.

39:42 Inmediatamente en ese momento Alex nos recorrió un escalofrío a los dos por todo el cuerpo y empezamos a galopar. Empezamos a hacer que los caballos corrieran y recordamos el instante en el que los caballos se ponían nerviosos. Era más que obvio que ellos estaban sintiendo algo. Ellos tenían miedo porque sabían que aquella noche no estábamos interactuando con algo terrenal. Esa noche vimos el fantasma de Don Chencho, que incluso en ese momento, a pesar de pasar los años, él seguía yendo al cementerio a visitar a su madre. Después de esta experiencia, Alex, tanto yo como mi compadre, No volvimos a quedarnos tantas horas en la parcela. Tan pronto eran las ocho o nueve pasadas. Decidíamos irnos. Teníamos miedo de volver a encontrarnos con Don Chencho. Hola, les y comunidad de la cripta. Quiero platicarles una experiencia que me sucedió a mi hermana y a mí. En aquel tiempo, tendríamos como entre 18 y 17 años, y desarrollábamos una actividad que

41:14 año con año hacíamos. Cuando era año nuevo, allá en nuestro pueblo, Se festejaba con muchos fuegos artificiales y también hacían, diferentes familias e incluso iglesias, muñecos como de paja, representando el año viejo. A este muñeco lo llenaban de fuegos artificiales y a veces pues simplemente de paja y lo quemaban. Lo hacían en diferentes claros o a veces en algunas plazas o arriba de los techos de las casas. Esto combinado con los fuegos artificiales, hacía que todo el escenario pareciera profundamente hermoso. Claro, tú solamente lo disfrutabas si estabas a una distancia adecuada para verlo. Cosa que yo y mi hermana siempre buscábamos año con año. No pasábamos exactamente las doce con mi familia. Yo y mi hermana agarrábamos ambas nuestros caballos. y nos íbamos a la punta de un cerro, era el más cercano del pueblo. Esto lo hacíamos año con año como ya expliqué, así que mis padres, en un principio si bien nos acompañaron, ya después no lo hacían, e incluso durante un tiempo, ambas fuimos con nuestros propios novios, pero en aquella noche estábamos solteras las dos.

42:36 y no quisimos que nadie nos acompañara, simplemente queríamos estar solas, así de paso en el camino, íbamos a platicar de algunas cosas que teníamos pendiente, problemas familiares como los que tiene cualquier familia, eran las 11.40, lo recuerdo muy bien, y estábamos entrando a aquel cerro, el camino de tierra, rodeado por árboles, y de vez en cuando un claro que nos permitía ver, allá a la lejanía como se veía el pueblo, todo iluminado, y cada cuanto se reventaba un fuego artificial, probablemente de algunos niños que nos esperaban. Íbamos cada uno en su caballo, simplemente platicando. Nosotros somos del pueblo, así que no teníamos miedo. Cuando en eso vemos que en la punta del cerro se encuentra algo, vemos luz, vemos algo que brilla allá a la distancia, Alex, Así que lo que suponemos es que ni vamos a pasar las olas aquella noche. Algún grupo de jóvenes, como ya nos había tocado algunas veces, a veces subían al cerro para encender pirotecnia, pero ellos por su lado y nosotros por el nuestro. Aunque a veces nos juntábamos, si esto era así entonces le íbamos a pasar todavía mejor. porque por lo regular son puros chicos jóvenes, tal vez de nuestra edad si teníamos suerte, continuamos galopando, cuando en eso vemos que ahora no es solamente una luz la que brilla,

44:07 sino varias, en un principio pensamos que tal vez se trataban de antorchas o algo parecido, se veían luces estáticas, como de fuego, No le prestamos atención y seguimos. Justamente en el último tramo, que nos quedaba poco para llegar a aquellas luces, volteamos hacia el pueblo y vimos que todos estaban accionando los fuegos artificiales. Al checar nuestra hora, ya eran en punto de las doce. Ya era año nuevo. Como nosotras estábamos embobadas viendo todo el espectáculo del pueblo, los caballos siguieron andando. y poco a poco fuimos acercándonos, para ese momento empezamos a escuchar risas y voces también, pero extrañamente solamente de mujeres, unas risas muy astruendosas y unos gritos también, pero no eran gritos de horror o de miedo, sino como de satisfacción, como si se estuvieran contando chistes, por esto mismo no le prestamos atención, pensamos que era algún grupo de chicas, Nosotros seguíamos viendo todo, todo el panorama del pueblo, los fuegos artificiales, y veíamos ahí a la lejanía los muñecos de paja que se estaban quemando. Cuando menos acordamos, ya estábamos llegando a la punta del cerro y nos dimos cuenta que lo que veíamos a lo lejos que estaba en la punta no eran antorchas, no eran fuegos artificiales, Es más, Alex, no

45:43 eran ni siquiera humanos. Lo que vimos fueron unas bolas de fuego que solamente estaban ahí, levitando en el aire, sin moverse. Nosotras quedamos estupefactas, quedamos petrificadas observándolas, las voces y las risas que escuchábamos. provenían de aquellas bolas aquellas figuras tenían voz inmediatamente pensamos que eran brujas era una leyenda que se contaba en el pueblo que a veces las brujas se convierten en bolas de fuego y están volando por los cerros e incluso por algunas casas donde los niños aún no se han bautizado. Pero yo siempre taché esto como un relato de terror, como una leyenda, como una historia que se le contaban a los más pequeños para infundirles miedo. Jamás pensé que lo vería con mis propios ojos. Tuvimos tan mala suerte aquella noche, que aquellas bolas empezaron a volar, y para nuestra mala suerte, en nuestra dirección. Rápidamente volteamos los caballos y empezamos a correr junto con ellos. Los caballos empezaron a correr, dirigiéndose hacia abajo del cerro. Nosotras estábamos gritando como locas, al menos en un principio, pero logramos centrarnos. Teníamos que bajar el cerro lo más rápido posible y solamente escuchaba las carcajadas.

47:10 Solamente escuchábamos como algo sobrevolaba encima de nosotras. Por suerte, no nos hicieron nada, solamente nos asustaron. Bajamos del cerro y llegamos a nuestra casa. Les explicamos a nuestros parientes, padres, tíos, lo que habíamos visto, con lo que nos habíamos encontrado. Mi abuela, que para ese tiempo aún estaba viva, nos curó de espanto pues, según varias personas, varios familiares, nos veíamos pálidas y con una mirada perdida. Poco a poco fuimos recobrando de nuevo el semblante y desde aquella noche no volvimos a subir al cerro. Aquella tradición que teníamos año con año terminó con aquella experiencia. Hola a todos, mi nombre es Diana Mondragón y les quiero contar una experiencia que viví cuando vivía en mi natal rancho, cuando aún estaban mis padres vivos y yo apenas era una chiquilla de algunos 14 años. En aquel tiempo yo era muy reservada Tenía mis amigos, también amigas, pero era un grupo selecto,

48:43 un grupo muy pequeño. De hecho, esas mismas amigas y amigos tenían grupos más grandes de más amigos, a los cuales yo no era incluida. No porque me hicieran el fuchi, sino es que simplemente no me hallaba jugando con personas las cuales no conocía. Siempre he sido así y hasta la fecha. Me cuesta trabajo confiar en las personas y me cuesta trabajo interactuar con estas. Es por eso que cuando vi a un pequeño niño solitario, me identifiqué de pronto. Verás, Alex, en aquel pueblo todo se conoce, y cuando una persona nueva llega, es más que notorio. En aquel tiempo había llegado una familia. Este niño era el único niño de la familia. y a veces se encontraba jugando solo en el recreo de la escuela, en la plaza o en el parque. Se notaba que no tenía amigos y era más que obvio porque era nuevo. Pensé que solamente era cuestión de algún tiempo, tal vez meses o años, para que se integrara a los demás niños ahí del pueblo, y pues que más temprano que tarde. andaría jugando con los demás pero esto no pasaba aquel chico siempre estaba solo ya iba para el año ahí y nadie se le acercaba excepto los adultos y uno que otro maestro

50:14 los niños no lo hacían Yo tenía cierta curiosidad por esto y empecé a preguntarles. Lo que me sorprendió fue que muchos dijeron que ese niño les daba miedo, que tenía un aura extraña y que no confiaban en él. Yo por otro lado lo vi con lástima. pensé que era un niño que solamente quería ser amigos y aunque era la primera vez que lo hacía fui con él y empecé a hablarle el niño era amigable era buena persona empezamos a hablar día tras día y se podría decir que al pasar algunos meses nos hicimos amigos aunque una tarde Cuando lo estaba buscando por el horario escolar, ahí por los pasillos de la escuela, me lo encontré.

51:04 Pero me lo encontré de una forma muy extraña. Aquel niño tenía un semblante diferente. Era como si su rostro hubiera cambiado. Tenía un aura depresiva. como si estuviera triste inmediatamente a mí también me puso triste el niño tenía como los ojos grises su piel era algo pálida como sin vida empezamos a hablar como cotidianamente lo hacíamos yo traté de hablarle bien pero éste rara vez me respondía me respondía a veces cortantemente sin intenciones de seguir con la plática yo entendí esto Tal vez estuve platicando con él un minuto, poco más, y ya me sentía profundamente triste cuando dejé de hablar con él. Seguí caminando, y justamente cuando estaba dando una vuelta al salón para salir al patio, me lo encontré de nuevo. Venía de frente corriendo, con una sonrisa, como si hubiera estado jugando. Entonces yo me quedé helada. Inmediatamente le dije,¿ Cómo es que estás aquí?

52:15 Si te vi allá atrás. El chico se me quedó viendo algo asombrado y me dijo, ¿No? Yo vengo de la cooperativa. Yo no estaba por allá. Inmediatamente ambos corrimos y nos quedamos observando el pasillo. Este se encontraba solitario, no había nadie. Y era raro que alguien anduviera por esa zona de los salones porque, en recreo, todos queríamos andar en el patio. Yo me asusté bastante. Y entonces el chico me vio y se puso serio. Me dijo, por favor, no dejes de ser mi amiga. Te encontraste con mi hermano. A veces algunos lo hacen y cuando se lo encuentran, dejan de hablarme. Yo no supe qué decir, estaba confundida con lo que me estaba diciendo, y después de aquello, empecé a platicar con más amigos míos, con esos escasos amigos que tenía. Ellos me dijeron que aquel muchacho les inspiraba miedo porque a la lejanía, cuando estaba en la plaza o en el monte... o caminando por un camino de terracería que son muy característicos de aquellos pueblos de antes, siempre decían que lo veían acompañado de otro niño que se parecía mucho a él, que vestía la misma ropa, el mismo peinado, incluso la misma cara.

53:38 Siempre veían a este niño cuando se encontraban lejos, cuando lo veían ahí a la distancia, pero curiosamente jamás se lo encontraban cuando estaban cerca de él. Algunos decían que este niño era acompañado por fantasmas, pues en algunas ocasiones... Veían que el niño que iba siempre al lado de él o atrás, iba flotando, como que cuidándolo. Yo estaba profundamente aterrada con esto, Alex. Y después, cuando fui a su casa, algunas semanas después, porque me encontraba con suficiente miedo para no ir a su casa en algunos días, su madre me contó que anteriormente este niño había tenido un hermano. Me lo contó porque obviamente ahí tenían fotografías, y yo pregunté, ya para este entonces tenía 15 años. La señora me dijo que había tenido un hermano gemelo, pero que hace aproximadamente un año y medio, máximo dos, había perdido la vida, y pues este chico todavía aún no lo superaba. De hecho, él le decía a su madre que su hermano todavía lo acompañaba, que lo veía todos los días y que incluso lo acompañaba cuando dormía. En ese momento Alex supe que lo que había visto era el espectro de aquel hermano. Aún estaba acompañándolo. El chico decía la verdad. Yo me disculpé con él, pero le

55:09 dije que no podía seguir acompañándolo. Le dije lo que había visto y que le tenía miedo. El otro chico solamente agachó la cabeza y me dijo que estaba bien, no podía creer lo que había visto, no podía creer la situación en la que estaba, pero pasaron los años y aquel muchacho y yo, nuevamente nuestros destinos se cruzaron, me dijo que había estado yendo al psicólogo. y que había aprendido a soltar a su hermano. Obviamente ya para este momento ya éramos adultos de 21 años. Estábamos en la universidad, yo me alegré por él, y por lo que restó de la carrera, tuvimos como una amistad algo cercana, a pesar de que me dijo que había ido al psicólogo.

55:56 yo sé que eso no era obra de su cabeza sabía que aquello era algo de verdad realmente lo seguía un espíritu porque yo lo pude ver de cerca e incluso pude platicar con él esa fue mi experiencia álex espero que la puedas compartir con tu comunidad El siguiente relato viene por parte de Claudia Berenice. Nunca me gustó hablar de esto, ni con mi familia, ni con mis amigos, ni siquiera conmigo misma. Pero hay noches en las que cierro los ojos y lo vuelvo a ver, a él, al que estaba sentado en medio del camino, y en ese momento recuerdo que lo que vimos esa noche fue real.

57:03 Tan real como la tierra seca del monte, o el sonido del motor de la camioneta vieja que usábamos. Alex, empezaré a contarte por el principio. Tenía 22 años cuando pasó. Mi hermano Emiliano y yo trabajábamos en el negocio familiar. Repartíamos alimento para caballo, alimento para cerdos, para gallinas y otras cosas que se necesitaban en los ranchos de por acá. Vivíamos en las afueras de un pueblito de Sonora, donde las luces se apagan temprano y el monte se traga cualquier ruido después de las nueve de la noche. Esa noche en particular estábamos regresando de nuestro último encargo. Ya habíamos dejado las pacas en un rancho casi a una hora del pueblo, y veníamos de regreso por un camino de terracería, que siempre me dio mala espina. El monte a los lados se veía más cerrado de lo normal, como si se nos viniera encima. Eran las once de la noche, y veníamos platicando como siempre. Emiliano bromeaba sobre cómo había tropezado con una cuerda y casi me caía al comedero. Yo le aventé una envoltura de barrita que había comido hace rato. Nos reímos. Era de esas veces que uno se siente a salvo, aunque esté rodeado de oscuridad.

58:29 Pero entonces lo vimos. Al dar la vuelta en una curva del camino, una de esas estrechas donde no hay espacio para rodear ni a un perro echado, ahí estaba, sentado justo en medio del camino de tierra, un hombre. Al principio pensé que estaba herido, o tal vez borracho. Estaba completamente desnudo y tenía la piel... No sé cómo explicarlo. Roja, como si éste se hubiera quemado, pero no con fuego, sino como si ese fuera su color natural. Un rojo oscuro, reseco, parecía que tenía costras por todo el cuerpo. Estaba sentado, con la espalda hacia nosotros, completamente inmóvil. Mi hermano frenó de golpe y dijo medio confundido,¿ y este cabrón? Tocó el claxon varias veces pero nada, el tipo no se movía ni siquiera un poco, ha de estar pedísimo, le dije aunque por dentro algo no me cuadraba. Emiliano, ya con la mano en la manija de la puerta, me dijo que se bajaría. Yo le advertí que no lo hiciera, con el corazón empezando a latirme muy rápido. Solo voy a decirle que se mueva, no le voy a decir nada más. Al final de cuentas, me convenció y se bajó.

59:58 Fue en ese momento que todo cambió. El hombre empezó a moverse, lento, como si lo acabaran de descongelar. Se fue alzando, vértebra por vértebra. Se puso de pie, y ahí fue cuando lo supimos. Eso no era un hombre. Medía más de dos metros. El cuerpo era huesudo pero fuerte, con músculos tensos como cables. Tenía la espalda ancha y las piernas largas, como si fueran de chivo, cuando se dio vuelta. Vi su cara, y todavía la veo cuando cierro los ojos. Era una cara grotesca, distorsionada. La piel le colgaba en algunos lados y los ojos le brillaban.

1:00:50 Pero lo peor fueron los cuernos. Unos cuernos cortos, pero ahí estaban. Dos pequeños cuernos negros saliéndole de la frente. Mi hermano se quedó paralizado por un segundo. Luego echó a correr y se subió a la camioneta.«¡ Reversa, reversa, reversa!» Puse la camioneta en reversa y empecé a maniobrar como podía. La camioneta temblaba con cada piedra, cada bache, pero no me importaba. La criatura no nos persiguió, solo se quedó ahí, de pie, viéndonos. Como si supiera que ya nos había marcado para siempre. Manejamos hasta la casa de mi tía, que vivía a unos 20 minutos del camino. nos bajamos temblando le pedimos que por favor llamar a nuestros padres que no podíamos regresar solos mis papás llegaron media hora después pero también venían pálidos mi papá venía manejando con la cara dura y mi mamá apenas podía hablar¿ también lo vieron?

1:02:02 les preguntó Emiliano pero no ellos no lo habían visto Lo que pasó fue que casi a la misma hora, un ranchero y su compadre, que venían por ese mismo camino, fueron atacados. El compadre llegó corriendo al pueblo, gritando que algo se había llevado a su amigo. Decía que una criatura los había emboscado, que ésta había salido del monte y se había llevado a su compadre, como si fuera un costal. La gente se organizó. Salieron con rifles, linternas, perros. Buscaron por toda la noche, pero no encontraron nada. El ranchero finalmente apareció, pero una semana después. Solo, descalzo, caminando por un arroyo seco. No hablaba, no comía, no respondía.

1:02:59 Tenía la mirada clavada en el vacío, como si hubiera visto algo que le arrancó el alma. Desde entonces se quedó así. Vive con su hermana. No sale, no trabaja, solo mira por la ventana. Después de eso, el camino quedó maldito. Nadie pasa por ahí de noche. Algunos dicen que lo que vimos fue un demonio. Otros, que era el mismísimo diablo caminando por el monte. Yo no sé qué era, pero lo vi. Sentí su presencia. El calor denso. El miedo seco. El olor a carne quemada. A veces me pregunto...¿ Por qué no nos atacó a nosotros?¿ Fue casualidad?¿ Fue suerte?¿ O tal vez, tal vez ya tenía a alguien más en mente? Esa fue mi experiencia. Gracias por compartirla, Alex.

1:04:13 Me llamo Julián Ortega, soy veterinario, y hace unos años decidí dejar la ciudad para empezar una vida más tranquila, en un pequeño pueblo de Coahuila, llamado El Mezquite. Llegué con la idea de abrir una clínica modesta. atender al ganado y a las mascotas de los vecinos y disfrutar del silencio de la provincia. No me imaginaba que una noche ese mismo silencio iba a llenarse de voces que no deberían existir. Había pasado un día caluroso, uno de esos en que el sol castiga sin piedad y el aire se siente como si uno respirara vapor. Cerré la veterinaria cerca de las ocho y me preparé para dormir temprano.

1:05:04 No había planes, no había ruido, solo el canto de los grillos y el zumbido lejano de los transformadores eléctricos. Me acababa de meter a la cama cuando en eso alguien tocó mi puerta. Eran golpes rápidos, insistentes, como si algo urgente estuviera pasando. Me levanté de inmediato. Me puse mi camisa encima de la pijama y abrí la puerta. Ahí estaban. Dos jóvenes, muchachos. Más bien, no tendrían más de quince años. Ambos estaban alterados, sudados, con las camisas pegadas al cuerpo y los ojos bien abiertos por el susto.« Señor, nuestro caballo se cayó. No se mueve». dijo uno de ellos jadeando, por favor, venga, está tirado en el camino, cerca del arroyo seco, no lo dudé, tomé mi maletín de urgencias, y nos subimos a la camioneta. Durante el trayecto, noté algo que me dejó inquieto. Los dos muchachos estaban increíblemente delgados. No como quienes exaltan un par de comidas, sino flacos de verdad, con los pómulos marcados, las manos huesudas.

1:06:30 Me pareció raro. Intenté conversar un poco,¿ Cómo se llama su caballo? Les pregunté. Morito respondió uno sin mucho ánimo.¿ Y sus padres?¿ Saben que salieron hasta acá a estas horas? Ambos se quedaron callados, se miraron entre sí, luego uno de ellos solamente miró por la ventana.«¿ Que acaso no viven con ustedes?», les pregunté yo.« No tenemos», dijo el más callado de los dos, casi en susurro. El camino de tierra era oscuro. pero recordaba más o menos la zona que describían. Cuando llegamos, los faros de la camioneta iluminaron el cuerpo del caballo tirado en el suelo, junto al sendero, así que rápidamente supuse que era ese. Bajé rápido, el animal respiraba, pero estaba muy débil, con espuma en la boca, tenía signos claros de deshidratación y golpe de calor.

1:07:36 Me arrodillé junto a él y comencé a administrarle líquidos con una jeringa grande que siempre llevo a todas partes. Además de aplicarle suero, vi a entravenosa. Mientras trabajaba, los chicos se quedaron parados a unos metros de ahí. En silencio, apenas y se movían. De vez en cuando me miraban, pero sin decir ni una sola palabra. No mostraban mucha emoción, ni desesperación, ni alivio. Solo estaban presentes. Lo que más me inquietaba era su aspecto. No solo la delgadez, sino la ropa. Llevaban pantalones rotos, camisas deshilachadas, como si nadie los cuidara. Como si vivieran solos.¿ Dónde viven ustedes? Muy lejos de aquí. Pregunté otra vez, pero hubo silencio. me puse de pie cuando el caballo empezó a reaccionar ya movía la cabeza y trataba de incorporarse pero estaba débil sabía que no iba a poder caminar por su cuenta así que decidí pedir ayuda voy a buscar a don casimiro les dije vive aquí cerca él tiene un remolque y me puede ayudar a mover el animal sin lastimarlo uno de los muchachos asintió en silencio Yo me subí a la camioneta y manejé hasta la casa de Casimiro,

1:09:06 a unos 10 minutos de ahí. Él era un viejo amigo, muy buena gente, y siempre estaba dispuesto a ayudarme. Cuando le conté lo que pasaba, no dudó en subirse conmigo y llevar el remolque. Salimos de inmediato, pero cuando volvimos al lugar, ya no había nadie. Ni rastro del caballo, ni huellas frescas, ni mucho menos de los dos muchachos. Nada. Nos bajamos con las linternas. Buscamos por todos lados. Llamamos en voz alta. Pero solamente había silencio absoluto. Solo el viento soplaba entre los arbustos. No puede ser. Aquí estaban.

1:09:51 El caballo apenas se podía mover. Casimiro me miró con una expresión seria. Muy seria.¿ Los viste? Me preguntó con la voz baja.¿ A quién? Pues a los niños. Asentí con la cabeza Casimiro se pasó la mano por la barba Como si ya supiera la respuesta Luego suspiró profundo Hace años Unos veinte o más Vivían unos niños por esta zona Huérfanos Nadie los cuidaba Comían lo que podían Y dormían al aire libre Tenían un caballo muy viejo Decían que era lo único que les quedaba Una noche como esta, en este mismo calor, el caballo se cayó.

1:10:40 Los niños lo esperaron ahí, sentados, sin saber qué hacer. Nadie vino, nadie los ayudó.¿ Y qué les pasó? Pues fallecieron ahí mismo. De hambre, de sed, el caballo también. Me quedé helado. Quise decir algo, pero no pude. Cada año, el mismo día, alguien los ve. Siempre alguien que todavía cree que puede ayudar. Creo que yo era ese alguien. El resto de la noche no pude dormir, Alex. Me quedé en casa de Casimiro, con la mente dando vueltas, pensando en los ojos de esos muchachos, en la tristeza contenida que llevaban. En su silencio, no volvió a verlos nunca más. Pero desde entonces, cada año, cuando llega la misma fecha, dejó agua y comida en aquel camino del arroyo.

1:11:41 Tal vez no les sirva, tal vez ya no están ahí, pero si por algún momento regresaran, al menos sabrán que alguien los recuerda, que alguien sí quiso ayudar, y que esta vez, aunque ya era tarde, alguien escuchó sus golpes en la puerta. La bruja del cerro. No sé si alguien me crea, pero lo voy a contar porque ya tengo mis años y, aunque muchos se rían, esa noche yo estuve ahí y yo sé lo que vi. Toda mi vida he vivido solo. Mi casita está a las afueras del pueblo, al pie de unos cerros donde casi no pasa nadie. Es tranquila la zona. Con decir que hasta los perros ladran por costumbre, no porque vean algo.

1:12:50 Desde que falleció mi vieja, yo me quedé en la casa y unos cuantos animales. Unas gallinas, tres chivos y un perro que le puse chivo. No me pregunten por qué. Mis hijos ya están en Monterrey. Me mandan algo de dinero cuando pueden, pero yo me las arreglo con lo que tengo. Hasta hace un tiempo, todo estaba en paz. Hasta aquella maldita noche. Me despertaron los chillidos de mis chivos. No era un alarido normal. Era como si estuvieran siendo mordidos o que algo les pasaba. Agarré el machete y salí con la lámpara de mano. No me gusta andar asustándome por cualquier cosa. Pero esa noche el aire estaba raro, pesado, frío.

1:13:44 Y entonces la vi. Una mujer estaba sentada arriba de uno de mis chivos. pero no era una mujer normal. Tenía la cara alargada, una sonrisa que le llegaba hasta las orejas, como si se burlara de mí. Su piel parecía de cenizas, y los ojos, no sé cómo explicarlo, eran como pozos, vacíos. Nada más me miraba, no se movía, solo me veía. y el chivo debajo de ella temblaba como si estuviera a punto de reventarse del miedo. Yo me le quedé viendo, machete en mano, esperando cualquier movimiento.

1:14:30 Entonces habló, vete de esta casa, viejo, o uno por uno, tus animalitos se van a ir. Así con esa voz chillona, burlona, como de una niña enojada. Luego se bajó del chivo, caminó lento hacia el monte y se perdió entre los arbustos. Yo me acerqué con el machete listo, pero no encontré rastro de nada, solo el chivo babeando del miedo. Desde esa noche, uno a uno, mis animales comenzaron a perder la vida. Primero una gallina, luego otra. Un chivo amaneció con el cuello prácticamente muy frágil. Ya no tenía vida.

1:15:22 Ni huellas, ni sangre. Como si alguien lo hubiera torcido con las manos. mi perro ladraba por las madrugadas pero cuando salía no había nada fui al pueblo a contar lo que pasaba algunos me miraban raro pero otros no tanto una señora me dijo don aurelio por las noches se ven bolas de fuego sobre los cerros y siempre agarran para el rumbo de su casa Son brujas, Don. Esas no avisan, y cuando lo hacen, es porque ya lo tienen marcado. Ahí me cayó el veinte, Alex. Esa mujer, esa cosa, era una bruja. Esa misma tarde me fui directo con el padre del pueblo. Le pedí agua bendita.

1:16:18 No me preguntó nada, solo me la dio. Esa noche rodé mi casa con sal, agua bendita, y me puse a rezar. No soy muy religioso, pero esa vez me aferré a cada palabra del Padre Nuestro. Puse cruces en las ventanas y dormí con una vela encendida. Pasó una noche, luego otra, y luego otra. Mis animales estaban bien, ni un susto. Ninguno de ellos falleció. Pero no todo volvió a la calma. Algunas madrugadas, al amanecer, encontraba marcas de manos pequeñas en la tierra, como si alguien hubiera caminado en cuatro patas alrededor del corral. Mi perro se quedaba llorando junto a la puerta, sin atreverse a ladrar. Una semana después, vi por última vez a esa mujer. Estaba parada al pie del cerro, observando mi casa desde lejos.

1:17:22 No se acercó, solo me levantó una mano y se fue metiendo entre el monte. Desde entonces nunca volvió, nunca supe su nombre. ni de dónde venía, pero los del pueblo decían que por esos rumbos vivía una bruja hace años y que desapareció. Aunque nadie sabe si de verdad se fue o sigue rondando con otra cara, yo me quedé. Sigo aquí, cuidando lo que es mío, con machete en mano y agua bendita cerca. Porque uno nunca sabe cuándo van a regresar esas cosas. Y créanme, existen. Hola a todos, mi nombre es María Salamanca, la experiencia que les quiero contar es una historia que me contó mi abuelo, esto le pasó hace muchos años ya, mi abuelo tenía la corta edad de 14 años cuando le sucedió esto y como todo joven de 14 años, estaba buscando ya una novia y Y esa novia era mi abuela. Ambos en ese tiempo tenían la misma edad. Mi abuelo trataba de hacer puntos para ganarse a la familia de mi abuela. O sea que ayudaba a su padre, ayudaba a su madre. Cada

1:18:53 que podía, claro. Era muy hacendoso y muy caballeroso enfrente de ellos. Tanto así que había agarrado la rutina de ir por mi abuela y por su madre, o sea mi bisabuela, a encontrarlas por el camino cuando ellas venían de la iglesia. Esto pasó en un pueblito, no había carreteras, no había autos ni siquiera. Luz eléctrica tan solo en unas cuantas partes contadas. Lo que se movía mucho eran las veladoras, en todas las casas, y también en ciertos caminos que eran alumbrados por estos faroles, que dentro de ellos había una veladora grande. mi abuelo siempre iba por ellas por eso de las 8 de la noche ya estaba oscuro le pedía prestado un caballo a mi padre y salía a galope para encontrarlas lo más rápido que pudiera y traerlas de nuevo al pueblo él acostumbraba a bajarse del caballo y como no dárselo a las damas para que ellas no caminaran él se venía abajo y ellas arriba Mientras iban platicando por todo el camino, Pasi resulta que aquel día, la noche anterior, había llovido a cántaros.

1:20:16 Y durante todo el día, si bien no había llovido como en la noche, había estado chispeando o pringando como se dicen en algunos estados. Era una lluvia tenue, pero que no paró en todo el día. Por lo que al ver que estaba pringando, mi abuelo se subió al caballo nuevamente a las 8, se despidió de sus padres y comenzó a galopar. rápidamente hasta aquel camino, con lo que él no contó, es que el río que se encontraba a un lado del camino, se había desbordado, antes de llegar a aquel punto, una gran parte del camino, estaba sumergida en el agua, y también se había deslavado, ciertas colinas, piedra y arena, habían tapado por completo el camino, a mi abuelo no le quedó de otra, que rodear todo eso él conocía muy bien el campo por lo que empezó a hacer cálculos bueno si recorro esta distancia puede que rodee todo este deslave toda esta inundación y pueda llegar con ellas más adelante como algunos 15 minutos mi abuelo confió en su destino y siguió galopando con su caballo Cuando él cree que rodeó lo suficiente, cuando él cree que ya se encontraba cerca o al menos en el punto, empieza a voltear a su alrededor. Él dice que aquella

1:21:46 noche estaba muy oscuro. Si de por sí, en aquel tiempo no había alumbrado en donde él estaba, en ese camino que él se encontraba, solamente tenía la luz de la luna. Aquella precisa noche, ni siquiera tenía la luz de la luna. Estaba todo nublado mientras las gotas caían. Las nubes opacaban por completo todo el panorama. Y pese a que a él, traía un farol de estos. Alumbraba alrededor, pero no alumbraba más allá de unos 4 o 5 metros. Estaba en la penumbra total. Él dice que se ubicó y se detuvo, porque él pareció ver aquel árbol que siempre veía cuando venía en camino con mi abuela y su madre.

1:22:38 Había un árbol muy característico, un árbol frondoso y grande, a un lado del camino. Él pareció verlo, por lo que él pensó en ese momento que era bueno quedarse en ese sitio. Estaba inundado todavía, pero a lo mejor ellas vendrían por ahí. Si bien no estaba tan inundado como otras partes, si él se bajaba, el agua le llegaba por debajo de la rodilla, así que sí estaba algo inundado, pero todavía era pasable. De pronto nota que su caballo... Actúa de manera rara... Empieza a mover la cabeza... A dar cabezazos... A relinchar... A ponerse nervioso... Mi abuelo como puede lo controla... Y entre todo ese alboroto que tenía con el caballo... El caballo impaciente... Se quería mover de aquel lugar... Empieza a ver dos figuras... Abajo del árbol...

1:23:38 Balanceándose de un lado hacia otro... Él en un principio pensó que se trataba de mi abuela y mi bisabuela, pero al prestarle más atención, vio que no se trataban de personas adultas, sino que se trataban de dos niños. Dos niños que se estaban columpiando, con dos columpios, en aquella rama del árbol. Y como si estos niños se hubieran dado cuenta que los estaban observando, ellos le preguntaron, Ignacio,¿ a quién buscas?, Mi abuelo estaba asustado, pero enseguida se calma, porque la habían llamado por su nombre, Ignacio. Posiblemente esos niños eran del pueblo, y como ahí casi todos se conocían, seguramente él por portar con el farol, lo podían ver sin ningún problema. Pero ellos, al estar en la oscuridad, mi abuelo no podía verlos. Solamente veía las sombras. Él les preguntó, chamacos,¿ no han visto a doña Fátima y a su hija? Las estoy buscando. Los niños no contestaron.

1:24:48 Continuaron meciéndose, como simplemente no importándoles la pregunta. Mi abuelo continuó gritándoles, pero esta vez preguntándoles,¿ con quién vienen? Eran chicos de algunos ocho años, siete años. Se subían al columpio e incluso sus piernas. No llegaban al suelo... Era obvio que esos niños no podían andar solos... Pero estos niños de igual manera... No contestaron, se quedaron callados... Continuaron balanceándose... En ese momento... Mi abuelo empieza a notar que cierta parte del caballo se siente extraña y al mirar hacia abajo, nota que las piernas traseras del caballo están más sumergidas en el agua de lo que deberían de estar. El caballo...

1:25:48 Poco a poco se estaba sumergiendo más y más, por lo que mi abuelo pensó en ese momento que tal vez la inundación estaba aflojando mucho la tierra y el caballo se estaba quedando atascado. Por esto mismo tal vez es que él estaba desesperado. Mi abuelo empieza a mirar por su alrededor. Y ve que precisamente a un lado de él hay como una montaña entre escombros, roca y tierra. Se ve que está maciza, por lo que sin pensarlo salta a ella para quitarle algo de peso al caballo y este no se siga hundiendo. Salta inmediatamente y cae justamente encima. De pronto empieza a improvisar,¿ qué puedo hacer?

1:26:36 Quiero sacar al caballo, no lo puedo dejar ahí. Empieza a meter su mano en el agua y curiosamente, algo que para ese momento no tenía sentido, pero agradeció mucho haberse lo encontrado. Una tabla, se notaba que ya estaba podrida, pero resistente, lo suficiente para sacarlo de aquel apuro. Por suerte, mi abuelo terminó sacando al caballo, y una vez que lo hizo, tomó la decisión de ir caminando lo más lento posible, tanteando el piso, para ir guiando al caballo por el camino correcto. Al cabo, si él sentía que se hundía, rápidamente podía quitar la pierna, el caballo no podía.

1:27:18 Pero tan solo él al meter una de sus botas en el agua y ésta llegarle por debajo de la rodilla, sintió inmediatamente como algo lo tomó y lo mantuvo en aquel lugar. Algo lo estaba apretando, algo lo sostenía del pie. Algo... No lo dejaba moverse... Él empezó a creer que tal vez era una víbora... Pero no podía ser esto... Tal vez algún mecate que había traído el agua... El caso es que estaba atorado con algo... Y después... Sintió que esto mismo... Lo tomaban por la otra pierna... Por debajo del agua no podía ver que era... Y fue en ese momento que él decidió... Simplemente... Poner el farol y engancharlo al caballo... Y él con sus manos empezó a tocar aquella cosa que lo sostenía. Mi abuelo entró en absoluto pánico cuando se dio cuenta que eran manos. Una mano lo estaba sosteniendo por cada pie y lo estaba sosteniendo fuerte. Era una mano dura, esqueletuda y no lo dejaba ir. mi abuelo no sabe qué es lo que hizo obviamente entró en pánico como ya dije empezó a moverse muy rápidamente empezó a gritar empezó a saltar con todas las fuerzas que él podía se enganchó al caballo y como pudo se subió a él él le dio

1:28:50 la orden al caballo para que volviera y corriendo lo más rápido posible al caballo le costó pero finalmente salieron de ahí mi abuelo llegó a su casa pálido totalmente asustado y mojado mi bisabuela fue lo vio lo trató y le preguntó que le había pasado pero él no podía hablar solamente tartamudeaba y le hacía con su dedo que viera sus piernas ya que durante todo el camino le ardían y le dolían Tanto su padre como su madre le alzaron su pantalón, le quitaron la bota y vieron en sus piernas, en sus pantorrillas, las marcas como de rasguños y también la marca de una mano en cada una de sus piernas. Era una marca roja. Todas estas marcas, al paso de los días, se convirtieron en moretones.

1:29:46 Y al paso de los días también, mi abuelo se dio cuenta en dónde realmente se había metido. Para empezar, mi abuela y mi bisabuela habían optado por quedarse en la iglesia y ellos esperaban que mi abuelo llegara hasta la iglesia y pues a él lo iban a entretener, ya que por eso de las 10 iba a pasar una carreta que los iba a llevar al pueblo. Mi abuelo me cuenta que iba a llegar hasta la iglesia, si no las veía por ahí, él iba a optar por seguir hasta la iglesia. Pero pasa y resulta que mi abuelo se había desviado mucho. Aquel árbol que usaba como referencia era el árbol equivocado. No se encontraba en el mismo sitio. Se había desorientado y había terminado justamente en el centro de un cementerio. Este cementerio no era oficial.

1:30:51 Este cementerio había sido usado por generaciones anteriores, pero sin papeles y nada de arreglos, e incluso las lápidas, o las tumbas, no eran como tales las de un cementerio. era solamente algunas cruces de madera, de madera ya podrida, y lo que hacían para diferenciar las tumbas, eran estas pequeñas montañas de tierra, junto con escombro y grava, piedras, para diferenciar una de otra, pequeños bultos con cruces, En aquel tiempo ya se encontraba otro cementerio, el cual ya se encontraba en el pueblo, pero aquellas tumbas, aquellos cuerpos no habían sido movidos, como expliqué anteriormente, fueron usados hace mucho tiempo por generaciones anteriores, por lo que aquellas generaciones de sus hijos ya no se encontraban en el pueblo, y precisamente en aquel árbol, el cual había confundido Se parecía al otro, pero en definitiva no era el mismo.

1:32:02 A los pies de este se encontraban las tumbas de dos niños jóvenes que habían perdido la vida hace ya muchos años, cuando había tormenta. Mi abuelo jamás volvió a salir del pueblo. Tenía miedo de desorientarse de nuevo y acabar en un lugar, el cual sería como aquel cementerio donde las manos de aquellos fallecidos salían de las tumbas.

1:32:52 El Diablo, en Semana Santa. A mis años ya no debería andar contando estas cosas, pero hay cosas que se clavan en el alma, y no se van, aunque rece toda la vida. Y eso fue lo que me pasó hace ya varios años, una noche de Semana Santa, que todavía me eriza la piel, no más de recordarla. Mi nombre es Tomasa, hola Alex y hola a toda tu comunidad, quisiera compartirles mi experiencia paranormal. Vivo en un ranchito, que está a las orillas del pueblo, cerca del panteón viejo.

1:33:34 Mis hijos ya se fueron a la ciudad, y aunque a veces vienen a verme, la mayor parte del tiempo estoy sola. Pero nunca le he tenido miedo a la soledad, hasta que vi al maligno con mis propios ojos. Era Jueves Santo. Había ido al centro a dejar unas veladoras a la iglesia y a traer unas cosas de la tienda. Me entretuve más de la cuenta platicando con unas vecinas y cuando me di cuenta ya era de noche. Como no había conseguido que irme de un aventón, agarré el camino de terracería que va bordeando los mezquites para regresar a mi casa. Ese camino siempre ha sido solitario pero me lo sé de memoria y nunca me había pasado nada, al menos hasta esa noche. Al principio solo sentí que el aire cambió, se puso más frío, como si algo hubiera apagado el calor del día. Y luego vino el silencio.

1:34:42 Un silencio de esos que duelen en los oídos. Ni los grillos sonaban. Fue entonces que lo vi. Venía caminando en dirección contraria a la mía. Por el mismo camino. Era un hombre alto, flaco, con un sombrero negro bien grande. Tenía una camisa blanca, pero vieja, como amarillenta. Caminaba lento, muy recto, como si flotara en vez de pisar. Lo saludé, porque así me habían enseñado. Buenas noches. Pero él no me respondió. pero eso sí se detuvo, se detuvo y me miró, y entonces yo sentí algo extraño, no pude explicar cómo, pero supe que no era un hombre, había algo en su cara, o más bien en la falta de ella, porque no tenía rasgos, era como una sombra con sombrero, pero los ojos, Dios mío, Los ojos sí estaban ahí, rojos, pequeños, como dos puntos rojos. Me quedé paralizada, no podía moverme ni rezar. La lengua se me pegó el paladar. Entonces ese hombre, o lo que fuera... Me habló.

1:36:09 Su voz era seca, como la tierra cuando no llueve.¿ No deberías andar sola en Semana Santa? Doña, yo siempre ando buscando almas como la tuya. Él me sonrió después de una manera tétrica. No fue una sonrisa amable, era una cosa torcida, maldita, como si le doliera sonreír porque lo disfrutara. Me temblaban las piernas. Después me dijo,«¿ Quiere que la acompañe a su casa?». Por un segundo, juro que vi como sus pies no tocaban el suelo. Eran patas, como de cabra. Pero solo por un instante pude percibirlas.

1:36:56 Fue ahí cuando pude reaccionar. Saqué del mandado el rosario que siempre cargo conmigo y lo levanté con la mano temblorosa. No dije nada, solo la levanté. Y el hombre se detuvo. Su sonrisa desapareció. Me miró con un odio tan profundo que pensé que me iba a arrancar el alma ahí mismo, pero no lo hizo. Solo se giró y se fue caminando hacia el monte, despacio, perdiéndose entre los árboles. Yo no supe ni cómo corrí. Llegué a mi casa con las piernas reventadas del cansancio. Esa noche no dormí. Rezaba una y otra y otra vez con el rosario apretado en la mano. Hasta que amaneció. Al día siguiente fui con el padre... Le conté lo que pasó... Él no se sorprendió mucho... Solo me dijo... El diablo anda suelto en Semana Santa... Doña Tomasa... Sobre todo cuando una anda sola...

1:38:02 Tenga cuidado... Desde entonces... No volví a salir después... De que se mete el sol... Menos en esas fechas... Y si algún día van caminando por un camino solo... Y ven a un hombre delgado con sombrero, que no tiene cara, pero lo mira con ojos rojos. No lo saluden, saquen su rosario y recen, porque hay cosas allá afuera que no perdonan. Aquella vez yo me encontré con el maligno. Gracias Alex, y espero que puedas compartir mi historia. No soy mucho de contar estas cosas, y espero que lo entiendas, Alex, porque la gente luego se burla o dice que uno anda inventando por andar desvelado, pero juro por lo que más quiero que esto me pasó. Me llamo Pedro, soy albañil desde que era muy joven. Y esto me ocurrió hace unos como ocho años, cuando estaba levantando una bodega en un terreno al final del ejido, pegado casi al monte.

1:39:29 Me había quedado más tarde de lo normal ese día, porque el patrón me ofreció un pago extra, si dejaba bien amontonado el material. Tabiques, costales de cal, varilla. Ya estaba todo oscuro cuando acabé. pero como traía mi caballo, no me preocupé, tomé mis cosas, me subí, y agarré el camino de terracería, de regreso al pueblo, ese camino lo conozco de ida y vuelta, pero de noche, se pone bravo, no hay ni una sola luz, no más el reflejo de la luna, si tiene suerte, y puro monte a ambos lados, denso, como si las ramas quisieran tragarse el camino. Iba ya a medio trayecto, escuchando sólo el trote de mi caballo y el viento entre los mezquites, cuando en eso veo una figura adelante. Venía caminando en dirección contraria a la mía, hacia mí directamente. De lejos se veía como un hombre, un campesino por la ropa, sombrero de palma, camisa abierta, pantalón de manta. Caminaba despacio, como si no tuviera prisa. No me alarmé. Por esos rumbos todavía se ve gente que camina, pues, por la noche.

1:40:57 Aunque es raro, cuando nos cruzamos, el tipo levantó la mano y dijo, buenas noches. Y yo le respondí, buenas noches, compa. Pasamos uno junto al otro, como si nada. Pero cuando ya lo había dejado atrás por unos pasos, algo me cayó como agua helada por la espalda.¿ Hacia dónde iba ese hombre? Por aquel camino. No hay nada. Sólo la construcción donde yo estaba, y más monte. No hay casas, ni veredas, ni ranchos. Volté inmediatamente, y ya no había nadie.

1:41:38 Ni rastro, ni sombra, ni sonido. Sólo el camino vacío, bañado por la luna. Aquel hombre había desaparecido como si se le hubiera tragado la tierra. El frío me agarró de golpe. Sentí que me apretaban el pecho con una mano invisible. Le pegué los talones al caballo y me fui galopando, como si el mismo diablo viniera siguiéndome. No paré hasta ver las primeras luces del pueblo. Esa noche no dormí, al día siguiente, cuando lo conté en la obra, uno de los más viejos me dijo, que acaso no te han contado del difunto Pascual, era un peón que falleció hace años ahí mismo, en una zanja de esa zona, dicen que todavía camina por las noches. como si éste todavía no se enterara que ya no está con nosotros, desde entonces Alex, no vuelvo a quedarme hasta la tarde en la obra, cuando el sol empieza a bajar, recojo mis cosas y me voy, porque ya sé que ese camino, cuando oscurece, no lo camina nomás la gente viva, Esa experiencia me enseñó que la próxima vez que vea una silueta así, siga de largo. Aunque me salude, esta vez no pienso voltear. Gracias por permitirme compartir mi historia, Alex.

1:43:13 Y saludos a toda la comunidad de la cripta embrujada.