Canasta de historias de terror Nuevas de MILITARES Y Animales en PUEBLOS / Vol.7
0:00 Sincronización Andrea Oroz Hola comunidad de la cripta embrujada, quiero contarles una experiencia paranormal que me sucedió en mi niñez. Mi nombre es Julieta Hernández y esta es mi historia. Cuando tenÃa 9 años, visité por primera vez la casa de mis abuelos. Me llevaba muy bien con ellos, y también ellos con mis padres. El problema es que mis abuelos vivÃan en su natal pueblo, un pueblo que quedaba retirado a horas de camino. Obviamente mis padres no me podÃan llevar, y esperaron unas vacaciones para poder llevarme. Mis abuelos me recibieron con mucho entusiasmo y mucho cariño. Ellos habÃan visitado nuestra casa innumerable de veces.
0:59 Yo siempre he tenido un problema, hasta hoy lo cargo, y es que siempre he sufrido de insomnio. Asà que por lo tanto, a lo largo de mi vida me empezaron a dar medicamentos, siempre procurando que fueran lo menos nocivos para mi salud. Al llegar al pueblo, a mis abuelos para nada les gustaba que yo consumiera ese tipo de medicamentos. Recuerdo muy bien que empezaron a conversar con mis padres y mi abuela les dijo... que habÃa ciertos tés que relajaban mucho, y como eran naturales, posiblemente eran mejores para mà que esas pÃldoras. Después de pensarlo un poco, mi madre dijo que sÃ, y yo empecé a tomarlos, al menos los tomarÃa durante mi estancia en la casa de mis abuelos. Yo empecé a tomar los tés, y durante los primeros dÃas pude conciliar el sueño de una manera completamente normal. un sueño muy profundo pero una noche no sé qué fue lo que pasó tal vez tomé té de menos o no sé no tomé la cantidad apropiada el caso es que me desperté a mitad de la noche y como era mitad de la noche Por eso de las 4 de la mañana, me empezó a dar hambre y me empezó a dar sed. A pesar de que la casa para mà era prácticamente una casa nueva, que solamente tenÃa dÃas de conocer, no sentà miedo. Me salà de mi habitación, abrà la puerta. y a pesar
2:32 de que casi no se veÃa nada, empecé a caminar. Cada vez mi vista se iba acoplando más y más a la oscuridad. No querÃa despertar a nadie, ya que no querÃa que mis padres se molestaran. Tan solo querÃa bajar al refrigerador, comer algo, tomar más té e irme a dormir. Bajé por las escaleras, unas escaleras de madera, asà que el rechinar de estas era muy pronunciado. TenÃa que ir lento para no ocasionar ningún ruido. En ese tipo de ranchos el único ruido que hay es el del viento y el de los grillos, y uno que otro animal que anda corriendo. Cuando llegué finalmente a la cocina, abrà el refrigerador, saqué algo de comida, saqué el té, y empecé a hacer lo mÃo, cuando en eso veo por las ventanas de la casa que algo se está moviendo afuera. La luz de la luna pegaba directo y esta misma luz podÃa dibujar un tipo de sombra de algo grande que se paseaba alrededor de la casa. Inmediatamente pensé que era un animal. La sombra era muy voluminosa y muy grande para ser un humano, pero también era demasiado grande para que fuera un borrego. o un animal de mediana altura. Una de las ventanas se encontraba abierta.
3:55 Yo estaba sentada en el comedor, y en eso veo que entra algo por esta ventana. Entró la cabeza de una vaca. Esta vaca tenÃa los ojos rojos, brillaban en la oscuridad, unos cuernos negros que brillaban. como si estuvieran pulidos como si estuvieran relucientes como si estos fueran cubridos con algún tipo de cera yo me le quedé viendo al animal y el animal se me quedó viendo a mà con esos pronunciados ojos rojos Me sostuvo la mirada tal vez por algunos 20 segundos, poco más de esto, e inmediatamente sacó la cabeza. Yo decidà volver. Metà todo de nuevo al refrigerador lo más rápido posible y caminé de una manera rápida para subir a mi habitación y cerrar la puerta inmediatamente. TenÃa miedo, pero también estaba sorprendida. No sabÃa muy bien cómo actuar en esa situación. Mientras iba subiendo, escuché atrás de mÃ.« Julieta, Julieta,¿ a dónde vas? Sal a jugar conmigo». Aquella voz era la de mi abuela.
5:06 VenÃa de afuera de la casa. A mà me empezó a entrar mucho miedo. SabÃa que mi abuela se encontraba en la habitación con mi abuelo y lo único que se encontraba afuera de la casa era aquella enorme vaca. Mis abuelos tenÃan animales, pero no tenÃan ninguna vaca. Ellos lo único que tenÃan eran pollos y gallinas, y uno que otro cerdo. Todo lo demás eran parcelas. Subà corriendo, y tal vez para asesorarme de que no me estaba equivocando, recuerdo muy bien... ir a la habitación de mis abuelos y abrir lentamente pero la puerta rechinó bastante o tal vez mis abuelos al ser personas de pueblo tienen el sueño muy liviano porque apenas iba abriendo media puerta Tanto mi abuelo como mi abuela se despertaron y se dieron la levantada. Me vieron ahà e inmediatamente fueron conmigo y me preguntaron que qué era lo que habÃa pasado, que si tenÃa problemas de sueño otra vez. Yo solamente les dije que habÃa tenido una pesadilla y que buscaba dormir con alguien. Ellos inmediatamente me cargaron, me hicieron un lugar en medio de ellos y ahà dormà toda la noche.
6:22 Las siguientes noches, hasta que me fui de la casa de mis abuelos, dormà en aquella cama con ellos, ellos felices, mientras más pasaban tiempo conmigo mejor, pero yo nunca olvido aquella noche. Cuando le conté esto a mi madre, ella me dijo que también habÃa vivido algunas experiencias que la habÃan dejado muy perturbada en aquel rancho. Quisiera compartirte a continuación una experiencia de mi madre. Bueno, la historia de mi madre es la siguiente. Cuando ella vivÃa con mis abuelos, ocurrió un accidente. Ella tendrÃa por eso de algunos 17 años TodavÃa estaba estudiando una carrera Mis abuelos la estaban ayudando a esto Antes de irse a la universidad Mi abuela Era la que se levantaba Y hacÃa el desayuno para los tres Y después despedÃa a mi madre Y despedÃa al abuelo Mi madre se iba a la escuela Y mi abuelo al trabajo Este accidente le habÃa pasado a la abuela Se habÃa quemado Y se habÃa caÃdo El doctor le habÃa mandado a tener reposo total. Básicamente, que
7:56 no se levantara de la cama más que para ir al baño. Mi madre y mi abuelo entendieron esto. Cada comida y cada cena lo hacÃan en la cama, traÃan una mesa y la acompañaban. Pero en la mañana, en la madrugada... mi abuela debido a todas las pÃldoras pues se quedaba dormida ya no los acompañaba levantándose entonces mi madre asumió el papel de mi abuela se empezó a levantar más temprano del usual y empezó a prender las luces empezaba a cocinar y cuando mi abuelo se levantaba para prepararse para ir al trabajo mi madre le servÃa su desayuno y asà consecutivamente Llegó una ocasión En que mi madre se levantó Fue a la cocina Y vio que ya no habÃa granos de café También faltaban algunas cosas Ella decidió salir al patio Ahà tenÃan granos También a recoger unas hojas de albácar Y unos chiles para hacer una salsa Cuando mi madre se encontraba Recogiendo todo esto Ahà entre las plantas que ellos tenÃan Observó algo Algo que se movÃa en la oscuridad Recordemos que a las 5 de la mañana, en pleno horario de verano, todavÃa es de noche, todavÃa no sale el sol, entonces mi madre básicamente no tenÃa nada de luz, pero aún pudo verlo.
9:22 Ella vio como dos cuernos y unos ojos rojos se movÃan entre el monte y la observaban a la distancia. Debido a los cuernos y a la cara de lo que podÃa ver ella en ese momento, pensó que era un chivo, un chivo que se estaba acercando. Ella sabÃa que su familia no tenÃa ese clase de animales, asà que se empezó a poner nerviosa. Ella sabÃa que los chivos pueden ser agresivos si los provocas o huyes de ellos, asà que ella solamente se quedó parada, esperando que el animal simplemente pasara de ella y se fuera. Pero esto no ocurrió, el animal se seguÃa acercando entre el monte.
10:08 Vuelvo y repito, solamente mi madre podÃa ver la cabeza de este animal y podÃa ver como esos ojos grandes y rojos resaltaban. Mi madre se puso cada vez más nerviosa. Y ella cuenta que desenredó una bufanda que ella tenÃa. La portaba rodeando su cuello para resguardarse del frÃo en la madrugada. Después la agarró con su mano y empezó a moverla como para espantar al animal. Pero esto no ocurrió. No resultó como ella esperaba. El animal no se fue. Al contrario, se acercó un poco más, esta vez de una manera más rápida. Y cuando estaban tal vez como a unos tres metros de distancia, el animal se levantó.
10:55 Y mi madre cuenta que lo que observó no fue el cuerpo de un animal hirguiéndose, fue el cuerpo de un humano. Aquella cabra tenÃa el cuerpo de un hombre. ParecÃa que solamente estaba agazapada y de esa manera se movÃa, pero era un hombre, o al menos un hombre, con partes de animal. Mi madre en ese momento se dio la media vuelta y se fue corriendo, pegando gritos, llamando a mi abuelo. Mi abuelo, que se encontraba ya en la sala, salió inmediatamente de la casa y le preguntó qué era lo que pasaba, y mi madre le dijo que habÃa un monstruo ahà entre el monte. Mi abuelo siempre contó que esto era cierto porque cuando él levantó la mirada y vio entre el monte, él pudo ver una sombra alejándose, corriendo. Ãl inmediatamente pensó que tal vez era algún tipo de pervertido. Metió a mi madre y sacó un machete y salió en busca de aquella cosa.
11:59 No la encontró. Pero el abuelo cuenta también que por el camino empezó a escuchar como alguien le hablaba, lo peor de esto es que escuchaba la voz de su tÃo, su tÃo para ese entonces llevaba décadas fallecido, entonces no podÃa ser él. En ese momento el abuelo Decidió volver Pues sabÃa que con lo que estaba lidiando No era un ser humano Era otra cosa Otra cosa que superaba el entendimiento Volvió a la casa Y le dijo a mi madre Cuando te despiertes No salgas sola despiértame a mà yo salgo por lo que haga falta pero tú ya no salgas al menos hasta que ya amanezca mi madre siguió esto cada vez que se levantaba procuraba levantar al abuelo aunque claro esto solamente sucedió en unas contadas ocasiones ya que por lo regular siempre el abuelo se levantaba antes todo para proteger a su hija en aquel tiempo los terrenos de los abuelos no se encontraban cercados, apenas tenÃan algunos cercos de madera, muy pequeños, muy bajos, y fue por este mismo motivo, por el que empezaron a meterle bloc, y de esa manera acercar todo, mi madre no olvida esta experiencia, y fue una de las razones, por las cuales, siempre se ponÃa nerviosa, al ir de nuevo, al rancho de los abuelos,
13:42 Gracias por ver el video. Hola comunidad mi nombre es Luis Gerardo. Quiero contarles una experiencia que me sucedió a mà y a mis dos hermanos. En aquel tiempo todavÃa vivÃamos con nuestros padres. Nosotros tres tenemos la misma edad. Nacimos al mismo tiempo. Entonces éramos muy unidos. Nuestros padres empezaron a enseñarnos el labor de trabajar en el campo. A muy temprana edad lo hicieron, por eso de los 16 años, 15 años, nosotros ya sabÃamos absolutamente todo, desde simbrar, criar ganado, comerciar, etc. Siempre después de la escuela nos Ãbamos con nuestro padre a trabajar. por lo tanto ya nos creÃamos adultos y querÃamos hacer cosas de adultos tales como tomar cerveza recuerdo que nos escondÃamos compramos cerveza a un señor que nos cubrÃa en la tienda y nos la tomamos escondidas tenÃamos que guardarla muy bien en unas bolsas negras obviamente en la tienda no podÃamos tomar Necesitábamos escondernos, ya sea atrás de un árbol, ya sea en una casa deshabitada. El caso era hacer cosas para mayores, o
15:15 lo que nosotros creÃamos, tontamente en aquel momento, cosas de mayores. Recuerdo que venÃamos de haber comprado unas cervezas. Cada quien venÃa en su burro. No tenÃamos caballo, pero tenÃamos burro. Uno para cada quien. Vimos una casa abandonada. Esa casa tenÃa años que nadie la habitaba. Estaba en medio del monte. El techo se encontraba con hoyos. La pintura se habÃa caÃdo. La madera estaba podrida. No habÃa puertas ni ventanas tampoco. Era el lugar perfecto. Fuimos ahà y echamos un vistazo primero. No vimos nada. No habÃa muebles. No habÃa ninguna pertenencia.
16:00 ParecÃa ser que todo se lo habÃan llevado. Excepto por un armario que se encontraba en donde se deberÃa encontrar la sala. Se encontraba en una esquina. Ahà cerrado completamente con un candado. Este armario también se veÃa viejo. La madera se veÃa muy podrida y con hoyos hacia adentro. No hoyos grandes, hoyos como los que proporcionarÃan las termitas. Rápidamente el checar que no habÃa nadie y que no habÃa grafitis y tampoco basura. Eso quiere decir que tampoco nadie se metÃa ahà con regularidad. Decidimos llevar a los burros atrás de la casa, amarrarlos ahà y nosotros meternos.
16:45 HabÃamos comprado cerveza y habÃamos comprado botana. Nos sentamos, bebimos y también comimos. para nosotros era el placer del dÃa después de estar trabajando obviamente tenÃamos que ponernos muy vivos que nadie nos viera porque si un vecino nos veÃa podrÃa jurar que le dirÃa inmediatamente a nuestros padres si no es que este mismo vecino nos jalaba y nos llevaba hasta nuestra casa asà eran antes las cosas por suerte esto no pasó Pero mientras estuvimos adentro de la casa, bebiendo, riendo, comiendo, Notamos un ruido que venÃa desde adentro de aquel armario.
17:31 Un ruido muy extraño, como golpes desde adentro. También como si alguien se arrastrara. Obviamente no pensábamos que era una persona. Inmediatamente cuando escuchamos estos ruidos, hablamos. Preguntamos quién anda ahÃ, quién está metido. Al momento que nosotros dijimos esto, los ruidos cesaron. Asà que por lo tanto inmediatamente pensamos que lo que se encontraba allá dentro no era otra cosa que un animal. Un animal pequeño, tal vez una zarigüeya o tlacuache como en algunos lugares se les conoce, o tal vez una liebre, o tal vez algo más pequeño, algo que habÃa escogido como madriguera aquel armario. Como en ese momento venÃamos cansados, no querÃamos lidiar con animales, simplemente nos quedamos sentados, haciendo lo nuestro. Nadie se levantó, ni siquiera a ver por alguna de las aberturas de aquel armario.
18:30 Al dÃa siguiente recuerdo que tenÃamos una fiesta, y a esta fiesta iban a ir unas amigas, de las cuales también sus padres eran muy estrictos. fuimos a este baile y nos vinimos algo temprano tanto asà que por el camino nos surgió la idea de fumar ellas al igual que nosotros querÃamos hacer este tipo de cosas fumar, tomar cerveza cosas que creÃamos que solamente los adultos hacÃan de camino de regreso nos encontramos nuevamente con aquella casa y les dijimos a nuestras amigas miren ahà adentro Si pasa alguien no nos ve.¿ Qué tal si vamos ahà adentro y fumamos un poco? Ellas aceptaron. Nosotros inmediatamente nos metimos.
19:20 Una vez que estuvimos adentro platicando, mi hermano mayor tuvo la idea de espantarlas. Se acercó aquel armario, el cual no habÃa hecho ningún ruido en toda nuestra estancia, y le dio una pequeña patada a este, muy disimuladamente, y escuchó golpes, inmediatamente golpes que venÃan desde adentro, golpes fuertes, el candado que tenÃa esta puerta se notaba que era viejo, y alguien fácilmente lo podÃa arrancar cosa que mi hermano hizo él pensaba que serÃa muy gracioso espantar a las chicas con aquel pequeño animal que se alojaba en el armario asà que después de escuchar aquellos golpes todos volteamos mi hermano inmediatamente gritó y abrió la puerta todos gritamos también y dimos un salto Pero de adentro nada salió.
20:15 Todo estaba oscuro, no podÃamos ver nada. No se escuchaban ni siquiera las garras de algún tlacuache o de alguna zarigüeya. Inmediatamente las chicas le empezaron a gritar.«¿ Pero tú eres cretino o qué te pasa?¿ Por qué gritas?¿ Por qué nos espantas?» Y empezó a apuntar hacia adentro del armario. No encontramos animales. Lo que encontramos fueron huesos, huesos humanos. Estos huesos estaban completos y estaban en una posición que nos dejó muy perturbados que... Siéndote sincero, aún hasta hoy, tengo pesadillas recordándolo. Estaban en posición fetal, y también tenÃa una especie de cosa viscosa rodeándolos, que yo creo era la descomposición. Era como si estos huesos y esa cosa que los rodeaba estuviera unida también al armario. Estaba en una pose como si fuera un hombre, ahà sentado en la oscuridad, adentro del armario, como si hubiera estado amarrado, o como si éste hubiera estado oculto. Inmediatamente todo adentro de la casa empezó a llenarse de un aroma muy feo, muy fétido, muy repugnante. Tuvimos que salir. Gritamos, obviamente Ãbamos muy asustados, jamás habÃamos visto tal cosa. fuimos con nuestros
21:48 padres y les contamos todo inmediatamente no solamente mis padres sino varios vecinos del pueblo vinieron a ver aquella casa habÃa algunos restos de ropa y también de calzado pertenecÃan a una persona que habÃa desaparecido ahà en el pueblo y lo que dijeron Es que precisamente aquellos restos, esos huesos, llevaban años encerrados ahÃ. Muy probablemente desde el dÃa en que aquella persona desapareció. Nunca cedió con el responsable de esto. Jamás cedió con la respuesta sobre qué le habÃa pasado a esta persona. Si es que él voluntariamente se habÃa metido...
22:30 O alguien lo habÃa hecho... Que era lo más congruente... Pues hasta le habÃan puesto un candado... No me puedo imaginar... Si tal vez... Esta persona fue... Metida ahÃ... Con vida... Y sin poder salir... Nos quedó claro que aquellos golpes... No los propiciaba ningún animal... Nos quedó claro que aquellos golpes los hacÃa aquel cadáver, tal vez de alguna manera tratando de llamar nuestra atención para que descubriéramos en dónde habÃa pasado sus últimos momentos de vida. Gracias por ver el video. Hola Alex y hola comunidad de la cripta embrujada mi nombre es Héctor Buenavista quiero contarles una experiencia que le sucedió a mi hermano y a mà cuando tendrÃamos como unos 19 años en aquel entonces estábamos empezando nuestro propio negocio éramos personas de pueblo Entonces nuestro padre nos habÃa enseñado todo el labor que se hacÃa con el ganado y con demás cosas. Nosotros sabÃamos muy bien cómo
24:01 criar cerdos, criar pollos, criar vacas y lo más importante, hacer de esto un modelo de negocio. Si bien nuestro padre nos iba a heredar mucho ganado, Nosotros querÃamos empezar a emprender con nuestros propios animales y fue asà que como entre nosotros dos empezamos a poner dinero, fuimos juntándolo y fuimos comprando cada vez más y más animales. Comprábamos animales pequeños para después alimentarlos y poder comerciar con ellos. Nos llevamos muy bien con un viejo del pueblo. Este viejo tenÃa muchos animales, y la gran mayorÃa de los animales que tenÃamos nosotros, él mismo nos los habÃan vendido, obviamente pequeños. El caso es que este viejo iba a hacer una subasta. iba a tener animales de grandes proporciones en remate esto porque iba a vender algunas tierras y tenÃa que deshacerse de algunos animales la subasta iba a ser en fin de semana nosotros nos dimos cuenta exactamente el viernes y el sábado por la mañana empezaré la subasta con todas esas reses y todos esos puercos también caballos yo lo llamé por teléfono él contestó afortunadamente estaba en su casa Le dije que me diera chance, que me permitiera ver los animales antes, porque querÃa comprar uno, y que si no era mucho pedir, pues que me
25:33 lo dejara barato. TenÃamos una muy buena amistad y lo habÃamos ayudado muchas veces. incluso sin cobrarle, asà que el viejo nos dijo que sÃ, pero que fuéramos en la noche, pues los animales ya estaban listos, no podÃa sacar ninguno, y por lo regular las personas que van llegando les van echando ojos, si nos interesaba algún animal, tenÃamos que ir por él en ese momento, nosotros fuimos, nos subimos en la camioneta, y conducimos hasta su rancho, eran como las 11 de la noche cuando llegamos, y en lo que seleccionamos los animales, pues nos tardamos tal vez como una media hora, cuando estábamos viendo los cerdos, que era lo que más nos interesaba en ese momento, observamos que habÃan bastantes, de diferentes tamaños, pero eso sÃ, todos enormes, yo vi uno que me pareció muy extraño, Mientras que todos los cerdos se encontraban moviéndose de un lugar al otro, algunos recostados porque era de noche, otros pidiendo comida, este cerdo solamente se encontraba parado, de frente a nosotros, observándonos. Nos habÃa clavado la mirada desde que habÃamos entrado. El cerdo solamente se nos quedaba viendo, y yo te juro que pude verlo sonreÃr. Aquel cerdo nos sonreÃa y nos observaba.
26:58 Nada le interesaba más que mi hermano y yo. Aquel cerdo era voluminoso y mi hermano lo quiso. Yo le dije que mejor otro. No sé, no soy supersticioso ni soy creyente en fantasmas o en vibras, pero en aquel momento fue la primera vez que sentà en mi vida que algo malo iba a pasar si nos llevábamos aquel animal. El condenado animal solamente sonreÃa y parecÃa ser que solamente yo captaba esto. Sacaron a aquel animal y lo curioso es que este no tenÃa número, tampoco estaba registrado. Todos en el rancho llevan un conteo minucioso de todo su ganado.
27:41 ParecÃa que aquel cerdo no existÃa. No lo habÃan contabilizado, no traÃa un número y ni siquiera estaba marcado. El viejo a que le Ãbamos a comprar pues se extrañó de esto, ya que debido a esta contabilidad sabÃan cuánto pesaba y sabÃan cuánto valÃa. Asà que el viejo decidió vendérnoslo a un precio casi regalado. Tanto asà que decidimos comprar otro. Llevábamos dos cerdos enormes en la camioneta, a los cuales les Ãbamos a sacar algo de dinero. Lo complicado empezó cuando tuvimos que subirlos. El cerdo que estaba marcado, y que era normal, podremos decir entre comillas, subió sin hacer escándalo, pero el otro, el otro se movÃa extraño y nos tiraba mordidas. era como un cerdo salvaje hasta ese momento mi hermano vio que este cerdo sonreÃa cuando el viejo se fue y nosotros nos dispusimos a conducir de regreso recuerdo que mi hermano me dijo oye el cerdo como que está sonriendo yo escuché como que se reÃa en ese momento yo le dije que si que yo lo habÃa visto incluso antes de elegirlo para llevarnoslo de hecho por esto mismo no lo querÃa Intentamos no pensar en eso. Pensamos que solamente eran coincidencias. Pero por el camino, la camioneta empezó a temblar. Algo de grandes
29:14 proporciones estaba haciendo que bailara de un lado al otro. Y pese a que mi hermano trató de reducir la velocidad, esto no fue eficiente. La camioneta se terminó volcando. Yo terminé cayendo en el monte, salà por una ventana, desperté y vi a la camioneta volteada y vi a mi hermano tirado ahà más adelante. ParecÃa que estaba inconsciente. Nosotros nunca usábamos el cinturón de seguridad. Pensábamos que no era necesario. Desde aquella ocasión vimos que sÃ. Los dos habÃamos salido volando. Me dolÃa mucho el cuerpo y tenÃa una jaqueca. que tan solo de acordarme me duele la cabeza, en ese momento pude ver aquel cerdo, el cerdo que habÃamos escogido estaba devorando al otro, y el otro cerdo chillaba de una manera aberrante, después de hacer esto este condenado animal me observó y riéndose a carcajadas corrió por todo el pavimento hasta perderse más adelante por aquel camino pasaron más personas para nuestra suerte y como en los pueblos todos nos conocemos y absolutamente todos nos pasamos el dato inmediatamente nos reconocieron nos ayudaron nos levantaron y afortunadamente no tenÃamos nada roto solamente eran golpes y raspaduras menores pero el cuerpo de aquel cerdo que se encontraba tirado en el
30:48 asfalto era horroroso parecÃa como si hubiera sido atacado por un animal salvaje de grandes proporciones como un oso, como un león. Resultaba increÃble que esas mordeduras y rasgaduras los hubiera hecho otro cerdo. Nosotros le contamos lo que habÃamos visto a nuestras familias y nos creyeron, con cierta extrañeza, pero nos creyeron. Pero al paso del tiempo no tuvieron de otra que creernos, porque varios pobladores dijeron que por ese camino un cerdo del demonio se aparecÃa, los hacÃa salir del camino, a otras personas los correteaba. El caso era que un animal siniestro con forma de cerdo acechaba por aquel kilómetro. Poco a poco aquellas historias fueron cada vez menos y menos, pero durante un tiempo, aquel animal sembró el miedo en aquella carretera. Mi hermano y yo sabemos muy bien que lo que transportamos aquella noche no era un animal, era otra cosa, una bestia siniestra salida desde el mismo infierno. Hola, saludos Alex. Mi nombre es
32:28 Teodoro López. Y quiero contarles una experiencia que vivà cuando aún estaba con mis padres. Esto sucedió hace ya muchos años. Yo tenÃa 20 en aquel entonces. Trabajaba con mi padre en la simbra. Nos levantábamos temprano todos los dÃas para ir a trabajar. Mi madre nos despedÃa. Y salÃamos incluso antes de que amaneciera. Todos los jueves, sin excepción, cuando salÃamos. Siempre percibÃamos un olor feo en la calle, un olor fétido, en algunas ocasiones más penetrantes que otras, pero esto tenÃa una explicación lógica. El hombre que recogÃa la basura lo hacÃa durante la madrugada, y lo hacÃa por placer, cada habitante le dejaba algo de dinero. Este hombre era muy querido en el pueblo, era un hombre ya anciano, el cual se encontraba pensionado pues habÃa servido al ejército. Pero porque querÃa desempeñarse haciendo algo, decidió recoger la basura, decidió enfocarse en su ganado y asà mantenerse distraÃdo. Recuerdo que él y mi padre a veces festejaban y todos los jueves sin excepción, a pesar de que estuviera lloviendo, pasaba y recogÃa la basura de todas y cada una de las casas. Lo hacÃa en una carreta vieja que tenÃa.
33:50 como la basura estaba ahà puesta desde hace una semana con el sol con las lluvias a veces expedÃa un olor grotesco y como este señor no la llevaba tapada ni nada de eso al momento de que pasaba y recogÃa y seguÃa con su camino pues dejaba ese olor que se iba disipando conforme pasaban los minutos Ãl siempre pasaba enfrente de nuestra casa por eso de las 4 de la mañana, nosotros salÃamos por eso de las 4.50, 4 y media, entonces todavÃa podÃamos olerlo. El caso es que pasan los años y este hombre fallece, fallece de causas naturales. Y obviamente se busca a alguien más que pueda recoger la basura en el pueblo y sacarla hasta la carretera. En aquel momento no existÃa un servicio público que se encargara de esto. Se decidió por un vecino el cual tenÃa un camión de remolque. Pero él pasaba por la basura todas las tardes, no en la madrugada, como lo hacÃa el otro anciano. Ãl lo hacÃa en ese horario porque no estorbaba con las actividades. El caso es, Alex, que a pesar de que ese hombre habÃa fallecido, y a pesar de que todas las tardes se recogÃa la basura, el jueves en la mañana, en la madrugada cuando nosotros salÃamos...
35:10 Siempre percibÃamos ese olor caracterÃstico, ese olor a basura, a putrefacción, como si aquel anciano recién acabara de pasar. Se nos hacÃa extraño a mi padre y a mÃ. Mi padre me quiso explicar que a lo mejor el otro señor que acababa de entrar a limpiar la basura seguramente habÃa pasado durante la madrugada, pero esto no era posible. Aquel hombre trabajaba muy temprano, Y por eso trabajaba en la basura durante las tardes. Entonces no tenÃa mucha lógica. Lo dejamos pasar, tal vez eran coincidencias. Pero la semana siguiente, en un dÃa jueves, por la madrugada, de nueva cuenta, captamos ese aroma. Ese aroma putrefacto, el cual gobernaba la calle.
36:00 Inmediatamente mi padre me dijo que tal vez alguien estaba sacando la basura aquella hora. Pero esto no tenÃa sentido, nadie estaba con la basura en ese momento. Por curiosidad, yo me levanté la siguiente semana todavÃa más temprano, por eso de las tres y media salà a la sala, a la cocina y me preparé un café. QuerÃa saber quién era el que dejaba aquel olor. Ese olor tan nauseabundo que pensamos que habÃa quedado atrás. Alcé las cortinas y me quedé viendo hacia la calle. Salà momentáneamente y capté que en ese momento el olor aún no se hacÃa presente. Estuve viendo y estuve viendo. Cuando en eso, por eso de las cuatro de la mañana, vi un caballo y vi una carreta la cual venÃa sola. Este caballo traÃa atrás en la carreta unos bultos como de basura.
36:57 ExpedÃan un olor nauseabundo. Inmediatamente salÃ, pues al no ver quién conducÃa la carreta, pensé que quien la conducÃa venÃa un poco más atrás. Camuflajeado entre los bultos, yo reconocà la carreta. Era la misma de aquel viejo. Entonces querÃa preguntar,¿ quién era el que estaba recogiendo la basura en ese momento?¿ O qué era lo que traÃan? Era simplemente curiosidad. Al salir a la casa, el caballo se detuvo, me miró penetrantemente con esos ojos blancos. No se le podÃa ver ninguna pupila. Eran blancos, blancos como los de un cadáver.
37:44 Todo su pelaje era negro, pero era un negro pálido, como si este hubiera sido bañado en ceniza. Yo me detuve, pues un escalofrÃo recorrió todo mi cuerpo. El caballo siguió caminando y atrás, entre las bolsas de plástico, pude ver algo. Era como la forma de un cuerpo, el cual venÃa recostado ahÃ, y de este mismo expedÃa un olor nauseabundo. Inmediatamente me metà a la casa. Le grité a mi padre y le dije que habÃa visto la carreta y el caballo. Ãl salió, y sÃ, en definitiva, era el mismo olor que dejaba aquel hombre todos los dÃas anteriormente.
38:27 Mi padre, como es creyente, me dijo que a lo mejor aquel anciano seguÃa pasando durante las madrugadas, haciendo su trabajo como otros dÃas. Tal vez él no entendÃa que ya no estaba vivo, o tal vez estaba dando sus últimas vueltas antes de irse de este mundo. Desde aquella experiencia le ha agarrado un cierto terror a lo paranormal y a lo que hay más allá, después de la vida. No sé qué me espera. Al final de cuentas todos vamos a fallecer, pero sà da cierto miedo pensar en lo que viene después de esto. Mi nombre es Verónica Silvina.
39:27 Quiero compartir una experiencia que me contó mi padre. Ãl dice que la persona que sufrió esta aparición, la que vivió esta historia, no quedó bien después de esto. Incluso me dijo que se volvió loca. Esta es la historia de un hombre que se llamaba Evaristo. Evaristo era un hombre solitario, era un hombre ya mayor, tendrÃa como 72 años en aquel entonces. Ãl vivÃa solo. Su esposa ya habÃa fallecido, sus hijos ya habÃan tenido familia. y cada uno se encontraba incluso viviendo en diferentes estados. Dice mi padre que Evaristo se sentÃa muy bien, siempre lo veÃan bien, e incluso le gustaba de cierta medida su soledad, pues tenÃa mucho en que ocuparse, tenÃa ganado. VendÃa huevo y de vez en cuando otra cosa. TenÃa una casa grande, pues habÃa tenido muchos hijos y ahora se encontraba solo. El caso es que Evaristo empezó a contarle a mi padre que habÃa unas noches en las cuales él no podÃa dormir y es que algo lo incomodaba. Evaristo cuenta que en punto de las 12 de la noche, escuchaba el aullido como de un coyote o de un perro muy grande cercano a su casa. Evaristo era una de las personas que vivÃa más pero más retirado del pueblo, entonces no tenÃa vecinos. De hecho tenÃa que caminar e incluso a
41:00 caballo tardaba como media hora en llegar al pueblo. VivÃa muy retirado. Y él tenÃa pendiente, porque él tenÃa gallinas, muchas gallinas, además también patos y conejos. A pesar de que tenÃa perros en ese entonces, los perros que tenÃa estaban cachorros y sabÃa muy bien que ellos no podrÃan contra un animal salvaje y sobre todo que tendrÃa experiencia cazando y en pelear. Asà que cada vez que escuchaba aquel aullido, simplemente no podÃa dormir. Sacaba su escopeta y se ponÃa a ver por la ventana del segundo piso, y no paraba de ver aquella loma entre el monte.
41:47 Evaristo se habÃa criado toda su vida en su rancho, asà que reconocÃa muy bien de dónde provenÃan los sonidos y a qué distancia se encontraban. Asà continuaron algunas noches. En punto de las doce, él empezaba a notar que empezaban a huyar. Tal vez como algunos treinta metros de distancia, Evaristo se bajaba y empezaba a caminar por todo su terreno. Tal vez no era solamente un coyote, tal vez eran varios, y no querÃa que se comieran a sus gallinas. Llegó un punto en que Evaristo simplemente se hartó. Estaba decidido a acabar con aquel problema. Si no podÃa cobrarse la vida del coyote, tan siquiera lo iba a espantar. Y de esa manera, el animal murió. Puede que se fuera definitivamente, se preparó, su escopeta estaba cargada y solamente esperó sentado en su patio tomándose una taza de café a que dieran las doce, una vez el reloj marcó la hora.
42:50 Casi de manera inmediata, tal vez por uno o dos minutos de diferencia, el coyote empezó a aullar, como si aquel animal también fuera consciente del tiempo. Evaristo salió y fue guiándose por el aullido. Se metió sigilosamente entre el monte. Solamente fue él. No llevó a ningún perro. Y fue asà como se fue acercando. Ãl iba viendo para todos lados. No era su primera vez que hacÃa algo parecido. Ya tenÃa experiencia, a pesar de ser un hombre mayor. SabÃa defenderse muy bien. Llegó hasta un claro en aquella loma.
43:31 Y vio lo que ocasionaba aquellos aullidos. Ãl dice que vio a un hombre sin ropa. Estaba posicionado a cuatro patas, pero sentado a la vez. Este hombre adoptaba la postura de un perro, como si un perro estuviera sentado aullando a la luna. Evaristo se quedó en shock al verlo. Mi padre cuenta que Evaristo pudo también ver que las extremidades de este hombre no eran las de un humano. las tenÃa ligeramente alargadas como para agarrar aquella posición con total normalidad. Ãl estuvo ahà unos minutos y siguió observando y cada minuto que pasaba se perturbaba más y más, pues este anciano cuenta que pudo ver como el hocico, la cabeza, la cara por completo empezó a cambiarle a aquel hombre. El hocico empezó a alargársele, las orejas se pusieron puntiagudas y todo su cuerpo empezó a llenarse de un pelo, un pelo sumamente oscuro. Evaristo no pudo más, detonó la escopeta, pero él admite que tenÃa tanto miedo y estaba tan nervioso que no lo hizo correctamente. Ni mucho menos apuntó bien Tanto asà que con la primera detonación La escopeta se le salió de sus manos Fracturándole la muñeca Cayó al piso Aquella cosa corrió Pero por
45:04 suerte no a encontrar a Evaristo Sino para irse entre el monte Evaristo tomó la escopeta con su otra mano Y corrió de nuevo a su casa se encerró en esta poniendo candados y llaves a cada una de sus puertas y cerrando rotundamente cada ventana querÃa reaccionar con su muñeca pero era inútil su muñeca estaba fracturada tenÃa que ir a un hospital después de haber vivido esto Evaristo se lo contó a mi padre al dÃa siguiente, y de hecho le ofreció la propiedad, él ya no querÃa estar ahÃ, mi padre no tenÃa dinero en ese momento, pero conforme pasó el tiempo, Evaristo consiguió venderla, vendió la propiedad y se fue, pero él no quedó bien, su muñeca no se compuso del todo, y siempre tuvo problemas para dormir. Ya no podÃa conciliar el sueño tan bien como antes, y cada vez que escuchaba aullar algún perro, simplemente comenzaba a gritar y a temblar. Dice mi padre que Evaristo quedó perturbado y con la cordura afectada hasta que falleció debido al encuentro con lo que él cree fue un Nahual. Saludos a toda la comunidad. Mi nombre
46:44 es Verónica Correa. Mi experiencia es la siguiente. Cuando yo tenÃa aproximadamente algunos siete años, que te digo, ya fue hace mucho tiempo, Alex, acostumbraba todas las noches cuando me encontraba en mi pueblo a salir en compañÃa de mi abuelo. Mi abuelo todas las noches iba por sus vacas y sus borregos. Ãl los llevaba durante el dÃa allá a pastar por los montes lejanos al pueblo y ahà los dejaba. Las vacas y los borregos son animales muy inteligentes, al menos los de él, no se dejaba que demás personas los agarraran, ni tampoco que se los llevaran, y también está decir que tampoco eran animales que fueran brusco con las personas. Es decir, no eran bravos, no perseguÃan a la gente, ni nada de eso. Y es más, las tenÃa marcadas. Los habitantes del pueblo conocÃan muy bien su ganado y sabÃan que no tenÃa nada de qué preocuparse.
47:51 Yo siempre lo acompañaba cuando iba por este... por eso de las ocho de la noche, cuando los animales ya estaban llenos de comer tanto pasto. Yo y mi abuelo nos arreglábamos. Ãl iba en su caballo y yo iba en un potrillo. Un caballo que estaba en proceso de crecimiento, obviamente. Yo lo habÃa atendido desde que era pequeña, asà que el caballito me hacÃa mucho caso. Y me cargaba con mucha facilidad, ya que yo tenÃa siete años. Prácticamente no pesaba nada. Y comenzamos ese viaje como todas las noches. Por aquel camino muy solitario. Era un camino de terracerÃa, para las ocho de la noche. Ya habÃa penumbra total.
48:32 No habÃa ni un solo faro de luz. La única luz que tenÃamos era la luz de la luna, pero no nos importaba. Ãramos personas de rancho y habÃamos crecido con ese ambiente. No nos incomodaba la negrura de la noche. Para nosotros era muy común. Pero una vez que llegamos a donde estaban las vacas y los becerros, que algunos cuantos ya se encontraban pues recostados en el pasto, Haciendo digestión, yo me percaté de algo que era muy inusual. Vi que entre las sombras de las vacas habÃa una sombra que se la pasaba bailando. Era la sombra de un humano, un humano como pequeño. Si te pudiera dar algún tipo de orientación te dirÃa que era una sombra como de una persona que no medirÃa más de 1.40 metros. pero tampoco menos de 1.20, pero era la sombra de un humano, para darte más caracterÃsticas, era simplemente como una sombra, no podÃa haber ropa, no podÃa haber pelo, solamente una sombra, bailando entre las vacas, entre los becerros, entre el monte, yo obviamente se la señale rápidamente a mi abuelo, y se la señale con curiosidad, no con miedo, le dije, mire abuelo, Allá adelante,¿ qué es?¿ Un niño o una persona? Anda entre las vacas.¿ Qué querrá? Mi abuelo simplemente forzó su
50:03 mirada y empezó a ver por todo el alrededor, pero él no veÃa a nadie. Nos quedamos ahà parados como unos 15 minutos y él me preguntaba una y otra vez,¿ a quién ves?¿ Por dónde lo ves? Y yo le respondÃa, ay abuelito, mire ahÃ. Pero al parecer él no lo podÃa ver. Yo no era una chica que dijera mentiras, asà que mi abuelo sabÃa que no le estaba mintiendo. Ãl simplemente me dijo, voy a chiflarle a las vacas para que ellas se vengan, y tú te vienes conmigo atrás. No te vayas adelante. Ellas seguÃan. Yo tenÃa la costumbre, Alex, de siempre irme adelante mientras que mi abuelo se iba hasta atrás. Me gustaba dirigir a los animales, a pesar de que estos no lo ocuparan. Ahà me gustaba ir adelante siempre. Asà que noté algo rara la actitud de mi abuelo, pero, a final de cuentas, le hice caso.
51:01 No querÃa desobedecerlo. Separaron todos los animales y comenzaron a caminar por aquel camino. Yo me fui con mi abuelo, y cuando estábamos cabalgando, él me preguntó nuevamente,¿ ves aquella sombra? Yo le dije que sÃ. Aquella sombra que habÃa visto entre el monte, no se habÃa quedado allá. VeÃa que la persona venÃa con los animales, igualmente, corriendo de un lado para el otro, incluso dando saltos como si estuviera haciendo algún tipo de baile. Mi abuelo en ese momento me dijo, mi niña, vamos a ponernos a rezar, tú te sabes rezos, ¿verdad? Yo le dije que sÃ, pero¿ por qué Ãbamos a ponernos a rezar en ese momento?
51:49 Ãl simplemente me dijo con una sonrisa, que era para que no nos pasara nada en el camino, y para darle gracias a Dios de que este dÃa habÃa salido muy bueno en cosas de venta. Yo le hice caso, pues era muy inocente. Ahora me doy cuenta que mi abuelito me decÃa esto para que no me alertara, ni mucho menos tuviera miedo. Empezamos a rezar los dos juntos. Y después de un par de rezos, nos quedamos callados y después comenzamos a platicar entre nosotros. Cuando él de nuevo me dijo,« Mi niña, sigues viendo aquella sombra». Yo le dije que en ese momento no, pero cuando pasaron unos minutos, la pude ver nuevamente. Le dije otra vez a mi abuelo, mire, ahà está, ahora está hasta adelante, entre los primeros bueyes que van allá. Mi abuelo me dijo de nuevo, vamos a ponernos a rezar otra vez, hija, ándale, para darle gracias a Dios. Nos pusimos a rezar nuevamente, Alex, y asà llegamos a la casa. Yo sabÃa que algo extraño habÃa pasado aquel dÃa, pues... Mi abuelo no me dejó ir con él las noches siguientes. Ãl me decÃa que simplemente era muy tarde y no querÃa que me pasara algo allá por la noche. Yo obviamente me sentà muy triste, pero al paso de una semana volvà a ir con él. Y esta vez pasó como una noche normal.
53:22 Yo encabecé a los animales y aquella sombra jamás la volvà a ver. Esto quedó simplemente como una experiencia curiosa, pero al pasar los años y preguntarle a mi abuelo sobre esta experiencia que habÃamos tenido ambos en aquel camino, en aquel monte... Me dijo que no me habÃa llevado por mi propia seguridad. Ãl sabÃa muy bien que demás ganaderos y también habitantes del rancho decÃan que por esos montes se veÃan cosas extrañas. Extrañas apariciones de entes, sumamente oscuros.
54:03 Algunos otros habitantes iban más allá diciendo que en aquellos caminos y en aquel monte se aparecÃa el mismÃsimo diablo. que aquella sombra que vi, probablemente no era una persona, él simplemente no me quiso alertar aquella noche, y que por los dÃas siguientes, se trajo todo su ganado más para acá, ya no fue ni lo llevó a aquellos montes tan lejanos, en los cuales crecÃa un pasto muy verde y también algunos secos, que le sirvió al ganado para alimentarse, pero... no importaba. Porque cuando tú metÃas a tu ganado en aquella zona, aquel monte se cobraba una parte de tu ganado. Y bien se lo habÃan dicho a mi abuelo, pero él no creÃa en esto. Bastó con la experiencia que vivà yo con él. Y también que al pasar dos dÃas, dos de sus vacas fallecieron.
54:59 Que tomó en cuenta que aquellas cosas que se decÃan de aquel monte... No eran leyendas. Aquel sitio, verdaderamente, estaba embrujado.¿ Qué pasó? Hola comunidad de la cripta embrujada. Quiero contarles una experiencia paranormal que me sucedió en mi niñez. Mi nombre es Julieta Hernández y esta es mi historia. Cuando tenÃa 9 años, visité por primera vez la casa de mis abuelos. Me llevaba muy bien con ellos y también ellos con mis padres.
55:52 El problema es que mis abuelos vivÃan en su natal pueblo, un pueblo que quedaba retirado a horas de camino. Obviamente mis padres no me podÃan llevar y esperaron unas vacaciones para poder llevarme. Mis abuelos me recibieron con mucho entusiasmo y mucho cariño. Ellos habÃan visitado nuestra casa innumerable de veces. Yo siempre he tenido un problema. Hasta hoy lo cargo. Y es que siempre he sufrido de insomnio. Asà que por lo tanto... A lo largo de mi vida me empezaron a dar medicamentos, siempre procurando que fueran lo menos nocivos para mi salud. Al llegar al pueblo, a mis abuelos para nada les gustaba que yo consumiera ese tipo de medicamentos. Recuerdo muy bien que empezaron a conversar con mis padres y mi abuela les dijo... que habÃa ciertos tés que relajaban mucho, y como eran naturales, posiblemente eran mejores para mà que esas pÃldoras. Después de pensarlo un poco, mi madre dijo que sÃ, y yo empecé a tomarlos, al menos los tomarÃa durante mi estancia en la casa de mis abuelos. Yo empecé a tomar los tés, y durante los primeros dÃas pude conciliar el sueño de una manera completamente normal. un sueño muy profundo pero una noche no sé qué fue lo que pasó tal vez tomé té de menos o no sé no tomé la cantidad
57:23 apropiada el caso es que me desperté a mitad de la noche y como era mitad de la noche Por eso de las 4 de la mañana, me empezó a dar hambre y me empezó a dar sed. A pesar de que la casa para mà era prácticamente una casa nueva, que solamente tenÃa dÃas de conocer, no sentà miedo. Me salà de mi habitación, abrà la puerta. y a pesar de que casi no se veÃa nada, empecé a caminar. Cada vez mi vista se iba acoplando más y más a la oscuridad. No querÃa despertar a nadie, ya que no querÃa que mis padres se molestaran. Tan solo querÃa bajar al refrigerador, comer algo, tomar más té e irme a dormir. Bajé por las escaleras, unas escaleras de madera, asà que el rechinar de estas era muy pronunciado. TenÃa que ir lento para no ocasionar ningún ruido. En ese tipo de ranchos el único ruido que hay es el del viento y el de los grillos, y uno que otro animal que anda corriendo. Cuando llegué finalmente a la cocina, abrà el refrigerador, saqué algo de comida, saqué el té, Y empecé a hacer lo mÃo, cuando en eso, veo por las ventanas de la casa, que algo se está moviendo afuera. La luz de la luna pegaba directo, y esta misma luz, podÃa dibujar un tipo de sombra, de algo grande, que se paseaba alrededor de la casa. Inmediatamente
58:54 pensé que era un animal. La sombra era muy voluminosa y muy grande para ser un humano, pero también era demasiado grande para que fuera un borrego o un animal de mediana altura. Una de las ventanas se encontraba abierta. Yo estaba sentada en el comedor y en eso veo que entra algo por esta ventana. Entró la cabeza de una vaca. Esta vaca tenÃa los ojos rojos. Brillaban en la oscuridad. Unos cuernos negros que brillaban como si estuvieran pulidos, como si estuvieran relucientes, como si estos fueran cubridos con algún tipo de cera. Yo me le quedé viendo al animal y el animal se me quedó viendo a mà con esos pronunciados ojos rojos. Me sostuvo la mirada tal vez por algunos 20 segundos, poco más de esto, e inmediatamente sacó la cabeza. Yo decidà volver. Metà todo de nuevo al refrigerador lo más rápido posible y caminé de una manera rápida para subir a mi habitación y cerrar la puerta inmediatamente. TenÃa miedo, pero también estaba sorprendida. No sabÃa muy bien cómo actuar en esa situación. Mientras iba subiendo, escuché atrás de mÃ.« Julieta, Julieta,¿ a dónde vas? Sal a jugar conmigo». Aquella voz era la de mi abuela.
1:00:22 VenÃa de afuera de la casa. A mà me empezó a entrar mucho miedo. SabÃa que mi abuela se encontraba en la habitación con mi abuelo y lo único que se encontraba afuera de la casa era aquella enorme vaca. Mis abuelos tenÃan animales, pero no tenÃan ninguna vaca. Ellos lo único que tenÃan eran pollos y gallinas, y uno que otro cerdo. Todo lo demás eran parcelas. Subà corriendo, y tal vez para asesorarme de que no me estaba equivocando, recuerdo muy bien... ir a la habitación de mis abuelos y abrir lentamente pero la puerta rechinó bastante o tal vez mis abuelos al ser personas de pueblo tienen el sueño muy liviano porque apenas iba abriendo media puerta Tanto mi abuelo como mi abuela se despertaron y se dieron la levantada. Me vieron ahà e inmediatamente fueron conmigo y me preguntaron que qué era lo que habÃa pasado, que si tenÃa problemas de sueño otra vez. Yo solamente les dije que habÃa tenido una pesadilla y que buscaba dormir con alguien. Ellos inmediatamente me cargaron, me hicieron un lugar en medio de ellos y ahà dormà toda la noche.
1:01:38 Las siguientes noches, hasta que me fui de la casa de mis abuelos, dormà en aquella cama con ellos, ellos felices, mientras más pasaban tiempo conmigo mejor, pero yo nunca olvido aquella noche. Cuando le conté esto a mi madre, ella me dijo que también habÃa vivido algunas experiencias que la habÃan dejado muy perturbada en aquel rancho. Quisiera compartirte a continuación una experiencia de mi madre.
1:02:28 Bueno, la historia de mi madre es la siguiente. Cuando ella vivÃa con mis abuelos, ocurrió un accidente. Ella tendrÃa por eso de algunos 17 años TodavÃa estaba estudiando una carrera Mis abuelos la estaban ayudando a esto Antes de irse a la universidad Mi abuela Era la que se levantaba Y hacÃa el desayuno para los tres Y después despedÃa a mi madre Y despedÃa al abuelo Mi madre se iba a la escuela Y mi abuelo al trabajo Este accidente le habÃa pasado a la abuela Se habÃa quemado Y se habÃa caÃdo El doctor le habÃa mandado a tener reposo total, básicamente, que no se levantara de la cama más que para ir al baño. Mi madre y mi abuelo entendieron esto. Cada comida y cada cena lo hacÃan en la cama, traÃan una mesa y la acompañaban. Pero en la mañana, en la madrugada... mi abuela debido a todas las pÃldoras pues se quedaba dormida ya no los acompañaba levantándose entonces mi madre asumió el papel de mi abuela se empezó a levantar más temprano del usual y empezó a prender las luces empezaba a cocinar y cuando mi abuelo se levantaba para prepararse para ir al trabajo mi madre le servÃa su desayuno y asà consecutivamente Llegó una ocasión En que mi madre se levantó Fue a
1:04:00 la cocina Y vio que ya no habÃa granos de café También faltaban algunas cosas Ella decidió salir al patio Ahà tenÃan granos También a recoger unas hojas de albácar Y unos chiles para hacer una salsa Cuando mi madre se encontraba Recogiendo todo esto Ahà entre las plantas que ellos tenÃan Observó algo Algo que se movÃa en la oscuridad Recordemos que a las 5 de la mañana, en pleno horario de verano, todavÃa es de noche, todavÃa no sale el sol, entonces mi madre básicamente no tenÃa nada de luz, pero aún pudo verlo. Ella vio como dos cuernos y unos ojos rojos se movÃan entre el monte y la observaban a la distancia. Debido a los cuernos y a la cara de lo que podÃa ver ella en ese momento, pensó que era un chivo, un chivo que se estaba acercando.
1:04:57 Ella sabÃa que su familia no tenÃa ese clase de animales, asà que se empezó a poner nerviosa. Ella sabÃa que los chivos pueden ser agresivos si los provocas o huyes de ellos, asà que ella solamente se quedó parada, esperando que el animal simplemente pasara de ella y se fuera. Pero esto no ocurrió, el animal se seguÃa acercando, entre el monte. Vuelvo y repito, solamente mi madre podÃa ver la cabeza de este animal y podÃa ver cómo esos ojos grandes y rojos resaltaban. Mi madre se puso cada vez más nerviosa y ella cuenta que desenredó una bufanda que ella tenÃa. La portaba rodeando su cuello para resguardarse del frÃo en la madrugada. Después la agarró con su mano y empezó a moverla como para espantar al animal, pero esto no ocurrió, no resultó como ella esperaba, el animal no se fue, al contrario, se acercó un poco más, esta vez de una manera más rápida, y cuando estaban tal vez como a unos 3 metros de distancia, el animal se levantó, y mi madre cuenta... que lo que observó no fue el cuerpo de un animal hirgiéndose, fue el cuerpo de un humano, aquella cabra, tenÃa el cuerpo de un hombre, parecÃa que solamente estaba agazapada y de esa manera se movÃa, pero era un hombre, o al menos
1:06:30 un hombre, con partes de animal, mi madre en ese momento se dio la media vuelta y se fue corriendo, Pegando gritos, llamando a mi abuelo. Mi abuelo, que se encontraba ya en la sala, salió inmediatamente de la casa y le preguntó qué era lo que pasaba, y mi madre le dijo que habÃa un monstruo ahà entre el monte. Mi abuelo siempre contó que esto era cierto porque cuando él levantó la mirada y vio entre el monte, él pudo ver una sombra alejándose, corriendo. Ãl inmediatamente pensó que tal vez era algún tipo de pervertido, metió a mi madre y sacó un machete y salió en busca de aquella cosa. No la encontró, pero el abuelo cuenta también que por el camino empezó a escuchar como alguien le hablaba.
1:07:22 Lo peor de esto es que escuchaba la voz de su tÃo. Su tÃo, para ese entonces, llevaba décadas fallecido. Entonces no podÃa ser él. En ese momento el abuelo decidió volver, pues sabÃa que con lo que estaba lidiando no era un ser humano, era otra cosa, otra cosa que superaba el entendimiento. Volvió a la casa y le dijo a mi madre, cuando te despiertes no salgas sola. despiértame a mà yo salgo por lo que haga falta pero tú ya no salgas al menos hasta que ya amanezca mi madre siguió esto cada vez que se levantaba procuraba levantar al abuelo aunque claro esto solamente sucedió en unas contadas ocasiones ya que por lo regular siempre el abuelo se levantaba antes todo para proteger a su hija en aquel tiempo los terrenos de los abuelos no se encontraban cercados apenas tenÃan algunos cercos de madera muy pequeños muy bajos y fue por este mismo motivo por el que empezaron a meterle block y de esa manera acercar todo mi madre no olvida esta experiencia y fue una de las razones por las cuales siempre se ponÃa nerviosa al ir de nuevo al rancho de los abuelos
1:08:55 Gracias por ver el video. Hola comunidad, mi nombre es Luis Gerardo. Quiero contarles una experiencia que me sucedió a mà y a mis dos hermanos. En aquel tiempo todavÃa vivÃamos con nuestros padres. Nosotros tres tenemos la misma edad. Nacimos al mismo tiempo. Entonces éramos muy unidos. Nuestros padres empezaron a enseñarnos el labor de trabajar en el campo. A muy temprana edad lo hicieron, por eso de los 16 años, 15 años, nosotros ya sabÃamos absolutamente todo, desde simbrar, criar ganado, comerciar, etc. Siempre después de la escuela nos Ãbamos con nuestro padre a trabajar. por lo tanto ya nos creÃamos adultos y querÃamos hacer cosas de adultos tales como tomar cerveza recuerdo que nos escondÃamos compramos cerveza a un señor que nos cubrÃa en la tienda Y nos la tomábamos escondidas. TenÃamos que guardarla muy bien, en unas bolsas negras. Obviamente ahà en la tienda no podÃamos tomar.
1:10:19 Necesitábamos escondernos, ya sea atrás de un árbol, ya sea en una casa deshabitada. El caso era hacer cosas para mayores. O lo que nosotros creÃamos, tontamente en aquel momento, cosas de mayores. Recuerdo que venÃamos de haber comprado unas cervezas. Cada quien venÃa en su burro. No tenÃamos caballo, pero tenÃamos burro. Uno para cada quien. Vimos una casa abandonada. Esa casa tenÃa años que nadie la habitaba. Estaba en medio del monte. El techo se encontraba con hoyos. La pintura se habÃa caÃdo. La madera estaba podrida. No habÃa puertas ni ventanas tampoco. Era el lugar perfecto. Fuimos ahà y echamos un vistazo primero. No vimos nada. No habÃa muebles.
1:11:13 No habÃa ninguna pertenencia. ParecÃa ser que todo se lo habÃan llevado. Excepto por un armario que se encontraba en donde se deberÃa encontrar la sala. Se encontraba en una esquina. Ahà cerrado completamente con un candado. Este armario también se veÃa viejo. La madera se veÃa muy podrida y con hoyos hacia adentro. No hoyos grandes, hoyos como los que proporcionarÃan las termitas. Rápidamente el checar que no habÃa nadie y que no habÃa grafitis y tampoco basura. Eso quiere decir que tampoco nadie se metÃa ahà con regularidad. Decidimos llevar a los burros atrás de la casa, amarrarlos ahà y nosotros meternos. HabÃamos comprado cerveza y habÃamos comprado botana.
1:12:05 Nos sentamos, bebimos y también comimos. para nosotros era el placer del dÃa después de estar trabajando obviamente tenÃamos que ponernos muy vivos que nadie nos viera porque si un vecino nos veÃa podrÃa jurar que le dirÃa inmediatamente a nuestros padres si no es que este mismo vecino nos jalaba y nos llevaba hasta nuestra casa asà eran antes las cosas por suerte esto no pasó pero mientras estuvimos adentro de la casa bebiendo riendo comiendo Notamos un ruido que venÃa desde adentro de aquel armario, un ruido muy extraño, como golpes desde adentro, también como si alguien se arrastrara.
1:12:55 Obviamente no pensábamos que era una persona. Inmediatamente cuando escuchamos estos ruidos, hablamos, preguntamos quién anda ahÃ, quién está metido. Al momento que nosotros dijimos esto, los ruidos cesaron. Asà que por lo tanto inmediatamente pensamos que lo que se encontraba allá adentro no era otra cosa que un animal. Un animal pequeño, tal vez una zarigüeya o tlacuache como en algunos lugares se les conoce, o tal vez una liebre o tal vez algo más pequeño. Algo que habÃa escogido como madriguera aquel armario. Como en ese momento venÃamos cansados, no querÃamos lidiar con animales, simplemente nos quedamos sentados haciendo lo nuestro. Nadie se levantó ni siquiera a ver por alguna de las aberturas de aquel armario. Al dÃa siguiente recuerdo que tenÃamos una fiesta. Y a esta fiesta iban a ir unas amigas, de las cuales también sus padres eran muy estrictos. Fuimos a este baile y nos vinimos algo temprano, tanto asà que por el camino nos surgió la idea de fumar. Ellas, al igual que nosotros, querÃamos hacer este tipo de cosas. Fumar, tomar cerveza. Cosas que creÃamos que solamente los adultos hacÃan. De camino de regreso nos encontramos nuevamente con aquella casa. Y les dijimos a nuestras amigas. Miren ahà adentro. Si pasa alguien no nos ve.¿
1:14:27 Qué tal si vamos ahà adentro y fumamos un poco? Ellas aceptaron. Nosotros inmediatamente nos metimos. Una vez que estuvimos adentro platicando, mi hermano mayor tuvo la idea de espantarlas. Se acercó a aquel armario, el cual no habÃa hecho ningún ruido en toda nuestra estancia, y le dio una pequeña patada a este, muy disimuladamente, y escuchó golpes, inmediatamente golpes que venÃan desde adentro, golpes fuertes, el candado que tenÃa esta puerta se notaba que era viejo. y alguien fácilmente lo podÃa arrancar, cosa que mi hermano hizo, él pensaba que serÃa muy gracioso espantar a las chicas con aquel pequeño animal que se alojaba en el armario, asà que después de escuchar aquellos golpes, todos volteamos, mi hermano inmediatamente gritó y abrió la puerta, todos gritamos también y dimos un salto, Pero de adentro nada salió. Todo estaba oscuro, no podÃamos ver nada. No se escuchaban ni siquiera las garras de algún tlacuache o de alguna zarigüeya. Inmediatamente las chicas le empezaron a gritar.«¿ Pero tú eres cretino o qué te pasa?¿ Por qué gritas?¿ Por qué nos espantas?» Mi otro hermano que traÃa lámpara la encendió. Y empezó a apuntar hacia adentro del armario. No encontramos animales. Lo que encontramos fueron huesos. Huesos humanos. Estos huesos estaban completos
1:16:04 y estaban en una posición que nos dejó muy perturbados que... Siéndote sincero, aún hasta hoy, tengo pesadillas recordándolo. Estaban en posición fetal, y también tenÃa una especie de cosa viscosa rodeándolos, que yo creo era la descomposición. Era como si estos huesos y esa cosa que los rodeaba estuviera unida también al armario. Estaba en una pose como si fuera un hombre, ahà sentado en la oscuridad, adentro del armario, como si hubiera estado amarrado, o como si éste hubiera estado oculto.
1:16:45 Inmediatamente todo adentro de la casa empezó a llenarse de un aroma muy feo, muy fétido, muy repugnante. Tuvimos que salir. Gritamos, obviamente Ãbamos muy asustados, jamás habÃamos visto tal cosa. Fuimos con nuestros padres y les contamos todo, inmediatamente no solamente mis padres sino varios vecinos del pueblo vinieron a ver aquella casa, habÃa algunos restos de ropa y también de calzado, pertenecÃan a una persona que habÃa desaparecido ahà en el pueblo y lo que dijeron, Es que precisamente aquellos restos, esos huesos, llevaban años encerrados ahÃ. Muy probablemente desde el dÃa en que aquella persona desapareció. Nunca cedió con el responsable de esto. Jamás cedió con la respuesta sobre qué le habÃa pasado a esta persona. Si es que él voluntariamente se habÃa metido, o alguien lo habÃa hecho, que era lo más congruente, pues hasta le habÃan puesto un candado.
1:17:53 No me puedo imaginar si tal vez esta persona fue metida ahà con vida y sin poder salir. Nos quedó claro que aquellos golpes no los propiciaba ningún animal. Nos quedó claro que aquellos golpes los hacÃa aquel cadáver. Tal vez de alguna manera tratando de llamar nuestra atención para que descubriéramos en dónde habÃa pasado sus últimos momentos de vida.
1:18:44 Hola Alex y hola comunidad de la cripta embrujada mi nombre es Héctor Buenavista quiero contarles una experiencia que le sucedió a mi hermano y a mà cuando tendrÃamos como unos 19 años En aquel entonces estábamos empezando nuestro propio negocio. Ãramos personas de pueblo. Entonces nuestro padre nos habÃa enseñado todo el labor que se hacÃa con el ganado y con demás cosas. Nosotros sabÃamos muy bien cómo criar cerdos, criar pollos, criar vacas y lo más importante... Hacer de esto un modelo de negocio Si bien nuestro padre nos iba a heredar mucho ganado Nosotros querÃamos empezar a emprender con nuestros propios animales Y fue asà que como entre nosotros dos Empezamos a poner dinero Fuimos juntándolo Y fuimos comprando cada vez más y más animales Comprábamos animales pequeños Para después alimentarlos Y poder comerciar con ellos Nos llevamos muy bien con un viejo del pueblo. Este viejo tenÃa muchos animales y la gran mayorÃa de los animales que tenÃamos nosotros, él mismo nos los habÃan vendido, obviamente pequeños.
1:20:04 El caso es que este viejo iba a hacer una subasta. iba a tener animales de grandes proporciones en remate esto porque iba a vender algunas tierras y tenÃa que deshacerse de algunos animales la subasta iba a ser en fin de semana nosotros nos dimos cuenta exactamente el viernes y el sábado por la mañana empezaré la subasta con todas esas reses y todos esos puercos también caballos yo lo llamé por teléfono él contestó afortunadamente estaba en su casa Le dije que me diera chance, que me permitiera ver los animales antes, porque querÃa comprar uno, y que si no era mucho pedir, pues que me lo dejara barato.
1:20:50 TenÃamos una muy buena amistad y lo habÃamos ayudado muchas veces. incluso sin cobrarle, asà que el viejo nos dijo que sÃ, pero que fuéramos en la noche, pues los animales ya estaban listos, no podÃa sacar ninguno y por lo regular las personas que van llegando les van echando ojos, si nos interesaba algún animal tenÃamos que ir por él en ese momento, nosotros fuimos, nos subimos en la camioneta y conducimos hasta su rancho, Eran como las 11 de la noche cuando llegamos, y en lo que seleccionamos los animales, pues nos tardamos tal vez como una media hora. Cuando estábamos viendo los cerdos, que era lo que más nos interesaba en ese momento, observamos que habÃan bastantes, de diferentes tamaños, pero eso sÃ, todos enormes. Yo vi uno que me pareció muy extraño. Mientras que todos los cerdos se encontraban moviéndose de un lugar al otro, algunos recostados porque era de noche, otros pidiendo comida, este cerdo solamente se encontraba parado, de frente a nosotros, observándonos. Nos habÃa clavado la mirada desde que habÃamos entrado. El cerdo solamente se nos quedaba viendo, y yo te juro que pude verlo sonreÃr. Aquel cerdo nos sonreÃa y nos observaba. Nada le interesaba más que mi hermano y yo. Aquel cerdo era voluminoso y mi hermano lo quiso. Yo le dije que mejor otro. No sé,
1:22:25 no soy supersticioso ni soy creyente en fantasmas o en vibras, pero en aquel momento fue la primera vez que sentà en mi vida que algo malo iba a pasar si nos llevábamos aquel animal. El condenado animal solamente sonreÃa y parecÃa ser que solamente yo captaba esto. Sacaron a aquel animal y lo curioso es que este no tenÃa número, tampoco estaba registrado. Todos en el rancho llevan un conteo minucioso de todo su ganado. ParecÃa que aquel cerdo no existÃa. No lo habÃan contabilizado, no traÃa un número y ni siquiera estaba marcado. El viejo a que le Ãbamos a comprar pues se extrañó de esto, ya que debido a esta contabilidad sabÃan cuánto pesaba y sabÃan cuánto valÃa. Asà que el viejo decidió vendérnoslo a un precio casi regalado, tanto asà que decidimos comprar otro. Llevábamos dos cerdos enormes en la camioneta, a los cuales les Ãbamos a sacar algo de dinero. Lo complicado empezó cuando tuvimos que subirlos.
1:23:33 El cerdo que estaba marcado, y que era normal, podremos decir entre comillas, subió sin hacer escándalo, pero el otro, el otro se movÃa extraño y nos tiraba mordidas. era como un cerdo salvaje hasta ese momento mi hermano vio que este cerdo sonreÃa cuando el viejo se fue y nosotros nos dispusimos a conducir de regreso recuerdo que mi hermano me dijo oye el cerdo como que está sonriendo no yo escuché como que se reÃa en ese momento yo le dije que sà que yo lo habÃa visto incluso antes de elegirlo para llevárnoslo de hecho por esto mismo no lo querÃa intentamos no pensar en eso pensamos que solamente eran coincidencias pero por el camino la camioneta empezó a temblar algo de grandes proporciones estaba haciendo que bailara de un lado al otro y pese a que mi hermano trató de reducir la velocidad esto no fue eficiente la camioneta se terminó volcando yo terminé cayendo en el monte salà por una ventana desperté y vi a la camioneta volteada y vi a mi hermano tirado ahà más adelante parecÃa que estaba inconsciente nosotros nunca usábamos el cinturón de seguridad pensábamos que no era necesario desde aquella
1:25:03 ocasión vimos que si los dos habÃamos salido volando Me dolÃa mucho el cuerpo y tenÃa una jaqueca que tan solo de acordarme me duele la cabeza. En ese momento pude ver aquel cerdo. El cerdo que habÃamos escogido estaba devorando al otro y el otro cerdo chillaba de una manera aberrante. Después de hacer esto Este condenado animal me observó Y riéndose a carcajadas Corrió por todo el pavimento Hasta perderse más adelante Por aquel camino pasaron más personas para nuestra suerte Y como en los pueblos todos nos conocemos Y absolutamente todos nos pasamos el dato Inmediatamente nos reconocieron Nos ayudaron Nos levantaron Y afortunadamente no tenÃamos nada roto Solamente eran golpes y raspaduras menores, pero el cuerpo de aquel cerdo, que se encontraba tirado en el asfalto, era horroroso. ParecÃa como si hubiera sido atacado por un animal salvaje de grandes proporciones. como un oso, como un león.
1:26:14 Resultaba increÃble que esas mordeduras y rasgaduras los hubiera hecho otro cerdo. Nosotros le contamos lo que habÃamos visto a nuestras familias y nos creyeron, con cierta extrañeza, pero nos creyeron. Pero al paso del tiempo no tuvieron de otra que creernos, porque varios pobladores dijeron que por ese camino un cerdo del demonio se aparecÃa, los hacÃa salir del camino, a otras personas los correteaba. El caso era que un animal siniestro con forma de cerdo acechaba por aquel kilómetro. Poco a poco aquellas historias fueron cada vez menos y menos, pero durante un tiempo, aquel animal sembró el miedo en aquella carretera. Mi hermano y yo sabemos muy bien que lo que transportamos aquella noche no era un animal, era otra cosa, una bestia siniestra salida desde el mismo infierno. Hola, saludos Alex. Mi nombre es Teodoro López. Y quiero contarles
1:27:47 una experiencia que vivà cuando aún estaba con mis padres. Esto sucedió hace ya muchos años. Yo tenÃa 20 en aquel entonces. Trabajaba con mi padre en la simbra. Nos levantábamos temprano todos los dÃas para ir a trabajar. Mi madre nos despedÃa. Y salÃamos incluso antes de que amaneciera. Todos los jueves, sin excepción, cuando salÃamos. Siempre percibÃamos un olor feo en la calle, un olor fétido, en algunas ocasiones más penetrantes que otras. Pero esto tenÃa una explicación lógica. El hombre que recogÃa la basura lo hacÃa durante la madrugada, y lo hacÃa por placer. Cada habitante le dejaba algo de dinero.
1:28:33 Este hombre era muy querido en el pueblo. Era un hombre ya anciano, el cual se encontraba pensionado, pues habÃa servido al ejército. Pero porque querÃa desempeñarse haciendo algo, decidió recoger la basura, decidió enfocarse en su ganado y asà mantenerse distraÃdo. Recuerdo que él y mi padre a veces festejaban y todos los jueves sin excepción, a pesar de que estuviera lloviendo, pasaba y recogÃa la basura de todas y cada una de las casas. Lo hacÃa en una carreta vieja que tenÃa. Como la basura estaba ahà puesta desde hace una semana, con el sol, con las lluvias a veces, expedÃa un olor grotesco. Y como este señor no la llevaba tapada ni nada de eso, al momento de que pasaba y recogÃa y seguÃa con su camino, pues dejaba ese olor que se iba disipando conforme pasaban los minutos. Ãl siempre pasaba enfrente de nuestra casa por eso de las 4 de la mañana. Nosotros salÃamos por eso de las 4.50, 4 y media. Entonces todavÃa podÃamos olerlo. El caso es que pasan los años y este hombre fallece. Fallece de causas naturales y obviamente se busca a alguien más que pueda recoger la basura en el pueblo y sacarla hasta la carretera. En aquel momento no existÃa un servicio público que se encargara de esto. Se decidió por un vecino el cual tenÃa un camión de remolque. Pero él pasaba por la basura todas las tardes, no en la madrugada,
1:30:06 como lo hacÃa el otro anciano. Ãl lo hacÃa en ese horario porque no estorbaba con las actividades. El caso es, Alex, que a pesar de que ese hombre habÃa fallecido, y a pesar de que todas las tardes se recogÃa la basura, el jueves en la mañana, en la madrugada cuando nosotros salÃamos... Siempre percibÃamos ese olor caracterÃstico, ese olor a basura, a putrefacción, como si aquel anciano recién acabara de pasar. Se nos hacÃa extraño a mi padre y a mÃ. Mi padre me quiso explicar que a lo mejor el otro señor que acababa de entrar a limpiar la basura seguramente habÃa pasado durante la madrugada, pero esto no era posible. Aquel hombre trabajaba muy temprano, y por eso trabajaba en la basura durante las tardes entonces no tenÃa mucha lógica lo dejamos pasar tal vez eran coincidencias pero la semana siguiente en un dÃa jueves por la madrugada de nueva cuenta captamos ese aroma ese aroma putrefacto el cual gobernaba la calle inmediatamente mi padre me dijo que tal vez alguien estaba sacando la basura a aquella hora pero esto no tenÃa sentido Nadie estaba con la basura en ese momento.
1:31:25 Por curiosidad, yo me levanté la siguiente semana todavÃa más temprano, por eso de las tres y media salà a la sala, a la cocina y me preparé un café. querÃa saber quién era el que dejaba aquel olor ese olor tan nauseabundo que pensamos que habÃa quedado atrás alcé las cortinas y me quedé viendo hacia la calle salà momentáneamente y capté que en ese momento el olor aún no se hacÃa presente estuve viendo y estuve viendo cuando en eso por eso de las 4 de la mañana vi un caballo y vi una carreta la cual venÃa sola Este caballo traÃa atrás en la carreta unos bultos como de basura.
1:32:13 ExpedÃan un olor nauseabundo. Inmediatamente salÃ, pues al no ver quién conducÃa la carreta, pensé que quien la conducÃa venÃa un poco más atrás. Camuflajeado entre los bultos, yo reconocà la carreta. Era la misma de aquel viejo. Entonces querÃa preguntar,¿ quién era el que estaba recogiendo la basura en ese momento?¿ O qué era lo que traÃan? Era simplemente curiosidad. Al salir a la casa, el caballo se detuvo, me miró penetrantemente con esos ojos blancos. No se le podÃa ver ninguna pupila. Eran blancos, blancos como los de un cadáver.
1:32:59 Todo su pelaje era negro, pero era un negro pálido, como si este hubiera sido bañado en ceniza. Yo me detuve. pues un escalofrÃo recorrió todo mi cuerpo. El caballo siguió caminando, y atrás, entre las bolsas de plástico, pude ver algo. Era como la forma de un cuerpo, el cual venÃa recostado ahÃ, y de este mismo expedÃa un olor nauseabundo. Inmediatamente me metà a la casa. Le grité a mi padre, y le dije que habÃa visto la carreta y el caballo. Ãl salió, y sÃ, en definitiva. Era el mismo olor que dejaba aquel hombre todos los dÃas anteriormente. Mi padre, como es creyente, me dijo que a lo mejor aquel anciano seguÃa pasando durante las madrugadas, haciendo su trabajo como otros dÃas. Tal vez él no entendÃa que ya no estaba vivo, o tal vez estaba dando sus últimas vueltas.
1:34:00 antes de irse de este mundo. Desde aquella experiencia le ha agarrado un cierto terror a lo paranormal y a lo que hay más allá, después de la vida. No sé qué me espera. Al final de cuentas todos vamos a fallecer, pero sà da cierto miedo pensar en lo que viene después de esto. No. No. Mi nombre es Verónica Silvina, quiero compartir una experiencia que me contó mi padre, él dice que la persona que sufrió esta aparición, la que vivió esta historia, no quedó bien después de esto, incluso me dijo que se volvió loca. Esta es la historia de un hombre que se llamaba Evaristo. Evaristo era un hombre solitario, era un hombre ya mayor, tendrÃa como 72 años en aquel entonces. Ãl vivÃa solo. Su esposa ya habÃa fallecido, sus hijos ya habÃan tenido familia. y cada uno se encontraba incluso viviendo en diferentes estados. Dice mi padre que Evaristo se sentÃa muy bien, siempre lo veÃan bien, e incluso le gustaba de cierta medida su soledad, pues tenÃa mucho en que ocuparse, tenÃa ganado. vendÃa huevo y
1:35:35 de vez en cuando otra cosa tenÃa una casa grande pues habÃa tenido muchos hijos y ahora se encontraba solo el caso es que Evaristo empezó a contarle a mi padre que habÃa unas noches en las cuales él no podÃa dormir y es que algo lo incomodaba Evaristo cuenta que en punto de las 12 de la noche, escuchaba el aullido como de un coyote o de un perro muy grande cercano a su casa. Evaristo era una de las personas que vivÃa más pero más retirado del pueblo, entonces no tenÃa vecinos. De hecho tenÃa que caminar e incluso a caballo tardaba como media hora en llegar al pueblo.
1:36:20 VivÃa muy retirado. Y él tenÃa pendiente, porque él tenÃa gallinas, muchas gallinas, además también patos y conejos. A pesar de que tenÃa perros en ese entonces, los perros que tenÃa estaban cachorros y sabÃa muy bien que ellos no podrÃan contra un animal salvaje y sobre todo que tendrÃa experiencia cazando y en pelear. Asà que cada vez que escuchaba aquel aullido simplemente no podÃa dormir, sacaba su escopeta y se ponÃa a ver por la ventana del segundo piso y no paraba de ver aquella loma entre el monte.
1:37:03 Evaristo se habÃa criado toda su vida en su rancho, asà que reconocÃa muy bien de dónde provenÃan los sonidos y a qué distancia se encontraban. Asà continuaron algunas noches. En punto de las doce, él empezaba a notar que empezaban a huyar. Tal vez como algunos treinta metros de distancia, Evaristo se bajaba y empezaba a caminar por todo su terreno. Tal vez no era solamente un coyote, tal vez eran varios y no querÃa que se comieran a sus gallinas. Llegó un punto en que Evaristo simplemente se hartó. Estaba decidido a acabar con aquel problema. Si no podÃa cobrarse la vida del coyote, tan siquiera lo iba a espantar.
1:37:47 Y de esa manera, el animal puede que se fuera definitivamente. Se preparó, su escopeta estaba cargada, y solamente esperó, sentado en su patio, tomándose una taza de café, a que dieran las doce. Una vez el reloj marcó la hora, Casi de manera inmediata, tal vez por uno o dos minutos, de diferencia, el coyote empezó a aullar, como si aquel animal también fuera consciente del tiempo. Evaristo salió y fue guiándose por el aullido. Se metió sigilosamente entre el monte. Solamente fue él. No llevó a ningún perro. Y fue asà como se fue acercando. Ãl iba viendo para todos lados.
1:38:34 No era su primera vez que hacÃa algo parecido. Ya tenÃa experiencia. A pesar de ser un hombre mayor. SabÃa defenderse muy bien. Llegó hasta un claro en aquella loma. Y vio. Lo que ocasionaba aquellos aullidos. Ãl dice que vio a un hombre sin ropa. Estaba posicionado a cuatro patas, pero sentado a la vez. Este hombre adoptaba la postura de un perro, como si un perro estuviera sentado aullando a la luna. Evaristo se quedó en shock al verlo. Mi padre cuenta que Evaristo pudo también ver que las extremidades de este hombre no eran las de un humano.
1:39:18 las tenÃa ligeramente alargadas como para agarrar aquella posición con total normalidad él estuvo ahà unos minutos y siguió observando y cada minuto que pasaba se perturbaba más y más pues este anciano cuenta que pudo ver como el hocico la cabeza, la cara por completo empezó a cambiarle a aquel hombre el hocico empezó a alargársele Las orejas se pusieron puntiagudas y todo su cuerpo empezó a llenarse de un pelo, un pelo sumamente oscuro. Evaristo no pudo más, detonó la escopeta, pero él admite que tenÃa tanto miedo y estaba tan nervioso que no lo hizo correctamente. Ni mucho menos apuntó bien, tanto asà que con la primera detonación la escopeta se le salió de sus manos, fracturándole la muñeca. Cayó al piso. Aquella cosa corrió, pero por suerte no a encontrar a Evaristo sino para irse entre el monte. Evaristo tomó la escopeta con su otra mano y corrió de nuevo a su casa. se encerró en esta poniendo candados y llaves a cada una de sus puertas y cerrando rotundamente cada ventana querÃa reaccionar con su muñeca pero era inútil su muñeca estaba fracturada tenÃa que ir a un hospital después de haber vivido esto Evaristo
1:40:50 se lo contó a mi padre al dÃa siguiente Y de hecho le ofreció la propiedad Ãl ya no querÃa estar ahà Mi padre no tenÃa dinero en ese momento Pero conforme pasó el tiempo Evaristo consiguió venderla Vendió la propiedad y se fue Pero él no quedó bien Su muñeca no se compuso del todo Y siempre tuvo problemas para dormir Ya no podÃa conciliar el sueño tan bien como antes Y cada vez que escuchaba aullar algún perro simplemente comenzaba a gritar y a temblar. Dice mi padre que Evaristo quedó perturbado y con la cordura afectada hasta que falleció debido al encuentro con lo que él cree fue un Nahual. Saludos a toda la comunidad. Mi nombre es Verónica Correa. Mi experiencia es la siguiente. Cuando yo tenÃa aproximadamente algunos siete años, que te digo, ya fue hace mucho tiempo, Alex, acostumbraba todas las noches cuando me encontraba en mi pueblo a salir en compañÃa de mi abuelo.
1:42:22 Mi abuelo todas las noches iba por sus vacas y sus borregos. Ãl los llevaba durante el dÃa allá a pastar por los montes lejanos al pueblo, y ahà los dejaba. Las vacas y los borregos son animales muy inteligentes, al menos los de él. No se dejaba que demás personas los agarraran. ni tampoco que se los llevaran. Y también está decir que tampoco eran animales que fueran brusco con las personas. Es decir, no eran bravos, no perseguÃan a la gente, ni nada de eso. Y es más, las tenÃa marcadas. Los habitantes del pueblo conocÃan muy bien su ganado y sabÃan que no tenÃa nada de qué preocuparse.
1:43:07 Yo siempre lo acompañaba cuando iba por este, por eso de las ocho de la noche, cuando los animales ya estaban llenos de comer tanto pasto. Yo y mi abuelo nos arreglábamos, él iba en su caballo y yo iba en un potrillo. Un caballo que estaba en proceso de crecimiento, obviamente. Yo lo habÃa atendido desde que era pequeña, asà que el caballito me hacÃa mucho caso. Y me cargaba con mucha facilidad, ya que yo tenÃa siete años. Prácticamente no pesaba nada. Y comenzamos ese viaje como todas las noches. Por aquel camino muy solitario. Era un camino de terracerÃa, para las ocho de la noche. Ya habÃa penumbra total.
1:43:48 No habÃa ni un solo faro de luz. La única luz que tenÃamos era la luz de la luna, pero no nos importaba. Ãramos personas de rancho y habÃamos crecido con ese ambiente. No nos incomodaba la negrura de la noche. Para nosotros era muy común. Pero una vez que llegamos a donde estaban las vacas y los becerros, que algunos cuantos ya se encontraban pues recostados en el pasto, Haciendo digestión, yo me percaté de algo que era muy inusual. Vi que entre las sombras de las vacas habÃa una sombra que se la pasaba bailando. Era la sombra de un humano, un humano como pequeño. Si te pudiera dar algún tipo de orientación te dirÃa que era una sombra como de una persona que no medirÃa más de 1.40 metros. pero tampoco menos de 1.20, pero era la sombra de un humano, para darte más caracterÃsticas, era simplemente como una sombra, no podÃa haber ropa, no podÃa haber pelo, solamente una sombra, bailando entre las vacas, entre los becerros, entre el monte, yo obviamente se la señale rápidamente a mi abuelo, y se la señale con curiosidad, no con miedo, le dije, mire abuelo, Allá adelante,¿ qué es?¿ Un niño o una persona? Anda entre las vacas.¿ Qué querrá? Mi abuelo simplemente forzó su
1:45:19 mirada y empezó a ver por todo el alrededor, pero él no veÃa a nadie. Nos quedamos ahà parados como unos 15 minutos y él me preguntaba una y otra vez,¿ a quién ves?¿ Por dónde lo ves? Y yo le respondÃa, ay abuelito, mire ahÃ. Pero al parecer él no lo podÃa ver. Yo no era una chica que dijera mentiras, asà que mi abuelo sabÃa que no le estaba mintiendo. Ãl simplemente me dijo, voy a chiflarle a las vacas para que ellas se vengan, y tú te vienes conmigo atrás. No te vayas adelante. Ellas seguÃan. Yo tenÃa la costumbre, Alex, de siempre irme adelante mientras que mi abuelo se iba hasta atrás. Me gustaba dirigir a los animales, a pesar de que estos no lo ocuparan. Ahà me gustaba ir adelante siempre. Asà que noté algo rara la actitud de mi abuelo, pero, al final de cuentas, le hice caso.
1:46:17 No querÃa desobedecerlo. Separaron todos los animales y comenzaron a caminar por aquel camino. Yo me fui con mi abuelo, y cuando estábamos cabalgando, él me preguntó nuevamente,¿ ves aquella sombra? Yo le dije que sÃ. Aquella sombra que habÃa visto entre el monte, no se habÃa quedado allá. VeÃa que la persona venÃa con los animales, igualmente, corriendo de un lado para el otro, incluso dando saltos como si estuviera haciendo algún tipo de baile. Mi abuelo en ese momento me dijo, mi niña, vamos a ponernos a rezar, tú te sabes rezos, ¿verdad? Yo le dije que sÃ, pero¿ por qué Ãbamos a ponernos a rezar en ese momento?
1:47:05 Ãl simplemente me dijo con una sonrisa, que era para que no nos pasara nada en el camino, y para darle gracias a Dios de que este dÃa habÃa salido muy bueno en cosas de venta. Yo le hice caso, pues era muy inocente. Ahora me doy cuenta que mi abuelito me decÃa esto para que no me alertara, ni mucho menos tuviera miedo. Empezamos a rezar los dos juntos. Y después de un par de rezos, nos quedamos callados y después comenzamos a platicar entre nosotros. Cuando él de nuevo me dijo,« Mi niña, sigues viendo aquella sombra». Yo le dije que en ese momento no, pero cuando pasaron unos minutos, la pude ver nuevamente. Le dije otra vez a mi abuelo, mire, ahà está, ahora está hasta adelante, entre los primeros bueyes que van allá. Mi abuelo me dijo de nuevo, vamos a ponernos a rezar otra vez, hija, ándale, para darle gracias a Dios. Nos pusimos a rezar nuevamente, Alex, y asà llegamos a la casa. Yo sabÃa que algo extraño habÃa pasado aquel dÃa, pues... Mi abuelo no me dejó ir con él las noches siguientes. Ãl me decÃa que simplemente era muy tarde y no querÃa que me pasara algo allá por la noche. Yo obviamente me sentà muy triste, pero al paso de una semana volvà a ir con él. Y esta vez pasó como una noche normal.
1:48:37 Yo encabecé a los animales y aquella sombra jamás la volvà a ver. Esto quedó simplemente como una experiencia curiosa, pero al pasar los años y preguntarle a mi abuelo sobre esta experiencia que habÃamos tenido ambos, en aquel camino, en aquel monte... Me dijo que no me habÃa llevado por mi propia seguridad. Ãl sabÃa muy bien que demás ganaderos y también habitantes del rancho decÃan que por esos montes se veÃan cosas extrañas. Extrañas apariciones de entes, sumamente oscuros.
1:49:19 Algunos otros habitantes iban más allá diciendo que en aquellos caminos y en aquel monte se aparecÃa el mismÃsimo diablo. que aquella sombra que vi, probablemente no era una persona, él simplemente no me quiso alertar aquella noche, y que por los dÃas siguientes, se trajo todo su ganado más para acá, ya no fue ni lo llevó a aquellos montes tan lejanos, en los cuales crecÃa un pasto muy verde y también algunos secos, que le sirvió al ganado para alimentarse, pero... no importaba. Porque cuando tú metÃas a tu ganado en aquella zona, aquel monte se cobraba una parte de tu ganado. Y bien se lo habÃan dicho a mi abuelo, pero él no creÃa en esto. Bastó con la experiencia que vivà yo con él. Y también que al pasar dos dÃas, dos de sus vacas fallecieron.
1:50:15 Que tomó en cuenta que aquellas cosas que se decÃan de aquel monte... No eran leyendas. Aquel sitio, verdaderamente, estaba embrujado. Mi nombre es Joel Anastasio. Mi experiencia... La vivà junto con mi compadre. Esta historia tiene aproximadamente algunos siete años, cuando en ese entonces yo y él aún vivÃamos en nuestro pueblo. Casi era como de madrugada. Nos habÃamos quedado en la parcela cerca de algunas cuatro o cinco horas más, debido a que tenÃamos mucho trabajo acumulado y también tenÃamos uno que otro problema. VenÃamos por aquel camino de terracerÃa, con monte a ambos lados. Era una costumbre para nosotros igualmente cada fin de semana. No tenÃamos miedo, Alex. Y tampoco somos supersticiosos, asà que... No quiero que piensen que somos de las personas de los ranchos que... Creen brujas, fantasmas, leyendas.
1:51:35 Para nada, nosotros no somos de ese tipo de personas. Por aquel camino solamente estábamos platicando acerca de nuestras familias... de los problemas que traÃamos en aquel momento y de cómo nos habÃa ido en las ventas. Y por aquel camino, en el que gobernaba una oscuridad absoluta, solamente se escuchaba nuestra plática, el viento y los grillos. Cuando en eso, que Ãbamos cabalgando cada uno en su caballo, Vemos ahà a la lejanÃa, allá por donde se pierde el camino, que se va acercando una silueta. Es una silueta también más o menos grande. Y conforme pasan los minutos y aquella silueta se va acercando, distinguimos que es un jinete.
1:52:22 Igual vine con su caballo y él encima con un sombrero. Pensamos tal vez que era algún conocido del pueblo, pues allá todos nos conocemos. pero conforme se va acercando, vemos que viene en absoluto silencio, algo extraño, nosotros seguimos platicando, y en ese momento nos percatamos que los caballos que traÃamos, se comportan de una manera muy extraña, o sea, empiezan como que a no querer caminar, empiezan como a ponerse nerviosos, Hacemos lo que podemos para que estos sigan, pero es notable que están nerviosos, que están asustados. Y estos caballos, créeme, casi jamás se ponÃan asÃ. Aquel jinete extraño casi estaba al borde de chocar con nosotros. E hizo un movimiento extraño porque obviamente si tú ves a dos personas que vienen a caballo y vienen platicando entre sÃ... Obviamente tú pasas por un lado. Bueno, este jinete no lo hizo.
1:53:22 Este jinete siguió adelante. Tanto asà que pasó en medio de nosotros. Los caballos se hicieron a un lado y lo dejaron pasar. Y justamente cuando estaba pasando, en medio de nosotros, lo reconocimos. Aquel caballo estaba transportando a un viejo conocido, un viejito llamado Don Chencho. Don Chencho siempre traÃa ese caracterÃstico sombrero. y esa caracterÃstica chamarra que lo reconocÃa fácilmente a la distancia. Su cara, su barba, lo reconocimos inmediatamente. El caso aquÃ, Alex, el caso extraño, es que Don Chencho para ese momento llevaba de fallecido cerca de cinco años. Pero en aquel momento, en aquel instante, te puedo decir que esto no lo recordamos y no sé por qué. Tal vez fue un momento que nos agarró desprevenidos. No nos acordamos que Don Chencho para ese momento no estaba vivo. Entonces le hablamos. Le dijimos, Don Chencho,¿ para dónde va?¿ Y por qué va tan solo? Te digo, te repito, eran como la una de la madrugada. Don Chencho simplemente se detuvo, se volteó y nos saludó. Nos dijo que iba a ver a su madre, que al rato volvÃa al pueblo, pero que fuéramos con cuidado. Solamente lo saludamos, nos echamos unas risas y seguimos. Mira cómo son las cosas. No recordábamos que él habÃa fallecido, pero recordábamos muy bien todas aquellas actitudes, aquellos hábitos que tenÃa
1:54:57 Don Chencho. Y es que él siempre iba al cementerio a visitar a su madre. Y cada vez que iba al cementerio, siempre decÃa lo mismo. Voy a ver a mi mamá. Obviamente la señora ya estaba enterrada, y el camino precisamente llevaba al cementerio del pueblo, pero pasaron como unos dos minutos cuando caÃmos en cuenta. Nos volteamos, como si al mismo tiempo nos hubiéramos dado cuenta los dos, y nos dijimos al instante. Don Chencho no está vivo. Cuando volteamos otra vez a ver el camino, que porque era recto, era más que obvio que tenÃamos que verlo ahà a la distancia pues no le habÃamos dejado tanto tiempo como para perderlo de vista. Vimos que la silueta ya no se encontraba. Don Chencho habÃa desaparecido. Inmediatamente en ese momento Alex nos recorrió un escalofrÃo a los dos por todo el cuerpo y empezamos a galopar. Empezamos a hacer que los caballos corrieran y recordamos el instante en el que los caballos se ponÃan nerviosos. Era más que obvio que ellos estaban sintiendo algo. Ellos tenÃan miedo porque sabÃan que aquella noche no estábamos interactuando con algo terrenal.
1:56:13 Esa noche vimos el fantasma de Don Chencho, que incluso en ese momento, a pesar de pasar los años, él seguÃa yendo al cementerio a visitar a su madre. Después de esta experiencia, Alex, tanto yo como mi compadre, No volvimos a quedarnos tantas horas en la parcela. Tan pronto eran las ocho o nueve pasadas. DecidÃamos irnos. TenÃamos miedo de volver a encontrarnos con Don Chencho. Hola, les y comunidad de la cripta. Quiero platicarles una experiencia que me sucedió a mi hermana y a mÃ. En aquel tiempo, tendrÃamos como entre 18 y 17 años, y desarrollábamos una actividad que año con año hacÃamos. Cuando era año nuevo, allá en nuestro pueblo, Se festejaba con muchos fuegos artificiales y también hacÃan, diferentes familias e incluso iglesias, muñecos como de paja, representando el año viejo. A este muñeco lo llenaban de fuegos artificiales y a veces pues simplemente de paja y lo quemaban.
1:57:44 Lo hacÃan en diferentes claros o a veces en algunas plazas o arriba de los techos de las casas. Esto combinado con los fuegos artificiales, hacÃa que todo el escenario pareciera profundamente hermoso. Claro, tú solamente lo disfrutabas si estabas a una distancia adecuada para verlo. Cosa que yo y mi hermana siempre buscábamos año con año. No pasábamos exactamente las doce con mi familia. Yo y mi hermana agarrábamos ambas nuestros caballos. y nos Ãbamos a la punta de un cerro, era el más cercano del pueblo. Esto lo hacÃamos año con año como ya expliqué, asà que mis padres, en un principio si bien nos acompañaron, ya después no lo hacÃan, e incluso durante un tiempo, ambas fuimos con nuestros propios novios, pero en aquella noche estábamos solteras las dos.
1:58:40 y no quisimos que nadie nos acompañara, simplemente querÃamos estar solas, asà de paso en el camino, Ãbamos a platicar de algunas cosas que tenÃamos pendiente, problemas familiares como los que tiene cualquier familia, eran las 11.40, lo recuerdo muy bien, y estábamos entrando a aquel cerro, el camino de tierra, rodeado por árboles, y de vez en cuando un claro que nos permitÃa ver, allá a la lejanÃa como se veÃa el pueblo, Todo iluminado, y cada cuanto se reventaba un fuego artificial. Probablemente de algunos niños que nos esperaban. Ãbamos cada uno en su caballo, simplemente platicando. Nosotros somos del pueblo, asà que no tenÃamos miedo. Cuando en eso vemos que en la punta del cerro se encuentra algo... Vemos luz, vemos algo que brilla allá a la distancia, Alex... Asà que lo que suponemos es que... Ni vamos a pasar las olas aquella noche... Algún grupo de jóvenes... Como ya nos habÃa tocado algunas veces... A veces subÃan al cerro para encender pirotecnia... Pero ellos por su lado y nosotros por el nuestro... Aunque a veces nos juntábamos... Si esto era asà entonces le Ãbamos a pasar todavÃa mejor... porque por lo regular son puros chicos jóvenes, tal vez de nuestra edad si tenÃamos suerte. Continuamos galopando, cuando en eso vemos que ahora no es solamente una luz la que brille,
2:00:11 sino varias. En un principio pensamos que tal vez se trataban de antorchas o algo parecido. Se veÃan luces estáticas, como de fuego. No le prestamos atención y seguimos. Justamente en el último tramo, que nos quedaba poco para llegar a aquellas luces, volteamos hacia el pueblo y vimos que todos estaban accionando los fuegos artificiales. Al checar nuestra hora, ya eran en punto de las doce. Ya era año nuevo. Como nosotras estábamos embobadas viendo todo el espectáculo del pueblo, los caballos siguieron andando. Y poco a poco fuimos acercándonos.
2:00:53 Para ese momento empezamos a escuchar risas. Y voces también. Pero extrañamente solamente de mujeres. Unas risas muy estruendosas. Y unos gritos también. Pero no eran gritos de horror o de miedo. Sino como de satisfacción. Como si se estuvieran contando chistes. Por esto mismo no le prestamos atención. Pensamos que era algún grupo de chicas. Nosotros seguÃamos viendo todo, todo el panorama del pueblo, los fuegos artificiales, y veÃamos ahà a la lejanÃa los muñecos de paja que se estaban quemando. Cuando menos acordamos, ya estábamos llegando a la punta del cerro y nos dimos cuenta que lo que veÃamos a lo lejos que estaba en la punta no eran antorchas, no eran fuegos artificiales, Es más, Alex, no eran ni siquiera humanos. Lo que vimos fueron unas bolas de fuego que solamente estaban ahÃ, levitando en el aire, sin moverse. Nosotros quedamos estupefactas, quedamos petrificadas observándolas, las voces y las risas que escuchábamos. ProvenÃan de aquellas bolas, aquellas figuras, tenÃan voz. Inmediatamente pensamos que eran brujas. Era una leyenda que se contaba en el pueblo, que a veces las brujas se convierten en bolas de fuego y están volando por los cerros. e incluso por algunas casas donde los
2:02:26 niños aún no se han bautizado. Pero yo siempre taché esto como un relato de terror, como una leyenda, como una historia que se le contaban a los más pequeños para infundirles miedo. Jamás pensé que lo verÃa con mis propios ojos. Tuvimos tan mala suerte aquella noche, que aquellas bolas empezaron a volar, y para nuestra mala suerte, en nuestra dirección. Rápidamente volteamos los caballos y empezamos a correr junto con ellos. Los caballos empezaron a correr, dirigiéndose hacia abajo del cerro. Nosotras estábamos gritando como locas, al menos en un principio, pero logramos centrarnos. TenÃamos que bajar el cerro lo más rápido posible y solamente escuchaba las carcajadas.
2:03:14 Solamente escuchábamos como algo sobrevolaba encima de nosotras. Por suerte, no nos hicieron nada. Solamente nos asustaron. Bajamos del cerro y llegamos a nuestra casa. Les explicamos a nuestros parientes, padres, tÃos, lo que habÃamos visto, con lo que nos habÃamos encontrado. Mi abuela, que aparece tiempo, aún estaba viva. Nos curó de espanto pues, según varias personas, varios familiares, nos veÃamos pálidas y con una mirada perdida. Poco a poco fuimos recobrando de nuevo el semblante y desde aquella noche no volvimos a subir al cerro. Aquella tradición que tenÃamos año con año, terminó con aquella experiencia. Antes de terminar, me gustarÃa mandar los saludos a los miembros del canal que apoyan el contenido mes con mes y que sin eso, este proyecto no podrÃa ser posible. Muchas gracias, criptomaniacos. No olvides que si el video te gustó, me apoyarÃas mucho dando un like, compartiéndolo y comentando abajo. SuscrÃbete para más contenido y activa la campanita de notificaciones para que no te pierdas ningún video nuevo. Sin más por decir, yo me despido. Mi nombre es Alex. Les deseo buenas noches
2:04:46 y unas aterradoras pesadillas. Su cabello era enorme, negro como la brea. Al dar unos pasos más, algo cambió. Un olor terrible me golpeó de lleno. Era como carne podrida, como cuando encuentras a un animal muerto en el monte, pero más fuerte. Como si viniera de algo que llevaba meses pudriéndose por dentro. Me tapé la nariz por instinto.
2:05:37 Buenas noches, le grité, forzando la voz debido al olor. Pero él no me respondió. Levanté mi linterna, pero la niebla rebotaba. No podÃa ver bien su rostro. Y luego, luego alzó la cabeza. Y juro por lo más sagrado... que lo que vi, aquella noche fue real, y te lo estoy contando, sus ojos no eran humanos, brillaban, brillaban de un rojo enfermizo, como brasas encendidas, sentà que se me lava la sangre, el caballo bufó con fuerza, pero no fue un bufido normal, Ese aliento que salió de su hocico me quemó la cara como si hubiera acercado la cabeza a una fugata. Retrocedà un paso, notablemente sorprendido.
2:06:34 El animal resopló otra vez y el calor era tan intenso que sentà que me faltaba el aire, pero no podÃa moverme. no sé si fue el miedo o algo más, me quedé clavado ahÃ, mirando, y mientras más lo miraba, más cosas horribles notaba, la piel del hombre estaba reseca, como cuero viejo, pegada al hueso, sus labios estaban partidos, casi no tenÃa nariz, y su carne parecÃa moverse, como si algo dentro de él se agitara. Era un cadáver, lo puedo asegurar, o un cadáver a caballo, y yo no podÃa dejar de mirarlo. El jinete no dijo nada, no se detuvo y siguió su camino, lento, como si supiera que yo no podÃa hacer nada. Pasaron minutos, o al menos eso sentÃ, cuando por fin pude moverme, regresé corriendo al campamento, estaba pálido temblando, por fin habÃa salido del shock, llegué con mis compañeros y les pregunté,¿ vieron eso?¿ vieron eso? casi gritando,¿ vieron al jinete? pero mis compañeros
2:08:05 me miraron raro,«¿ Qué jinete?», me contestó el Teniente RamÃrez.« Sólo te vimos pararte ahÃ, hablando solo». Yo le respondà sin entender.«¿ Cómo que solo?».« Estaba ahÃ, pasó frente a nosotros».« Ni uno, ni un solo militar, aparte de mÃ, habÃa visto aquel jinete». Y no era posible, estaban a unos metros, habÃa luz, habÃa silencio. No podÃa haber pasado desapercibido, pero para ellos yo simplemente me levanté, caminé al centro del camino y hablé con el aire. Esa noche no dormÃ, ni la siguiente. El olor seguÃa en mi nariz, como si lo tuviera impregnado en la piel. Y aún hoy, años después, me pregunto qué vi realmente. Algunos dicen que hay apariciones en los caminos de la sierra, que hay almas que se arrastran entre la niebla buscando redención o castigo.
2:09:23 Pero yo sé lo que vi. Hablé con algo que no era humano, algo que no deberÃa de existir, un demonio a caballo. Yo lo vi y él me vio. Es una experiencia que jamás olvidaré. Gracias, Alex, por permitirme compartir esta historia contigo y con tu comunidad. Saludos a todos. Antes de continuar, paso para invitarte a las transmisiones que se hacen a las 10 de la noche, en donde contamos historias y experiencias paranormales del público, asà como también hablamos de temas paranormales de diferente Ãndole, brujerÃa, leyendas y lugares embrujados, entre otros. Los dÃas lunes, martes, jueves y viernes, por el canal de La Cripta Embrujada. Ahora sÃ, continuamos. Yo estuve ahÃ. Lo que les voy a contar pasó en Sonora, a principios del año 2010. A veces pienso que lo imaginé.
2:10:55 que fue una alucinación por el cansancio o por las historias que contábamos entre guardias. Pero no, no fue eso. Yo lo vivÃ. Nos habÃan asignado un retén sobre una carretera secundaria al norte del estado. Una vÃa tan deteriorada y poco transitada que la mayorÃa de los locales preferÃan rodearla en carretas o por brechas de tierra. Estábamos en medio de la nada, rodeado de cerros pelones y monte espeso. La señal del radio era intermitente y la temperatura bajaba tanto en la madrugada que el uniforme no bastaba para quitarte el frÃo que te calaba hasta los huesos. Ãramos seis soldados y un sargento. Por las noches hacÃamos turnos de vigilancia, mientras el resto descansaba dentro del transporte blindado.
2:12:02 Aquella madrugada, justo a las tres, me encontraba de pie junto a la barrera metálica, viendo como la niebla bajaba y empezaba a colocarse entre las piedras y los matorrales. Todo estaba en silencio. hasta que vimos unas luces. Eran dos, pequeñas al principio, pero intensas. TenÃan un rojo brillante. VenÃan de lejos, por la carretera, avanzando lentamente. No era la luz de un coche, ni de una moto. No titilaban, no se sacudÃan, sino que flotaban. Uno de los muchachos, el más joven, el soldado Núñez, murmuró sin dejar de mirar.
2:13:01 Esas son brujas. Mi abuela decÃa que aquÃ, en esta zona, salen a volar a las tres de la mañana. Todos nos reÃmos, brujas, en pleno siglo XXI.¿ Tú crees en esas cosas? Y también traen escoba y caldero, Núñez, le dijo el sargento burlándose. pero a pesar de las risas, ninguno de nosotros se atrevió a acercarse. Las luces seguÃan flotando, avanzando con una calma antinatural. ParecÃa que danzaban entre sÃ, girando en el aire, subiendo y bajando sobre la carretera.
2:13:47 A veces se metÃan entre el monte como explorando, Y después, como si algo las llamara, desaparecieron detrás de un cerro, sin dejar ni un solo rastro. Pasaron varios minutos antes de que alguien dijera algo. Volvimos a nuestra rutina, como si no hubiera pasado nada, aunque el ambiente se quedó tenso, espeso como la niebla. Una semana después, durante otro turno nocturno, sentà la necesidad de alejarme un poco del retén, pues querÃa hacer del baño y aparte también querÃa estirar las piernas.
2:14:33 Le pedà a Pérez, un compañero, que me acompañara. Por protocolo, no debÃamos ir solos. Les tengo que recordar que estábamos en una zona árida y completamente despoblada. Caminamos unos 100 metros hacia un monte cercano. Llevábamos nuestras lámparas de cabeza y con cuidado avanzamos entre piedras y ramas secas. Fue ahà cuando la vimos. Una mujer, sola, caminando entre el monte. Estaba a unos 20 metros de espaldas. TenÃa el cabello largo y suelto. y un vestido blanco, que apenas se distinguÃa por el reflejo de nuestras luces. No era normal. Nadie camina por esa zona a esas horas, y menos sin linterna.â¡ Oiga!â le grité. La mujer se detuvo. Volteó lentamente. No olvidó su rostro. Era antinatural, como si no estuviera hecha para este mundo. Su piel era grisácea, sus ojos grandes y negros como pozos, y su sonrisa, una mueca enorme que se extendÃa más allá del humano. Y entonces lanzó una carcajada.
2:16:07 No era una risa cualquiera, era un chillido seco, rasposo, como si la garganta le estuviera echando brazas. De un salto, el cuerpo de la mujer se elevó y se encendió. Aunque no me lo crean, Alex, aquella mujer se encendió y se transformó, ahà frente a nosotros, en una bola de fuego, una esfera roja e hirviente, igual a las que habÃamos visto aquella noche. Flotó unos segundos, como burlándose, Luego salió disparada hacia los cerros, dejando una estela de calor y risas que se desvanecÃan en el aire. Pérez y yo nos quedamos paralizados. Temblábamos. No dijimos nada. Solo corrimos de regreso al retén, tropezando con piedras, arañándonos con ramas, sin siquiera voltear atrás. Cuando llegamos, los demás nos vieron pálidos, sin aliento. Nos preguntaron qué habÃa pasado. Se los contamos.
2:17:29 No se rieron de nosotros. Esta vez nadie se rió. Porque, aunque no todos lo admitieran, sabÃan que lo que habÃamos visto no era una ilusión. Ya lo habÃan sentido una semana antes. Aquellas bolas de fuego no eran cuentos de abuelas, no eran bromas, eran reales, y volaban sobre Sonora. Justo a las tres de la mañana, desde entonces, cada vez que me toca un puesto en la sierra y se acerca esa hora maldita, cargo mi arma con manos temblorosas, aunque sé que una bala no sirve contra eso. Contra el fuego del diablo. Contra las brujas. Esta fue mi experiencia Alex. Gracias por compartirla. Mi nombre es Ãngel. Fui militar activo durante más de una década. Y si hay algo que aprendà en esos años es que hay cosas allá afuera que no tienen explicación y que es mejor
2:19:04 no buscarlas. CorrÃa el año de 2014. Nos encontrábamos en el sur de México patrullando una zona selvática cercana a la frontera Nuestro convoy era de cuatro camionetas artilladas, con doce soldados bien armados, avanzando lentamente por un camino angosto de terracerÃa, apenas abierto entre la vegetación. La selva es densa allá, oscura, húmeda y siempre viva. Pero de noche se vuelve algo distinto.
2:19:49 como si respirara, como si estuviera esperando algo. Pasaban de las 2 de la mañana, llevábamos horas sin encontrar señal de movimiento, ni gente, ni animales, solo el zumbido de insectos y el crujido de las hojas bajo las llantas. Yo iba en primera unidad, en la parte trasera, atento, viendo hacia la selva, fue entonces cuando lo vi, un niño, caminaba al borde del camino, casi pegado al monte, tenÃa la cabeza agachada, y los brazos colgando, como si estuviera exhausto, No llevaba zapatos, vestÃa con harapos, apenas un trapo colgando del cuerpo. La piel de sus piernas y brazos estaba cubierta de barro y picaduras, pero lo que más me llamó la atención fue su color. Era morado, no oscuro, solamente morado. No era un color que alguien adaptarÃa por el frÃo o la suciedad. Su piel tenÃa un tono entre púrpura y grisáceo. Como si no le corriera sangre por el cuerpo. Como si ya no estuviera vivo.«¡ Alto!», le grité. Las camionetas se detuvieron en seco. Saltamos varios
2:21:23 de nosotros, rodeándolo con cuidado. El niño apenas levantó la mirada. Y cuando lo hizo... Sentà que se me encogÃa el alma. Sus ojos no tenÃan pupilas, ni blancos. Eran completamente negros, como dos hoyos en medio del rostro. Uno de los muchachos dijo en voz baja,«¿ Y ese niño?¿ Qué chingados hace hasta ahora?». Debe estar perdido, respondÃ, tratando de mantener la calma. Hay que llevarlo al pueblo más cercano. El niño no dijo ni una sola palabra a Alex, pero cuando abrimos la puerta trasera de la camioneta, subió sin poner resistencia. Se sentó en una esquina, mirando al frente, quieto, sin parpadear. El resto del camino, nadie habló. Yo no pude dejar de mirarlo por el retrovisor. TenÃa algo, algo en su apariencia, que me llamaba mucho la atención, pero de una forma mórbida. No se movÃa, no respiraba fuerte, no sudaba. Y aunque Ãbamos por un camino de baches, él no se sacudÃa como nosotros. ParecÃa que iba muy,
2:22:53 pero muy, quieto. casi como tieso. Tardamos alrededor de una hora en llegar al pueblo. Un caserÃo de unas cuantas casas de madera, con luz apenas suficiente para alumbrar las calles de tierra. Cuando nos detuvimos, giré para avisarle al niño que ya habÃamos llegado, pero ya no estaba. La camioneta seguÃa cerrada. Nadie la habÃa abierto y el niño ya no estaba ahÃ. Ni una marca de sus pies, ni un rastro. Pregunté a los demás si lo habÃan visto bajar, pero todos me negaron con la cabeza. Algunos pensaban que lo habÃamos imaginado, que tal vez fue una alucinación por el cansancio, pero no. Todos lo vimos, Alex.
2:23:50 Todos vimos sus ojos. Al hablar con los pobladores, les contamos lo que habÃa pasado. Un anciano nos miró con una expresión que nunca olvidaré. Un niño solo en la selva, de madrugada, nos dijo. No era un niño. Aquà se ven esas cosas. EspÃritus, sombras, que buscan quien los mire. Algunos dicen que son almas perdidas. otros que son guardianes del monte, pero no son humanos. Otro poblador agregó lo siguiente,« Varias personas han fallecido en estas selvas, accidentes, enfermedades, hasta brujerÃa.
2:24:41 Muchos nunca fueron encontrados y a veces regresan. Esa noche acampamos cerca del pueblo. Nadie durmió». Cada crujido entre los árboles nos ponÃa los nervios de punta. Cada sombra era una amenaza. El monte. Lo veÃamos como si estuviera vivo, pero no como lo imaginábamos. Yo dejé el ejército como a los dos años después. Pero aún hoy, al cerrar los ojos, recuerdo esa cara. esa piel morada, esos ojos negros, y me pregunto qué habrÃa pasado si no hubiera subido solo, si alguno de nosotros lo hubiera tocado, si le hubiéramos preguntado su nombre, quizás fue mejor asÃ, quizás solo querÃa que lo viéramos, quizás ese niño aún sigue vagando por aquella selva, No sé si alguien vaya a creerme, en el ejército todos tenemos historias que parecen mentira, pero la
2:26:14 que voy a contarles Esta no la leà en un libro ni la escuché en una fogata. Esta la vivà y hasta el dÃa de hoy no puedo explicarla. Solo sé que cada vez que paso por Chihuahua evito esa zona y que por las noches aún sueño con ese rostro. Era el año 2013. Yo formaba parte del destacamento militar en Chihuahua. nos habÃan asignado la vigilancia de un pequeño pueblo fronterizo, de esos donde el calor del dÃa te calcina hasta los huesos, y las noches tienen un frÃo muy devastador.
2:27:02 Estábamos haciendo rondines perimetrales en una de estas tantas madrugadas donde ya no sabes si tienes sueño o si solo estás vacÃo por dentro. Ãbamos cuatro en la unidad, una camioneta artillada, con los faros encendidos, cortando la oscuridad del desierto. A ambos lados de la carretera solo habÃa monte seco, cactus, piedras y más oscuridad. nada más. Era un silencio denso, interrumpido solo por nuestras voces. Yo iba hablando con el cabo Reyes y el soldado Lugo sobre cosas banales, tratando de mantenernos despiertos. Entonces la escuchamos. Un aleteo, fuerte, como el batir de alas enormes. No era un murciélago, ni un ave común. Era grave, pesado, como si una manta gigante estuviera batiéndose en el aire sobre nosotros. Instintivamente alzamos la vista y lo vimos. Volaba por encima de la camioneta.
2:28:23 No puedo describirlo sin que me tiemblen las manos. Era un hombre o algo parecido. con un cuerpo musculoso pero delgado, cubierto de una especie de piel negra como cuero quemado, tenÃa alas, unas alas enormes, como las de una polilla o un murciélago, que se abrÃan y cerraban con fuerza, pero lo peor era su cabeza, tenÃa la cara de una mosca, dos ojos enormes, rojos, compuestos, que brillaban con el reflejo de los faros, unas antenas que se agitaban al viento, y un zumbido, como si respirara por dentro de nosotros.«¿ Pero qué chingados es eso?», gritó Reyes, mientras Lugo se encogÃa en su asiento. La criatura descendió un poco, siguiéndonos desde el aire, como si nos estudiara. Iba a la par de la camioneta, flotando, con sus ojos fijos en nosotros. Se podÃa sentir su presencia, densa, como si el mismo aire se volviera más pesado. Yo agarré mi arma sin pensarlo, y grité fuego, Las ráfagas comenzaron. Los
2:29:54 cuatro abrimos fuego hacia arriba. Las balas cortaron el silencio de la madrugada y por unos segundos solo escuchamos el eco de los disparos retumbando entre los cerros. Si te soy sincero, Alex, abrimos fuego más por miedo que por un aire de supervivencia. La criatura soltó un chillido, un sonido agudo, chirriante, como metal raspando contra el metal, y se elevó con rapidez, alejándose en la oscuridad hasta perderse más allá de los riscos. Detuvimos la camioneta de golpe.
2:30:40 Nadie hablaba, nadie se atrevÃa a bajar, solo nos mirábamos. respirando agitadamente, esperando que regresara, pero no volvió. Estuvimos ahÃ, inmóviles, como tontos, pero por al menos veinte minutos, luego arrancamos de nuevo y regresamos al destacamento, sin decir palabra alguna. No hubo risas, ni bromas, ni excusas. SabÃamos lo que habÃamos visto. Al dÃa siguiente, lo reportamos con el capitán.
2:31:24 No nos creyó, por supuesto. Dijo que seguro habÃamos confundido un animal con la falta de sueño, que tal vez fue un búho o un murciélago grande. Pero entre nosotros, los que estuvimos ahÃ, sabÃamos la verdad. Eso no era un animal. Eso pensaba, observaba y volaba como si el cielo le perteneciera. Con el tiempo, uno de los soldados comenzó a llamarlo, el hombre pulilla. Yo conocà a la leyenda, esa del Mothman gringo, pero nunca imaginé que algo parecido pudiera aparecerse aquÃ, en medio del desierto.¿ Era una criatura real?¿ Un espÃritu?¿ Una malformación de la naturaleza? La verdad es que no lo sé. Solo sé que nos siguió por más de un kilómetro. Que nos miró con esos ojos inhumanos.
2:32:28 Y que desde entonces, nunca más me sentà seguro bajo el cielo nocturno. Si alguna vez, estando en el desierto, escuchas un aleteo pesado sobre tu cabeza, no mires arriba, y si lo haces, reza para que no te vea. Cuidado con el encuentro del hombre polilla.
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