7 Relatos de Terror de Morgues, que no te dejaran dormir esta noche
0:10 Esta siguiente historia viene de parte de Gerardo GarcÃa. Gerardo nos cuenta que él trabajaba como jardinero hace no muchos años, tal vez como hace unos 8 o 7 años. Ãl nos pide disculpas ya que no recuerda muy bien la fecha, pero... se recuerda muy bien en qué clase de lugares trabajaba cotidianamente dÃa con dÃa. Estos lugares eran muy precisos, hoteles, hospitales, y por qué no, también morgues. Ãl recuerda que trabajaba en una morgue desempeñándose como intendente y jardinero dos dÃas a la semana, el dÃa martes y el dÃa sábado.
0:58 Pero en una ocasión, A él le surgió un problema... Algo que no podÃa cambiar de dÃa... Asà que le pidió permiso... Al encargado de la morgue... Que si no hubiera ningún problema... En que él se presentara el dÃa domingo... El dÃa domingo... La morgue no trabajaba... No habÃa nadie... Absolutamente nadie... Todo estaba cerrado... Pero como Gerardo... Ya llevaba años trabajando para él... Le dijo que no habÃa ningún problema... Que él iba a dejar las llaves... Y claro, la bodega donde Gerardo ocupaba todas sus herramientas, todas sus tijeras, baldes, escobas, se encontraban adentro de la morgue. Gerardo pidió las llaves, se las entregaron y él pensó que no iba a tener ningún problema. Esa tarde llegó. Como dije, ya tenÃa años ahÃ. ConocÃa a todo el personal de la morgue.
1:58 SabÃa que iba a estar completamente solo, pero debido al percance que habÃa tenido, pues incluso llegó algo tarde el domingo. Debido a que él tenÃa que entrar, abrir, cerrar puertas, sacar las herramientas, todo eso, pues se le fue haciendo cada vez más tarde y cada vez más tarde. Claro, también porque estaba solo y no habÃa nadie quien agilizara más que nada estar sacando y metiendo cosas. Todo esto repercutió en que le cayó la noche, o más o menos la noche, el atardecer, podremos decirlo. Ya todo se estaba poniendo oscuro, cuando Gerardo en ese momento vio algo.
2:43 Vio algo que le llamó mucho la atención. Vio una chica, o más bien una niña, como de unos seis o siete años, asomándose por una de las ventanas de la morgue. Esta niña tenÃa una apariencia algo extraña, pero también cautivadora. Su piel era muy pálida. Sus ojos parecÃan cristalinos, pero también a la vez muy grises. Como apagados, si me doy a entender. A Gerardo esto le llamó sumamente la atención.
3:23 Se acercó a ella, más que nada porque sabÃa que no habÃa nadie en la morgue.¿ Cómo era posible que una niña se encontrara ahà solita, asomándose por la ventana? Ãl inmediatamente pensó en una chica que trabajaba en la morgue. Esta chica tenÃa 22 años y tenÃa una niña más o menos de la misma edad que él veÃa a aquella niña que se estaba asomando en la ventana. Ãl jamás habÃa conocido a la hija de esta chica, más que nada porque a veces la llevaba o a veces no. TenÃa algunas dificultades y no tenÃa con quién dejarla. Asà que inmediatamente pensó que era la hija de esta jovencita.
4:06 Ãl pensó, bueno, tal vez vinieron en domingo porque surgió algo. Al menos asà no iba a estar solo. Además ya casi terminaba. Ãl decidió meterse a la morgue y empezar a buscar en el primer piso. En el piso de administración. pero no encontró absolutamente a nadie, todo estaba a silencio, todo estaba con las luces apagadas, cada pasillo, cada habitación, cada oficina, no habÃa nadie en ahÃ, ni la niña, ni la otra chica, Gerardo nos cuenta que él no se subió al segundo piso, porque más que nada, no habÃa nada que checar allá, él era área de la morgue, Allà se encontraban los forenses, y más que nada se encontraban los cuerpos. Asà que no habÃa nada que checar ahÃ.
5:01 Por regular, esa área solamente tenÃa gente cuando estaban los forenses. El caso es que cuando ya estaba cerrando la puerta, escuchó pasos que venÃan del segundo piso, y también murmullos. Por lo que él pensó que tal vez la chica y su hija sà habÃan venido, pero se encontraban en el segundo piso. Ãl ya se querÃa ir, ya querÃa terminar su trabajo, y pensó, bueno, si entró se supone que tiene llave. Ãl se iba a hacer cargo de la suya, entonces cerró la puerta, dejó todo completamente ordenado, y se fue. Al dÃa siguiente, el dÃa lunes, quedó de ir por unos reportes solamente, y también por su paga.
5:47 Gerardo se presentó, como el hombre que le pagaba todavÃa no llegaba, iba a tardar como unos 15 minutos en llegar, se quedó ahà y fue con los forenses a revisar algunas cosas, era de limpieza, tenÃa que checar que no hubiera vasos o que hubiera algunas cosas fuera de su lugar, al momento que entró con un forense que estaba checando un cuerpo, que vuelvo y repito, Gerardo ya tiene años ahÃ, conoce a los forenses y estos se lo permiten, además de que él ya no se espanta al ver cadáveres, pero aquella tarde sà se espantó, porque me cuenta que vio un cadáver que reconoció enseguida. Gerardo dice que el forense estaba inspeccionando un cuerpo, el mismo cuerpo de la niña que habÃa visto el dÃa anterior asomarse por aquella ventana de la murgue. Gerardo solamente le preguntó al forense que esa niña cuándo habÃa llegado, Obviamente, tratando de controlar el terror y la tartamudez que tenÃa en ese momento.
7:00 El forense le dijo, esa niña llegó hace dos dÃas. Para el dÃa domingo ya estaba aquÃ. Desde aquella vez, Gerardo jamás fue a la morgue a trabajar. Durante el dÃa domingo, y mucho menos cuando ésta cerraba. pues sabe que lo que vio no fue un fantasma, sabe que lo que vio no fue una niña viva, lo que vio Gerardo aquella vez fue un cadáver moviéndose y observándolo desde adentro de la morgue. Les tengo una pregunta, chicos.¿ Ustedes creen en objetos embrujados?¿ En objetos que traen tal vez un aura mala o que afecta el sitio donde están?¿ Qué clase de objetos conocen? FotografÃas, peluches, ropa e incluso comida que nos embruja.¿ Qué pensarÃan ustedes de un cadáver que trae toda esa atmósfera? un cadáver que llega a una morgue, y en la morgue empiezan a ocurrir cosas paranormales, cosas que jamás habÃan vivido. Bueno, esta es la historia
8:34 de Julio Cervantes, y nos platica precisamente eso. Julio nos dice que habÃa llegado un nuevo cuerpo. A este cuerpo ya se encontraban examinándolo. De hecho, era el único que tenÃan en aquella pequeña morgue. No habÃa mucho trabajo, asà que él y su compañero decidieron adelantar la hora de la cena. A final de cuentas, ellos eran los únicos que se encontraban en el edificio. Mientras estaban comiendo, platicando e incluso pasándose del horario de la hora que tenÃan que haber comido, notaron algo. Vuelvo y repito. Ellos eran los únicos que se encontraban en aquel edificio. No habÃa veladores.
9:25 No habÃa intendencia. Solamente ellos dos. Ellos dos tenÃan el turno de noche. Y ellos tenÃan el trabajo de entregar las llaves al turno de la mañana. El caso es que mientras estaban comiendo en la cafeterÃa... Miraron hacia enfrente de ellos... La puerta se encontraba abierta, y ahà se encontraba un pasillo, el cual tenÃa la luz apagada, pues enfrente de ellos se encontraba una sala donde ellos estaban trabajando con el cuerpo, y aquel sà se encontraba con la luz prendida, al menos al llegar a la puerta.
10:08 Asà que podÃamos decir que se encontraban muy bien alumbrados, excepto ese pasillo. Ese pasillo estaba en oscuridad absoluta. Ambos forenses se quedaron mirando aquel pasillo, pero no por coincidencia, sino que vieron algo, algo que les llamó mucho la atención. Vieron lo que parecÃa ser una persona viéndolos en aquel pasillo. Resguardado por la oscuridad, según por como ellos me dicen, era fácil de predecir por su fisionomÃa, que esa persona venÃa desnuda y venÃa con algo colgando de la espalda, algo que parecÃa ser una bata mal amarrada. Aquella persona empezó a arrastrar los pies y empezó a meterse por una habitación que se encontraba justamente en medio de aquel pasillo.
11:12 A ver, tanto él como su compañero empezaron a tener miedo. pero como nunca habÃan sufrido alguna experiencia paranormal, pensaron que esto tenÃa alguna explicación. Pensaron que tal vez se habÃan confundido alguna cosa o que alguna persona que se habÃa metido a la morgue le querÃa jugar algún tipo de broma a uno de ellos. Ãl dice que si se pone a pensar mucho mejor estas ideas que tenÃan, resultaban ridÃculas. pero para ese momento ellos se aferraban a ellas. Vuelvo y repito, jamás habÃan tenido ninguna experiencia paranormal. El caso es que cuando ellos se levantaron y fueron caminando por aquel pasillo largo, completamente oscuro, y llegaron hasta la habitación y abrieron la puerta, se encontraron con que en aquella habitación no habÃa nadie. Era una simple habitación que funcionaba a la vez como bodega, Ahà almacenaban algunas camillas metálicas y demás aparatos. El caso es que no habÃa lugar para esconderse. No habÃa ninguna otra salida. Y no habÃa nadie ahÃ. ParecÃa ser que la persona que se habÃa metido simplemente habÃa desaparecido. Asà súbitamente como se habÃa metido.
12:43 Como habÃa aparecido. Ambos forenses salieron de aquella habitación con miedo y también con muchas preguntas en su cabeza y fueron de nuevo a trabajar con aquel cuerpo. Ellos sentÃan una especie de atmósfera diferente en la morgue aquella noche, como que más frÃo, como que cada tanto sentÃan un escalofrÃo que les recorrÃa toda la espalda a ambos. El caso es que cuando abrieron la puerta vieron que el cuerpo con el que estaban trabajando se encontraba en una posición diferente la cabeza se encontraba girada viéndolos fijamente también el brazo lo encontraron en una posición anormal y como si esto no fuera poco aquel cuerpo también tenÃan los ojos abiertos como platos viéndolos directamente Incluso ellos dos dicen que podÃan sentir como estos ojos lo siguieron conforme se iban acercando al cuerpo. Voltearon la cabeza, cerraron los ojos de nuevo y trataron de trabajar con ese cuerpo lo más pronto posible. Ãl dice que el dÃa que se fue,
14:14 la atmósfera cambió mucho. Y finalmente... tuvieron aquella paz, hasta hoy es dÃa, que aseguran estos dos forenses, que aquel cuerpo tenÃa algo extraño, que aquel cuerpo, venÃa maldito, que tal vez, no estaba del todo abandonado por su alma, que tal vez algo, traÃa adentro, ustedes que creen, creen que en los cadáveres, aún sin vida, se pueden almacenar energÃas de este tipo. Los leo abajo en los comentarios.
15:07 Esta siguiente historia le pasó a Juan Silva. Juan dice que le pasó hace bastantes años cuando él estaba estudiando. él estaba estudiando en una escuela especializada en temas de la salud. Es decir, ahà iban forenses, enfermeras, doctores, etc. Obviamente, como una escuela de ese tamaño y tan especializada en eso, también tiene que tener cuerpos, escuelas de medicina, básicamente. Y esos cuerpos se almacenan en la popular morgue que tenÃan allÃ. Ellos les decÃan morgue, porque al final de cuentas almacenan cadáveres.
15:48 Juan recuerda que era muy joven cuando le pasó esto. Y él también dice que tal vez porque era muy joven y porque era muy susceptible a estas historias de miedo, siempre le contaban a él historias aterradoras de aquella morgue de la escuela. A él le empezaron a contar, perdón, que cuando uno entraba a ese pequeño edificio que se encontraba hasta el fondo, empezaban a ocurrir cosas paranormales. Algunos estudiantes se la contaban en broma, otros se lo contaban más en serio, incluso mismos profesores se lo contaban a algunos estudiantes, como para prevenirlos. El caso es que Juan recuerda que le contaban que se veÃan sombras, que se escuchaban ruidos, pasos, cómo alguien hablaba, etc. Ese tipo de cosas, ¿no?
16:49 Pero Juan al menos no habÃa vivido nada. El caso es que en una ocasión el destino le tenÃa reservado algo. A él lo mandaron a llevar unas camillas metálicas a un cierto cuarto. Ãl dice que no recuerda cómo se llamaba ahora el cuarto. pero era un cuarto donde almacenaban todas las camillas metálicas, todos los aparatos quirúrgicos, y una que otra cosa que estaba defectuosa. Juan acudió a esto, se lo ordenó un maestro de ahÃ, y él empezó a llevar las camillas una tras otra, eran cinco. El caso es que cuando ya habÃa llevado cuatro, que lo hizo de manera muy rápida, no estaba lejos incluso el almacén, cuando volvió por el quinto almacén, vio algo que hace poco no estaba ahÃ. Juan dice que vio a un cadáver perfectamente posicionado con su bata, con su número en el pie. Ahà se encontraba el cadáver. Juan en un principio se sorprendió por esto y dudó hasta cierto punto en llevárselo, pero al final de cuentas se lo habÃan ordenado.
18:04 Ãl agarró la camilla Y decidió, en lugar de llevárselo al cuarto del almacén, decidió llevárselo al cuarto frÃo. Fue ahÃ, abrió la puerta, más que nada porque en el cuarto frÃo necesitan estar los cadáveres si no se descomponen. Abrió, lo dejó ahÃ, y justamente antes de dejarlo, sintió algo. Sintió como el cuerpo se movió. A él ya le habÃan dicho que ciertos cuerpos se mueven por espasmos, ¿no? Hay ciertos cuerpos que tienen todos sus... Todos sus nervios ajustados.
18:48 E incluso cuando los creman, se escucha como estos se mueven entre el fuego. Obviamente ya sin vida. Asà que él pensó esto, pero... La manera en la que aquel cuerpo se habÃa movido... Era extraña. Aquel cuerpo... se habÃa movido como si hubiera estado vivo, porque dio un respingón, y Juan dice que se sentó, se sentó como si fuera una persona real, una persona viva, en ese momento Juan se dio la media vuelta y salió corriendo del cuarto frÃo, y en el proceso de que salÃa corriendo de la morgue, se encontró con un maestro, el cual le preguntó por qué venÃa corriendo, Era el mismo maestro que lo habÃa mandado a dejar las mesas metálicas. Ãl le dijo que lo habÃan espantado. El maestro ya no le siguió, pues sabe perfectamente que en la morgue a veces se espantan los estudiantes. El caso es que este profesor le preguntó si habÃa llevado todas las camillas vacÃas.
19:54 A lo que Juan le respondió que sÃ. Solo que habÃa un detalle. Las cinco camillas no estaban vacÃas. Solamente cuatro estaban vacÃas y una más... Se habÃa encontrado con un cadáver ahÃ... El cadáver de una mujer... Que alguien seguramente lo habÃa puesto ahÃ... En lo que él llevaba las otras cuatro camillas... El profesor en ese momento se le quedó viendo y le dijo... Pero Juan... Ahorita tenemos todos los cadáveres en el cuarto frÃo... No hay ninguno que se haya sacado para ninguna materia... A lo que Juan le contestó que sÃ... HabÃa una, habÃa un cadáver de una mujer Que él lo habÃa llevado recientemente Ambos, profesor y estudiante Fueron hasta el cuarto donde almacenaban a los cuerpos Y se encontraron con que la camilla que habÃa llevado Juan Se encontraba vacÃa Juan obviamente le empezó a decir al profe todo lo que habÃa vivido Como aquel cadáver se habÃa puesto de pie y se habÃa sentado Y empezaron a checar toda la morgue, pues en un principio pensaron que tal vez habÃa sido una especie de broma de algún estudiante. Pero no encontraron a nadie.
21:13 La morgue estaba completamente sola. Y al checar las cámaras de seguridad, solamente se veÃa a Juan y al profesor haber entrado y haber salido. No captaron a nadie más. No son pocas las personas que han contado que las despedidas del más allá son muy comunes en personas muy cercanas, ya sea personas que son muy amigos o que son familia.¿ A cuántos de nosotros no nos ha tocado escuchar del taxista que sube una persona a un familiar suyo, tal vez un amigo, que no ha visto en años, que no ha visto en años, que resulta que esa noche, por coincidencia se sube a su taxi, empiezan a hablar y de repente desaparece. Después se da cuenta que ese amigo o familiar ha fallecido hace tres o cuatro semanas.
22:22 Esto puede pasar también en los empleos o incluso con los vecinos. Pero en las morgues son muy extraños este tipo de cosas, pero llegan a suceder. como la historia que tenemos a continuación de Elena Saldaña. Elena era una chica que no era forense, ni era veladora, ni nada, pero era una chica de administración. Su puesto era la oficina, que se encontraba precisamente a un lado de la puerta. Ella se encargaba de ver quién entraba, quién salÃa, qué era lo que entraba y qué era lo que salÃa.
23:03 Más que nada también estaba muy al pendiente por las personas que venÃan a reconocer el cuerpo del difunto. Eso es algo que siempre se hace. El caso es que una tarde ella no se esperaba que algo paranormal le sucediera. Ella dice que era de tarde, por eso de las 3, acaba de llegar su hora de comida, cuando en eso se encuentra con un hombre, un hombre alto, que venÃa de traje, y que sus facciones... Resaltaban bastante por tener unos pómulos muy pronunciados y unos ojos como muy pálidos. Sus ojos eran negros, pero negro pálido. Aquel hombre se le acercó y de una manera muy atenta y muy amable le empezó a explicar que venÃa a reconocer un cuerpo.
23:54 Este hombre le dijo que se llamaba Ãlvaro y que venÃa a reconocer un muy buen amigo suyo. que lo habÃa conocido desde horas tempranas de la vida, y que habÃan pasado toda su vida juntos. Le dijo su nombre, el nombre del difunto, le dijo sus señas caracterÃsticas, de qué habÃa fallecido, y por poco le dice hasta por dónde vive. Es decir, este hombre lo conocÃa muy bien. Elena no tenÃa ningún problema en dejarlo pasar, pero... Siempre tiene que tener autorización de su superior... Y para mala suerte su superior... En ese momento no se encontraba... Ella le explicó que no podÃa pasar... Hasta que tigra la autorización... Pues...
24:43 Su jefe... El hombre siguió platicando con ella... Elena dice que era un hombre muy cálido... Ella explica que... Te resaltaba mucha confianza... Asà que al ver que pasaron unos 15 o 20 minutos... Y ver que aquel hombre estaba entusiasmado pero también algo triste. Elena le dijo, mire yo sé que tal vez la persona que falleció es una persona muy pero muy querida por usted. Debido a todo lo que me está contando seguramente lo conoce desde hace bastante y no quisiera negarle la entrada. Asà que lo que voy a hacer es que voy a mandarlo con un chico para que lo acompañe. La morgue era considerablemente grande, asà que alguien lo tenÃa que guiar. El hombre agradeció, y Elena solamente se descuidó un segundo, dos segundos cuando mucho.
25:41 Cuando se agachó, agarró un papel para empezar a anotar el nombre del hombre, la calle, la dirección de su casa, su información personal para ver quién habÃa ido a reconocer el cuerpo, por si los familiares o alguien más preguntaba por él. El caso es que ese segundo bastó para que aquel hombre desapareciera por completo de su vista. No se encontraba en el pasillo, no se encontraba en el otro. El hombre simplemente habÃa desaparecido. Elena mandó a llamar a este chico que la ayuda, que también es de la morgue, y entre los dos y otros dos forenses empezaron ahà a checar pasillo por pasillo y habitación por habitación, pero no encontraron a nadie. Aquel hombre simplemente habÃa desaparecido. Elena, algo consternada, vuelve a su sitio, se pone a hacer su trabajo, pero pensando en lo que habÃa sucedido.¿ Quién era ese extraño hombre y por qué simplemente se habÃa ido?
26:50 A las pocas horas llegó su superior y llegaron familiares para reconocer el cuerpo de Del difunto... Elena les empezó a platicar... Que ya habÃa venido alguien... Y que si no lo conocÃan... Los familiares le pidieron... Que por favor les dijera... Quien habÃa venido... Y Elena les dijo... Es un hombre que se llama Ãlvaro... Es un hombre alto... Delgado... Con bigote... Etcétera... Empezó a decirle muchas señas... Y al momento como iba diciendo señas... Una de las hijas... Del difunto que iba con toda la familia Empezó a llorar Y ella vio Como las caras de las otras familias De los otros familiares Empezaron a cambiar Algunos se pusieron pálidos Otros comenzaron a sentir sentimiento Es decir, como que les dieron ganas de llorar Y finalmente uno Un hombre como de unos 27 años le dijo Ese hombre que vino señorita Al menos como me lo está describiendo... Es mi tÃo...
28:01 Mi tÃo Ãlvaro... Pero... No pudo haber venido... O quién sabe... Tal vez sÃ... El caso es que mi tÃo Ãlvaro... Ya no está con nosotros... Ãl falleció... Hace tres años ya... Creo que tal vez vino... Para llevarse a mi padre... Siempre fueron muy compadres en vida... Y tal vez en esta ocasión no lo quiso dejar solo. Elena después de escuchar esto se quedó pasmada sin poder decir ni una sola palabra. Los familiares pasaron y se fueron y ella se quedó muy pensativa sobre cómo es la vida y sobre cómo a veces nosotros podemos ver almas que vienen a este mundo. Esta siguiente experiencia viene de parte de Sergio Escalante. Sergio trabaja en una morgue como velador. Y él dice que trabaja en compañÃa de otra persona, la cual no va a revelar su nombre, más que nada por respeto. En aquel tiempo cuando trabajaba en aquella morgue, tenÃan una regla que no se podÃa Una regla que
29:32 sin excepción todas las noches siempre la seguÃan. Ãl y su compañero. Sus casetas estaban digamos que distanciadas. Cada una en una puerta principal. Una puerta delantera y una puerta trasera. Su trabajo era vigilar la morgue y hacer rondines cada hora. Alrededor y dentro de esta. El caso es que Sergio nos cuenta. Que hubo ocasiones en las que vivieron experiencias tan aterradoras que simplemente ya no salÃan de a partir de las 3 de la mañana a las 4 de la mañana.
30:13 Una hora por completo. Lo más tarde que ellos salÃan eran a las 2 y media de la mañana y 5 de la mañana. Ese lapso jamás lo usaban para hacer rondines. Simplemente se atrincharaban bien en su caseta de vigilancia y no salÃan. porque ellos la denominaban como la hora del demonio, porque en esa hora sucedÃan cosas muy extrañas en toda la morgue. Sergio comienza por platicarnos que su compañero vivió algunas experiencias, como por ejemplo cuando habÃa dos cadáveres, dos cuerpos de unas niñas pues almacenadas, Ãl estaba haciendo su rondÃn en punto de las 3 de la mañana cuando pasó enfrente de la habitación donde se encontraban aquellos cuerpos. Ãl sabÃa que se encontraban ahà cuerpos de niñas, pues tienen todo anotado. El casas cuando iba pasando, escuchó como claramente las niñas de aquella habitación lo llamaban, se reÃan y jugaban.
31:25 Ãl sabÃa que no era posible que hubiera niñas vivas ahà adentro, más que nada porque el área está congelada. No como un refri, pero sà bastante congelada. Los grados están muy abajo para preservar a los cuerpos. Pero se escuchaba como se reÃan las niñas, como jugaban de un lado hacia el otro. Ãl sabÃa que eran cadáveres. En otra ocasión le tocó ver a una mujer de muy alto peso, se le veÃa gordita, moviéndose entre los pasillos de aquella morgue, caminando de un lado hacia el otro, arrastrando los pies, y esto es algo muy pero muy curioso, y es que a veces cuando se ve el alma de una persona que acaba de fallecer, por lo regular no camina como una persona normal, por lo regular camina, arrastrando los pies esto quiere decir que tal vez los pecados le pesan o todavÃa no se aclimata muy bien a estar sin su cuerpo después de haber vivido estas dos experiencias su compañero decidió ya no volver a salir jamás a esa hora por otro lado Sergio vivió algo que nos quiere platicar él dice que se encontraba haciendo su rondÃn por eso de las 3 de la mañana como le habÃan dicho, y justamente cuando estaba pasando por el
32:59 área del crematorio, vio algo que le llamó mucho la atención, pues vio un bulto que se encontraba ahà en el área del crematorio, justamente enfrente, y este bulto no se encontraba inmóvil, sino que se movÃa, el bulto se iba moviendo, y tenÃa dos manos y dos piernas, Se arrastraba por todo el pasillo, también dejando un olor muy fétido, según cuenta Sergio. ParecÃa ser un cadáver viviente moviéndose, arrastrándose, saliendo del crematorio. Obviamente, Sergio, esto fue más que suficiente para hacerlo devolver a su caseta. Y después de haber vivido estas experiencias, ellos dijeron o llegaron a la conclusión de que todo esto sucedÃa en aquella hora del demonio. En aquella hora cuando cosas paranormales simplemente suceden, tal vez porque hay más energÃa, tal vez porque se abre una puerta.
34:07 Sergio no lo sabe, pero al menos está seguro de que no va a volver a salir en punto de las 3 de la mañana probablemente. Mucho más si se encuentra en un lugar como una morgue, un cementerio o una funeraria. Esta siguiente experiencia viene de parte de Regina López. Si bien Regina no es forense, tiene familiares que sà lo son. Y estos familiares le han contado una que otra experiencia.
34:50 Pero ojo, sus experiencias no van más allá de escuchar algunos ruiditos o ver algunas sombras asomándose por algunas puertas y ventanas de la morgue. Regina dice que tiene una historia mucho más interesante que contarnos. Una leyenda, por asà decirlo, que uno de los forenses de su familia le contó una vez. Ella dice que Hubo una ocasión en aquella morgue donde trabajaba este familiar, hace muchos años ya, que llegó un cadáver muy extraño. Quien atendió este cadáver fue una forense, una mujer, que estaba en el turno de noche.
35:32 Se lo habÃa llevado la policÃa. La policÃa habÃa llevado este cadáver porque al parecer no tenÃa familiares. Nadie respondió por este hombre. simplemente lo habÃan encontrado sin vida en su casa, su casa se encontraba algo lejana de las demás, por lo que quien lo encontró se dicen algunas veces que fue pues un vendedor, unos dicen que de agua, otros dicen que de alguna comida que este hombre compraba recurrentemente, al no verlo salir el vendedor se adentró en la casa, tocó la puerta y y vio por la ventana que este hombre se encontraba tirado en la sala. Llamó a la policÃa y bueno, etc. Se confirmó el deceso de esta persona, pero lo que pasó después fue lo extraño.
36:25 Dicen que cuando este cuerpo llegó a la morgue, con cada investigación que se le hacÃa, todo siempre se ponÃa más extraño. Para empezar, la forense descubrió que este hombre no tenÃa algunos huesos. Este hombre simplemente no los tenÃa, no los portaba. TenÃa su cuerpo completo, pero habÃa partes, por ejemplo, del brazo, huesos que faltaban, que simplemente parecÃa como gelatina. Cuando lo abrieron, notaron que a este hombre también le hacÃan falta órganos vitales para vivir. Lo curioso es que no habÃa costuras, no habÃa procedimientos quirúrgicos, No habÃa nada de eso. Simplemente huesos y órganos habÃan desaparecido sin dejar ninguna marca, sin dejar ninguna azotura. Esto le empezó a sacudir más la cabeza a la forense, preguntándose por qué, cómo era posible. Pero las preguntas y el miedo aumentaron a un nivel abismal. cuando se dio cuenta que este hombre tenÃa cosas diferentes en su cuerpo, este hombre al parecer tenÃa órganos, pero no órganos como los que tenemos las personas normales, sino otro tipo de cosas,
37:58 otro tipo de cosas que los forenses, la forense que estaba ahÃ, no reconocÃa, y esto solamente para que se den una idea, los forenses, médicos, todas las personas que trabajan en el área de salud, Conocen los órganos. Conocen cómo funcionamos. Para que una persona estudiada en ese tema. No reconozca los órganos que lleva un cuerpo. Significa que. Esto pinta muy mal. Significa que la cosa ya está seria. La forense fue. Encompañada de la policÃa. Los llamó. Más que nada porque esto se tenÃa que examinar. Tal vez a otro nivel. Nivel federal. Pero cuando volvieron. Al cuarto donde tenÃan aquel cadáver, ya no lo encontraron. Se habÃa disipado como el humo. Súbitamente apareció, súbitamente se fue. Regina dice que cree muy bien en esta historia o esta leyenda, ya que hay periódicos en donde policÃas federales y militares fueron hasta esta morgue y la acercaron para investigar. Después de un mes, se fueron de ahÃ. Pero según la leyenda o la historia, cuenta que jamás encontraron aquel cuerpo.
39:24 Hay algo que se dice de este hombre, este extraño hombre, y es que él siempre decÃa que habÃa sido visitado por ovnis, por alienÃgenas, ¿no? Lo tomaban siempre como un loquito, como una persona que vivÃa sola y que por eso inventaba cosas, pero después de saber esto, la leyenda tomó más fuerza. Muchos dicen que esas partes de su cuerpo que faltaban y con lo que lo rellenaron, fue en una de esas extracciones que él decÃa que seres de otro mundo venÃan y se lo llevaban. Una historia para pensar esta noche,¿ no creen?¿ Ustedes creen este tipo de cosas, abducciones?
40:14 Si es asÃ, serÃa muy interesante que me comentaran, abajo en la caja de comentarios. Esta siguiente historia, viene de parte de Luis Alfonso. Luis Alfonso tiene una experiencia que nos quiere contar de cómo trabajó de velador un dÃa, perdón, mejor dicho, una noche, y jamás volvió. Luis Alfonso nos cuenta que él tenÃa 20 años cuando agarró este empleo de velador, que creo que como muchos andaba buscando empleo de lo que fuera. Y a pesar de que le dijeron que era en una morgue, él no es para nada supersticioso.
41:05 Ãl pensó que ese tipo de cosas, de andar pensando en fantasmas, de andar pensando en cosas que, pues para él no existen, era de personas incultas. Al menos hasta que le sucedieron a él. Luis nos platica que aquella noche habÃa llegado con completa normalidad a su trabajo. Le entregaron las llaves y le dejaron dicho las cosas que él tenÃa que estar haciendo. Y le dejaron también una regla... A pesar de que en la bitácora... Se diga... Que tienes que hacer rondines... Adentro de la morgue... No los hagas...
41:47 Solamente haz un rondÃn cada hora... Por todo alrededor de la morgue... Rodeándola cerca... Ya después... Terminas ese rondÃn... Vienes a tu caseta... Y ya, eso es todo... Obviamente pues... Luis les pregunta,¿ por qué?¿ Por qué no quieren que entre a la morgue?¿ Que acaso es alguna especie de regla? Y le dicen que no, pero que lo mejor serÃa que no entrara. Que dentro de la morgue ocurren algunas cosas que podrÃan espantarlo. Que al final de cuentas, hay muchos cadáveres. Y que también, que sà veÃa movimiento adentro de la morgue. Le dijeron que no entrara tampoco. que si este movimiento le incomodara que llamara por teléfono a una persona que es de la morgue esta persona podÃa venir podÃa entrar, podÃa checar y luego se podÃa ir pero que él no entrara que si en dada ocasión esta persona no le contestaba el teléfono que simplemente lo dejara ahà que lo anotara en la bitácora pero que ojo, no entrara que por nada del mundo entrara a la morgue Luis para este momento pues le causó mucha curiosidad Dice que no fue miedo, pero sà algo de curiosidad.
43:05 Ãl entró a su caseta, empezó a estar ahà normalmente, y después cuando su reloj dio la hora para ir a hacer su rondÃn, lo hizo. Ãl dice que los primeros dos rondines estuvieron perfectos. Es decir, no hubo nada fuera de lo normal. Todo estaba callado. El caso es que en el tercer rondÃn, por eso de la una de la mañana, vio algo que se movÃa adentro de la morgue. Algo que se estaba moviendo junto con él, como que lo perseguÃa. Y era como una sombra. Ãl podÃa verlo gracias a la luz que se reflejaba de la luna y por algunas cortinas que dentro de la morgue no habÃan sido corridas. Se veÃa claramente como una persona le iba persiguiendo ventana por ventana. Ãl en un principio pensó que era su reflejo, pero no. No era su reflejo. Era algo. Algo que estaba adentro. Luis en ese momento apresuró más el paso. Llegó a la caseta y trató de tranquilizarse. Se dijo a sà mismo que todo estaba en su cabeza y que de seguro tenÃa una explicación lógica. que de seguro se habÃa confundido con algo. Entonces, en el siguiente rondÃn, él empezó a ver más detenidamente
44:39 la morgue. Y conforme más la veÃa, más tenÃa miedo. Porque ahora no solamente veÃa una silueta que lo iba persiguiendo, que lo iba observando, sino que veÃa varias. VeÃa una silueta ya sea de un hombre o de una mujer observándolo a través de las ventanas de la morgue... y esta morgue era algo grande... también era una funeraria... Luis dice... que vio aproximadamente... a algunas 15 personas adentro de la morgue... observándolo y que con cada rondÃn que él hacÃa... aquellas personas se veÃan... un poco mejor... es decir como si éstas se acercaran más a la ventana... Para que Luis pudiera verlas Luis dice que en una ocasión Cuando volteó Y se hartó de esto Tal vez por los nervios Ajustó la luz E iluminó a aquella persona Que estaba dentro de la morgue Pudo verla con mucha claridad Iluminó a una mujer Que se encontraba vestida toda de negro Con el cuerpo caÃdo por los hombros Pero lo que más le llamó la atención fue que esta mujer no tenÃa nariz y que tenÃa unas cuencas muy profundas en lugar de ojos. Ãl sabe muy bien que lo que
46:11 pudo ver aquella noche fue un cadáver que lo estaba viendo desde adentro. Después de esto, Luis Alfonso renuncia a su trabajo a la mañana siguiente. Ãl dice que cuando le dijo esto a su supervisor, él no estaba sorprendido, como si yo hubieran perdido muchos elementos por mandarlos a vigilar esta morgue. El siguiente relato viene de parte de José Barragán. Trabajo en la morgue del Hospital del Condado.
47:03 No es el empleo más glamoroso, pero paga bien. Y, para ser sincero, prefiero lidiar con los cadáveres que con los vivos. Estoy acostumbrado al silencio, a la quietud, a ese frÃo artificial que se pega a la piel y también al alma. Sin embargo, Hubo una noche, hace no mucho, que cambió mi manera de ver este lugar para siempre. Era alrededor de las 3.20 de la madrugada, el maldito turno nocturno. Ese dÃa no habÃa podido dormir durante el dÃa. Los vecinos estaban con música desde muy temprano y, cuando por fin pararon, ya no me daba tiempo de descansar de verdad.
47:53 Estaba molido, completamente desvelado. Me encontraba solo en la sala de preparación. HabÃa recibido el cuerpo de un anciano que falleció esa misma tarde en una residencia cercana. Un caso tranquilo, nada fuera de lo común. Comencé a limpiar el cuerpo, a alistarlo para el informe y el embalaje. Pero el sueño me estaba ganando. Cada tanto me encontraba cerrando los ojos a por unos segundos sin darme cuenta, decidà ir por una taza de café, en la pequeña cocina, lo de siempre, el café barato, que parece petróleo, pero suficiente para no caer rendido, estaba esperando a que se calentara un poco más, cuando escuché algo, unas pisadas, no eran pasos normales, eran rápidas, como si alguien estuviera corriendo en la sala de los cuerpos, Me quedé inmóvil. Pensé que quizás alguien se habÃa metido por error, o más probable, algún compañero haciendo una broma de mal gusto. Tomé el valor y volvà a la sala. No habÃa nadie. Todo estaba en orden. El anciano seguÃa en su mesa metálica, cubierto hasta el pecho, como lo habÃa dejado. Miré alrededor.
49:22 Incluso abrà un par de cajones frÃos Y nada Confundido, volvà a la cocina Unos minutos después Ya con la taza en la mano Otra vez Los pasos Esta vez más fuertes Como si algo golpeara el piso al correr Mi corazón se aceleró Dejé el café en la encimera Y corrà a la sala Pero nada Empecé a incomodarme Soy escéptico por naturaleza, pero hay un tipo de silencio que se siente distinto, como si el aire estuviera más denso.
50:05 Regresé a la cocina sin terminar de aceptar que quizás estaba alucinando por el cansancio. Y por tercera vez, apenas me estaba sentando en la silla de descanso, cuando escuché los pasos, idénticos, como si alguien estuviera dando vueltas, corriendo entre las mesas metálicas. Esta vez fui más despacio, tratando de averiguar quién habÃa sido. Abrà la puerta con cuidado, y al entrar nuevamente, solo silencio. El mismo cuerpo del anciano, la misma posición, nada raro. Pensé que tal vez el sueño estaba afectando mis sentidos. Decidà terminarme el café sin dar más vueltas y volver al trabajo lo más pronto posible.
50:59 Cuando regresé a la sala, noté algo nuevo. El piso estaba mojado. Al principio creà que habÃa limpiado mal alguna herramienta, pero entonces vi el balde en la esquina. Estaba lleno de agua hasta el borde. Lo usamos para atrapar la gotera que viene en el techo cuando llueve muy fuerte. pero no habÃa llovido esa noche. Sin embargo, el balde estaba desbordándose y el agua se habÃa extendido por buena parte del piso. Bufé frustrado. Fui al baño, vacié el balde en una de las tazas, lo dejé de nuevo en su lugar y esta vez fui por el trapeador.
51:45 Fue entonces que lo vi. Las huellas marcadas claramente en el agua del piso. No eran huellas de zapato, eran pies descalzos. Alguien o algo habÃa caminado por ese charco. Seguà con la mirada el rastro de pisadas y se dirigÃan directamente a la mesa donde estaba el anciano. Me acerqué con el corazón en la garganta. Las huellas terminaban justo ahÃ, junto a la camilla. Y lo peor no fue eso. Lo peor fue cuando miré los pies del cadáver.
52:29 Alex estaban mojados. No como si los hubiera secado mal. Estaban empapados y el agua goteaba del talón derecho hacia el borde de la mesa. Retrocedà de golpe, casi tropezando con el trapeador. El aire estaba helado, más que de costumbre. No podÃa dejar de mirar esos pies. No tenÃa sentido. Ese cuerpo no se habÃa movido. No podÃa moverse, ¿verdad? Salà de la sala sin pensarlo dos veces y cerré la puerta con seguro. Me temblaban las manos. No volvà a entrar en lo que quedaba del turno. Me encerré en la oficina y me dediqué a ponerme al dÃa con documentos viejos. firmar papeles, incluso organizar carpetas que ya estaban organizadas. Amaneció lento, a eso de las siete. Llegó mi compañero del turno del dÃa, Sergio. Es buen tipo, bromista, pero profesional a final de cuentas. Apenas llegó, le pedÃ, casi suplicando, que se encargará del cuerpo del anciano. No preguntó mucho Solo frunció el ceño y aceptó. Esa misma tarde, cuando volvà a cubrir el siguiente turno, Sergio me estaba esperando junto a la puerta. Su expresión era otra. Se
54:05 veÃa tenso, pálido, pero también molesto. Me miró fijo y antes de que yo pudiera abrir la boca, me dijo lo siguiente. Me dejaste el cuerpo porque se movÃa, ¿verdad? Alex, yo me quedé helado. Antes de que pudiera explicarme, se giró y se fue. No quiso hablar más del tema. Ni esa tarde, ni nunca más. No sé qué fue lo que vio o escuchó, pero sé que no fue poca cosa. Algo lo dejó tan perturbado como a mÃ, o tal vez incluso peor. Desde entonces, cada vez que camino por la sala de los cuerpos, no puedo evitar mirar dos veces el piso, los pies de los cadáveres.
55:00 Tal vez en ellos pueda haber alguna señal de que recientemente se estuvieron moviendo. esta siguiente experiencia viene de parte de Alberto Salamanca he trabajado en esta morgue por más de 15 años he visto cuerpos en todos los estados imaginables he preparado cadáveres de ancianos jóvenes vÃctimas de una atrocidad horrible y si también de niños. Nunca se hace fácil, no importa cuántos años pasen, el cuerpo de un niño siempre pesa más en el alma que en los brazos.
56:07 Esa noche era particularmente frÃa, las lluvias habÃan azotado fuerte durante el dÃa y el viento sacudÃa las ventanas como si quisiera entrar. eran alrededor de las doce y media de la madrugada, cuando recibà el aviso. Tres cuerpos, todos de niños, accidente en carretera, autobús escolar. Los habÃan traÃdo en bolsas negras, perfectamente etiquetadas, como si eso le restara la tragedia al asunto. Tres pequeñas vidas apagadas en un instante, tres familias que no volverÃan a ser las mismas. Yo estaba solo esa noche. Lo preferà asÃ. Me puse los guantes.
57:00 Preparé las herramientas. Encendà la luz blanca que colgaba sobre la mesa de metal. Saqué el primer cuerpo. Un niño. No mayor de siete años. Su carita apenas tenÃa rasguños. ParecÃa dormido. El segundo... una niña de cabello rizado, con una herida en la frente, el tercero, otro pequeño, con las manos aún cerradas en puños. Mientras trabajaba, trataba de distraer mi mente, repitiendo oraciones mentales o pensando en mi hija, que ya habÃa crecido bastante. Me concentraba en los procedimientos, en dejar cada cuerpo limpio, digno, Y entonces, simplemente sucedió.
57:53 Escuché una risa. Una risa suave, infantil. Como si un niño hubiera soltado una carcajada escondida detrás de una pared. Me detuve. Miré hacia la puerta, pero no vi nada. Pensé que era mi mente jugándome una mala pasada. No era la primera vez que el cansancio me traicionaba. pero luego escuché otra risa, más clara, más cercana. Me giré despacio. El pasillo estaba vacÃo. Las risas continuaron. No eran borlonas ni siniestras. Eran risitas genuinas, de juego, como si estuvieran corriendo por el lugar, escondiéndose detrás de los cajones frÃos, detrás de los estantes. Duraron unos cuarenta minutos No constantes No seguidas A veces suaves A veces más fuertes A veces parecÃa que venÃan desde el techo Otras veces Del fondo del pasillo Un par de esas risas Incluso sentà que surgÃan Justo detrás de mà Pero yo no me atrevà a voltear En aquellas ocasiones Intenté ignorarlas Concentrarme Seguà preparando los cuerpos con el corazón acelerado, el sudor bajándome
59:25 por la espalda, aunque hacÃa frÃo. Y de pronto, las risas cesaron. Un silencio espeso llenó la sala. Respiré aliviado, aunque no por mucho tiempo. Minutos después, comenzaron los llantos apenas audibles, como un niño que llora bajo las cobijas. un quejido suave, quebrado, luego otro, y luego otro. Y entonces, también escuché balbuceos, palabras incompletas, incomprensibles, como si intentaran hablar, pero sus lenguas no pudieran pronunciar nada, como si quisieran decirme algo, pero no supieran cómo. Los sonidos no venÃan de un solo lugar, primero del techo, Luego del rincón junto al archivador. Después del pasillo que lleva a las salas de autopsias. Se movÃan. Como si las voces estuvieran caminando alrededor de mÃ. Como si las almas... No supieran a dónde ir. Entonces lo supe. Sentà un escalofrÃo. Que no venÃa del clima. Era el alma misma. Que se me hacÃa pequeña. Esos niños... seguÃan ahà y estaban perdidos Alex me quité los guantes me senté frente a ellos
1:00:56 mi madre me enseñó a rezar el rosario desde muy pequeño no fui fanático pero siempre he creÃdo en el alma en lo que hay después y esa noche me aferré a mi fe como quien se cuelga de una cuerda en medio del vacÃo tomé el rosario del cajón y recé Misterio tras misterio, ave marÃas, padres nuestros, mi voz temblaba, a veces se me quebraba, pero no me detuve. Mientras rezaba, encendà tres veladoras que tenÃamos guardadas para emergencias, una por cada niño. Las puse frente a sus cuerpos, y cuando terminé de rezar, me quedé en silencio. Les hablé.
1:01:48 No sé si me oyeron, pero lo hice. Hice mi máximo esfuerzo. Les dije lo siguiente. Ustedes ya no están aquÃ. Sus cuerpos se quedaron, pero sus almas no. Deben irse. Busquen la luz, el camino. Vayan con sus familias. DespÃdanse. Pero no se queden aquÃ. Esto ya no es para ustedes. Y entonces después de esto, los sonidos empezaron a disminuir. Los llantos se volvieron suspiros. Los susurros, apenas un eco.
1:02:28 Y luego, nada, simplemente nada. No un nada frÃo, como antes, sino un silencio en paz. Por primera vez en horas, sentà que podÃa respirar. Las velas seguÃan encendidas, una llama firme, sin titubear. Terminé de preparar los cuerpos con una tranquilidad sumamente extraña, como si una presión se hubiera ido, como si, de algún modo, aquellas pequeñas almas hubieran encontrado el camino.
1:03:10 Esa fue la única noche que lloré en el trabajo. No lo volvà a contar, pero desde entonces, cada vez que recibo el cuerpo de un niño, enciendo una veladora, rezo un Ave MarÃa y dejo la puerta entreabierta, por si alguien necesita salir. El siguiente relato viene de parte de AgustÃn Alameda. Trabajé como intendente en la morgue del Hospital General por casi ocho años. Todos mis turnos eran de noche. La rutina era tranquila, o al menos asà solÃa ser. Pasaba el trapeador por los mismos pasillos, desinfectaba el mismo piso, limpiaba las mismas puertas metálicas Era un trabajo solitario, pero me gustaba eso. No tenÃa que hablar con nadie, solo cumplir y mantener todo en orden. Aquella noche, sin embargo, rompió todo lo que yo creÃa que era normal en aquel lugar. Era un jueves, lo recuerdo muy bien.
1:04:42 HabÃa habido una sobrecarga eléctrica en uno de los paneles del área sur. y se habÃa fundido la lámpara del pasillo, quedaba al cuarto frÃo. No se podÃa hacer nada hasta que viniera el electricista al dÃa siguiente, asà que me tocaba trabajar con la linterna del celular. Total, no era la primera vez. Pasaban de la una de la mañana. El hospital al lado de la morgue estaba en silencio. Me puse mis audÃfonos. pero no alcancé ni siquiera a poner la música. Cuando algo me detuvo, una sensación como de incomodidad, como si algo en el aire se hubiese vuelto más denso, más pesado. Caminé por el pasillo oscuro, guiándome con la luz tenue del celular. El trapeador mojaba el suelo y el sonido de la tela arrastrándose Era lo único que se escuchaba hasta que lo oÃ. Pasos, pasos suaves, descalzos. Primero pensé que era algún compañero que venÃa por el otro extremo, pero cuando alcé la linterna, lo vi claramente. Era un hombre, caminando lentamente hacia mà por el pasillo en penumbra. Estaba completamente desnudo, salvo por
1:06:14 una bata blanca, como las que usan en los hospitales. Pero esta era un tanto extraña, vieja, como manchada. No hablaba, no reaccionaba la luz. Me aparté contra la pared, algo confundido.¿ Todo bien? Le pregunté en voz baja. No me respondió, solo siguió caminando, lento, arrastrando los pies descalzos sobre el suelo húmedo. pasó justo frente a mÃ. El vapor que salÃa de su boca era visible, aún más visible, con la ayuda de mi luz, la que traÃa en el celular.
1:06:56 Estaba frÃo, demasiado frÃo. Pensé que era un paciente del hospital, pero algo no cuadraba. Para llegar a ese pasillo, tendrÃa que haber cruzado al menos dos puertas con seguro. Además,¿ qué hacÃa ahà en la morgue? Me quedé ahÃ, intentando asimilarlo, cuando otros dos más aparecieron. Uno detrás del otro, las mismas batas, los mismos pies descalzos, mismos pasos lentos, arrastrados. Ninguno hablaba, ninguno volteaba. Todos caminaban en la misma dirección, hacia el cuarto frÃo. No me atrevà a detenerlos, solo los observé pasar. y luego desaparecieron por la penumbra, doblando la esquina que lleva a las cámaras. Terminé de trapear como pude, con el corazón latiéndome en la garganta, ya no querÃa saber nada. Guardé mis cosas, tomé mi mochila, y decidà pasar a saludar al velador antes de irme.
1:08:06 Don Ernesto, un viejo amigo, él trabajaba ahà desde hace mucho antes que yo, Siempre nos echábamos una charla rápida antes de que yo saliera. Ya terminé, viejo. Le dije. Pero hoy sà me tocó raro el turno. Ernesto me miró curioso. Le conté lo que habÃa visto. Tres hombres con batas blancas, descalzos, que cruzaron el pasillo y se metieron al cuarto frÃo. Ãl frunció el ceño. Pacientes. Aquà no hay pacientes, compa. Solo cadáveres¿ Estás seguro de lo que viste? Mi piel se erizó. El aire se volvió frÃo otra vez. Los vi, Ernesto. Pasaron por el pasillo.
1:08:56 Yo estaba ahÃ. Caminaban como si supieran a dónde iban. Nos quedamos mirándonos por unos segundos. Ninguno querÃa decir lo que estábamos pensando. Pero los dos sabÃamos que tenÃamos que comprobarlo. Fuimos juntos al cuarto frÃo. Ernesto sacó las llaves. Las manos le temblaban un poco. Abrió la puerta metálica y encendió la luz blanca del techo. Y ahà estaban Alex. Tres cuerpos, recostados en sus camillas metálicas, cubiertos hasta el pecho con las sábanas. Uno de ellos tenÃa la misma mancha en la bata que yo recordaba. Otro. Los mismos dedos del pie arqueados. Eran ellos. Exactamente ellos. No dijimos nada.
1:09:52 Cerramos la puerta en silencio. Yo vi que Ernesto se persinaba una y otra y otra vez. Salimos de aquella sala como si el aire ahà dentro nos quemara los pulmones. Nunca más volvà a trapear ese pasillo por la noche. Y Ernesto Desde ese dÃa, se volvió mucho más callado. Nunca más quiso hablar del tema. Yo tampoco. Al menos hasta ahora. Esa fue mi experiencia, Alex. Gracias por compartirla.
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