7 Relatos de Terror de Animales de Granja / Historias de Horror Perturbadoras
0:13 Esta historia me la contó un vecino cuando yo era joven, él decÃa que el protagonista fue Don Eusebio, un campesino que vivÃa a las afueras de un pueblo pequeño, rodeado de monte y parcelas. Muchos lo conocÃan porque era un hombre callado, trabajador y muy viejo ya para seguir trabajando la tierra, pero aún asà nunca dejó de hacerlo. Don Eusebio vivÃa solo, su esposa habÃa fallecido hacÃa años y sus hijos se habÃan ido a trabajar a otros estados de México, asà que la única compañÃa que tenÃa era su perro, un pastor alemán grande, fuerte y muy leal.
0:58 El viejo lo habÃa criado desde cachorro. Siempre decÃa que ese perro era como su sombra. A donde fuera él, el perro iba detrás. Todas las tardes, después de trabajar en la parcela, el perro lo esperaba en el porche de la casa. Pero una tarde ocurrió algo que cambiarÃa todo. Ese dÃa don Eusebio estaba arando la tierra. Caminaba lento detrás del arado con la espalda encorvada por los años. El sol ya estaba bajando detrás de los cerros y el cielo se estaba pintando de naranja. El aire del campo estaba silencioso, solo se escuchaba el arrastre del arado sobre la tierra y el canto lejano de algunos pájaros.
1:48 Fue entonces cuando Don Eusebio levantó la vista hacia la casa. Desde la distancia pudo ver a su perro, Estaba en el porche, sentado, observándolo. Al principio no le dio importancia. Era normal que el perro vigilara desde ahÃ. Pero algo empezó a incomodarlo. La manera en que lo miraba. No movÃa la cola. No corrÃa hacia él como siempre. Solo estaba sentado. Completamente quieto. Don Eusebio entrecerró sus ojos. y entonces notó algo que le provocó un escalofrÃo, los ojos del perro, no tenÃan el brillo normal, parecÃan completamente negros, negros como la noche, el anciano dejó de arar por un momento, y le preguntó al perro levantando la voz,¿ qué tienes viejo?, pero el animal no reaccionó, no ladró, no movÃa la cabeza, solo observaba, con esos ojos oscuros.
2:57 Don Eusebio sintió un nudo en el estómago. Intentó convencerse de que era la distancia o la luz del atardecer, asà que siguió trabajando. Pero durante el resto de la tarde, cada vez que levantaba la vista, el perro seguÃa ahÃ, mirándolo. Cuando finalmente guardó las herramientas y caminó hacia la casa, el perro seguÃa en el mismo lugar, sentado, esperándolo, el anciano murmuró, bueno pues que te pasa hoy, el perro no respondió, solo lo siguió con la mirada mientras él subÃa el porche, aquella noche el ambiente se sentÃa raro, el perro no se separaba de él, lo seguÃa por la casa, demasiado cerca, pero lo hacÃa sin hacer ningún ruido, sin jadear, sin mover la cola. A veces don Eusebio volteaba y encontraba al animal justo detrás de él, observándolo, con esos ojos completamente negros. El anciano comenzó a sentirse incómodo.
4:12 HabÃa vivido muchos años en el campo y sabÃa reconocer cuando algo no estaba bien. Esa noche decidió bajar al sótano para revisar unas herramientas. Era un sótano pequeño debajo de la casa. Una habitación de tierra húmeda donde guardaba cosas viejas. Cuando abrió la puerta y empezó a bajar las escaleras, el perro lo siguió. Pero justo cuando iba a entrar al sótano, don Eusebio sintió algo. Un miedo extraño. Algo dentro de él le dijo que no dejara entrar al perro. Asà que bajó rápido y cerró la puerta detrás de sÃ. El perro quedó arriba. Por un momento se escucharon sus pasos caminando sobre el piso de madera.
5:01 Luego silencio. Don Eusebio encendió una pequeña lámpara en el sótano. La luz iluminó las paredes de tierra y entonces vio algo en una esquina del cuarto. Algo tirado en el suelo. Al principio pensó que era un saco viejo, pero cuando se acercó, su corazón se detuvo Era su perro, el verdadero. El pastor alemán estaba tirado ahÃ, inmóvil, sin vida. Su cuerpo estaba rÃgido, como si llevara horas ahÃ. Don Eusebio sintió que el frÃo le recorrÃa la espalda, porque entonces comprendió algo horrible. Si su perro estaba ahà abajo, entonces,¿ qué era lo que habÃa estado caminando con él por toda la casa? Desde arriba se escuchó un ruido, un rasguño en la puerta. El anciano se quedó paralizado. El rasguño volvió a escucharse. Luego, un pequeño gruñido. Don Eusebio agarró lo primero que encontró para defenderse, y eso era un machete viejo que guardaba entre las herramientas. Respiró hondo, subió lentamente las escaleras y abrió la puerta. La casa estaba en silencio. pero cuando entró a la sala, lo pudo ver. El perro estaba sentado en medio de la habitación,
6:33 pero ya no parecÃa un perro normal. Su hocico estaba abierto de una forma imposible, como si la mandÃbula se hubiera descolgado. La boca caÃa demasiado hacia abajo, mucho más de lo que cualquier animal podrÃa abrirla, y de esa boca salÃa un sonido bajo, un gruñido húmedo. Los ojos seguÃan siendo negros como carbón. La criatura giró lentamente la cabeza hacia el anciano. Don Eusebio levantó el machete y con mucha autoridad le dijo, Lárgate de mi casa. La cosa sonrió, o al menos eso parecÃa, porque su boca se abrió aún más. Entonces el anciano se lanzó sobre él con el machete en mano La criatura reaccionó de inmediato...
7:28 Saltó hacia un lado... Con una velocidad imposible... Corrió por la sala... Y atravesó una ventana... Rompiendo el vidrio por completo... Y desapareció... En la oscuridad del campo... Don Eusebio... Se quedó de pie... Respirando agitado... Desde esa noche todo cambió... Nunca volvió a trabajar la tierra... Hasta tarde... Siempre entraba a la casa... antes de que oscureciera, y más de una vez decÃa que, cuando miraba hacia el campo, por la noche, veÃa una sombra de perro, recorriendo los lÃmites de su terreno, caminando entre la oscuridad, observando la casa, muchos pensaban que el viejo, estaba imaginando cosas, pero don Eusebio, siempre juró que lo que vio, no era su perro, y que algo habÃa intentado quedarse en su casa, usando la forma de su único amigo. El anciano siguió viviendo ahà muchos años más, hasta que finalmente falleció. Pero algunos vecinos dicen que todavÃa, en ciertas noches sin luna, se puede ver una sombra de perro caminando por ese terreno.
8:51 Un perro que no ladra, que no hace ruido, y que mira la casa con ojos completamente negros. Esta historia ocurrió hace muchos años en un pequeño pueblo del norte de México. A mà me la contó un señor mayor que juraba que todo le pasó a dos hermanos del mismo pueblo, muchachos de campo que estaban acostumbrados a recorrer los caminos del monte a caballo. Los hermanos se llamaban Tomás y Julián. Ambos trabajaban en una pequeña parcela familiar, ayudando a su madre porque su padre habÃa fallecido. cuando ellos aún eran muy jóvenes. Asà que los dos se encargaban de muchas cosas del rancho, cuidar animales, revisar cercas y traer herramientas desde otros terrenos cercanos. Una tarde, cuando el sol ya empezaba a bajar, los dos regresaban a casa cabalgando por un camino de terracerÃa que atravesaba todo el monte. Era un camino viejo que los habitantes del pueblo sabÃan usaban desde hace décadas a los lados crecÃan
10:24 mezquites y matorrales y a esa hora el lugar estaba completamente solo el cielo ya estaba tomando ese color anaranjado del atardecer los caballos caminaban tranquilos mientras los hermanos platicaban pero al doblar una curva del camino los caballos se detuvieron de golpe Tomás levantó la vista En medio del camino, a unos metros delante de ellos, habÃa un toro enorme. Era un animal grande, mucho más grande que cualquier toro que hubieran visto en los ranchos del pueblo. Estaba parado justo en el centro del camino, inmóvil, la cabeza baja, mirándolos.
11:12 Los hermanos se quedaron en silencio y Julián murmuró,¿ De quién será ese animal? No sé. Contestó Tomás. Pero no me gusta. El toro no se movÃa, ni un solo paso. Solo estaba ahÃ, bloqueando el camino. Sus ojos parecÃan muy oscuros y no apartaban la mirada de ellos. Los caballos comenzaron a ponerse nerviosos, moviendo las patas y resoplando. Mejor rodeamos por el monte, dijo Tomás. Julián asintió. Ambos hermanos llegaron a la conclusión de que eso era lo mejor.
11:54 Ninguno querÃa acercarse demasiado a ese toro, asà que lentamente guiaron a los caballos hacia un lado del camino, intentando rodearlo entre los matorrales. Pero cuando empezaron a avanzar por el monte, escucharon algo, un fuerte resoplido. Cuando voltearon, el toro ya no estaba quieto. Estaba corriendo hacia ellos, rompiendo ramas y matorrales con su enorme cuerpo. Los caballos se asustaron y comenzaron a correr con todas sus fuerzas. Los hermanos apretaron las riendas mientras atravesaban el monte. Detrás de ellos se escuchaban los golpes del toro contra la vegetación.
12:40 Era imposible. Ningún toro normal se moverÃa asà entre el monte. Pero lo peor vino después. Mientras escapaban, Tomás escuchó algo. Al principio pensó que era su imaginación, pero el sonido volvió a escucharse. Era una risa, una risa grave, rasposa, como la risa de un hombre.â¿ Escuchaste eso?â gritó Tomás. Julián volteó hacia atrás y entonces lo escuchó también. La risa venÃa del toro. Entre las risas, Aquella cosa empezó a hablar. Tomás, Tomás. Los hermanos sintieron que la sangre se les congelaba. El toro los estaba llamando por sus nombres.
13:29 La voz era profunda, burlona, como si alguien estuviera disfrutando la persecución. Julián gritó. ¿Qué?¿ Qué es eso? No voltees, sigue corriendo, respondió Tomás. Los caballos galopaban desesperados. Las ramas golpeaban sus cuerpos mientras atravesaban el monte. Detrás de ellos seguÃan escuchando la risa. No pueden escapar. No pueden escapar. El toro seguÃa avanzando y cada vez que los llamaba por su nombre, su voz sonaba más cerca. Los hermanos sabÃan que eso no era un toro. Era otra cosa.
14:16 algo que habÃa tomado la forma de un animal. Después de varios minutos de carrera desesperada, finalmente lograron salir del monte y llegar al camino que llevaba al pueblo. Cuando el toro vio las primeras casas a lo lejos, dejó de perseguirlos. Los hermanos no se detuvieron. Siguieron cabalgando hasta llegar a la casa de su madre. Entraron al patio con los caballos. Ellos venÃan pálidos del miedo. Su madre salió a verlos y les preguntó,¿ qué sucedió?¿ Por qué vienen asÃ? Los hermanos comenzaron a contarle lo que habÃa ocurrido, el toro, la persecución, y cómo aquella cosa se reÃa y los llamaba por sus nombres. La mujer los escuchó en silencio, su rostro se puso serio, y cuando terminaron de hablar, dijo algo que los dejó aún más inquietos.
15:13 Ese camino, la gente del pueblo lo conoce como el camino del diablo. Mientras la madre le contaba esto a los hermanos, ellos solamente se miraban entre sÃ.¿ Pero por qué le dicen asÃ? preguntó Julián. La madre suspiró. Porque desde hace muchos años, la gente dice que ahà aparecen cosas. Animales que no son animales. Criaturas que hablan. Algunos han visto un chivo enorme parado en el camino, otros dicen haber visto un caballo negro con ojos rojos, otros juran haber visto a un toro gigante, y unos pocos dicen que han visto al mismo diablo caminando por ahÃ. Los hermanos se quedaron en silencio. Esa noche casi no pudieron dormir.
16:11 Desde entonces nunca volvieron a pasar por ese camino. PreferÃan dar una vuelta más larga por el monte antes que acercarse a ese lugar. Y hasta hoy, en ese pueblo, todavÃa hay gente que dice que cuando el sol se oculta, algo aparece en ese camino. A veces con forma de chivo, a veces con forma de caballo, a veces con forma de toro. pero siempre esperando a alguien que pase por el camino del diablo. Esta historia me la contó un señor que trabajó muchos años en ranchos del norte del paÃs.
17:15 Ãl decÃa que le pasó un hombre muy viejo, de esos que ya tienen toda una vida entre el monte y los animales. Un hombre que conocÃa bien las cosas del campo y también las cosas raras que a veces pasan lejos del pueblo. El hombre se llamaba Don Aurelio. Don Aurelio tenÃa 82 años. pero aún asà seguÃa trabajando. Era un hombre responsable y muy respetado por los ganaderos de la zona porque nunca dejaba un trabajo a medias. Aquel dÃa lo habÃan dejado cuidando unas vacas en un potrero alejado del pueblo. El dueño del ganado le habÃa dicho, vuelvo antes de que oscurezca, ahà se las encargo don Aurelio.
18:01 Era lo normal, en el campo casi nadie se queda trabajando de noche, si no es necesario, claro, Pero esa tarde el sol comenzó a bajar y el ganadero no llegaba. Don Aurilo se sentó sobre una piedra mientras observaba a las vacas pastar. El cielo se fue oscureciendo poco a poco. El viento empezó a soplar entre los árboles. Cuando finalmente cayó la noche, el anciano empezó a preocuparse. Pero también sabÃa algo muy importante. En esa zona habÃa mucha delincuencia. Y si dejaba el ganado solo... Era muy probable que alguien se lo llevara... Asà que decidió quedarse... Ni modo...
18:46 Aquà me quedo hasta que llegue... Como les dije antes... Don Aurelio... Era muy responsable... La noche cayó por completo... El campo quedó envuelto en oscuridad... Solo se escuchaban los grillos... Y el movimiento lento de las vacas... De pronto el cielo se iluminó con un relámpago... Y segundos después... Se escuchó el trueno. Una tormenta estaba llegando. El viento comenzó a soplar más fuerte. Las ramas de los árboles crujÃan. Don Aurelio se acomodó el sombrero y se cubrió con su viejo impermeable. No era la primera tormenta que le tocaba en el campo. Pero entonces ocurrió algo que lo hizo fruncir el ceño. En uno de los árboles cercanos, algo se posó entre las ramas. El anciano levantó la mirada y cuando otro relámpago iluminó el cielo, lo vio claramente.
19:46 Era un cuervo, pero no era un cuervo normal. Era enorme, demasiado grande, casi del tamaño de un hombre pequeño. El animal estaba posado en una rama gruesa mirándolo. Sus ojos brillaban en la oscuridad. Don Aurelio sintió un escalofrÃo recorrerle la espalda HabÃa vivido demasiados años en el campo para reconocer cuando algo tenÃa tintes oscuros, tétricos, como si algo maligno se estuviera materializando. El cuervo abrió el pico y empezó a cantar. Pero no era el tÃpico gasnido de un cuervo. Era una voz humana, una voz rasposa, como la de una mujer vieja. El cuervo comenzó a cantar palabras raras. y no eran palabras amables, eran insultos, lo corrÃa de ahÃ, don Aurelio dice que le decÃan, lárgate de aquÃ, estas vacas son mÃas, la voz se mezclaba con el sonido de la tormenta, el animal movÃa la cabeza mientras hablaba, don Aurelio no apartaba la mirada, porque en ese momento comprendió algo, que era una bruja, en los ranchos se cuentan muchas historias, Historias de mujeres que se transforman en animales para hacer maldades por las noches.
21:09 Y aquel cuervo no era un animal normal. El viejo sabÃa lo que tenÃa que hacer. Se quitó el sombrero, se persinó y comenzó a rezar en voz alta. Rezó un padre nuestro y el cuervo soltó una risa aguda y después otro y después otro. Pero don Aurelio siguió rezando, cada vez más fuerte y cada vez más decidido. La lluvia empezó a caer. El viento sacudÃa las ramas del árbol donde estaba posado el cuervo. El animal seguÃa cantando e insultándolo. Pero cada vez que el viejo levantaba más la voz con sus rezos, el cuervo se movÃa inquieto sobre la rama. Finalmente, después de varios minutos, el animal soltó un grito fuerte. Abrió sus enormes alas negras y salió volando hacia la oscuridad del monte. Don Aurelio dejó de rezar lentamente. Las vacas seguÃan tranquilas. La tormenta continuaba, pero aquella cosa ya se habÃa ido. Pasó un rato más hasta que finalmente entre la lluvia apareció una camioneta acercándose por el camino. Era el ganadero. Cuando bajó del vehÃculo se veÃa confundido. Perdón, don Aurelio, no sé qué me pasó. El viejo lo miró con calma y le preguntó qué era lo que habÃa ocurrido. El ganadero se
22:42 rascó la cabeza y le dijo VenÃa por el camino de siempre, pero me desorienté. No sabÃa dónde estaba. Daba vueltas y vueltas y escuchaba algo volando arriba de la camioneta. Don Aurelio sintió lentamente. Ya sabÃa lo que habÃa pasado. Ah, déjalo. Ya sé qué era. El ganadero lo miró extrañado y le preguntó...¿ Qué era qué?¿ Qué cosa? Puede ser una bruja. El ganadero se quedó callado.¿ Cómo que una bruja? SÃ. QuerÃa desorientarlo para que no llegara. Asà podÃa venir por el ganado cuando yo me fuera. El ganadero miró hacia la oscuridad del monte... Y le preguntó más conscientemente Y dÃgame qué fue lo que pasó Pues llegó aquà Pero yo ya la habÃa visto Y la corrà con rezos Se notaba en los ojos del ganadero Que no podÃa creer lo que don Aurelio le estaba diciendo Pero también Todo encajaba Con la desorientación que habÃa tenido Con todo el extraño de la situación No dijo nada más Pero esa noche cuando regresaron al pueblo, los dos iban mirando constantemente hacia el cielo. Solamente por si acaso, aquel cuervo enorme decidÃa volver a pasar arriba de ellos. Esta historia
24:39 me la contó una mujer mayor hace muchos años. Ella decÃa que lo ocurrió cuando era apenas una niña y que quien vivió la mayor parte de la experiencia fue su propia abuela. Según ella, fue algo que marcó a su familia para siempre. La niña tenÃa cinco años en ese entonces. VivÃa con sus padres en un pequeño pueblo rodeado de monte y parcelas. Muy cerca del pueblo pasaba un rÃo poco profundo, donde muchas mujeres iban por las mañanas a lavar ropa. Aquella mañana parecÃa completamente normal. HabÃa niebla sobre el rÃo, de esa que cubre el agua y hace que todo se vea silencioso y lejano. La abuela de la niña habÃa ido a lavar algunas prendas.
25:29 Llevaba una vetea, con ropa y una pequeña tabla para tallar. La niña habÃa insistido en acompañarla. A ella le gustaba jugar en la orilla del agua, recoger piedras y meter los pies en el rÃo. Asà que las dos llegaron temprano, cuando todavÃa casi no habÃa gente. La abuela se puso a lavar ropa, Mientras la niña jugaba cerca de la orilla, el sonido del agua era suave. El ambiente estaba tranquilo. Durante varios minutos, todo fue completamente normal. Hasta que la niña levantó la vista hacia el otro lado del rÃo. Abuela, le dijo. La abuela estaba tallando una camisa y no respondió de inmediato.¿ Qué pasó? Mira. La abuela levantó la mirada.
26:21 Entre la niebla que cubrÃa el rÃo apareció un caballo. VenÃa caminando lentamente desde el monte. Era un caballo grande, de color oscuro. Entró al rÃo y comenzó a cruzarlo con calma. El agua le llegaba a las patas mientras avanzaba, pero algo en ese caballo llamó la atención de la abuela de inmediato. El animal no dejaba de mirarlas. No miraba el agua, No miraba el suelo, solo las observaba a ellas. Sus ojos parecÃan demasiado atentos, demasiado conscientes como los ojos de un humano. La abuela sintió un pequeño escalofrÃo.
27:05 El caballo terminó de cruzar el rÃo y se acercó a la orilla donde estaban ellas. Luego bajó la cabeza y empezó a tomar agua. Pero mientras lo hacÃa, Sus ojos seguÃan mirando hacia arriba, directamente hacia la abuela y la niña. La mirada era extraña. No parecÃa la mirada de un animal. ParecÃa la mirada de una persona. La abuela comenzó a sentirse incómoda. Ese caballo no actuaba como un caballo común. Se quedó observándolas demasiado tiempo, demasiado quieto y también atento. La abuela dejó de lavar ropa. Vámonos, niña, le dijo. La pequeña volteó hacia ella y le preguntó por qué. La abuela solamente le decÃa vámonos, vámonos ya.
27:59 La abuela empezó a recoger la ropa rápidamente. En ese momento la niña volvió a mirar hacia el caballo. El animal seguÃa ahÃ, tomando agua, mirándolas. Entonces la niña dijo algo que hizo que la abuela se quedara helada. Abuela, el caballo me estaba hablando la abuela sintió un escalofrÃo recorrerle la espalda no digas tonterÃas le dijo intentando sonar tranquila pero la niña seguÃa mirando al animal y continuaba describiendo todo dice que algo malo les va a pasar a mis papás con esas palabras la abuela sintió que el corazón le dio un golpe fuerte miró al caballo otra vez el animal seguÃa igual con la cabeza agachada, bebiendo agua. En ningún momento escuchó ningún sonido. El caballo nunca habló, pero esas palabras que dijo su nieta hicieron que la piel se le irisara por completo. La abuela con tono firme le dijo vámonos ahora. Agarró a la niña de la mano y comenzaron a caminar de regreso al pueblo. La niña volteó una última vez hacia el rÃo.
29:17 El caballo seguÃa ahÃ, observándolas. La abuela no volvió a mirar atrás. Esa tarde ocurrió algo terrible. Los padres de la niña, que habÃan salido a la carretera por un mandado, sufrieron un accidente. Fallecieron ese mismo dÃa. Cuando la abuela recibió la noticia, recordó inmediatamente lo que su nieta habÃa dicho esa mañana junto al rÃo. las palabras del supuesto caballo, desde ese dÃa, la abuela nunca volvió a ir a ese rÃo, ni siquiera querÃa pasar cerca de ese lugar, cada vez que lo recordaba sentÃa el mismo escalofrÃo, pasaron muchos años, la niña creció, se convirtió en una mujer adulta, una noche mientras recordaban cosas del pasado, la abuela decidió preguntarle algo que llevaba décadas guardando,¿ te acuerdas de aquella mañana en el rÃo? Su nieta pensó un momento y le dijo, sÃ, sÃ, abuelita, me acuerdo. La abuela se tardó en contestar, pero finalmente le dijo,¿ y te acuerdas del caballo, mi niña? Pero en este caso su nieta frunció el ceño y algo confundida preguntó, ¿caballo? SÃ, el caballo, que estaba tomando agua. Pero su nieta se quedó pensando, Y luego dijo algo que hizo que la abuela sintiera
30:48 el mismo miedo que aquella mañana. Abuela, yo no recuerdo ningún caballo. La abuela la miró en silencio y le preguntó. Entonces,¿ qué recuerdas? Recuerdo un hombre, abuela.¿ Cómo que un hombre? La nieta sintió lentamente. Estaba en el rÃo, tenÃa el cuerpo raro. Y recuerdo que... TenÃa unos cuernos en la cabeza. Con eso tuvo la abuela. Ella jamás volvió a hablar de aquel dÃa. SabÃa que sacar el tema no le iba a hacer ningún bien, pero siempre estuvo convencida de una cosa. Aquella mañana en el rÃo, algo que no era de este mundo, se habÃa acercado a ellas y de alguna forma ya sabÃa lo que iba a pasar.
31:43 Tal vez algo demonÃaco, algo del bajo astral, se materializó aquella vez para que de manera borlona les dijera que unos seres queridos suyos iban a perecer ese dÃa. Voy a contarte algo que me pasó cuando yo era niña.
32:26 Durante muchos años, no hablé mucho de esto porque nadie me creÃa o pensaban que era mi imaginación de niña. Pero yo recuerdo perfectamente lo que ocurrió. Y ahora que soy adulta, sigo convencida de que aquella noche... nos encontramos con algo que no era humano, yo crecà en un pueblo rural pequeño, de esos donde todos se conocen, las casas estaban separadas por calles de tierra, habÃa parcelas alrededor, y por las tardes los niños, solÃamos jugar afuera sin demasiada preocupación, detrás de mi casa habÃa un pequeño parque, no era nada grande, tenÃa un sub y baja, dos columpios viejos, y un par de árboles que daban sombra.
33:15 Pero para nosotros era suficiente. Yo tenÃa ocho años cuando ocurrió todo. Aquella tarde salà sola al parque. Mi mamá estaba en casa haciendo algunas cosas, y como el parque quedaba literalmente a espaldas de nuestra casa, ella no tenÃa problema en que yo jugara afuera un rato. Recuerdo que el cielo estaba claro, y el aire estaba tranquilo, Yo estaba jugando en el sube y baja, empujándome con los pies para que subiera y bajara, imaginando que habÃa otro niño conmigo. Después de un rato sentà algo raro, como cuando alguien te está observando. Levanté la mirada y fue entonces cuando lo vi. A unos metros, cerca de uno de los árboles, habÃa un gato, pero no era un gato normal. Primero noté que era muy grande y mucho más grande que cualquier gato que hubiera visto en el pueblo.
34:14 Era gris, pero su pelaje tenÃa manchas oscuras extrañas. Al principio pensé que eran manchas normales, pero cuando lo miré con más atención, sentà un escalofrÃo. Las manchas parecÃan formar caras, pequeñas caras, algunas parecÃan calaveras, o al menos eso era lo que yo veÃa como niña. el gato me estaba mirando no parpadeaba no se movÃa solo me observaba fijamente sentà una profunda incomodidad que hasta hoy no sé cómo explicarlo pero lo peor fue cuando el gato empezó a caminar hacia mà sus pasos eran lentos silenciosos yo me quedé completamente quieta en el sube y baja no sabÃa por qué pero ese animal me daba miedo El gato se acercó al área de los columpios y entonces hizo algo que nunca habÃa visto hacer un gato. Saltó, pero no hacia el suelo. Saltó directamente a uno de los columpios y se sentó ahÃ, como si fuera una persona.
35:29 El columpio se movÃa lentamente mientras el gato permanecÃa sentado sobre la tabla, observándome. Sentà un miedo muy raro. No era solo miedo de un animal, era la sensación de que algo no estaba bien. Asà que bajé del sube y baja, y caminé rápido hacia mi casa. Entré por la puerta trasera, y fui directo hacia la cocina. Desde la ventana de la cocina, se podÃa ver perfectamente el parque. Asà que miré hacia afuera, y ahà estaba. El gato seguÃa sentado en el columpio, balanceándose suavemente. Mirando hacia la casa, mirándome a mÃ, sentà un escalofrÃo que me recorrió la espalda.
36:16 Me aparté de la ventana, intenté distraerme con otras cosas dentro de la casa, pero de vez en cuando volvà a mirar hacia el parque, y cada vez que lo hacÃa, el gato seguÃa ahÃ. Pasaron las horas, el cielo comenzó a oscurecer, las luces de algunas casas se encendieron, finalmente anocheció. En ese momento mi mamá regresó a la casa. HabÃa salido un momento al campo cercano a cortar nopales. Entró a la cocina y me vio mirando hacia la ventana. Me preguntó,¿ qué haces ahÃ? Antes que pudiera responder, ella miró hacia el parque y frunció el ceño.¡ Qué raro!
37:00 Yo le pregunté,¿ qué pasa mamá?¿ Hay un niño en el parque? Mi corazón empezó a latir rápido cuando me dijo esto. Yo le dije a un niño, sÃ, está sentado en los columpios. Miré hacia la ventana otra vez, pero desde donde estaba no alcanzaba a ver muy bien la figura, solo veÃa algo moviéndose en el columpio. Mi mamá tomó una lámpara y decidió salir ahÃ. Voy a salir a ver quién es. Yo le dije que no rápidamente, pero ella solamente me miró extrañada y me preguntó por qué. Déjalo, le dije. No vayas. No sabÃa exactamente por qué, pero algo dentro de mà me decÃa que no debÃa acercarse a eso. Pero mi mamá era una mujer muy responsable.
37:51 Tal vez está perdido, me dijo, o tal vez es nuevo en el pueblo. No podemos dejarlo ahÃ, hija. Finalmente salió por la puerta. Yo me quedé en la cocina mirando hacia la oscuridad del parque. PodÃa ver la silueta de mi mamá caminando hacia los columpios. El columpio se movÃa. La figura estaba sentada ahÃ, esperando. Mi mamá se acercó, se detuvo frente a la figura y pareció decirle algo. Por unos segundos todo quedó en silencio. Luego vi algo que nunca voy a olvidar. Mi mamá retrocedió de golpe, como si algo la hubiera asustado profundamente. Dio media vuelta y corrió hacia la casa. Entró por la puerta casi sin aliento. Cerró la puerta con fuerza. Luego corrió hacia las ventanas y empezó a cerrarlas todas, una por una.
38:47 Después echó seguro a la puerta. Sus manos estaban temblando. Nunca la habÃa visto asÃ. Nos fuimos juntas a mi habitación. Yo estaba asustada. Le preguntaba qué pasó. Mi mamá se sentó en la cama. TodavÃa estaba pálida. Lo recuerdo muy bien. Mi mamá finalmente me dijo con voz temblorosa. Cuando me acerca el niño, pensé que estaba solo. Pero cuando levantó la cara, vi que sus ojos eran los ojos de un gato. TenÃan la rendija. No era un niño. Eso era otra cosa. Sentà que el estómago se me encogÃa y también pude ver que no tenÃa dientes. TenÃa colmillos.
39:36 no hay que salir de la casa, nos quedamos en silencio esa noche, no volvimos a salir, ni siquiera nos acercamos a las ventanas, nunca volvimos a ver aquella cosa, pero yo jamás olvidé lo que ocurrió, y ahora, ya siendo adulta, después de haber escuchado muchas historias del norte del paÃs, creo que probablemente, nos encontramos con algo muy peligroso, algo que puede cambiar de forma, algo que parece animal, y luego parece humano. Algunos los llaman Skinwalkers. Y lo que más me inquieta, cuando recuerdo aquella tarde, es pensar que primero vi un gato sentado en un columpio, y horas después, mi mamá vio un niño sentado exactamente en el mismo lugar. Voy a contarte algo que me pasó cuando era joven Han pasado muchos años desde entonces Pero todavÃa recuerdo esa noche con mucha claridad Cada vez que lo cuento La gente me mira como si estuviera exagerando Pero yo sé lo que vi En ese tiempo yo
41:08 trabajaba como el bañil TenÃa poco más de 20 años y aceptaba cualquier trabajo que saliera, porque necesitaba el dinero. Fue asà como terminé en un pueblo muy humilde, uno que apenas estaba empezando a crecer. Las casas eran casi todas de lámina y madera, algunas hechas con tablas viejas y techos improvisados. Las calles eran pura tierra y alrededor del pueblo habÃa puro monte y cerro. En aquel tiempo estaban construyendo una pequeña iglesia. No era algo grande, solo una capilla sencilla con una barda de bloc alrededor. Yo estaba ayudando a levantar la barda. Recuerdo que desde que llegué al pueblo, la gente hablaba muchas cosas raras. Unos decÃan que en las noches veÃan duendes caminando entre las casas.
42:03 Otros juraban haber visto nahuales entre el monte. Y claro, Como siempre pasa en esos lugares, esas historias terminan metiéndole miedo a uno, aunque no quisiera. Pero yo intentaba no hacerles caso. Una tarde, estaba trabajando solo, pegando block en la barda de la iglesia. El sol ya estaba bajando y el calor finalmente empezaba a irse. El pueblo estaba tranquilo, se escuchaban gallinas a lo lejos y algunos perros ladrando. En eso levanté la mirada y vi algo acercándose por el camino de tierra. Era una cabra. Al principio no le di importancia. En esos pueblos es normal que los animales anden sueltos. Pero mientras se acercaba, empecé a notar algo raro. La cabra no caminaba normal. Sus pasos eran lentos, extraños.
43:03 como si estuviera bailando. No sé cómo explicarlo mejor, asà que hasta ahà dejémosle. Daba pequeños pasos raros, moviendo el cuerpo de lado a lado. Yo dejé la cuchara de mezcla a un lado y me quedé mirándola.â¡ Qué animal tan raro!â murmuré. La cabra se acercó un poco más. Sus ojos eran oscuros y parecÃa que me estaban mirando directamente. pero en ese momento escuché una voz detrás de mÃ. ¡Muchacho! Volté rápidamente y me di cuenta que era el sacerdote del pueblo, un señor ya mayor que estaba supervisando la construcción de la capilla. Acaba de llegar material, hay que descargarlo antes de que oscurezca. Miré de nuevo hacia donde estaba la cabra, pero ya se habÃa alejado entre las casas.
43:56 Asà que me olvidé de eso. El sacerdote y yo empezamos a descargar cemento y bloc de una camioneta que habÃa llegado entre subir cosas acomodar material y limpiar un poco el lugar se nos hizo tarde cuando terminamos ya era completamente de noche el sacerdote miró el cielo y suspiró creo que ya no vale la pena que regreses al pueblo caminando a un lado de la iglesia habÃa una pequeña casita de madera donde él se quedaba a veces y me dijo muy agradablemente Puedes dormir aquÃ. Mañana sigues trabajando temprano. Acepté sin problema. Estaba cansado y la verdad no querÃa caminar de noche por esos caminos. Cenamos algo sencillo y luego nos fuimos a dormir. La casita era pequeña, apenas dos cuartos. El silencio del pueblo en la noche era profundo. Todo estaba oscuro. No sé qué hora serÃa cuando algo me despertó. Al principio pensé que estaba soñando, pero entonces lo escuché otra vez. Era una risa, una risa rara, aguda, como si alguien se estuviera burlando.
45:09 Y junto con esa risa, se escuchaba el golpeteo de pezuñas sobre la tierra. Me senté en la cama, el sonido venÃa de afuera, y fue en ese momento que noté algo más. El sacerdote ya estaba despierto, Estaba de pie frente a la ventana, mirando hacia afuera. Su rostro se veÃa serio. Me levanté y me acerqué. Le pregunté, padre,¿ qué sucede? Ãl no respondió de inmediato, solo señaló hacia el patio. Cuando miré por la ventana, sentà que se me lava la sangre. Ahà estaba la cabra, la misma que habÃa visto en la tarde, pero ahora estaba haciendo algo imposible. La cabra corrÃa en dos patas, como una persona.
46:01 CorrÃa entre el material que habÃamos descargado, y mientras corrÃa, se reÃa, una risa fuerte, burlona. Con sus patas delanteras, tiraba los sacos de cemento, luego empujaba los bloques, y en un momento tumbó una de las cruces de madera que estaban apoyadas cerca de la capilla. La cruz cayó al suelo con un golpe seco, la cabra seguÃa riendo, corrÃa de un lado a otro como si estuviera jugando, yo no podÃa creer lo que estaba viendo, asà que solamente me le quedé mirando al sacerdote y le dije, padre está viendo lo mismo que yo, y él me contestó algo que todavÃa recuerdo muy bien, siempre que llegaba temprano a la capilla, encontraba todo el material tirado, pensé que eran muchachos del pueblo, Ahora ya sé quién era.
46:58 Nos quedamos ahà adentro, sin hacer ruido, observando. La cabra siguió corriendo un rato más, riendo, tirando cosas, hasta que de pronto se detuvo. Giró la cabeza lentamente y por un segundo pareció mirar directamente hacia la ventana donde estábamos. Después soltó su última risa y salió corriendo hacia la oscuridad del monte. No volvimos a dormir esa noche. Nos quedamos sentados, esperando a que amaneciera. Cuando finalmente salió el sol, el sacerdote salió al patio. Todo estaba tirado, los bloques, el cemento, las cruces. El sacerdote trajo un pequeño recipiente y empezó a regar agua bendita por todo el lugar.
47:48 Luego se puso a rezar. Rezaba caminando alrededor de la capilla. rezaba en la entrada, rezaba en la barda, estuvo asà casi todo el dÃa, yo seguà trabajando, pero la verdad, estaba más atento al monte que a los bloques, desde ese dÃa, esa cabra nunca volvió a aparecerse, ni en el patio, ni cerca de la capilla, ni en el pueblo, y hasta hoy sigo pensando que aquella cosa que vimos esa noche, no era una cabra, era otra cosa, algo que no soportaba estar cerca de un lugar que estaba siendo dedicado a Dios. Siempre me llamó la atención algo de mi abuela. Ella habÃa tenido una casa muy bonita en el pueblo donde nació. Una casa grande, con un patio enorme, lleno de árboles y plantas. Pero un dÃa, hace muchos años, decidió venderla y mudarse sin dar muchas explicaciones.
49:15 Cuando yo era niña, cada vez que le preguntaba por qué habÃa vendido esa casa, ella simplemente decÃa... Pues porque ya no querÃa vivir ahà Nada más Solamente esa era su respuesta Pero una noche Cuando yo ya era un poco mayor Estábamos sentadas en el patio de su nueva casa El aire estaba fresco Y ella estaba tomando café Mientras yo le ayudaba a deshojar unas flores Que habÃa cortado del jardÃn Fue entonces cuando le pregunté de nuevo Abuela¿ Por qué vendiste tu casa? ya sabes, la del pueblo, ella guardó silencio unos segundos, miró hacia la oscuridad del patio, como si estuviera recordando algo muy lejano, y después me dijo mirándome a los ojos, nunca te quise contar esto cuando eras niña, porque no querÃa que te asustaras, pero esa casa tiene algo muy malo, en esa casa tenÃa un patio muy grande, yo pasaba mucho tiempo ahÃ, porque siempre me gustó cuidar de mis plantas. Me contó que una mañana estaba haciendo jardinerÃa como siempre, quitando hierba, acomodando macetas, regando las flores. Todo parecÃa un dÃa normal, hasta que escuchó algo arriba de su cabeza. Ella me explicó que era un aleteo muy fuerte. No era como el de un pájaro común. Era pesado, como si algo enorme estuviera
50:49 volando justo encima de ella. La abuela levantó la cabeza, pero no podÃa ver nada. Pensó que tal vez era un ave grande que habÃa pasado rápido. Pero minutos después volvió a escuchar el mismo aleteo, otra vez encima de ella, y ella otra vez levantó la mirada, pero de nuevo no vio nada. Ella me dijo que le habÃa pasado varias veces en el mismo dÃa. Cada vez que escuchaba el sonido, miraba hacia el cielo, pero nunca veÃa al animal. que producÃa ese ruido era como si volara demasiado rápido o como si no quisiera dejarse ver al final del dÃa dejó de pensar en eso siguió con sus cosas mi abuela tenÃa la costumbre de cocinar afuera por las noches en su patio habÃa un pequeño asador de ladrillo donde preparaba la comida mientras disfrutaba del aire fresco del pueblo aquella noche salió como siempre pero esa vez su perro salió con ella Y fue entonces cuando las cosas empezaron a ponerse extrañas. El perro levantó la cabeza hacia el cielo y empezó a gruñer. No miraba al suelo, no miraba hacia la calle, miraba directamente hacia arriba. Luego empezó a ladrar. Mi abuela dice que ella miraba al cielo y no podÃa ver nada, pero aún asà empezó a sentir algo que le puso la piel de gallina.
52:19 la sensación de que algo la estaba observando, como cuando un animal salvaje te vigila desde algún lugar, como cuando un depredador estudia su presa, mi abuela decidió entrar a la casa, pero antes de hacerlo, miró otra vez hacia arriba, seguÃa sin ver nada, entró rápidamente, cerró la puerta, y entonces hizo algo que nunca habÃa hecho antes, apagó todas las luces de la casa, No sé por qué lo hice, pero sentà que era mejor que lo que estuviera afuera no supiera que yo estaba observando, me dijo mi abuela mientras temblaba. Se quedó mirando por la ventana, esperando. Pasaron unos minutos y entonces lo vio. Algo descendió del cielo hacia el patio. Al principio era solo una sombra, pero cuando tocó el suelo pudo verlo claramente. Mi abuela bajó la voz cuando llegó a esa parte de la historia.
53:21 Era como un hombre, pero también era como un pájaro. TenÃa el cuerpo alto, los brazos parecÃan alas cubiertas de plumas oscuras. La cabeza era extraña, alargada, como si tuviera un pico, pero al mismo tiempo tenÃa rasgos humanos. La criatura caminó por el patio observando la casa. movÃa la cabeza de un lado a otro, como si estuviera buscando algo, luego caminó hacia la puerta principal, y entonces, hizo algo que dejó a mi abuela paralizada, tocó la puerta, como si fuera una persona, tocaba y tocaba, de forma rÃtmica, mi abuela me empezó a decir, yo lo estaba viendo hija, yo lo estaba viendo desde la oscuridad, pero él no podÃa verme, Volvió a tocar más fuerte y cada vez más fuerte, como que querÃa que la abriera. Mi abuela no se movió, no hizo ruido, no encendió ninguna luz, solo se quedó observando. Después de unos segundos, la criatura dejó de tocar la puerta, se quedó quieta y como si sospechara que alguien estaba adentro. Luego giró la cabeza lentamente, miró hacia el patio. Abrió sus enormes alas Y voló de nuevo hacia el cielo oscuro Cuando terminó de contarme
54:54 esto Mi abuela guardó silencio Yo la miraba sin saber qué decir Asà que solamente le pregunté¿ Y qué hiciste después? Ella solamente me miró y me dijo A la mañana siguiente empaqué mis cosas Y vendà la casa¿ Solamente por eso abuelita? Ella negó con la cabeza lentamente No fue solo por el miedo, hija. Fue porque entendà algo. Aquella cosa sabÃa que yo estaba dentro de la casa. Y si hubiera abierto la puerta, tal vez yo no estarÃa aquà para contarte esta historia. Mi nombre es Yadira. Quiero contarles una experiencia que me contó mi madre. Esta historia fue data de muchos años atrás cuando ella era una niña ella dice que durante su niñez que fue de lo más normal posible como para una niña de pueblo jugar con animales salir con sus amigos todo esto a la edad de nueve años mi madre explica que sin
56:26 razón y sin que nadie se lo viera venir empezaron a suceder cosas extrañas en el pueblo Y por referirme a cosas extrañas... Es que fueron cosas que nadie se esperaba... Y no eran cosas... Que la gente de pueblo estuviera acostumbrada... A estar lidiando... En los pueblos se cuentan muchas historias... Muchas leyendas... Avistamientos de brujas... De nahuales... Y si bien esas historias son extrañas... Lo que sucedió en aquel tiempo... Nadie se lo esperaba... Y es que empezaron a desaparecer niños... Un terror para todos los padres. Sobre todo para mi abuela, que en ese momento tenÃa a mi madre muy pequeña.
57:12 Nueve años, como ya te dije. Todo esto sucedió de manera muy paulatina. Muy silenciosamente. Pero poco a poco fue aumentando. Primero comenzó con la desaparición de un niño en un parque. La familia de este niño vivÃa enfrente del parque. Asà que no veÃan nada de malo en que el niño fuera a jugar al parque completamente solo por la tarde. En aquellos años, la inseguridad no era un tema tan presente como ahora. En aquellos años todos en el pueblo se conocÃan y, entre todos ellos, se cuidaban incluso a los niños. Y aquà surge la duda. Mi madre dice que nadie lo vio, simplemente el niño estaba jugando en el parque para desaparecer al otro segundo. Ningún vecino pudo captar quién se lo llevó, o si es que él mismo se habÃa ido. Los padres por otro lado obviamente estaban desesperados, buscando a su hijo por todos los lugares, tanto en el pueblo como en las lejanÃas de éste, y no solamente una familia se les unió, se les unieron varias. Mucha multitud hubo recorriendo las calles, pero al final de cuentas, No hallaron a nadie. Pasaron los dÃas y de nuevo, otro niño. No dejó motivo, no dejó rastro.
58:44 Simplemente desapareció esta vez en el patio de su casa. La madre dice que estaba cocinando, cosas que tenÃa que hacer la mujer de antes, atendiendo las labores del hogar. Y mientras ella hacÃa todo eso, el niño se la pasaba jugando en el patio. Todo este patio estaba bardeado, una barda enorme, de dos metros y medio. Esto más que nada porque tenÃan animales. El niño estaba ahÃ. Apenas tenÃa cinco años. No habÃa manera de que él solo se pudiera salir. Pero aquà también ocurre algo extraño porque este niño que habÃa desaparecido, como ya te dije, estaba rodeado de animales. Chivos, caballos y perros. Todos sabemos que los perros son sumamente territoriales, no dejan que nadie se acerque, y más los perros que están acostumbrados a cuidar el hogar, a cuidar el ganado, como era en esa ocasión ese tipo de perro. La madre se le extrañó mucho cuando salió y no vio a su hijo, y es que en ningún momento escuchó a los perros ladrar. Les ladraban incluso a los familiares. Los perros estaban bien No estaban agitados, no estaban alborotados. Nadie se pudo haber metido, sin que ellos se hubieran dado cuenta o sin que ellos lo hubieran atacado. Pero el niño ya no estaba. De nuevo,
1:00:17 otra vez en el pueblo, empezaron a buscar y a buscar. Pero nada, simplemente el niño se habÃa esfumado. Pasaron los dÃas y la tragedia se volvió a repetir. Esta vez con una abuelita y un niño que iban caminando por las calles del pueblo, esas calles de piedra. La abuelita habÃa llevado al nieto a comprar algo a la miscelánea. Cuando la abuelita y el nieto ya venÃan de regreso, les empezó a caer una lluvia torrencial. Ese tipo de lluvia que solamente es una pasada, pero que va muy fuerte. Por lo tanto, la abuelita jaló a su nieto. se fueron a refugiar en un techo que sobresalÃa de una casa, para no mojarse. La abuelita estaba expectante para ver en qué momento la lluvia se quitaba, y no se dio cuenta cuando su nieto ya no estaba con ella. Es decir que se lo habÃan llevado casi casi enfrente de sus ojos. Inmediatamente la abuela volteó para un lado o para el otro, pero ya no estaba el niño. Este niño era muy pequeño. Según me explica mi madre, tendrÃa como seis años siete a lo mucho y fue en cuestión de segundos empezó a buscarlo con toda la energÃa que tenÃa en ese momento empezó a gritar a pedir ayuda todos los pobladores otra vez se reunieron y empezaron a buscar al niño pero la historia se repitió no
1:01:49 habÃa nadie a los alrededores esto llegó a tal punto que todos los pobladores empezaron a tomar cartas en el asunto Muchos de ellos, como mi abuela, empezaron a agarrar a sus hijos para que durmieran junto con ellos en su cama. Empezaron a tenerlos vigilados en todo momento. Muchos incluso de los campesinos no dormÃan y se ponÃan con sus armas custodiando su casa. CreÃan que era algún tipo de hombre que se metÃa por los niños. Porque esto siguió pasando. Mi madre me explica que desaparecieron como 7 u 8 niños. Y esto, para un pueblo pequeño, es demasiado, sobre todo en aquellos años. Es un llamado de atención. Los policÃas fueron, esos policÃas de montada, que andaban a caballo. Se la pasaban custodiando los caminos cercanos, ya sea al pueblo, a los arroyos, para ver si alguien se metÃa a este.
1:02:53 Pero no encontraron nada. Después de semanas, que no desapareciera ni un solo niño, Todos empezaron a aparecer después, sin explicación alguna. Los niños solamente llegaban al pueblo caminando. Eso sÃ, tenÃan marcas en su ropa y en su piel, como si hubieran estado caminando entre el monte, como si se hubieran estado desplazando entre toda la vegetación y los árboles. Obviamente los padres fueron, los abrozaron y les preguntaron que quién se los habÃa llevado, que dónde habÃan estado. Era más que evidente que alguien se habÃa hecho cargo de ellos, porque los niños llevaban dÃas desaparecidos. TenÃan que haber comido, tenÃan que haber bebido. No venÃan en condiciones deplorables, todos venÃan muy bien alimentados. Los niños no supieron decir. Era como si la memoria se les hubiera borrado. Ellos solamente recuerdan que estaban en el patio de su casa, en el parque o en el lugar de donde se los habÃan llevado. Y el siguiente recuerdo es estar caminando de vuelta al pueblo. Los padres no lo podÃan creer, pero al final de las cosas, a ellos solamente les importaba que sus hijos hubieran vuelto. Asà que no les dieron importancia a este tipo de hechos. Se enfocaron en tomar a sus hijos, protegerlos nuevamente y rogar a Dios que esto no volviera a repetirse. Lo extraño, cuenta mi madre,
1:04:26 es que esos niños que habÃan desaparecido Con el paso de los años, se convirtieron en unos médicos brujos. Los niños empezaban a curar a las personas sin necesidad de medicina, utilizando solamente hierbas, remedios que nadie conocÃa, combinando plantas, haciendo masajes. Era como si tuvieran un conocimiento que nadie tenÃa en ese momento en la región, en el pueblo o incluso en el paÃs. Los niños... se habÃan convertido en auténticos médicos de la naturaleza después de investigar sobre esto en el sur de México se tiene la creencia de que los chaneques se llevan a niños desde muy pequeños para adiestrarlos en el manejo de toda la medicina con hierbas al menos eso es lo que se dice y creo que después de escuchar la historia de mi abuela creo que esta no es un tanto leyenda es decir Todo eso que se dice en el sur son meras leyendas de los chaneques, pero yo creo que esa leyenda tiene algo de verdad, sino cómo explicar que aquellos niños se hubieran ido por dÃas y hubieran llegado intactos y con estos conocimientos, una historia muy interesante que quise compartirles.
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