1 Hora de Relatos Reales de Taxistas para tener pesadillas / El Nahual del Camino Abandonado
0:00 Los taxistas a veces se estacionan en lugares muy mórbidos Solamente las personas que hayan trabajado en este empleo pueden dar fe de esto A veces estacionan enfrente de lugares abandonados A veces se adentran a ellos A veces simplemente piden carreras a lugares digamos poco ortodoxos Lo que resulta en experiencias muy perturbadoras Los taxistas han visto y vivido cosas muy interesantes y también siniestras. Como esta próxima historia.
0:40 Nuestro amigo taxista nos cuenta que decidió una noche ir a estacionarse a un estacionamiento abandonado. Todo esto porque estaba esperando a un pasajero. Pero pasaron los minutos y algo espeluznante emergió desde la oscuridad. Su historia Es la siguiente. Hola Alex. Llevo casi un año viendo tu canal. Y después de pensarlo mucho. Decidà enviarte la historia que me ocurrió.
1:24 Hace aproximadamente tres años. No busco convencer a nadie de que me crea. De hecho... Durante mucho tiempo intenté convencerme a mà mismo de que todo habÃa sido producto del cansancio. Pero hay algo que vi esa madrugada que todavÃa aparece en mis pesadillas. Tengo 48 años y soy taxista en la ciudad de Puebla. Llevo más de 20 años trabajando de noche. He recorrido prácticamente todas las colonias, desde La Paz hasta Bosques de San Sebastián. pasando por el Centro Histórico, Amalucan, La Margarita y Cholula. Uno aprende muchas cosas manejando de madrugada.
2:09 Aprendes qué calles evitar, dónde suelen asaltar, qué clientes es mejor no subir y hasta qué perros callejeros siempre persiguen los coches. Pero también aprendes que hay lugares donde los mismos taxistas prefieren no detenerse. Uno de esos lugares es Es un viejo estacionamiento abandonado que está cerca de la antigua zona industrial de la resurrección. No es un sitio famoso, simplemente quedó olvidado cuando una fábrica cerró hace muchos años. Yo jamás le di importancia a las historias que contaban sobre ese lugar. Hasta aquella noche. Era un viernes de finales de octubre. HabÃa llovido casi toda la tarde y el frÃo comenzaba a sentirse. Eran aproximadamente las 2 y 20 de la mañana, cuando dejé a un pasajero cerca del Parque Industrial Puebla 2000. Pensé en regresar hacia el centro, porque a esa hora suelen salir empleados de hospitales y algunos bares.
3:15 Mientras manejaba, sonó el radio de la base. Me estaban llamando. Unidad 22, repetÃan una y otra vez. Yo respondà adelante. Ellos me dijeron que habÃa un servicio cerca de la antigua fábrica textil de la resurrección, que si lo tomaba. Acepté sin pensarlo. Era una zona que conocÃa muy bien. La operadora me dio la ubicación y emprendà el camino. Después de unos 15 minutos, llegué al punto marcado, pero no habÃa nadie, solo un enorme estacionamiento de concreto rodeado por una malla ciclónica oxidada. Al fondo se levantaba la silueta de la fábrica abandonada Las ventanas estaban rotas Parte del techo habÃa colapsado ParecÃa un lugar completamente muerto Esperé unos minutos ahà Tomé la radio y llamé Base, aquà unidad 22 No encuentro al pasajero Está todo solo Pero no me respondieron Solamente escuchaba estática Intenté nuevamente Pero nada Ni una respuesta. Miré mi celular.
4:29 Tampoco tenÃa señal. Eso me extrañó. Normalmente esa zona tenÃa muy buena cobertura. Apagué el motor para ahorrar gasolina. Fue entonces cuando escuché el primer sonido. Algo caminaba sobre la grava. No era un perro. Los perros hacen ruido constante. Aquello avanzaba. Se detenÃa. Y volvÃa a avanzar. Se detenÃa otra vez. y volvà a avanzar, alumbré con las luces altas, pero no pude ver nada, en eso pensé que serÃa algún tipo de gato, traté de relajarme un poco, entonces el sonido volvió, pero ahora venÃa desde otro lado, giré lentamente la cabeza hacia el espejo lateral, ahà lo vi por primera vez, habÃa una especie de perro enorme, parado junto a uno de los postes del estacionamiento. Era completamente negro, mucho más grande que cualquier pastor alemán. TenÃa las patas demasiado largas, las orejas puntiagudas y unos protuberantes ojos amarillos que parecÃan reflejar la luz incluso cuando el coche ya habÃa apagado las altas. Pensé que era un perro callejero, pero habÃa algo extraño. No olfateaba el suelo, no caminaba, solo me observaba, completamente inmóvil, encendà nuevamente el motor, el
6:00 animal seguÃa sin moverse, entonces ocurrió algo que me hizo sentir un escalofrÃo, se levantó sobre sus dos patas traseras, muy despacio, como lo harÃa una persona, no de un salto, fue incorporándose lentamente, primero dobló las patas delanteras, Después estiró el cuerpo, hasta quedar completamente erguido. Sentà como se me lavan las manos. Aquello no parecÃa un perro, tampoco un hombre. Era una mezcla imposible. El cuerpo era demasiado delgado. Los brazos terminaban en manos largas con dedos exageradamente extensos. La cabeza seguÃa siendo la de un animal. Pero ahora podÃa ver que sonreÃa. pero no mostrando los dientes como harÃa cualquier perro. Estaba sonriendo, como una persona. Metà primera, pisé el acelerador, el taxi avanzó hacia la salida. Cuando miré por el espejo, la criatura ya no estaba. Pensé que habÃa escapado. Respiré aliviado hasta que escuché un golpe seco sobre el techo del automóvil. Todo el coche se sacudió.
7:19 y después escuché otro, como si algo pesado caminara encima del taxi, no tuve valor para mirar hacia arriba, solo seguà acelerando, los pasos continuaban, lentos, pesados, de un lado hacia el otro, el techo crujÃa, sentÃa que en cualquier momento iba a hundirse, entonces los golpes cesaron, pensé que habÃa caÃdo, miré rápidamente el espejo, pero no podÃa ver nada, volvà a concentrarme en la salida, estaba a menos de 50 metros, fue entonces cuando las luces del coche, comenzaron a parpadear, una y otra y otra vez, se apagaron por completo, la carretera desapareció, solo me quedaba la luz tenue del tablero, frené por instinto, no veÃa absolutamente nada, el silencio era total, ni grillos, ni viento, ni motores. Solo mi respiración y un olor muy fuerte, como pelo mojado mezclado con tierra húmeda.
8:30 Sentà que algo respiraba junto a mi ventanilla. Estaba muy cerca de mÃ. Tanto que el cristal comenzó a empañarse desde afuera. No querÃa mirar, pero terminé haciéndolo. HabÃa un rostro pegado al vidrio, No era completamente humano, tampoco era completamente de un animal. TenÃa el hocico alargado, la piel gris, los ojos amarillos y una sonrisa imposible. PodÃa distinguir perfectamente unos dientes demasiado largos. La criatura levantó lentamente una mano y con una sola uña comenzó a raspar el cristal.
9:15 No hacÃa fuerza. parecÃa que solamente lo estaba acariciando. El sonido era insoportable, como un cuchillo pasando sobre un plato. Quise acelerar, pero el motor no respondió. Giré la llave varias veces, pero nada. Entonces recordé algo que me habÃa dicho mi abuelo cuando yo era niño. Ãl nació en un pueblo de la Sierra Norte. Siempre decÃa que, si alguna vez uno se encontraba con un Nahual, Nunca debÃa sostenerle la mirada, decÃa que esas cosas buscaban que uno les respondiera, que les tuviera miedo. Bajé la vista, apreté el volante con todas mis fuerzas y comencé a rezar.
10:04 No sé cuánto tiempo pasó, quizá un minuto, quizá más. De pronto el motor arrancó solo, las luces volvieron a encenderse, Y pisé el acelerador hasta el fondo. No me importaba nada más. No miré hacia los lados. Salà del estacionamiento derrapando. No disminuà la velocidad hasta llegar a la autopista. Ahà recuperé la señal del celular. El radio volvió a funcionar. Y la operadora me llamó de inmediato. Unidad 22,¿ dónde estabas? Te estuvimos llamando casi media hora. En ese momento miré el reloj. Solo habÃan pasado nueve minutos desde que llegué al estacionamiento, y yo jurarÃa que estuve ahà por lo menos cuarenta minutos. No le conté nada, solo dije que habÃa perdido la señal. Al terminar el turno, fui directamente a un autolavado. QuerÃa limpiar el coche. Mientras lavaba el techo, el muchacho que trabajaba ahà me preguntó, oiga,¿ qué le cayó encima? Sentà un vacÃo en el estómago. y subà a una pequeña escalera, sobre la lámina del techo, habÃa cuatro abolladuras, perfectamente alineadas, como si algo hubiera apoyado cuatro patas enormes, pero lo peor estaba en el cofre, habÃa marcas profundas, no eran rayones, parecÃan hechas por garras, tan
11:36 profundas que atravesaban la pintura hasta el metal, tuve que mandar reparar todo el cofre, Cuando el ojalatero vio las marcas me preguntó en tono de burla si un oso habÃa atacado el coche. Yo solamente me reÃ, a lo que él me respondió,¿ qué otra cosa podÃa ser? Traté de restarle importancia a lo sucedido, al menos en ese momento. Dos semanas después coincidà con un velador de la antigua fábrica. Mientras desayunábamos en un puesto de tacos cerca del mercado de Morelos, Sin decirle lo que me habÃa pasado, le pregunté si alguna vez habÃa visto animales grandes por la zona.
12:17 El hombre dejó de comer y me miró fijamente y sin parpadear me respondió. Entraste al estacionamiento de madrugada. Sentà un escalofrÃo. Le dije que sÃ. Ãl no hizo más preguntas. Solo negó con la cabeza. Los de por aquÃ... Ya sabemos que después de las dos de la mañana no se entra ahÃ. Hay algo que ronda en ese terreno desde antes de que construyeran la fábrica. Los viejos dicen que es un nahual. Yo no sé qué sea, pero ya vi demasiados perros caminar como personas para acercarme de nuevo.
12:59 Nunca volvió a tocar el tema. Y yo tampoco. Desde entonces sigo trabajando de noche. Sigo recorriendo Puebla, pero cada vez que la aplicación o la base me ofrece un servicio cerca de aquella vieja fábrica, lo rechazo, porque hay algo que nunca le conté a nadie, aquella noche mientras el muchacho del autolavado limpiaba el parabrisas, encontró una huella marcada desde afuera, no era de una mano humana, tampoco de un perro, tenÃa cinco dedos largos y en la esquina inferior del vidrio, Justo donde yo habÃa visto aquella sonrisa, habÃa quedado pegado un solo pelo, negro y grueso, de casi 20 centÃmetros de largo. Lo guardé durante meses dentro de una bolsa, hasta que un dÃa desapareció. La bolsa seguÃa cerrada, pero el pelo simplemente ya no estaba. A veces los taxistas son llamados para lugares muy pero muy desérticos. A veces estos mismos hacen carreras a lugares muy lejanos. La mayorÃa de los taxistas evita esto, más que nada por el transcurso, ¿no? Al ir a un lugar tan lejano,
14:30 no solamente la ida sino también la vuelta. No hay problema cuando uno va acompañado, pero cuando uno viene completamente solo... en esos caminos de terracerÃa, donde uno tiene que ir lento, cuando solamente ves monte y maleza a ambos lados y ni una sola luz, tan solo tus faroles. Es ahà cuando los taxistas o cualquier automovilista que tenga que transitar por estos caminos es invadido por el miedo.¿ Pero qué pasarÃa cuando ese miedo está muy bien fundamentado?¿ Qué pasarÃa cuando en medio del camino... Una cosa siniestra... Se te atraviesa?
15:14 La siguiente historia va de esto... Un taxista... Que iba conduciendo en uno de estos caminos recónditos... Y de repente... Una criatura... Que pareciera sacada del mismo infierno... Se le manifestó... Esto detonó en una experiencia... De absoluto terror... Su historia... es la siguiente. Hola Alex, mi nombre es Armando y soy taxista desde hace casi 18 años en un municipio pequeño del estado de Veracruz.
15:59 He trabajado prácticamente todos los turnos, pero desde hace varios años he prefiero conducir por las noches, porque es cuando mejor se gana, después de tanto tiempo uno termina acostumbrándose al silencio de las carreteras, a los caminos de terracerÃa y a los pueblos donde parece que todo el mundo duerme después de las 10 de la noche, sin embargo hubo una madrugada en la que vi algo que todavÃa me cuesta trabajo creer al dÃa de hoy, desde ese dÃa Jamás he vuelto a tomar aquel camino después de que se mete el sol. Todo ocurrió en octubre de 2021. Aquella noche habÃa estado bastante tranquila. Llevaba varias corridas entre estos destinos, ranchos y el centro del municipio. Eran aproximadamente las dos y media de la mañana cuando recibà una llamada. Un señor necesitaba que recogiera a su hijo en un rancho bastante lejano. acepté el servicio porque pagaba muy bien. El problema era que para llegar era que tenÃa que tomar un viejo camino de terracerÃa que casi ningún conductor utilizaba durante la noche. No era una carretera, era un camino angosto.
17:23 Apenas cabÃa un vehÃculo. A ambos lados habÃa monte muy alto, árboles viejos y matorrales tan espesos que prácticamente ocultaban todo lo que habÃa detrás, no existÃa alumbrado, la única luz era la de los faros del taxi, mientras avanzaba, el silencio era absoluto, ni siquiera escuchaba grillos, y eso ya me parece extraño, normalmente en el campo, siempre hay algún sonido, aquella noche, todo estaba en absoluta calma, solo el motor del taxi, Después de unos 10 minutos, vi algo a la distancia.
18:06 Al principio pensé que era una vaca. La silueta era demasiado grande. Se encontraba justo en medio del camino. Reduje la velocidad, pensando que el animal terminarÃa apartándose. Pero no se movÃa. SeguÃa completamente inmóvil. Cuando estuve más cerca, noté que no era una vaca. ParecÃa un cerdo, pero era un cerdo enorme. muchÃsimo más grande de lo normal, su cuerpo ocupaba casi todo el ancho del camino, detuve el taxi, toqué el claxon un par de veces, pero nada, el animal ni siquiera reaccionó, recuerdo que pensé, seguramente alguien lo dejó suelto, por lo que apagué el motor, tomé una lámpara y bajé del vehÃculo, comencé a caminar lentamente hacia él y le grité varias veces, hey muévete, ¡Muévete! El cerdo seguÃa inmóvil. Estaba de espaldas. Su piel era completamente oscura.
19:11 ParecÃa cubierta de barro. Y algo en él me producÃa una sensación muy extraña. No sabrÃa explicarte por qué. Simplemente no era un animal normal. Cuando estuve a unos seis metros ocurrió. El cerdo comenzó a moverse. pero no como esperaba, se comenzó a mover lentamente, se incorporó, primero levantó el torso, luego las patas delanteras, hasta quedar completamente erguido sobre sus dos patas, sentà como el corazón se me aceleró, me quedé congelado, aquello medÃa más de dos metros, sus brazos colgaban a los costados y La cabeza seguÃa siendo la de un cerdo, con un hocico muy largo, orejas enormes y unos ojos que reflejaban la luz de mi lámpara.
20:07 No eran rojos, eran amarillentos, como brasas apagadas. No podÃa creer lo que estaba viendo. Mi primera reacción fue pensar que era una persona disfrazada, pero aquello no tenÃa sentido. Sus piernas eran demasiado gruesas. Sus brazos demasiado largos y la manera en que respiraba era horrible. Un sonido profundo, como si cada respiración costara un enorme esfuerzo. Di un paso hacia atrás. Entonces la criatura giró lentamente la cabeza y me miró directamente. Nunca olvidaré aquella mirada. No era la de un animal. HabÃa inteligencia en sus ojos. como si entendiera perfectamente quién era yo. Quise retroceder otro paso, pero no pude. Las piernas simplemente dejaron de responderme. Fue entonces cuando abrió ligeramente el hocico y habló, con una voz grave, ronca, que parecÃa salir desde muy adentro de su pecho.¿ Ya te vas? Quedé tan impactado que ni siquiera grité y ni siquiera corrÃ. Simplemente sentà que todo mi cuerpo celó, porque no habÃa ninguna duda, aquello acababa de hablar. No era un sonido que yo hubiera confundido, ni mucho menos mi imaginación. HabÃa pronunciado claramente esas palabras.
21:41 Seguà mirándolo, sin moverme. La criatura inclinó un poco la cabeza, como si estuviera esperando una respuesta. Después volvió a hablar. Ven, acércate. Aquella voz sonaba completamente antinatural. No era solo grave, parecÃa que varias voces hablaban al mismo tiempo. Sentà un impulso inmediato de correr, pero aún seguÃa inmóvil. Entonces ocurrió algo que terminó de romper cualquier intento de mantener la calma. La criatura sonrió, y recuerdo muy bien aquella mórbida sonrisa, porque sus labios se abrieron demasiado, muchÃsimo más de lo que permitirÃa la anatomÃa de un cerdo, mostrando unos dientes largos, amarillos y bastante desiguales. En ese instante reaccioné, di media vuelta y corrà al taxi, abrà la puerta casi sin mirar, entré y cerré los seguros y encendà el motor. Mientras intentaba arrancar, escuché nuevamente aquella voz. Ahora mucho más cerca.
22:59 No tengas miedo. Levanté la vista y por una fracción de segundo lo vi reflejado en el parabrisas. Estaba parado exactamente frente al taxi, pero no recordaba haberlo visto caminar. Simplemente estaba allÃ. Pisé el acelerador con todas mis fuerzas. El vehÃculo avanzó. No recuerdo haber sentido ningún golpe. Solamente vi que la figura desapareció de enfrente de los faros. Esto no me importó y seguà conduciendo sin detenerme. No miré por los espejos, ni tampoco disminuà la velocidad. Solo querÃa salir de aquel camino. Cuando finalmente llegué a la carretera principal detuve el taxi. Me costaba respirar. Las manos me temblaban. Permanecà varios minutos intentando tranquilizarme Después llamé al pasajero para decirle que no podrÃa llegar. Inventé cualquier excusa.
23:59 No pensaba regresar. Durante varios dÃas intenté convencerme de que habÃa sufrido una alucinación. El cansancio y la oscuridad. El estrés. Cualquier explicación era mejor que aceptar lo que habÃa visto. Pero una semana después ocurrió algo. Llevé a un pasajero hasta un rancho cercano. Mientras regresábamos, mencionó aquel camino. Me dijo que casi nadie lo utilizaba de noche. No le pregunté por qué, simplemente guardé silencio. Ãl continuó hablando por iniciativa propia. Y me dijo, hace varios años dicen que ahà aparece una cosa. Nadie sabe qué es. pero muchos dicen que no es humano, ni siquiera animal. No seguà la conversación, preferà cambiar el tema, porque no querÃa contarle lo que habÃa vivido. Han pasado casi cuatro años, sigo siendo taxista, sigo trabajando de madrugada, pero jamás he vuelto a tomar ese camino. Prefiero dar una vuelta de 30 minutos antes que volver a pasar por ahÃ. Hay algo que todavÃa me inquieta, Alex. Cuando llegué a mi casa, aquella madrugada, revisé la grabación de la cámara del taxi. QuerÃa convencerme de que todo habÃa sido producto del miedo. La cámara
25:29 grabó perfectamente el camino. Se veÃa cómo el taxi se detenÃa, cómo yo bajaba, cómo caminaba algunos metros, y de pronto, sin que apareciera absolutamente nadie frente al vehÃculo, La grabación captó mi carrera desesperada de regreso al taxi. Desde la cámara, nunca se vio al enorme cerdo. Nunca apareció la criatura, pero sà quedó registrado algo. Mientras yo corrÃa hacia el automóvil, el micrófono grabó claramente una voz grave, muy grave, que decÃa solamente cuatro palabras. Ya casi eres mÃo. Quedé tan perturbado que tuve que borrar aquella grabación y destruir también la cámara. No querÃa quedarme con nada que tuviera alguna evidencia de aquel encuentro tan aterrador que habÃa tenido. Desde ese dÃa, ya jamás he pasado de nuevo por aquel camino.
26:43 A veces los taxistas... Eligen el peor lugar para esperar un pasaje A veces son frente a edificios abandonados O como en esta siguiente historia En terrenos abandonados, terrenos baldÃos Donde ni siquiera han construido ni una simple casa Ustedes se preguntarán que este tipo de terrenos No han de tener ninguna entidad paranormal Es decir, nunca se edificó nada No es un edificio abandonado es solamente césped crecido, maleza, árboles, pero ignoramos muchas veces que la inteligencia humana a veces es algo retorcida.¿ Quién nos dice que ese terreno baldÃo no fue usado antes para algo siniestro? Recordemos que la brujerÃa, asà como también trabajos malditos, utilizan este tipo de terrenos para hacer sus embrujos. además también para hacer cosas ilÃcitas.
27:50 Puede que debido a una de estas cosas aquel terreno se encuentre maldito y tú puedas ver algo que se supone no tendrÃas que ver. Esa es la historia de nuestro siguiente taxista, el cual se detenÃa enfrente siempre de un terreno baldÃo hasta que de repente una noche empezó a ver siluetas caminando en este Lo que le desató una experiencia que jamás podrá olvidar. Su historia es la siguiente.
28:34 Hola Alex, mi nombre es Ricardo. Soy taxista desde hace casi 12 años y vivo en un municipio del estado de Guanajuato. Durante todo ese tiempo, he trabajado principalmente en el turno de noche. Muchos creen que lo peor que puede pasarle a un taxista es un asalto o un accidente. Pero yo aprendà que la madrugada guarda cosas mucho más difÃciles de explicar. Lo que voy a contarte ocurrió en 2022. Y desde entonces, jamás he vuelto a estacionarme frente a aquel terreno baldÃo. Llevo tantos años manejando que conozco prácticamente todas las calles del municipio. También conozco los horarios en los que hay más trabajo y, sobre todo, los lugares donde conviene esperar pasaje. Uno de esos sitios era una avenida ubicada cerca de la salida hacia otro pueblo. Durante la noche llegaban trabajadores de una fábrica cercana, enfermeros que terminaban su turno y algunas personas que que salÃan de una terminal de autobuses. Era común que varios taxistas nos estacionáramos allÃ.
29:52 Frente al lugar habÃa un enorme terreno baldÃo. No era un parque, tampoco un sembradÃo, simplemente era un terreno abandonado. TenÃa hierba alta, arbustos espinosos y algunos árboles secos. De dÃa no llamaba la atención, pero de noche... Era completamente diferente... Las lámparas del alumbrado... Apenas alcanzaban a iluminar la orilla... Y el resto... PermanecÃa completamente oscuro... Durante meses trabajé ahÃ... Sin que ocurriera nada fuera de lo normal... Hasta una madrugada...
30:34 Eran aproximadamente las 2 de la mañana... No habÃa movimiento... Los demás taxistas... Ya se habÃan ido porque no habÃa pasajeros. Yo decidà esperar un poco más. Estaba revisando el celular cuando levanté la vista. Fue entonces cuando vi una silueta. Pequeña. Pensé que era un niño. Caminaba entre el monte. No parecÃa perdido. Simplemente caminaba. Lo seguÃa con la mirada. Después, este niño desapareció detrás de unos arbustos. No le di importancia al menos en primera instancia. Pensé que quizá alguna familia vivÃa cerca de ahÃ. Aunque me parecÃa extraño que un niño estuviera solo a esa hora, traté de no pensar en esto. La noche siguiente volvió a suceder. Otra vez un niño, pero esta vez era diferente. Llevaba ropa clara, caminaba lentamente y desapareció exactamente en el mismo sitio. Sentà curiosidad, pero no miedo, al menos no todavÃa. Durante las siguientes semanas, aquello comenzó a repetirse, no todas las noches, pero sà con la suficiente frecuencia para que dejara de parecer una coincidencia.
31:57 A veces veÃa uno, otras noches veÃa dos, en algunas ocasiones veÃa a tres pequeños caminando entre el terreno. Jamás hablaban ni tampoco jugaban, Tampoco corrÃan, solamente estaban caminando, siempre en silencio absoluto, siempre también siguiendo la misma dirección. Era raro. Una madrugada comenté aquello con otro taxista. Esperaba que me dijera que él también los habÃa visto, pero solo me respondió, ¿Niños? Yo nunca he visto a nadie en ahÃ. Aquella respuesta me dejó bastante desconcertado, porque yo estaba completamente seguro de lo que veÃa. Pasó el tiempo y seguà observándolos, pero pensando mejor las cosas, hubo algo que comenzó a inquietarme.
32:52 Nunca los veÃa entrar al terreno, ni tampoco salir de éste. Simplemente aparecÃan, caminaban unos segundos y desaparecÃan entre la oscuridad. Una noche decidà grabarlos con mi teléfono. Cuando apareció uno, levanté el celular y Lo enfoqué y empecé a grabar. PodÃa verlo perfectamente, pero cuando revisé el video, no aparecÃa nadie, solo el terreno vacÃo, pero esto me dejó pensando. Las noches siguientes ocurrió algo todavÃa más extraño. Ya no veÃa solamente un niño, veÃa varios, cinco, seis, a veces más, todos caminando lentamente. como si fueran en fila, como si siguieran un mismo camino invisible, nunca volteaban hacia mÃ, hasta aquella noche, recuerdo que el reloj marcaba las 2.40 de la madrugada, vi nuevamente las siluetas, esta vez eran cuatro, mientras las observaba, una de ellas se detuvo, giró lentamente la cabeza y me miró, sentà un escalofrÃo inmediato, porque estaba demasiado lejos para distinguir su rostro, pero sabÃa perfectamente que estaba viéndome, después continuó caminando, aquella noche apenas pude concentrarme en el trabajo, no dejaba de pensar en aquello, porque yo solo los veÃa,
34:29 porque aparecÃan siempre en el mismo lugar, y porque no se escuchaban jamás sus pasos, finalmente decidà averiguarlo, Una semana después, no habÃa pasajeros. La avenida estaba completamente vacÃa. Tomé una linterna del taxi, apagué el motor y crucé la calle. Mientras caminaba hacia el terreno, empecé a sentir algo extraño. El ruido lejano de los autos desapareció. El viento también. Todo quedó en un silencio absoluto y sepulcral. Entré en la hierba alta. Avancé despacio, iluminando el suelo, pero no encontraba nada. Pensé que quizá estaba perdiendo el tiempo, hasta que la luz cayó sobre algo. Una cruz. Era una cruz de madera, pequeña y sin nombre. Seguà avanzando y después encontré otra, y otra más adelante. En pocos minutos habÃa contado más de veinte, todas iguales. todas hechas con madera vieja. Algunas ya estaban cayéndose, otras permanecÃan de pie.
35:44 Sentà un nudo en el estómago porque no parecÃa un cementerio, parecÃa un lugar donde alguien habÃa enterrado personas sin ningún registro. Continué caminando. Entonces ocurrió. Escuché una risa muy suave, como la de un niño. Me giré inmediatamente. pero no pude ver a nadie, después escuché otra risa, ahora esta venÃa detrás de mÃ, apunté la linterna, pero solamente vi cruces, de pronto comenzaron a escucharse pequeños pasos, no de un par ni de dos, sino de muchos pares de pies, como si varios niños caminaran entre la hierba, el sonido venÃa de distintas direcciones, pero no lograba ver a nadie, el miedo empezó a vencer la curiosidad, decidà regresar al taxi, fue entonces cuando vi movimiento entre las cruces, una silueta pequeña, y después fueron apareciendo más, los mismos niños, pero ahora estaban mucho más cerca de mÃ, caminaban lentamente entre las tumbas, algunos llevaban ropa antigua, otros parecÃan descalzos, ninguno hablaba, ni tampoco sonreÃa, solamente iban caminando lento, como si no se dieran cuenta de mi presencia, retrocedà lentamente sin dejar de iluminarlos,
37:16 entonces uno levantó la cabeza y pude ver su rostro, no tenÃa heridas, ni era monstruoso como las populares leyendas de fantasmas, lo aterrador o lo desolador era su expresión, la expresión de su cara, TenÃa una tristeza imposible de describir, una mirada vacÃa, como la de alguien que lleva demasiado tiempo esperando. En ese momento todos comenzaron a detenerse, uno por uno, hasta que los veinte aproximadamente quedaron inmóviles, observándome. Sentà que las piernas dejaban de responderme, asà que comencé a correr. No recuerdo cómo crucé el terreno, Solo recuerdo llegar al taxi, cerrar las puertas y arrancar a toda velocidad.
38:09 Mientras me alejaba, miré por el espejo retrovisor. Los niños seguÃan allÃ, de pie, entre las cruces, sin moverse, sin dejar de mirar hacia la carretera. Durante varios dÃas, no regresé a ese sitio. PreferÃa perder dinero antes que volver a estacionarme frente a aquel terreno. tiempo después, por necesidad, tuve que pasar nuevamente por esa avenida, era de dÃa, aproveché para detenerme unos minutos, crucé la calle y miré hacia el terreno, no habÃa ninguna cruz, absolutamente ninguna, pensé que quizá habÃa entrado en el lugar equivocado aquella noche, pero era imposible, reconocÃa perfectamente el sitio, Incluso el árbol seco que estaba cerca de la entrada. Todo era igual, excepto por las cruces. Estas habÃan desaparecido. Yo nunca volvà a entrar, y jamás volvà a estacionarme frente a ese terreno.
39:18 Hasta el dÃa de hoy, sigo trabajando de noche. He visto muchas cosas extrañas, Alex, pero te puedo asegurar que esta experiencia ha superado a todas. Como ya dije anteriormente, a veces los taxistas se meten en caminos muy recónditos. Caminos en donde casi ninguna persona pasa y mucho menos ningún automóvil. Pero cuando uno se interna en esos caminos, uno sabe, uno presiente cuando el peligro se acerca. No es tu subconsciente, es algo más poderoso que eso. ese instinto que nosotros tenemos cuando sentimos el peligro genuino, el cual está arraigado en nuestro sistema desde hace décadas y décadas de cuando vivÃamos en cavernas. Esto le pasó a este taxista cuando para su mala suerte, en un camino muy lejano, un camino desértico donde no tenÃa a quien pedirle ayuda, se le averió su auto. Simplemente ella no quiso responder. Cuando de repente, algo se manifestó. Entidades oscuras estaban haciendo una reunión aquella noche. Y este taxista pudo
40:49 verlo todo. En aquellos lugares recónditos recordemos que a veces la oscuridad y las energÃas del bajo astral, energÃas siniestras, se reúnen. tales como las brujas y los brujos. Ese taxista pudo ver esto, lo cual lo dejó muy perturbado. Escuchemos su historia. Hola Alex, mi nombre es MartÃn, soy taxista desde hace 14 años y trabajo en un municipio pequeño del estado de Michoacán. La mayorÃa de mis servicios son entre rancherÃas y pueblos alejados, asà que estoy acostumbrado a manejar por carreteras oscuras, caminos de terracerÃa y cerros donde después de cierta hora ya no se ve ni una sola cosa con luz. Muchas personas me preguntan si alguna vez he visto algo paranormal. Siempre les respondo que sÃ, pero solo existe una experiencia que me dejó completamente convencido de que hay cosas que no deberÃan de existir. Esto ocurrió durante una noche de lluvia y desde entonces jamás he vuelto a detenerme cerca de aquel cerro. Fue a mediados de septiembre del 2020. HabÃa llovido prácticamente todo el dÃa.
42:26 Las calles del pueblo estaban llenas de lodo y las carreteras parecÃan rÃos. Aún asÃ, decidà trabajar. Durante la temporada de lluvias, suele haber más personas que prefieren tomar un taxi. Esa noche hice varios servicios sin ningún problema. Poco después de las 11 recibà una llamada. Una familia necesitaba transporte para regresar a un pueblo ubicado a unos 40 minutos del municipio. Acepté. Subieron una señora, un señor mayor y una muchacha. Todo el camino fueron platicando entre ellos. Los dejé frente a una casa de adobe, me pagaron y me agradecieron por haber aceptado el viaje, porque ningún otro taxista habÃa querido ir tan lejos debido a la lluvia. Cuando emprendà el regreso, ya era casi la una de la mañana. La lluvia habÃa disminuido, solo caÃa una llovizna fina. La carretera estaba completamente vacÃa. Los limpiaparabrisas se movÃan lentamente mientras avanzaba. Todo parecÃa tranquilo. Hasta que el motor comenzó a fallar. Primero dio un pequeño tirón. Después otro. Pensé que era por el agua. Pero unos segundos después, el taxi perdió fuerza.
43:53 Apenas alcancé a brillarme. El motor se apagó. Intenté encenderlo nuevamente, pero nada. Lo intenté una segunda vez y solo escuché un chasquido. Después silencio. Suspiré con molestia en ese momento. Estuve mirándome alrededor, pero no habÃa absolutamente nada. No habÃa a quién pedir la ayuda. Solamente el camino. A un costado se levantaba un cerro cubierto de árboles y matorrales. Del otro lado habÃa terrenos de cultivo. No habÃa señal de teléfono, y ni una sola luz. Apagué las luces del vehÃculo para ahorrar baterÃa. Pensé que tendrÃa que esperar hasta el amanecer. Fue entonces cuando noté algo. En la cima del cerro aparecÃa una luz, pequeña y anaranjada. Pensé que era la linterna de algún campesino, pero inmediatamente apareció otra, y luego otra más. Las tres permanecÃan inmóviles, separadas entre sÃ.
45:01 Las observé durante varios segundos. Después estas comenzaron a moverse. No caminaban. Era como que flotaban, formando cÃrculos. Como si siguieran un mismo ritmo. A mà se me hizo extraño. Nunca habÃa visto algo parecido. Las luces aumentaban y disminuÃan de intensidad. A veces parecÃan apagarse. Después brillaba nuevamente. Recordé algo que muchas personas mayores del pueblo contaban. DecÃan que en algunos cerros podÃan verse bolas de fuego durante las madrugadas. Siempre me habÃa parecido una leyenda. Aquella noche ya no estaba tan seguro. Continué observando. Las luces comenzaron a acercarse unas a otras hasta reunirse en un mismo punto. Entonces sucedió algo que todavÃa me cuesta describir. Las luces desaparecieron por un instante, y en su lugar pude distinguir varias figuras.
46:05 Eran personas, o al menos parecÃan personas. Formaban un cÃrculo. Se movÃan lentamente alrededor de algo que no alcanzaba a distinguir. Una de ellas levantó los brazos. Las demás hicieron lo mismo. Después las figuras... Comenzaron a girar cada vez más y más rápido. Sentà un escalofrÃo. No podÃa apartar la vista. La lluvia habÃa cesado por completo. El silencio era absoluto. Solo escuchaba mi respiración. Las figuras continuaron moviéndose. De repente, una de ellas desapareció. En el mismo instante, una enorme bola de fuego surgió desde el suelo. Subió varios metros en el aire, permaneció suspendido unos segundos y después salió disparada hasta el cielo. Yo estaba completamente inmóvil, estupefacto. Segundos después ocurrió lo mismo con otra figura, y después otra, y luego otra. Cada una se convertÃa en una esfera de fuego brillante. Era como si se transformaran de una manera pacÃfica, sin explotar, y sin arder como una fogata.
47:24 Simplemente se transformaban y salÃan volando. Algunas desaparecÃan entre las nubes, otras se alejaban siguiendo diferentes direcciones. Sentà un miedo que jamás habÃa experimentado. Quise volver a intentar encender el taxi, pero el motor seguÃa muerto. Mientras buscaba desesperadamente las llaves, escuché una carcajada, aguda y lejana. VenÃa del cerro Después escuché otra. No eran risas normales, parecÃan mezclarse con el viento. Levanté la vista. Una de aquellas bolas de fuego habÃa dejado de subir. Ahora descendÃa lentamente en dirección a la carretera, exactamente hacia donde yo me encontraba. El corazón comenzó a latirme con tanta fuerza que pensé que iba a desmayarme.
48:17 La esfera seguÃa acercándose. no muy rápido, pero tampoco se detenÃa. Sin pensarlo dos veces abrà la puerta, salà del taxi y eché a correr. Ni siquiera cerré el vehÃculo. CorrÃa sin mirar atrás, solo querÃa alejarme de aquel lugar. Después de varios minutos, encontré una pequeña capilla a un costado del camino. TenÃa una techumbre donde apenas me protegÃa de la lluvia. Me refugié allà y no sé cuánto tiempo permanecà sentado, Quizá una hora o quizá más, en ningún momento me atrevà a regresar, hasta que comenzó a amanecer.
48:58 Cuando finalmente salió el sol, regresé caminando hacia donde habÃa dejado el taxi. Mientras avanzaba, trataba de convencerme de que todo habÃa sido una pesadilla, pero el taxi seguÃa exactamente donde lo habÃa abandonado, con la puerta del conductor abierta. SubÃ, giré la llave y y el motor encendió al primer intento, como si nunca hubiera tenido ninguna averÃa. Aquello me desconcertó aún más. Conduje directamente al taller de un mecánico conocido. Le expliqué que el vehÃculo se habÃa apagado durante la madrugada. Revisó absolutamente todo. Después de casi una hora me dijo algo que nunca olvidaré. No tiene ninguna falla. El carro está perfecto. No entendÃa nada. Si no habÃa ninguna averÃa,¿ por qué se apagó justo en aquel lugar? Intenté olvidar el asunto, pero una semana después hablé con un hombre mayor que vivÃa cerca del camino. Le pregunté si alguna vez habÃa visto luces en el cerro. Ãl no me respondió.
50:08 Creo que tal vez porque no le gusta recordar aquellas noches. Este hombre era muy solitario. Y siempre que lo encontrábamos, siempre portaba con cruces. Y también con agua bendita. Ãl vivÃa cerca de aquel cerro. Y decÃa que a veces, en algunas noches, las pasaba en vela. Porque las brujas no lo dejaban dormir. Yo le quise insistir en que si lo que habÃa visto eran brujas. Pero él jamás me quiso contestar. Solamente se quedó callado y me dijo... que no volviera a pasar por aquel camino de madrugada, pero que si no tenÃa otra alternativa, que lo hiciera siempre cargando una cruz con agua bendita, de esa manera el taxi no volverÃa a pagarse, yo quedé muy confundido de aquella vez, pero si te soy honesto, le he hecho caso a aquel anciano, no he vuelto a pasar por aquel camino, y tampoco soy religioso, Pero por si acaso, de esa experiencia en adelante, siempre cargo un rosario colgado en uno de mis espejos. Y este siempre lo llevo a bendecir cada fin de mes. Como ya dije anteriormente, a veces estos terrenos baldÃos son empleados para brujerÃa. En
51:39 la anterior historia, vimos... Que esto era, por asà decirlo, una especie de pequeño cementerio. Pero¿ qué pasa cuando perturbas el descanso de alguien que se supone ya está en el más allá? Cuando vas y exhumas un cuerpo, perturbas el descanso de esa persona. Las manifestaciones son más que aseguradas,¿ no lo crees? Esto le pasó a este taxista, quien... Tuvo una carrera, un servicio, muy siniestro y muy extraño. Una persona lo guió hasta lo que parecÃa ser su misma tumba. Su historia es la siguiente Hola Alex. llevo varios meses viendo los relatos que compartes en tu canal siempre pensé que muchas de esas historias estaban exageradas hasta que me ocurrió algo que todavÃa hoy no puedo explicar no voy a decir mi nombre real porque sigo trabajando como taxista y aunque muchos compañeros conocen parte de lo que pasó prefiero mantener mi identidad en privado lo único que puedo decir Es que tengo 43 años y llevo casi 17 manejando un taxi en la Ciudad de México.
53:13 He trabajado de dÃa, de tarde y de noche. Me ha tocado transportar borrachos, parejas peleando, gente armada, personas que intentaron irse sin pagar y hasta una mujer que dio a luz antes de llegar al hospital. Uno termina creyendo que ya lo ha visto todo. Pero no, hay cosas que simplemente no tienen explicación. Todo ocurrió un miércoles de noviembre del año pasado. Recuerdo perfectamente la fecha porque dos dÃas después era el cumpleaños de mi hija y yo estaba haciendo unos turnos dobles para completar el dinero del regalo que tanto querÃa. Esa noche salà de la base, ubicada cerca del metro San Lázaro, alrededor de las nueve.
54:05 El clima estaba horrible. LlovÃa desde la tarde y el tránsito era un desastre. Avenida Zaragoza, la Avenida Zaragoza, estaba prácticamente detenida y muchos compañeros preferÃan rechazar viajes largos porque el tráfico les hacÃa perder demasiado tiempo. Por otro lado, a mà no me importaba. Necesitaba trabajar. Las primeras horas fueron normales. Llevé una pareja hasta la colonia JardÃn Balbuena, después a una enfermera al Hospital General de México. Más tarde recogà a un señor afuera de la terminal de Tapo para llevarlo a la colonia Moctezuma. Nada fuera de lo común. Pasadas de la una de la mañana, la lluvia comenzó a disminuir. Las calles empezaron a vaciarse. Es curioso cómo cambia la ciudad después de esa hora. donde unas horas antes habÃa vendedores, camiones y cientos de personas caminando, ahora solo quedaban algunos autos, patrullas y uno que otro perro buscando refugio. Yo circulaba por calzada Ignacio Zaragoza, con dirección al oriente, cuando sonó el radio de la base.
55:27 Estaban preguntando si la unidad 34 estaba disponible, a lo que yo tomé el micrófono. Adelante, Hay un servicio cerca del Panteón Civil, de San Lorenzo Tezonco.¿ Lo tomas? Miré el reloj. Era la 1.48. Normalmente habrÃa dicho que no. Esa zona de madrugada suele estar muy sola y muchas veces los clientes terminan cancelando. Pero necesitaba el dinero, asà que me arriesgué. Voy para allá. La operadora confirmó el servicio y seguà manejando. Mientras avanzaba, la lluvia terminó por detenerse. Solo quedaba esa neblina ligera que se levanta del pavimento cuando deja de llover.
56:14 Las calles estaban prácticamente vacÃas. Después de unos 15 minutos llegué al punto que me habÃan indicado. HabÃa una pequeña tienda cerrada, un poste de luz que parpadeaba y al fondo la enorme barda del panteón. No vi absolutamente a nadie Esperé unos minutos. Pensé en reportar el servicio como cancelado, pero entonces lo vi. Un hombre salió caminando desde la banqueta que rodeaba el panteón. No lo habÃa visto antes. Era alto, delgado. Llevaba un saco negro, completamente mojado. Aunque ya no estaba lloviendo, se notaba que habÃa estado bajo la lluvia varios minutos.
57:03 Caminaba despacio, pero demasiado. No levantaba la cabeza. Se acercó hasta la ventanilla del copiloto y golpeó dos veces con los nudillos. Bajé apenas unos centÃmetros el vidrio y él me dijo inmediatamente. Disculpe, yo pedà el taxi. El hombre levantó la vista. TendrÃa unos 50 años. Su piel era extremadamente pálida. no enferma, pálida como alguien que nunca sale al sol. Lo primero que noté fueron sus ojos, no porque fueran negros o extraños, sino porque parecÃan completamente cansados, como si llevara semanas sin dormir. Yo le dije que era el taxi, que se subiera. Lo que noté también es que su voz era muy baja. Le pregunté hacia dónde iba, se quedó callado unos segundos y después respondió A la colonia El Caracol. Fruncà el ceño. ConocÃa prácticamente toda la ciudad.
58:11 HabÃa trabajado años recorriendo alcaldÃas enteras. Jamás habÃa escuchado esa colonia.¿ Me puede decir entre qué calles? Yo le pregunté. El hombre tardó otra vez en responder. Usted solo avance. Yo le voy indicando. No me gustó eso. Los taxistas aprendemos desde el primer año que cuando un pasajero evita decir exactamente a dónde va, hay que desconfiar. Pero para ser sincero, tampoco vi algo que justificara negarme. Subió al asiento trasero. Cuando cerró la puerta, sentà algo extraño. No miedo, más bien una sensación de frÃo, como cuando abres la puerta de un congelador. Pensé que era por la ropa mojada del pasajero. Encendà el calefactor. Le pregunté por pura cortesÃa si asà estaba bien, pero él no me respondió. Miré el espejo retrovisor. SeguÃa viendo al hombre sentado justo detrás de mÃ, con las manos apoyadas sobre las piernas, mirando hacia la ventana. Comencé a avanzar. Nadie habló durante varios minutos.
59:29 Solo se escuchaba el ruido del motor y las llantas pasando sobre el pavimento todavÃa húmedo. Intenté romper el silencio, asà que le pregunté,¿ viene de trabajar? Pero nada, ni una palabra. Pensé que simplemente no tenÃa ganas de conversar. Seguà manejando. Tomé Periférico Oriente y después algunas calles que él iba indicando con frases muy cortas, como por ejemplo... Aquà a la derecha, siga derecho, la siguiente a la izquierda, etc. Mientras avanzábamos, empecé a notar algo raro. No veÃa un solo automóvil detrás de nosotros. Eso era extraño. Incluso de madrugada siempre hay algún coche, un camión o una patrulla, lo que sea. Pero durante varios minutos parecÃa que toda la ciudad hubiera desaparecido. pero aquella noche solo estábamos nosotros.
1:00:30 Entonces ocurrió la primera cosa que hizo que sintiera un nudo en el estómago. Por costumbre, levanté la vista hacia el espejo retrovisor. QuerÃa preguntarle nuevamente si faltaba mucho, pero durante uno o dos segundos el asiento trasero estaba completamente vacÃo. No habÃa nadie. Pensé que el espejo estaba empañado, parpadeé, volvà a mirar y el hombre apareció ahÃ, sentado exactamente en la misma posición, sin moverse, como si nunca hubiera desaparecido.
1:01:11 Sentà un escalofrÃo recorrerme la espalda, me convencà de que habÃa sido un reflejo provocado por las luces de la calle, eso tenÃa que ser, no existÃa otra explicación, sin embargo... Apenas unos metros más adelante, el espejo volvió a jugarme la misma mala pasada, y esta vez, cuando el pasajero reapareció, ya no estaba mirando por la ventana, estaba mirando directamente hacia mÃ. Por alguna razón que desconozco hasta ahora, sentà que aquel pasajero tenÃa unos planes contra mÃ. Estábamos llegando al destino. Como les dije anteriormente, no me dijo muy bien por dónde, solamente me iba guiando, al momento de llegar, a una calle sin luz, con los faroles descompuestos, o tal vez se los habÃan robado, quien sabe, aquel extraño hombre bajó del taxi, yo le dije que me pagara, pero este hombre no me hizo caso, siguió caminando, hasta entrar, en uno de esos terrenos baldÃos, donde simplemente no han construido casas ni nada. Yo dudé unos minutos en si bajarme.
1:02:30 No sabÃa si alguien más me estaba esperando ahà abajo. Pero al final de cuentas, habÃa invertido dinero y gasolina. No podÃa irme sin las manos vacÃas. Tomé una barra de uña metálica y me bajé del taxi. Una vez que estaba abajo, empecé a caminar entre el terreno baldÃo, diciéndole a aquel hombre que saliera. estaba listo para lo que fuera, pero en ese momento, mis pies, empezaron a pisar algo, que al instante, reconocà que no era tierra, ni tampoco piedras, al empezar ver hacia abajo, y empezar a iluminar con mi celular, vi que estaba arriba, de huesos humanos, habÃa un cráneo, y más huesos puntiagudos, eran grandes, Eran los de un humano. Yo salà corriendo de ahà y notifiqué a la central. La policÃa y más compañeros llegaron.
1:03:33 Empezaron a revisar la zona y yo tuve que dar testimonio. Si bien tomaron mi declaración, algunos no me creyeron. Pues habÃa una cámara de vigilancia puesta en uno de los departamentos que se encontraba en una esquina de aquella calle. Y por aquella cámara de vigilancia solamente se veÃa cómo entraba el taxi pero nadie más salÃa, me preguntaban, que si habÃa visto aquel hombre irse por otro lado, pero yo dije que no, y es que era imposible, estábamos encerrados en unos departamentos de edificios, en una calle que era privada, si aquel hombre se hubiera ido, tendrÃa que haberlo hecho por la misma calle, por la que habÃamos entrado, pero en la grabación no se vio nada, y aquellos huesos según me dijeron los policÃas, tenÃan muchos años de haberse puesto ahÃ, y que no solamente eran huesos, sino también otras cosas. Por lo que me dijeron, aquellos huesos venÃan enredados en una bolsa negra, también con plantas, frascos y fotografÃas. Muy probablemente habÃan sido usados en algún trabajo de brujerÃa. Tal vez por esto mismo aquel hombre me guió.
1:04:51 Yo creo que tal vez... Aquello eran sus huesos, los cuales, al ser sustraÃdos de su tumba, éste no podÃa descansar en paz.
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