April 26, 2026

¡Nuevo libro y un regalo! De la alienación a la conciencia: Cómo volver a tu ser en un mundo enfermo

¡Nuevo libro y un regalo! De la alienación a la conciencia: Cómo volver a tu ser en un mundo enfermo
¡Nuevo libro y un regalo! De la alienación a la conciencia: Cómo volver a tu ser en un mundo enfermo
Ideas para vivir mejor
¡Nuevo libro y un regalo! De la alienación a la conciencia: Cómo volver a tu ser en un mundo enfermo
Descubre aquí mi nuevo libro: De la alienación a la conciencia

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Ideas para vivir mejor: Desarrollo personal, profesional, espiritualidad, libertad financiera,emprender y liderazgo para personas que quieren convertirse en su mejor versión.

0:00 Hola a todos y bienvenidos a Ideas para Vivir Mejor. Hoy es un episodio muy especial. De hecho, llevaba mucho tiempo imaginando este momento, porque después de 500 episodios ya, casi 500 libros leídos, resumidos, subrayados y compartidos contigo aquí en este podcast, por fin puedo decirte que ya está disponible mi nuevo libro. Se titula De la alienación a la conciencia. Volver a tu ser en un mundo enfermo. Y he decidido, en esta ocasión, a diferencia de los libros anteriores, pues hacer algo especial para vosotros que me escucháis en el podcast.

0:41 Toda persona que compre el libro en Amazon y me envíe la prueba de compra al correo paya.eugenio.gmail.com pues va a recibir acceso ilimitado al oráculo.¿ Y qué es el oráculo? Por si todavía...¿ No lo sabes? Pues es un mentor virtual 24 horas al día, 7 días a la semana, que he entrenado con cientos y cientos de libros de desarrollo personal y profesional para ayudarte con tus preguntas concretas. La idea es que puedas acudir a él cuando tengas cualquier duda real. Por ejemplo, si estás pensando qué hacer con tu vida, si tienes ansiedad, si estás bloqueado, si quieres entender mejor tus emociones, si estás en una etapa de cambio... si necesitas una respuesta concreta, un tema concreto. En fin, la idea es que tengas a tu disposición un acompañamiento continuo, una inteligencia artificial que está entrenada con lo mejor que yo mismo llevo años leyendo, estudiando, subrayando y compartiendo contigo aquí en este podcast. Así que si decides comprar el libro en Amazon, pues simplemente envíame la prueba de compra a paya.eugenio.com y te daré acceso gratuito. al oráculo repito el correo paya.eugenio arroba gmail punto com te dejo el enlace al libro en la descripción de este episodio y ahora sí hoy en vez de resumirte un libro de otra persona de otro autor pues voy a abrir el mío y voy a leerte el prólogo y el primer

2:13 capítulo de este nuevo libro espero que te guste espero que lo encuentres interesante espero que te asomes a este libro y que le eches un vistazo y si te interesa, pues que lo compres y que lo disfrutes. Vamos con ello. Dame un segundo que cojo mi lector electrónico. Voy a mi libro y empiezo a leerte. De la alienación a la conciencia. Cómo regresar a ti en un mundo enfermo. Prólogo. 500 episodios son, desde luego, una cifra considerable. Detrás de ella hay horas de lectura, subrayados, vacilaciones, entusiasmos y unas cuantas madrugadas en compañía de frases ajenas que por algún motivo acaban diciendo algo íntimo. Pero reducir todo eso a una mera acumulación de materiales sería no entender lo esencial.

3:13 Lo decisivo no ha sido leer mucho, ni resumir mucho, ni siquiera compartir mucho. Lo decisivo ha sido tropezar una y otra vez con la misma evidencia. Que el ser humano, por muy sofisticado que se vuelva, sigue necesitando sentido y sigue necesitando paz. Tal vez ahí resida la verdadera razón de ser de Ideas para Vivir Mejor. No tanto en extraer ideas de los libros, tarea honorable, sí, pero insuficiente, como en rescatar de ellos aquello que todavía puede orientarnos. Porque un libro no está para decorar estanterías ni para alimentar la vanidad del lector industrioso. Un libro está para perturbarnos, para obligarnos a revisar la vida que llevamos. Al llegar a este episodio 500, advierto con una nitidez singular que tantas lecturas y tantas conversaciones silenciosas con autores vivos y muertos han ido dejando un poso. Un pequeño sedimento de intuiciones arrancadas a la experiencia, a la observación y también a mis propias contradicciones. De ese sedimento nace este libro. Desconfío de los atajos, de las soluciones instantáneas y de ese optimismo de escaparate que promete Metamorphosis Express a golpe de consigna.

4:25 La vida humana no funciona así. Yo quería un libro pegado a la vida real, al cansancio, a la angustia, al miedo, al desconcierto. y también a la posibilidad, siempre ardua, siempre frágil, de vivir con más conciencia. Tengo para mí que algo esencial se ha desordenado en nuestro tiempo. Vivimos rodeados de estímulos, comodidades y opciones como ninguna otra época, y sin embargo, no parece que hayamos crecido en la misma medida en sabiduría, en bondad o en serenidad. Hemos perfeccionado de forma asombrosa los instrumentos, pero seguimos siendo bastante toscos en el uso de nosotros mismos. Sabemos producir, exhibir, opinar.

5:07 Lo que no siempre sabemos es comprendernos, soportarnos, amarnos sin devorarnos o sostener con cierta dignidad lo inevitable. Nos cuesta estar a solas con nosotros mismos, quizá porque sospechamos que bajo tanto ruido no hay una identidad robusta y verdadera, sino apenas un repertorio de hábitos, temores y reflejos. Nos cuesta amar sin convertir al otro en propiedad. Nos cuesta aceptar la pérdida porque hemos confundido vivir con retener. Nos cuesta mirar de frente a la muerte porque todo nuestro orden social parece fundado sobre una fantasía pueril, la de que lo decisivo puede aplazarse indefinidamente. Nos cuesta, en fin, vivir.

5:48 Y vivir no es lo mismo que funcionar. Este libro nace de esa constatación. pero no de una mirada desesperada. Si sigo leyendo, escribiendo y grabando es porque aún creo en la posibilidad de la transformación humana. Creo que podemos revisar nuestras creencias, aflojar los apegos, desinflar el ego, educar la atención y cultivar vínculos menos enfermos. Creo que no estamos condenados a repetir sin fin los mismos errores. Por eso sigo creyendo en el trabajo interior, en la disciplina del silencio, en la meditación, entendida no como una superstición oriental de importación, sino como un ejercicio de lucidez, en la observación de uno mismo, en la necesidad de humanizarnos, palabra que puede sonar ingenua hasta que uno repara en lo poco humanos que solemos ser. No escribo estas páginas desde ninguna superioridad moral ni desde la pretensión de haber llegado a puerto. Las escribo desde la intemperie de quien también busca. He leído mucho, sí, pero leer no inmuniza contra nada. A lo sumo nos regala preguntas mejores. A lo largo de este libro aparecerán asuntos que me acompañan desde hace años. La ansiedad, la depresión, el apego, el amor, la educación, el ego, el sufrimiento, la pérdida, la muerte, la paz interior… Son temas desmesurados, así que sería ridículo fingir que aquí quedan resueltos. Mi aspiración es otra, mirarlos con honestidad y compartir aquello que después de mucho leer,

7:19 pensar y vivir, hoy me parece menos engañoso. El ser humano necesita volver a sí mismo. No al yo narcisista que hoy se exhibe en los escaparates digitales, sino a un lugar más verdadero que la máscara, más hondo que el personaje. Volver a casa, si se me permite la expresión. Por eso este libro comienza con un diagnóstico del malestar y termina de algún modo con una invitación al regreso. Entre un punto y otro... Hay un itinerario, extravío, sufrimiento, búsqueda, trabajo interior, desapego, lucidez y ojalá una forma de reconciliación con la vida. No prometo más porque prometer más sería indecente.

7:59 Si has llegado hasta aquí, solo puedo darte las gracias. Gracias por escuchar el podcast, si vienes de ahí. Gracias por acompañarme en estas 500 estaciones de lectura y reflexión. Y gracias también si este es nuestro primer encuentro, porque quien abre un libro como este suele hacerlo movido por un anhelo muy serio. Entender mejor la vida y entenderse mejor a sí mismo. Ojalá estas páginas te acompañen. Ojalá alguna idea te sirva de espejo. Ojalá alguna frase te incomode lo suficiente como para obligarte a mirar donde no estabas mirando. Y ojalá encuentres aquí no una doctrina, sino una compañía honesta. Este libro nació cuando el podcast alcanzó el episodio 500, aunque en realidad venía gestándose desde mucho antes. Ahora, por fin, está aquí y te lo entrego con el deseo más sobrio y más hondo que conozco, que te ayude, aunque sea un poco, a vivir mejor. Parte 1. El malestar de nuestro tiempo. Capítulo 1. Una vida vacía por dentro. Hay épocas que enferman por escasez, y otras que enferman por abundancia.

9:09 La nuestra pertenece, sin duda, a las segundas. Nunca hubo tanta comodidad, tantos dispositivos para ahorrar esfuerzo, tanta promesa de bienestar inmediato, y sin embargo tampoco fue tan visible la impotencia del individuo para evitarse. Cuanto más refinamos las condiciones materiales de la existencia, más parece resentirse nuestra aptitud para soportarla. En Madrid, donde vivo… Basta abrir los ojos para advertir que no hablamos de una rareza clínica. Hay centenares de miles de personas atrapadas en la ansiedad, la depresión, los trastornos del ánimo o en una forma de agotamiento interior tan radical que apenas les permite sostener la liturgia mínima de lo cotidiano. Y si ampliamos el campo de visión, el panorama se vuelve todavía más sombrío. Millones de seres humanos viven hoy bajo una sensación de insuficiencia crónica. bajo un desaliento que ni siquiera necesita un motivo visible. A eso se suman los suicidios consumados y los intentados. Las cifras, desde luego, están ahí. Pero leer una estadística como quien consulta un parte meteorológico es otra de nuestras formas de embrutecimiento.

10:20 Esos números no describen solo un fenómeno sanitario, describen una atmósfera moral, el clima íntimo del mundo que hemos ido fabricando. Y cuando una civilización produce en masa individuos incapaces de sostenerse sin sedantes, sin evasiones o sin sucedáneos, conviene sospechar que el problema no se reduce al individuo.¿ Cómo es posible que en el periodo históricamente más cómodo, más seguro, más abastecido, florezcan con tanta facilidad el vacío y la desdicha? La respuesta es relativamente sencilla. Hemos levantado un orden social admirable para algunas cosas, y pobrísimo para otras. Sabemos fabricar deseo, pero no criterio. Sabemos producir placer, pero no sentido. Sabemos ocupar la atención, pero no educarla. Se glorifica el cuerpo, la exhibición, la visibilidad continua, el espectáculo de uno mismo.

11:17 Hemos confundido de un modo bastante infantil la plenitud con la exposición, como si ser consistiera en ser visto, Al mismo tiempo, arrinconamos en un cuarto de servicio todo lo relativo a la vida interior. En otras palabras, pulimos el escaparate mientras dejamos pudrirse el sótano. Desde luego hemos progresado, sería absurdo negarlo. Vivimos más, sufrimos menos penalidades, tenemos acceso a recursos, transportes, medicinas, comodidades y tecnologías que habrían parecido milagrosas hace apenas unas generaciones. Pero esa expansión de lo técnico... no ha traído consigo una expansión equivalente de la sabiduría.

11:58 No por tener más medios sabemos mejor qué hacer con nosotros mismos. Hemos crecido mucho hacia afuera y demasiado poco hacia adentro. Otro de los rasgos de nuestra época es la facilidad con que confundimos importancia con visibilidad. Parece que aquello de lo que más se habla es lo que más cuenta, cuando a menudo ocurre justo lo contrario. Lo esencial suele ser discreto, silencioso, poco espectacular. No reclama focos, no se impone a gritos. Lo accesorio, en cambio, posee una notable capacidad para invadirlo todo. Así acaba el hombre contemporáneo, exhausto por lo trivial e irresponsablemente distraído respecto a lo importante.

12:40 Si uno prescinde por un instante de la comedia social... Lo importante es más bien escaso. Tiene que ver con la enfermedad, con la muerte, con el amor, con el sentido que damos a nuestros días, con la posibilidad o la imposibilidad de vivir en paz con nosotros mismos. Ahí se juega casi todo. Ahí se decide la calidad real de una existencia. Lo demás pertenece en gran medida al reino de lo subsidiario. El problema es que hemos organizado el mundo de tal manera que lo subsidiario ha usurpado el lugar de lo fundamental. España figura desde hace años entre los países europeos con mayor consumo de benzodiazepinas y ansiolíticos. Una multitud considerable no atraviesa la existencia con vigor, curiosidad o presencia, sino con ayuda farmacológica, con pequeñas anestesias, con válvulas de escape y toda clase de remiendos. No juzgo aquí el recurso médico, que en muchos casos puede ser necesario.

13:36 Hablo de una cultura habituada a soportarse a sí misma a base de amortiguadores. Y en lugar de interrogar ese malestar, preferimos a menudo domesticarlo un poco, volverlo llevadero. No buscamos tanto curarlo como hacerlo compatible con la agenda. Así se va instalando una forma de existencia muy característica de nuestro tiempo. Seguir adelante sin estar realmente presentes en lo que nos ocurre. Aguantar, cumplir, llegar al viernes, distraerse lo suficiente, dormir como se pueda, volver a empezar. A eso se le llama muchas veces vivir. En rigor, apenas merece el nombre de ir tirando. Ir tirando es una fórmula muy española y muy expresiva porque contiene toda una metafísica de la resignación. En ella hay cansancio, costumbre y aplazamiento. Se acalla el síntoma, se parchea la incomodidad, se procura no pensar demasiado. Lo importante pasa a ser no hundirse del todo. Además, conviene desengañarse sobre las formas de huida. Existe una ingenuidad bastante extendida que identifica la evasión exclusivamente con las drogas o con el alcohol, como si las demás anestesias gozaran de una respetabilidad ontológica. No es así. Se evade quien convierte el trabajo en una coartada para no quedarse a solas con su conciencia. Se evade quien compra, come, seduce o consume estímulos en serie por pánico al vacío. Se evade también quien se entrega a la opinión, a la bronca pública, a la indignación

15:09 o o a la hiperactividad ideológica para no examinar su propio desorden. Cambian los objetos de dependencia y cambia el prestigio social que se les concede, pero el mecanismo es siempre el mismo. Allí donde aparece una necesidad compulsiva de no sentirse, de no pensarse, de no mirarse, hay ya una servidumbre en marcha. El hombre moderno, tan orgulloso de su autonomía, ha perfeccionado como pocos el arte de no encontrarse consigo mismo. Otra de las claves fundamentales es que hoy llamamos comunicación a un trasiego de señales breves, funcionales, cada vez más empobrecidas. Pero comunicarse no consiste únicamente en transmitir datos. Quien se acostumbra a expresarse deprisa termina pensando deprisa y sintiendo deprisa. La pobreza sintáctica delata una contracción del mundo interior. Se acortan las frases, sí, pero junto con ellas se acortan también la paciencia, la capacidad de ponderar y el talento para percibir las zonas intermedias. Esa inmediatez, convertida en norma, va mecanizando la conciencia. Primero nos acostumbra a reaccionar antes de comprender, luego a contestar antes de escuchar, finalmente a simplificar antes de mirar. El ser humano siempre ha tenido una dimensión mecánica, repetitiva, condicionada, y sería pueril ignorarlo.

16:35 El error empieza cuando se absolutiza esa dimensión y se la toma por la totalidad de lo que somos. Vivir no es funcionar. Funcionar puede hacerlo un aparato. Vivir exige presencia, y presencia significa interrupción del automatismo, significa abandonar la rigidez. Se ha llegado a identificar la fortaleza con la dureza, como si mantenerse íntegro consistiera en no ceder jamás. Sin embargo, basta observar un poco la naturaleza para advertir que la resistencia más eficaz rara vez pertenece a lo rígido. El bambú soporta el vendaval porque se dobla, la rama tiesa se parte. Todo lo vivo prospera por plasticidad, por capacidad de adaptación, por inteligencia del movimiento. Solo lo muerto permanece del todo inmóvil. Pero a nosotros se nos ha educado más bien en la rigidez que en la flexibilidad. Aprendemos a mantener la pose, a no mostrar fisuras.¿ Y de dónde procede esa rigidez? Del miedo, en primer término. luego de ese amor propio mal metabolizado que suele recibir el nombre de ego, y coronándolo todo de la soberbia. En esta época nuestra hay una contaminación visible y otra menos evidente.

17:50 La primera se mide en humos, residuos o tóxicos. La segunda circula bajo formas mucho más aceptables. Basta echar un vistazo al ecosistema mediático contemporáneo para comprobar hasta qué punto una porción considerable de la vida pública se nutre de envilecimiento. no se informa, se excita, no se discute, se denigra, no se argumenta, se caricaturiza. El insulto, la humillación, la simplificación y el linchamiento verbal no son ya desviaciones ocasionales, sino un género en sí mismo. Y todo eso tiene consecuencias. Quien se alimenta diariamente de mezquindad acaba pensando mezquinamente. Quien se acostumbra al tono bronco, al cinismo y a la mofa sistemática y al espectáculo de la degradación ajena, va viendo alterada su sensibilidad sin apenas darse cuenta. Hace ya tiempo que opté por apartarme de cierta prensa, de ciertos programas y de ciertos formatos audiovisuales, no por desinterés hacia la realidad, sino por higiene mental. Informarse es una cosa, revolcarse en la inmundicia es otra muy distinta. Hay contenidos que afinan el juicio, que amplían la mirada, que obligan a pensar mejor y hay otros que funcionan como una forma de basura psíquica, excitan lo peor, degradan la atención y convierten el espíritu en un vertedero. Sería cómodo cargar toda la responsabilidad sobre los fabricantes de inmundicia. Lo cierto

19:20 es que ningún charlatán ocupa espacio durante décadas si no cuenta con una clientela fiel. Hay una demanda persistente de sordidez, una fascinación por la bronca y una curiosidad malsana por la caída del otro. No basta, pues, con denunciar a los mercaderes del ruido. Conviene preguntarse qué zona de nosotros se siente atraída por ese lodazal. El ser humano lleva dentro una disposición a la lucidez y otra al autoenvilecimiento, un impulso hacia la forma y otro hacia la disolución. Somos capaces de ternura, de inteligencia, de coraje y de generosidad, pero también de resentimiento, crueldad, trivialidad y gusto por lo abyecto.

20:04 Durante una época consumí también materiales centrados en crímenes, desgracias y miserias humanas. No salí de ahí más sabio ni más alegre, desde luego. Con el tiempo fui comprendiendo que nada de lo que entra con insistencia en la mente desaparece sin dejar sedimento. Cada imagen, cada frase, cada escena repetida va depositando un resto. No se evapora cuando apagamos la pantalla. queda trabajando en algún pliegue de la memoria, reorganizándose hasta modelar de forma subterránea nuestra percepción de lo normal, de lo posible y de lo humano. Solemos imaginar que el contenido se agota en el acto de consumo, pero no. Lo visto sigue obrando después, pasa a formar parte del teatro interior, alimenta el humus del que luego brotan emociones, juicios y reacciones. Nada tiene de raro, por tanto, que una exposición sistemática a la violencia, al odio o al desprecio produzca individuos más irritables, más oscos y más desconfiados.

21:06 En medio de este paisaje, la ternura ha pasado a estar amenazada. Y sin embargo, pocas cosas revelan mejor la calidad moral de una conciencia. La ternura es una forma superior de inteligencia. Hay ternura cuando el otro deja de ser decorado de nuestra novela y comparece como una realidad digna de atención. La ternura empieza donde decrece la hipnosis del yo. Mientras el individuo sigue encerrado en la fascinación de sí mismo, todo cuanto acontece fuera le llega como noticia exterior, como dato secundario, como ruido de fondo. Sólo cuando se afloja esa centralidad tiránica del ego, se vuelve posible advertir que el dolor ajeno no es una abstracción, sino una experiencia reconocible. Y de esa grieta nace una humanidad más limpia. Pero el mundo en el que vivimos conspira casi siempre contra esa disposición. La dieta espiritual cotidiana está compuesta en una proporción alarmante de alarma, violencia, ruido, dramatización, resentimiento y amenaza. Solo parece abrirse paso lo que enciende los reflejos más rudimentarios. Y la superstición más ingenua de nuestro tiempo consiste en suponer que semejante bombardeo pasa por nosotros sin dejar pozo. Esa negatividad no solo perturba el ánimo, altera la estructura misma de la sensibilidad. Cuando el alma se acostumbra al fango, va perdiendo fineza, se vuelve más tosca para percibir, más rápida para condenar, más torpe para comprender.

22:40 La ternura se desgasta por erosión, se retira poco a poco, como se retira el agua de una tierra que termina agrietándose. Y entonces el ser humano acaba tomando la insensibilidad por fortaleza, cuando no es sino una forma de agotamiento moral. Lo vimos con claridad durante la pandemia. Mucha gente repitió entonces que aquella experiencia nos haría mejores, más humanos, más conscientes de lo esencial, más capaces de valorar el tiempo. Parecía una esperanza razonable. Tal vez, pensábamos algunos, Un golpe de realidad de tal magnitud produciría al menos una corrección moral en la conciencia común. Pero apenas se aflojaron las restricciones, emergió una prisa renovada por consumir, por distraerse, por aturdirse, por recuperar compulsivamente todo lo que se había interrumpido. No se salió de aquella experiencia con más nosotros, sino con más yo. No con más silencio, sino con más ruido.

23:40 apareció una forma degradada del carpe diem, entendido no como intensidad consciente de la vida, sino como permiso para la evasión. Una filosofía de taberna, a vivir que son dos días, es decir, gastar, olvidar, no pensar demasiado. Más hambre de diversión vacía, más narcisismo, más incapacidad para sostener una mínima conversación con nuestro propio interior. Eso demuestra que el sufrimiento por sí solo no ennoblece El dolor no vuelve sabio a nadie de manera automática. Solo se convierte en ocasión de crecimiento cuando encuentra una conciencia dispuesta a conocerse mejor y a trabajarse. Y sin embargo, nada parece hoy más pospuesto que esa tarea de conocerse. Queremos comprender la política, la economía, la historia, las estructuras sociales, el mercado, la tecnología, incluso el universo físico. pero evitamos con notable destreza estudiar al sujeto que pretende comprender todo eso. Aspiramos a dominar el mundo sin haber aprendido siquiera a no ser dominados por nuestras reacciones más elementales. Hablamos de progreso, transformación y cambio con entusiasmo, mientras el individuo sigue siendo para sí mismo un desconocido funcional, un mecanismo que opera sin entenderse y que encima presume de autoconciencia. No debería sorprendernos entonces que una civilización saturada de confort produzca tanta intemperie interior.

25:13 Nunca fue tan fácil comprar, distraerse, compararse o exhibirse. Nunca dispusimos de tantos medios para no quedarnos a solas con nosotros mismos. Y nunca, quizá por eso, fue tan patente la expansión del sufrimiento psíquico bajo formas a veces perfectamente compatibles con una vida exterior impecable. Se puede sonreír, producir, responder mensajes… acudir a reuniones y al mismo tiempo vivir devastado por dentro. Estamos ante un síntoma cultural. Es el precio de haber hipertrofiado el rendimiento y atrofiado la interioridad. No por tener más opciones elegimos mejor. No por acumular más objetos nos volvemos más capaces de amar, de sufrir con dignidad o de vivir de verdad. De hecho, a menudo ocurre lo contrario. Cuanto más saturado está el entorno de ruido, más difícil resulta escuchar lo que importa. Cuanto más disponible está la distracción, más improbable se vuelve el encuentro con lo esencial. La atención no es un recurso neutral.

26:15 La atención decide qué entra en nosotros y qué nos va configurando. Decide, en último término, quién acabamos siendo. Por eso podría decirse que la atención es la primera forma del alma. Quien entrega sistemáticamente su atención a lo trivial, termina trivializándose. Aquello que miramos con insistencia nos modela. Aquello a lo que volvemos una y otra vez va excavando un cauce dentro de nosotros. Si la atención se orienta siempre hacia lo accesorio, la existencia acaba adquiriendo la textura de lo accesorio. En cambio, quien consigue volverla, aunque sea torpemente, hacia lo que importa, empieza al menos a abandonar la pura inercia. Todo lo demás son, en gran medida, prótesis, entretenimientos, decorados.

27:04 Pueden hacer la vida más cómoda o más llevadera. Tampoco conviene demonizarlos. Pero una cosa es servirse de lo accesorio y otra muy distinta, confundirlo con la sustancia. Nuestra época ha hecho justamente eso. Ha puesto la atención donde no debía. Y como toda vida acaba pareciéndose al objeto principal de su atención, el resultado es una civilización muy brillante en la superficie y bastante desnutrida en el fondo. Bueno, hasta aquí el primer capítulo de mi nuevo libro, de la alienación a la conciencia. Espero que te haya gustado. Te recuerdo una vez más que el libro de la alienación a la conciencia ya está disponible en Amazon y que te dejo su enlace en en la descripción de este episodio.

27:54 Y también te recuerdo que si lo compras y me envías la prueba de compra a paya.eugenio.gmail.com vas a recibir acceso ilimitado al oráculo. Mi mentor virtual 24-7, entrenado con cientos y cientos de libros de desarrollo personal y profesional para ayudarte con tus preguntas concretas. Te repito el correo paya.eugenio.gmail.com paya con Y. Muchas gracias por estar ahí, muchas gracias por escuchar, por acompañarme, episodio tras episodio, ya son más de 500 en este camino de lecturas, de reflexión y de búsqueda. Y ojalá este libro llegue a tus manos en el momento justo. Te mando un abrazo enorme y nos escuchamos muy pronto en un nuevo episodio de Ideas para Vivir Mejor.

28:42 Hasta entonces te mando un muy fuerte abrazo.