De la heroína de Vietnam al scroll infinito
Durante años nos hicieron creer que la adicción era un problema de carácter. Que el adicto era débil. Flojo. Sin fuerza de voluntad. Pero la realidad es otra: no hay cerebros adictos… hay contextos que empujan a la adicción. En este episodio hablamos...
Durante años nos hicieron creer que la adicción era un problema de carácter.
Que el adicto era débil. Flojo. Sin fuerza de voluntad. Pero la realidad es otra: no hay cerebros adictos… hay contextos que empujan a la adicción. En este episodio hablamos de Vietnam, de dopamina, de pantallas, de recompensas rápidas y de cómo el cerebro humano no se engancha a sustancias… sino a sensaciones.
Hablamos de por qué no puedes dejar el móvil, de por qué duermes peor, de por qué estás cansado aunque no pares, y de cómo tu atención se ha convertido en el bien más valioso del siglo XXI. No es un episodio contra la tecnología.
Es un episodio a favor de recuperar el mando.
De volver a elegir.
De proteger tu atención antes de que alguien más la entrene por ti. Porque cuando tu atención está secuestrada, tu vida también lo está.
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0:00 Durante mucho tiempo se pensó que el adicto era alguien flojo, alguien que no tenÃa carácter y que si se enganchaba a algo era porque no sabÃa decir que no. Pero la realidad es que no siempre es la persona. Muchas veces la razón de una adicción es el sitio en el que esa persona está o lo que esa persona vive o ha vivido. Mira lo que pasó en Vietnam con los soldados americanos. Cuando terminó la guerra y estos soldados volvieron a su casa, casi uno de cada cinco era adicto a la heroÃna. Pero cuando estuvieron un tiempo en Estados Unidos, de vuelta en casa, lejos de la guerra, lejos del estrés, lejos de la droga también, la inmensa mayorÃa de ellos dejó de consumir heroÃna. Y estamos hablando de la misma persona, del mismo cerebro, pero de otra vida completamente distinta. Por tanto, parece que no hay cerebros especialmente inclinados hacia la adicción. Lo que sà que hay son contextos que pueden facilitar esa adicción. Cuando juntas una fuente de placer potente con una situación de la que quieres escapar porque te da miedo, porque te produce estrés o dolor o vacÃo... el cóctel está servido la guerra de vietnam por ejemplo lo fue y hoy tenemos otro tipo de guerras y aquà es donde cada uno tenemos que mirarnos un poquito al ombligo porque igual no hablamos
1:31 de heroÃna pero sà a lo mejor podemos hablar de pantallas de estÃmulos también de recompensas rápidas El cerebro, nuestro cerebro, no se engancha necesariamente a una sustancia. Se engancha más bien a la sensación que esa sustancia provoca. Y hay comportamientos, muchos comportamientos, que provocan en nuestro cerebro reacciones que son muy parecidas a las que produce la heroÃna o la cocaÃna. Por ejemplo... videojuegos, o las apuestas, o las pantallas, todo eso activa los mismos circuitos de recompensa, esos circuitos del quiero más. Cada vez que haces una de esas cosas, tu cerebro suelta dopamina. No felicidad, ojo, no lo confundas, sino ese pequeño premio rápido. Y el problema es que ese premio se evapora muy rápido también. La primera vez que Te pega muy fuerte, luego menos, luego un poquito menos y luego casi nada. Y entonces pasa algo que es muy humano. Te quedas más tiempo ahÃ. Claro, estas adicciones al no ser quÃmicas no te destruyen de golpe, te van desgastando poquito a poco y te van robando energÃa, te van robando sueño, te van robando atención y entonces tenemos el móvil en la mesilla, la pantalla encendida y echamos un vistazo antes de dormir y otro más y otro más. Más de la mitad de los adultos duerme
3:01 con el teléfono al alcance de la mano, más de la mitad. Y para el cuerpo, tener una pantalla encendida a mano es una señal clarÃsima de que no es hora de ir a dormir, no es momento de descansar. La luz azul bloquea la melatonina y sin esa melatonina nuestro sueño se vuelve negativo. Se vuelve corto y se vuelve malo. Duermes menos, te levantas peor y estás más cansado al dÃa siguiente. Claro, si estás más cansado al dÃa siguiente,¿ qué es lo que pasa? Que vuelves a la pantalla para aguantar. Es un cÃrculo vicioso perfecto, de libro, de manual. En el año 2014 una persona llamada Kevin Hosleg hizo una cosa muy simple, creó una aplicación para medir cuánto usamos el móvil de verdad.¿ Y sabes lo que pasó?
3:54 Que la gente de media pensaba que usaba el móvil una hora y media al dÃa. La realidad es que lo usaba tres horas al dÃa todos los dÃas y lo desbloqueaba unas 40 veces además, 40 veces al dÃa. coincidirás conmigo en que eso no es un uso normal eso es un hábito que se ha vuelto automático eso es no tener control de hecho la mayorÃa de personas tú lo sabes y yo lo sé no aguanta ni dos horas sin mirar la pantalla del teléfono ni dos horas lo sé porque lo veo cada dÃa igual que lo verás tú en el metro en los bares en las cenas gente junta pero sola Y lo que hay que decir es que nadie nos está robando el tiempo a la fuerza.
4:38 Lo estamos entregando nosotros, poco a poco, de manera voluntaria, sin darnos cuenta, minuto a minuto, scroll a scroll. Y luego decimos que no tenemos tiempo, decimos que estamos cansados, que el dÃa no nos cunde, que no avanzamos. Claro, si tu atención está secuestrada, tu vida también va a estar secuestrada. Tenemos que entender que el verdadero lujo hoy no es tener más cosas, es tener más atención, es tener más presencia y es tener silencio mental. Y si no entrenamos eso, alguien más lo va a entrenar por nosotros. Y te puedo asegurar que no lo va a hacer pensando en nuestro bienestar, sino probablemente en su bolsillo. Cuando una acción para nosotros como humanos es fácil y la respuesta es agradable, nuestro cerebro se va a querer quedar ahÃ.
5:30 Sobre todo cuando no sabe si va a llegar esa recompensa siempre. Hace muchos años, en los años 70, Michael Thaler, otro psicólogo, hizo una prueba muy simple con palomas. Puso un botón, las palomas tenÃan que apretar ese botón con el pico y recibÃan comida o no. Al principio, cada picotazo, cada apretada de ese botón tenÃa premio. Siempre habÃa comida. Entonces las palomas iban tranquilas hacia ese botón. Pero cuando el premio de la comida empezó a aparecer solamente algunas veces, no siempre,¿ qué hacÃan las palomas? Picaban más el botón, mucho más. Estaban enganchadas a la sensación de a ver si hay comida. Esto es lo mismo que pasa con los humanos y las apuestas, por ejemplo, o las máquinas tragaperras, o los juegos. Cuando ganas, el subidón es brutal. Y es lo mismo que pasa con el botón de me gusta.
6:30 Es el mismo botón que tenÃan las palomas. Solamente que no nos cae comida, sino que nos cae atención. Y por supuesto, qué decir de los niños. Un niño no sabe parar. No sabe decir hasta aquÃ. No puede. Cada año hay más niños que pasan más tiempo con dispositivos que con personas de carne y hueso. De hecho, los estudios indican que en los últimos 20 años ese tiempo ha subido alrededor de un 20%. Un 20%. Los niños no pueden protegerse solos de esto, porque no saben, porque no es su trabajo. Por eso mismo no les dejamos beber ni fumar, ¿verdad? Porque entendemos que no tienen las herramientas necesarias como para protegerse y como para parar. Pero con las pantallas hacemos como si no pasara nada. horas y horas y horas todos los dÃas y luego nos sorprende que esos niños se aburran de todo nos sorprende que no aguanten la frustración nos sorprende que todo le dé pereza es que el aburrimiento es parte del aprendizaje es parte de aprender a estar incómodo a no tener un estÃmulo constantemente les enseña a esforzarse un poco por las cosas.
7:48 Cuando todo es fácil, cuando todo es rápido, cuando todo es automático, esa capacidad no se entrena.¿ Y entonces qué tenemos? Pues adultos apagados, sin ganas, apáticos, con sensación de vacÃo. Entonces poner lÃmites a las pantallas no es ser malo, aunque protesten, aunque se enfaden. A veces, de hecho... El mejor regalo que le puedes hacer a un niño, a tu hijo, a tu hija, no es comprar una pantalla más grande, sino dejar que se aburra un ratito. Por supuesto esto no va de demonizar la tecnologÃa, esto va de que recuperemos el mando de nuestra vida y de nuestras decisiones. Porque nadie va a venir a ponerte lÃmites, ese no es el negocio. Nadie va a proteger tu atención, de hecho todo el mundo está compitiendo por tu atención.
8:38 Nadie va a devolverte el silencio ni la paz mental, esas son cosas que te tocan a ti. Bueno, si quieres seguir profundizando en este y otros muchos temas, tienes los libros que escribo en Amazon. Te dejo el enlace directo a esos libros en la descripción de este episodio para que les puedas echar un vistazo, por supuesto, sin ningún compromiso. Muchas gracias, de verdad, por estar al otro lado de este podcast. Si este episodio te ha aportado algo de valor, pues te pido, por favor, que lo compartas con otra persona a la que creas que también puede ayudar. Te mando un fuerte abrazo y hasta la próxima.
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