April 15, 2026

Reportaje: Una niña tiene que estudiar escoltada por un vigilante para que su acosadora no la agreda

Reportaje: Una niña tiene que estudiar escoltada por un vigilante para que su acosadora no la agreda
Reportaje: Una niña tiene que estudiar escoltada por un vigilante para que su acosadora no la agreda
En casa de Herrero
Reportaje: Una niña tiene que estudiar escoltada por un vigilante para que su acosadora no la agreda
Luis Herrero relata el caso junto a Àngels Hernández

0:00 Quiero que conozcan con detalle una historia que es verdaderamente estremecedora. Hemos oído hablar muchas veces del bullying en los colegios, pero a veces nos encontramos con noticias como la que quiero que Ángel Sanárez cuente con toda la tranquilidad del mundo. Y es que en un instituto público, una alumna de 16 años está siendo objeto de tal bullying que no puede ir solo a clase. de tal manera que tiene que ser acompañada por un vigilante que está con ella durante toda la jornada escolar. La espera en los recreos, la acompaña a los baños, le espera en la salida, y todo por culpa de otra menor que le acosa dentro del centro sin que se haga nada para evitarlo, por lo menos aparentemente. Esto puede ocurrir no solo una vez.

0:48 Resulta que la madre de otra alumna que acusa primero de eso, ha contactado con los medios de comunicación, en este caso con OK Diario, para contar que su hija vive exactamente el mismo calvario con la misma agresora que ha obligado a que una mujer, una chica, una joven de 16 años, tenga que ir al colegio con escolta. Estos son los datos. Vamos ahora con los detalles. Ángel Fernández. Así es, Luis. Desde enero, un adolescente de 16 años vive con miedo cada día en el centro. Teme ser insultada o agredida por otra alumna que la acosa de forma reiterada. La situación ha llegado hasta el extremo de que la Consellería de Educación y la dirección del centro han tenido que asignar un vigilante de seguridad que la acompaña en todo el recorrido escolar. La familia vincula el conflicto a la amistad de la víctima con la expareja de la agresora, que no soporta ver a otras compañeras con quien fue su novio y denuncia que la acosadora ha llegado a mostrar cuchillos y navajas en el centro.

1:46 Su madre, consciente de la gravedad del caso, lo cuenta con una mezcla de rabia y desolación. Ella empieza sosteniendo que su hija no lleva una vida normal, que no puede relacionarse con normalidad mientras todo esto ocurre. Mi hija ahora tiene que llegar a las ocho menos cuarto al instituto, no puede llegar a las ocho menos cuarto. la tenemos que acompañar personalmente y entrarla adentro. Sale el chico de seguridad, la coge y la acompaña a clase. Cuando mi hija tiene que hacer un cambio de clase, está ese chico que la espera afuera y la acompaña tanto al servicio como para ir al patio, cada cambio de clase. Incluso a mi hija la han tenido que cambiar las clases para no coincidir con ella en los pasillos. A las 2 menos 10 tenemos que ir a recogerla y sacarla antes del instituto. Ella ya sale con el chico ese de seguridad, ella lleva seguridad las 5 o 6 horas que está en el instituto, para todo. No se siente libre ella, ella no puede estar en el patio con sus compañeras, tiene a este chico de seguridad al lado.

2:41 Un entorno escolar, que en teoría debería ser seguro, se convierte en un espacio de control, supervisión y vigilancia constante para la víctima, mientras la agresora, según denuncia la familia, mantiene su vida casi sin consecuencias. Ante este desajuste tan evidente, la pregunta que surge no es sólo emocional, sino legal y ética.¿ Hasta qué punto el centro educativo, la administración y la propia ley están cumpliendo su papel de protección? Ahí entra en juego el papel jurídico. Desde la perspectiva jurídica, este caso deja al descubierto varios puntos claros desde la vulneración de los derechos. El abogado y vicepresidente de la Asociación Sin Acoso Escolar Mallorca, Miguel López, señala que hay indicios suficientes de acoso escolar que se prolonga en el tiempo y que deja de ser algo subjetivo cuando el propio centro pide a la familia que cambie de centro a la menor. Aquí hay una continuación del tiempo ya que este acoso ha venido sufriéndose desde hace enero hasta abril, entonces hay una continuidad en el tiempo, hay amenazas y hay agresiones. Por lo tanto, aquí hay claramente unos indicios claros de acoso. Y otra cosa que parece indicar que hay acoso escolar es que la dirección del colegio ha pedido que se traslade, la institución educativa ha pedido que se traslade a la menor acosada de centro.

4:00 Si no hubiera un acoso, no pedirían ese traslado. Desde esta mirada, la imputación de responsabilidad cae sobre el centro. No puede esconderse detrás de la falta de recursos o de la complejidad del asunto si la evidencia es contundente. El centro, en este caso, no puede decir que tenía desconocimiento. Es una cosa que ha sido pública, incluso se ha publicado en diversos medios y, por lo tanto, el centro no puede alegar desconocimiento. Puede decir... que a lo mejor no se hacía dentro del centro, pero todo hace parecer que no, que todo se hacía dentro del centro y entre algunos del centro, por lo tanto no puede alegar ningún desconocimiento.

4:44 El abogado recalca que jurídicamente la afirmación de que mientras no haya agresión física no se pueden tomar medidas es totalmente falsa, algo que para la familia suena más a excusa burocrática que a argumento legal. En lugar de centrarse en normalizar la vida de la víctima, el sistema educativo vuelve a colocarla en el centro de la exigencia de cambio, pagando el precio de la inacción de casos anteriores. En cuanto al recorrido penal de la agresora, nos explican que hay dos caminos en función de la edad de la menor. Puede ser de dos tipos. O bien que si la menor tiene menos de 14 años es inimputable, Y si tiene más de 14 años, hasta que tenga 18 puede actuar o debe actuar la Fiscalía de Menores. Aquí la Fiscalía de Menores, con los abogados de la víctima, solicitarán unas penas acordes a la creación de los delitos.

5:48 Por último, López aclara que el grupo de amigas que insultan, tiran del pelo y se presentan en masa para agredir a otra alumna no es meramente testigo, sino coactor en un delito. Significa que la responsabilidad también se extiende al entorno de la agresora que refuerza el mecanismo de violencia y normaliza lo que en otras circunstancias sería inimaginable en un centro escolar. Lo que ocurre en el IES Arenal no solo interpela a las leyes, también a la capacidad real de los centros para aplicar los protocolos y proteger a su comunidad. Desde el Servicio del Defensor del Profesorado, que cada año atiende a cientos de docentes desbordados por casos de violencia, la lectura es clara. El sistema llega tarde y muchas veces mal. Teresa Hernández es la Coordinadora Nacional del Servicio del Defensor del Profesor de AMPEC.

6:37 Nunca es suficiente. Lo primero con lo que nos topamos a nivel legal es el hecho de que sean menores. Y legalmente no se contemplan medidas suficientes que sirvan para disuadir conductas violentas tan graves. A nivel educativo, las herramientas son también limitadas. Tenemos los reglamentos de régimen interno, pero la medida más estricta es la expulsión durante unos días del alumno. cosa que a este tipo de alumnado no le conlleva ningún problema posiblemente, sino que sea una victoria para el alumno el no asistir a clase. Se necesitan más recursos para atender este tipo de situaciones que ceden del centro educativo y nuestra responsabilidad como es la intervención de especialistas del ámbito sanitario, el apoyo de servicios sociales y de las fuerzas de seguridad.

7:32 Es decir, la ley marca un mínimo, pero la realidad de los institutos va varios pasos por delante y mientras no se refuerce el sistema con más recursos educativos y sociales, las respuestas seguirán llegando tarde. Y cuando un docente detecta amenazas graves entre alumnos,¿ qué debería hacer paso a paso y qué apoyo efectivo recibe? La experta es muy clara y coincide con el abogado. Ante la mínima sospecha, se debe abrir el protocolo siempre. Explica que la primera fase es detección y comunicación y a continuación se activarán las medidas de protección. Añade que precisamente por eso es clave la figura del coordinador de bienestar y protección. Abrir el protocolo, por tanto, no es solo una cuestión de voluntad, sino también de tiempo, de personal y de estructura. La defensora nos reconoce que el caso le impacta profundamente. Una alumna que tiene que ir escoltada por su propio centro para poder asistir a clase. Pero añade algo más inquietante. Dice que cada día se reportan casos que no solo afectan alumnos...

8:30 sino que también golpean a nivel psicológico al profesorado. Hay otra cosa clara. La frase« hasta que no haya agresión física» revela que el sistema permite el acoso, Desde la psicología dicen que cuando un centro educativo utiliza esta justificación está revelando que el sistema permite que haya acoso, que se contenta con parches y que los propios profesores no entienden realmente lo que es el bullying. Lidia Arroyo es doctora en educación y psicopedagoga de la asociación Trencats, fundada tras el suicidio de Kira a causa del bullying que sufrió en su colegio. Lo que está diciendo en realidad es que no está entendiendo qué es el acoso escolar o que no está aplicando los protocolos como debe. Porque el acoso no empieza con un golpe, el acoso empieza mucho antes, con intimidación, amenazas, humillaciones, miedo sostenido. Así que esperar a que haya una agresión física es llegar demasiado tarde y es inaceptable. Y lo digo con mucha claridad y contundencia, no es una cuestión de criterio, es una cuestión de obligación. La normativa educativa establece que los centros deben intervenir desde los primeros indicios para proteger al menor. No es opcional. Cuando un equipo educativo espera a que haya daño físico, está fallando en su función preventiva. Está desprotegiendo a la víctima y está permitiendo que el acoso escale.

9:59 En otras palabras, según la experta, el problema no es solo que el centro tarde, sino que conceptualmente muchos docentes y directivos aún se empeñan en ver el acoso como un problema de disciplina menor y no como una violencia seria que deja secuelas psicológicas y educativas permanentes. Añade que llegados a cierto punto el centro solo se mueve cuando el acoso estalla públicamente, cuando aparece en redes o en la prensa y que entonces se activa la imagen institucional, no la protección real. La conclusión es contundente. La escuela muchas veces se comporta como un escenario de maquillaje. Mientras se habla de valores, convivencia y respeto, las víctimas siguen soportando en soledad o con escolta un acoso que el sistema tendría que haber cortado desde el primer día. En Casa de Herrero, con Luis Herrero, es radio.