¿Somos cada vez menos inteligentes?
Cada vez leemos menos, las pruebas de inteligencia muestran resultados a la baja en buena parte del mundo, y le delegamos a la inteligencia artificial hasta la tarea más simple. ¿Qué tienen que ver el antiintelectualismo y el ascenso de gobiernos populistas?
Para este capítulo hablamos con Martha Leonor Sabogal, profesora investigadora de la Facultad de educación de la Universidad Javeriana; con Julián de Zubiría, director del Instituto Alberto Merani; con la doctora en ciencias de la información, Rocío López; con Margarita María Rodríguez, rectora del Colegio Campoalegre; y con la filósofa y escritora Laura Quintana.
0:06 Soy Roberto Pombo. Bienvenidos a Mis Preguntas, un programa de Prisa Media patrocinado por CAFAM, una caja llena de oportunidades para trabajadores, empresarios y emprendedores. CAFAM, una caja llena.¿ Somos cada vez menos inteligentes? Cada vez leemos menos. Las pruebas de inteligencia muestran resultados a la baja en buena parte del mundo y le delegamos a la inteligencia artificial hasta la tarea más simple.¿ Qué tienen que ver el anti-intelectualismo y el ascenso de gobiernos populistas? Para este capÃtulo hablamos con Marta Leonor Sabogal, profesora investigadora de la Facultad de Educación de la Universidad Javeriana, con Julián de SubirÃa, director del Instituto Alberto Merani, con la doctora en Ciencias de la Información RocÃo López, con Margarita MarÃa RodrÃguez, rectora del Colegio Campoalegre, y con la filósofa y escritora Laura Quintana.
1:00 Soy Roberto Pombo y este es el capÃtulo 204 de Mis Preguntas. Bienvenidos. Hace poco, luego de una reunión, un amigo se ofreció a llevarme hasta un extremo de la ciudad donde tenÃa una cita médica. Me preguntó si tenÃa una ruta favorita para llegar y como le respondà que no, decidió dejarlo en manos de una aplicación que le ayuda con la ruta más corta y con menos obstáculos y trancones en el camino. A modo de chiste... Lo reté a que hiciéramos el viaje sin ayuda de la aplicación, como lo hacÃamos hace apenas un par de años, cuando la tecnologÃa no atravesaba todos los aspectos de nuestra vida. El resultado fue un viaje largo, demorado, lleno de vÃas cerradas y que tomó media hora más de lo que normalmente tomarÃa. Ya no somos nada sin la tecnologÃa, bromié.
1:50 A muchas personas les pasa igual, que sin la ayuda de una aplicación o de la inteligencia artificial parecen perdidas en el mundo. Entre ellos, yo. Y aunque parezca una cuestión de citadinos en problemas, la situación es mucho más seria y les voy a contar otra historia que lo prueba. En Iglulik, una isla diminuta en el Ãrtico canadiense, el invierno es inclemente, la temperatura ronda los 20 grados bajo cero, y en buena parte del año el sol apenas asoma. AhÃ, desde hace unos 4.000 años, los cazadores Inuit salen a buscar comida cruzando kilómetros de tundra, sin un árbol ni una roca que sirva de referencia, con vientos que borran cualquier huella en minutos. Y aún asÃ, encuentran el camino de vuelta a casa, siempre. Según documentan los antropólogos Claudio Aporta y Eric Hicks, en su estudio sobre el impacto del GPS en la cultura Inuit, los cazadores del Igulik se orientan leyendo la dirección del viento en la forma que deja sobre la nieve, el comportamiento de las mareas, la posición de las estrellas y el recuento de cientos de nombres de lugares transmitidos de boca en boca. Por si no está al tanto, a los niños los acaban al amanecer a reportar cómo estaba el cielo una costumbre que llaman Anijak, perdón mi pronunciación, mi manejo del Inuktitut es limitado, algo asà como un entrenamiento diario del ojo y el instinto. A mediados de la década de 1990,
3:20 empezaron a llegar los primeros aparatos de posicionamiento satelital a la isla. Para el año 2000, ya eran unos 40 cazadores los que llevaban uno amarrado al trineo. Y ahà es donde la cuestión se pone interesante. Los cazadores más jóvenes, los que crecieron usando el GPS, empezaron a perder ese instinto ancestral. Cuando el aparato se dañaba o cuando la ruta trazada por el satélite los llevaba en lÃnea recta sobre una placa de hierro muy delgada, no sabÃan cómo corregir el rumbo. Y esa imagen, la de una capacidad que se pierde, ya sea por desuso o por otros motivos, es la que me ha perseguido las últimas semanas y que me llevó a la pregunta que nos convoca hoy.¿ Perder una destreza por dejar de practicarla es lo mismo que perder inteligencia? Esto me contó Marta Leonor Sabogal, profesora investigadora de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana.
4:16 Bueno, yo creo que no necesariamente, porque las habilidades se fortalecen a través del uso y pueden debilitarse. cuando dejamos de ejercitarlas, pero eso no significa que desaparezca nuestra capacidad para aprender, para comprender o para resolver problemas. Una persona podrÃa olvidar cómo realizar una operación matemática manual porque utiliza con mucha frecuencia la calculadora, pero aún asà su capacidad de análisis, su capacidad para formular preguntas o para aprender nuevamente los procedimientos permanece intacta. Sin embargo, sà debemos reconocer que la práctica desarrolla formas de pensamiento. Esto quiere decir que cuando dejamos de leer crÃticamente, de escribir, de argumentar o de resolver problemas sin ayuda, es posible que perdamos ciertos niveles de autonomÃa y agilidad en el desarrollo de las tareas. Nosotros desde la Facultad de Educación creemos que la clave está en distinguir entre delegar una tarea mecánica y abandonar completamente el proceso intelectual que la sustenta. Por eso, más que hablar de pérdida de inteligencia, yo pensarÃa más bien en un debilitamiento de ciertas capacidades. La inteligencia implica saber cuándo necesitamos apoyo y solicitarlo, pero exige también conservar la capacidad de comprender, evaluar y actuar de manera independiente. Existen muchas formas de inteligencia, la emocional, la lingüÃstica, la espacial, que es la misma que tenÃan los cazadores del iglúlic para leer el viento. Pero una de las pocas que hemos encontrado la manera de medir con cierta precisión y de comparar entre generaciones y paÃses es la
5:48 que capturan los exámenes estandarizados como las pruebas SABER-PRO en Colombia. Resulta que en 2019, un estudiante de doctorado de la Universidad de Northwestern llamada Elizabeth Worak revisó las bases de datos de una baterÃa de este tipo de pruebas aplicadas a casi 400.000 adultos estadounidenses entre 2006 y 2018. Buscaba confirmar si era verdad, como se daba por sentado desde hacÃa casi un siglo, que cada generación rinde mejor que la anterior en los test de inteligencia. Es lo que se conoce como el efecto Flynn, en honor al investigador que documentó cómo el coeficiente intelectual promedio subió cerca de tres puntos por década a lo largo del siglo XX, un ascenso que se atribuyó a mejor nutrición, más años de escolaridad y una vida cotidiana cada vez más compleja.
6:40 Dvorak encontró que los puntajes compuestos venÃan cayendo de forma sostenida los 13 años del estudio, con la caÃda más marcada entre los adultos de 18 a 22 años, sobre todo en razonamiento abstracto y lógico. Pasó semanas revisando su código porque estaba convencida de que habÃa cometido un error. No fue la única en tropezarse con esa cifra incómoda. Dos investigadores noruegos, Bernd Bratzberg y Ole Rockenberg llegaron a una conclusión parecida al analizar los registros de conscripción militar de casi 600.000 hombres nacidos entre 1962 y 1991. El ascenso duró hasta 1975. Después, la curva se invirtió corte tras corte. Ahora bien, hay un matiz que me pareció especialmente revelador y que vale la pena detenerse a explicar.
7:37 un estudio publicado apenas el mes pasado en la revista de la Academia Nacional de Ciencias. Analizó a esos mismos noruegos y encontró que el declive habÃa empezado antes de lo que se creÃa entre los grupos de mayor nivel socioeconómico, pero quedó oculto durante años porque al mismo tiempo los grupos de menor nivel socioeconómico seguÃan ganando puntos gracias a la expansión de la educación secundaria. Mejor dicho, la curva promedio parecÃa estable mientras dos tendencias opuestas se compensaban por debajo de la superficie, como dos lados de una balanza moviéndose en direcciones contrarias sin que la aguja se moviera del centro. Algo parecido aparece con las pruebas PISA del examen que aplica la OCDE cada tres años a estudiantes de 15 años en más de 80 paÃses, incluida Colombia.
8:24 En la edición de 2022, la organización registró lo que llamó una caÃda sin precedentes. El puntaje promedio en matemáticas bajó casi 15 puntos frente a 2018. Y para que se haga una idea de lo que significa eso, la propia OCDE lo tradujo en tiempo real de aprendizaje, el equivalente a tres cuartos de año de clases perdidas. En lectura, la caÃda fue de 10 puntos, el doble de la caÃda más pronunciada que se habÃa registrado hasta entonces. Bien, primera alerta académica. Gorgori, Rafael. ¡Gané, gané, gané, gané! No, Rafa, quiere decir que reprobaste en español. ¿Yo, reprobar a español?¡ Será imposible! Y lo que de verdad me inquietó al leer el reporte es que, según la misma OCDE, la tendencia en lectura y ciencias venÃa cayendo desde una década atrás.
9:18 La pandemia explica apenas una parte del fenómeno, no todo. Pero antes de anunciar el fin de la inteligencia humana, Hay que ser cuidadosos. La propia Dvorak admitió después, según recoge la revista Psych, que una curva no puede subir para siempre, que en algún momento se llega a un techo estadÃstico. A mà me queda la duda de si el problema es solamente biológico o también metodológico. Si las mismas pruebas y exámenes que antes medÃan con precisión el razonamiento logran capturar hoy cómo piensa alguien que aprendió a resolver cualquier duda con una búsqueda en el celular.¿ Qué tanto nos dicen realmente sobre la inteligencia de una sociedad?
9:59 estos exámenes y estos promedios? Escuchemos lo que me dijo Julián de SubirÃa, director del Instituto Alberto Merani. Las pruebas saber no sirven. para evaluar la inteligencia de una sociedad, pero son muy adecuadas para evaluar algunos aspectos fundamentales de la calidad educativa, particularmente tres. Uno, si los jóvenes tienen buen nivel de comprensión lectora, si tienen buen nivel de argumentación y si han adquirido los conceptos fundamentales de las diversas áreas. no sirven para evaluar la capacidad de resolver problemas. que es una condición esencial de la inteligencia.
10:47 Pero sà brindan una imagen bastante clara de algunos aspectos esenciales de la calidad, como serÃa el nivel que tienen los jóvenes en la competencia para leer de manera inferencial, contextual, crÃtica y para argumentar. El problema principal es que se han usado muy mal al pretexto Tender a comparar colegios de condiciones sociales, culturales y económicas muy diversas. Para eso sà son muy malas. Pero para comparar las tendencias del paÃs, de las regiones y de los colegios de condiciones socioculturales similares, sà son muy buenas.¿ Qué dicen esas pruebas? Dicen que la calidad que se brinda en Colombia en la gran mayorÃa de colegios es muy mala, que las brechas según región y estrato socioeconómico han seguido creciendo y que en general la calidad de la educación no ha mejorado en los últimos 25 años Hay una frase que se repite mucho hace mucho tiempo.
11:57 La gente ya no lee. La periodista Rose Horowitz abrió su más reciente reportaje, el fin de la lectura ha llegado, para la revista The Atlantic con una leyenda antigua, la del rey Ptolomeo I de Egipto, pidiéndole a su consejero que reuniera bajo un mismo techo todo lo que la humanidad habÃa escrito hasta entonces. Fue la biblioteca de AlejandrÃa el sueño de guardar el conocimiento del mundo en un solo lugar. Horowitz usa esa imagen para preguntarse si la civilización puede sobrevivir a lo que ella llama la era postliteraria. Esa pregunta está soportada en un dato elocuente y es que más de la mitad de los adultos estadounidenses no terminó un solo libro en el año 2025, según reseña el reportaje. Pero lo que a mà más me llamó la atención, y a Horowitz también, no es tanto que la gente lea menos, sino que quienes sà leen, leen diferente.
12:52 Profesores universitarios describen estudiantes capaces de pasar la vista por cada palabra de un texto sin identificar una metáfora, sin lograr inferir el significado de un término desconocido, leyendo de manera cada vez más literal como si el lenguaje hubiera perdido sus capas. Esa transformación, por cierto, no empezó con la inteligencia artificial. El crÃtico Nicholas Carr lo viene señalando desde hace años. Dice Carr, A medida que los lectores se acostumbran a leer en pantallas fragmentadas, con hipervÃnculos y video incrustado, los propios escritores empiezan a escribir para unos lectores cada vez más dispersos. Por eso tantos libros de no ficción de hoy están cortados cada dos páginas por un subtÃtulo nuevo. casi como si el texto tuviera que anunciarse constantemente para no perder a quien lo lee. Hay una cifra, esta medida con cronómetro y no con encuestas, que a mà me ayudó a entender por qué. La profesora Gloria Mark, de la Universidad de California, en Irvin, lleva midiendo la atención humana frente a una pantalla desde 2003.
13:57 En ese entonces, el promedio era de dos minutos y medio antes de cambiar de tarea. Para 2012, habÃa bajado a 75 segundos. Y en los últimos años, según cuenta ella misma en una entrevista con su universidad, el promedio se estabilizó en 47 segundos, con una media de 40. Hagamos la cuenta, eso significa que la mitad de las veces que usted mira una pantalla dura menos de 40 segundos sin cambiar de foco. 40 segundos es más o menos lo que me acaba de tomar leer este párrafo. La neurocientÃfica Marianne Wolff lleva dos décadas documentando qué se pierde exactamente en ese cambio. Según explica en un artÃculo publicado por la Universidad de California en Los Ãngeles, la lectura profunda activa un circuito cerebral que ningún ser humano trae de fábrica, uno que cada persona construye leyendo con calma durante años y que hace posible inferir, conectar ideas, ponerse en el lugar de otro y examinar si algo es cierto. Cuando dominan el escaneo y el salto entre pantallas, dice Wolf, el cerebro no llega a tener el tiempo fisiológico necesario para activar ese circuito, es decir, dejamos de darle tiempo al pensamiento. Por su lado, el profesor esdoveno Mikhail Kovács, firmante del manifiesto Ljubljana sobre la lectura profunda y experto en lectura, encontró algo que a mà me resultó contraintuitivo. Según explica, apoyado en los resultados de las
15:28 pruebas PISA, Quienes mejor usan los computadores no son los que menos leen libros, sino los que más lo hacen, porque ambas cosas exigen la misma concentración y la misma imaginación. Kovach también advierte que si un niño recibe una pantalla demasiado temprano, corre el riesgo de perder la capacidad de concentrarse antes de haberla desarrollado del todo. La profesora RocÃo López es doctora en ciencias de la información y estudia la relación de los niños y jóvenes con las tecnologÃas. La busqué para preguntarle,¿ compiten la lectura profunda y la vida digital por el mismo tiempo o una es, en realidad, la base que permite usar bien la otra? Bueno en este momento yo me atreverÃa a pensar que sà es posible que esté compitiendo la lectura profunda y crÃtica con...
16:21 la manera como estamos buscando e informándonos a través de las tecnologÃas digitales, porque son formatos muy distantes. Y la vida digital nos está ofreciendo aspectos como la rapidez, lo instantáneo, lo segmentado, como casi un espejismo de que esa información es justo la que necesitamos y entonces con eso continuamos, pero es muy probable que... estemos haciendo unas lecturas superficiales sobre aquello por lo que estamos aprendiendo o nos interesa estar informados. Efectivamente, procesos de lectura crÃtica y profunda nos van a permitir poder tener más herramientas para manejar este exceso y sobreexposición a la información que la vida digital nos ofrece. Entonces sà puede ser una de las bases, necesitarÃamos conformarlas con otras más porque realmente es algo bastante complejo, pero sà puede ser una de las bases que nos permitirÃan avanzar hacia un pensamiento crÃtico y por lo tanto poder tener un mejor manejo, un manejo adecuado, una alfabetización sólida frente a lo que nos ofrecen las tecnologÃas digitales.
17:37 Ese mismo tiempo que dejamos de darle al pensamiento es justamente el que la inteligencia artificial promete ahorrarnos y en ese trato le hace a nuestro cerebro algo parecido a lo que el GPS le hizo a los cazadores de Igulik. Cada vez es más normal que los modelos de lenguaje de inteligencia artificial como ChatGPT, Grok o Gemini, que son los más famosos, comiencen a hacer tareas que normalmente hacÃamos. Les pedimos que nos resuma un correo largo, que arme una lista de mercado, que nos recuerde el nombre de un actor que tenemos en la punta de la lengua, pero no logramos recordar. Son operaciones tan pequeñas que ni siquiera las notamos como decisiones. Y sin embargo, cada una de ellas es un músculo mental que decidimos no ejercitar.
18:26 Este fenómeno tiene nombre en la psicologÃa cognitiva desde 2016, cuando los investigadores Evan Risco y Sam Gilbert lo bautizaron en un artÃculo académico como descarga cognitiva o cognitive offloading, el uso de una acción fÃsica o una herramienta externa, un cuaderno, una calculadora, un buscador, para reducir la carga mental de una tarea. La práctica viene de lejos, desde hace décadas o incluso siglos, cuando empezamos a usar ciertos objetos como por ejemplo el abaco. Lo que cambió con la inteligencia artificial generativa fue la escala. Un artÃculo de revisión reciente publicado en Science Direct, advierte que ese mecanismo se amplificó de una forma que ninguna herramienta anterior lo grababa, pues pasamos de delegar una operación puntual a delegar el producto cognitivo completo, desde un párrafo hasta un argumento entero.
19:22 Un grupo de investigadores lo puso a prueba con experimentos controlados a gran escala y el resultado, para serles sinceros, me dejó pensando varios dÃas. Según el documento, que es un borrador y está todavÃa bajo revisión de pares, las personas que resolvÃan tareas con asistencia de inteligencia artificial mostraban menos persistencia frente a la dificultad y un desempeño más débil cuando después tenÃan que resolver algo parecido por su cuenta sin la herramienta a la mano. El músculo que no se usa otra vez se debilita. La revista Psychology Today lo plantea en la siguiente manera. La generación que creció y se crió con teléfonos inteligentes ya está en la fuerza laboral, ya desarrolló hábitos cognitivos que quizás sea difÃcil revertir y todavÃa no existen buenas maneras de medir qué tanto de esa habilidad se está perdiendo porque ningún examen estandarizado distingue del todo bien entre alguien que piensa bien y alguien que busca bien. Lo más inquietante, según ese mismo artÃculo, es que la descarga cognitiva parece formar hábito y resulta particularmente atractiva para las personas que ya de por sà prefieren el atajo mental. Un grupo de psiquiatras fue incluso más lejos y vinculó el efecto Flynn inverso del que hablamos hace un momento con el uso creciente de teléfonos e inteligencia artificial y lo llamó directamente pereza cognitiva en un artÃculo publicado en la revista Enfermedades Nerviosas y Mentales. Los propios autores admiten que todavÃa no
20:56 se puede probar con certeza que la caÃda de la inteligencia medida se deba solo a la tecnologÃa. Pero la coincidencia en el tiempo, dicen, es un dato que difÃcilmente lo puede dejar a uno sin hacer esa conexión.¿ Delegarle tareas mentales a la inteligencia artificial nos hace más eficientes o nos está dejando menos capaces de pensar por nuestra cuenta? Le traslade la inquietud a Margarita MarÃa RodrÃguez Múnera, rectora del Colegio Campo Alegre. Delegar las tareas exclusivamente a la inteligencia artificial nos limita la creatividad, la innovación, la construcción de nuestro propio criterio, el debate, la pregunta, la resolución de problemas, las relaciones en general y los aportes que desde nuestras propias habilidades podamos dar. La inteligencia artificial nos ayuda a estructurar conceptos más abstractos, a profundizar, aún a desarrollar más nuestras habilidades, pero definitivamente no toma nuestra voz.
22:22 Y qué pasa si llevamos todos estos datos a un nivel macro? O sea, si vemos el descenso de la inteligencia no como un problema individual sino social. La cuestión se oscurece y se vuelve preocupante. En mayo de 1933, estudiantes universitarios alemanes organizados por el régimen nazi quemaron en las plazas de varias ciudades decenas de miles de libros de autores considerados peligrosos para el nuevo orden. pero ese no fue un episodio aislado en la historia de los autoritarismos. Un artÃculo académico publicado este año en la revista Gifted Education International recuerda que los gobiernos autoritarios, sin importar la época ni la ideologÃa que los sostenga, suelen coincidir en un mismo instinto, el de desconfiar de quienes piensan de manera crÃtica, creativa y se atreven a cuestionar el poder.
23:13 A mà me da la impresión de que ni siquiera hace falta prohibir un libro para lograr un efecto parecido, sino que basta con que la sociedad deje de necesitarlo o de leerlo. La confianza en la ciencia, mientras tanto, cuenta una historia menos lineal de lo que suele repetirse. Según el Pew Research Center, el porcentaje de estadounidenses con poca o ninguna confianza en los cientÃficos pasó de 12% en abril de 2020 a 27% en 2023. pero la encuesta más reciente de ese mismo centro, publicada en enero de este año, muestra que la confianza se ha estabilizado e incluso subió un punto frente a la anterior, con un 77% de los estadounidenses diciendo tener al menos bastante confianza en los cientÃficos, aunque esta cifra sigue por debajo del 87% que se registraba al comienzo de la pandemia y con una brecha amplia entre demócratas y republicanos. La desconfianza se estancó, eso sÃ, en un nivel más alto que antes, de ahà parece haberse instalado. El investigador Matt Mota de la Universidad de Boston documentó en su libro sobre el anti-intelectualismo estadounidense cómo ese discurso, la idea de que el conocimiento experto es sospechoso por definición, viene creciendo desde 2016 y se aceleró con la pandemia. La conexión entre la desconfianza hacia los expertos o el anti-intelectualismo y el populismo está bien documentada. Antipolitólogo Eric Merkley encontró en
24:43 un estudio publicado en Public Opinion Quarterly una asociación fuerte entre el antiintelectualismo y el rechazo al consenso cientÃfico en temas como el cambio climático, la energÃa nuclear o la afluoración del agua. Y encontró algo más, exponer a alguien a un discurso populista, incluso a uno que no menciona a los expertos para nada, activa esa misma desconfianza hacia el conocimiento especializado. El populismo comparte siempre la misma lógica, la de dividir el mundo entre la gente común y una élite privilegiada, y ahà los expertos casi siempre terminan del lado de la élite. Y aunque no hay evidencia académica entre el descenso en las pruebas de inteligencia y el ascenso de gobiernos antidemocráticos, sà hay estudios que hacen otra relación igual de peligrosa. Por un lado, un estudio publicado en la revista Intelligence midió la capacidad cognitiva de un grupo de adolescentes y volvió a evaluarlos cinco años después.
25:43 Quienes habÃan tenido mayor capacidad cognitiva en la primera medición mostraban en la segunda niveles más bajos de autoritarismo. Los psicólogos llaman asà a una escala que mide qué tanto tiende una persona a someterse sin cuestionar a figuras de autoridad y a rechazar lo que se sale de la norma. Y una revisión de más de 29.000 personas en decenas de estudios distintos publicada en la revista European Journal of Personality encontró el mismo patrón en una escala que mide sumisión a la autoridad y rigidez frente a lo distinto.¿ Por qué la desconfianza hacia el conocimiento experto tiende a crecer justo cuando el discurso público se vuelve más autoritario o más populista? Escuchemos lo que me contó la filósofa y escritora Laura Quintana.
26:34 Yo distinguirÃa proyectos totalitarios de proyectos autoritarios y populistas, pero quedándome con las apuestas totalitarias, como lo mostró bien Hannah Arendt, estas pretenden imponer una visión del mundo a la realidad. al precio que sea, sacrificando todo lo que esa realidad muestra, también la pluralidad humana, las diferencias que pueden surgir en esa pluralidad humana, la contingencia, mientras que el saber experto justamente se respalda en comunidades de conocimiento que se encargan y tienen el compromiso de verificar todas sus hipótesis a través de comprobaciones con la experiencia. En ese sentido, una apuesta totalitaria pues tiende a alejarse de esas comunidades de conocimiento, toda vez que estas contradigan los proyectos unÃvocos, totalizantes e impermeables respecto de la contingencia que estas visiones totalitarias buscan imponer.
27:29 Sospecho que nos está pasando algo parecido a lo que les pasó a los cazadores más jóvenes de Igulik, que se nos está pagando lentamente un hábito por desuso, el de pensar. Una sociedad que deja de ejercitar ese músculo se vuelve, sobre todo, más fácil de manipular. Esa, más que la pregunta de si somos menos inteligentes, es la que de verdad me quita el sueño. Soy Roberto Pombo y este fue el capÃtulo 204 de Mis Preguntas. Nos vemos en el próximo capÃtulo. A partir de este momento, este capÃtulo de Mis Preguntas queda disponible en todas las plataformas de podcast. Este episodio fue posible gracias a CAFAM, aliado estratégico en el crecimiento de más de 40.000 empresas en Colombia. Dirección, Roberto Pombo. Asesor editorial, Daniel Sanpero Espina. Producción, Juan Abel Gutiérrez y Johnny RodrÃguez. Guiones, Juan Abel Gutiérrez y Johnny RodrÃguez. Postproducción de audio, Iván Ayala.