May 17, 2026

¿Por qué ya no reparamos nada?

¿Por qué ya no reparamos nada?
¿Por qué ya no reparamos nada?
Mis Preguntas con Roberto Pombo
¿Por qué ya no reparamos nada?

Cada vez es más fácil comprar cualquier artículo, pero parece que se dañan más rápido y la reparación parece una costumbre de antaño. ¿Hay regulaciones que protejan a los consumidores de la obsolescencia programada o estamos destinados a comprar cosas cada vez con más frecuencia?

Para este capítulo hablamos con Juan Pablo Rocha, director general del Grupo Untold Colombia; con la economista y senadora electa, María Lucía Villalba; con Jorge Enrique Sánchez, exsuperintendente delegado de la Superintendencia de industria y comercio; con Alexandra Pfeil-Schneider, vicepresidenta de posventa y sostenibilidad de Automotores Toyota Colombia; y con María del mar González de Spare Agency.

0:06 Soy Roberto Pombo. Bienvenidos a Mis Preguntas, un programa de Prisa Media patrocinado por CAFAM, una caja llena de oportunidades para trabajadores, empresarios y emprendedores. CAFAM, una caja llena.¿ Por qué ya no reparamos nada? Cada vez es más fácil comprar cualquier artículo, pero parece que se dañan más rápido y la reparación parece una costumbre de antaño.¿ Hay regulaciones que protejan a los consumidores de la obsolescencia programada o estamos destinados a comprar cosas cada vez con más frecuencia? Para este capítulo hablamos con Juan Pablo Rocha, director general del Grupo Antold Colombia, con la economista y senadora electa María Lucía Villalba, con Jorge Enrique Sánchez, ex superintendente delegado de la Superintendencia de Industria y Comercio, con Alexandra Feil-Schneider, Vicepresidente de Postventa y Sostenibilidad de Automotores Toyota Colombia y con María del Mar González de Spur Agency. Soy Roberto Pombo y este es el capítulo 192 de Mis Preguntas. Bienvenidos.¿ Se han puesto a pensar si la profesión a la que usted se dedica hoy en día seguirá existiendo en un siglo? Con el avance de la inteligencia artificial, esa pregunta se ha hecho cada vez más importante. Se habla de que se van a perder millones de trabajos y que otras profesiones van a pasar a hacer historia muy pronto.

1:31 Pero esto no es nuevo. Hay ciertos oficios que parecen destinados a desaparecer desde mucho antes, como muchos otros ya lo han hecho. Quizás algunos de ustedes están muy jóvenes, espero, para recordar que alguna vez y por mucho tiempo la leche no se compraba en supermercados en envases. tetrapak y que podía durar semanas en la nevera, sino que era un camión que tocaba una campana avisando que había llegado o que simulaba el mugido de una vaca, lleno de cántaros metálicos que vendían la leche por los barrios y que se servía directamente en las ollas en las que se hervía varias veces para matar las bacterias. Otro oficio que murió por completo es el de los ascensoristas. Si a usted no le tocó, era tan sencillo como lo imagina una persona que se dedicaba a hacer funcionar los ascensores.

2:22 Como al principio de este invento eran aparatos más pesados y complicados, no cualquiera podía operarlos y se hacía necesario que alguien empujara la palanca y llevara a los viajeros verticales al piso que tenían que ir. Algunos viejos edificios en las ciudades grandes de Colombia todavía tienen algunos. Pero con el paso del tiempo... Los ascensores se fueron haciendo cada vez más sofisticados y sencillos de funcionar. Basta con presionar el botón del piso y en cuestión de segundos el ascensor nos lleva a ese piso. La lista de profesiones perdidas es larga. Las mecanógrafas, que se encargaban de transcribir en máquinas de escribir. Los linotipistas, en fin. Pero hay otras que, aunque todavía existen, parecen destinadas a acabarse pronto y no gracias precisamente a la inteligencia artificial. Me refiero a los técnicos reparadores de celulares y electrodomésticos, sastres que arreglan ropa dañada o zapateros que se encargan de darle segunda vida a esos zapatos de suela desgastada. Antes, reparar las cosas era tan normal como comer o dormir.

3:22 Los zapateros remendaban suelas, los técnicos de radio vivían de arreglar aparatos una y otra vez y la gente cosía su ropa hasta que la tela no aguantaba más. Reparar era cultura, era la relación humana. que el ser humano tuvo con los objetos durante milenios. Las cosas tenían historia, tenían nombre, tenían valor sentimental y también valor económico. Si algo costaba trabajo y dinero conseguirlo, tenía todo el sentido del mundo cuidarlo. Piense, por ejemplo, en esos aparatos antiguos que todavía pueden verse en las casas de personas mayores, tocadiscos, cámaras, televisores y que, aunque ya no se usan, todavía funcionan. Se te quitó o no se te quitó la falla? Entonces, si se te quitó la falla,¿ por qué vas a cuestionar mi capacidad intelectual para entender la electrónica de este tipo de vehículos que son táctiles? Yo te iba a cobrar más, pero dije no, porque yo soy un carajo honesto.

4:18 Entonces,¿ qué pasó?¿ Son ahora los electrodomésticos y productos de menor calidad? Le trasladé la inquietud a Juan Pablo Rocha, director general del grupo Antold Colombia. Los electrodomésticos de hace unos años estaban hechos para durar 10, 15 y 20 años, porque no había una tecnología que cambiara tan rápido. Se diseñaban simplemente con una funcionalidad muy específica, ya fuera aspirar, calentar algo, mantener algo frío en una nevera, punto. La tecnología lo que ha hecho es agregarle una gran cantidad de funcionalidades que hace que la gente las quiera tener cada dos años, cada tres años, porque la tecnología va muy rápido. Entonces ya no se necesita que los electrodomésticos duren 10 y 15 o 20 años, porque de alguna manera... el ciclo de cambio se volvió mucho más acelerado. Entonces, evidentemente, pueden bajar la calidad, pero agregan y aumentan las funcionalidades tecnológicas.

5:30 Ustedes, como yo, tienen la sensación de que ahora las cosas duran menos. Y por cosas, que es una palabra amplia, me refiero a casi todos los objetos. Los electrodomésticos fallan antes, la ropa se desgasta más rápido, los dispositivos tecnológicos parecen diseñados para quedarse desactualizados en pocos años. Y no es que me haya puesto nostálgico. Esa sensación está alimentada por cambios en la economía, en el diseño de productos y por la forma en que los consumimos. Pero primero miremos atrás, a la historia de cómo llegamos a consumir como lo hacemos hoy. Como lo cuenta el historiador Joseph Francis Valls, terminada la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y los países de Europa Occidental necesitaban reactivar sus economías destruidas. La solución fue ingeniosa y poderosa, producir más alimentos. vender más, y para que eso fuera posible, de manera continua, también tenía que lograr que la gente comprara más. Así nació, de manera sistemática y deliberada, la sociedad de consumo tal como la conocemos hoy. La producción masiva de bienes duraderos, como neveras, lavadoras, televisores o carros, se convirtió en el motor de la prosperidad occidental. El problema es que ese motor necesita combustible constante, y ese combustible somos nosotros, los consumidores. Para que el ciclo no se detenga, el sistema necesita que sigamos comprando.

6:49 Y para que sigamos comprando, los objetos no pueden durar demasiado. Así fue como, casi sin darnos cuenta, pasamos de ser personas que reparan o arreglan a personas que reemplazan. El cambio fue gradual, cultural, sostenido por décadas de publicidad, de crédito fácil, de tiendas llenas de novedades cada temporada. Con el consumo masivo de posguerra, llegaron también las primeras sospechas académicas. Desde Adorno hasta Galbraith, Muchos pensadores del siglo XX señalaron que las necesidades ya no eran espontáneas, sino eran creadas por el mismo proceso que supuestamente las satisface. Hoy, cuando algo se rompe, el primer impulso, y casi instintivo, es ir a comprar uno nuevo, no buscar quien lo arregle.

7:33 Ese modelo de consumo actual necesita rotación constante y la obsolescencia en sus distintas formas alimenta ese ciclo. Desde la teoría económica incluso se reconoce que esa práctica mantiene el movimiento del mercado, incentiva la innovación y sostiene el crecimiento. El problema aparece cuando se observa la escala. En sectores como la tecnología se venden alrededor de 1.600 millones de smartphones cada año, muchos de los cuales dejan de usarse en menos de dos años. porque sale uno nuevo, con mejor cámara o con un sistema operativo más potente. Ese ritmo no responde únicamente a fallas técnicas, sino también a actualizaciones constantes, marketing y expectativas de mejora continua. Como lo señala un artículo de la revista de tecnología Wired, la dificultad para arreglar esos aparatos es parte de un sistema donde los fabricantes limitan activamente la reparación independiente, lo que termina empujando a reemplazar en lugar de arreglar. componentes sellados, software restringido, herramientas propietarias. Muchos fabricantes han limitado el acceso a piezas manuales e información técnica, lo que reduce la posibilidad de reparación independiente, lo que hace también que muchos dispositivos estén hechos de fábrica para no ser arreglados, sino desechados o cambiados.

8:52 Pero también hay estudios que muestran que la frecuencia con la que decidimos reemplazar ciertos productos, especialmente tecnológicos, ha cambiado. El consumo crece, los ciclos de renovación son más rápidos y la percepción de lo viejo llega antes. Por ejemplo, un estudio europeo sobre el reemplazo de productos electrónicos encontró algo llamativo. Muchos dispositivos se reemplazan cuando todavía funcionan, aunque ya no lo hagan perfectamente. En ese mismo estudio, el 60% de quienes tenían un producto con fallas ni siquiera consideraron repararlo. Esto muestra que la decisión no siempre pasa por una imposibilidad técnica. A veces pasa por contexto, por costos, por expectativas. Otro trabajo sobre la obsolescencia refuerza esa idea.

9:38 Analizando distintos tipos de productos, los investigadores encontraron que junto a la falla técnica aparece otro factor igual de importante. el deseo de acceder a nuevas funciones o mejores tecnológicas. En algunos casos, incluso acceder al interior del producto implica perder la garantía o inutilizarlo. Estamos frente a una caída real en la calidad de los productos o frente a un cambio en nuestras expectativas y hábitos de consumo. Esto me contó la economista y senadora electa María Lucía Villalba. Yo diría que es una combinación de los dos factores. Por un lado, algunos productos sí parecen estar siendo fabricados con materiales menos duraderos, con piezas que son más difíciles de reparar o con repuestos que son tan costosos que en la práctica muchas veces termina siendo casi igual de caro arreglarlos que comprar uno nuevo. Y eso genera la sensación de que los productos están hechos para ser reemplazados rápidamente.

10:32 Pero por otro lado, también han cambiado nuestras expectativas y nuestros hábitos de consumo. Hoy compramos más, comparamos menos, buscamos productos más modernos, con más funciones, y esa presión también afecta la forma en que se producen y se venden las cosas. Además, en muchos casos, lo que más pesa en la decisión de compra no es solo el producto, sino la marca. Y esa lealtad hacia la marca que se desarrolla hace que sigan comprando sus productos, incluso cuando el consumidor sabe que probablemente será reemplazado al poco tiempo. En Colombia, el debate no es simplemente si un producto es bueno o es malo. El estatuto del consumidor exige que los productos cumplan con condiciones de calidad, de idoneidad, de seguridad, es decir, que deben servir para lo que se espera de ellos y cumplir con lo que se ofreció en la publicidad en la venta. El verdadero problema aparece cuando el consumidor no toma una decisión plenamente informada, es decir, puede creer que está comprando algo duradero cuando en realidad quiere un producto de vida corta, difícil de arreglar o más costoso de mantener de lo que parecía.

11:33 Han escuchado hablar de obsolescencia programada? Piense en objetos que fueron diseñados para dañarse en un momento específico, con una fecha de caducidad, como la leche, aunque puede hacerse para durar mucho más. El término lleva dando vueltas ya varias décadas. Todo comenzó en 1924, cuando un grupo de fabricantes de bombillas llamado Fuebus acordó reducir a propósito la vida útil de las bombillas de 2.500 horas a apenas 1.000. Pensaron que si las bombillas duraban menos, los clientes iban a tener que cambiarlas más rápido y, por tanto, los usuarios iban a tener que comprarlas más a menudo. Ese acuerdo reunía a empresas como General Electric, Philips y Osram. Hoy a eso lo llamamos una conspiración comercial o en Colombia seguro alguien lo bautizaría el cartel de los bombillos. También se cree que el origen de la obsolescencia programada se debe a la industria automotriz en Estados Unidos. En los años 20, el mercado de los carros estaba saturado y las ventas empezaron a caer.

12:35 Para evitarlo, el ejecutivo de General Motors, Alfred P. Sloan Jr., sugirió lanzar nuevos modelos cada año. El principio era el mismo, no mejorar el producto, sino hacer que el anterior pareciera insuficiente. Pero fue ya en la década de 1950 cuando el concepto se popularizó y se le dio nombre. El diseñador industrial Brooks Stevens lo definió como instalar en el comprador el deseo de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario. Una definición que revela con una honestidad casi incómoda una lógica profunda de consumo y producción desmedidos. Desde entonces, la obsolescencia programada se puede ver en varias presentaciones. La más obvia es la física, un producto diseñado con materiales o piezas que se desgastan en un tiempo calculado También existe la obsolescencia funcional forzada, cuando no existen repuestos disponibles en el mercado o los repuestos o el arreglo son más caros que el precio del compra, lo que termina por llevarlo a uno a comprar otro. Y la forma de obsolescencia más poderosa es la obsolescencia por deseabilidad, esa que nos hace sentir que el celular, el computador o el televisor, que funcionan perfectamente, ya quedó viejo porque salió un modelo nuevo con una cámara o una funcionalidad apenas un poco mejor. Busqué a Jorge Enrique Sánchez, ex superintendente delegado de la Superintendencia de Industria y Comercio, y le pregunté,¿ existen regulaciones que protejan a los consumidores de la obsolescencia programada o estamos destinados

14:09 a comprar cosas cada vez con más frecuencia? En Colombia la verdad es que no existe actualmente una regulación expresa que tipifique o sancione autónomamente esa práctica, pero ello no significa que el fenómeno sea jurídicamente irrelevante. El Estatuto del Consumidor, la Ley 1480 de 2011, ofrece... Existen diversos ejes normativos desde los que puede la autoridad eventualmente abordar este tipo de prácticas a través, por ejemplo, de los deberes asociados a la calidad de los bienes, a la idoneidad de los mismos, incluso a la seguridad de los productos. En Colombia hay unas obligaciones muy claras de garantía. de garantía legal, de suministro de información suficiente y veraz. Incluso la superintendencia ha desarrollado regulaciones asociadas o vinculadas al soporte técnico y de repuestos de algunos bienes. En esa medida...

15:08 Un diseño orientado artificialmente a limitar la duración o la reparabilidad de un bien podría, creo yo, ser examinado como una afectación de las expectativas legítimas del consumidor sobre la vida útil y el funcionamiento razonable del producto e incluso sobre la información necesaria y suficiente que debe tener sobre él. Y en esa medida, bien puede la autoridad abordar y aproximar estas circunstancias para hacer una evaluación y sobre todo por razones de buena fe, pues el comercio ciertamente está sometido a este principio que es incluso de rango constitucional.

15:52 Comprar cosas como artículos electrónicos, ropa o accesorios es cada vez más fácil. Y lo digo desde todo punto de vista. Por ejemplo, Piense que hoy en día acceder a un celular es más barato y más sencillo que hace un par de décadas. Lo mismo pasa con los televisores inteligentes o incluso con ropa y calzado. Seguramente a usted como a mí le ha aparecido alguna publicidad de plataformas como Temu, AliExpress o Shane, páginas de comercio electrónico chinas en las que se pueden comprar productos traídos desde China a un precio muy bajo. En apenas dos años, Temu pasó de no tener presencia global a convertirse en una de las aplicaciones de compras más descargadas del mundo con cientos de millones de usuarios y una participación cercana al 24% del comercio electrónico transfronterizo. La promesa de este tipo de plataformas son precios extremadamente bajos, acceso directo a fábricas y una oferta casi infinita de productos.

16:53 Qué le pasa, señorita?¿ Por qué llora? Es el representante de Temu? ¡Mentirosos! Dicen que puedo conseguir una tablet por cero pesos si descargo la app de Temu.¿ Por qué no he podido obtenerla? No, en Temu nunca te hemos mentido. Esta tablet tiene un sistema operativo Android 14, 128 GB, procesador de 8 núcleos, pantalla táctil... El fenómeno de esta plataforma china de compras en línea ha sido impresionante. Temu se estrenó en septiembre de 2022 sin una base de clientes de este lado del mundo. En dos años... alcanzó los 700 millones de visitas mensuales a nivel mundial y se convirtió en la aplicación de compras más descargada del mundo en 2024. Este tipo de consumo cambia la lógica de compra. Entonces, cuando un producto cuesta muy poco, la expectativa de duración también cambia y el riesgo de que falle se vuelve aceptable. En Colombia, este tipo de consumo también ha crecido. Según un informe de la agencia Black Zip, Temu es la plataforma de compra en línea predilecta y recoge el 48% del mercado y tiene 24,8 millones de usuarios. El rápido crecimiento de Temu se basó en tres ventajas estructurales que los minoristas tradicionales no pueden igualar.

18:04 El modelo de consumidor a fabricante, es decir, las fábricas publican sus productos directamente en Temu y los envían directamente a los consumidores. La competencia de precios entre proveedores. Temu opera un sistema de subasta continua en el que los proveedores compiten entre sí para aparecer en la lista La fábrica que produce el menor costo obtiene la publicación. Y la laguna de minimis, es decir, al ser productos de bajo costo, están por debajo del valor que se requiere para que se cobren impuestos de importación en muchos países. Pero más allá de la posibilidad de millones de personas de acceder a productos baratos, estas compras masivas tienen consecuencias serias.¿ Ha pensado a dónde van a parar las cosas que votamos? Bueno, ahí está el problema. En 2022, la humanidad generó 62 millones de toneladas de residuos electrónicos, lo que equivale a llenar 1,55 millones de camiones de 40 toneladas que, puestos en fila, formarían una línea rodeando el Ecuador. Y lo más perturbador es la velocidad a la que esto está pasando. Según un informe de Global E-Waste Monitor 2024 de la ONU, la generación de residuos electrónicos es hasta cinco veces más grande que lo que se recicla. Y ese número en 2022 representó el 82% más que en 2010. Y eso que esos números son solo de desperdicios electrónicos. Los desperdicios de ropa usada o incluso nueva que no se vende también son monumentales. La industria

19:37 textil impulsada por el modelo de la llamada fast fashion o moda rápida produce cada año más de 100 mil millones de prendas en el mundo y aproximadamente el 85% termina en vertederos o incinerada. El sector es responsable de cerca del 10% de las emisiones globales de CO2 y consume aproximadamente 93.000 millones de metros cúbicos de agua al año. Para que dimensionemos esta última cifra, es suficiente para el consumo de 5 millones de personas durante un año entero.¿ Es posible pensar en desacelerar la producción de este tipo de artículos para evitar un colapso ambiental? Escuchemos lo que me explicó Alexandra Feilschneider, vicepresidenta de Postventa y Sostenibilidad de Automotores Toyota Colombia.

20:28 La verdad no creo que desacelerar la producción de productos sea la respuesta. Creo que debemos pensar en la economía circular como nuestro insumo principal de materiales primarios. Les voy a dar algunos ejemplos. Si miramos la producción hoy en día de la Hilux de Toyota, por ejemplo, que se produce en Argentina, 30% de este vehículo ya es hecho con materiales reciclados. Por otro lado... está nuestra bodega de repuestos. Muchos de los elementos que usamos para el almacenamiento, por ejemplo, casilleros o cajones, son hechos de polipropileno, recuperado de partes de vehículos, por ejemplo, como cubre palatones o bómperes. Por otro lado, en nuestra boutique, o sea, nuestra línea de ropa, encontrarán muchos productos que son hechos de materiales reciclados, como camisetas de botellas de plástico. Es decir, En vez de desacelerar la producción, deberíamos pensar en la reutilización de materiales como el camino para generación de nuevos productos. Y aunque la tendencia de producción y consumo parece ir cada vez más rápido, miremos también algunas de las iniciativas y propuestas que hay para romper con el ciclo de comprar, votar y volver a comprar. Aunque la tendencia apunta a que cada vez más se produce, se consume y se desechan más artículos, hay varios movimientos e iniciativas en el

21:59 mundo para que esto no siga siendo así. En 2009, Martín Postma, una periodista y activista holandesa, fundó en Ámsterdam el primer Repair Café o café de reparación, un espacio comunitario donde las personas llevan sus objetos rotos, electrodomésticos, ropas, bicicletas, juguetes y con la ayuda de voluntarios con conocimientos de electrónica, costura, carpintería o mecánica, aprender a repararlos, sin pagar, sin filas, sin técnicos que se lleven el aparato y lo devuelvan dos semanas después. Posma se dio cuenta de que tres de cada cuatro objetos que usamos en nuestra vida cotidiana se pueden arreglar si es que se dan las condiciones para ello. Y más allá del hecho físico de reparar productos y evitar que se echen a la basura, en los Repair Café También se refuerza la conciencia ambiental de los vecinos y se genera un sentido de pertenencia entre la persona y el objeto. Cuando conocemos cómo es el objeto, cómo funciona, cómo se repara, entendemos mejor el valor que tiene. En 2020, John Wachman y Elizabeth Knight, dos organizadores de Repair Cafés en el estado de Nueva York, escribieron Revolución de la Reparación, cómo los reparadores están transformando nuestra cultura del usar y tirar.

23:16 Este libro es, al mismo tiempo, un manifiesto cultural y una guía práctica. El libro explora la diferencia cultural entre las economías lineales y degenerativas, las de producir, usar, votar y comprar, y las economías circulares y regenerativas, en las que se reutilizan y se les da vida a nuevos artículos usados o dañados. Y muestra cómo los eventos de reparación empoderan a los miembros de la comunidad para unirse en torno a metas compartidas de resiliencia social. corresponsabilidad y justicia ambiental. El libro desarrolla la idea de que reparar no es solo arreglar una cafetera o unos zapatos, sino que es un acto que reconstituye el tejido social que devuelve a las personas una sensación de poder sobre su mundo material y sus bienes. Pero hay una pregunta que el libro deja abierta y que otro autor responde con más urgencia en otro libro. Si la gente quiere arreglar sus objetos, si las habilidades existen,¿ Por qué tantas veces es imposible hacerlo? La respuesta la da Aaron Persanovsky, profesor de Derecho de la Universidad de Michigan, en su libro de 2022 publicado en Cambridge University Press. El derecho a reparar, recuperar lo que nos pertenece. La tesis de Persanovsky es que en las últimas décadas las empresas de todo el mundo han desplegado un arsenal de herramientas, incluyendo leyes de propiedad intelectual, diseño de hardware, restricciones de software, estrategias de precios y mensajes de marketing para impedir que los consumidores

24:47 reparen sus pertenencias. Esta estrategia ha enriquecido a las empresas casi sin límite, mientras ha extraído miles de millones de dólares de los bolsillos de los consumidores e impuesto enormes costos ambientales al planeta. En Colombia todavía sobrevive algo de espíritu de arreglar las cosas. Todavía es posible ver talleres de reparación de todo tipo de electrodomésticos, de celulares, de zapatos y de ropa. Pero también se han organizado talleres de reparación. En Medellín, por ejemplo, en enero se hizo un taller para pensar y sensibilizar sobre la importancia de reparar. SPUR es una plataforma enfocada en la sostenibilidad y es la que organiza estos talleres. Busqué a María del Mar González de SPUR Agency, la agencia encargada de organizar estos encuentros, y le pregunté,¿ Es posible volver a la costumbre de arreglar las cosas antes de comprarlas?

25:41 Para mí tiene mucho, mucho, mucho significado y es muy importante para Esper porque creemos que sí hay un futuro posible de las cosas reparadas. Es una tendencia muy grande que está pasando en Europa. Muchos almacenes de ropa lo están como adicionando como parte de una experiencia de postventa donde tú puedes reparar de por vida un pantalón que compraste y eso también habla mucho No solamente pues del ADN de una marca donde de verdad da la garantía, pero también de una calidad excelente. Y eso obviamente nos está hablando de algo más sostenible en el tiempo, aunque no quiere decir que no sea pues dispendioso hacer la reparación, pero las marcas de verdad se están involucrando y lo están intentando. incluyendo como una buena práctica. Hay teléfonos que se pueden reparar y que son reparables y entonces ahí empiezan a aparecer también unas palabras y unos significados muy bonitos.

26:44 El planeta Tierra tiene una cantidad finita de recursos. Valdría la pena pensar en qué se usan. Es necesario pensar en consumir de manera más consciente, procurar buscar productos que garanticen una vida útil más larga o que puedan arreglarse. También vale la pena pensar en una legislación que proteja a los consumidores y que haga que los productores garanticen productos de mejor calidad. Soy Roberto Pombo y este fue el capítulo 192 de Mis Preguntas. Nos vemos en el próximo capítulo. A partir de este momento, este capítulo de Mis Preguntas queda disponible en todas las plataformas de podcast. Este episodio fue posible gracias a CAFAM, aliado estratégico en el crecimiento de más de 40.000 empresas en Colombia. Dirección, Roberto Pombo. Asesor editorial, Daniel Sanpero Espina. Producción, Juan Abel Gutiérrez y Johnny Rodríguez. Guiones, Juan Abel Gutiérrez y Johnny Rodríguez. Postproducción de audio, Iván Ayala.