¿Estamos entrando en la época del tecnofeudalismo?
Un grupo de multimillonarios de la tecnología tienen el poder de decidir quién gobierna un país, qué armas se construyen y quién tiene derecho a votar sobre su propio futuro. ¿Es posible un escenario en el que las empresas de tecnología dominen países por encima de los gobiernos?
Para este capítulo hablamos con Yann Basset, director del Grupo de Estudios de la Democracia de la Universidad del Rosario; con Sandra Borda, profesora de ciencia política y estudios globales en la Universidad de los Andes; con el exsenador Humberto de la Calle; con la decana de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, Angelika Rettberg; y con Juan Diego Castañeda, codirector de la fundación Karisma.
0:06 Soy Roberto Pombo. Bienvenidos a Mis Preguntas, un programa de Prisa Media patrocinado por CAFAM, una caja llena de oportunidades para trabajadores, empresarios y emprendedores. CAFAM, una caja llena.¿ Estamos entrando en la época del tecnofeudalismo? Un grupo de multimillonarios de la tecnologÃa tienen el poder de decidir quién gobierna un paÃs, qué armas se construyen y quién tiene derecho a votar sobre su propio futuro.¿ Es posible un escenario en el que las empresas de tecnologÃa dominen paÃses por encima de los gobiernos? Para este capÃtulo hablamos con Jan Basset, director del Grupo de Estudios de la Democracia de la Universidad del Rosario, con Sandra Borda, profesora de Ciencia PolÃtica y Estudios Globales en la Universidad de los Andes, con el exsenador Humberto de la Calle, con la decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, Angélica Redberg, y con Juan Diego Castañeda, codirector de la Fundación Carisma. Soy Roberto Pombo y este es el capÃtulo 207 de Mis Preguntas. Bienvenidos. Ya varias veces he contado anécdotas similares, pero mis desencuentros con la tecnologÃa, lejos de desaparecer, siguen sucediendo. Hace un par de semanas se me apagó el celular a media mañana en la mitad de una diligencia justo frente a un edificio donde para entrar tenÃa que registrar mis datos en un cuestionario en lÃnea. Sin baterÃa no habÃa registro y sin registro no habÃa entrada.
1:36 Terminé pidiendo en el teléfono prestado a la recepcionista que con toda la paciencia del mundo me ayudó a registrar mis datos desde su propio celular para que yo pudiera pasar. A los pocos minutos estaba adentro, agradecido y un poco humillado. Uno cree que a cierta edad ya ha aprendido a valerse por sà mismo hasta que un pedazo de vidrio o metal o la falta de él le recuerda que no. Esa anécdota que les acabo de contar, y de apariencia simple, también le está pasando buena parte del mundo a una escala que apenas alcanzamos a darle proporción. De cierta forma, todos dependemos de una infraestructura tecnológica que no construimos, no entendemos del todo y, sobre todo, no controlamos. Ese patrón de alguien que controla lo que todos necesitan y cobra el permiso de usarlo tiene un nombre viejo, anterior incluso al capitalismo que conocemos. Son cada vez dueños de más aspectos que ya no podemos controlar. Déjenme explicar. Por casi mil años... En buena parte de Europa, el poder giró alrededor de la tierra. Un señor feudal era dueño de las sierras que otros trabajaban y, a cambio de protección o de la promesa de ella, cobraba una renta que podÃa ser una parte de la cosecha, del trabajo, de la vida misma de sus vasallos. Varios siglos después... Cuando llegó el capitalismo prometió romper esta lógica, entonces ya no iba a haber señores ni siervos, sino compradores y vendedores que iban a competir en un mercado abierto y la
3:08 ganancia iba a ser el motor de todo. Pues a ese capitalismo que conocimos, el de las fábricas, los mercados, la competencia, le apareció recientemente un competidor inesperado. El economista y exministro de finanzas griego Yanis Varoufakis lo llama tecnofeudalismo y su argumento, aunque suene exagerado, es tan preciso que incomoda. El capital vive hoy en la nube, o sea, en servidores, algoritmos y cables de fibra óptica tendidos en el fondo de los océanos, y su verdadero producto es el comportamiento humano. Según explica Barufakis, cuando usted entra a Amazon.com, deja de estar en un mercado tradicional para instalarse en un feudo digital. AhÃ, un algoritmo entrenado con los datos que usted mismo le regaló sin cobrar un peso, decide qué producto le muestra y a qué precio y le cobra al vendedor hasta el 40% de cada venta como una suerte de renta feudal.
4:09 Dos personas que buscan bicicleta eléctrica el mismo dÃa desde la misma ciudad van a encontrar resultados completamente distintos, como si caminaran juntas por un centro comercial mirando en la misma dirección, pero viendo cosas diferentes. Busqué a Jan Basset, director del Grupo de Estudios de la Democracia de la Universidad del Rosario, y le pregunté,¿ estamos entrando a una época de tecnofeudalismo? Bueno, yo no creo que estemos en una era de tecnofeudalismo porque esto supondrÃa que hayamos acabado con la democracia e incluso con el sistema de estados nacionales. Me parece que es más complicado que esto, pero lo cierto es que estas empresas, estas major tecnológicas y sus ambiciones de meterse en polÃtica efectivamente introducen cambios en el sistema internacional que son fundamentales y perturban El funcionamiento de la democracia, básicamente porque sus grandes dirigentes tienen proyectos polÃticos de dominación que no son democráticos. Y lo dicen abiertamente, además, Peter Thiel, etc., tienen estas ambiciones polÃticas. Y es una cosa que todavÃa los estados nacionales y el gran público no han tomado la medida de esos cambios y de estas amenazas para
5:41 la democracia. El algoritmo, la fórmula matemática que analiza su comportamiento, sus búsquedas, likes y tiempo de pantalla es el nuevo rey. Ãl decide qué información le muestra en sus redes sociales qué productos le ofrece y qué pelÃculas aparecen en su pantalla de inicio en Netflix o demás plataformas. Ese algoritmo y los dueños de él tienen mucho poder y está siendo usado para decidir qué información recibe usted sobre el mundo y hasta quién deberÃa gobernarlo. Cuando el fascismo nació a principios del siglo XX, era contundente. Las camisas pardas, los grupos paramilitares, la violencia contra los rivales polÃticos y un lÃder supremo. La filósofa italiana Donatella di Cesare, Lleva años estudiando ese giro de algoritmo hacia la polÃtica y recientemente lo comenzó a considerar como un fascismo sin necesidad de camisas oscuras ni violencia fÃsica de masas, aunque sà con una violencia sutil que aÃsla polÃticamente a cada persona. Y cuando en una entrevista le preguntaron a Di Césare quién ocuparÃa hoy el lugar del Duce o del Führer en este nuevo totalitarismo, Di Césare respondió que el problema es precisamente que no hay un solo nombre. Hay una élite tecnocrática global aliada con la industria militar que ha logrado convertirnos en un demos sin kratos, un pueblo sin poder.
7:08 El filósofo de la tecnologÃa Mark Kockenberg, de la Universidad de Viena, bautizó a esa institución con un nombre técnico y un marco académico, tecnofascismo. En un artÃculo publicado este año en Springer Nature, una de las editoriales académicas y cientÃficas más grandes y prestigiosas del mundo, Kockelberg sostiene que las democracias occidentales combinan hoy dos fuerzas que antes vivÃan separadas, la vigilancia y el control algorÃtmico de las grandes tecnologÃas, por un lado, y el auge de movimientos autoritarios y de extrema derecha, por el otro. Cuando esas dos fuerzas se cruzan, el resultado se parece cada vez más a una forma de dominación que recuerda en su lógica, aunque no en su estética, el fascismo del siglo XX. Kockelberg pone un ejemplo que resume bien el giro. Elon Musk, el primer trillonario de la historia y dueño de la red social X, en la investidura de Donald Trump en enero de 2025, cuando hizo un gesto con el brazo que buena parte del mundo interpretó como un saludo nazi.
8:14 Ese mismo año, Musk terminó al frente del llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental, un organismo que, según Kockelberg, sigue la lógica exacta del tecnofascismo que describe en su ensayo con burócratas de formación técnica que acumulan poder por fuera de cualquier control democrático bajo la promesa de hacer más eficiente el Estado. Pero el concepto de tecnofascismo se hizo más fuerte en abril de este año cuando Palantir, La empresa de análisis de datos e inteligencia artificial aplicada en la defensa cofundada por Peter Thiel resumió en 22 tesis la República Tecnológica, el libro de su director ejecutivo Alex Karp, y lo publicó en su cuenta oficial de X. El texto es, sobre todo, un alegato a favor del poder duro.
9:03 Sostiene que la era de la disuasión nuclear está llegando a su fin y que de ahora en adelante la disuasión va a depender de sistemas de inteligencia artificial. Una de las frases más inquietantes es la que asegura que, abro comillas, la cuestión no es si se construirán armas de inteligencia artificial, sino quién las construirá y con qué propósito. Cierro comillas. Y llega incluso a plantear que deberÃa revertirse el desarme de Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial. Mejor dicho, en este tratado se dice que Silicon Valley tiene una deuda moral con el paÃs que hizo posible su fortuna. Por supuesto, la reacción nos hizo esperar. El propio Janis Burfakis compartió la publicación con un comentario lapidario.
9:50 Si el mal pudiera tuitear, ese serÃa el contenido. El politólogo neerlandés especializado en populismo, Kaz Mudl, fue tajante y calificó el manifiesto de tecnofascismo puro y sostuvo que deberÃa descalificar a Palantir como socio comercial de cualquier paÃs democrático.¿ Es posible un escenario en el que las empresas de tecnologÃa dominen paÃses por encima de los gobiernos? Esto me contó Sandra Borda. profesora de ciencia polÃtica y estudios globales en la Universidad de los Andes. Creo que esta discusión es una discusión muy parecida a la que tuvo lugar hace varias décadas cuando surgieron las grandes multinacionales y muchos se preguntaban si esas multinacionales iban a ser tan poderosas que iban a arrasar con el poder del Estado o incluso lo iban a cooptar. haciendo que los estados se comportaran más en función de los intereses de las multinacionales que en función de los intereses de sus electorados. Creo que los riesgos son muy parecidos, pero sà algo demostró la discusión anterior es que los estados también pueden lograr algo de acción colectiva y en el caso particular de hoy pueden lograr también establecer normas que regulen el comportamiento de estas grandes organizaciones empresas tecnológicas y que hagan justamente que su labor no sea una labor que atente contra los intereses comunes, los intereses de
11:25 las sociedades. Por supuesto, hay diferencias. Estas grandes empresas tecnológicas de hoy son empresas que a veces amenazan con ser mucho más poderosas que las multinacionales del pasado. Están mucho más concentradas en en un par de sitios y eso hace que sus estados anfitriones tengan muchas más responsabilidades que el resto del colectivo. La idea de una tecnocracia o del tecnofascismo no nació en abril con el manifiesto de Palantir. Silicon Valley lleva más de tres décadas incubando esta idea de que el poder deberÃa estar en manos de quienes saben construir y no de quienes fueron elegidos para gobernar. En 1997 ya circulaba un libro casi de culto, El individuo soberano, que auguraba que la tecnologÃa, el dinero digital sobre todo, iba a terminar por disolver a los estados-nación tal como los conocemos.
12:24 La mayorÃa de los crÃticos lo trató como ciencia ficción de mala calidad, pero Peter Thiel, uno de los hombres más poderosos del mundo hoy, En cambio, lo tomó tan en serio que años después fundó PayPal, una de las primeras plataformas digitales de pago en lÃnea, para adelantarse a esa moneda digital que el libro predecÃa. Y en 2010 llegó a decir en un discurso que el gobierno es fundamentalmente malvado, a pesar de que Palantir, su propia empresa, nació con una inversión de la CIA. El 20 de enero de 2025, el sueño de una élite tecnológica se hizo visible para el mundo entero. En la investidura de Donald Trump, los asientos más cercanos al presidente, pues que normalmente ocupa la familia o los expresidentes, fueron para Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg y Sandalpicha y magnates, directivos o dueños de las principales plataformas digitales como X, Amazon, Google y Meta. El dinero compra acceso, resumió entonces el politólogo Larry Gerston. Y sà que compró. Meta y Amazon donaron un millón de dólares cada una para la fiesta de investidura y Musk habÃa invertido más de 250 millones de dólares en la campaña de Trump. Esa cercanÃa además se ha traducido en contratos. En mayo de este año, Google rompió su propia polÃtica anti-belicista y firmó un acuerdo con el Pentágono para cederle sus modelos de inteligencia artificial, incluso para asuntos clasificados. DÃas después, el Departamento de Guerra extendió
13:57 ese mismo acceso a XI, OpenAI, Amazon, Microsoft y Nvidia, y directivos de varias de esas empresas tecnológicas, como Meta, Palantir y OpenAI, hasta juraron cargo como tenientes coroneles reservistas del ejército estadounidense en una unidad pensada para tender puentes entre Silicon Valley y las Fuerzas Armadas. Por su parte, Gotham, la aplicación más conocida de Palantir, permite a las agencias de seguridad internacionales Reunir en minutos información sobre cualquier persona a partir de fuentes públicas y privadas. La CIA y la agencia de inmigración estadounidense ICE son clientes clave, junto con varias policÃas europeas. Su software MAVEN, entrenado con inteligencia artificial, proporcionó los datos para elegir los objetivos de los bombardeos en la guerra contra Irán. Y en Alemania, policÃas de estados como Gese y Baviera ya usan versiones adaptadas de Palantir.
14:57 El gobierno federal prepara una ley que permitirá analizar masivamente voces y rostros publicados en redes sociales para crear perfiles biométricos. El polÃtico y exvicepresidente Humberto de la Calle publicó hace poco su libro Democracia Fatigada, asà que lo busqué para preguntarle¿ Qué papel juega democracia? el poder de estos multimillonarios tecnológicos en la manera en que un paÃs termina decidiendo quién lo gobierna? Ese es un hecho caracterÃstico del mundo contemporáneo y está ocurriendo en todas las latitudes, no solo en Occidente. En China, por ejemplo, hay una especie de tarjeta de identidad con premios, con puntos como las licencias de conducir para el que se maneja bien en la vida ciudadana y que pierde puntos si cruza las calles por el lugar prohibido, etc.
15:53 Luego cada vez estaremos más en presencia del gran hermano, del leviatán, y eso afecta a la esencia de la democracia.¿ Qué hacer en el futuro? La primera reacción de uno es controlar, pero el control va a ser imposible porque es un mundo nuevo el que están haciendo. Hay quienes sostienen al revés, que lo que hay que hacer es abrir... permitir la interoperabilidad de los datos para que cada ciudadano también pueda controlar a estos nuevos poderes. En Estonia, por ejemplo, hay una democracia transparente, totalmente digitalizada, y eso ha redundado, al contrario de lo que pudiera pensarse, en un mayor control ciudadano sobre el manejo del Estado.
16:39 Y quizás uno de los puntos más preocupantes de todo esto Es que el poder polÃtico por sà solo ya no es la aspiración final de algunos de estos multimillonarios de la tecnologÃa. Lo que muchos quieren, en el fondo, es salirse por completo del juego, dejar de negociar con un Estado y convertirse ellos mismos en uno. En un edificio de oficinas de San Francisco. Un programador rumano de 31 años llamado Lorenz Ion organiza retiros de baile a las 10 de la mañana y sueña con liderar algún dÃa su propio paÃs, una utopÃa cripto y de inteligencia artificial en la que, según él mismo cuenta, la muerte deje de ser inevitable. Ion es apenas uno de un grupo creciente de empresarios y programadores que están tratando de convertir en realidad lo que el inversionista Balaji Srinivasan llamó en un libro en 2022 el Network State, una comunidad que nace en Internet y termina comprando o negociando un pedazo de territorio fÃsico donde uno puede gobernarse a su propia manera. Otro proyecto, llamado Praxis, ya negocia con varios gobiernos la posibilidad de construir una ciudad cerca de una base militar en California. Su lÃder, Dryden Brown, Cuando le preguntaron a qué se referÃa con defender Occidente, respondió sin dudar, paÃses formados por gente de Europa. Praxis está financiado, entre otros, por...
18:04 Sam Altman, de Open IE, y por Peter Thiel. Y no es el primer intento de este tipo. En 2008, meses antes de que Barack Obama asumiera la presidencia, Thiel ya habÃa donado 500 mil dólares al Instituto Sitzsteding, una fundación dedicada a construir ciudades flotantes en aguas internacionales para escapar de cualquier regulación estatal. El experimento naufragó, literalmente, pero la idea sobrevivió. Hoy vive en próspera. una zona económica especial en la isla hondureña de Roatán, con su propio sistema de arbitraje y bajos impuestos que actualmente demanda al Estado de Honduras por 11 mil millones de dólares después de que un cambio de gobierno le revocara su estatus especial.¿ Cómo afecta a la democracia que un grupo de multimillonarios de la tecnologÃa tengan tanto poder sobre el mundo? Escuchemos lo que me explicó la decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, Angélica Redberg.
19:05 Hay un viejo dicho de acuerdo con el cual el capital vota dos veces y eso significa que los empresarios, por un lado, participan como ciudadanos votando, pero además tienen un gran poder, es decir, el segundo voto en sus decisiones de inversión, de innovación, de empleo. Esa es la razón por la cual la concentración de un gran poder económico en pocas empresas puede generar problemas para la democracia porque claramente hay un sector que incluso sin proponérselo genera una enorme presión sobre los gobiernos. En el caso de las empresas tecnológicas eso es particularmente grave porque tienen control sobre las redes sociales, que hoy en dÃa son una fuente importante de riesgo para las democracias.
20:00 Toda esa estructura, el tecnofeudalismo, el manifiesto de Palantir, las ciudades privadas, descansa y se basa sobre un hecho. Nunca antes tan pocas personas habÃan concentrado tanto poder sobre la vida de tantas otras. Cuando Bill Gates llegó por primera vez a la cima de la lista de multimillonarios de Forbes en 1992, compartÃa el podio con magnates japoneses, alemanes y suecos que venÃan del comercio minorista, los medios o los conglomerados industriales. Entre los 10 primeros, sus fortunas sumaban unos 100 mil millones de dólares, apenas el 0,4% del PIB de Estados Unidos de ese año. En 2025, ese top 10 ya no se parece en nada al de dos décadas atrás. Salvo dos o tres excepciones, todos hicieron su fortuna en tecnologÃa y juntos acumulan más de 16 billones de dólares, cerca del 8% del PIB estadounidense. Y esos multimillonarios, además, ya no piensan como los de antes Sam Altman ha comparado el costo energético de entrenar una inteligencia artificial con el de criar a un ser humano y dijo, abro comillas, la gente se queja de cuánta energÃa consume entrenar un modelo de IA, pero entrenar a un humano también gasta mucha energÃa, hacen falta unos 20 años de vida y toda la comida que esa persona consume en ese tiempo antes de que se vuelva inteligente, cierro comillas. Larry Page, cofundador de Google, ha llegado a
21:34 decir que la existencia digital es el siguiente paso, natural y deseable, en la evolución de la humanidad. Y Peter Thiel ha dispuesto que cuando muera, su cuerpo sea congelado en nitrógeno lÃquido para ser trasladado a un cuerpo inmortal en el futuro. Hace unos meses, el senador demócrata Bernie Sanders llamó la atención sobre por qué este grupo de multimillonarios está tan empeñado en el avance de la inteligencia artificial la acumulación de poder que están logrando y el efecto que tiene entre los más pobres. Julie Cohen profesora de Derecho y TecnologÃa de Georgetown, explica en un análisis de la Escuela de Kennedy en Harvard que existen relatos clásicos en el derecho, la ciencia polÃtica y la economÃa sobre cómo se comportan el capital y los capitalistas, pero que los oligarcas son distintos porque su poder viene de concentraciones extremas de riqueza que ellos solos controlan. La organización británica Oxfam documentó cómo se cobra ese poder. DÃas después de la investidura, Meta anunció que eliminaba por completo su programa de verificación de datos con la excusa de que los estadounidenses priorizan la libertad de expresión por encima
23:08 de combatir la desinformación, incluso mientras reconocÃa que el cambio permitirÃa más contenido dañino en la plataforma. Elon Musk, por su parte... desmanteló los departamentos de confianza, seguridad y derechos humanos de Twitter apenas semanas después de comprarlo y antes de la elección de 2024, según el Centro para Contrarrestar el Odio Digital, sus publicaciones con afirmaciones falsas o engañosas sobre esas elecciones habÃan acumulado 2.000 millones de visualizaciones. Toda esta concentración de poder se da, además, en el centro exacto de la vida cotidiana de todos nosotros. No se trata de una cuestión lejana que pase en el mundo polÃtico y económico de Estados Unidos. Hoy hay más de 6.000 millones de personas conectadas a Internet en el mundo, el 74% de la población del planeta y cerca de 5.780 millones que usan un teléfono inteligente, 7 de cada 10 seres humanos vivos hoy. El usuario promedio pasa más de seis horas y media conectado cada dÃa y la inteligencia artificial generativa, que hace apenas tres años era una curiosidad de laboratorio, ya tiene más de 900 millones de usuarios semanales solo en ChatGPT, más personas que las que viven hoy en toda Europa conectándose al menos una vez por semana a la misma herramienta, con América Latina como una de las regiones de mayor crecimiento relativo. Lo que hace apenas una generación era un lujo opcional, se ha convertido
24:39 además en la infraestructura básica sobre la que hoy funcionan el trabajo, la educación, la salud y hasta el trámite más simple, como entrar a un edificio con un código en el celular. La relatora especial de la ONU sobre libertad de expresión, la abogada Irene Kahn, le puso números a esa asimetrÃa en un informe presentado este año ante el Consejo de Derechos Humanos. En 2025, los ingresos anuales de Meta superaron el PIB de 130 paÃses, mientras su base de usuarios mensuales, 3.000 millones de personas, es mayor que la población de cualquier paÃs del planeta. Los ingresos de OpenAI, por su parte, superan el PIB de 80 paÃses.
25:26 Esas cifras, advierte Khan, representan un desplazamiento del poder de decisión sobre el entorno informativo global.¿ Qué le queda a un ciudadano cuando la infraestructura de la que depende su vida diaria es propiedad privada de unos pocos? Le trasladé la inquietud a Juan Diego Castañeda, codirector de la Fundación Carisma. una estructura de control y transparencia sobre las empresas privadas que cumplen funciones dentro de todo el Estado. No es que esté mal de entrada que los privados cumplan funciones, por ejemplo, para procesar datos, por ejemplo, para el procesamiento de documentos, lo que estamos viendo ahora con los pasaportes o las cédulas o las infraestructuras digitales que están detrás de eso. Eso en sà mismo no tiene nada de malo, el problema es cómo hacemos para controlar que las empresas ejecuten esto en interés público, de acuerdo con las reglas que ponen las entidades, que esas reglas también sean públicas y que pueda haber una forma de reemplazar, digámoslo asÃ, o que no sean monopolios, digamos, los que se establezcan en la prestación de esos servicios detrás o en la infraestructura, ¿cierto? Entonces, eso es lo que más nos importa, la posibilidad de que otros lo presten, lo que pasa, por ejemplo... con el caso de la identidad, en el caso de la cédula.
26:46 La historia entre uno de esos ejemplos es que muy pocas empresas pueden reemplazar lo que está haciendo Idemia y realmente serÃa un cambio tan grande que uno sà puede decir que es más importante lo que hace la empresa que lo que pide la entidad. En El Señor de los Anillos, la novela de Tolkien, un palantir es una esfera que deja ver lugares lejanos y hablar con quien tenga otra piedra igual. Pero Sauron, que tenÃa la suya, Usaba ese poder para decidir qué veÃan y qué creÃan los demás cuando miraban las propias. Ese mismo poder, el de decidir qué ve la gente y qué cree que está viendo, es hoy el negocio de un puñado de hombres muy poderosos que gobiernan al mundo a través de sus algoritmos, que deciden qué vemos, qué pensamos y qué compramos y concentran, de paso, buena parte de la riqueza y del poder de decisión del planeta.
27:42 Soy Roberto Pombo y este fue el capÃtulo 207 de Mis Preguntas. Nos vemos en el próximo capÃtulo. A partir de este momento, este capÃtulo de Mis Preguntas queda disponible en todas las plataformas de podcast. Este episodio fue posible gracias a CAFAM, aliado estratégico en el crecimiento de más de 40 mil empresas en Colombia. Dirección Roberto Pombo. Asesor editorial, Daniel Sanpero Espina. Producción, Juan Abel Gutiérrez y Johnny RodrÃguez. Guiones, Juan Abel Gutiérrez y Johnny RodrÃguez. Postproducción de audio, Iván Ayala.