¿Está desapareciendo el ocio?
Casi nadie se aburre ya. Entre el celular, el trabajo y el cansancio, hemos llenado hasta el último minuto vacío del día: ¿qué perdemos cuando dejamos de aburrirnos, y qué nos está costando no saber estar sin hacer nada?
Para este capítulo hablamos con el filósofo Juan Fernando Mejía; con el escritor Adolfo Zableh; con la psicóloga clínica, Eliza Kratc; con el secretario de cultura de Bogotá, Santiago Trujillo; y con Ana María Salazar, psicóloga clínica y analista junguiana.
0:06 Soy Roberto Pombo. Bienvenidos a Mis Preguntas, un programa de Prisa Media patrocinado por CAFAM, una caja llena de oportunidades para trabajadores, empresarios y emprendedores. CAFAM, una caja llena.¿ Está desapareciendo el ocio? Casi nadie se aburre ya. Entre el celular, el trabajo y el cansancio, hemos llenado hasta el último minuto vacÃo del dÃa.¿ Qué perdemos cuando dejamos de aburrirnos?¿ Y qué nos está costando no saber estar sin hacer nada? Para este capÃtulo hablamos con el filósofo Juan Fernando MejÃa, con el escritor Adolfo Sablé, con la psicóloga clÃnica Elisa Kracht, con el secretario de Cultura de Bogotá, Santiago Trujillo, y con Ana MarÃa Salazar, psicóloga clÃnica y analista yonguiana. Soy Roberto Pombo y este es el capÃtulo 210 de Mis Preguntas. Bienvenidos. Ãltimamente...
1:03 He intentado huir del consumo de redes sociales para recuperar mi capacidad de atención y descubrà en Wikipedia una sección en la que le muestra a uno un artÃculo aleatorio sobre cualquier tema, desde Supernovas, el abierto de tenis de mesa de China en 2019, la biografÃa de Georgios Daraglitsas o un artÃculo sobre el panteÃsmo naturalista. Pero hace poco fui a dar con un artÃculo sobre el sistema de rotación trienal. Resulta que por varias generaciones los campesinos medievales sembraron sus parcelas cada año sin descanso, y cada año la cosecha les rendÃa un poquito menos. Para el siglo VIII, en buena parte de Europa, los agricultores habÃan llegado a una solución que en su momento parecÃa un desperdicio. Dividieron la tierra en tres partes iguales y dejaron un tercio entero sin sembrar cada año. Un tercio completo del terreno disponible año tras año, convertido en barbecho, vacÃo a propósito.
2:01 Mientras dos tercios de la tierra trabajaban, ese tercio restante no producÃa nada visible, ni grano, ni fruto, ni ganancia inmediata para el campesino que miraba crecer la maresa. Y sin embargo, esa tierra en apariencia ociosa era la que hacÃa posible que las otras dos siguieran rindiendo. Mientras descansaba, el suelo recuperaba nutrientes, rompÃa ciclos de plagas, se regeneraba para el año en que volverÃa a sembrarse. Esa lógica de un pedazo de tierra sin sembrar me hizo caer en cuenta de otra cosa.¿ Recuerdan la última vez que se aburrieron? Y me refiero a aburrimiento de verdad, de ese que no se llena con ningún tipo de entretenimiento y que hace que caigamos en cuenta de que tenemos una voz interior. Porque a mà me da la impresión de que el aburrimiento cada vez es más escaso y eso caà en cuenta hace poco. Hace unos dÃas, en uno de esos edificios grandes y viejos del centro de Bogotá, pedà el ascensor, también viejo y lento, donde uno aprieta el botón y se pone a rezar para que llegue.
3:00 El ascensor estaba en el piso 12 y yo lo esperaba en el lobby. Fueron 45 segundos. Los conté después mirando la hora de entrada y la de salida en el chat que tenÃa abierto. Vi los numeritos iluminarse y cambiar en orden descendente de 12 a 11, de 11 a 10 y asÃ. En esos 45 segundos hice lo que hago siempre y estoy seguro de que cualquiera harÃa. Saca el celular. No habÃa nada que revisar. Ya lo habÃa revisado dos minutos antes en el carro. No habÃa ningún mensaje nuevo, ninguna notificación. Aún asÃ, lo saqué y desbloqué. Miré la pantalla de inicio como si esperara que hubiera cambiado algo y lo volvà a guardar cuando la puerta se abrió. Se lo conté a mi esposa esa noche, medio en broma, y ella me dijo algo que se me quedó grabado. Tú no soportas ni el ascensor. TenÃa razón.
3:50 Saqué el celular por puro reflejo, como quien se rasca sin darse cuenta. 45 segundos de silencio y ya estaba buscando algo en que llenarlos.¿ En qué momento dejamos de tolerar el aburrimiento y qué estamos perdiendo por eso? Escuchemos lo que me explicó el filósofo Juan Fernando MejÃa. Experimentar el aburrimiento puede ser difÃcil para muchos. El aburrimiento nos pone ante la experiencia del tiempo mismo. No del tiempo en el que algo ocurre, sino en el que el tiempo mismo se nos hace patente. Hay un vacÃo de actividad, hay una especie de pérdida del vÃnculo. con ciertas actividades que realizamos y entonces estamos ante el tiempo. El tiempo compartido ya no es en el que estamos junto a otros, sino el tiempo en el que nos tenemos que asumir solos.
4:41 En ese sentido, el aburrimiento es la ocasión de la emergencia de la experiencia humana en cuanto humana, no del trabajo, no de la inversión del tiempo en otras cosas. En ese sentido, Cuando nos negamos al aburrimiento, cuando nos cerramos al aburrimiento, podemos estar perdiendo la posibilidad de experimentar nuestra propia condición, de intuir lo que es el tiempo, la singularidad, la finitud de lo que somos y la mortalidad de lo humano, que son verdades fundamentales, pero que creemos que podemos pasar la vida sin ellas.
5:22 Ese vacÃo que a nosotros nos incomoda tanto y que llenamos con el celular o cualquier otra distracción tiene nombre, ocio, el tiempo libre de obligaciones que no busca producir nada y que vale por sà mismo. En la antigua Grecia se llamaba shole y era la palabra base para describir el descanso. De ahà viene también la palabra escuela. Lo raro, lo que necesitaba nombre propio era el trabajo, se llamaba asolia, literalmente no shole, ausencia de ocio. En latÃn, Pasaba lo mismo. De acuerdo con un estudio publicado en la revista académica Grease and Rome, otium era semánticamente el punto de partida y el trabajo negotium se construÃa a partir de él como una negación, lo que no es ocio. Por varios siglos, en dos de las lenguas que más moldearon el pensamiento occidental, el descanso fue la regla y el trabajo la excepción que habÃa que explicar. No hay tema sobre el que los antiguos griegos no hayan filosofado ya, ya Aristóteles llevó esa lógica hasta el fondo. Según explica el filósofo Kostas Kalimtsis, especialista en filosofÃa griega antigua, Aristóteles entendÃa el trabajo como el medio para llegar a la contemplación, la forma más alta del ocio reservada a quienes tenÃan esclavos encargados de las tareas prácticas. Ese privilegio material sostenÃa también una jerarquÃa filosófica.
6:42 La contemplación era el espacio donde ocurrÃa la polÃtica, el arte, todo lo que los griegos consideraban propiamente humano. Esa jerarquÃa se invirtió con la revolución industrial. Cuando el trabajo se organizó alrededor del reloj de la fábrica, aparecieron los turnos fijos, las horas contadas y la producción medida. El tiempo dejó de dividirse en oso y trabajo como estados naturales y pasó a dividirse en horas de trabajo y lo que sobraba de ellas. Ahà apareció la categorÃa de tiempo libre, una porción residual medida en horas exactas que habÃa que ganarse trabajando primero. El ocio, que para los griegos era el espacio de contemplación y la cultura, quedó reducido a esas horas sueltas, dejó de ser un fin en sà mismo y se convirtió en un premio. En 1930, en plena Gran Depresión, el economista John Maynard Keynes le apostó a que esa lógica se iba a revertir. calculó que si la productividad seguÃa creciendo al ritmo de entonces, para el año 2030 la humanidad iba a cubrir sus necesidades trabajando solo 15 horas a la semana y que el problema del siglo iba a ser qué hacer con tanto tiempo libre. Como ya vimos, tristemente Keynes equivocó, pero incluso él dudaba de su propia utopÃa. En el mismo ensayo advirtió que la gente educada durante generaciones para trabajar podrÃa no saber qué hacer consigo misma si el trabajo desapareciera.
8:05 100 años después, seguimos trabajando jornadas completas con una productividad muchÃsimo mayor que la de 1930. Keynes se equivocó y el tiempo libre sigue sintiéndose como lo que sobra. Esa reversión entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio tiene una explicación económica. Según un análisis publicado en The Atlantic, las horas de ocio en Estados Unidos venÃan aumentando desde comienzos del siglo XX hasta que la tendencia se revirtió después de 1985. Desde entonces, son los que más ganan quienes más trabajan. Un estudio de Oxford Economics e Ipsos citado en ese mismo análisis encontró que los trabajadores estadounidenses acumulan 768 millones de dÃas de vacaciones sin usar, una cifra que crece en 9% cada año. El economista Robert H.
8:56 Frank llama a esto desigualdad del ocio. La teorÃa de Keynes suponÃa que la riqueza iba a comprar tiempo libre y terminó comprando más trabajo. Busqué a Ana MarÃa Salazar, psicóloga clÃnica y analista yonguiana, y le pregunté¿ En qué momento el ocio dejó de ser un fin en sà mismo y pasó a ser sólo el tiempo que sobra después de trabajar? Es claro que vivimos en sociedades muy orientadas al logro y a la productividad, en donde tener éxito significa hacer más, crecer más, producir más, ser más rentables. Incluso estar permanentemente ocupado se ha convertido en un motivo de admiración y de estatus. Pero habrÃa que preguntarnos cuándo nos permitimos realmente no hacer nada. Byung-Chul Han habla de la sociedad del cansancio y de la sociedad del rendimiento, en donde la explotación ya no necesita venir solamente de afuera, sino que nosotros mismos nos hemos convertido en nuestros propios explotadores. Y esa es una idea muy interesante y contundente. Ideas como el tiempo es oro creo que nos han hecho bastantes.
10:00 daño como individuos y como sociedad. El tiempo que no produce o es productivo de alguna manera nos parece tiempo perdido y por eso el ocio muchas veces viene acompañado de culpa. Lo veo incluso en consulta, en personas jóvenes que tienen grandes ideales y mandatos de emprendimiento y de ascenso profesional y que sienten que descansar es quedarse atrás, entrando en unas carreras contra el reloj y contra ellos mismos, por supuesto. Entonces hemos vuelto productivo el descanso. Descansamos para trabajar mejor, para rendir más, para ser más eficientes. Es como si el ocio necesitara siempre una justificación. Por supuesto, la clave está en el equilibrio. No se trata de renunciar al logro ni al trabajo, sino de recordar que no todo momento de la vida tiene que producir algo. Y quizás desde este punto de vista una forma contemporánea de libertad sea precisamente recuperar el derecho a perder el tiempo.
10:57 Hoy en dÃa pasa un fenómeno bastante particular que me tiene asombrado. Ese tiempo que sobra, que no está comprometido para ninguna actividad especÃfica, se siente como aburrimiento, la incomodidad de quedarse sin ningún estÃmulo externo que atender a solas con los propios pensamientos, de manera que esperar a que pase el bus, a que lo atienda el médico o simplemente esos segundos en que le toma el ascensor llegar sin ninguna distracción para ser eternos. En 2014, un grupo de psicólogos de la Universidad de Virginia midió esa incomodidad con un experimento simple y un poco cruel. Sentaron a cada participante uno por uno en un cuarto vacÃo sin celular, sin libro, sin nada más que una silla y un botón.
11:39 El botón administraba una descarga eléctrica leve, la misma que cada participante habÃa probado antes de entrar y calificado como tan desagradable que preferirÃa pagar con tal de no volver a sentirla. Lo único que tenÃan que hacer era pasar 15 minutos a solas, pensando en lo que quisieran, nada más. Cuando terminó el experimento, el 67% de los hombres y el 25% de las mujeres se habÃan administrado al menos una descarga voluntariamente algunos hasta nueve veces, con tal de no quedarse a solas con sus propios pensamientos. Cuatro años antes, en 2010, dos psicólogos de Harvard, Matthew Killingsworth y Daniel Gilbert, habÃan medido algo parecido con una aplicación que interrumpÃa a 2,250 personas en momentos aleatorios del dÃa para preguntarles qué estaban haciendo y si su mente estaba puesta en eso o divagando hacia otra parte. La respuesta, con casi un cuarto de millón de reportes acumulados, fue que la mente humana divaga el 46,9% de las horas que pasamos despiertos y no bajaba del 30% en ninguna actividad, con una sola excepción, el sexo. Dos artÃculos del manual Oxford del pensamiento espontáneo volvieron a analizar los mismos datos de Kinesworth y Gilbert y encontraron que las mentes que divagan son en realidad más felices de lo que el tÃtulo original sugerÃa. La doctora Kalina Kristoff, neurocientÃfica cognitiva de la Universidad de Columbia Británica, por su parte, sostiene algo muy interesante, y es que
13:12 ese sesgo de la psicologÃa hacia el pensamiento productivo es básicamente propaganda para convertirnos en mejores soldados del orden capitalista, porque la mente no es un territorio neutral y hay intereses creados en lo que hacemos con ella. Lo que pasa en el cerebro durante ese rato vacÃo tiene nombre entre los neurocientÃficos, la red neuronal por defecto, un conjunto de regiones que se activa precisamente cuando dejamos de concentrarnos en una tarea. Es la misma red que se apaga cuando el celular u otro estÃmulo externo ocupan la atención y que solo se enciende cuando la mente queda libre, sin distracciones o entretenimiento, para vagar sin rumbo, mejor dicho, en su estado natural de contemplación. Ese es el mecanismo que con el tiempo reorganiza ideas, conecta cabos sueltos y produce asociaciones que la concentración no permite. Es muy raro que grandes ideas pasen mientras un cerebro está asumido en TikTok viendo videos de un minuto. La psicóloga Sandy Mann de la Universidad de Central Lancashire diseñó un experimento para probar si ese mecanismo funciona de verdad. Puso a un grupo de voluntarios a a copiar números de un directorio telefónico durante 15 minutos, una de las tareas más aburridas que se le ocurrieron. Y después les pidió que imaginaran usos alternativos para un par de vasos de polistireno. Comparados con un grupo que fue directo a la tarea creativa sin el aburrimiento previo, los que habÃan copiado números propusieron
14:43 ideas más originales. En una segunda versión del experimento, un grupo copió los números a mano mientras otro simplemente los leyó en voz alta. Los que lo leyeron, una actividad todavÃa más pasiva, resultaron más creativos que los que escribieron. Cuanto menos ocupada estaba la mente, más terreno tenÃa para vagar. Esa misma red parece estar detrás de algunos de los saltos intelectuales más importantes de la historia. Descartes inventó su sistema de coordenadas, la base de la geometrÃa analÃtica, acostado en la cama mirando una mosca en el techo. Einstein formuló buena parte de su teorÃa de la relatividad general mientras dejaba la mente de vagar. Y entre 1665 y 1666, cuando la Universidad de Cambridge cerró por una epidemia de peste y un joven Isaac Newton quedó aislado en la casa de su familia en Woolsthorpe, sin nada que hacer, tuvo lo que él mismo llamarÃa después su anus mirabilis.
15:40 Desarrolló el cálculo, sentó las bases de su teorÃa de la gravedad y avanzó en óptica, todo en un año que debÃa haber sido, sobre el papel, un año perdido.¿ Qué tiene el cerebro sin estÃmulo que lo hace tan fértil para producir ideas originales? Le trasladé la inquietud a la psicóloga clÃnica y magÃster en PsicologÃa y Salud Mental, Elisa Krak. Un cerebro que no está sobreestimulado tiene la posibilidad de pensar en el ritmo del cerebro. El cerebro es lento. El cerebro no fue creado para tener atención dividida. El cerebro necesita tener concentración, por lo menos en un solo estÃmulo, para poder fungir sus posibilidades o capacidades como un cerebro creativo o creador. Pero para poder lograr esto necesita tener conexión. Primero, con la propia corporalidad y segundo con algún estÃmulo externo que le permita poder crear entre lo que el cerebro mismo está tratando de traducir en lo externo, cómo lo percibe el observador, es decir, de manera interna. De ese modo es fundamental que podamos tener espacios de tranquilidad de pausa de silencio de modo que en conexión con nosotros y en algún elemento que esté externo llámese arte naturaleza o conexión con otros seres humanos pueda fluir la posibilidad de que aparezca la creatividad pero en medio de la hiperestimulación es muy difÃcil el pensamiento creativo surge o renace
17:10 a partir de la quietud la pausa y la concentración por lo menos en un estÃmulo un cerebro fértil que no está permanentemente buscando estÃmulos y distracción, es cada vez más escaso. Un semáforo en rojo dura en promedio entre 30 y 90 segundos sin cambiar el tiempo suficiente para que el pulgar ya esté deslizando sobre la pantalla antes de que la cabeza decida por qué. Los psicólogos Luke Clark y Martin Sack explican en un estudio de la revista Addictive Behaviors que el mismo mecanismo de recompensa variable que hace adictivas a las máquinas tragamonedas Premios impredecibles entregados en momentos impredecibles es el que persiguieron los diseñadores de las redes sociales con el scroll infinito, las recomendaciones personalizadas, los me gusta que llegan sin patrón fijo.
18:00 El cerebro nunca sabe cuándo va a llegar la siguiente recompensa, asà que sigue revisando el celular en busca de alguna distracción o recompensa. Pero el ocio, la mente divagante o el tiempo para pensar es escaso, no solamente porque cada segundo libre lo gastemos en una distracción, Hay otra razón para no aburrirse de la que se habla menos, la escasez de tiempo. La economista Claire Vickery hizo la cuenta hace casi 50 años. De las 168 horas que tiene una semana, el cuerpo necesita al menos 81, o sea, 11 horas y 34 minutos al dÃa para dormir, comer, asearse y descansar, lo básico para vivir. Lo que sobra, 87 horas a la semana, es lo único que queda para trabajar, ya sea trabajo remunerado o no. Quien trabaje más que eso, más de 12 horas y 26 minutos al dÃa entre las dos cosas, vive en lo que un estudio de la revista académica Social Philosophy and Policy de Cambridge llama pobreza de tiempo. Y Colombia tiene un gran déficit en ese sentido. En el paÃs se trabaja en promedio 2.252 horas al año, más que cualquier otro paÃs de la OCDE, según su propio panel de datos con cifras de 2023. Puestas una detrás de otra sin parar, Esas horas equivalen a casi 94 dÃas completos, poco más de tres meses trabajando sin dormir. Y las mujeres, como casi siempre, la tienen peor. Una mujer colombiana con empleo que además cargue con las labores del hogar excede ese umbral.
19:32 Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del DANE, entre las dos tareas, trabajo remunerado y trabajo de cuidado, una mujer colombiana promedio suma más de 15 horas diarias, 7 horas y 44 minutos de trabajo pagado 7 horas y 35 de trabajo no pagado, casi 3 horas por encima. del lÃmite que propone Vickery. Y, como ya se imaginaban, esa carga no es equitativa porque el trabajo de cuidado no remunerado, o sea, cocinar, limpiar, cuidar, lo asumen sobre todo las mujeres. La misma encuesta del DANE mide la diferencia, 7 horas 35 minutos diarios para ellas y frente a 3 horas 12 minutos para ellos, más del doble. A todo eso hay que sumarle que antes de llegar siquiera al trabajo remunerado, ya se fue otro pedazo del dÃa el trayecto para llegar hasta allá. Por ejemplo, en Bogotá, moverse de la casa al trabajo toma en promedio una hora con 15 minutos, solo de ida, según la encuesta Bienal de Cultura Ciudadana 2025 de la SecretarÃa Distrital de Cultura.
20:33 Dos de cada tres bogotanos dicen que cada trayecto les toma más de una hora, Sumando ida y vuelta, son casi dos horas y media diarias que desaparecen antes de que empiece o termine la jornada, tiempo que no es de trabajo ni de descanso y mucho menos de aburrirse. Llamé al escritor Adolfo Sablé para preguntarle qué le pasa a una persona y a un paÃs que no tiene tiempo para el ocio. A ver, el ocio como única forma y único estilo de vida, pues no. Pero me parece que dentro de las obligaciones y responsabilidades y estilo de vida de cada persona, si hay un rato o varios ratos de ocios o momentos de ocio a lo largo de la semana o del mes o incluso del dÃa, es muy raro. porque de esos momentos muertos, entre comillas, donde la gente está quieta como hibernando, suelen surgir muchas ideas e incluso muchas respuestas.
21:37 Cuando alguien está atosigado y frena algo, y reestructure y repasa lo que ha ocurrido, creo que de ahà salen alternativas muy positivas. Entonces, pues una persona o un paÃs inocio, pues no se da el tiempo para la pausa ni el tiempo para repensarse, sino que se convierte casi que en un autómata eficiente que tiene que resolver y se traza unas metas que si no se cumplen son entre comillas un fracaso. Toda esa pobreza de tiempo es la versión colombiana de lo que Robert Frank llamó desigualdad del ocio. Quienes menos ganan son quienes menos ocio tienen, porque suman trabajo pagado, trabajo de cuidado y largos traslados hasta superar el umbral de Vickery. Como les conté al principio, Keynes predijo que la riqueza del siglo XX iba a comprar tres horas de trabajo al dÃa, pero más bien terminó comprando más trabajo.
22:34 La pobreza de tiempo casi siempre se traduce en unos efectos bastante visibles. en la mente y en el cuerpo. Un dÃa largo termina y sin saber muy bien por qué, uno le contesta mal a quien menos culpa tiene, se le olvida un nombre a mitad de la frase y no logra terminar de leer un párrafo sin releerlo. Los psicólogos Stephen y Rachel Kaplan de la Universidad de Michigan describieron hace más de 30 años un estado al que llamaron fatiga de atención dirigida. La atención voluntaria, la que se necesita para concentrarse, ignorar distracciones y seguir una instrucción, Es un recurso limitado, como un músculo que se cansa de tanto usar. Trabajar, estudiar, manejar en medio del tráfico, todo eso lo gasta. Cuando se agota, crece la irritabilidad, crece la impulsividad, empeora el juicio, baja la capacidad de concentración.
23:25 Y restaurar esa tensión depende de qué se haga con el descanso, porque no es lo mismo usar el tiempo libre, poco o mucho, para una actividad contemplativa que para distraerse. Kaplan junto con otros psicólogos de Michigan, distinguieron entre dos tipos de actividad, fascinación suave, la de mirar el mar o caminar entre árboles, que ocupa la atención, lo justo para dejar el espacio a la mente para recuperarse, y fascinación dura, la de ver televisión o el celular, que la absorbe entera y no deja nada libre. En una encuesta con 398 personas, publicada en la revista Medio Ambiente y Comportamiento en 2019, caminar en la naturaleza resultó 15% más efectivo, para sentir que uno se habÃa desconectado de verdad que ver televisión.¿ Recuerdan la sensación de despertar un dÃa sin tener nada pendiente por hacer? Con esa sensación empezó a trabajar Ashley Willams, de Harvard Business School. Le dio a 60 adultos 40 dólares dos fines de semana distintos, uno para gastar en algo material y otro en algo que les ahorrara tiempo, como mandar a lavar la ropa o pedir domicilio en vez de cocinar. Encontró que el fin de semana en que compraban tiempo, la gente terminaba el dÃa de mejor ánimo y con menos estrés que el fin de semana en que compraban cosas. Y otro dato que muestra la importancia del tiempo libre para dedicar a actividades, digamos, improductivas, es el de un piloto que hicieron en el Reino Unido. Entre junio y diciembre de 2022, 61 empresas decidieron cambiar horas de trabajo por tiempo libre
24:58 y medir qué pasaba. Cerca de 2.900 empleados participaron en el piloto más grande del hasta ahora de la semana laboral de cuatro dÃas, coordinado por investigadores de las universidades de Cambridge y Boston College. Los ingresos de las empresas subieron un 1,4% en promedio durante el piloto. Las ausencias por enfermedad cayeron 65%. El 71% de los empleados reportó sentir menos agotamiento y 56 de las 61 empresas siguieron con la semana corta después de terminado el piloto, 18 de ellas para siempre.¿ Por qué es importante proteger el ocio? Esto me contó el secretario de Cultura de Bogotá, Santiago Trujillo.
25:42 El ocio es el tiempo de la libertad. Es el momento en el que el tiempo no tiene que ser necesariamente productivo en términos convencionales, sino más bien el tiempo como una apuesta creativa. Marcel Proust relacionaba el ocio con el ejercicio afectivo de la memoria y la contemplación. Virginia Woolf hablaba siempre alrededor del ocio como el tiempo propio y la necesidad de disponer de un espacio para pensar, para crear y sobre todo para ejercer lo que más amaba en la vida que era escribir. Julio Cortázar relacionaba el ocio con el juego, con la imaginación y con la ruptura de las rutinas de la vida cotidiana. Y nosotros, en la PolÃtica Pública Cultural de Bogotá, pensamos que el ocio es el tiempo y el lugar también, afectivo y efectivo, donde podemos ejercer la libertad creativa. Es una sociedad muy productivista, que nos ha acostumbrado a ver en el trabajo el único lugar posible para concretar resultados o desarrollar actividades. Parece que el ocio es justamente el tiempo en donde la cultura también pasa. Y ahà entonces viene también una frase muy importante de Luis Echenique, en donde plantea que La cultura no es lo que se hace en el tiempo libre, sino es lo que nos hace libres todo el tiempo.
26:52 Y creo que allà es algo muy importante, porque una sociedad que no entiende el valor del tiempo libre, que no entiende el valor del ocio como un espacio creativo, es una sociedad que está condenada a no ser muy feliz, a tener problemas de salud mental en sus ciudadanos y seguramente a que el ejercicio de la libertad en su concepción más expandida no se pueda ejercer efectivamente. En el siglo VIII los agricultores disponÃan de un tercio de terreno que no producÃa nada mientras descansaba y aún asà se dejaba vacÃo cada año. La mente necesita ese mismo vacÃo, el dolce farniente, la dulzura de no hacer nada, divagar sin el estrés del pensamiento productivo del trabajo ni el enganche de la pantalla sin que tenga que servir para nada más. El oso y la capacidad de una mente que divaga es algo a lo que no podemos renunciar.
27:43 Soy Roberto Pombo. Y este fue el capÃtulo 210 de Mis Preguntas. Nos vemos en el próximo capÃtulo. A partir de este momento, este capÃtulo de Mis Preguntas queda disponible en todas las plataformas de podcast. Este episodio fue posible gracias a CAFAM, aliado estratégico en el crecimiento de más de 40 mil empresas en Colombia. Dirección Roberto Pombo. Asesor editorial, Daniel Sanpero Espina. Producción, Juan Abel Gutiérrez y Johnny RodrÃguez. Guiones, Juan Abel Gutiérrez y Johnny RodrÃguez. Postproducción de audio, Iván Ayala.